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2010/03/17 23:15:00 GMT+1

C´est fini?

He pasado el día sin hacer demasiado caso de lo que decían los medios de comunicación, pero sí que he tenido tiempo de escuchar un corte de la alcaldesa de Hernani, Marian Betialarrangoitia. Ha estado esta mañana en la emisora provincial de la Cadena Ser. Yo estaba a otra cosa, pero sí que he podido escucharle decir que no iba a hacer declaraciones sobre la acción de la víspera. Ha rematado diciendo que estaba en la radio como alcaldesa de Hernani.

Esta noche he leído en La Vanguardia que Batasuna ha dicho lo de siempre sobre el asesinato de ayer.

Después, me he metido en la edición digital del diario Gara y me da que es lo mismo de siempre, por lo menos el comunicado. ¿Algo nuevo en la comparecencia de Kiroga y Pueyo esta mañana en Navarra? No parece.

No entiendo nada, la verdad. Si las cosas estuvieran tan adelantadas como nos quieren hacer pensar, no entiendo cómo no hay un posicionamiento más claro de la izquierda abertzale. Estoy de acuerdo con lo que dice Paul Rios en este apunte.

Dicen que la olla se prueba al fuego. Fuego ha habido ya. ¿Estamos a setas o a rolex?

C´est fini, apunte hau euskaraz.

Remitente: iturri.2010/03/17 23:15:00 GMT+1
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2010/03/15 07:00:00 GMT+1

Macaguen, menudos tiempos aquellos (III)

Viene de aquí: Estamos sentados encima de un barril de petróleo (II).

Alberto Barandiaran (AB): Y la literatura, ¿es una forma de compartir tu extrañeza?

Miguel Sánchez-Ostiz (MSO): Ahora sí. Y en los proyectos que tengo entre manos esa preocupación es cada vez más evidente. La próxima novela que tengo en cartera, Un gamberro en Bucarest, es una mofa de mí mismo, una especie de caricatura. Es una crítica de la literatura esteticista, de la literatura-literatura. No hablo de los militantes literarios, pero sí de la picaresca. Es una forma eficaz de retratar una sociedad y, además, lo mejor de la literatura española es la picaresca. Es reflejo del desarraigo, de la imposibilidad de la sociedad y del instinto rebelde y rabioso. Por tanto, esta novela está relacionada con la picaresca.

AB: Esas tensiones que te interesan, las de Bolivia, las de Rumanía, ¿las percibes también aquí? ¿O estamos algo dormidos en ese aspecto?

MSO: No, no estamos dormidos, pero estoy cansado de nuestra historia y de este callejón sin salida. Aburrido. Me he encontrado con otras historias y realmente son más duras que las nuestras. Si escuchas lo que la gente vivió en Rumanía, terminas por relativizar la situación que aquí vivió la mayoría de la población. (Se toma un tiempo. Largo). Estoy cansado de contar mi historia de aquí. Pero... (Se ve que tiene alguna duda).

AB: ¿Pero?

MSO: Pero este año quisiera terminar otra novela, sobre el inicio de la Guerra Civil aquí, en el País Vasco. La situaré entre Pamplona y la frontera de Irun, en San Juan de Luz, y estará relacionada con gente que se ha comprometido en la recuperación de la memoria histórica. Empecé la novela en el 2005. Cuando estaba escribiendo la biografía de Baroja. Comencé con el levantamiento del general Mola, pero enseguida me di cuenta de que nuevamente estaba contando la historia con los protagonistas de siempre. Pablo Antoñana, por ejemplo, fue un maestro en ese sentido, porque dio voz a los verdaderos protagonistas. Las carlistadas siempre se han contado a través de sus protagonistas, a través de las andanzas de los señoritos. Jamás se han contado a través de los agricultores o de los voluntarios. Y ellos, tras luchar durante seis años, lo perdieron todo, tierras y caseríos, y tuvieron que marchar rumbo a América. Por tanto, lo que quería era contar la historia desde el punto de vista de quien la ha sufrido. La quería publicar en el 2006, pero no pude, y eso me favoreció, porque he podido cambiar el punto de vista.

AB: Es un tema que levanta ampollas.

MSO: Sí, saca a la gente de sus casillas, sean herederos de los protagonistas de aquellas barrabasadas o sean jóvenes progresistas de hoy, porque piensan que hay que pasar página, y cuanto antes mejor. Este es un momento importante para recoger testimonios y fijar la memoria, porque a estas personas que pretenden recuperar la memoria les echan en cara mala fe y odio, sed de venganza.

AB: Lo más importante de este movimiento a favor de la recuperación de la memoria es que deja las cosas a la vista, ¿no? Saca a la luz lo que sucedió.

MSO: José Artetxe, en su libro Un vasco en la posguerra, cuenta lo que le escuchó decir una vez a José María Iribarren. Éste, secretario del general Mola, le dijo a Artetxe una vez que ambos estaban en San Sebastián que le envidiaba porque podía publicar un libro con sus memorias. Y él, aunque quisiera, no podía hacerlo. “Porque los promotores de la Guerra Civil, sus hijos y nietos, están vivos y los tratan como si fueran dioses”. Iribarren decía que Mola tenía en la cabeza matar a gente, nada más, y que siempre decía que a los de aquí había que darles “un buen escarmiento”. Dicen que escribió unas memorias. Estaban guardadas en una caja, pero creo que las hicieron desaparecer. Fueron varios los que vieron ese libro, y tomaron algunas notas, y yo los estoy buscando, pero el libro ha desaparecido. Y ya casi no hay testigos.

AB: El tiempo se echa encima.

MSO: Una vez, en la televisión, vi unas imágenes de una excavación que estaban haciendo en Navarra. Aparecía un viejo, llorando a moco tendido, y pronunció una frase que me emocionó y me impactó a la vez: “¡Macaguen, menudos tiempos aquellos!”. Esa frase lo resume todo. Hace unos meses, los médicos forenses dijeron que el tiempo se acababa. Pues eso.

En la película Shoah, le preguntaron a un campesino que vivía en los alrededores del campo de concentración de Treblinka cómo podía trabajar allí en tiempos de los nazis, oyendo los gritos que llegaban desde el propio campo o viendo los convoyes llenos de judíos que paraban junto a su casa. Y dijo: “Si a ti te cortan el dedo, a mí no me dolerá”.

AB: Esa película es espeluznante.

MSO: Para la película, entrevistaron a mucha gente que vivió de cerca o sufrió en carne propia la faena de los nazis. En Navarra, cuando a finales de los 70 hicieron varias excavaciones para desenterrar los cuerpos de los fusilados, había muchos ancianos. Era gente que había vivido la guerra. Pero ya se han muerto. Y los jóvenes de entonces, ya tienen mi edad o son mayores que yo. No fue una película Shoah. Cada vez hay menos víctimas directas aquí.

AB: Pero todavía ahora muchas de esas víctimas no quieren decir nada.

MSO: Antes hemos hablado de lo importante que es contarlo. Estoy preparando un trabajo sobre Pablo Antoñana. En su cuento Extraña visita, escribió un bello texto sobre la visita de unos falangistas. No tuvo que decir de qué zona de Navarra eran, pero ese relato tiene el mismo valor que todas las denuncias de los fiscales. No hay nombres, no hay nada. Cómo sacan de sus casas a unos campesinos, cómo los suben a un camión junto a una mujer, cómo los llevan por los campos. Sólo eso. No se necesita nada más, porque lo ves todo: los campos de la Ribera, qué sucedió... Claro que hay que contarlo. Puede que sea tiempo perdido, pero yo tengo ganas de contar lo que pueda. Y ya veremos.

AB: ¿Qué tal te encuentras en el Baztan? Dijiste en una ocasión que era un buen sitio para vivir.

MSO: Sí, estoy muy a gusto. Me siento cómodo, salgo mucho al monte, trabajo muchas horas, y vivo tranquilo, bastante más tranquilo que en Pamplona. Hay menos ruido que allí.

AB: ¿Allí no vuelves a gusto?

MSO: No, Cada uno tiene su historia, pero lo de Pamplona no tiene remedio. Allí me siento perdido. Ya hace quince años que me vine para acá, y quitando los dos años de Madrid, han sido años decisivos para mí. He visto que no tengo sitio en la sociedad pamplonesa.

AB: A pesar de ser de allí, de haber vivido allí y de haber escrito la mejor guía de Pamplona. Conoces bien la ciudad.

MSO: Sí, pero yo no puedo tirar para adelante allí. Quizás debía haberme marchado cuando era más joven, pero no vamos a empezar a arrepentirnos ahora por lo que no hicimos, ¿no? Ahora, para mí, lo importante son los libros que tengo por escribir. Ésa es mi vida.

AB: ¿Has olvidado también lo de Madrid?

MSO: Sí, no pinto nada en Madrid. Mis hijos están allí, pero no tengo ninguna relación con el ambiente literario español.

AB: No te arrepientas de haberte marchado, entonces.

MSO: No. Ha surgido así y las cosas están como están. Eso es todo.

AB: ¿Los lugares son decisivos para escribir?

MSO: Creo que sí. Pero más que los sitios, la gente que vive en ellos. La ciudad en sí no es nada. Thomas Bernhard, y no es más que un ejemplo, decía que Salzburgo era una “enfermedad mortal”. Pero Salzburgo no es una enfermedad mortal; de serlo, lo será su gente o la que él conoció. Ése es el problema de las ciudades: con quién te encuentras. Y si el ambiente es pesado, la vida se te hará cuesta arriba.

AB: ¿Qué tiene Pamplona?

MSO: Es muy carca y muy tradicional. Aquí, sea por las armas, sea por las urnas, siempre ha mandado la derecha. Y lo peor es que no se han aprovechado las opciones para darle la vuelta a eso. Cuando los socialistas ganaron las elecciones a comienzos de los 80, hubo una oportunidad. Se hicieron algunos cambios, porque los otros también estaban haciendo grandes cambios en su entorno, pero eso duró hasta que empezaron a meter la mano en la bolsa. Y la última oportunidad que tuvimos para cambiar, también se fue a la mierda. Todo es más grave de lo que parece. Seguramente no lo sea tanto cuando tienes treinta años, pero sí que lo es cuando tienes sesenta. Con los resultados habidos en las últimas elecciones, se arruinó una oportunidad histórica. Y a consecuencia de ello, comparten el consejo de administración como si esto fuera una empresa privada. Y unos y otros dirigirán ese consejo de administración durante mucho tiempo. Escribí hace poco sobre ello, y puede que no sea muy correcto, pero los problemas internos que están teniendo algunos partidos...

AB: ¿Te refieres a Nafarroa Bai?

MSO: Sí. El espectáculo no es muy digno. Y si fuera de la derecha navarra de toda la vida estaría muy contento con el ambiente, porque están asegurándose la poltrona para siempre. Y estos de Nafarroa Bai están olvidando que muchas de las personas que les votaron no eran de sus partidos. Ni de unos ni de otros. Había mucha gente que no militaba en ningún sitio, pero pedía el cambio. El cambio, por fin. Luego, ya se verá. Pero primero el cambio, ¡carajo! Pero, claro, con la sociedad navarra hemos topado, muy carca ella. Con matices, pero es así.

AB: ¿Estás resignado?

MSO: Sí, puede que sí. Obviamente, esto no se lo puedes decir a los demás, porque hace falta algo de ganas, no resignarse totalmente, pero es lo que hay.

AB: Ejerciste la abogacía. Imagino que aún conservas ese olfato que mantienen quienes estudiaron Derecho para decidir qué es justo...

MSO: …Sí, algo queda.

AB: Últimamente, en el ámbito judicial hemos visto cosas sonrojantes. Por ejemplo, aquello que le espetó la jueza a Arnaldo Otegi, “¡Por mí, como si bebe vino!”.

MSO: Me pareció vergonzoso. En aquel juicio, el fiscal incluso echó mano del refranero para apoyar sus tesis, cuando dijo aquello de que quien calla, otorga. Perdón: quien se calla, se calla. En un juzgado, sobran los refranes. En un alegato del fiscal, hay que utilizar la jurisprudencia o el Código Penal, pero no el refranero. Mucho menos, cuando son refranes feos. Está en consonancia con el detalle del vino. Sí, hay tengo un instinto jurídico que me sale. Los abusos judiciales, los abusos del poder en general, esto es, los abusos de autoridad, me sacan de mis casillas. Es decir, tener razón porque llevas uniforme o porque tienes dinero en el banco... Eso no lo soporto. Y me enfrento a las cosas que me parecen injustas, por eso, por el instinto.

Continuará.

Remitente: iturri.2010/03/15 07:00:00 GMT+1
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2010/03/13 08:15:00 GMT+1

La versión de John Carlin sobre la fallida entrevista a Arnaldo Otegi

Ayer estuvo en San Sebastián, invitado por Kutxa, el conocido periodista y escritor John Carlin. Además de por su labor en El País, Carlin es conocido por su libro El Factor Humano (Playing The Enemy). Los derechos de ese libro fueron adquiridos por el actor Morgan Freeman y llevados a la gran pantalla bajo la direccion de Clint Eastwood (Invictus), filme que trata de narrar el proceso por el cual Nelson Mandela consiguió evitar la guerra en Sudáfrica durante la década de los 90 del pasado siglo. Y es que Carlin vivió in situ el citado proceso histórico.

En principio, el tema de ayer era otro. Porque John vino a hablar de resiliencia social junto con Juan Carlos Cubeiro. La charla se programó bajo el paraguas de Gipuzkoa Aurrera. Previamente, la pareja estuvo en una jornada, pero me da que ésta no estaba abierta al público.

En un determinado momento, Carlin dijo que sería interesante mirar a Sudáfrica en aras de solucionar el conflicto vasco. Era una magnífica oportunidad, y la aproveché, para preguntarle en público sobre lo que pasó con la fallida entrevista a Arnaldo Otegi.

Y el periodista dijo, más o menos: "Estaba esperando que alguien me hiciera esta pregunta aquí. He leído muchas cosas al respecto que no se ajustan a la verdad. Pero no me ha extrañado nada esto, conociendo como conozco a los de mi gremio (los periodistas). Fue una iniciativa en común con El País. No es cierto que el Gobierno nos denegara el permiso para la entrevista. Simplemente no nos contestaron. Puede que la carta no llegara a su destino. ¡Quién sabe! En todo caso, fue una pena que no pudiera entrevistar a Arnaldo Otegi".

Evidentemente, le ha parecido más cómoda la siguiente, una en la que le preguntaba sobre el Mundial de Fútbol a celebrarse este año en Sudáfrica.

Al final, se ha mostrado interesado en el libro que Imanol Murua Uria ha publicado sobre el proceso de Loiola. Quería saber para cuándo estaría lista la versión en español.

John Carlinen bertsioa Arnaldo Otegiri egin behar zion elkarrizketaz, apunte hau euskaraz.

Remitente: iturri.2010/03/13 08:15:00 GMT+1
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2010/03/10 07:00:00 GMT+1

Decadencia, decrecimiento o lo que sea

Como cada primer viernes de mes, el pasado día 5 tuvimos una nueva edición del Pintxos and Blogs (podéis leer la crónica de Makgregory). Esta vez la excusa era la arquitectura y el movimiento racionalista de los años 30-60 del pasado siglo XX. Volví a estar muy a gusto escuchando a gentes que hablaban de temas que no son, precisamente, muy cercanos para mí.

Pero hoy no quería hablar de este último Pintxos and Blogs (señores De la Maza & Munduate, a ver si ponen un enlace con algo de contenido), sino de la primera cita de este año. Para hablar de gestión de proyectos culturales estuvieron Pernan Goñi y representantes de la candidatura San Sebastián 2016. En un momento dado (que es cuando, según Lázaro Carreter, suceden todas las cosas) nos preguntaron cómo vemos la ciudad hoy y cómo la imaginamos en el 2016.

A mí me tocó soltar la primera opinión y uní el 2016 con la palabra decadencia. Y hoy sigo pensando lo mismo. Ya es hora de que nos demos cuenta de que, materialmente hablando, hace tiempo que tocamos techo y que sólo nos queda ir cayendo a mayor o menor ritmo.

¿Es eso malo? No tiene que serlo necesariamente. Creo que fue el año pasado cuando el máximo responsable del Grupo Mondragón Corporación soltó en unas jornadas en Logroño que saldríamos de la crisis allá por el 2014 y que seríamos un 20 % más pobres. ¿Será así? Ni idea. ¿Se cumplirán las teorías más catastrofistas de Niño Becerra? Tampoco lo sé.

No hemos nacido para ser líderes. Y me tiene un tanto harto eso de tener que competir y de tener que ser la punta de lanza de no sé qué. Nos va a costar tirar hacia adelante; más, si cabe, teniendo en cuenta lo mal que hemos hecho los deberes estos últimos años. No hay más que ver cómo pasan al paro personas cercanas.

Habrá que despertar. No queda otra. No sé si yo conoceré algo diferente del capitalismo, porque veo difícil que se produzca el cambio, pero no imposible.

No he leído apenas nada del movimiento que aboga por el decrecimiento, pero me da que puede ser una vía interesante.

Dekadentzia, deshazkundea edo dena delakoa, apunte hau euskaraz.

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2010/03/09 07:00:00 GMT+1

Estamos sentados encima de un barril de pólvora (II)

Viene de aquí.

No todo han sido buenos ratos en Bolivia. En su primer viaje, fue secuestrado, le robaron y le dejaron tirado en una calle apartada. Pensó que le matarían. Con el sabor del cacao aún presente en la boca, cuenta que los ladrones eran de la misma banda que mató a cuatro turistas europeos. Encontraron los cadáveres de los turistas a los pocos días, pero una de las familias no ha reclamado aún el cuerpo. Querría hacer un reportaje con eso, o escribir un libro, pero no se lo publica nadie. Antes sí que le aceptaban reportajes; ahora, en cambio, parece que no tienen sitio. Pero quiere escribir sobre ello.

Ahora, con casi cincuenta libros publicados, entre ellos retratos despiadados de la sociedad navarra, biografías memorables de Pío Baroja, y libros de crónicas y viajes muy vivos; varios premios, estancias en Madrid, Pamplona, Baiona y San Juan de Luz. Bueno, pues ahora, en este rincón de Elizondo, cerca de la frontera, ahora quiere escribir sobre los marginados. Porque siente que cada vez le queda menos tiempo para decir todo lo que quiere.

Alberto Barandiaran (AB): ¿Cómo es eso de comprometerse de esta manera con un pueblo extraño y lejano? ¿Ésas no eran cosas que se hacían con veinte o treinta años?

Miguel Sánchez-Ostiz (MSO): Déjame que te cuente una anécdota. El año pasado, mientras esperaba la salida de mi vuelo en el Aeropuerto de Cochabamba, comenzaron a llamar por megafonía a un italiano para que se presentara en el control. Finalmente nos dejaron pasar, diciéndonos que, ya sentados en el avión, tuviéramos los pasaportes a mano. Entró un grupo de policías y comenzaron a examinarnos uno a uno, pero el italiano no aparecía, lógicamente. Supusimos que habrían interceptado una maleta llena de coca y que se habría dado a la fuga. Un mujer-policía de unos treinta años, mientras tiraba al suelo todo lo que portaba en la maleta, tomó mi pasaporte, miró la fotografía y me dijo, rudamente: “¿Pero qué hace usted a su edad dando tumbos por aquí?”. ¡Eso fue lo que me dijo una responsable de narcóticos! Y entonces tú ahora me dirás lo que soltó aquella policía, ¿no? Sí, yo también me lo pregunto. Me hubiera gustado viajar siendo más joven, pero no lo pude hacer. El tiempo avanza y es el presente lo que importa.

AB: ¿Pero podrías estar tranquilamente aquí, escribiendo, enviando colaboraciones, en vez de andando por ahí lejos, contemplando todas esas miserias?

MSO: ¿Pero sobre qué escribiría? Siento que el tiempo me aprieta. Este año cumpliré 60 años y me quedan muchas cosas por ver, por leer, por vivir, por escribir. Ahora estoy acabando una novela sobre Rumanía. He estado tres veces en Bucarest y allí me encuentro con un termómetro, un medidor del mundo que no me gusta. En Praga resulta difícil pensar que aquel fue un país socialista. Lo mismo pasa en Budapest. Sabes que el comunismo sucedió allí, por la famosa revolución, pero lo de Rumanía es increíble. ¡Cuánto han tenido que padecer y qué país más corrompido han dejado tras de sí! El narrador debe estar allí. Estoy intentando explicar el choque entre dos mundos que están dentro de la misma cultura, porque están dándose cambios tremendos. Ahora está triunfando el neoliberalismo de manera salvaje. La gente ya no quiere ser rumana, ni tan siquiera europea. ¡Fuera Europa! La gente quiere ser estadounidense y cuanto antes, mejor. No sabes qué colas hay, todos los días, delante de la embajada estadounidense de Bucarest. ¿Y quiénes han llegado a Bucarest como si fueran una riada? Los especuladores. Muchos de ellos son españoles. Algunos, de por aquí. Con el dinero negro acumulado aquí están comprando solares en el centro de la capital para vendérselos luego a los inmigrantes que han venido a nuestro país. Me recuerda a la sociedad española de los años 80, esa fiebre por comprar, ese empeño por poseer.

AB: Y todo eso te atrae como escritor.

MSO: Por supuesto. Porque todo puede terminar de mala manera. Y hablas con la gente de mi edad y te das cuenta de que aquel loco de Ceaucescu les fastidió la vida. Hoy, los rumanos temen al prójimo, porque todos piensan que puede ser un chivato de la Policía. Les metieron eso en la cabeza. Si comienzas a charlar con alguien en una cafetería y se levanta para ir al baño, otro te dirá que es un chivato. Y pasará lo mismo con otra persona. Dicen que todas las personas con las que he tenido relación fueron de la Securitate. Ése es el drama. Para seguir vivos, la gente debía denunciar a alguien, ¡aunque fuera de su propia familia! ¿Cómo no llevar eso a la literatura? ¡Así son nuestros tiempos, carajo! ¡Yo no voy a Bucarest para hacer mala literatura con cafeterías del periodo de entreguerras! Para empezar, porque la literatura historiográfica está bien para visitar una ciudad, pero me parece muy pobre frente a la realidad cotidiana. Hay que ir al mercado de Obor (Bucarest), porque es de donde parten los autobuses llenos de rumanos que quieren marcharse y porque es allí adonde llegan cuando regresan. ¡Qué estampas! O ir a Dublín, a esas calles que no visitan los turistas porque no hay nada que se pueda comprar, esas calles que aparecen en el Ulysses de Joyce, llenas de puticlubs, para ver los autobuses que salen de vuelta a Bucarest. Eso es lo que me interesa.

AB: ¿Y qué es lo que hay que hacer con ese material? ¿Ficción, periodismo, crónicas?

MSO: Tienes que hacer todo lo que se pueda, lo que salga. Lo que llegue al lector. Intento entender todo eso. Intento entender mi tiempo.

AB: ¿Te gusta esta época?

MSO: ¿Gustarme? No sé... Hace algunos años dijeron que estábamos viviendo tiempos banales. Siempre pensé que quien lo decía era un tonto integral. ¡Nada de tiempos vanos! Todo lo contrario. Parece que estamos sentados encima de un barril de pólvora. Son tiempos extraordinarios en toda regla, pero nos movemos como si estuviéramos perdidos.

AB: Hay muchísima información, pero no sé si sabemos más.

MSO: Yo cada vez me siento más tonto. No me fío. Empecé a mirar en Internet sobre una novela escrita hace diez años y encontré mucha información. Ahora se puede conseguir en dos o tres días la información que antes no se lograba a lo largo de una vida. Y a los diez años de escribir esa novela, había un porrón de información al alcance de todos. Pero no sé si soy más sabio, la verdad. Tengo claro que lo que me interesa es dar testimonio de estos cambios salvajes, porque está cambiando la faz del mundo. En el caso de Bolivia, salta a la vista que lo que está sucediendo allí no es fácilmente clasificable. Aquí enseguida dicen eso de “¡populista!”. Pues yo no lo tengo tan claro. Creo que es algo nuevo.

AB: Eso que dices es lo más importante, ¿no? Dar testimonio. Es algo que también se está perdiendo en el periodismo, ese hábito de estar cara a cara con la gente, porque muchas veces la información llega por sí sola a las redacciones.

MSO: Sí, pero ¡cuidado! Cuando hablo de dar testimonio, lo digo con la boca pequeña, porque si no parece que soy el poseedor de la verdad o que pretendo hablar desde el púlpito. Y ya hay bastantes tribunos deseosos de poner en funcionamiento la guillotina; como esos que tienen las guillotinas de papel para convertirte en un maldito.

AB: Quiero decir que es importante estar con la gente cara a cara, escucharla, ver cómo hablan, cómo viven.

MSO: Eso es lo importante: levantar acta de esta sociedad pero con palabras de este mundo. Yo no tengo ninguna solución. Sin embargo, reivindico mi derecho a mostrar mi estupor ante las cosas que suceden, porque sé que casi todos somos personas que vivimos sorprendidas y golpeadas por el entorno. Además, son pocos los que golpean, en comparación con quienes recibimos los empellones. Caminamos dando tumbos de un lado para otro. También yo me siento sin rumbo muchas veces, pero no más que cualquier otra persona. Porque no llegamos, no podemos entender todas las claves. Los cambios son brutales y suceden de manera rápida.

Continúa aquí: ¡Macagüen, menudos tiempos aquellos! (III)

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2010/03/08 06:15:00 GMT+1

Bertsolari, un documental para acercarse al mundo del bertsolarismo

BERTSOLARI PILOTO SPANISH SUB. from txintxua on Vimeo.

El realizador Asier Altuna se mete en la faena de hacer un documental sobre el bertsolarismo. Como cuenta en la entrevista que Juan G. Andrés le hizo para Noticias de Gipuzkoa, está buscando financiación para hacer un "filme (que) está más dirigido a quienes desconocen el bertsolarismo, que seguramente se verán sorprendidos". Los doce minutos del vídeo me han gustado mucho y espero que puedan finalizar su trabajo.

Iba poner que quien tenga pasta se ponga en contacto con la peña de Txintxua Films, pero no he encontrado ninguna web para dar la referencia. Sin embargo, al final de este vídeo tenéis un e-mail de contacto. Disfrutad con este bonito caramelo.

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2010/03/07 07:00:00 GMT+1

Ocho años después, nueva entrevista de Alberto Barandiaran a Miguel Sánchez-Ostiz (I)

El 26 de noviembre de 2009, Miguel Sánchez-Ostiz estuvo en San Sebastián hablando sobre Malcolm Lowry. La conferencia la organizó el Ateneo Guipuzcoano y ejerció de presentador, amén del presidente Ángel García Ronda, Javier Mina. Éste definió a su amigo como "un temporal de esos que siempre deja algo en la playa. El escritor infinito".

Hace ocho años me encantó una entrevista que Alberto Barandiaran le hizo a Miguel Sánchez-Ostiz. La publicó el diario Euskaldunon Egunkaria, cerrado hace siete años merced a una vergonzante operación político-mediático-judicial. La traduje y está en este blog. El otro día me llegó en la revista Argia un nuevo tête à tête del mismo dúo (Lubaki bat iruditzen zait mundu hau). También esta vez me ha dado por traducirla. Es más larga y creo que la voy a dividir en tres trozos.

Miguel Sánchez-Ostiz: "Este mundo me parece una trinchera"

Tras pasarse los últimos veinticinco años describiendo el paisaje humano que le rodea, Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950) ha puesto su mirada en el extranjero. En ambientes que se tensan hasta casi explotar como, por ejemplo, las sociedades de Bolivia y Rumanía. Ha estado en minas desconocidas de los Andes y también en estaciones de autobús de las capitales donde expulsan a los inmigrantes como si fueran eructos. Ha visto como toman el camino de vuelta en furgonetas poco fiables, agotados y desesperados.

Tras ganar fama de autor riguroso y prolífico, Sánchez-Ostiz ha decidido que el deber del escritor no es, no puede ser, pasarse años mirándose el ombligo. Que no puede cerrar los ojos ante el caos que nos rodea. Que tiene que contar lo que ve, porque ése es su cometido. Dicho humildemente, pero sí, el deber del escritor. Y ha decidido que tiene que prestar su voz a esos otros.

Dentro de poco volverá de nuevo a Bolivia. Por quinta vez. De esa experiencia ha escrito dos libros: Cuaderno boliviano (Alberdania, 2008) y otro que se publicará pronto, Vivir de buena gana, un título que ha surgido de su blog literario (Vivir de buena gana). Está como loco sólo de pensar en la posibilidad de ver otra vez a sus amigos de La Paz.

Alberto Barandiaran (AB): No sé qué preguntarte: qué se te ha perdido en Bolivia o qué es lo que has encontrado allí.

Miguel Sánchez-Ostiz (MSO): Es complicado de explicar, sí... Los amigos de Bolivia me preguntan lo mismo, y como no les respondo, me suelen decir que me enviarán a Guinea. Realmente no sé qué se me ha perdido allí, pero sí sé lo que he encontrado: calor humano. Gracias a ello he entendido que junto a este mundo nuestro tan envejecido hay nuevos mundos que están asomando, mundos social e intelectualmente de una gran viveza. De gran viveza no sólo desde que Evo Morales ha tomado el poder, porque la gente que he conocido allí lleva toda la vida peleando y trabajando a favor de una nueva sociedad. Es gente de mi edad y no han tenido una vida fácil, pero para nosotros es muy difícil entender todo esto.

AB: ¿Por qué?

MSO: Porque resulta muy fácil acercarse a las realidades que nos son ajenas como si fuéramos misioneros. Como misioneros o como guerrilleros. Sin embargo, es difícil dejar en casa tus prejuicios y tus pensamientos y tratar de ser comprensivo con las formas de vida que te encuentras. Porque tenemos tendencia a decirles cómo han de organizar su vida. “Aquí se debería hacer...” Eso es muy europeo.

AB: ¿Y ellos qué piden? ¿Qué te transmiten?

MSO: Ellos no piden nada. Quieren construir la sociedad y piensan que pueden hacerlo con nuevos moldes. Quienes debían haber nacido para obedecer han comenzado a mandar en Bolivia; eso es lo que ha sucedido. Y eso enfada mucho a la derecha de siempre, porque es una revolución en toda regla. ¡Y cuidado! La revolución no se ha conseguido a través de las armas, sino por las urnas. Pero sabes que todas las urnas, para el perdedor, son una trampa. Eso también sucede con los premios literarios: salvo el premio que le dan a uno, todos los demás tienen trampa.

Los montes de los alrededores de Elizondo están nevados. Sánchez-Ostiz ha escrito artículos relacionados con ese clima estos últimos días, quizás porque el inicio de este mes de febrero está siendo frío y porque se ha reunido con sus próximos alrededor de la mesa más de lo habitual. O porque este año se le han ido muchos amigos. “Demasiados”, dice. De todas maneras, ha escrito de los lobos, de los pinzones, de Santa Agueda, de los joaldunak de Ituren y de los árboles que cortan el camino en cualquier rincón de los montes.

Al café de Bolivia le ha añadido un poquito de cacao de la marca Mombana, consiguiendo así un sabor dulce y amargo a la vez. Promete que, la próxima vez, traerá un paquete del mercado de Donibane Lohizune (San Juan de Luz).

MSO: Me he dado cuenta de que la boliviana es una sociedad muy dividida y que hay mucho racismo. De los indios respecto a los blancos y de los blancos hacia los indios. No se habla jamás del primero, pero sí que lo hay. No sé en qué se basa, no me gusta hablar de los quinientos años de la conquista, porque hay que ser realista: los bolivianos lograron la independencia hace doscientos años y en ese tiempo, por diversas razones, no han podido construir una sociedad equilibrada y democrática. Al contrario, ha habido muchos golpes de estado, crímenes terribles, pero también revoluciones muy interesantes, como la de 1952, por ejemplo. Pero no tenemos ni idea. Ese es el sentimiento general de los bolivianos: que el mundo no sabe nada de ellos, que viven aislados. ¿Qué sabe el mundo de Bolivia? Es que Bolivia no existía: le llamaban Alto Perú. Se enfadan mucho con eso.

AB: Los argentinos, cuando se refieren a los mestizos que viven en el norte, suelen decir “esos son bolivianos”, con desprecio.

MSO: Sí, los argentinos son muy especiales con los bolivianos. Ellos, al menos, se sienten muy maltratados, y no sólo por el colonialismo español. Las élites locales han saqueado al pueblo.

AB: ¿Y cómo se entiende esa revolución actual? Esa superioridad de la mayoría local que siempre ha vivido marginada.

MSO: No lo sé. Creo que ellos también están sorprendidos. Y están sorprendidos, además, por la fuerza del cambio.

AB: ¿Qué es? ¿Que ha aparecido el líder adecuado en el momento apropiado? ¿Que lo que venía de antes ha explotado finalmente?

MSO: Las dos cosas. Después de la última dictadura, estaba ya el clamor del movimiento popular. La situación era insoportable. Y en una de éstas, ha aparecido un líder, y ha conseguido reunir varias sensibilidades políticas a su alrededor. Y eso ha ido hacia adelante.

AB: ¿Qué es lo que más te interesa?

MSO: La gente. A mí no me interesan las piedras. Viajar para ver el paisaje es una frivolidad. Las piedras de Tiahuanaco seguirán allí cuando yo me muera, pero yo he conocido a la gente, he compartido muchas cosas con ellos, me han interesado sus historias. Lo otro, el paisaje... bueno. El Monte Ilimani que está encima de La Paz es un gran espectáculo diario, pero no viajo para eso. Viajo para escuchar. Para ver cómo vive la gente.

AB: ¿Y les entiendes? ¿Te entienden?

MSO: Intento entenderles e intento desaparecer. ¿Si ellos me entienden? Ellos tienen más cosas que mostrar que yo, porque he encontrado gente excepcional a derecha e izquierda.

AB: ¿Y tienen porvenir?

MSO: Sí… (pensativo). ¿Te has dado cuenta de que los Estados Unidos no han tenido nunca un golpe de estado? ¿Y sabes por qué? Porque jamás han tenido embajada estadounidense. La oposición contraria a Evo Morales se muestra dura, y hay algunos problemas, por ejemplo el narcotráfico. En torno suyo se crean gobiernos al margen, porque el narcotráfico mueve mucho dinero. Demasiado.

AB: ¿También en Bolivia?

MSO: También en Bolivia. Y la derecha le echa en cara a Evo Morales, creo que por medio de la Embajada estadounidense, que se está valiendo del narcotráfico. Es cierto que en la actualidad hay muchos laboratorios cerca de Bolivia para hacer la pasta básica necesaria para la coca. La hoja procede, sobre todo, de Chaparé, un territorio próximo a Cochabamba, patria chica de Evo Morales. Ellos no quieren abandonar esos cultivos, porque perderían mucho. La mayoría son mineros, y cuando cerraron las minas, la gente migró. Muchos están ahora en El Alto, pero muchos otros comenzaron con las plantas de coca y allí se produce una hoja de coca muy buena. Además, está muy cerca de la zona oriental de Bolivia, cerca de la Amazonía, y ese territorio no es de nadie. No hay leyes y manda quien más armas posee. Y además el mundo del narcotráfico nos es muy desconocido. Claro que hay jefes, pero finalmente se moja todo el mundo. Y es un gran peligro para estos sueños. Por tanto, hay muchas voces críticas.

AB: De todas maneras, no será fácil para los nativos aprender a gobernar ahora después de vivir tantos años marginados.

MSO: Hay gente muy válida en ese gobierno. Muy-muy válida. Conozco a uno de los ministros. He estado en su casa y sé cómo vive. Sé lo que come, cuánto gasta y sé que es una persona honrada y humilde. Cuando ves eso, sabes que esa persona puede hacer algo. He viajado con él y nunca le he visto decirle a la polícia que es diputado. Sin embargo, aquí enseguida te espetan eso de que no sabe usted con quién está hablando... Yo creo en una persona que se calla eso.

Continúa en Estamos sentados encima de un barril de pólvora.

Remitente: iturri.2010/03/07 07:00:00 GMT+1
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2010/03/06 13:20:00 GMT+1

Yo nací en un caserío

Julen Iturbe cuenta en Paradojas respecto a la calidad de vida cómo vivía su abuelo hace 50 años. En mi caso particular, esa vida no era la de mi abuelo, sino la propia de mi padre.

Yo crecí en el caserío donde nació mi padre en 1932 (yo, en 1968). Viví en esa casa familiar hasta 1992. Hasta, más o menos, 1990 tuvimos dos vacas. Mi padre se levantaba diariamente antes de las 6 de la mañana y tenía un ritmo de vida parecido al del abuelo de Julen, aunque en el caso de mi viejo la fábrica (Porcelanas Bidasoa) estaba a cinco minutos (andando) y pasadas las 4 de la tarde ya estaba en casa.

El caserío de mi viejo se lo llevó por delante una "zona industrial" de los 90. Paradojas de la vida, y a pesar de mis primeros 24 años de vida, yo soy de asfalto. Necesito tener un bar cerca, el kiosco (sí, aún los periódicos, aunque cada vez menos), el super... la calle.

Yo no echo de menos el caserío, pero mi padre sí. Fue una cabronada para él tener que abandonar la casa donde nació y mi madre dice que ese hecho lo alteró mucho. Y ya que hablo de mi madre, ella apenas trabajó fuera, pero sus labores eran también infinitas.

La reflexión de Julen iba por otro lado, pero a mí me ha despertado estos recuerdos.

Eskerrik asko, Iturbe jauna.

Baserri batean jaio nintzen ni, apunte hau euskaraz.

Remitente: iturri.2010/03/06 13:20:00 GMT+1
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2010/03/04 23:10:00 GMT+1

El trío de los jueves

"Al ver el resultado del vídeo promocional de Donostia 2016, una de las caras reconocibles me confesó que "no hubiera participado en él de haber sabido que se trataba de una iniciativa política". Entonces no supe muy bien lo que quiso decir. Yo solo veía a Mikel Erentxun disfrazado de cineasta y a Pablo Malo haciendo de rockero."

Angel Aldarondo. estomeloarreglapatxilopez.org. 4 de marzo. Noticias de Gipuzkoa.

"Cogí el periódico de encima de la mesa, abrí una página al azar y comencé a leer. La primera noticia me chocó: «Árbol aplastado por un hombre». Pese a todo, no le hice mucho caso al titular y continué hojeando el diario distraídamente. La siguiente información ya me extrañó más. Se trataba de unos gruesos titulares que rezaban: «Lobo atacado por un niño»."

Iñaki Berrio. Maneras de leer. 4 de marzo. El Diario Vasco.

"Entre mis amistades, el cocinero David de Jorge ha levantado opiniones diversas: mi bibliotecaria preferida, por ejemplo, me dijo el otro día que era un poco guarro y que, puestos a elegir, preferiría que David cuidara un poco más el lenguaje. Mis bareros de cabecera, sin embargo, están muy contentos, no sólo porque enseña múltiples variantes de bocados para horas nocturnas, sino porque también ofrece amplio espacio en su programa a su material -quicir, las bebidas alcohólicas-. Y mi amigo Félix, aunque es un cocinero mediocre, me reconoció ayer que lo ve a gusto. Y yo... como os lo diría... yo de mayor quiero ser Robin Food."

Xabier Etxaniz Rojo. 200 kilo gertuago (200 kilos más cerca). 4 de marzo. Berria.

Esta terna forma la mejor contra de la semana. Si yo tuviera un periódico, trataría de ficharlos. Pero no lo tengo. Lo que tengo es un blog. Bueno, dos.

Remitente: iturri.2010/03/04 23:10:00 GMT+1
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2010/03/03 07:00:00 GMT+1

Vuelven Rafa Berrio y Amor a Traición

Rafa Berrio se cruzó el otro día en mi camino. Lo hizo tras otra experiencia existencial: el concierto de Joan Colomo y Joseba Irazoki. El pequeño genio venía de ensayar. ¿Con quién ensayaba Rafa un domingo a esas horas? Con los del grupo Amor a Traición, banda donostiarra de los 90. ¿Para qué? Para preparar con mimo la doble subida al escenario del Bukowski los días 6 y 7 de marzo.

Según parece, uno de los barandas del establecimiento, Iosu, le ha calentado los cascos al bueno de Rafa: Iosu quiere escuchar el disco publicado en 1993. Amor A Traición está en Spotify, pero Iosu tiene el capricho de escuchar y deleitarse en directo con No pienso bajar más al centro, Jaime Gil de Biedma, La senda del olvido, etc. Y como Iosu no es egoísta, nos abre las puertas de su local al resto de la humanidad. En contraprestación, nosotros haremos eso de Levántate y consume.

El fin de semana estarán tres miembros originales de la formación de los noventa (José Puerto, Iñaki de Lucas y el propio Rafa) más dos nuevos músicos (Iñaki Fisuras y María Soriazu). Tiene toda la pinta de que estos conciertos serán únicos, por lo que habrá mucha gente en la sala. El 6 de marzo, sábado, el bolo está programado a las 22.00 horas; el 7, domingo, a las 20:00 horas. El precio de la entrada será de 7 euros.

Además, Berrio pasará la segunda quincena de mes en Madrid, grabando lo que será la continuación de Harresilanda (Extramuros), disco grabado en el 2003 y publicado en el 2005. Esta vez, los arreglos y la producción correrán a cargo de Joserra Senperena y el trabajo se registrará en el estudio de José M. Rosillo.  Rafa tiene decidido el título (1971) y (me da que) hasta la portada. Ya estoy deseoso de escucharlo.

Por el momento nos tendremos que conformar con el inicio de uno de los temas, tarareado por el autor: “Yo me moriré un día borracho junto a una tapia / y mis pupilas reflejarán la última luz de esa mañana”.

Bueltan dira Rafa Berrio eta Amor a Traición, apunte hau euskaraz.

Remitente: iturri.2010/03/03 07:00:00 GMT+1
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