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2018/02/11 20:30:00 GMT+1

Una entrevista de Ikerne Zarate a Alberto Muñagorri

Retomo las traducciones del euskera al castellano. Esta vez es una entrevista de Ikerne Zarate a Alberto Muñagorri aparecida esta misma semana en una publicación en euskera de Errenteria, Oarsoaldeko Hitza: «Elkarri entzun behar diogu, aspaldi egin ez dugun zerbait da».

Para nuestra generación, Alberto fue un chaval que una vez vio una mochila en la calle y que, como hacíamos muchos críos entonces, le pegó una patada con la mala fortuna de que aquel bulto escondía una bomba. No murió, pero sufrió la amputación de una pierna y la pérdida de un ojo. 35 años después, dice que no recuerda que pateara aquel paquete extraño.

Aparte de eso, lo único que recuerdo de él es que en una edición de la década de los 80 del Premio San Pedro de Irun (una de las pruebas amateurs más antiguas del calendario ciclista) le hicieron un pequeño homenaje. Tengo en mi cabeza guardada la imagen de un chaval que subió al tablado y le dieron un ramo de flores, pero quizás la realidad no fuera como yo la he guardado en la memoria.

Llevo una racha en la que sigo la actualidad a distancia, pero sí sé que Alberto Muñagorri ha aparecido últimamente estos últimos meses en varios medios contando su experiencia. No añado nada más.

Bueno sí, un beso para él y su madre.

Alberto Muñagorri by Oarsoaldeko Hitza

Fotografía de Oarsoaldeko Hitza.

Alberto Muñagorri: «Tenemos que escucharnos mutuamente. Es algo que no hemos hecho durante mucho tiempo»

Cuando tenía diez años, una mochila-bomba colocada por ETA explotó e hirió a Alberto Muñagorri. Perdió una pierna y la visión de un ojo. Junto con otras víctimas, está dando su testimonio.

Ikerne Zarate: Has participado recientemente, junto con otras tres víctimas, en una mesa redonda que el Instituto de la Memoria Gogora organizó hace dos semanas en Irun. ¿Por qué?

Alberto Muñagorri: He pasado mucho tiempo sin aparecer en los medios de comunicación porque lo que decías, a veces, se distorsionaba y se utilizaba políticamente. Pero pasado este tiempo, he querido contar de primera mano lo que tengo que decir como víctima del terrorismo. El Instituto de la Memoria Gogora me dio esa oportunidad en la mesa redonda de Irun y, el mismo día, en una escuela de Eibar con jóvenes de 15 y 16 años. Ha supuesto dar un paso adelante. La experiencia ha sido satisfactoria, aunque ha sido dolorosa, porque ha supuesto recordar lo que me pasó hace 36 años. Me he dado cuenta de que he puesto encima de la mesa un testimonio carente de odio. Y eso también me ha ayudado a ser consciente de que tenemos que trabajar para convivir, que tenemos que aprovechar este momento pacífico para que no se repita lo que sucedió con la violencia.

Ikerne Zarate: Has dicho que les contaste lo que te pasó a jóvenes de 15 y 16 años. ¿Cómo se lo toman?

Alberto Muñagorri: Los jóvenes son como esponjas, no están contaminados y muchas veces son transmisores. Creo que, durante mucho tiempo, se ha silenciado la situación de quienes hemos sido víctimas de la violencia. No se ha hablado de lo que nos ha pasado, de cómo nos hemos sentido o de lo que pensamos.

Ikerne Zarate: ¿Ha sido para protegeros?

Alberto Muñagorri: Sí, para protegernos, para no generar más daño. No se ha hablado del tema y se ha convertido en un tabú. Yo no tengo hijos, pero sí que tengo sobrinos, y ellos sabían algo de lo que me había pasado. Sin embargo, hasta hace dos años no nos hemos sentado y hablado en profundidad de lo sucedido. Les conté quién puso la bomba, qué es lo que sucedió y las consecuencias para mí y para la familia.

Ikerne Zarate: Junio de 1982. Tenías 10 años. ¿Cómo recuerdas aquel día?

Alberto Muñagorri: Era sábado y fui a casa de la abuela a por la paga. Me pidió que le acompañara a hacer la compra al mercado, pero le dije que no, que me iba al campo de fútbol. En el camino estaba la mochila puesta por ETA. La noche anterior la zona estuvo acordonada por la Policía Municipal, porque los vecinos llamaron diciendo que había un paquete sospechoso. No aparecieron los artificieros y, con el cambio de turno, dieron aviso de levantar la protección. La mochila quedó allí. Nadie se preocupó de ello, ni quien lo puso, ni la policía. Mis padres me dijeron que le di una patada, porque me destrozó la pierna, pero yo no tengo ese recuerdo. A partir de ahí, no recuerdo mucho más. Estaba consciente y les rogaba constantemente que me taparan, porque tenía frío. El siguiente recuerdo es cuando me desperté en la UCI. Mis padres estaban allí. Tenía las manos atadas para que no me tocara la cara, porque estaba llena de heridas. Pasé allí dieciséis días y luego me pasaron a planta.

Fue entonces cuando mi madre comenzó a contarme lo sucedido, porque pensaba que me había atiborrado de caramelos y que estaba allí por ello. Me leía cuentos y, mientras me leía uno, La isla del tesoro, me dijo que me habían amputado una pierna. No me lo creí. Pero un día levanté la sábana, miré y me di cuenta de que era verdad. Entonces mi madre me dijo que debía asumir lo sucedido, porque aquello era para toda la vida. Tenía dos opciones: quedarme en casa marginado o superarlo y continuar viviendo. Era un crío de diez años con toda la vida por delante. Mi madre se esforzó para que yo no odiara, para que no tuviera complejos, para que intentara hacer todo lo que quisiera sin que la amputación de la pierna, la pérdida de un ojo y el resto de lesiones fueran un obstáculo. Si no fuera por ella, seguramente no estaría aquí sentado charlando contigo.

Ikerne Zarate: Tu madre es un referente para ti.

Alberto Muñagorri: Sí, no se apartó de mi cama jamás y me enseñó que me caería, pero que debería levantarme solo. Gracias a esa fuerza que ella me transmitió hago vida normal. Todavía hoy me dice muchas veces que no sabe muy bien de dónde sacó aquella fuerza.

Ikerne Zarate: Han pasado 36 años. ¿Cómo ves la actual situación?

Alberto Muñagorri: Vivimos una época totalmente diferente. Ya no está la violencia de ETA que marcó mi vida. Diría que ha mejorado la convivencia, que es más agradable para todos. De pequeño vivía en la calle Magdalena y todos los días veía lo que pasaba. Vi el ataque contra la furgoneta de la Ertzaintza y cómo los quemaban. He visto coches cruzados, autobuses quemados, golpes de porra, botes de humo... Miro hacia atrás y pienso que hemos perdido un tiempo precioso. Hemos vivido rodeados de violencia.

Si alguien cree que hemos conseguido algo, esa será su opinión, pero para mí no es realista. Me apena el tiempo perdido y todo el sufrimiento generado. Debemos mirar atrás para no olvidar lo vivido y, sobre todo, para no repetirlo.

Tenemos mucho por hacer y, a veces, pienso que vamos muy deprisa. Debemos ir despacio y escuchar a las víctimas de todo tipo.

Ikerne Zarate: Con ejemplos como el tuyo, habéis demostrado que algunas víctimas y la sociedad váis por delante de los partidos políticos.

Alberto Muñagorri: Las víctimas estamos en ello. He pedido a las instituciones que no se olviden de las víctimas y que dejen a un lado los intereses de los partidos, porque hasta hace muy poco nos han utilizado para salir en la foto o para conseguir un puñado de votos. Las instituciones están haciendo cosas, es importante la labor del Instituto de la Memoria, las charlas, las exposiciones... Las víctimas, yo mismo, o alguien como Pili Zabala que ha sido víctima del GAL por ejemplo, creo que vamos por delante. Estamos ofreciendo nuestro testimonio y haciendo un trabajo generoso. Tenemos la capacidad de que víctimas de violencias diferentes vamos de la mano. Hablo con víctimas de la violencia policial o con víctimas de ETA y no tenemos problemas entre nosotros. Hay algo que nos une: hemos sufrido la violencia y nos queda esa marca. Cuando eso llega al terreno de los partidos, las cosas se complican.

Ikerne Zarate: El relato, los relatos. ¿Cómo ha/n de contarse?

Alberto Muñagorri: Sé que ha habido violencias de diferente tipo: la violencia de ETA, la de los GAL, la del Estado, la policial... Para mí, sin embargo, el mayor problema ha sido el terrorismo de ETA. Pero hay que abrir los ojos y aceptar que también ha habido otras violencias y yo no voy a negarlo. Cuando me han dicho que existe la tortura, tengo claro que así ha sido y digo claramente que hay que condenar eso y juzgar a quienes han torturado; lo mismo con la gente que ha matado el GAL. No podemos olvidar tampoco que hay muchos casos de ETA no esclarecidos ni juzgados. Por ejemplo, el mío. El relato ha de ser verdadero, no tiene que hablarse solo de una de las partes, sino que hay que hablar de todo, poner todo encima de la mesa.

Ahora se habla de la conculcación de derechos, pero aquí ha habido un problema general: esta sociedad tenía miedo y, si elevabas un poco la voz, corrías riesgos. Hay personas que han estado en la cárcel por sus ideas, pero no debemos olvidar que, hasta hace poco, han matado a muchas personas por sus ideas. Hay que contar todo esto, escuchar a las víctimas y no tratar de justificar una cosa por la otra, porque cuando hablas del terrorismo de ETA, muchas veces te dicen que hay otros sufrimientos. Hablemos pues de todos ellos y reconozcamos a todos ellos. El relato no tiene que satisfacer solo a una parte y está claro que todos deberemos ceder si queremos que la sociedad de Euskadi sea mejor.

Ikerne Zarate: ETA anunció el 20 de octubre de 2011 el cese definitivo de la actividad armada. ¿Cómo viviste aquel momento?

Alberto Muñagorri: Es un periódico que tengo guardado. Fue un momento feliz para mí. Creo que ETA no debía haber existido jamás, pero como sí ha estado ahí, fue una buena noticia, aunque llegó tarde, porque finalmente no se ha conseguido nada. Todo ese sufrimiento, los muertos, las personas amenazadas, las encarceladas... No merece la pena. Fue una noticia esperanzadora y creo que esos pasos debieron haberse dado muchísimo antes. ¿Por qué hemos de estar esperando el desarme o la disolución si quieren finiquitar su historia y no tienen la intención de volver a matar?

Me han preguntado muchas veces si hablaría con la persona que puso la bomba. No tendría ningún problema, siempre que se acercara arrepentida y con actitud constructiva. No entenderé lo que hizo, pero sí que quiero saber sus motivos, porque creo que eso puede ayudar para que no se repita. Esas personas que han utilizado la violencia como instrumento, siempre que muestren su arrepentimiento, pueden aportar cosas, pueden contar por qué lo hicieron. Una vez disueltos y si están dispuestos a ello.

Ikerne Zarate: En Errenteria se han dado pasos. El Ayuntamiento, bajo la dirección del alcalde Julen Mendoza, ha dado pasos hacia la convivencia y la reparación. ¿Cómo ves el caso de Errenteria? ¿Es un referente?

Alberto Muñagorri: Sí, está siendo un referente. Fue el primer ayuntamiento a la hora de dar estos pasos y ahora otros consistorios están recogiendo su testigo. El discurso de Julen Mendoza es modélico, muy importante por las siglas que tiene detrás. Posee gran capacidad de empatía con las víctimas, algo de lo que carecen otras personas, y eso ayuda. Por otra parte, me falta un reconocimiento más amplio de los partidos que en su momento no condenaron la violencia; tienen que dar pasos importantes en ese camino. Ellos dicen que han dado esos pasos, pero yo creo que no son suficientes. Todos deberíamos estar orgullosos de lo que estamos haciendo. Pedir perdón, reconocer el daño causado y comenzar a trabajar para que no se repita es algo como para estar orgullosos.

Debería darnos vergüenza mirar atrás: matar, amenazar, torturar... Tenemos que reflexionar sobre todo ello. Es muy positivo lo que está haciendo Julen Mendoza. Pero, tal y como he dicho antes, me faltan otras instancias. Es cierto que las cosas necesitan su tiempo. Yo he necesitado 35 años para comenzar a hablar. Por tanto, creo que también hay que darles tiempo a los demás para que reflexionen. No pretendo cambiar la opinión de nadie, pero tengo claro que la violencia, venga de donde venga, jamás nos llevará a ningún lado. La pérdida de una vida no tiene ninguna justificación.

Ikerne Zarate: ¿Cómo ves el futuro?

Alberto Muñagorri: Tenemos grandes retos por delante. No está la violencia de ETA, pero está la violencia machista o la situación de las personas refugiadas. Pienso que lo que estamos haciendo nos puede ayudar a tener una sociedad mejor. No me gusta la palabra enemigo, pero creo que hay que hablar con todo el mundo y escuchar por qué piensa así. El objetivo no es cambiar tu opinión o la suya, sino escuchar en primera persona. Hay que hablar, preguntar y, si somos listos, seremos una sociedad mejor para que, sobre todo, no se repitan estas situaciones. Si cuando yo tenga 80 años, volvemos a las andadas, me daría mucha pena, porque signficaría que no hemos aprendido nada. Todos tenemos que esforzarnos.

He sentido un punto de aislamiento en el pueblo por ser víctima. Eso está cambiando y se me acerca más gente. Yo no tenía ideología: tenía 10 años. Hay gente que me dice que hay mucho sufrimiento, por ejemplo con la cuestión de los presos. No te quedes ahí, vamos a vivir juntos, aporta. El respeto es básico. Cuando me he reunido con víctimas de otro tipo, al principio me ha costado entender que esas personas han sufrido como yo, pero eso nos une: el sufrimiento. Hay que hacer un trabajo si deseas ofrecerle algo positivo a la sociedad, hay que empatizar con esa persona y darte cuenta de que ella también ha sufrido. Debemos ser libres de expresar nuestras ideas, porque no pueden imponerse. Debemos escucharnos mutuamente, darnos una oportunidad, algo que no hemos hecho durante mucho tiempo. Errenteria está siendo un ejemplo en este sentido.

Escrito por: iturri.2018/02/11 20:30:00 GMT+1
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2018/02/01 17:10:00 GMT+1

El día que eché a Facebook de mi teléfono

A comienzos de año leí una entrevista con el abogado especialista en Protección de Datos Jorge Campanillas: «He dejado de usar WhatsApp porque te acaba por controlar hasta las rutinas de sueño».

Extraigo este párrafo:

«Sí, lo he hecho por dos cuestiones. La principal es la cantidad de datos nuestros que están manejando. Quizá la gente no lo tenga presente en el día a día, pero WhatsApp es propiedad de Facebook. Estamos hablando de la misma empresa y, aunque ellos digan lo contrario, el trasvase de datos de una a otra es incesante. Quizá a mucha gente no le parezca preocupante, pero creo que también hay mucho desconocimiento y una falsa sensación de seguridad. Todos nos quedamos con que WhatsApp cifra las comunicaciones. ¡Es que solo faltaba! A la gente le parece suficiente con que nadie sepa lo que está diciendo, pero eso es lo de menos. A Facebook lo que menos le interesa es la conversación. ¿Qué le importa lo que hables con tu madre? El problema es que Facebook sabe quién es tu madre, cuándo os conectáis... pueden llegar a saber mucho más de lo que pensamos. Conocen hasta nuestros hábitos de sueño. Saben que lo último que hacemos antes de ir a la cama es mirar WhatsApp, y que es lo primero nada más levantarnos.»

Cuando lo leí pensé que quizá yo también debía hacer lo mismo, pero luego me lié y la cosa se quedó ahí.

De todas maneras, desinstalé Facebook de mi teléfono personal y ahora solo le echo un ojo, cuando me acuerdo, delante de un ordenador.

He pasado unos días fuera de casa y hoy he vuelto a la rutina laboral. Este año cumplo 50 tacos y la cosa ya no está para bromas. Como le escuché una vez a Garbiñe Biurrun, entramos ahora en el «tercio de libre disposición» y hay que tomarse las cosas en serio.

Por tanto,

1.- Desinstalaré WhatsApp de mi teléfono.

2.- Dejaré también de utilizar Instagram.

3.- Y Facebook solo en un ordenador (PC o similar).

Veremos qué pasa.

P. S.: esta es la última foto que he subido a Instagram.

Facebook telefonotik kendu nuenekoa, apunte hau euskaraz

Escrito por: iturri.2018/02/01 17:10:00 GMT+1
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2018/01/14 16:45:00 GMT+1

Sufrimiento

Quiero dedicar estas líneas a todos aquellos que se han esforzado en conseguir la paz para nuestro país

Era julio. Unos amigos querían conocer en persona a dos mujeres que habían sufrido la violencia política muy de cerca. A una le golpeó ETA; a otra, el GAL. Ambas llevan años trabajando en común para pasar adecuadamente la página de estos oscuros años de nuestra historia.

Se juntaron en un restaurante de la Parte Vieja donostiarra. Además de esa pareja y de mis amigos, había otra persona más. Una persona que fue torturada en su momento.

Para que el encuentro se produjera, hubo varias personas por medio. Yo quería pasarme por allí y tomarme un trago con ellos. La última de las personas descritas en el párrafo superior no me dejó largarme. Me dijo que me sentara a la mesa.

Estuvimos más de tres horas en el restaurante, charlando y escuchando. Llené el depósito para una larga temporada.

La persona que me invitó/obligó a sentarme me reconoció más tarde que era la primera vez que estaba de aquella manera con la mujer víctima de ETA. Se disculpó porque en su época actuó de manera muy fría a la hora de denunciar en público aquel crimen.

¿Qué pasará el día después?

Este 2018 tengo entre ceja y ceja leerme la mayoría de los textos de Javier Ortiz, porque tenemos un proyecto para hacer algo parecido a una antología (en formato libro) de la obra de nuestro amigo a comienzos de 2019.

Ahora estoy enfrascado en el tardofelipismo: la explosión de lo que hizo el GAL unos años antes, el caso Filesa, la entrega, detención o lo que sea de Luis Roldán, el ascenso al generalato de Galindo... ¡Un no parar!

Algo antes, en mayo de 1992, Ortiz publicó un texto titulado ¿Qué pasará el día después? Comienza así:

Me preguntan «¿Qué será de Euskadi cuando termine la violencia política?» Y respondo: no creo que en Euskadi vaya a terminar la violencia política. Por lo menos en un plazo previsible.

Probablemente lo que se me está pidiendo -trampas del lenguaje mediantes- es que opine sobre lo que podría ocurrir en Euskadi si ETA abandonara las armas. O sea, si el Estado lograra hacerse con el monopolio de la violencia.

No es lo mismo.

No, no es lo mismo. ETA abandonó la actividad armada en octubre de 2011 y ahora es el Estado quien ejerce en la práctica el monopolio de la violencia.

El Estado -cualquier Estado- recurre a la violencia tanto cuanto le es necesario para asegurar el mantenimiento de su dominio.

Niñas y niños con mochila

Esta misma semana el programa Ur Handitan de ETB 1 (es la cadena en euskera de la televisión pública vasca) ha ofrecido el especial Ume motxiladunak (Niñas y niños con mochila). Sus madres y/o sus padres están presos en cárceles españolas o francesas, la mayoría a varios cientos de kilómetros. La cadena pública ha dedicado, como queda dicho, un programa al sufrimiento de estos críos y adoslecentes.

Pego aquí arriba el vídeo en Youtube. Podéis echar mano de subtítulos.

Esta misma mañana, cuando todavía la oscuridad se apoderaba de nuestras calles, lo he visto. Es difícil no emocionarse al ver y escuchar lo que dicen y no dicen.

Ayer mismo, Sare organizó la ya tradicional manifestación de comienzos de año para pedir el acercamiento de estos presos. No todos los medios se han hecho eco de lo sucedido, pero la organización daba una cifra de 95.000 manifestantes.

Gregorio Ordóñez

Recuerdo bastante bien el 23 de enero de 1995. Era lunes. ETA asesinó a Gregorio Ordóñez en un bar de la Parte Vieja donostiarra.

Su hijo Javier Ordóñez, que por aquel entonces tenía 14 meses, ha sido entrevistado por vez primera por El Diario Vasco. Está en portada. Han pasado ya 23 años de aquella salvajada. Poco más se puede decir.

Sólo añadir una frase de la entrevista citada: No siento odio por nadie. Es un sentimiento que no lleva a nada positivo.

Este pasado 9 de enero se han cumplido 20 años del atentado contra José Ignacio Iruretagoiena en Zarautz. Era concejal popular también. Ahora vendrán, uno detrás de otro, varios aniversarios parecidos.

Tras la muerte de Ordóñez, los concejales socialistas y populares de Donostia tenían dos escoltas y un coche. Recuerdo que hubo una época en la que ambos partidos contaban en total con 17 concejales. Mi cabeza retiene una entrada del ayuntamiento llena de coches y escoltas. El desastre como rutina.

Si la memoria no me traiciona, nuestra ciudad cuenta con más de 100 muertos por motivación política estos últimos 55 años: las dos ETAs, los GAL, la guerra sucia, las fuerzas policiales en manifestaciones y lo que no eran manifestaciones...

Vamos dando pasos en esta especie de atonía instalada que parece que ha venido a quedarse, pero es conveniente resolver cuanto antes la cuestión carcelaria.

P.S. Ramon Etxezarreta fue concejal socialista entre 1995 y 2009. No se me olvidará jamás esta entrevista de Enekoitz Esnaola publicada durante la primavera de 2002. No tiene ese título, pero entonces también fue lo que más me impactó: «Quien sufre no tiene por qué tener razón».

Sufrimendua, apunte hau euskaraz.

 

Ramon Etxezarreta by Enekoitz Esnaola

Fotografía: Enekoitz Esnaola. Ramon Etxezarreta fuma y contempla el paisaje desde el Ayuntamiento donostiarra.

Escrito por: iturri.2018/01/14 16:45:00 GMT+1
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2018/01/07 20:05:00 GMT+1

¿Aman los futbolistas las letras?

Este apunte continúa, más o menos, por la senda del apunte Fútbol y libros publicado aquí mismo hace unas cuantas semanas.

En mi patio tuitero particular ha producido algún que otro remolino (no muchos, la verdad) lo poco que le dedican a la lectura Jon Guridi e Igor Zubeldia, dos jóvenes que acaban de llegar al primer equipo masculino de la Real. Fue Iban Zaldua quien tuiteó la respuesa de ambos.

Traduzco: «Definición de desolación: "¿Cuál es el último libro que has leído?" GURIDI: "No sé. Leería el último en el cole. No soy lector". ZUBELDIA: "No lo recuerdo. Alguno obligado en el cole".

Los futbolistas no tienen fama de leer mucho. Y no es de ahora. Recuerdo en torno al año 2000 como me cabreó la respuesta de Agustín Aranzabal a la pregunta de qué leía en una revista editada por la propia Real. «Cero».

Javier Sagarzazu jugó en la década de los 80 en el equipo blanquiazul y falleció de manera trágica el verano de 1987 mientras hacía la pretemporada con el Deportivo de La Coruña. Jugaba de lateral, como Aranzabal. Recuerdo que entre algunos de sus compañeros tenía fama de «raro» porque leía.

Si hay alguien en la liga española con fama de intelectual, ese es, sin duda, Jorge Valdano. Le oí decir una vez que tuvo un entrenador que le impedía leer en las concentraciones. «Yo quiero que usted esté totalmente concentrado en el fútbol», el entrenador. «Míster, si no leo, me pongo nervioso», el argentino.

Valdano dio sus primeras patadas en Europa en el Alavés y el capitán de los babazorros es Manu García, jugador criado en la cantera de la Real. En esta entrevista de Argia, habla de que le gustan Galeano, Lucio Urtubia y Los Chikos del Maíz.

No es extraño encontrarse con el exrealista Mikel Alonso en actos culturales (la última vez en el concierto que Lou Topet ofreció a finales de año en el Victoria Eugenia). Ese día también estaba allí Juanan Larrañaga, pero su presencia obedecía a otras razones.

Sigo a distancia el fútbol femenino, pero la que hasta la pasada temporada fuera capitana de la Real, Aintzane Encinas, no es que lea, es que además escribe. Tuvo durante un tiempo una columna en el diario Marca y ahora hace lo propio en El Diario Vasco. Además publicó un libro titulado «Latidos de futbolista». El propio DV publicó unas poesías de Esteban Granero, pero eran de nivel de escuela de escritura. Eso sí, el madrileño sale habitualmente hablando de sus lecturas. Por ejemplo, en JotDown.

Amona eta beste hamar

Ander Izagirre escribió «Mi abuela y diez más» a petición de la editorial Libros del K.O. el 2013. Lo publicaron en la colección Hooligans ilustrados, donde cada uno cuenta cómo vive su pasión futbolística. He escuchado a mucha gente decir que es el mejor de todos ellos. Yo no me he leído ningún otro, pero sí que sé que este librito es de primera.

En mayo de 2017, los Cappa presentaron «También nos roban el fútbol» en nuestra ciudad. Al final del acto, RealSocialismo! les regaló un par de ejemplares de nuestra abuela. En el camino de vuelta, en el tren, Ángel lo leyó y se enamoró del relato.

Tal y como decía Ander en el tuit anterior a éste, el traductor de la versión en euskera es Julen Gabiria y esperamos que esté muy pronto en las librerías.

Letras y fútbol: Athletic vs. Real

El Athletic tiene dos festivales culturales en marcha: Letras y fútbol (noviembre) y Thinking Football, festival de cine que se celebrará este próximo mes de marzo.

Además, cada vez que los dos equipos masculinos se enfrentan en la competición liguera, hay una confrontación entre bertsolaris: Bertso derbia.

Un poco antes, del 19 al 23 de febrero, se celebrará el festival Korner (organizado por la propia Real y Donostia Kultura). Pronto tendremos noticias de la programación.

Finalizo con un libro que Beñat Sanz y Xabier Rodríguez acaban de publicar. «Maite maitea» es la segunda (¿y última parte?) de «Beti maite, maite», dos libros en los que dan la palabra a seguidores y profesionales de la Real. Esta misma semana me ha hecho llegar, prácticamente a casa, el propio Xabier los libros. ¡Eso sí que es un buen servicio puerta a puerta!

Rodríguez pasó un tiempo en Argentina y es autor de un libro que tiene buena pinta: «La pelota no se mancha».

¡Bueno! No parece que los futbolistas sean muy de letras, pero algunos futboleros sí.

Futbolariek maite dituzte letrak? Apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2018/01/07 20:05:00 GMT+1
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2017/12/31 13:45:00 GMT+1

¡Qué caro es el «running»!

Hace unos cuantas semanas, se me metió entre ceja y ceja que correría una sansilvestre a final de año. La única carrera de todo este 2017, porque aunque sí que corro habitualmente, lo hago por mi cuenta.

Debido a problemas personales que no vienen al caso, hasta ayer sábado, 30 de diciembre, no tenía muy claro dónde iba a estar el día 31. Por tanto, no podía tomar ninguna decisión previamente.

En la web lasterketak vi que la mejor opción era correr la de San Sebastián. La San Silvestre donostiarra se correrá hoy, 31 de diciembre, a partir de las 16:00 horas y la salida será cerca de casa, en el Polideportivo Benta Berri. Tras 8,2 kilómetros, acabará en la plaza Easo.

Consulté la web de la carrera y vi este mensaje en twitter.

Yo no tengo chip y, por tanto, debería pagar 32 euros por correr 8,2 kilómetros. Ya me parece demasiado pagar 16 euros por correr esa distancia, pero abonar 32 pavos ya no tiene nombre. ¿Qué dan a cambio?

Además, he de darle mis datos a El Diario Vasco. Sí, la inscripción se hace en la web Kirolprobak, la cual ahora está en el ámbito del DV.

Me parece bien que se haga esa carrera en Donostia, pero no estoy dispuesto a pagar ese precio. El running es caro. Demasiado caro.

Y, ¡cómo no!, me he acordado del librito de Luis de la Cruz: Contra el running.

Contra el running

P. S.: hay un fuerte viento hoy en San Sebastián. Andad con cuidado.

«Running» garestiegia da, apunte hau euskaraz

Escrito por: iturri.2017/12/31 13:45:00 GMT+1
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2017/12/24 09:45:00 GMT+1

Esa eterna presencia mediática

He dejado pasar un par de días para releer tranquilamente la carta de Frantxis Lopez de Landatxe a Denis Itxaso y escribir unas líneas más, porque quería dejar por escrito aquí un tema que aparece en ese texto de manera tangencial.

Llevo ya unos meses dándole vueltas a algo que me contó un amiguete. Tiene él un conocido o conocida en Glasgow. Creí entenderle que trabaja como profesor, pero eso no tiene importancia. Sí que la tiene para los efectos de estas líneas que seguía de cerca la vida cultural de su ciudad.

Dice la wikipedia que Glasgow anda por los 600.000 habitantes, mientras que rebasa los 2.000.000 de personas junto con su área metropolitana. Pero aquí y ahora quiero que le echéis un ojo a esta entrada en inglés: List of festivals in Glasgow. Podéis ver que el más importante es el denominado Edinburgh International Festival, pero que a lo largo del año hay más.

Glasgow by Kim Traynor

Pie de foto: The Royal Scottish Academy. Fotógrafo: Kim Traynor.

Durante una estancia en San Sebastián el verano pasado, nuestro guía comanche (es decir, quien reside en Glasgow) debió de decirle a mi colega que él no conocía a ningún responsable ni director de los arriba citados festivales escoceses, a pesar de que, tal y como queda dicho, seguir de cerca la vida cultural. En cambio, que eso era imposilbe en Donostia, debido a la presencia mediática de los responsables culturales y políticos.

Mi amigo, quien me lo contaba, decía que aquí la ciudadanía se había tragado el anzuelo de que los responsables políticos (y culturales) debían estar continuamente en el escaparate contádonos (es un decir) a qué se dedicaban. Y que eso no cambiaría hasta que nosotros, las y los ciudadanos, no les dijéramos algo sobre esa continua presencia mediática.

Es decir, que a estas personas que aparecen de manera tan notoria en nuestros periódicos, radios y televisiones les deberíamos decir tal cual: «Hey, menos intervenciones públicas y más trabajo en silencio».

Hoy quería compartir con ustedes-vosotras esta conversación, además de este deseo final de Frantxis: «calma y templanza».

Os dejo con una versión recién salida del horno: «Cuento de hadas en la Vieja Iruña» de Cristina Martínez y Cabezafuego. El original es de Shane MacGowan y Kirsty MacColl: «Fairytale of New York».

Etengabeko presentzia mediatikoa, lerro hauek euskaraz.

CRISTINA MARTINEZ Y CABEZAFUEGO-Cuento de hadas en la vieja Iruña from Cabezafuego on Vimeo.

Escrito por: iturri.2017/12/24 09:45:00 GMT+1
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2017/12/22 12:45:00 GMT+1

Frantxis Lopez de Landatxe es un referente

Hace unos días, el sábado pasado, 16 de diciembre, El Diario Vasco publicaba un reportaje de Alberto Moyano sobre la reforma del Centro Cultural Koldo Mitxelena basado en una entrevista con el diputado de Cultura, Denis Itxaso. Radiografía del Koldo Mitxelena ya dio que hablar hace unos días en las redes sociales culturetas guipuzcoanas. Entonces yo estaba a otra cosa.

Hoy he leído una carta publicada en el mismo medio (El Diario Vasco) por Frantxis Lopez de Landatxe, director del centro desde 1994 a 2016.

Frantxis es un referente cultural de este territorio, un señor. Recuerdo una conversación con él tras un acto. Todavía en ejercicio pero a las puertas de la jubilación, me dijo que se sentía ya como esos sargentos veteranos norteamericanos a los que les tocaba decir a sus jefes que no iban por buen camino. «No, mira, no te metas en Irak» y cosas de ese palo.

No tengo mucho contacto con Frantxis, pero le he llamado hoy y le he dicho dos cosas: una, le he agradecido y dado la enhorabuena por su labor de 1994 a 2016 en el KMK; dos, le he dicho que ha hecho bien haciendo público su malestar de esta manera tan elegante.

Copio y pego aquí el texto. Las negritas son mías.

Carta abierta a Denis Itxaso

«En cuanto al príncipe que se consulta con muchos y no tiene una grande prudencia en sí mismo, como no recibirá jamás pareceres que concuerden, no sabrá conciliarlos por sí mismo. Cada uno de sus consejeros pensará en sus propios intereses, y el príncipe no sabrá corregirlos de ello…» Maquiavelo

Ya es la segunda vez, Denis, que para defender tus decisiones necesitas minusvalorar, despreciar o pasar de puntillas por lo que había o se hacía antes en el departamento de Cultura Foral o en el Koldo Mitxelena Kulturunea. Ambos casos te han ocurrido en entrevistas de calado en DV.

La primera me hiciste llegar disculpas, te las acepté. Estaba en activo y el respeto a la institución foral hizo que me mantuviera en silencio.

Hoy no. He dedicado 34 años de mi vida profesional al Departamento de Cultura de la Diputación foral de Gipuzkoa, de ellos 22 como director de Koldo Mitxelena Kulturunea y no puede sino sorprenderme cuando leo que uno de los motivos de la reforma que planteas para KMK es «dotar al centro de una identidad y una programación propias, algo que hasta ahora apenas ha tenido».

¿Sabes? Me inquieta y preocupa que, a poco más de un año de legislatura que te queda, no dispongas de una valoración de la trayectoria y de la aportación realizada desde KMK a la cultura, a las asociaciones culturales y civiles; a artistas e intelectuales, a la ciudadanía.

Me extraña que nadie, de algunos de los que te rodean, haya sido capaz de hacerte saber que prácticamente todos los ciclos culturales, exposiciones o recitales realizados han sido producciones propias, en algunos casos coproducciones con entidades de enorme prestigio internacional o, también, con las entidades más significativas de nuestro ecosistema cultural.

Tampoco sabes que la biblioteca participa en grupos de trabajo consolidados con las bibliotecas más significativas del país en programas de digitalización; que comparte acciones con otras bibliotecas como la Fundación Sancho el Sabio o la Biblioteca Central de Donostia. O que ha acrecentado sus colecciones de manera significativa con aportaciones singulares (Fanzinoteka, Antonio Zavala, Koldo Mitxelena Elissalt, José María Elosegui, Zubimendi, Ayalde…). Que dispone de más de 9 millones de páginas digitalizadas a disposición del mundo. Que es una biblioteca de referencia en el ámbito profesional y un equipamiento valorado por ciudadanos de todas las edades y condiciones.

Con toda probabilidad no te han dicho que KMK, durante esa trayectoria, ha generado más de 1.200 documentos entre libros y catálogos editados, grabaciones de los actos programados, sitios web, etc. Todos están catalogados y puestos a disposición pública. Con un poco de tiempo es fácil y curioso navegar por el catálogo tecleando «Koldo Mitxelena Kulturunea».

A poco que uno se mueva puede percibir algunas claves con cierta facilidad. Una muy significativa, la apuesta por hacer del euskara lengua de uso con carácter cotidiano. Puede parecer nimia –en estos días del campeonato de bertsolaris o de ‘Handia’– pero, en los 90, no se prodigaban los actos culturales exclusivos en euskera. Más, una lengua desligada de su cultura propia es una entelequia y, claramente, otra seña ha sido la puesta en valor de la literatura vasca para conocerla y gozar con ella.

Pero somos más, y de parecida forma se han presentado las aportaciones literarias de las personas que se han expresado en castellano en nuestra sociedad.

Hemos leído, escuchado y discutido de ciencia, de ética, de migraciones, de violencias, de feminismo, de las culturas diversas, de ecología, de historia, de la literatura universal, de la historia del país, de la ciudad contemporánea, de las tecnologías de la comunicación, de las guerras… Así hasta producir más de 700 grabaciones de actos realizados en KMK, muchas de ellas libres en youtube, todas consultables.

Hemos propiciado la presencia de artistas internacionales. Se han presentado trabajos de agentes de nuestra cultura, de trabajo callado o escondido. Se han producido exposiciones temáticas sobre la identidad sexual, las prácticas artísticas contra la agresión a la mujer, el reciclaje, las violencias institucionales, sobre el esfuerzo, sobre los documentos y el saber, sobre la urbe y el espacio de habitar. Así hasta programar más de doscientas exposiciones en la Sala y en la Ganbara, con programas pedagógicos, debates, películas y guías de lectura alrededor de muchas de ellas… Siempre con una dialéctica entre lo local y lo global, entre nuestra cultura y los parámetros universales. Hemos abierto las puertas del salón de actos a asociaciones culturales y movimientos civiles, ahora y en tiempos más difíciles, gratuita y libremente. Desde asociaciones de víctimas a familiares de presos, de ecologistas a editoriales, de colectivos de emigrantes a colegios profesionales, de defensores de los animales a anti AHT. Sin censuras.

Pero siempre lo repito. Uno de los problemas de KMK es la falta de figura jurídica propia. Sí, su dependencia directa de la administración foral hace que sufra intervenciones directas de la parte política en la programación –fundamentalmente en estas dos últimas legislaturas– y recortes presupuestarios significativos cuando hay necesidades. Siempre es más fácil recortar en lo propio que no en el presupuesto de una sociedad participada con otras administraciones. Pues bien, el descenso en la oferta de programación o el estado del edificio es un fiel reflejo de haber tenido que hacer frente a la financiación, durante varios ejercicios, inmersos en la crisis, entre otros, del proyecto Tabakalera y la capitalidad cultural Donostia 2016. Dos auténticas losas presupuestarias para KMK.

Otro carencia estructural de peso ha sido y es la falta de alguna plaza profesional dedicada a la comunicación exclusiva de KMK que permita una relación cotidiana y fluida con los medios de comunicación y redes sociales. Se ha demostrado que esta responsabilidad no la puede asumir la persona de comunicación del gabinete del departamento. Y pasa lo que pasa. El KMK sobrevive entre tinieblas.

Y sabes que no estaba en contra del cambio. Pensaba que la reflexión conjunta, podría generar un salto cualitativo de interés. Llegar a una nueva dialéctica entre lo ‘viejo’ y lo nuevo, de forma respetuosa sin dejar jirones en el camino.

He dudado y dudo sobre la necesidad de acometer reformas estructurales del calibre que planteas. Una vez que el Ayuntamiento de Donostia ha desestimado realizar la confluencia física entre ambas bibliotecas y que la misión principal de la biblioteca se va a centrar en la puesta en valor de las colecciones no parece absolutamente necesario, en tiempos de la virtualidad, disponer de más superficie que la ya existente. Aún y todo he estado ahí. Ya no. No me fío. Leyéndote me invade una sensación clara de que el bacalao lo tienes vendido. Que las comisiones de expertos son parte de una función teatral necesaria para vindicar la sagrada participación. Porque siento que mi nombre y me presencia pueden ser utilizados para justificar cualquier desaguisado o capricho, no volveré a esa comisión.

Te deseo calma y templanza y me gustaría que otorgaras más confianza a todas las personas que todavía están trabajando y han afrontado con profesionalidad y dedicación el desarrollo de KMK.

Escrito por: iturri.2017/12/22 12:45:00 GMT+1
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2017/12/10 18:20:00 GMT+1

Fútbol y libros

He pasado buena parte de este largo fin de semana ordenando los libros de casa: quitarles el polvo, moverlos de sitio e, incluso, tirar alguno al contenedor de reciclaje de papel. También he visto en directo dos partidos de la Real y en ambos hemos salido trasquilados. La lectura de «Hijos del fútbol» de Galder Reguera ha valido para eliminar ese mal sabor de boca. Libros y fútbol.

Libros

Hace unos días me acordé de un incidente que tuve con mi padre debido a la lectura de «Raíces» de Alex Haley. Era finales de los 70 o comienzos de los 80 y vivíamos en un pequeño caserío. En la planta baja, la entrada, la cocina, el baño, otra habitación y la cuadra. En la primera planta, además de una sala de poco estar, las habitaciones de mis padres y de los dos hijos. La construcción la remataba el desván de rigor.

No recuerdo por qué, pero tenía órdenes estrictas de no leer de noche. La factura de la luz era carísima y seguro que tenía mucho que ver. La cosa es que estaba enganchadísimo leyendo ese libro que la Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa (sic) había regalado a su clientela. Esa noche mi padre se levantó. Me quedé inmóvil en la cama. Continuó escaleras abajo hacia el baño.

Seguí leyendo tranquilamente sin caer en la cuenta, tonto de mí, que el viejo vería la luz encendida por la rendija entre puerta y suelo. Entró enfurecido, dando gritos, cogió el libro y lo lanzó escaleras abajo. Me quedé acojonado en la cama, sin entender nada de lo que había pasado. ¿A qué se debió aquella reacción? Cosas de adultos.

Este fin de semana le he hecho también una visita a mi madre y el libro se quedó mirándome. Me lo traje para casa, claro. Abajo podéis ver la cubierta con visibles muestras del golpe que sufrió.

Raíces liburua: azala

Hijos del fútbol

Este mismo otoño, la editorial Libros del Lince ha publicado «Hijos del fútbol», libro de Galder Reguera. Trabaja en la Fundación Athletic Club y, entre otras cosas, es responsable de los festivales Letras y fútbol y Thinking Football.

Tiene dos hijos (el menor, Danel, todavía demasiado pequeño para el tema que nos ocupa). Reguera utiliza su relación con Oihan (debe de andar ya por los 6 años) para hablar del fútbol y de la vida. Cuánto amor verdadero hay en estas páginas por su hijo y por el aitite (abuelo Pablo Olabarri), quien les llevaba a él y a sus primos a San Mames.

Oihan en el pasillo de casa, jugando y relatando como speaker partidos que sólo existían en su imaginación; bautizando un gol metido de cabeza como gol de cabeza-chilena; riñendo a su padre por pintar los libros, cierta vez que Galder le enseñó uno de sus libros fetiche de niño; el primer partido oficial y el consiguiente primer gol de Oihan. Pero al mismo tiempo la duda de si hace bien metiéndole el veneno del fútbol al chaval, así como esos pensamientos negativos que te impiden dormir por la noche, agravados por su condición de padre de dos críos.

La admiración, respeto, lealtad y reconocimiento a varias personas importantes en su vida. Por citar una: Miguel Sola, futbolista de Athletic y Osasuna, «el puto amo» para Galder (a raíz de lo escuchado una vez a su viejo: «Este Sola es el puto amo»). Lo cual me trae el recuerdo del primer e-mail que le escribí a Javier Ortiz allá por el verano del 2000 y titulado tal que así: «Ortiz, eres el puto amo».

Además, Osvaldo Ardiles (que le despedía con «Hasta la vista, Gardel», juego de palabras con el nombre del autor); Eduardo Galeano (viendo un partido juntos en el Bernabeu y haciéndose seguidor del Athletic tras ser derrotados en la Copa por el Barça); Juan Villoro; su empeño por invitar a Nick Hornby a Bilbao, a sabiendas de que no habla de fútbol en sus conferencias y debates; Eric Cantona (el mismo que al recordar su mejor momento en el fútbol prefirió un pase antes que un gol); Albert Camus («Lo que le debo al fútbol»); Rachid Mekhloufi (negándose a jugar el mundial de 1958 con Francia y saliendo de gira por todo el mundo con el equipo del FLN argelino); aquel momento en el homenaje a Iribar, con todos los porteros que defendieron la puerta del primer equipo masculino reunidos en San Mames, y entre ellos Javier Alonso, alguien que lo hizo en una ocasión (en los 80 hubo una huelga de futbolistas profesionales y los clubes decidieron alinear a los juveniles una jornada).

Los clubes por los que pasó en su etapa infantil y juvenil: los malos momentos vividos en los equipos San Miguel y Mungia, pero también los gozosos en el Lagun-Bi que creó con sus primos en Haro.

Además de ese Bilbao siempre presente, los pueblos donde ha pasado parte de su vida: Ataun, Mungia, los veranos de Haro, aprendiendo euskera en el internado de Hondarribia, dándole al inglés y ordenando su vida en Waterford (Irlanda), tratando de que los lugareños le respetaran siquiera un poco (Eh miss, it was me)...

Paro. El resto lo tendréis que leer vosotros mismos.

Acabo dedicando este apunte a la memoria de Aitor Zabaleta, asesinado el 8 de diciembre de 1998 en el Vicente Calderón por un ultraderechista. Me ha emocionado el sencillo homenaje que las peñas le han dedicado hoy en Anoeta.

Futbola eta liburuak, apunte hau euskaraz

Maite taldea: Aito Zabaleta gogoratzen

Escrito por: iturri.2017/12/10 18:20:00 GMT+1
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2017/12/03 08:40:00 GMT+1

De mayor quiero ser como Luis Ortiz Alfau

Quedaos con este nombre: Luis Ortiz Alfau. El pasado 16 de octubre de 2017 cumplió 101 años.

El Instituto Gogora del Gobierno Vasco comenzó a finales de 2016 con una nueva colección que lleva por título Memoriak. El libro que abrió la colección se llama «El siglo de Luis Ortiz Alfau», escrito por Ander Izagirre tras varias conversaciones y encuentros con el protagonista de estas líneas y personas allegadas. Lo podéis comprar en el catálogo de publicaciones del Gobierno Vasco.

 Luis Ortiz Alfau

Fotografía: Ander Izagirre.

Cuando Luis tenía 19 años, la Guerra Civil le explotó en la cara y anduvo de un lado para otro defendiendo la República: País Vasco, Cataluña... Con la victoria franquista, huyó a Francia y pasó un tiempo en el campo ce concentración de Gurs.

Gurs

Entre los años 1939 y 1945, 63.929 personas pasaron por este campo. Ortiz es el único con fuerzas aún para contar su historia y acudir a los homenajes y actos que se organizan. Luis sufrió las condiciones del campo, pero no conoció su lado más cruel: los gendarmes obedeciendo órdenes nazis y enviando al matadero de Auschwitz y otros similares 3.907 judíos.

  • En agosto de 1937, el diputado labortano René Delzangles solicitó al ministro de Asuntos Exteriores francés la «repatriación general» de todos los republicanos porque «Francia no se debe convertir en el vertedero de Europa».
  • Jean Ibarnégaray, diputado de Maule (Mauleón), exigió medidas de extrema urgencia al gobierno. Fue el primer presidente de la Federación Internacional de Pelota, entre otros cargos.
  • Gurs está a 5 kilómetros del primer pueblo vasco, Ospitalepea (L'Hôpital-Saint-Blaise), y la corporación local se quejó por escrito contra el campo vecino: decían que no contaban con medios para defenderse de las personas refugiadas.

Esclavo del franquismo

A finales de 1939 o comienzos de 1940, Luis pasó el puente de Hendaia porque lo único de  lo que se le acusaba era de ser desafecto. Estuvo retenido en la fábrica de chocolates Elgorriaga hasta que se aclaró su situación. La fábrica continuaba con su producción mientras sus almacenes se usaban como cárcel.

Fue enviado a la Universidad de Deusto, pero no cursó estudios. La Universidad de Deusto fue el campo de concentracion más grande de Bizkaia. Entre el verano de 1937 y el comienzo de 1940, tuvo unos 5.000 presos. Fuente: «Cárceles y campos de concentración en Bizkaia (1937-1940)», obra de Ascensión Badiola.

En julio de 1940, le enviaron al campo de concentración de Miranda de Ebro (cuyo responsable era el nazi Paul Winzer; allí estuvieron 65.000 presos entre 1937 y 1947). Ortiz estuvo poco tiempo allí.

Le destinaron a los Pirineros, al Batallón nº 38: «Y yo fui otra vez un preso privilegiado, porque a mí no me dieron un pico y una pala, a mí me dieron la máquina de escribir ¡Yo tendría que hacerle un monumento a la máquina de escribir!».

Para hablar de los esclavos del franquismo (Trabajadores), Ander echa mano de un libro escrito por Fernando Mendiola y Edurne Beaumont: «Esclavos del franquismo en el Pirineo». 100.000 desafectos sin ningún delito, juicio ni, por tanto, sentencia, obligados a trabajar para el Estado.

También cita a Isaías Lafuente y su «Esclavos por la patria»: grandes empresas como Duro Felguera, Babcock Wilcox, Dragados y Construcciones (ACS ahora) y otras cuantas más se lucraron con el trabajo de estos esclavos. Según las estimaciones de Lafuente, estas empresas tuvieron unos beneficios de 780 millones de euros.

Mendiola y Beaumont dicen que 15.000 presos trabajaron haciendo carreteras en Gipuzkoa y Navarra: en Jaizkibel, entre Erlaitz y Oiartzun, de Oiartzun a Lesaka (vía Aritxulegi y Agina), de Irurita a Eugi, de Iragi a Egozkue...

Izagirre habla también en el libro de asociaciones como Kattin Txiki y Memoriaren Bideak.

El batallón número 38 estaba compuesto por unos 500-600 personas y, tal como se puede escuchar en el vídeo superior, las condiciones eran muy malas: «El que iba al hospital ya no volvía. El que iba, iba ya rematado» en palabras del expreso Andrés Millán.

El 18 de junio de 2016, tres personas fueron homenajeadas en Erronkari (Roncal): Vicente Lacasia, Josefina Lamberto (hermana de Maravillas) y Luis.

Ayer sábado el gaztetxe (centro social ocupado) de Iruñea se inauguró, con la presencia de Josefina en el acto. Le han puesto el nombre de Maravillas en su honor.

Tras permanecer callado 40 años, levantó la voz

Tampoco les perdonaron el servicio militar y tuvo que ir a Ferrol (entonces del Caudillo). Le licenciaron en junio de 1943.

Volvió a su Bilbao natal, ciudad en la que vivía también su esposa. Comenzó a trabajar en la empresa Uralita, tras sobornar a un jefe con 5.000 pesetas (30 euros ahora), pero hay que tener en cuenta que su primer sueldo fue de 375 pesetas (algo más de 2 euros).

El 15 de junio de 1977, el mismo día en que se hicieron las primeras elecciones tras la muerte de Franco, se jubiló. Dice que aquellas elecciones votó al PSOE, porque Izquierda Republicana no estaba legalizada aún. Su hermano Ángel fue concejal socialista en Bilbao y se debía de llevar bien con gente del PNV como Arzalluz, Azkuna, etc. Ortiz dice que su padre les inculcó la fraternidad y que siempre ha tratado de llevarla a la práctica, aunque el prójimo piense diferente.

Por ejemplo, aunque la mayoría de los miembros de la junta del Banco de Alimentos de Bizkaia fueran ingenieros del Opus, él siempre ha colaborado y colabora muy gustosamente con ellos.

Cuidó durante 18 años de su mujer enferma de Alzheimer (entre 1990 y 2008) y ahí reconoce que pasó años duros.

Con 87 años ya a la espalda, volvió a alzar la voz en público. El 16 de mayo de 2004, el diario El Correo publicó una carta titulada «¿Qué debo hacer?» dirigida al consejero de Asuntos Sociales del Gobierno Vasco, Javier Madrazo. Se quejaba de que el Gobierno Vasco no le reconociera su condición de esclavo del franquismo.

Finalmente, el Tribunal Constitucional les dio la razón y le indemnizaron con 8.400 euros por 877 días. Más que el dinero, Luis quería el renocimiento.

Como homenaje al ya por entonces fallecido hermano socialista, Luis se presentó como candidato al Ayuntamiento de Bilbao en las elecciones municipales del año 2011 y las personas consultadas por Izagirre destacan que anduvo de un lado para otro haciendo campaña.

El 10º capítulo recoge una crónica de una charla que dio en mayo de 2016, invitado por el profesor Josu Chueca, en una facultad de la UPV en San Sebastián. Lo leerás con una sonrisa dibujada en la cara.

Además, el 5 de marzo de 2016, estuvo en el monte San Miguel (entre Elgoibar y Etxeberria) en unas excavaciones de Aranzadi y la asociación Ahaztuen Oroimena de Markina, bajo la batuta de Paco Etxeberria.

Cierra el libro con esta sentencia: «Yo voy a morir con las botas puestas».

Dos cosas para el Instituto Gogora

1.- Por favor, no publiquen ustedes libros con este formato, ya que obstaculizan la lectura. Papel couché malo para subrayar, un formato cuadrado mejor para ver fotos que para leer.

2.- ¿Por qué no se ha publicado también en euskera?

Bonus track: Rafa Rueda y Arkaitz Estiballes

Rafa Rueda acaba de publicar seguramente su mejor disco hasta el momento: «Kristalezko hiriak» (Ciudades de cristal). Voy a destacar dos canciones: la que abre el disco, «Angel», y otra muy apropiada para cerrar este apunte, «Oroitz», escrita por el bertsolari Arkaitz Estiballes.

Pequeño paréntesis. El pasado fin de semana el bertsolari Estiballes estuvo cantando en un acto de la Fundación Ramon Rubial en Eibar. Arkaitz es concejal de EH Bildu. Cierro paréntesis.

La canción narra cómo siete hombres se llevaron para siempre durante la Guerra Civil al aitite (abuelo) Kandido. No añado nada más.

Handitan Luis Ortiz Alfau bezalakoa izan nahiko nuke, apunte hau euskaraz.

 

Escrito por: iturri.2017/12/03 08:40:00 GMT+1
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2017/11/26 08:55:00 GMT+1

Aritz Galarraga de visita por la «geografía Chirbes»

Aritz Galarraga entrevistó a Rafael Chirbes tras leer «Crematorio» a comienzos del 2008. Quedó en hacerle una visita, pero la cosa se retrasó tanto que, para cuando quiso darse cuenta, nuestro admirado amigo había fallecido. Dos años después de su muerte en agosto de 2015, Aritz ha visitado este otoño la casa que hoy es sede de la Fundación Rafael Chirbes. Lo vuelve a contar en la revista Argia: Rafael Chirbesi bizian egin gabeko bisita (La visita que no hice a Rafael Chirbes en vida). La leí el viernes mientras regresaba a casa del trabajo. Este fin de semana la he traducido y por eso la pongo aquí. Es un hermoso texto que merece mucho la pena.

Una cosa más: del 9 al 12 de mayo de 2018 se celebrará entre Denia y Valencia un Congreso Internacional para estudiar el denominado «Universo Chirbes». Con el impulso de la propia fundación, ha sido convocado por la Universidad de Valencia, bajo la dirección del profesor Javier Lluch-Prats. El plazo para la presentación de comunicaciones finaliza este 15 de diciembre. Esperemos que las instituciones hagan su aportación económica correspondiente, porque conviene recordar que, muchas veces, cuando pone que Patrocina no sé quién, realmente quiere decir que puede que patrocine.

Un matiz: las negritas son mías.

Otrosí: recomiendo una vez más la entrevista de Alfonso Armada.

Rafael Chirbes en su casa de Beniarbeig

La visita que no hice a Rafael Chirbes en vida

Una vieja cuenta saldada: hemos estado en casa de Rafael Chirbes en Beniarbeig, Alacant. Hemos aprovechado la ocasión no solo para conocer de cerca el trabajo de la fundación que lleva el nombre del escritor,  sino también para pisar la geografía, la cual aparece tantas veces en sus libros, que vio nacer y morir al autor.

El último mensaje es de junio de 2013. Aquella primavera Rafael Chirbes había publicado la impresionante «En la orilla»; le propuse entrevistarle, pero me contestó que por qué no la dejábamos para después del verano: «Estoy más seco que nunca, después de un sinfín de entrevistas». Ya en el 2008, tras la publicación de la impresionante Crematorio, me arrepentí de no haber cogido el coche y haberme plantado en Beniarbeig, en vez de hacerle aquella primera entrevista a distancia. No sé qué sucedió el otoño de 2013, no lo recuerdo, pero la siguiente noticia que tuve de Chirbes fue ya en agosto de 2015. Su muerte me pilló en Galicia, en mis vacaciones seguramente más gozosas. Los esfuerzos posteriores eran ya baldíos:  la oportunidad de entrevistar a Chirbes en su casa se había esfumado para siempre.

No, sin embargo, la de visitar su casa. Y más cuando supe que la fundación creada por la familia (sus sobrinos, su sobrino Manolo) brindaba la oportunidad de visitar su casa de Beniarbeig. Era el deseo del tío: abrir a los visitantes la que fue su casa por casi veinte años, los últimos, además de mostrar para su consulta e investigación los libros y textos allí recogidos. La biblioteca, con cerca de 6 000 ejemplares (entre ellos Bernardo Atxaga, Kirmen Uribe, Harkaitz Cano), está todavía en proceso de catalogación. Y quizá lo más importante: varios manuscritos inéditos del escritor, incluidas novelas, pueden consultarse allí mismo. Son novelas inéditas escritas en su juventud y que Chirbes no quiso publicar en vida. Y aunque haya opciones, novelas que no publicará la familia, porque «quiénes somos nosotros para quebrar la voluntad de nuestro tío». Otra cosa son las memorias del escritor, con seis volúmenes que Chirbes dejó casi listos para ser publicados.

Porque otro de los trabajos que realiza la Fundación es la de difundir y dar a conocer la obra del escritor. A finales de año publicarán la versión en valenciano de la novela La buena letra. A Chirbes, catalano-hablante, siempre le preocupó la lengua materna, la cual, a pesar de su educación en español y en Castilla (tras la muerte de su padre, en colegios para huérfanos de ferroviarios) no perdió nunca. Siendo catalano-hablante, el hecho de no escribir en esa lengua le generaba contradicciones, como señaló en su artículo De lugares y lenguas: «Volví a sentir la añoranza de haber perdido esa lengua para mi escritura». Los protagonistas de su novela La buena letra, sin embargo, sí tendrán la oportunidad de expresarse en la lengua en la que hablaban: «Se nos hacía raro» , dice Manolo, «no poder leer en su lengua materna a un escritor traducido al alemán, al inglés, al francés o incluso al chino». 

También aparece el choque entre lenguas en el breve relato que Anagrama ha publicado recientemente («El año que nevó en Valencia»); y aparece de la manera en la que lo entendía el escritor, como un conflicto interclasista: la gente de la ciudad se expresa en castellano, mientras que los que vienen de los pueblos lo hacen en valenciano, dejando a la vista la distancia entre poderosos y subordinados. Siempre en el campo de la ficción, pero aparecen rasgos de la biografía del escritor en esa narración: con el padre recién fallecido, la familia se junta en una fiesta de cumpleaños que tiene sabor a despedida. Porque el niño narrador, en vez de ir a la Ávila real de Chirbes, se va a la A Coruña ficcionada: «Para entonces, yo había empezado a saber que no éramos de ningún sitio». No sin antes mostrar su apego a su tierra natal: «Yo quería seguir perteneciendo a todo aquello». La fundación organizará un congreso internacional este 2018 para celebrar el 30 aniversario de la publicación de su primera novela, «Mimoun».

Marina Alta

De todas maneras, el motivo de mi viaje por tierras de Beniarbeig no ha sido únicamente conocer la casa de Chirbes. Ni tampoco conocer a su sobrino Manolo, quien con mucho mimo lleva la fundación que tiene el nombre del escritor. Está también ahí el deseo de conocer la geografía que respiraba el autor, de verla, de olerla, de tocar su paraíso perdido, su paraíso recuperado. Ya hemos dicho que se vio obligado a andar de aquí para allá desde los 8 años de edad: Ávila, León, de un orfanato a otro, y después, a seguir con sus estudios universitarios en Madrid, de profesor en Marruecos, Barcelona, la A Coruña de verdad, sus doce años en un pequeño pueblo de Extremadura. Sin olvidarnos de todos los lugares que recorrió trabajando para la revista gastronómica Sobremesa (algunos de esos artículos los recogió en el libro «El viajero sedentario»). Y, sin embargo, «he tenido la impresión de que todos los viajes me servían para leer mejor el lugar originario». En la literatura, volvió repetidamente a sus sitios, a su geografía, a su pequeño territorio: «Vuelvo, -en las novelas La buena letra, Los disparos del cazador, La larga marcha–, casi sin querer, a las historias de un pasado lejano de mi vida que discurrieron aquí, en Valencia». Hasta que finalmente regresó de manera física, en torno al año 2000.

A Beniarbeig, Marina Alta, Alacant. Tavernes de la Valldigna, la que en la ficción es Bovra, a 40 minutos de su tierra natal, a 15 de la Denia de sus padres, la cual aparecerá en las colosales Crematorio y En la orilla como Misent. Detrás la sierra de Segaria, enfrente el extenso Mediterráneo ( «un paquidermo lleno de pulgas»), la playa Marineta Casiana, tan cerca de la casa de sus abuelos, donde se cierra de alguna manera el círculo vital de Chibes, al esparcir allí sus cenizas. En la misma Denia donde, a punto de morir, se reunió toda la familia en un restaurante para hacer la última comida. O el camino entre naranjos que tenía que recorrer desde la apartada casa donde pasó los últimos años de su vida hasta el casco urbano, pongamos que para ir al bar. Su literatura tenía una máxima: aunque se moleste alguien, hay que contar lo que se ve. Y esto es lo que Rafael Chirbes veía desde su casa. Aquello que recogió en sus libros. El paisaje tras la explosión de la burbuja inmobiliaria. Paisajes abandonados. Maleza. Restos escondidos entre las hierbas de las lluvias otoñales. Tierras que se quedaron a las puertas de conseguir la recalificación urbana.

Tenéis razón: mi deseo no era únicamente conocer la casa. Ni tampoco conocer a Manolo que con tanto mimo lleva la fundación del escritor. Ni tampoco conocer la geografía que respiraba el autor. Diría que la razón principal fue la de hacer la visita que no pude hacerle en vida.

Escrito por: iturri.2017/11/26 08:55:00 GMT+1
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