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2021/06/27 11:05:00 GMT+2

Del mismo tronco del que nacimos nosotros...

... nacerán otras ramas jóvenes.

Me ha llamado la atención estos días el oleaje que ha provocado la burocrática carta de despido a tres periodistas de Radio 3. No tanto la ola solidaria en sí. Más bien que dos de ellos, en edad de jubilación, han manifesado públicamente su deseo de continuar trabajando.

No conozco bien qué está pasando en Radio 3. Era una emisora que escuché bastante a finales de los 80 y durante la década de los 90 del siglo pasado. Luego me fui apartando.

Me dolió cómo se cargaron a Diego A. Manrique, pero eso ya sucedió bien entrado el siglo XXI. Me encantaba su última etapa en la emisora con aquel programa llamado El Ambigú.

Julio Ruiz no ha sido un referente para mí, pero sí que lo ha sido para mucha gente cercana. A José Miguel López lo escuchaba a gusto alrededor de 1990. No he seguido a Javier Tolentino.

Como he dicho antes, sobre todo los dos primeros han manifestado su contrariedad con la decisión de la dirección. Es decir, que con 67-68 años querían seguir trabajando, porque disfrutaban haciendo sus respectivos programas.

En los puestos públicos, de la Administración, creo que esa edad es ya una edad suficiente para decir adiós. A partir de ahí, si alguien quiere seguir trabajando, que deje lo público y se vaya a lo privado.

Por un lado la cultura, por otro el periodismo, cada uno por su lado ya sufren bastante. Si juntamos ambas, se agudizan los problemas. Y así está el periodismo cultural ahora mismo en España. Como muestra un botón.

Parece que Radio 3 tiene muchos problemas y, seguramente, uno de los más grandes es su director Tomás Fernando Flores: no he oído a nadie fiable para mí hablar bien de él.

¿Que quieren seguir trabajando? Muy bien. Están de moda los podcasts, lo tienen fácil. Y no creo que les faltarán antenas ni tribunas.

Estamos en una época de cambio en muchos campos y, desde luego, en el mundo de la radio, en el periodismo, en la cultura.

Lo diré más claramente: hay que dar la oportunidad a las y los jóvenes para que puedan trabajar en buenas condiciones. Desde luego que también en el ámbito de lo público. Si no la llevamos clara.

Agradecer el trabajo realizado, ¡cómo no!, a estos tres periodistas y a la pareja formada por Kike Martín y Félix Linares, la cual estos días deja la antena de Radio Euskadi. Mila esker!

Gu sortu ginen enbor beretik sortuko dira besteak. Es decir, Del mismo tronco del que nacimos nosotros / nacerán otras ramas jóvenes.

Como ha surgido de ese tronco Rodrigo Cuevas. El asturiano estuvo el viernes en el Victoria Eugenia con su cabaret, su actitud, su talento, su orgullo LGTBI y de clase... y también con su música.

Gu sortu ginen enbor beretik..., apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/06/27 11:05:00 GMT+2
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2021/06/20 08:45:00 GMT+2

Ana Zubiaga: «Ser científica es ser artista»

El fin de semana pasado leí la entrevista que la periodista Zihara Jainaga Larrinaga le hizo a la científica Ana Zubiaga Elordieta y que publicó Berria el domingo: Ana Zubiaga: «Helburua minbiziaren hilkortasuna saihestea da».

Mis conocimientos científicos brillan como el sol en un día lluvioso de invierno en San Sebastián, pero me llevé las manos a la cabeza porque no conocía a Ana Zubiaga. No tenía ni idea de quién era.

Leí la entrevista y me gustó hasta el punto de que la aparqué a la espera de releerla y traducirla este fin de semana.

Habla de cáncer, porque es investigadora en ese campo, pero también regala frases como esta que he usado para titular este apunte: «Ser científica es ser artista».

La banda sonora es de Anari: Epilogoa.

A partir de aquí, les dejó con entrevistadora y entrevistada.

Fotografía de Marisol Ramírez (Foku) para Berria.

Ana Zubiaga: «El objetivo es evitar la mortalidad del cáncer»

Tras 40 años de carrera, la científica Ana Zubiaga Elordieta (Forua, Bizkaia, 1959) tiene un currículum extraordinario. Estudia las bases del cáncer, y es referente internacional en este campo. Es también miembro de Jakiunde. El año pasado recibió el Premio al Mérito de Elhuyar Fundazioa por su labor en la normalización del euskera y en la divulgación de la ciencia en la sociedad. Ha recorrido el mundo de investigación en investigación, pero sabe perfectamente de dónde viene: «Soy hija de caserío». Explica las cosas con calma y con suavidad, para que le entienda todo el mundo. Afirma que el cáncer no desaparecerá, pero confía en que deje de ser mortal. Se ha mostrado crítica con el papel que la ciencia tiene en el mundo universitario.

Zihara Jainaga Larrinaga: ¿Nació con el ansia de saber?

Ana Zubiaga: Siempre me ha gustado la naturaleza. Soy hija de caserío, y los que hemos nacido y vivido en el caserío siempre hemos tenido una relación directa con la naturaleza. Pero tuve serias dudas a la hora de elegir estudios; me gustaban mucho las ciencias naturales y las matemáticas, pero también el arte y la historia. Había muchas cosas que me interesaban: de la misma manera en que me decidí por la biología, si hubiera elegido otra cosa, creo que habría obtenido una satisfacción similar.

ZJL: ¿Fue en casa donde le transmitieron la pasión por la ciencia?

AZ: Mi padre y mi madre eran de caserío, no tenían estudios, y no sabían muy bien cómo guiarme, hacia dónde dirigirme, qué estudiar... Pero conseguí una cosa que me parece muy importante: tenían una gran confianza en mí. Decidía por mi cuenta, porque en casa no tenía esa guía, pero mis padres me protegían: me animaban, me ayudaban. Recuerdo que cuando les dije que estudiaría biología no sabían lo que era, y podían haber dicho que quizás era mejor hacer otra cosa. Pero, al contrario, recibí el visto bueno de ambos.

ZJL: ¿Por qué eligió biología?

AZ: En aquella época, Félix Rodríguez de la Fuente presentaba un programa en la televisión y era un gran divulgador. Él fue el primero que hizo documentales sobre la naturaleza, especialmente sobre los animales. Técnicamente eran documentales muy buenos, explicaba las cosas de manera apasionada. Todos solíamos estar maravillados. Y creo que eso tuvo un gran influjo en los jóvenes de entonces. La biología era un campo nuevo, pero, viendo que ofrecía la oportunidad de aprender muchas cosas sobre el medio, me generó interés y fue el último empujón para tomar esa decisión.

ZJL: Y dentro de la biología, la genética.

AZ: Son estudios que se alargan en el tiempo: una carrera de cinco años, el doctorado, la tesis doctoral.. En ese largo viaje, cada cual va modulando su recorrido de alguna manera. Actualmente soy catedrática de Genética, pero lo que hago en concreto es genética molecular, biología celular, y no estoy totalmente centrada en la genética.

ZJL: Aunque fuera vascohablante, tuvo que hacer los estudios universitarios en castellano.

AZ: En toda la carrera, únicamente hice una asignatura en euskera. El profesor Jesus Mari Txurruka formó un grupo de personas que estaba dispuesto a hacer las prácticas en euskera. Cuando formamos el grupo, nos dimos cuenta de que en clase había varias personas que sabíamos euskera, pero que hasta entonces no lo hablábamos entre nosotras, porque desconocíamos ese hecho.

ZJL: Tuvo la oportunidad de ir a los Estados Unidos.

AZ: Las oportunidades se buscan. En nuestro campo es muy importante ir a otros centros, aprender de ellos. Mientras hacía el doctorado, pasé temporadas cortas en Inglatera y Alemania, y aprendí mucho. En los doctorados, la mayoría de las veces se desarrolla un proyecto pensado por el director de la tesis; es él quien te guía en gran medida. Sin embargo, en los estudios posdoctorales tienes una mayor libertad para desarrollar tu proyecto. En mi época, no había posibilidades aquí, y ahora tampoco; sí que lo hay, pero sólo si comienzas a trabajar como profesora, y esa no es la vía más efectiva.

ZJL: ¿Por qué?

AZ: Porque tienes que dedicarle a la investigación en los huecos que te dejan las clases. En otros lugares, los investigadores dedican todo el tiempo a ello. Y es lo que yo quería, y me fui por esa razón. Asimismo, los Estados Unidos me parecían el mejor sitio para la investigación.

ZJL: ¿Qué le dieron?

AZ: Me enseñó cómo se hace la investigación puntera, toda la gestión que hay en torno a la investigación. Cuando volví a la UPV-EHU, era consciente de que no era Harvard, pero sabía cómo lo hacían allí y quería traerlo aquí como se pudiera. Quería traer al País Vasco algunas formas de hacer las cosas aprendidas allí.

ZJL:¿Tenemos mucho que aprender?

AZ: Sí, y en gran medida eso ocurre porque no hay financiación. Muchas cosas no podrán hacerse hasta conseguir más dinero.

ZJL: ¿Cómo ve la ciencia hoy en día en el País Vasco?

AZ: No está bien. En España hubo una cierta subida hace tres décadas; la financiación, al fin y al cabo, muestra el interés de las instituciones por la ciencia. La cifra más alta se registró en 2008 y se acercó a la financiación media europea. Luego, Europa sufrió una severa crisis económica y, en proporción, fue en España donde más bajó la financiación de la ciencia. No ha habido una subida hasta el año pasado. No sé cuál es la razón, puede ser la crisis, pero además hay un cierto desprecio por la ciencia. En las tres provincias (Araba, Bizkaia y Gipuzkoa) las cosas están mejor; el Gobierno Vasco siempre se ha interesado por la ciencia. Sin embargo, también hemos tenido una bajada. Antes estábamos a la altura de la media europea.

ZJL: La situación no es sencilla, ¿no?

AZ: Y a ello hay que añadir la situación de la universidad pública. Creo que no nos tratan bien, no sé por qué, pero el dinero no es la única razón. Estas dos últimas décadas se han creado bastantes centros de investigación, y han tenido un gran apoyo; me parece muy bien, porque se necesitan centros de investigación para crear una masa crítica y poder hacer investigación puntera. Pero, junto a ello, he visto que no se han estrechado las relaciones entre los centros de investigación y la universidad. Cada uno se ha quedado en su lado, y eso se le ha echado en contra a la universidad. Hoy día la investigación importante se hace en los centros de investigación. Se están vaciando las universidades.

ZJL: ¿Cómo les afecta en el día a día?

AZ: La financiación es mucho menor; debido al plan Bolonia, los investigadores deben dar más clases y hacer menos investigación. Competimos con los centros de investigación para captar a los mejores alumnos; está bien que haya competencia, pero no estamos en las mismas condiciones. Parece que las autoridades piensan que la universidad es un sitio para dar clase. Si esto es así, es un problema grave. Si el alumnado no recibe la formación adecuada, luego no cumplirá tan bien con su labor. Al mismo tiempo, para dar una buena formación, el profesor tiene que ser también científico, y dando sólo clases no sé cómo se puede hacer ciencia. El profesorado universitario tiene que ser al mismo tiempo científico. Estamos en un momento crítico, y las autoridades no han dado ni los recursos ni las ideas necesarias para solucionar eso.

ZJL: Decidió volver hace 30 años. ¿Cómo han cambiado las cosas desde entonces?

AZ: Para mí fue un reto, porque cuando empecé en el laboratorio aquí había muy pocos recursos. No había herramientas ni proyecto. Tuve que conseguir financiación, proyectos y alumnos. Hemos conseguido formar un buen grupo y estoy muy satisfecha por la aportación.

ZJL: ¿Por qué decidió volver?

AZ: Para entonces ya había comenzado a buscar trabajo en Estados Unidos y, en una de esas, me llamó Jesus Mari Txurruka para decirme que necesitaban un profesor de genética y que yo era una buena candidata. Envié los papeles sin pensármelo mucho, y me ofrecieron el puesto. Dejé a mi marido y a mi hija allí y me vine. El comienzo fue duro, mucho cambio, pero veía que había la oportunidad de sacar las cosas adelante, y decidí volver. Me pareció un reto bonito ser profesora de la UPV, y veía que podía aportar algo, a sabiendas de que no tendría la repercusión que podría obtener en los Estados Unidos.

ZJL: Está especializada en la investigación genética del cáncer e investiga las bases del cáncer. ¿A qué se dedica?

AZ: Estudiamos una familia de genes. Esos genes están jerarquizados y regulan la duplicación, la parada o la muerte de las células. Es decir, determinan el sentido, la dirección, y esa es la base de la respuesta inmunológica del cáncer.

ZJL: No es una investigación cualquiera; estamos hablando de un mal que ha entrado en casi todas las casas.

AZ: La cuestión del cáncer tiene gran repercusión, y es un trabajo muy bonito investigar una enfermedad que tiene tanto eco. En el cáncer se dan muchos e importantes procesos biológicos, los cuales también se dan en muchos otros procesos. Por ejemplo, en el funcionamiento de las células madre.

ZJL: Ha dicho que el cáncer nunca desaparecerá. ¿Es así?

AZ: Sí. Hay cánceres que surgen de agentes externos. Por ejemplo, los rayos ultravioleta pueden tener que ver con algunos melanomas y el tabaco puede generar cáncer de pulmón. Pero no todos son así; a veces, cuando se duplica la célula también se duplica su ADN, y hay errores y se producen mutaciones. Esas mutaciones son las causantes del cáncer, y son inevitables porque las lleva el ser humano en su cuerpo.

ZJL: ¿Cuáles son los retos de los científicos del futuro?

AZ: Mirando hacia el futuro, podremos investigar qué efectos tienen las mutaciones para que no se produzcan o para desarrollar terapias muy específicas. Se podrá mejorar contra el cáncer trabajando con diagnósticos precoces y tratamientos específicos.

ZJL: ¿Podrá lograrse que el cáncer no sea una enfermedad mortal?

AZ: El objetivo es evitar la mortalidad del cáncer. Y para ello es importante conocer cuáles son los procesos y cómo se dan estos.

ZJL: ¿Sabemos hoy por qué se produce el cáncer?

AZ: Conocemos muchas mutaciones. Pero desconocemos cuáles son las causas que provocan los conductores de la mutación. Cuando se secuencia el ADN, se producen mutaciones, y es difícil saber si esa mutación es necesaria o es la señal del cáncer.

ZJL: ¿Qué es ser científica?

AZ: Ser científica es ser artista. Los artistas trabajan con la creatividad, y los científicos también. Tener curiosidad, ser científico es hacer preguntas continuamente. Los científicos trabajamos en un experimento, y queremos saber cómo funcionan las cosas, para mejorar.

ZJL: Es también una responsabilidad.

AZ: No podemos malgastar el dinero que proviene de las ayudas públicas o de las fundaciones. Debemos demostrar que podemos dar pasos hacia adelante, debemos responder a eso que se espera de nosotros, y eso provoca una presión constante.

ZJL: ¿Qué consejos da a los científicos noveles?

AZ: Cuando comienzas a trabajar en ciencia, te topas con una pared. Las cosas no nos salen bien y la pared es cada vez más grande. Con el tiempo aprendes a esperar ante la pared, a poner escaleras, a evitar ese muro... Mi consejo es que en las situaciones más difíciles hay que refugiarse en el colectivo. Te das cuenta de que tu vecina está en la misma situación que tú, y te ayuda. El trabajo en común ayuda mucho.

Escrito por: iturri.2021/06/20 08:45:00 GMT+2
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2021/06/13 19:30:00 GMT+2

El pimiento de Proust

Estábamos comiendo fuera de casa. Como acompañamiento del primer plato nos sacaron un pimiento verde asado.

Mientras charlábamos me acordé de que mi padre tuvo una úlcera con cuarenta y tantos años; lo hospitalizaron durante casi un mes. Según la versión de mi madre, los médicos les dijeron que las culpables de aquella úlcera, de aquellas úlceras, eran unas guindillas pequeñas que echaba diariamente a la comida. Todo le sabía a guindilla.

En aquella época teníamos dos vacas en casa. No recuerdo exactamente cuántos años tenía yo, pero menos de 10.

¿Quién se ocupó del ganado durante la hospitalización de mi padre? Pues mi madre y algunos caseros cercanos.

La cuestión vacuna nos llevó por otros derroteros.

Aunque más tarde era un veterinario el que se ocupaba de la inseminación de las vacas cuando estaban en celo, me acuerdo de que unos años antes acompañé, a pie, a mi padre dos o tres veces con una vaca a un par de caseríos cercanos.

En el más cercano, había un árbol enfrente de la fachada principal. Mi padre me recomendaba que me subiera a él y me pusiera a refugio. En el otro caserío, en cambio, me escondía tras unas metas de hierba seca.

Hacían salir al toro de la cuadra. El animalote no cabía en sí. A mí me daba miedo, pero se relajaba una vez que había montado a la vaca. O eso es lo que recuerdo.

El caserío del árbol tenía bastante terreno forestal. La pareja tuvo un hijo y una hija. Cuando esta era adolescente, enfermó y murió. La madre no consiguió superar el golpe y creo que el padre tampoco.

La vida del caserío se fue marchitando. Recuerdo que cuando nosotros íbamos por allí no entendíamos muy bien cómo podía vivir la familia en aquella construcción tan destartalada.

El hijo siguió repartiendo la leche de las vacas casa a casa por las calles del pueblo. Hasta que prohibieron esa práctica. No le conocí otro trabajo.

Los padres murieron hace muchos años ya y él se fue a vivir a un piso que la familia había comprado en el pueblo cuando las cosas iban bien.

Ahora rondará los 70 y, según me cuentan, ha arreglado la casa y ha vuelto a sus orígenes.

No tenía la magdalena cerca, pero sí un pimiento.

P.S.

-¿Has leído En busca del tiempo perdido de Marcel Proust?

-Pues no, no lo he leído.

-¡Pues aprovecha el verano! Aquí los 7 libros, 2700 páginas (gratuitas, dominio público). O, si lo prefieres, saca la cartera y abona 60 euros por este estuche (en castellano). Sólo el primero de los 7 está editado en euskera: Swann-enetik es, precisamente, el libro que en sus primeras páginas recoge la historia de la magdalena.

Nota: imagen traída desde la Wikimedia.

Proust-en piperra, apunte hau euskaraz.

La música la pone -GAILU: Baserritar bati entzun ondoren (Tras escuchar a un casero).

Escrito por: iturri.2021/06/13 19:30:00 GMT+2
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2021/06/06 20:00:00 GMT+2

Las vicisitudes de un corresponsal autónomo

Una de las mejores cosas que se puede decir de un libro sobre una ciudad es que te entren ganas de ir a visitarla. Ander Izagirre, Mikel Ayestaran, Manu Leguineche, Ana Malagon, Ana Alba y Enrique Morente andan por aquí abajo.

He leído el libro Cómo ganar el Giro bebiendo sangre de buey de Ander Izagirre mientras se disputaba el Giro masculino y no he visto una etapa en la tele. Es más: no he sabido que era líder Egan Bernal hasta muy al final de la prueba.

Con el saber hacer que le caracteriza, Izagirre nos trae desde comienzos del siglo XX hasta este siglo XXI. Y es igual que te guste el ciclismo, porque mientras algunos hombres y mujeres le dan a los pedales el autor habla de fascismo, comunismo, dos guerras mundiales, la Iglesia católica, feminismo, etcétera.

Luego le ha tocado el turno al último libro de Mikel Ayestaran, del cual quiero decir tres o cuatro cosas hoy: Jerusalén, santa y cautiva.

La familia formada por Aloña, Ane, Telmo y Mikel pisó por vez primera la que ahora es su casa del barrio jerusalimitano de Musrara en enero de 2015.

Abro paréntesis. Me tiene fascinado el gentilicio de Jerusalén: jerusilimitano. Cierro paréntesis.

No resulta fácil ni barato ser corresponsal. Y si no hay una empresa o institución que apoquine, es uno mismo quien tiene que hacer frente a gastos nada superfluos. Porque Ayestaran es autónomo, freelance, aunque trabaje de manera regular para los grupos Vocento y EITB.

Dice en la página 33: «entre el piso y la escuela internacional, otro tema fundamental para un expatriado con hijos, comienzo cada mes con una losa en la espalda, una losa desconocida para la mayor parte de los expatriados que me rodean a quienes sus empresas les pagan los gastos».

La imagen recoge un fragmento del libro Historias de Nueva York de Enric González, corresponsal de El País en la ciudad estadounidense. Mejor dicho: es el propio Ayestaran quien recoge esas palabras en su libro. De cómo el corresponsal necesitó que el periódico abonara 50.000 dólares como adelanto de un año de alquiler.

Y Mikel echa de menos una figura como Josefa Gutiérrez, administradora de ese periódico, porque los precios de la vivienda y de la educación infantil en Jerusalén son del nivel de los de Nueva York y de una universidad extranjera, respectivamente.

Hay también una frase de Manu Leguineche, un maestro para Ayestaran y otros muchos (Mikel cita El camino más corto como referente del reporterismo). Manu habla de las tres d-s que retratan a los reporteros de su generación: dipsómanos (alcohol a tutiplén), divorciados y un tanto depresivos. El de Gernika es también seguidor del Athletic. Pues bien, Ayestaran no cumple ninguna de las cuatro: no bebe demasiado, está casado, la depresión afortunadamente no es compañera de viaje y es un hincha realista/realsocialista (de la Real).

Las páginas del libro nos llevan por los cuatros barrios de la Ciudad Santa acompañados por varios ilustres (o no tanto) vecinos. La Ciudad Vieja tiene una población de 38.000 habitantes y me gustaría saber el número de armas, porque seguro que pulveriza registros mundiales.

El escritor diferencia cinco comunidades: la musulmana, la judía, la cristina, la armenia y la internacional flotante que conforman diplomáticos, cooperantes y periodistas.

Hay vascos que nos miramos el ombligo y pensamos que nuestra comunidad está más megadividida que ninguna. No hay más que leer el libro para darse cuenta de que la división que reina en Jerusalén es de Champions League.

Hay dos abrazos que marcan el libro y ambos son de la pareja Mikel-Aloña. El primero se lo dan nada más acostar a las criaturas el día que pisan su nueva casa en enero de 2015. El segundo se produce cinco años más tarde cuando les informan de la muerte de la periodista catalana Ana Alba.

Hay otra Ana, de apellido Malagon, que acaba de publicar en mayo un libro de relatos titulado Ez dakit zertaz ari zaren (No sé de qué me hablas). Lo estoy leyendo despacio, porque dice Iban Zaldua que es así como hay que leer los libros de relatos, con lenta digestión incorporada. El protagonista del segundo cuento es un hombre, padre de familia viudo, que cría a sus hijos tras la muerte de su mujer por cáncer. La lectura el mismo día del epílogo de Ayestaran (dedicado a Ana Alba) y este relato de Malagon me hicieron pupa.

Pongamos un poco de música y rematemos con algo de humor. No voy a desvelar nada, pero se me dibuja una sonrisa en la cara mientras me acuerdo de lo que Ayestaran cuenta en la página 192. Una anécdota con esta canción de Enrique Morente basada en el poema de García Lorca de fondo. Hasta aquí.

Lean libros buenos a ser posible, disfruten en la medida en que les dejen. Vivan y dejen vivir.

Korrespontsal autonomo baten komeriak, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/06/06 20:00:00 GMT+2
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2021/05/29 08:35:00 GMT+2

Ángel Katarain: «Estaba rodeado de sonidos, y era imposible no hacer canciones»

El otro día leí una entrevista de Kepa Matxain a Ángel Katarain en la revista Argia y pensé que era buen momento para retomar la costumbre de subir entrevistas ajenas originalmente publicadas en euskera.

Me puse en contacto con Kepa y le pregunté si algún medio iba a publicar la versión en castellano. Me contestó que no. Añadió que tenía la entrevista en bruto en castellano. Y me la mandó.

He corregido algunas cosas y añadido enlaces.

Habla de música, de los años de plomo, de su hermana Yoyes, de pasado, de presente y de futuro.

Agradezco a Kepa su generosidad. La entrevista es muy buena.

Muchas gracias también a Katarain por desnudarse así.

Poneos su música y leedla con calma.

Allá va.

Ángel Katarain: «Estaba rodeado de sonidos, y era imposible no hacer canciones»

Ángel Katarain es un conocido técnico de sonido, pero pocos sabían que cuando todos se marchaban del estudio IZ él se quedaba allí, experimentando con los instrumentos que encontraba. Entre 1983 y 1993 grabó 42 canciones que evocan ambientes coldwave y postpunk –piezas únicas y muy dispares a lo que se hacía entonces en el contexto vasco–. Como la promoción siempre le ha molestado, las ha tenido a la sombra durante muchos años, enseñándolas sólo a amigos y allegados –y después subidas a una dirección de bandcamp–. Ahora, el nuevo sello Hegoa Diskak ha reeditado una selección de esas canciones, y con la excusa nos hemos reunido con él en la plaza de Ordizia. La conversación musical nos ha llevado al ambiente político de la época, y así han salido a colación las continuas detenciones, las escapadas a las cuevas, el asesinato de su hermana Yoyes y otras cuestiones.


Crédito de la fotografía: Ángel Katarain.

No le gustan demasiado los medios de comunicación a Ángel Katarain (Ordizia, 1961). "Por cuestiones relacionadas con mi hermana, la prensa sensacionalista ha estado a menudo dando vueltas por aquí y al final acabas odiando a quien no lo merece". Sin embargo, no ha rechazado la propuesta. "No rechazo nunca un café con personas que deseen charlar motivadas por la palabra, la cultura o la ciencia. Si vienes a la plaza de Ordizia con la grabadora, hablamos, y si sale algo que merezca la pena, lo publicas". Katarain ha crecido entre cacharros. A los 12 años era capaz de construir un equipo de altavoces con la ayuda de su abuelo carpintero. Luego, de la mano de Fernando Unsain, comenzó en los estudios IZ como técnico de sonido. Participó en la creación de M-ak con su íntimo amigo Kaki Arkarazo –posteriormente se reencontrarían en el proyecto Matxinadak–, pero se alejó poco a poco del grupo a medida que este se iba decantando por sonidos del punk-rock anglosajón. En 1995 fundó el estudio Azkarate junto a Jonan Ordorika y Amaia Apaolaza. Ahora está cerrando ese ciclo: ha sacado los trastos del estudio y se ha adentrado “en el mundo de la maternidad”, cuidando de Iara. Con todo, no tiene tiempo de aburrirse.

Las canciones

Kepa Matxain: El disco recoge nueve temas compuestos entre 1983 y 1993. ¿Qué te ha parecido la selección que ha hecho Mikel Acosta? (Nota de edición: esta semana Kepa Matxain le ha entrevistado. "La música es un aprendizaje continuo, siempre estoy escuchando cosas nuevas". Es un irunés de 1986 que lleva casi una decena de años viviendo en Londres).

Ángel Katarain: Me sorprendió su propuesta. Hacer este tipo de música ha servido sobre todo para perder dinero y amontonar en casa paquetes con música que no puedes dar salida, pero parecía que estaba en su salsa y con lo difícil que es encontrar gente motivada en estos tiempos no iba a ser yo quien le desanimara –si buscas "antiguallas" ahí tienes, cuarenta y dos canciones viejas–. Él hizo dos versiones, y me parecieron bien las dos. La primera, un poco larga, no entraba en vinilo; tuvo que acortar y, al final, quedaron seleccionados nueve temas. En los primeros –de 1983 a 1986– todo está grabado micro en mano sobre cinta magnética, a base de tocar y repetir, sin muchas ayudas técnicas. Ahí la electrónica pesa poquito: usé viejas cajas de ritmos y teclados de época. Los siguientes, por contra, están grabados en digital y la electrónica y los secuenciadores empiezan a tener más peso tanto en la grabación como en las mezclas. A la hora de hacer el master, hemos tenido que trabajar sobre todo la conexión sonora entre lo más y lo menos viejo. De todas maneras, Mikel ha priorizado en la selección los temas más antiguos.

KM: Me da la impresión de que la portada del ilustrador Jon Zabaleta refleja bien tu mundo musical.

AK: Ha captado muy bien la idea. Mikel le habrá contado algo… Ese rollo del tipo metido en su cápsula, era tal cual. Vivíamos en nuestra burbuja, a ser posible que no nos vieran, pero con los cañones apuntando siempre hacia fuera [risas]. Mi abuelo, que tenía frases muy pintorescas, siempre me decía: "Ángel, la mitad del mundo está de ojos hacia fuera, y la otra mitad de ojos hacia dentro". Mi música era interior, de ojos hacia dentro. No me gustaba el descontrol ni el alboroto, y el rock, el punk, incluso el folk tradicional los relacionaba con eso. Eran mensajes hacia el exterior. Casi todos los grupos que me tocaba grabar cuando empecé a trabajar en la discográfica IZ, aunque eran de estilos muy diferentes, eran grupos hacia fuera, y eso tiene mucho que ver con publicar, vender y ese tipo de cosas. Yo nunca he tenido interés por sonar fuera de mi cápsula. Disfrutaba haciéndolo, pero sólo pensar en la promoción me ponía malo. No sé, hay gente que lo hace con su música, y me parece muy bien, pero a mí no me apetece.

KM: Son nueve temas que nada tienen que ver con las tendencias dominantes aquella época en el contexto vasco. ¿Qué influencias tenías?

AK: Muy pocas. No lo sé. A veces, hacía las canciones y luego Kaki Arkarazo me buscaba las referencias. Él estaba muy interesado en la música foránea. Me decía: "Hay un grupo que se parece a eso que tú haces", y me traía el disco de The Residents. O escuchaba una canción mía y me decía: Me recuerda a Brian Eno, o a Cocteau Twins, o es calcado a Laurie Anderson. Y me daba cuenta de que había conexión entre esos artistas y yo, pero no los había oído hasta entonces. Es verdad, casi nadie inventa nada, en el mundo siempre hay alguien que ha hecho algo muy parecido antes que tú. El único disco que no sé cómo llegó pero rebotó en casa sin parar fue Timewind de Klaus Schulze. No sé cómo funciona la mente, si lo que uno escucha luego se refleja en el exterior, pero nunca he intentando eso de "voy a ver qué hace este ahora para ver si consigo impregnarme de esa onda". No he tenido ese interés ni esa necesidad. Yo me encontraba la canción. Por la mañana, mientras estaba grabando como técnico para otros en el estudio, ya me empezaba a resonar la música que iba a grabar para mí por la noche.

KM: Creabas casi sin ponerte a ello.

AK: Me venían las melodías a la mente y, si no tenía una grabadora a mano, desaparecían. Bob Dylan decía: “La música está ahí, tiene experiencia propia, y sólo espera que alguien la vea y la escriba”. Y creo que tiene bastante razón. No es algo que hagas sólo tú. La canción se muestra de pronto, como parte de un puzle que vas atrapando en el aire y articulando, te envuelve y tú la canalizas hasta la grabadora. Si no lo conseguía yo solo, echaba mano de Kaki o de Amaia Apaolaza –que más tarde se embarcaría conmigo como mano derecha en todo–. Yo les tarareaba melodías y ellos -que manejaban mejor la técnica musical- la sacaban rápido con la guitarra o con el teclado. También me ayudaron algunos otros músicos que esos días andaban por el estudio. Si se quedaban hasta tarde, corrían el riesgo de tener que participar [risas].

Pero llega un día en que la música ya no te envuelve, no te rodea, y no tienes nada que canalizar –y si lo intentas vas a hacer una chapuza–. En aquella época estaba rodeado de sonidos y era imposible no hacer canciones. Es como cuando te enamoras de alguien y no puedes parar hasta que se lo sueltas. Estaba deseando que llegara la noche porque tenía miedo de que se me escapara. Cuando me quedaba solo en el estudio, veía qué instrumentos quedaban a mi alrededor, cogía algunos y empezaba. Hasta que no eyaculaba, no paraba. A veces me pasaba toda la noche sin dormir haciendo un tema. Al día siguiente, esperaba a terminar la jornada y mezclarlo. Para mí lo más importante era sacarme la canción de encima. O la saco o mañana será otra cosa. No podía permitir que se esfumara.

KM:Me sorprende que las canciones te vinieran como de la nada. [Nota de edición: esta pregunta y la respuesta no están en la entrevista en euskera]

AM: Sí, es curioso, pero a la vez normal, es como si algo te hiciera verlas. Lo he contrastado y no es nada único, te contarán cosas parecidas casi todos los artistas, cada uno a su manera: unos en sueños, otros despiertos, una ventana se abre de pronto en la cabeza y están ahí las notas, la pintura, la danza, la escultura que vas a moldear… Llevo más de veinte años sin crear porque mi ventana se cerró. A veces vas paseando y te viene una melodía. Pero no estoy hablando de eso, sino de no poder evitar crear, porque tienes que eyacularlo. Todas las canciones de este disco tienen eso en común.

KM: Excepto Sala 5 y Sala 3, canciones grabadas en las cuevas de Arrikrutz.

AM: Sí, a las cuevas íbamos a ver qué ocurría. Llevaba mi primera cámara de vídeo, y con ella grababa también audio. Interpretábamos como en una especie de txalaparta golpeando en las estalactitas de la gruta. Era otro mundo interior y sonoro. Además de Arrikrutz, la cueva de Troskaeta en Ataun era también mi entorno propio. Allí escondía hasta reservas para futuros exilios que ya intuía. Muchas veces me iba solo, y me tiraba una semana haciendo fotos iluminando con carburo linternas y velas, escuchando las gotas sobre las estalagmitas, sin reloj, comiendo de latas, sin saber si era de día o de noche. Llevé allí a mucha gente en un intento de compartir aquellas sensaciones... es que mi casa era aquello. La casa de Ordizia era donde correteaban mis padres y mis nueve hermanos. Toda la locura y la alegría que puede proporcionar tanta familia. Pero también la policía por la noche, las manifestaciones, las huelgas generales, las detenciones y retenciones constantes... A veces llegaba tarde al estudio, porque estaba dando vueltas por Donostia dentro de algún furgón policial.

Los años de plomo

KM: ¿Por la familia?

AM: Claro. Para entonces, Yoyes ya estaba en el punto de mira, y los familiares y amigos de la gente exiliada estábamos vigilados. Yo me cogía un tren para ir a ver una exposición en Madrid, y me detenían en el mismo tren, o al llegar. Y si no en los controles, o al ir al estudio, o al salir de él. Al ir o venir de los conciertos. Todo el tiempo. Me daban hostias por todos lados y de todos los colores: primero los grises, luego los marrones y los verdes también. Cuando tú vives así, esquivando calles, acojonado, llega un momento en el que te conviertes en acero que camina, generas una especie de coraza que te aísla de ti mismo. Yo me metía en una especie de escafandra, y veía el mundo desde ahí dentro. Mi cuadrilla y amigos eran gente muy vinculada a la causa vasca y a su música –la mitad terminaron presos o exiliados–. Pero también tenía mi propia camarilla de hippies oscuros medio extraterrestres amantes de Syd Barret, Frank Zappa o David Bowie. Era gente que le gustaba la música pero que no estaba en los círculos creativos vascos. Muchos acabaron pillados por la droga o más tarde por el sida.

A la policía la tenía muy despistada, porque yo entonces tenía melena y un abrigo de pelo negro viejo que daba miedo, y no sabían si era de ETA o yonqui o qué. A los sesenta años sigo viendo el mundo desde esa burbuja. Quizás ahora sea más fina, pero sigo mirando como desde otro lugar. Pero la escafandra me la puse en aquella época –en defensa propia, claro–. Necesitaba algo para que cuando me dieran un mamporro me llegara con menos intensidad al cerebro, y me quitara el miedo a salir.

Crédito de la fotografía: Ángel Katarain. Foto de juventud.

KM: Pero, al mismo tiempo, tienes buenos recuerdos de aquella época...

AM: Vivíamos acojonados, pero a la vez éramos muy felices. Y había muchos incentivos positivos: la libertad, el rollo hippie existencial, las montañas… ya en nuestras acampadas nocturnas discutíamos sobre si los taoístas eran mejor que los budistas y al revés, sobre las enseñanzas de Carlos Castaneda, sobre las drogas –si te metes este hongo irá a esta zona del cerebro–, sobre la mescalina, ácidos y todo lo que tocaba para la investigación de nosotros mismos. Pero yo no me fumaba ni un canuto, porque veía cómo les afectaba a mis amigos. Yo me drogaba con el pedo que les subía a ellos. Y los llevaba al monte, a las cuevas, buenos lugares para soñar y evaporar la mente. Desde allí el mundo real parecía un cómic sin gracia y lleno de estiércol.

A los días, como aterrizando de un globo, bajábamos al pueblo, y todo eran movilizaciones, huelgas generales. Yo era muy partidario de la independencia personal, pero no me importaba demasiado la independencia de las naciones. ¿Qué eran las naciones? Me sentía un poco ajeno a ese mundo. Todas las fronteras del planeta se han hecho con guerras y sangre, ¿y querían poner más aquí? Me parecía muy bien espantar a los policías que me perseguían, pero no estaba muy en sintonía con esa dinámica de la izquierda vasca. Tampoco era contrario a ello, y si había que ayudar se ayudaba, pero en el fondo me daba un poco bastante igual –cuando me invitaban a actividades les decía que yo iba por libre–. Era amigo de gente que se repudiaba entre sí, pero es que yo me sentía bien con cualquiera que tuviera la mente abierta. Desde mi burbuja algo me decía: aquí sí o aquí no te puedes quedar. Siempre me he acercado a personas que sintonizan conmigo en alguna mecánica. No se elige a los amigos por sus ideas o pensamientos, sino por una especie de vibración que no se sabe qué es, pero con la que sintonizas.

KM: Seguramente funciona más bien a la inversa: uno acaba pensando lo que piensa por las personas de las que se ha rodeado…

AM: Sí, es a la inversa. Pero cuando eres joven sueles pensar que estás con amigos porque piensan igual que tú. Yo rápidamente me di cuenta de que no, porque convivía a diario en el estudio de grabación con gente que políticamente o musicalmente estaban en las antípodas y no se aguantaban entre sí. Desde niño, antes de salir de casa, tuve que aprender a convivir con ideas contrapuestas. Al final, te das cuenta de que hay conexiones que no tienen nada que ver con las ideas, y que son más fuertes, y que a la larga son más eficientes, porque van cambiando a las personas. Hay algo ahí que tiene que ver con la amplitud de miras. Hay gente que tiene las miras más amplias, y otra más estrechas. Hay gente que aún teniéndolas muy estrechas, tú sabes que se van a abrir. Lo notas, esa persona con el tiempo se va a abrir y va a saber contrastar sus mundos. Hay otros que sientes que no se abrirán nunca, auténticos cabestros, algunos hasta simpáticos y nobles, pero otros son almas nocivas que te aspirarán hasta la última gota de energía y tienes que apartarte rápidamente. Pero aquellos de mente abierta no importa qué pensamiento puntual tengan, porque su visión va a ir a más sin necesidad de que tú los ayudes. Y hasta te pueden aportar desde esa diferencia.

Yoyes 1986

KM: El día que mataron a Yoyes te encerraste en el estudio y pasaste toda la noche componiendo. ¿Cómo recuerdas lo ocurrido?

AM: Primero te comentaré lo ocurrido para mí en la Euskadi de esos años. Aunque sea doloroso, no es demasiado especial: obedece a ciclos universales que se dan en la historia una y otra vez. Todas las dinámicas del hombre contienen aciertos y errores. Las gentes de mente abierta reconocen el error, mejoran, evolucionan... Los cabestros no. Y cuando estos empiezan a ser más, o a manipular a la mayoría del grupo, empiezan los procesos de deterioro colectivo. Lo estamos viviendo hoy mismo a otro nivel en muchas partes del planeta. Estos movimientos, por razonables o inspiradores que hayan podido ser en sus inicios, a veces van cerrando gradualmente los límites de su visión hasta entrar en procesos de degradación fatales. Espirales del sinsentido que arrasan todo a su paso y terminan devorando hasta su propia carne, condenando su futuro como organizaciones a la extinción. Sólo después de muchos años vuelve una visión colectiva desde un ángulo diferente y sentimos como totalmente incomprensible que aquello pudiera haber ocurrido. ¿Cómo contarlo a nuestros hijos? Llegarán a pensar que estábamos mal de la cabeza. Quizás estos mismos hijos estén ya en otro ciclo, inmersos, ciegos, en una sucia espiral de algún tipo que los envuelve totalmente y aceptan como normal. Vamos, que no aprendemos y repetimos las cagadas una y otra vez.

Semanas antes del asesinato había conversado en San Sebastián con ella y ya estaba al tanto: la última neurona había abandonado ya por hastío la mesa donde se decidía sobre la vida y la muerte en las entrañas de ETA. Ella temía por su vida. Para mí era una exageración impensable: cabestros sí, pero tantos o para tanto, no. Los creía conocer, y se lo hice saber, pero a los pocos días comprobé que ella tenía razón. El momento te llena de rabia y tristeza contra no sabes ni qué. No repudias al ser, repudias al universo entero porque sientes que se volvió de golpe contra ti. El cristal de tu burbuja se empaña, la imagen desaparece y los pies no obedecen. Las seis canciones de piano del disco Yoyes 1986 nacieron esa noche, sin luz. Sentarme frente al Kawai que teníamos en IZ y grabar, grabar y más grabar. Muy despacio, sin poder o sin querer moverme de allí. Todo seguido. Unos días después seleccioné las mejores partes y añadí unos efectos puntuales a la base principal.

La creatividad desaparece

KM: ¿Cuándo empezaste a dejar de hacer canciones?

AM: Creo que tiene mucho que ver con las vidas más o menos aburridas que llevamos todos. Desde 1993 empecé a pensar más de ojos hacia afuera y abandoné poco a poco esa mirada interior en la que tanto insistió mi abuelo. Había que pagar al banco, se acabó el tiempo para uno mismo. Me embarqué con Amaia Apaolaza y Jonan Ordorika en la aventura del estudio de Azkarate entrando en en el mundo del sonido de manera más profesional: sonorizando y grabando todo tipo de eventos, giras, viajes, y el trabajo se convirtió en primordial. Es curioso: uno de los motivos para esa aventura era que no quería depender de nadie para grabar mis canciones, y sí, grabamos muchas canciones a muchos artistas, pero las mías no volvieron. La creatividad se acerca a la incertidumbre, y aquellos primeros años de los 70 y los 80 fueron tiempos de incertidumbre total: no sabías si mañana ibas a comer, si ibas a estar detenido para terminar flotando en algún río, o si los rusos y los americanos iban a soltar la bomba atómica… Vivíamos despidiendo familiares, amigos que iban presos, se exiliaban o morían, inmersos en la posibilidad de que en cualquier momento podíamos no estar. Cuando te acercas poco a poco al mundo de la seguridad y te embulles en lo cotidiano, la creatividad te mira y te dice: "me voy hacia alguien que esté más inquieto que tú". Yo lo he sentido así.

KM: Ahora que vivimos tiempos de incertidumbre, igual es un buen momento para volver...

AM: Sí, quizás estos confinamientos nos despierten a todos un poco y nos traigan visiones nuevas. No sé, veo mucho zombi miedoso por ahí. Yo continúo minimizándome. Estos días estoy desalojando definitivamente de trastos el estudio. Al pasar de tres plantas en Azkarate llenas de artistas a una habitación con un portátil junto a una cama, un par de altavoces y una niña con sus muñecas, veremos qué ocurre. A ver si con sesenta y picos tacos la creatividad me pilla en posición receptiva. Igual se acerca cuando Iara se aleje. O igual no vuelve nunca. No pasa nada –estoy contento con lo que me dejó en su día y ya no la espero–. En la vida, si tu mirada es abierta, siempre hay sorpresas nuevas, historias y mundos apasionantes por descubrir, y yo siempre estoy enredando en algo.

Por si acaso, he guardado en el fondo de mi armario ropero unos cables, el teclado y algunos cacharros que suenan.

Escrito por: iturri.2021/05/29 08:35:00 GMT+2
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2021/05/24 18:10:00 GMT+2

Me acuerdo de Rafa Berrio

Echando mano de la fórmula utilizada por Aritz Galarraga en su Gogoan dut (que a su vez bebe de autores como Perec, Brainard o Sarrionandia), he recogido en este apunte un buen número de recuerdos míos ligados a la persona de Rafael Berrio, fallecido el 31 de marzo de 2020. A veces, muchas, he tenido que consultar agendas, apuntes, etc. Porque los años no pasen en balde.

Me acuerdo de que vi por casualidad a Amor a Traición en el Teatro Principal en la década de 1990. Los jueves del Principal. Creo que presentaban su primer trabajo. Tenía mis dudas de quien era el artista o grupo princpal y Cruz Larrañeta me asegura que era Antonio Vega. Es lo que yo tenía en la cabeza... Y David Ketari me ha dado la fecha: 5 de mayo de 1994. Aquí la crónica de Iñaki Zarata (DV).

Me acuerdo de cuanto me gustó el disco Harresilanda. Según Rafa, un disco "amable" si no reparas en las letras.

Me acuerdo de Bronca, con Julia Cristina.

Me acuerdo de Rafa tocando ese disco en el sótano del bar El Muro de Gros. Seríamos unas 30-40 personas. 10 euros disco y entrada. Marzo de 2005, finales del invierno. Fui con Xabier Cañas.

Me acuerdo de que le compré dos discos más unas semanas más tarde. Le escribí un correo electrónico y me llegó el paquete. No me acordaba muy bien de cómo fue.

Me acuerdo de Rafa contando una visita al Hotel María Cristina para entrevistarse con Santi Ugarte.

Me acuerdo de Berrio presentando ese disco en junio de 2005 en Ernest Lluch ante unas 100 personas. Creo que era un viernes.

Me acuerdo de Rafa gozando con el documental Un tal Eusebi de Iban del Campo y levantando la mano para soltar, entre el público, lo bien que cantaba Eusebi en inglés. Iban estaba con Concetta Probanza en la mesa. A los pocos días, concretamentel el 26 de octubre, nació nuestro sobrino Oier.

Me acuerdo de Berrio programando en el Círculo Riojano donostiarra Dirty Martini, otro documental de Iban.

Me acuerdo de Rafa riéndose con ganas, con aquellos movimiento espasmódicos tan característicos suyos.

Me acuerdo de Rafa diciendo de mí que era un poco histriónico. O bastante. Cada vez menos, Rafa. Desgraciadamente.

Me acuerdo de Ultravioleta. No recordaba cuándo: marzo de 2007.

Me acuerdo de un concierto de Bassmatti en la librería Pentagrama de la calle Prim. Hay o había una vinatería al lado. De allá salió Berrio con una o dos botellas de Oporto. Era julio de 2007.

Me acuerdo de Gainsbourg Gainbegiratuz, el proyecto de Juancar Landa Jocano. ¡Rafa Berrio cantando en euskera!

Me acuerdo de que un día estuvimos por la Parte Vieja. Fue en enero de 2008, tras una actuación de Julia Cristina en la sala Noventa Grados. ¡Qué risas con Rafa y los demás! Entre otros, aquel largo atardecer conocí al fotógrafo Iñaki Peman. Cruz Larrañeta me ha recordado algunos detalles más y en el blog he leído que era jueves.

Me acuerdo de que Rafa estuvo por aquella época en un concierto de Xabi Strubell. Este cantó Kordoba en euskara, un número de reminiscencias lorquianas. Y le gustó a Berrio. Tenía una gala en Córdoba y le dijo que la haría en euskera. La Real también jugó en Córdoba. Tiempos de Segunda División.

Me acuerdo de que Rafa salió a cantar una canción en un concierto de Mikel Erentxun en el Teatro Victoria Eugenia. Al final se desabrochó la camisa para enseñar una camiseta con el lema "I love Erentxun" al público. Erentxun le devolvió el gesto el jueves 20 de mayo de 2021.

Me acuerdo de que Rafa contaba que mientras estaba solo en el camerino, esperando su turno para salir, un roadie entraba y salía para pegarle repetidos viajes a una botella de whisky que había para los músicos. Y Rafa mosqueado porque quizás Erentxun y cía se pensarían que era Rafa el culpable de la ausencia del líquido.

Me acuerdo de una entrevista de Javier Vizcaíno en la que Berrio dijo que lo importante de un artista es la obra.

Me acuerdo de que estuve con Senperena en un concierto de Tom Waits. Luego nos fuimos al Bar Desy de Gros. Había tocado Bassmatti. Rafa estaba con su perro Lento. Al final, cogió la guitarra y tocó. No era una gala al uso, como las que recordaba Mursego el otro día, pero allí hubo magia. Si no recuerdo mal, Koldo Almandoz escribió algo en la web de Entzun. No he podido leerlo, porque no funciona el enlace. Lo dejo aquí, porque igual resucita. Amén.

Me acuerdo de que Rafa escribió una o dos canciones para Soledad Giménez. Ella actuó en octubre de 2008 en el Victoria Eugenia.

Me acuerdo de que Rafa invitó a su madre y como aquella mujer (¿quizás por vez primera en el Teatro?) no se perdía nada de lo que sucedía en el escenario.

Me acuerdo de que gracias a él conocí el salón de actos del Seminario. Él lo conoció como pintor. ¿Grabó allí un vídeo? Creo que sí.

Me acuerdo de Diego Vasallo y Joserra Senperena hablando de proyectos con Rafa.

Me acuerdo de Rafa en la grabación en directo del concierto Leidor Sessions de Bide Ertzean. Tolosa. Luego anduvimos por el Mescal. 16 de enero de 2009. A las pocas horas, ya era 17, nació nuestra sobrina Uxue.

Me acuerdo de Lieder en la Galería Arteko.

Me acuerdo de que aquella primavera (abril de 2009) estuve en Roma. La exposición Lieder tenía una fecha en una galería del Trastevere romano. Rafa me pidió que sacará fotos del sitio. No puede entrar y me limité a sacar fotos del exterior.

Me acuerdo de que Rafa estuvo en la presentación del libro «De cabeza. Para qué sirve un psiquiatra». Dicho de otra manera: me acuerdo de que nos juntamos, en el Bar Xanti, Vizcaíno, Querejeta, Jabier (Muguruza)... y que allí estaba Berrio. No recordaba que en torno a aquella mesa del Bar Xanti supimos que se había muerto Joxean Arbelaiz.

Me acuerdo de que volvió Amor a Traición en marzo de 2010.

Me acuerdo de Berrio abriendo el concierto de Nacho Vegas en el Leidor de Tolosa. La crónica de Juan Luis Etxeberria dice que salió acompañado de Iñaki de Lucas el 7 de mayo de 2010.

Me acuerdo del trabajo del maestro Senperena en los discos 1971 y Diarios.

Me acuerdo, porque lo he visto en el histórico del mi correo, que Rafa me invitó a un recital en octubre de 2011 en el Komplot. Ana Malagón escribió Urriko egun haiek (Aquellos días de octubre) por el adiós de ETA. Maite Mursego debería leer estas líneas tal y como ella sabe:

«Mikel, ¿qué tal va? Para comunicarte que el próximo 21 octubre hago un recital en Komplot. A las 21:00h. Será con mesas y sillas y a la luz de las velas, según Marga, la patrona del local. Pues eso, invitaros y de paso, por si quieres difundir por esos canales. Espero que nos veamos un día de estos. Abrazos. Rb».

Me acuerdo de Rafa y Rosa Martí haciendo una vesión de Guillermine (La Buena Vida) a la memoria de Pedro San Martín.

Me acuerdo de que compré La busca de Pío Baroja en la librería La Buena Vida de Madrid.

Me acuerdo, gracias a la agenda una vez más, de que Joserra Senperena Trio actuó en el Victoria Eugenia Club el 1 de febrero de 2013.

Me acuerdo de que estuvimos en el Moto Club, como muchas otras veces.

Me acuerdo de Rafa y de Gema. De Gema y de Rafa.

Me acuerdo, porque lo he mirado, de que vi el espectáculo Phantasma de Mursego y Berrio en la parte de arriba del Kafe Antzokia bilbaíno. Sí recordaba haber visto a Rafa, pero no me acordaba del espectáculo. 7 de febrero de 2013. HC, Susana, Sorkun...

Me acuerdo de Iñaki Uriarte saludando a Rafa. Me acuerdo de que nos quedamos a dormir en el Casco Viejo.

Me acuerdo de que Berrio solía decir que en Bilbao le trataban mejor que en San Sebastián. Por chinchar a su público donostiarra. Ja, ja, ja.

Me acuerdo de que Rafa dialogó en Radio Euskadi con Jabier Muguruza. Fue tras la publicación de Diarios. El origen gitano de su padre, las hermanas de su madre que se quedaron en París, su padre le enseñó a tocar la guitarra (unos amigos de Amara formaban con él, con el padre, el Cuarteto Ondas, línea Los Panchos), el desierto tras UHF (entre los cantautores y el RRV: "el RRV nos dejó como un tonto en mitad del camino"), el oficio...

Me acuerdo de un concierto de Rafa en el Bukowski el 5 de julio de 2013. Porque lo he mirado en la agenda... Y Marieta me dice en los comentarios que estuvo conmigo y con M.

Me acuerdo de Rafa cantando con Virginia Pina en el Bar El Muro. Subí este vídeo pobretón. Youtube dice que era el 5 de marzo de 2014.

Me acuerdo de que decía que quien no lo conociera debía llamarlo Rafael, pero luego era rafaberrio punto com.

Me acuerdo de una época en la que decía adiós con un aguri (sic).

Me acuerdo del vídeo que Angel Aldarondo hizo con la canción Mis ayeres muertos en el Teatro Principal. «Todo lo he visto / de todo me acuerdo».

Me acuerdo de Berrio en los bares que le gustaban. Me acuerdo de estar con Berrio en los bares que le gustaban.

Me acuerdo de la lectura sobre Baroja en el KM (tenéis ahí el vídeo). El ciclo se llamaba Releyendo y lo perpetraron en comandita Jon Benito y Beñat Sarasola. 23 de abril de 2015.

Me acuerdo de que Rafa quería ir a la isla Santa Elena porque allí pasó Napoleón una temporada en prisión. Se había informado y sabía que había un barco que salía del norte de Francia y cuya ruta pasaba cerca de aquí. Un mes de travesía. No se podía ir en avión.

Me acuerdo de cómo gozaban en escena BNV (así llamaba yo a la banda que formó con Lenoir, Neira, Rueda y Buff). Los vi a comienzos de septiembre de 2015 en el Dadababa (la foto de Rafa es de ese día) y el 1 de octubre del mismo año, creo que en Donostikluba, junto con Eraul en Gazteszena (Egia). Como muchas otras veces, coincidí aquella vez con Juan Glez @foteropanico.

Me acuerdo de que Nerea Lizarralde subió un video breve.

Me acuerdo de otro día con parte de la BNV en un concierto de papel. Era víspera de Santo Tomás, 20 de diciembre de 2015. El cantante de la calle Zabaleta tocando en la calle Zabaleta. Ricardo Aldarondo manejó el cotarro. La víspera Rafa puso en un brete a Oier Aranzabal a cuenta del equipo. Ahora me río. Oier también, pero entonces no se reía. Alguien ha subido una copia con un sonido mejor.

Me acuerdo de PochXBerrio en Ernest Lluch el 15 de abril de 2016. Fui al camerino a saludar y felicitar a Rafa. ¡Qué cabreo tenía con una persona cuyo nombre no voy a mencionar! O hacía que estaba cabreado. ¡Vete tú a saber! Iñaki Gabarain bien, templando ánimos.

Me acuerdo de otro concierto de Berrio en el Bukos. He visto esta canción la hostia de veces en la red. Gracias a Jabi Haspi sé que era el 23 de abril de 2016. DV da la misma fecha. No está apuntado en mi agenda y yo estoy convencido de que estuve. Pero no es así: porque he visto que ese día estuve en Santander. ¡Cómo de creativa es la memoria a veces! Siempre a nuestro favor, eso sí.

Me acuerdo de ver la zarzuela Adiós a la bohemia el 25 de junio de 2017 en el Victoria Eugenia. Se presentó unas semanas antes el disco en Itzea, la casa de Baroja en Bera.

Me acuerdo de Senperena sudando la gota gorda.

Me acuerdo del crítico eMeCé bajando las escaleras del Victoria Eugenia ciscándose en todo: no era para ti, amigo. Espero algún día tener la capacidad suficiente para entender el proyecto.

Me acuerdo de Gema. Me acuerdo de Gloria.

Me acuerdo de que un día supe que estaba enfermo.

Me acuerdo de que no sabía qué decirle. Quería llamarle o escribirle o...

Me acuerdo de que le vi un día en el Dabadaba. Nos saludamos, le saqué un zurito. No quería vino.

Me acuerdo de que se despidió encima del escenario del Principal en octubre de 2019.

Me acuerdo de que estaba anunciado un bolo en diciembre de ese año en Ernest Lluch. Se suspendió.

Me acuerdo de que un amigo me dijo que estaba ya muy mal.

Me acuerdo de que otro entendió mal una convesfación y pensó que había muerto.

Me acuerdo de que lo supe el 31 de marzo de 2020, confinado como todos. Que sí, que se había muerto Rafa.

Me acuerdo de la presentación del libro Absolución en Tabakalera seis meses después, el 31 de octubre. He abierto pocas veces el libro. En cambio, he escuchado mucho su música. Necesito tiempo para leerlo. Llegará.

Me acuerdo de que visité la exposición Yo ya me entiendo el 30 de marzo de 2021. Ha finalizado ahora un ciclo organizado por unos cuantos amigos y Donostia Kultura.

Me acuerdo de Abesti baten anatomia.

Me acuerdo de El increíble legado artístico de una personalidad nihilista.

Me acuerdo de Diálogos de músicos.

Me acuerdo de la charla De "Arcadia en flor" a "Absolución": mi relación con Rafa Berrio.

Me acuerdo de que no aguantaba a nadie cantando las canciones de Rafa y que por eso no he ido a los bolos en locales varios.

Me acuerdo de Rafa in memoriam. Pedazo concierto en el Victoria Eugenia. 20 de mayo de 2021.

Me acuerdo de que el sábado le dije adiós a Rafa. Visité la exposición una vez más el último día y me sentí como cuando te despides de alguien querido en el tanatorio. 22 de mayo de 2021.

Me acuerdo de que, afortunadamente, Rafa era un artista y de que nos queda su obra.

Me acuerdo de Rafa(el) Berrio.

Gogoan dut Rafa Berrio, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/05/24 18:10:00 GMT+2
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2021/05/16 12:10:00 GMT+2

Los padres de Maria

El sábado por la mañana di un paseo que se ha convertido ya en habitual: subí a Igeldo y bajé por la pronunciada cuesta de Murgil. Dos horas.

Subí solo, pero con la compañía de un par de podcasts: Barruan gaude y Estamos dentro.

Juan G. Andrés ha comenzado ahora en el mundo profesional de los podcasts y su entrevistada esta semana ha sido la rapera vizcaína Elena Caballero, La Basu. Buena charla en castellano con un inicio problemático que afortunadamente no tuvo consecuencias fatales.

Pero para el apunte de hoy me viene mejor algo que dice Aitor Merino. Porque es el entrevistado de Oier Aranzabal. Quizá os suene por el documental Asier ETA biok. La entrevista se hizo este pasado invierno en un Madrid bloqueado por la nieve en el piso de Aitor: a cien metros de la Puerta del Sol.

Hablaron del proyecto Fantasía, un documental mano a mano con su hermana donde la idea, aún por desarrollar, es narrar un crucero con sus padres. Charlando de estas cosas de la memoria, Merino dice que tiene varias horas grabadas con su abuela poco antes de su muerte y habla de la importancia que le da a preservar la historia familiar.

Mientras escuchaba ese audio en las cuestas de Igeldo me acordaba de los padres de Maria.

El confinamiento de marzo de 2020 la pilló recién jubilada. En el verano de 2019 se murió en Gijón su Tía Encarna y aquellos días le despertaron sus recuerdos infantiles y juveniles. Porque Maria vive ahora en Cataluña.

Se ha pasado unos cuantos meses repasando la historia familiar y hace algo más de una semana me mandó una especie de libro en pdf de 135 páginas. Es un borrador que se acerca al final del camino.

En el mes de septiembre de 1951, una pareja se casó en Oviedo. Habría más de una boda entonces, pero pocas como esta: Pepe nació en 1882 en una buena familia ovetense (es una forma de hablar) y estaba a punto de cumplir 69 años; Rosa nació en Melilla en 1924 y le quedaba poco para soplar 27 velas todas juntas. Es decir, se llevaban 42 años de diferencia.

En 1953 nació la primera hija. Le pusieron el nombre de la madre.

En septiembre de 1954, la segunda: le pusieron María José, pero todos la conocemos como Maria. Sin tilde.

Las cosas cambiaron para Maria cuando a los 15 años murió su padre, en 1969.

Hasta entonces llevaban una plácida vida de familia burguesa de la época. Y es lo que cuenta al principio del libro: cómo era aquella vida.

Luego, las cosas se torcieron algo y fue la madre la encargada de sacar las castañas del fuego. Se trasladaron a Gijón, abrió un par de tiendas y, finalmente, retomó su carrera como maestra.

La familia paterna había estado en Cuba y María se centra en qué pasaba aquellos años previos a la independencia de España.

Ahí estaba más de un antepasado suyo. Por ejemplo, Pepa Cardet. Conocida como La Pepa Cardet, mantenía posturas favorables a España mientras que varios de sus descendientes defendían la independencia cubana. Por ejemplo, en la Guerra de los Diez Años que comenzó en el oriente allá por 1868.

Abro paréntesis. Debe de contar la historia de Pepa el historiador José Miguel Abreu Cardet en su libro La furia de los nietos: guerra y familia en Cuba. Cierro paréntesis.

La madre de Maria, Rosa, era de familia militar. Eran republicanos y el padre fue ejecutado en Melilla durante los primeros días del Alzamiento de 1936. Previamente, estuvo en las guerras del Rif y es lo que Maria repasa en el siguiente tramo del libro.

Hay una frase redonda que no he encontrado en su literalidad, a pesar de buscarla, pero cuya autora es María Rosa de Madariaga: si Abd el Krim hubiera ganado aquel conflicto, Franco no habría vencido en la Guerra Civil.

La abuela de Maria se quedó con ocho hijos. En condiciones bastante difíciles, consiguió sacar adelante la prole.

Rosa acabó Magisterio y se hizo maestra. Por ello se desplazó a Asturias: a trabajar. Allí conoció a su marido, tal y como queda dicho previamente.

Antes de todo eso, y para acabar estas líneas con una anécdota que dibuje una sonrisa en vuestra cara enmascarada, os contaré que tuvo sus devaneos con un futbolista que luego fue muy famoso por su trayectoria en el Barcelona. Se conocieron y el buen hombre le escribió una carta, porque ambos vivían en ciudades diferentes. Fue la primera y la última.

Cuando Rosa leyó aquellas líneas, rompió la carta y se despidió para siempre de Antoni. No aguantaba que un texto así estuviera lleno de faltas de ortografía.

Antes de hacer chis pun, os voy a comentar que en el último podcast del periodista Ricardo Aldarondo (Discos Mon Oncle) aparece una canción titulada Barcelona. Es tan extensa la oferta de podcasts que yo sólo ando en dos o tres charcos, pero es una delicia el saber enciclopédico de Aldarondo.

Nuevos Horizontes & José y Manuel, Barcelona.

Mariaren gurasoak, apunte hau euskaraz.

Chis pun.

Escrito por: iturri.2021/05/16 12:10:00 GMT+2
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2021/05/09 18:35:00 GMT+2

Beber en la calle en San Sebastián

Hace unas semanas salió el tema mientras charlaba con un amigo: ¿Se puede beber alcohol en la calle en San Sebastián? Sí, sabemos que se puede beber en las terrazas de los bares. ¿Y fuera de esos espacios? Pues sí, cumpliendo determinadas condiciones se puede beber en la vía pública en esta ciudad.

Estábamos en pleno estado de alarma paseando un fin de semana cualquiera. Los días previos la Guardia Municipal donostiarra se había ocupado de decir que estaba prohibido beber en la vía pública. Creo que los bares estaban cerrados por aquel entonces.

Mi colega me dijo que le echara un ojo a la Ordenanza reguladora del civismo en San Sebastián. Dice así en su artículo 15.4:

 Queda prohibido el consumo de bebidas en grupo, cuando ello genere molestias e imposibilite el disfrute de los espacios públicos por parte de otros usuarios.

La Policía Municipal dice en este enlace: «respecto al consumo de alcohol/drogas de menores, se estará a lo establecido en la Ley 18/1998, de 25 de junio, sobre Prevención, Asistencia e Inserción en materia de Drogodependencias».

No conviene olvidar tampoco la Ley 1/2016, de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias.

Esta ley dice en el primer punto del artículo 33: Se prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas por personas menores de 18 años.

En el punto 2 establece que determinadas personas en determinadas situaciones no pueden consumir alcohol (por ejemplo, cuando conduces o vas a conducir un coche).

Vayamos ahora a la Ley 4/2015, de 30 de marzo, de protección de la Seguridad Ciudadana, impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy.

La ley tipifica las infracciones en muy graves, graves y leves.

Dice el artículo 37.17 que es infracción leve: "El consumo de bebidas alcohólicas en lugares, vías, establecimientos o transportes públicos cuando perturbe gravemente la tranquilidad ciudadana".

Ayer por la mañana leí esto en el DV: El lehendakari avisa de que actuarán contra los botellones: «Está prohibido beber alcohol en la calle».

Señala el periodista en la noticia: «El lehendakari aseguró que se van a tomar las medidas habituales a la hora de tratar de evitar los botellones. Al fin y al cabo, consumir alcohol en la calle es algo que ya estaba prohibido antes de la pandemia».

Me he leído, aunque muy por encima, el Decreto 23/2021 publicado en el Boletín Oficial del País Vasco.

Dice el artículo 1.2: «Mientras dure la emergencia sanitaria, con carácter general se establece una distancia mínima interpersonal de 1,5 metros en los lugares públicos, con especial atención a los recintos cerrados».

El artículo 1.3 dispone sobre el uso de las máscaras y el 1.4 especifica quienes no están obligados a usarlas.

Este es el título del artículo 2.14: Parques y zonas deportivas de uso público al aire libre o de esparcimiento. Se habla de aforos y demás.

Hay una Disposición Adicional que comienza así «de cara al período estival de 2021, se determinan las siguientes medidas específicas» y dice en el punto 5:

«Fiestas y celebraciones no programadas: se reitera la prohibición de consumo de alcohol tanto en la vía pública como en recintos exteriores o en reuniones tipo «botellones» o «no fiestas».

¿Se reitera? ¿En el período estival?

Hoy, domingo, he visto en la web de la Ertzaintza un documento que lleva por título Criterios de aplicación de la Ertzaintza y las policías locales sobre la alarma sanitaria (enlace a documento pdf aquí).

En el apartado Interpretaciones y criterios de aplicación, se hace esta pregunta en el punto número 5: ¿Se puede consumir alcohol en la vía pública?

Respuesta: No. Se mantiene la prohibición del consumo de alcohol, tanto en la vía pública, como en recintos exteriores o en reuniones tipo "botellones" o "no fiestas". .

Me gustaría saber de dónde se sacaresa interpretación, porque este documento que está en la web euskadi.eus dice sobre la referida Ley 1/2016:

Beber alcohol en vía pública

El texto de la ley prohíbe la venta o suministro de bebidas alcohólicas en la vía pública, salvo en terrazas, veladores o actividades y eventos que cuenten con autorización municipal. Es decir, se respeta el ámbito de autonomía municipal.

No se prohíbe el consumo en vía pública, aunque cada ayuntamiento puede regular esta cuestión a través de la correspondiente ordenanza. De hecho, hoy día, hay ordenanzas municipales que prohíben expresamente consumir alcohol en la vida pública.

En resumen, mi interpretación es que en San Sebastián las personas mayores de edad sí pueden consumir alcohol en el espacio público cuando ello no genere molestias ni imposibilite el disfrute de los espacios públicos a otras personas. Si estas solo y respetando los 1,5 metros de rigor, sin lugar a dudas.

Por tanto, no son ciertas frases categóricas del estilo "está prohibido beber alcohol en la calle".

Y si mi interpretación no es correcta, que me diga alguien, por favor, sobre la base de qué ley, decreto u ordenanza no lo es.

Kale edana Donostian, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/05/09 18:35:00 GMT+2
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2021/05/02 12:00:00 GMT+2

Doce

A veces digo en bromas que las vascas y los vascos contamos por docenas, no por decenas. Bueno, pues el pasado 28 de abril se cumplieron doce años ya de la muerte de Javier.

El 28 de abril de 2009, cuando Ortiz falleció por parada cardiorrespiratoria, Ibarretxe vivía sus últimos días como lehendakari, porque a los pocos día tomó el relevo Patxi López. A finales de 2012, fue Urkullu quien se asentó en Ajuria-Enea. Y ahí sigue.

Este día 4, en dos días, hay elecciones para la presidencia de la Comunidad de Madrid. Entonces estaba Aguirre al mando y luego vinieron González, Cifuentes, Garrido, Rollán y Ayuso. Algunos fueron meros interinos en el cargo.

Camps era el presidente de la Generalitat valenciana. Vino luego Fabra y ahora está Puig.

En La Moncloa Zapatero. Esperaba al quite Rajoy y Sánchez asumió luego la vara de mando.

Obama había sido nombrado presidente de los EE.UU. Tras él vino el tsunami (hace unos años diríamos vendaval, tormenta o algo parecido) Trump a comienzos de 2017 y ahora vuelva a estar un representante del Partido Demócrata, Biden, en la Casa Blanca.

Podría seguir mirando quién estaba dónde en la política, pero lo dejo aquí repasando los lugares por donde pastaba Ortiz y el trono de Occidente.

Y hablando de pastos.

El fútbol también se juega en el verde y Ortiz era realsocialista. La Real masculina estaba en Segunda División española, a punto de que se cumpliera el primer centenario de la entidad. Aperribai había sido elegido presidente unos meses antes y el equipo estaba a punto de subir a Primera (a primeras, como diría la Zaloña). Lillo, Lasarte, Montanier, Arrasate, Santana (interino), Moyes, Eusebio, Imanol, Garitano (Asier) y nuevamente Imanol. Hace un mes ha ganado la Copa del Rey.

El equipo femenino ya estaba en Primera. Su entrenador por aquel entonces era Garmendia y luego vinieron Etxabe, Gazpio, San Miguel, Arregi, Arconada y Arroyo.

Abro paréntesis. Publicidad. Acaba de editarse Gogoan dut de Aritz Galarraga. Gogoan dut en euskera significa Recuerdo. Cierro paréntesis y el apartado publicitario.

Recuerdo que la Real ganó la Copa de la Reina el 11 de mayo de 2019 (han levantado la Copa de Euskal Herria en tres ocasiones estos doce años). 2-1 frente al Atlético Madrid con goles de Nahikari Garcia y Kiana Palacios. Abro nuevamente el apartado publicitario. Lo recuerdo porque la víspera habíamos presentado en Donostia la antología de columnas de Ortiz y ese mismo día habíamos tenido una jornada sobre (y contra) la tortura en el Centro Cultural Egia. Cierro otra vez el apartado publicitario. Por eso sé muy bien dónde estaba.

Recuerdo que vi el gol de Nahikari en un bar de Egia y me fijé en la actitud de la portera Quiñones, de Hondarribia. Le dije a alguien, seguramente lo barrunté y no salió de mí, que esa portera no encajaría otro gol más ese día, porque tenía a su familia, amigas, amigos y su pueblo dentro de la portería. Así sucedió, pero no pasa siempre.

Me/nos ha venido mucho a la cabeza qué escribiría Ortiz en estos tiempos tan calamitosos.

No lo sabemos y, lamentablemente, no lo sabremos jamás.

Me conformo con no olvidar sus textos, no olvidar su figura.

Besos para quienes se lo merecen. Sí, queda un poco así, pero daros por besados.

Más publicidad. Llévame a casa, de Jesús Carrasco. Duele y reconforta.

Hamabi, lerro hauek euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/05/02 12:00:00 GMT+2
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2021/04/26 08:00:00 GMT+2

Efemérides

Cuatro letras escritas el domingo por la tarde. Porque el calendario te trae buenos y malos recuerdos.

Este fin de semana hemos comido por vez primera en el balcón. Parece que la primavera está más adelantada de lo habitual, aunque ahora anuncian lluvia para varios días.

Hace tres semanas el primer equipo masculino de la Real ganó la copa. Quince días después lo hizo el Barcelona.

Escribo estas líneas en el cuaderno y comienza a ladrar el perro del cuarto piso de enfrente. Lo hace con un tono grave. ¿No le ha gustado? Entre los barrotes del balcón me enseña su morro.

Tengo la sensacion de que más que unos días han pasado semanas o meses. Va todo tan deprisa que el órdago lanzado por la cuadrilla de Florentino con la Superliga apenas duró 48 horas. Se han retirado a sus aposentos. Veremos por cuánto tiempo.

Unos chavales se bajan contentos de un coche. Ríen y comentan con ganas. No parece que sea domingo.

El 4 de mayo hay elecciones en Madrid. Apenas las estoy siguiendo, pero ahora todo el mundo sabe que alguien ha enviado tres sobres con cuatro balas a Iglesias, Marlaska y Gámez.

No tengo ni la menor idea de lo que pasará en esas elecciones, pero de lejos veo un tanto nerviosos a los fascistas y a sus amigotes. Tal y como dice Luis de la Cruz aquí, no todo acabará el 4 de mayo y habrá que seguir.

25 de abril de 1974, la Revolución de los Claveles mandó a la mierda a la dictadura portuguesa. Mientras tanto, Franco murió en la cama y muchos cambiaron de camisa sin demasiados remilgos. Apenas se tocaron los tuétanos del Estado.

Enfrente, cuatro jóvenes se sientan en el balcón del segundo piso.

Hoy es 26 de abril y me sirve para recordar este tuit que Ander Izagirre lanzó hace unos días.

1937, bombardeo de Gernika. 84 años.

1981, gracias al gol de Zamora, primera liga de la Real en Gijón. 40 años.

1986, explosión en Chernóbil. 35 años.

2017, la muerte de Josetxo Mayor, el cuidador de los caminos de Ulia. 4 años.

Escribí sobre él un par de veces por aquí (la etiqueta Josetxo Mayor). Me gusta especialmente la foto que le saqué con Ander Izagirre el 13 de abril de 2014, cuando le homenajearon en Ulia. Me gusta por su valor sentimental, a pesar de que se ve borroso a Ander, me gusta su gesto y la felicidad de Josetxo.

Uno de los cuatro del balcón, saca el violín y toca una pieza desde el salón, mientras los otros le miran atentamente. La noche se llena de música.

No sé cuándo exactamente, pero los próximos años se recordará una efeméride que ha tenido lugar días atrás: Sarri ha vuelto a Euskal Herria.

Cierro con unas palabras de un amigo suyo en Berria. Dice Jimu Iturralde:

Además, convinimos que para nosotros, sus amigos, se cerraba un ciclo, felizmente y de buena manera, tras acabar un periodo de 44 años. Y si es cierto lo que dicen los chinos, eso de que tras cerrar un ciclo se da inicio a otro nuevo; es decir, otra nueva oportunidad de avanzar.

Efemerideak, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/04/26 08:00:00 GMT+2
Etiquetas: josetxo_mayor elecciones ander_izagirre fascismo portugal real_sociedad madrid fútbol luis_de_la_cruz | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)