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2017/02/26 21:35:00 GMT+1

¡Una canción menos, Peter Punk!

Domingo por la mañana. Subo del Antiguo a Igeldo andando. Se para un coche delante mío y se baja una chica que me pregunta que dónde pueden desayunar por allí cerca. Son poco más de las 9:00. "Será difícil que encontréis algo abierto en pueblo (Igeldo). Si no tenéis prisa, yo bajaría tranquilamente disfrutando del paisaje hasta Orio. Allí seguro que tendréis algo abierto". Es lo que hice yo el viernes: ir a Orio.

Abesti bat gutxiago (Una canción menos)

 

Vía Twitter supe que Harkaitz Cano, Oier Aranzabal y Rafa Rueda ofrecían una charla musicada en la casa de cultura con su proyecto Abesti bat gutxiago (Una canción menos).

Aparqué el coche, vi marcar a Xabi Prieto (victoria de la Real) y para adentro. En el link superior hay una breve retransmisión tuitera en euskera.

No nos juntamos muchas personas, pero el ambiente era relajado y se estaba muy a gusto. Se notaba que el responsable del centro, Imanol Urkizu, es del oficio. Hacía que todo fluyera con sencillez.

Oier comentó que este tipo de sitios son oro puro para muchos músicos. Me acordé de que una amiga me había dicho la víspera que la vida cultural también se estaba centralizando en las capitales (es de Bergara y citó a Donostia y a Bilbao). Los pueblos quedan al margen. Sí, es cierto que hay motivos para preocuparse, pero, como he dicho anteriormente, esta plaza oriotarra es acogedora.

Oier y compañía han adelantado esta misma semana que estos días van a grabar un EP con varias canciones de Pete Seeger en los Estudios Garate de Andoain. Si quieres descargarte digitalmente el EP Pete Seeger gogoan, haz click en la web y pon tu correo electrónico.

Además, por encargo de Loraldia festibala, harán un bolo único con catorce temas el 26 de marzo en el Teatro Arriaga: Eutsiko diogu, Pete! The Seeger Basque Sessions.

Grabé con el móvil la primera canción que tocaron en Orio: "Nork mindu hau".

Peter Punk

Sábado por la mañana. Revisando tuits de la víspera me topo con este de Goizalde Landabaso.

 

El tuit conduce a un audio de "Peter Punk", poema de Leopoldo María Panero interpretado por Ruper Ordorika.

El archivo sonoro está sacado de este vídeo y aquí podéis escuchar la explicación de Ordorika (espero que os lleve a este punto: 1h 28 min 10 seg; porque los vídeos incrustados no respetan esa indicación).

He escuchado esta canción dos veces en directo:

1.- El 2 de noviembre de 2000 por vez primera.

2.- El 7 de noviembre de 2011 por segunda.

Ruper cuenta que esta canción sólo la toca en sus conciertos madrileños y que la usa como cierre de los mismos.

No tengo muchos poemarios en casa, pero casualmente sí uno de Leopoldo María Panero: "Contra España y otros poemas no de amor" lo compré en 1995 en la librería Lagun. Y el poema reza así:

Peter Punk

Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa

en el cielo están buscando el secreto de la nada

todos los Niños Extraviados

Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa

Garfio busca en vano el secreto de su mano

y Campanilla llora al pie del Árbol Extraviado

adónde las sirenas y adónde los enanos

Peter Punk intenta en vano su amor explicar,

en una playa desierta Campanilla lo dejó.

 

Abesti bat gutxiago, Peter Punk! (apunte hau euskaraz)

Escrito por: iturri.2017/02/26 21:35:00 GMT+1
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2017/02/19 08:10:00 GMT+1

Juan Carlos Infante y su desigual batalla contra Kutxabank

No recuerdo muy bien cuándo leí esta entrevista de Mikel Garcia Idiakez a Juan Carlos Infante ("Bost urtez ur eta argi gabe eduki nau eta atea blindatu dit Kutxabankek, etxetik botatzea lortu duen arte"), pero desde ese día no logro quitarme su historia de la cabeza. He pensado que lo mejor que podía hacer era compartir la historia en este blog. Un abrazo y mucho ánimo para Juan Carlos.

Juan Carlos Infante by Argia

Juan Carlos Infante: "Kutxabank me ha tenido cinco años sin luz ni agua y me ha blindado la puerta hasta conseguir echarme de casa"

A pesar de que Kutxabank le echó de su casa, el irunés Juan Carlos Infante ha continuado viviendo en ella. Es el banco el propietario, pero la justicia ha dispuesto que Infante puede continuar viviendo en su piso y ha instado a Kutxabank a negociar. Sin embargo, Infante nos ha contado que el banco no quiere negociar, que por orden de Kutxabank ha estado cinco años sin luz ni agua y que le han cambiado la cerradura hasta cinco veces. Este pasado mes de enero le blindaron la puerta y, finalmente, ha dado su brazo a torcer: no puede más y su único objetivo es no pagar nada más por el piso, porque, con el añadido de intereses abusivos, Kutxabank le demanda 160.000 euros.

El 3 de enero le pusieron una puerta blindada para que no pudiera entrar en casa y, desde entonces, Infante se pasó un mes con la misma ropa y con 20 euros en el bolsillo, porque tenía el resto de sus pertenencias dentro. Previamente, el banco le denunció por la vía penal; el irunés podría haber acabado en la cárcel. "Son unos mafiosos”, añade. Pero contemos su calvario desde el principio para entenderlo mejor.

Juan Carlos tiene 41 años y, cuando tenía 19 o 20, se compró un piso pequeño y viejo; ha vivido allí más de veinte años. Se quedó sin empleo y, mientras cobraba la prestación y el posterior subsidio, continuó pagando la hipoteca, pero cuando se acabaron ambas intentó llegar a un acuerdo con la Kutxa de entonces; “la respuesta fue que, una vez comenzado el proceso de impago, no cabía su interrupción" y hacia el año 2010 el banco consiguió la propiedad de la vivienda y lo desahució."Me dijeron: 'Como favor, te daremos media hora para que puedas retirar todas las cosas’ y, como me negué, me dieron a firmar una hoja en la que ponía que dejaba allí todo voluntariamente”. En vez de eso, al día siguiente, Infante ocupó su casa y se puso en contacto con Stop Desahucios e intentaron negociar un alquiler social, “pero nada”. Su caso tuvo mucha repercusión en los medios y cree que Kutxabank fue a por él: “Como consecuencia del ruido mediático, me dijeron de manera agresiva que despedirían a varios trabajadores de la sucursal de Irun y que era por mi culpa; me han tratado como un delincuente. Les hizo mucho daño el eco en los medios y tienen sed de venganza. Quisieron llevar mi caso por la vía penal para que acabara en la cárcel, pero el juez paralizó el proceso”. El juez le dio la opción de seguir en su casa e instó al banco a negociar. Pero es el banco quien tiene la propiedad de la vivienda y eso ha creado situaciones límite.

“No nos han respondido nunca, no quieren un acuerdo”

“No nos hemos sentado nunca a negociar –dice Infante–. El abogado de Stop Desahucios y yo les hemos enviado cartas, les hemos propuesto un alquiler social y no nos han respondido nunca; no quieren un acuerdo”. Ahora, además, ni siquiera él quiere seguir en la casa: “Psicológicamente ya no puedo más. No puedo ni quiero volver a esa casa. He pasado cinco años sin luz ni agua por orden de Kutxabank y las condiciones son insoportables”. Cuando fue a hacer el pago a Iberdrola , le dijeron que Kutxabank había ordenado que no se le suministrara energía. Durante un tiempo estuvo trabajando en una gasolinera y el banco le retiraba un porcentaje de la nómina. Tras cambiarle la cerradura en cinco ocasiones, le pusieron una puerta blindada y consiguieron su objetivo: Infante no ha vuelto al piso desde entonces y está en una pensión pagada por los servicios sociales. “Para poner una puerta blindada, hace falta mucho tiempo y justo lo hicieron cuando me pasé un día entero fuera de casa. ¿Mucha casualidad, no? ¿No me habrían espiado?”

“Te quitan la posibilidad de tener un futuro”

“Es duro perder tu casa tantos años después, pero mi objetivo actual es finiquitar la deuda con la dación en pago”. Mensualmente se le han ido acumulando a la deuda intereses de demora de un 30% y, ahora mismo, el banco le solicita más de 160.000 euros, “cuando casi tenía pagada la casa. ¡Imagínate! ¡Si llevo pagando la casa desde que tenía 20 años! Me piden el doble de su valor teniendo en cuenta la tasación. Es totalmente abusivo. Además, es terrible estar todos los meses metido en este círculo vicioso. Te afecta a la hora de buscar trabajo y te impide avanzar. Te quitan la posibilidad de tener un futuro. Es como estar encadenado”.

Infante ha acudido al Ayuntamiento y el alcalde de Irun se ha mostrado dispuesto a mediar en el asunto y hablar con el banco para que, a cambio del piso, no le pidan más dinero. Juan Carlos cree que va a ser un proceso largo y su prioridad actual es la búsqueda de un piso pequeño en alquiler (dos días después de hablar con él, consiguió las llaves del piso). Puede utilizar para ello la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), con la ayuda de los servicios sociales para la entrada. Dice que todo es muy lento, con mucha burocracia por medio.

“Desde el momento en que te dicen que te van a desahuciar, me parece un error que la Administración no tenga ningún protocolo ni ningún mecanismo en marcha. En la pensión, hay una familia de cinco personas y una madre sola con su hija impedida, todos ellos desahuciados. Y el Ayuntamiento tiene pisos de emergencia vacíos. No lo entiendo”.

“Al final cometeré alguna locura”

Después de escuchar este embrollo, hemos hecho una pregunta ingenua: ¿Al banco no le resulta más sencillo negociar en vez de llegar a esta situación? “Sí, pero no quieren crear precedentes: no quieren que los demás piensen que pueden hacer lo mismo. A veces los bancos llegan a acuerdos para que dejen la casa lo más pronto posible y no se haga público porque, de lo contrario, cualquiera puede pedir la repetición de la jugada: tienen miedo de eso. Y es que a día de hoy se siguen practicando muchos desahucios, incluso de personas que están en alquiler”.

Nada más tomarse el café que compartió con nosotros, Juan Carlos Infante se dirigió al Ayuntamiento. Tiene que hacer frente a un montón de cosas, a muchos dolores de cabeza, y ve su futuro muy negro. “Estoy al límite, muy tocado psicológicamente. Llevo mucho tiempo sin dormir y al final cometeré alguna locura: explotaré”.

Esta tierra es nuestra, Fundación Robo hace una versión de This Land is Your Land de Woodie Guthrie.

Escrito por: iturri.2017/02/19 08:10:00 GMT+1
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2017/02/12 19:30:00 GMT+1

Dime qué se siente cuando se apagan las luces

Este viernes me encontré con María Antonia Plaza (una de las taquilleras del Teatro Victoria Eugenia). Ayer sábado, 11 de febrero, fue su último día de trabajo, porque se jubila tras 25 años en los teatros Principal y Victoria Eugenia (tal y como se lo contó hace unos días a Mitxel Ezquiaga: El contacto con el público me hizo feliz). Al enterarse, han sido muchos las y los donostiarras que se han acercado a darle las gracias a una sorprendida, emocionada y avergonzada María Antonia.

Unas semanas antes se retiró Frantxis López de Landatxe. Y lo hizo tras más de 30 años en el Departamento de Cultura de la Diputación guipuzcoana, muchos de ellos al frente de Koldo Mitxelena Kulturunea. Le entrevistó Teresa Flaño: "En la cultura somos muy conservadores, más de dogma que de razón y crítica" (dos jpg que en total pesar 10 MB).

Ayer también dijó adiós Garoa Kultur Lab. Una noticia triste y más teniendo en cuenta que era unos de mis sitios preferidos de la ciudad: "No abrimos la librería por motivos económicos y no la cerraremos por motivos económicos. Hemos tomado una decisión difícil, una decisión personal, una decisión íntima. Ha sido una decisión dura, pero firme".

Poco se puede decir ante semejantes razones: únicamente agradecer su trabajo (Imanol, Eneko, Oier, Ines, Aritz, Patri, Kepa, Lander y Sara) y apuntar que este año puede haber 200 actividades culturales menos en el barrio de Gros.

He releído lo escrito en este blog en julio de 2014 y la verdad es que da que pensar..

Semanas antes de su apertura, Oier Aranzabal entrevistó a Imanol(txo) Agirre: Liburu-dendak kultur epizentro dira, ala bestela ez dira. Traigo aquí este vídeo:

Y destaco esta frase: "Yo creo que la base de la innovación es ese paso atrás: muchas veces para ir hacia adelante, debes pararte un poco, dar dos pasos para atrás y ahí empieza todo".

También quiero resaltar otra idea que Imanol ha repetido estos días. Dice estar agradecido por la repercusión que ha tenido el cierre de la librería (muchos negocios cierran la puerta cada día y no son noticia), pero entiende que hay mucha gente (joven y no tan joven) haciendo cosas (o intentando hacerlas) y que es ahí donde hay que poner el foco.

Tirando de ese hilo, cuatro cosas:

1.- Ya acabó Donostia 2016. Punto. Pantalla superada. Tenemos que mirar hacia adelante y no podemos estar continuamente poniendo sobre la mesa las deficiencias de ese proyecto.

Eso sí, no ayudan mucho esos recordatorios horrorosos que han puesto delante de los locales donde ha habido actividades de la capitalidad. En el caso de Garoa será una especie de lápida (si haces click encima de la foto, tienes la oportunidad de ver cinco fotos más de ayer).

Gero arte, Garoa

2.- Las instituciones: en San Sebastián el peso de la cultura institucional es muy grande, pero muchos trabajadoras y trabajadores que no son funcionarios (incluidos creadores, artistas y activistas varios) viven en situación precaria.

Fuera de ese paraguas institucional, aprecio, por ejemplo, lo que hacen Le Bukowski, Dabadaba, Doka, Guardetxea... (como también apreciaba lo que hacía Kortxoenea).

Ahora bien, ya estoy mayor y me da por pensar mal: parece que durante el 2016 ha habido algunos expedientes en el Ayuntamiento que han estado parados y que se han reactivado, con consecuencias negativas, este 2017. Todo será legal, pero mírese el espíritu y no tanto la letra de la ley.

3.- Estos últimos años el turismo ha crecido vorazmente en nuestra ciudad. ¿Hasta cuándo? Me gustaría ver datos de verdad, información, y no esos datos triunfalistas de ocupación que se sueltan cada vez que hay que valorar el número de visitantes.

Tal y como están las cosas, seguramente habrá que sacrificar algunos espacios para los turistas y nosotros, los ciudadanos, portarnos como tales en esos ámbitos. Algo beneficioso: se ha revitalizado la vida en los barrios.

4.- Habrá que organizarse: nos gusta pagar pocos impuestos y que la Administración lo solucione todo, pero eso es imposible. Siempre hay grupos organizados y si nosotros (ciudadanos, trabajadores... rellena tú mismo el colectivo) no nos organizamos, lo tenemos claro.

No quedará entonces más remedio que llorar como donostiarras lo que no supimos defender como ciudadanos, pero tal y como dice el músico Joseba Irazoki "No podemos estar llorando todo el rato".

P.S.: tocará ir más a Zarautz.

Esaidazu zer sentitzen den argiak itzaltzen direnean, apunte hau euskaraz.

Actualización: 13 de febrero. 8:10. Esta pequeña pieza de Juan González Andrés.

Escrito por: iturri.2017/02/12 19:30:00 GMT+1
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2017/02/05 17:10:00 GMT+1

Muguruza y Madina tendiendo puentes

Fermin Muguruza eta Eduardo Madina

He tenido una mañana movidita y hasta bien avanzada la misma no me he centrado demasiado con los periódicos y las redes sociales. En una de estas, me he encontrado con un tuit de Fermin Muguruza citando una entrevista que le había hecho Eduardo Madina.

He leído luego que la entrevista es larga (20 páginas) y que se había publicado en el número de febrero de la revista Jot Down. Esta revista se vende conjuntamente con el diario El País (3 euros más el precio del periódico del día: hoy domingo 5,80 en total). He bajado a la calle, me he dirigido al kiosko más cercano, lo he comprado y he empezado a leerla.

La mayoría de lo leído no me ha resultado novedoso, pero aún y todo hay momentos en los que me he emocionado.

La entrevista está dirigida a público español (así lo entiendo yo: no es nada peyorativo) y hace un repaso a la carrera de Fermin desde Kortatu hasta nuestros días pasando por Negu Gorriak, su carrera en solitario, etc. Se citan cuestiones locales e internacionales (ETA, GAL, el affaire Galindo-NG, Cataluña, México, etc).

Se me había olvidado que ambos se conocieron personalmente gracias a la película de Julio Medem "La pelota vasca, la piel contra la piedra".

Dentro de este contexto, me ha gustado mucho leer en Twitter a algunas personas que habían descubierto hoy la palabra zubigile (en euskera, quien tiende puentes) y lo bonita que les parecía.

Es de agradecer el esfuerzo de ambos por entenderse, porque el encuentro, a priori, cumple todas las condiciones para que les den de ostias los más intransigentes de una y otra acera.

Ahora bien, tengo una propuesta para ambos: hay que jugar el partido de vuelta. Es decir, Fermin ha de entrevistar a Madina y estaría bien que el resultado se publicara en un medio de comunicación del País Vasco.

http://www.jotdown.es/2017/03/plaza-roja-irun-una-conversacion-fermin-muguruza/

Nota del 20 de marzo: Jotdown ya ha colgado la entrevista en su web (Plaza Roja de Irun: una conversación con Fermin Muguruza).

Muguruza eta Madina, zubigileak (apunte hau euskaraz).

 

Escrito por: iturri.2017/02/05 17:10:00 GMT+1
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2017/01/08 09:00:00 GMT+1

Josetxo Zaldua «Los independentistas hemos de aprender a hacer política»

No sabía (o al menos no lo recordaba) que el editor jefe del diario mexicano La Jornada era un navarro llamado Josetxo Zaldua. La víspera del triunfo de Trump, el primer domingo de noviembre, Berria publicó una entrevista hecha por Igor Susaeta: «Independentistok politika egiten ikasi beharra daukagu». Susaeta es un periodista en excedencia que lleva varios meses en Ciudad de México y que va contando cómo le va en un blog en euskera: Mexiko Hiritik (Desde la Ciudad de México).

El punto de vista de Zaldua es interesante porque lleva en Latinoamérica desde comienzos de los 80. Habla de México, de La Jornada y del periodismo en general, de la izquierda, de su paso por ETA y de cómo ve las cosas en Euskal Herria y, finalmente, de la situación en los países de Sudamérica (Brasil, Venezuela, Bolivia, Ecuador).

Josetxo Zaldua «Los independentistas hemos de aprender a hacer política»

Josetxo Zaldua (Elizondo, 1951) es muy futbolero. Siempre que tiene necesidad de ello, escribe una columna sobre fútbol en La Jornada y en la televisión de su despacho siempre hay algún partido que ver. Zaldua era un fino centrocampista de la cantera de Osasuna, pero se destrozó la rodilla con 18 años. Ese fue el primer golpe que recibió; el segundo vino unos diez años después, cuando tuvo que exiliarse al ser acusado de ser miembro de ETA. «La mía es la historia de varios cientos de personas más, la de quienes antes y después de mí tuvieron que tirar por esa vía. Mis labores en la organización no tenían ninguna importancia...»

Llegó a México a comienzos de los 80, y fue entonces cuando comenzó a «reconstruir» su vida. Pronto encontró trabajo en el periódico Unomasuno y, junto con otros compañeros y compañeras, creó La Jornada en 1984. Fue corresponsal en Centroamérica entre 1983 y 1990; de toda Latinoamérica entre 1990 y 1995. Desde 1996 es editor jefe del periódico.

Está muy agradecido a la vida, porque le parece que «ha tenido mucha suerte», y también muy agradecido a México. Aunque tuvo que pasar 25 años sin pisar Euskal Herria, cuando se muera, «y no será muy tarde», ha dejado dicho que parte de sus cenizas sean llevadas a Amaiur, Navarra. «Los restos de mis padres también están allí». Cada vez que vuelve, siente que ha necesitado de su tierra.

Fotografía: Igor Susaeta

México: periodismo y política

Igor Susaeta: La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) ha ofrecido recientemente este dato: desde el año 2000, han matado a 114 periodistas en México. ¿Hasta qué punto condiciona esto la actividad de los periodistas?

Josetxo Zaldua: Yo creo que no la condiciona. Ahora bien, conviene diferenciar dos cosas: no es lo mismo ser periodista en Ciudad de México o serlo en zonas calientes por la influencia del narco. Las compañeras y compañeros que trabajan en la periferia violenta del norte y del sur de México han de tener en cuenta los peligros que corren, pero trabajan de la misma manera. Admiro la pasión de estos compañeros. A los enviados especiales de nuestro periódico que trabajan en esas zonas les digo siempre que no queremos mártires, que son ellos mismo quienes deben valorar lo que pasa y que no tienen por qué correr riesgos, pues no merece la pena perder la vida por una noticia.

Igor Susaeta: La Jornada es un diario de referencia para la izquierda mexicana. Vuestro principal leitmotiv es dar voz a quienes no tienen sitio en el resto de medios. ¿Basta con eso para competir en el mercado?

Josetxo Zaldua: Sí. Hay un valor que cuidamos por encima de cualquier otro: la credibilidad. Es muy difícil conseguir la credibilidad, y la puedes perder en una fracción de segundo; y recuperarte de ese golpe es casi tan complicado como subir el Everest en pijama. Nosotros, por ejemplo, no publicamos fotografías que insultan el sentido más básico —el buen sentido, claro—, porque pensamos que no aportan nada informativamente hablando. Al contrario: ayudan a embrutecer la sociedad. Pero, cuidado, que también podemos equivocarnos, pero en ese sentido también somos modélicos en este pueblo. A nadie le gusta reconocer que ha metido la pata, pero nosotros sí que lo hacemos.

Igor Susaeta: «Siempre hemos tenido una difícil relación con los poderes político y económico». Es una frase tuya. ¿Habéis tenido que superar más obstáculos que el resto?

Josetxo Zaldua: Claro que sí. Los representantes de los ámbitos político y empresarial tienen miedo a la hora de hablar con nosotros; para ellos es más cómodo hablar con otros medios. Ven a un periodista de La Jornada y piensan: «¿Qué me va a preguntar?». Por decirlo de alguna manera piensan que somos el diablo, porque creen que molestamos; de todas maneras, seguro que nosotros también hemos ayudado a crear esa imagen y no me avergüenzo de ello.

Igor Susaeta: En tu opinión, en México no sólo peca de falta de credibilidad el discurso gubernamental, sino que también el de todos los políticos. ¿Piensas que la política institucional se ha rendido y que la gente está asqueada?

Josetxo Zaldua: La gente está muy cansada y eso queda claro cada vez que hay elecciones. Cuando no hay confianza en los políticos, la gente demuestra su enfado no acudiendo a votar; por eso son las democracias más débiles. La principal falla de México es que la ciudadanía no se cree ninguna palabra de sus dirigentes. Si las autoridades, sean de donde seam, dicen que algo es negro, nosotros, la gente, decimos: «Pues mira no, es blanco». Es un drama.

El exilio

Igor Susaeta: Te acusaron de ser miembro de ETA y tuviste que huir del País Vasco en 1978. ¿Es eso una carga que tienes que sobrellevar durante toda tu vida?

Josetxo Zaldua: No, nunca ha sido una carga para mí. Es agua pasada, aunque son historias dolorosas. Creo que muchas cosas se hicieron mal, pero fue la situación que nos tocó vivir a los jóvenes de entonces, cuando estás en medio de ese remolino...  Ahora, a posteriori, es muy fácil juzgarlo todo y aquí siempre se habla de buenos y de malos. Puedo aceptar que las víctimas fueron las buenas, pero para nosotros aquel era un conflicto abierto. El modo de combatirlo es discutible, claro, y no hay dudas de que generó mucho sufrimiento.

Igor Susaeta: En los 80 fueron muchos los fugados que recalaron en México. ¿Por qué?

Josetxo Zaldua: Los principales representantes de la diplomacia vasca eran Telesforo Monzon y Santi Brouard y se tomó la decisión, previa consulta con varios civiles muy respetados en nuestro mundo, de crear una comisión. Fueron estos quienes viajaron a varios países latinoamericanos para cumplir con un cometido diplomático-humanitario. Esta delegación solicitó a varios gobiernos que abrieran las puertas a un colectivo de personas que ya no tenían nada que ver con ETA. Con una condición: todos aquellos que optaran por esta vía debían olvidarse de todo.

Dos países abrieron la puerta: México y Venezuela. A comienzos de la década de los 80, llegamos a México entre 50 y 60 refugiados. Tras ese cupo, cerraron la puerta, cambió la realidad, la política, porque también fue cambiando la visión con respecto a ETA...

Igor Susaeta: El fiscal superior del País Vasco, Juan Calparsoro, dijo en alguna ocasión que habría que estudiar la situación jurídica de los refugiados. ¿Cuál es tu situación y la de gente cercana a ti?

Josetxo Zaldua: Mi situación se puede resumir muy fácilmente: la Audiencia Nacional española hizo público un documento certificando que yo, Josetxo Zaldua Lasa, no tenía ninguna causa pendiente. Fue entre 1995 y 2000. De todas maneras, antes de que esos supuestos delitos estuvieran prescritos —no me juzgaron estando yo presente—, tenía en vigor un pasaporte español expedido por la embajada de España en México. Viajaba con mi nombre, aunque no iba a España y mucho menos al País Vasco.

Euskal Herria

Igor Susaeta: Desde el punto de vista jurídico, ¿cuál es la diferencia entre los fugados vascos y los refugiados de otros conflictos?

Josetxo Zaldua: Cuando llegué a México, conocí a guerrilleros de casi toda Latinoamérica. Había aquí refugiados chilenos, uruguayos y argentinos. Era impensable que sus gobiernos enviaran a México escuadrones de la muerte para eliminarlos. Estos refugiados comenzaron a llegar siendo presidente Luis Echeverría Álvarez [1970-1976]. Es una persona con claroscuros, pero fue la persona que abrió las puertas a los refugiados sudamericanos. No tenían estatus de refugiado político, pero sí que les dio cobijo y permiso de residencia.

Igor Susaeta: ¿Qué se puede hacer con respecto a la situación de los refugiados vascos?

Josetxo Zaldua: Cada caso es diferente. Bueno, tampoco es que nosotros tengamos que aparentar que padecemos una demencia: todo cambia dependiendo de si hay o no algún delito de sangre por medio. De todas maneras, habría que lograr un acuerdo amplio que posibilitara la regularización de estos compañeros. Ellos sólo tienen una cosa en la cabeza: volver a Euskal Herria legalmente. Pero no podrán volver mientras no se les asegure que no perderán su libertad al hacerlo. España, dejando al margen la temible cerrazón del PP, debería afrontar este problema desde el punto de vista humanitario.

Igor Susaeta: Han pasado cinco años desde que ETA anunció el fin de la actividad armada. Sin embargo, parece que el proceso de paz sigue estancado. ¿Cómo se puede desbloquear esta situación?

Josetxo Zaldua: Con el gobierno de Mariano Rajoy es muy difícil. Quien no entiende que Euskal Herria es una nación sin estado, no entiende nada. A través de vías democráticas y con la convocatoria de un referéndum, Euskal Herria y Cataluña desean decidir con toda naturalidad y respeto quedarse o no en España, tal y como sucede en Quebec o Escocia, por ejemplo. Y no entiendo que el intento de impedirlo sea considerado algo democrático. Puedo entender que haya reparos, sí, pero creo que este proceso abierto producirá alguna buena noticia que alegre e ilusione más a unos que a otros. Y, para eso, es necesario hacer política. Sobre todo en Euskal Herria, porque hay mucho por hacer. Puede que no sólo erráramos demorando la lucha armada. Soy de los que pienso que nos equivocamos, pero bueno: lo hecho, hecho está, y hay que trabajar sobre ello. Nosotros, los independentistas, hemos de aprender a hacer política.

Igor Susaeta: En opinión de Brian Currin, los agentes vascos deberían conseguir un acuerdo para apretar a Madrid, pero cree que entre los «partidos independentistas» hay falta de confianza mutua para dar más pasos hacia adelante.

Josetxo Zaldua: Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice Currin. La cuestión radica en saber cómo puede trajabar el nacionalismo extremo con el nacionalismo moderado; por decirlo de alguna manera, con el elitista. ¡Y en el PNV hay mucha gente que no tiene nada de élite! Hemos de construir puentes, pero sólo conseguiremos ganarles por la vía política.

Por otro lado, me parece perjudicial que el independentismo caiga en el victimismo. Pongámonos manos a la obra y tratemos de convencer a la gente con nuestro programa.

La izquierda en Latinoamérica

Igor Susaeta: Cuando eras enviado especial, conociste varios procesos en Latinoamérica. Entre otros, viste cómo se respondió al neoliberalismo en la década de los 90 en Venezuela, Brasil, Ecuador... ¿Está en decadencia ese movimiento de izquierdas?

Josetxo Zaldua: El caso de Brasil es emblemático, porque el establishment (los partidos tradicionales y las empresas) ha mostrado que sabe cómo debilitar a los recién creados partidos progresistas, porque sabe cómo aprovecharse de sus errores. Lula [Da Silva] llegó al poder y todos nos quedamos con la boca abierta, porque no pensábamos que algo así pudiera suceder en un país como Brasil. Y, cuidado, porque no fue casualidad: el PT había hecho una gran labor social. Cuando se hizo con el poder, puso en marcha magníficas políticas para sacar del pozo a gente marginada. ¿Qué pasa? Que en Brasil los contrastes son tremendos. El establishment se sintió amenazado y los medios de comunicación pusieron en marcha una estrategia, la cual trajo consigo una cadena de errores, dejando a la vista la corrupción del partido y del gobierno de Lula, por ejemplo. Hubo un golpe de estado blando y este es el modelo que ahora mismo está de moda en Latinoamérica. Es un lugar apropiado para los golpistas, pero sucede que ahora ya no puedes sacar los tanques a la calle; ahora se hace de otra manera, sin derramamiento de sangre. Te ahogan poco a poco.

Igor Susaeta: ¿Y qué esta pasando en Venezuela?

Josetxo Zaldua: En Venezuela no hay chavismo sin [Hugo] Chaves; para lo bueno y para lo malo, es un personaje irrepetible. [Nicolás] Maduro no es eso, y el traje de Chaves le queda muy grande. Tal y como le ha sucedido al PT en Brasil, le han perseguido salvajemente desde dentro y desde fuera, pero sus políticas no ayudan demasiado.

Hay otro tipo de casos, de gente que ha hecho las cosas de otra manera: [Rafael] Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Esos países, y sus dirigentes, tienen otra tendencia. Morales viene de la montaña, por decirlo de alguna manera. No es un hombre ilustrado clásico, sino un hombre hecho a sí mismo: es inteligente, sensato, alguien que ha tenido una vida muy dura. Además, hay que tener en cuenta si esos dirigentes, sean hombres o mujeres, han sido capaces de hacer piña: es algo fundamental en cualquier orden de la vida. En el caso de Correa, sin embargo, estamos hablando de un tipo ilustrado formado en los EE.UU. No es extremista, pero sí que es nacionalista, alguien que defiende su país como buenamente puede. Es verdad que tiene conflictos con los indígenas, pero también con los medios de comunicación y con los ricos.

Igor Susaeta: Pasado mañana hay elecciones en los EE.UU. ¿Qué hay en juego? ¿Cómo puede afectar uno u otro resultado?

Josetxo Zaldua: Tanto Donald Trump como Hillary Clinton son cuervos: Clinton no tanto, pero también. Los analistas norteamericanos se han fijado en una cuestión: el botón nuclear. Porque quien se sienta en la Casa Blanca lo tiene a mano. Trump es un tipo enloquecido. Si llega al poder, y tiene muchas opciones, más allá del peligro que tiene de pulsar el botón nuclear, no creo que cambie el orden establecido; lo echarían, tal y como hicieron con John F. Kennedy, por ejemplo.

Escrito por: iturri.2017/01/08 09:00:00 GMT+1
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2016/12/29 22:00:00 GMT+1

Discurso de Ramon Saizarbitoria

A mediados de diciembre, el escritor Ramon Saizarbitoria recibió la Medalla de Oro de Gipuzkoa. Preparó un discurso de 20 minutos que publicó íntegro el portal Zuzeu: Ramon Saizarbitoria: “Ez dugu beste erremediorik originalak izatea baino”. La intervención es bilingüe, por lo que he traducido la parte que Saizarbitoria leyó en euskera. He mantenido la de castellano separada sangrando los párrafos a la derecha. Reparte varios zurriagazos aquí y allá. Imagino que cada uno se habrá quedado con los que afectan al prójimo y no se verá reflejado en los que le corresponden.

Discurso de Ramon Saizarbitoria al recibir la Medalla de Oro de Gipuzkoa

Nos denominaron la generación del 64, porque Gabriel Aresti publicó aquel año “Harri eta Herri”, y quizás también porque fue una buena añada vínicola. Entre otros estábamos Ibon Sarasola, Arantxa Urretabizkaia, los Arregi (Rikardo, Joseba...), Anjel Lertxundi, Patri Urkizu, los hermanos Lasa (Mikel y Amaia), Xabier Kintana, Mari Karmen Garmendia, Joxe Austin Arrieta, etcétera.

Además de que éramos jóvenes, nuestra principal característica es que éramos estudiantes y, muchos de nosotros, donostiarras, por lo menos quienes formábamos el núcleo de Lur. Y que deseábamos vivir como cualquier estudiante de la época, reivindicándonos como jóvenes rebeldes; con nuestras barbas, bigotes y melenas, con tabardos y Montgomerys (Ibon Sarasola, sobre todo, con Montgomerys), pero todo ello sin renunciar al euskera.

Reivindicábamos que la modernidad no es enemiga del euskera. Y quizás lo que mejor defina esa idea fue el festival que organizamos en el teatro Victoria Eugenia el 23 de enero de 1966 -este año se ha cumplido el 50 aniversario, precisamente en este 2016 tan especial-; allí reunimos a los cantautores que más tarde formaron Ez Dok Amairu; a los hermanos Zuaznabar les hicimos tocar trajeados una txalaparta que entonces estaba a punto de perderse y, como presentador del acto, me tocó soltar aquello de "Jóvenes: sed yeyés o lo que queráis, pero ante todo sed siempre euskaldunes".

El alma mater o pater de aquel acto, como de tantos otros, fue Iñaki Beobide, director de Jarrai Antzerki Taldea (grupo de teatro), y en la revista Argia dijo que le había tocado recibir anónimos que lamentaban nuestro comportamiento, porque traicionábamos el alma y las esencias vascas. Estaba claro que entonces había euskaldunes a quienes les parecía un pecado mortal cantar como Iparragirre ayudados de una guitarra.

He de reconocer que nos gustaba provocar (a mí al menos me gustaba mucho). Mi primer artículo se tituló “Ez naiz jatorra” (nota: No soy puro, auténtico, verdadero, castizo... depende del contexto). Hoy me avergüenza mucho aquella especie de manifiesto en el que me mostraba contrario a todo lo que fuera la esencia de la vasquidad, cualquier cosa que apareciera como característica de dicha identidad. Proclamé mi no-jatorrismo contra todo lo que simbolizaba la txapela. Éramos anti-folkloristas, o mejor dicho contrarios al folklorismo, contrarios a quienes se tenían como euskaldunes jatorras arrinconando el euskera pero tocando el txistu y bailando el aurresku.

Denunciábamos la postura de los acólitos de Oteiza, es decir, la de convertir nuestra identidad en mero folklore y especulación metafísica; y dimos prioridad al idioma. Euskaldun es quien habla el idioma, remachábamos orgullosamente, porque considerábamos el euskera un elemento integrador, algo que nos definía más allá de dónde habíamos nacido o de lo que pensáramos o dejáramos de pensar.

Me siento en la necesidad de ilustrar con un par de pinceladas el contexto en el que nos tocó vivir, para que los más jóvenes se hagan una idea.

En mi infancia, la vida de casa y la de la calle estaban radicalmente diferenciadas. Las de todos los niños lo estaban, pero la de los euskaldunes mucho más. Tanto es así que había compañeros de clase de quienes no supe hasta mucho después de dejar el colegio que eran euskaldunes. También recuerdo a otros que venían de los pueblos de los alrededores, a quienes les delataba el acento y les llamaban boronos.

Recuerdo una anécdota de la infancia en la que mi padre trataba de convencer a un conocido suyo de que educara a sus hijas e hijos en euskera. Me resultó extraño escuchar a mi padre valiéndose de argumentos utilitaristas como que ser bilingüe valía para aprender otros idiomas y dejando a un lado los argumentos abertzales "euskara da gurea" (el nuestro es el euskera) que usaba con nosotros, con mis hermanas y conmigo, cuando nos pasábamos al castellano.

Más tarde, cuando comenzamos a pergeñar un cómic, seguramente también empujados por Beobide, le pedía a mi madre que tratara de venderlo a las baserritarras (caseras que acudían a vender sus productos) del mercado San Martín. La pobre volvía abatida porque le decían que sus hijos sabían castellano y que no necesitaban tebeos en euskera. Es decir, que la Guardia Civil no tiene ninguna necesidad de entrar en nuestras cocinas para prohibir el euskera.

Tengo la sensación de que cuando en la calle nos cruzábamos con otro crío vascohablante le mirábamos con los ojos de quien mira a alguien que tiene la misma marca que tú. Y recuerdo, por decirlo todo, que algunas personas adultas nos saludaban con simpatía cuando nos escuchaban a mi hermana y a mí hablando en euskera en la calle; e incluso nos paraban, generalmente curas y frailes viejos, para decirnos que debíamos resistir. Y recuerdo que a nosotros nos fastidiaba, porque lo único que queríamos era ser normales.

En aquella época muchos intelectuales vascófilos se pasaban al castellano en cuanto la conversación adquiría un nivel elevado, incluso para polemizar con asuntos filológicos relacionados con el euskera. Yo los solía ver aquí al lado cuando este edificio albergaba la biblioteca provincial y José de Arteche era su bibliotecario.

Perdónenme, pero el recuerdo se me va a aquel espacio entre dos salas de lectura en el que solía estar un sombrío escribiente con bata gris que hacía uso de una escupidera de porcelana. Y aquel día en el que estaba yo consultando el fichero, José de Arteche me reconoció, me preguntó en euskera si era yo, y señalándome con dedo acusador me gritó, con voz de trueno, que tendría que pedir perdón de rodillas a Euskal Herria por lo que había escrito. Lo dijo en euskera, entre dos salas grandes repletas de gente, y me sentí morir de vergüenza, dado que pensarían que me acusaba de robar libros, puesto que muy pocos debían entenderle y muchos menos deducirían que el motivo de la bronca era que, con mis 24 años, venía de publicar una novela sobre el aborto a la que el hoy reputado grafista Alberto Corazón había puesto una Santa Bernardette en la portada.

Porque dentro de nuestras posibilidades, siguiendo la senda de Txillardegi, Aresti, Beobide -Beobide siempre-… y algunos otros más, nosotros pretendíamos expandir el euskera por todas las ramas del saber. Esa voluntad se hizo factible en la colección Hastapenak de la editorial Lur. Una colección que inauguró no por casualidad el libro póstumo de Rikardo Arregi titulado “Politikaren atarian”.

Rikardo fue una persona clave en nuestra generación: era el más maduro, el más trabajador, el mejor preparado intelectualmente de todos nosotros. Además de ser un joven atractivo, era abierto, realista, sensato y contaba con una gran visión política. Con la perspectiva que me han dado los años, me atrevería a afirmar que él era uno de los pocos que tenía sentido político. Cuando la mayoría pretendíamos asaltar los cielos, él ya había previsto que el futuro era esto que tenemos ahora y que había que prepararse para mejorarlo.

Una noche, ya de madrugada, me dijo en la plaza de Andoain: “Egunen batean gipuzkoako diputatu izango naiz gorteetan" (Algún día seré diputado por Gipuzkoa en las Cortes). A mí me resultó chocante aquel deseo suyo. No pudo cumplirlo porque la muerte se lo llevó demasiado pronto en un accidente estúpido, pero quienes lo conocimos sabemos que era capaz de eso y, si se lo hubiera propuesto, también de ser lehendakari.

Nos conocimos aquí al lado, en el Bar Lasarte de la calle Elkano, en una cita organizada por un dirigente (se entiende que del PNV). Debíamos acudir con un periódico bajo el brazo, no recuerdo cuál, y yo debía preguntarle: “andoaindarra al zara?" (¿Eres de Andoain?), y él a mí: “eta zu donostiarra al zara?" (¿Y tú eres donostiarra?)… Una medida totalmente inútil, porque al día siguiente ya éramos amigos y andábamos jugando a la pelota en el frontón de su casa.

Rikardo era un intelectual y un hombre de acción. Un hombre encorbatado como Camus, pero sin cigarro. Suya fue la idea ambiciosa que se extendió por toda Euskal Herria de hacer una campaña de alfabetización, campaña que luego dirigiría su hermana Begoña. Pasamos varios años de pueblo en pueblo hablando de cualquier tema, robando tiempo de la formación que tanto necesitábamos.

Éramos diferentes: él más serio, yo más revoltoso. Él me animó a que escribiera. Zeruko Argia también estaba cerca, en los Capuchinos, y Rikardo se encargaba, con la ayuda de José Manuel Toledo, de la colección política “Erriak eta gizonak” (Pueblos y hombres). Yo creé una nueva colección, “Gazte naiz” (Soy joven), más ligera y literaria por decirlo de alguna manera. Debía de tener 21, Rikardo 23, porque recuerdo que mataron a John Kennedy y, por tanto, era 1963. Kennedy era la cabeza del imperio, quien invadió Bahía de Cochinos. Rikardo le dedicó un artículo titulado “Gizon bat hil dute” (Han matado a un hombre). Un buen título, que me marcó para siempre, y que me da a entender cuál sería su postura ante la violencia política que hemos sufrido durante años.

Me resulta inevitable citar en este acto a Ibon Sarasola. Ibon era intransigente con la tontería, con la vulgaridad, con el afán de notoriedad, con las horteradas. Disponía de un fino olfato, era muy sagaz a la hora de descubrir eso tan especial de un texto, eso que hace que lo califiquemos como literario... para descubrir ese tono literario, quiero decir.

A Ibon le envié el manuscrito de mi primera novela, Egunero hasten delako. Quiero decir que estaba escrita a mano y que era un texto único; es decir, que me quedé sin ninguna copia. Debía de tener una gran confianza en el servicio postal o muy poca en la calidad de mi novela, y no me importaba perderla, porque un escritor famoso me dijo tras leerla que no tenía un euskera muy bueno. Pero la cuestión es que a Ibon le gustó y que me ayudó a reescribirla. Quizás sin su ayuda no habría publicado aquella novela y no habría ni segunda ni siguientes novelas; no sé si debo agradecerle el empujón.

Reconozco que durante mucho tiempo él ha sido mi lector modelo. Que mientras escribía me he parado muchas veces a preguntarme qué es lo que pensaría Ibon si lo leyera... Si torcería el gesto al leerlo.

Tampoco quisiera dejar sin citar algunas personas mayores, gente ya reconocida entonces. Porque no fueron pocos quienes nos ayudaron y apoyaron: por ejemplo, Karlos Santamaria y Koldo Mitxelena. Mitxelena pregonó que la juventud tiene la razón biológica, para expresar así que el euskera unificado no tenía marcha atrás. También tenemos que reconocer que Euskaltzaindia (la Academia de la Lengua Vasca) nos abrió sus puertas muy pronto; y que le dio a la campaña de alfabetización todo el apoyo que pudo.

La mayoría de las reuniones de Euskaltzaindia se hacían aquí, en este palacio. Aquí, en los alrededores de la plaza Gipuzkoa, se han materializado los acontecimientos más importantes que ha vivido el mundo de la cultura en euskera. Aquí nació la prensa vasca, aquí se oyó por vez primera euskera en un teatro y, por eso, quiero resaltar la relación entre Donostia y el euskera.

Asimismo, quiero homenajear a una generación donostiarra que me precedió un siglo antes, una generación que no ha recibido el reconocimiento exterior, formada por escritores de ideas y profesiones liberales. Antonio Arzak, Indalezio Bizkarrondo, Marcelino Soroa, Bitoriano Iraola, Serafín Baroja

Es sabido que el hijo de Serafín, Don Pío, no amaba demasiado San Sebastián, quizás por llevarle la contraria a la figura de su padre; porque el amor que Serafín profesaba por Donostia era inmenso. Y, por decirlo todo, porque seguramente el hijo no le perdonaba que un ingeniero de minas perdiera el tiempo y las ganas escribiendo óperas en euskera en vez de enriquecerse. Pío Baroja dejó dicho de su padre y de sus amigos, con bastante desprecio creo yo, que ellos escribían sobre lo externo para los lugareños, mientras que él escribía sobre lo local para que fuera conocido fuera.

Teníamos el mismo objetivo que Don Pío achacaba a su padre. No podía ser de otra manera, porque escribíamos en euskera sin la menor intención de ser traducidos y conviene tener en cuenta que, al igual que Txillardegi, yo mismo había ambientado una novela en el extranjero.

Pero las cosas han cambiado, ya que hoy en día son varios los escritores vascos leídos más allá de nuestras fronteras, aunque la intención del poeta Etxepare y del instituto homónimo, euskara jalgi hadi mundura, se haga las más de las veces en castellano; ya que las obras en euskera cada vez se traducen más y antes a ese otro idioma nuestro. Son muchas las consecuencias que esta nueva manera de proceder puede acarrear a la evolución de nuestra literatura, y aunque la mayoría sean positivas, tampoco conviene obviar que el hecho de que nuestras obras compitan con sus traducciones en las librerías de Euskal Herria tiene también sus riesgos.

Hemos crecido a gran velocidad y crecer nos obliga a enfrentarnos a nuevos desafíos. Resulta evidente que había que andar el camino y debemos felicitarnos por los indicadores que, como la tasa de hablantes, difícilmente pueden ser más positivos. Pero tampoco debemos incurrir en un optimismo imprudente, el optimismo de aquel que cae de lo alto de un rascacielos y, al pasar por el piso 17, cuando le preguntan ¿qué tal?, dice: de momento voy bien.

Tengo la sensación de que nos encontramos a medio camino hacia alguna parte, con el culo entre dos sillas, si se me permite la expresión; entre el desarrollo y el subdesarrollo, por decirlo así. Y como es sabido, los especialistas en desarrollo advierten que en muchos aspectos la fase intermedia puede ser la más peliaguda, puesto que no es raro que concurran en ella factores negativos de los otros dos estadios. Lo que pretendo señalar es la necesidad de evitar caer en la autocomplacencia, de ser autocríticos y ponerse a considerar si no sería útil tratar de recuperar algunas actitudes y prácticas del pasado. Añoranzas de aquellos tiempos, nostalgia de viejo, es posible.

No me hagáis demasiado caso, porque probablemente se haya apoderado de mí la melancolía del viejo. Si tuviera que crear hoy una nueva colección, la titularía “Zaharra naiz” (Soy viejo), pero seguiría pregonando que sigo sin ser jatorra.

Y diría que el mundo va como va, que no podremos jamás superar la incertidumbre, que siempre seremos especiales. Y que la mejora no vendrá de copiar miméticamente lo que hacen los grandes, que el inglés o el castellano, ni siquiera el catalán, nos sirven de modelo, y que no nos queda otro remedio que ser originales.

Echaría mano del compromiso de cuando éramos más pequeños y más pobres, del entusiasmo de cuando no teníamos apoyo institucional; echo en falta aquel tiempo en el que la gente acudía a los euskaltegis (academias para el aprendizaje del euskera) por amor, por solidaridad y porque era divertido; cuando los padres y las madres optaban por las ikastolas porque en ellas se desarrollaban los proyectos más avanzados o porque el profesorado era el más comprometido. Extraño la época en que los límites entre la cultura y la subcultura, la literatura y la subliteratura era mucho más definidos.

Me apena la creciente antropologización del término cultura. Que cualquier cosa, correr con un eslogan en la camiseta, tirar de una cuerda de un lado a otro de un puente, abrir un grupo de paraguas ¡de colores! en una playa, cocinar bacalao al pil-pil en una plaza, se considere cultura.

Me da rabia la reducción de lo cultural al entretenimiento, que las inversiones en cultura se tengan que justificar como medio para traer turistas que compren camisetas Basque Country y coman banderillas. Me da pena que muchos jóvenes abandonen la escuela sin saber leer, sin saber música y que se intente obviar que disfrutar de lo mejor requiere entrenamiento.

Me saca de mis casillas la vanidad de la juventud que para significarse e infravalorar a la mayoría que se euskalduniza en la escuela va pregonando por ahí su dialecto de barrio. No puedo aguantar el euskera muchas veces incomprensible usado en ETB (Euskal Telebista). Me da rabia la actitud de quienes justifican el simplismo de su trabajo en aras de la difusión. Me parece lamentable la tendencia a vestir la demanda de creatividad cultural. Resulta insoportable pagar y promocionar con dinero público la vulgaridad y la basura, sobre todo la dirigida a los jóvenes y, especialmente, en la escuela. Porque ayer como hoy pienso que la calidad nos puede salvar.

Preferiría que algunos no fueran tan lejos en sus reivindicaciones; no me parece inteligente pedir más de lo que podemos gestionar. Me desconcierta lo exigentes que somos en nuestras reclamaciones, muchas veces hasta resultar intolerantes con los más debiles, y qué tibios y dóciles en otras situaciones en las que se arrincona y desprecia el euskera.

No entiendo a quienes son incapaces de asumir que el euskera necesita de todos, incluido a los que no lo hablan. Me parecen tan patéticos los que llevan la boina con orgullo como los que se avergüenzan de ponersela.

Podría continuar ad infinitum o ad absurdum, pero he superado ya el tiempo razonable. Me voy tal y como he comenzado: muchas gracias por este honor que recibo en nombre de una generación. Todo lo que he hecho antes y ahora lo he hecho disfrutando, nadie me debe nada, por tanto. Y nadie me puede quitar la pena de no haber hecho más cosas y mejor. Muchas gracias.

Escrito por: iturri.2016/12/29 22:00:00 GMT+1
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2016/12/08 18:40:00 GMT+1

Fracaso

El otro día Iban Zaldua soltó en twitter algo que le había pasado en México. Presentaba libro por aquellas tierras (Biodiscografías) y ...

 

No sé si se puede calificar una presentación como fracaso. Tal y como reconocía ayer mismo un editor, en el mundo literario ahora (más que nunca, creo que añadió) una cosa es vender libros y otra escribir buenas obras.

Además, ¿quién reconocer públicamente sus derrotas? Por ejemplo, ¿va a salir alguien diciendo que el problema de los resultados de PISA es suyo? Sí, seguro. Todos sabemos cómo funciona esto.

Me he acordado de Jacques Prévert. En la estación de tren de Gineba, esperando a John, me acerqué a una librería. Mientras pasaba el tiempo mirando libros, encontré un ejemplar de Paroles.

Jacques Prévert: Paroles

Conocí a Prévert gracias a Jabier Muguruza; en un disco publicado en el 2001 (Hain guapa zaude), había una versión en euskera de Le concert n'a pas été réussi (Kontzertuak frakaso egin du). Es decir, El concierto ha fracasado).

Navegando en la red he descubierto un disco de Yves Montand dedicado al poeta. Y aquí está la canción y un poco más abajo la letra en francés.

Frakaso-frakaso, apunte hau euskaraz.

Original en francés:

Compagnons des mauvais jours
Je vous souhaite une bonne nuit
Et je m’en vais.
La recette a été mauvaise
C’est de ma faute
Tous les torts sont de mon côté
J’aurais dû vous écouter
J’aurais dû jouer du caniche
C’est une musique qui plaît
Mais je n’en ai fait qu’à ma tête
Et puis je me suis énervé.
Quand on joue du chien à poil dur
Il faut ménager son archet
Les gens ne viennent pas au concert
Pour entendre hurler à la mort
Et cette chanson de la Fourrière
Nous a causé le plus grand tort.
Compagnons des mauvais jours
Je vous souhaite une bonne nuit
Dormez
Rêvez
Moi je prends ma casquette
Et puis deux ou trois cigarettes dans le paquet
Et je m’en vais...
Compagnons des mauvais jours
Pensez à moi quelquefois
Plus tard...
Quand vous serez réveillés

Pensez à celui qui joue du phoque et du saumon fumé
Quelque part...
Le soir
Au bord de la mer
Et qui fait ensuite la quête
Pour acheter de quoi manger
Et de quoi boire...
Compagnons des mauvais jours
Je vous souhaite une bonne nuit...
Dormez
Rêvez
Moi je m’en vais.

En euskera, aquí la versión de Jabier.

Kontzertuak frakaso egin du (enlace a Spotify).

Egun txarretako lagunok
Gau onak eman
Eta alde egiten dut.
Errekaudazioa txarra izan da
Errua neurea da. Huts guztiak
Ene gain hartzen ditut
Entzun egin behar nizuen
Cocker musika gehiago
Jo behar nuen
Gustatu egiten da musika hori
Baina egin dudana egin dut
Eta gero urduri jarri
Fox-terrier musika jotzean
Arkua afinatu egin behar da
Jendea ez doa kontzertura
Herioari zaunkaka aditzera
Egun txarretako lagunok…
Lo egin Amets egin
Nire aldetik ene bisera hartu
Eta bi hiru zigarro paketetik
Eta banoa…
Noizean behin har nazazue gogoan
Gero…
Esnatzen zaretenean
Gogoan har foka eta izoki musika
Musika hori jotzen duena
Gauez Itxas ertzean
Egun txarretako lagunok
Gau onak eman
Eta alde egiten dut
Lo egin Amets egin
Ni banoa.

Escrito por: iturri.2016/12/08 18:40:00 GMT+1
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2016/11/28 22:35:00 GMT+1

John, Lola y Jack

Del 18 al 20 de noviembre, estuvimos visitando a unos amigos en Ginebra. Pero antes la crónica tiene que comenzar por los años 90, Bergara.

John

El protagonista principal es un joven John que vino a comienzos de los 90 del siglo pasado a mejorar su castellano en Bergara, casi-casi movido por el "sol, toros, playa" que soltaba como "boutade". Nada más aterrizar en Bilbao, se dio cuenta de que llovía tanto como en su ciudad natal (Glasgow).

A los pocos días vivió su primera manifestación: "beltzas" (los antidisturbios de la Ertzaintza) por un lado y jóvenes abertzales por otro. No sabía muy bien qué estaba pasando. Pero sí que se dio cuenta de que apenas nadie celebraba los goles de la selección española en un bar del pueblo.

Dos años como profesor de inglés hicieron que se convirtiera en alguien bastante conocido en el pueblo. Recuerdo haber ido con él una vez y no parar de saludar a gente, algo que todavía es habitual cuando aterriza por allí.

Siguiente parada, Donostia. Aquí vivió dos o tres años más. Creo que lo conocí en Anoeta, porque nos presentó un amigo común. Como ambos trabájabamos en la Parte Vieja, la relación se estrechó.

Lola

Un verano conoció en Escocia a una chica de Málaga que estaba allí estudiando inglés. A los dos años se casaron en el pueblo de la chica. Era junio de 1996 y, en un hotel de la Costa del Sol, nos juntamos un variopinto grupo de invitados: andaluces, escoceses, vascos... Se jugaba la Eurocopa de fútbol y los guiris seguían los partidos embutidos en las camisetas de sus respectivas selecciones.

Tras pasar dos o tres años por tierras andaluzas (Málaga, Córdoba), John consiguió un contrato en el British Council y se mudaron a Lisboa. Allí tampoco superaron los dos años.

Jack

Cansados un poco de estas tierras, cruzaron el charco: Caracas. Allí estuvieron tres años que valieron por diez.

Lola se quedó embarazada y nació Jack. Cuando éste tenía seis meses, se volvieron para Europa: Suiza, Ginebra. Tiene pinta de pasarse del vino al agua, como les pasa a los txikiteros que hacen caso al médico. Allí llevan ya doce años trabajando como profesores en un colegio internacional.

Ginebra

El colegio tiene dinero y esta pareja tiene ganas de hacer cosas. Así, han invitado a varias docenas de personas a lo largo de estos años. El último fue un periodista de la BBC y el penúltimo Alex Salmond, el político escocés.

Alex Salmond-en dedikatoria

La relación de John con el País Vasco es grande y eso le ha llevado a invitar a gente como Kirmen Uribe, Martxelo Otamendi, Jon Garaño, Eva y Zigor Argiñano, Edurne Pasaban, Karlos Zurutuza, Mikel Urmeneta... y el 8 de dciembre (si no recuerdo mal), Joseba Errekalde.

La lista internacional también ha sido importante: Sergio Ramírez, Leonardo Padura, John Carlin, Juan Villoro, Héctor Abad Faciolince, David Grossman, Eva Scholss, Estela di Carlotto...

Fin de semana

La cosa es que llevaban tiempo diciéndonos que teníamos que ir para allá (no a engrosar la lista arriba citada, sino como invitados a su casa) y es lo que hicimos el fin de semana del 18 al 20 de noviembre.

Había un vuelo a buen precio desde Burdeos y en 80 minutos cruzas Francia para aterrizar en el aeropuerto ginebrino. Desde allí, tienes varios trenes (billete gratuito) que te acercan a la estación de la ciudad en menos de diez minutos. El pueblo donde viven está a unos quince-veinte kilómetros y allá nos quedamos a la espera.

El sábado dimos una vuelta por Ginebra y el domingo nos acercamos a Lausana, Montreux y Vevey. Merece la pena visitar, por ejemplo, en Vevey el museo en honor de Charlie Chaplin inaugurado esta pasada primavera:  Chaplin's World.

He subido diez fotos a Flickr. Solo me queda dar las gracias a los tres: John, Lola y Jack.

John, Lola eta Jack, apunte hau euskaraz.

Suitza 2016

Escrito por: iturri.2016/11/28 22:35:00 GMT+1
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2016/11/06 19:15:00 GMT+1

Aramburu vs Saizarbitoria

Dentro de las actividades organizadas por la capitalidad cultural Donostia 2016, hay un ciclo de conversaciones (im)posibles entre personas (creo que la mayoría escritores) que mantienen puntos de vista diferentes sobre un tema en concreto. El pasado jueves se celebró uno de esos encuentros y les tocó el turno a Fernando Aramburu y a Ramon Saizarbitoria. Alberto Moyano ya adelantó el mismo jueves en twitter que se había producido un desencuentro entre ambos y lo desarrolló el sábado en una crónica: Tenso debate entre Saizarbitoria y Aramburu.

Entre el público también estuvo el periodista (ahora en excedencia) y escritor Juan Luis Zabala. La crónica que reprodujo en su blog es más personal y subjetiva, pero me parece también muy interesante y por eso la he traducido del euskera: Saizarbitoriaren ‘zaska’ Arambururi eta beste emozio batzuk.

Parece que próximamente podrá verse en el canal de vídeos de la capitalidad 2016 el diálogo. Si me entero, lo pondré por aquí.

Las negritas y las notas son mías.

Actualización: 13:35 horas del 7 de noviembre. Ya está disponible el vídeo. Lo pego aquí mismo.

"Zasca" de Saizarbitoria a Aramburu y varias emociones más

Una mezcla de curiosidad y oportunidad fue lo que me llevó el jueves al anochecer a la Librería Lagun a escuchar el diálogo que iban a mantener Ramon Saizarbitoria y Fernando Aramburu en un acto organizado por Donostia 2016 y que contó con Ignacio Latierro (nota: librero y con una amplia trayectoria política en los 70 y primeros 80 en el PCE; ya en los 90 fue parlamentario vasco en las filas del PSE-EE) como conductor del mismo. No tenía ninguna intención de acelerar el ritmo de mi corazón y de ponerme a hacer series, pero he de reconocer que hubo momentos en los que internamente me encendí.

Antes de hablar sobre mis emociones, sin embargo, he de decir que me gustó mucho Saizarbitoria y que, a mi entender, tal y como se dice ahora, le dio un buen zasca o sopapo -dialéctico- a Aramburu y que Aramburu se quedó, en general, sin argumentos con los que responderle, como un náufrago que se aferra a cualquier tabla a mano. Puede que me haya puesto demasiado hooligan al escribir esto, pero yo creo que hasta el más ferviente admirador de Aramburu reconocería que el jueves Saizarbitoria le dejó más de una vez sin capacidad de respuesta, y que no hubo ninguna reacción al revés en ningún momento.

Saizarbitoria dijo, entre otras muchas cosas, que a él no le parece que la literatura en euskera (...) sea una literatura hiper-subvencionada; que él, al menos, no se siente un escritor hiper-subvencionado ni por asomo (...); que quejarse de que la literatura en euskera está subvencionada en exceso es como quejarse de que hay demasiada RGI (Renta de Garantía de Ingresos); que las subvenciones que se dan a la literatura en euskera son como las que se dan a los discapacitados; que quien es un verdadero enemigo de las injusticias y de los abusos tiene antes muchas más cosas a las que prestar atención; y que, sobre todo, decir que aquellos escritores que escriben en euskera renuncian a decir lo que piensan por mor de la subvención -no se le habían olvidado estas declaraciones de Aramburu— suponía insultar a los escritores euskaldunes y que, cuando él oye esto y cosas parecidas, se siente tal cual: insultado.

Por tanto, en general, todo transcurrió bien y el diálogo resultó sensato, rico y didáctico. Y, he de reconocer que esto también influyó, fue mi equipo quien ganó el partido. Así aplaudí con ganas al final del acto.

¡A pesar de todo, enfurecido!

De todas maneras, tal y como he dicho al principio, en algunos momentos puntuales y en contra de mi voluntad, me enfadé; en dos momentos especialmente: por un lado, cuando Aramburu afirmó que los escritores en lengua vasca cobran 400 euros cada vez que van a una escuela a dar una charla; por otro, cuando dijo que Euskal Idazleen Elkartea recibe 60.000 euros de subvención cada año y que la Asociación de Escritores de Euskadi —“una asociación que también acepta a quienes escriben en euskera” remachó Aramburu, recordando que Euskal Idazleen Elkartea no obra de manera tan inclusiva, porque no acepta como socios a escritores que no escriban en euskera— se quedó sin ayuda del Gobierno Vasco, aunque, finalmente, renovando la petición, recibió 5.000 euros, según parece.

Por ello, nervioso y con casi la absoluta seguridad de que me iba a arrepentir, pedí la palabra al final del diálogo para decir —no tan claramente como lo he hecho aquí, sino de manera mucho más atropellada, porque no me desenvuelvo bien en público—, por un lado, que los escritores no reciben ni la mitad de lo que dice Aramburu por dar una charla en un colegio [ayer Zabala señaló en twitter que son 208 euros en bruto; 176,80 practicada la deducción del IRPF]; y, por otro, que Euskal Idazleen Elkartea es una asociación creada hace mucho, que entre sus fundadores está alguien como Anjel Lertxundi —y me da pena no haber citado entonces al ya fallecido Juan San Martín, por ejemplo, o al también presente en la sala Patri Urkizu—, que con el transcurso del tiempo se ha hecho con algunas tareas fijas y que, quizás, otras asociaciones —como la de Euskadi— para conseguir una subvención de ese calibre tendrán que hacer un trabajo y desarrollar una trayectoria similar. Además, comenté —porque a mí tampoco se me habían olvidado aquellas declaraciones de Aramburu— que la víspera charlé con un amigo sobre Bizia lo (Letargo en castellano) de Jokin Muñoz, un libro de cuentos que hace una crítica afilada a ETA y a la izquierda abertzale; libro escrito en euskera y publicado en el año 2003. Finalmente, y aprovechando que Mikel Hernandez Abaitua también estaba presente, recordé que él también había transitado anteriormente por ese camino, y que, si se busca, también hay más escritores por ahí...

Entonces fue Latierro quien me encendió, porque señaló: "Sí, Jokin Muñoz, es verdad, pero ya sabes... Jokin Muñoz no es un escritor que tenga mucho eco, no se cita mucho..." Viniendo a decir —al menos es lo que yo entendí—: “Sí, la literatura en euskera esconde este tipo de escritores”. ¡Redios! ¡La matraca de siempre!

¡Seréis vosotros quienes no lo citéis, Ignacio! Bizia lo ganó el Premio Euskadi en el 2004 y, desde entonces, Jokin Muñoz es para mí un escritor “canónico” en la prensa en euskera y, en general, en el sistema literario en euskera; y siempre que Muñoz publica un libro, podrás leer amplias entrevistas aquí y allá. Por tanto, ¿en qué ambiente y para quién es Jokin Muñoz un escritor no muy citado y sin demasiado eco? ¿Y de quién es la responsabilidad, la culpa?

No le respondí a Latierro para no monopolizar el turno de debate, pero, tal y como habréis adivinado, me quedé con las ganas de hacerlo.

Al salir de la librería y camino de casa, ya en mi mundo, me di cuenta de que hay mucho erdaldun (gente que no sabe euskera) que me provoca unas enormes ganas de no saber nada de castellano. Y no por ningún tipo de menosprecio u odio hacia ellos o hacia el castellano; no, sino porque pienso que es la única manera de empatizar con ellos; porque es la única forma de entender cómo leches piensan y dicen todo lo que piensan y dicen sobre el euskera y los vasco-hablantes.

Sin embargo, parece que, desafortunadamente, no podremos jamás llegar a ese grado de empatía, porque casi es tan complicado olvidar el castellano como que algunos no vasco-hablantes aprendan euskara.

P.S.: Como la conversación está en twitter (de estar en algún sitio), pongo aquí el enlace donde he colgado este texto, ya que hay unos cuantos comentarios interesantes.

Escrito por: iturri.2016/11/06 19:15:00 GMT+1
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2016/10/31 17:35:00 GMT+1

Rumanía (II): Bucovina-Slanic Moldova-Delta del Danubio

Viene de aquí: Rumanía (I): Transilvania.

27 de agosto, sábado. Baia Mare - Suceava

Nos despertamos en Baia Mare y dormimos en Suceava. Para ello, salimos del hotel a las 8:30 de la mañana y, 234 kilómetros después, llegamos a eso de las 16:00 horas a nuestro nuevo hotel. Estuvimos parados unos veinticinco minutos en un pueblo para que nos dieran paso porque había una obra de 3 kilómetros y no había manera de pasar. Comimos en el camino, cerca de Humor, a unos 40 kilómetros de Suceava.

A veces parecía que estábamos en los Alpes o en los Pirineos. Por ejemplo, el sitio donde paramos a tomar café era precioso; lástima el ruido del ir y venir de los coches que impedían la contemplación.

Suceavako bidean

El Hotel Sonnenhof era el que habíamos contratado en Suceava, uno de los mejores del viaje. Era estandar, pero tenía ascensor, lo cual parecerá una tontería pero a la hora de mover las maletas es bastante importante.

Suceava debe de ser, por territorio, la segunda ciudad más grande de Rumanía, pero la población no llega a los 100.000 habitantes. Al atardecer, nos costó encontrar el centro de la ciudad y, finalmente, cenamos en una terraza de una plaza grande. El dueño estaba sentado, mirando el teléfono, mientras dos chicas muy responsables ponían buena cara y se movían deprisa de un sitio para otro.

28 de agosto, domingo. Suceava - Gura Humorului - Voronet - Humor - Suceava

Salí a trotar por la mañana y, después de desayunar bastante bien, nos dimos cuenta de que teníamos una pequeña avería en el coche, hecha la víspera al salir del aparcamiento situado cerca del Mercado Central. No me di cuenta de que el parachoques estaba atrapado en el bordillo del jardín y sí que oí un ruido al moverlo. Como era de noche, continuamos la marcha y fue el domingo por la mañana cuando ví que el parachoques estaba suelto.

Con la ayuda del chico que estaba en recepción, hablé con la oficina de la empresa de alquiler de Autonom en Otopeni (el aeropuerto de Bucarest) y fueron ellos quienes nos dijeron que sería la oficina de Suceava la que asumiría la asistencia.

Tras una larga espera de un par de horas, recibí un correo en el móvil: que llamara a la oficina de Suceava. Aunque parezca extraño, sin decirnos nada a nosotros, habían pasado por el aparcamiento del hotel y puesto el parachoques en su sitio.

Siguiendo sus indicaciones, llevamos el coche a la oficina, situada a unos diez kilómetros, y nos prestaron un Renault Clio por veinticuatro horas. El lunes a primera hora el carrocero fijaría la pieza convenientemente.

Voronet Monastegia

Al mediodía nos fuimos a Gura Humorolui, pero no había sitio para comer en el restaurante que queríamos y nos movimos hacia el Monasterio Voronet. Había un hotel majo en el camino y paramos para ver cómo estaba el restaurante (La Conac in Bucovina): allí también había mucha gente y pedimos un par de ensaladas para no complicar mucho más las cosas.

Cerca había un sistema de telesilla que, aparentemente, te subía a una estación de esquí. A mano izquierda, tras cruzar un puente un tanto danzarín, había una zona de ocio: se podía correr, caminar, practicar Nordic Walk, etc. Cerca del río los domingueros de rigor se dedicaban al deporte de la barbacoa.

Moja

En verano cierran los monasterios  a eso de las 19:00 horas y, por tanto, sólo teníamos tiempo para ver dos: elegimos Voronet y Humor. Unas cuantas cosas sobre los monasterios:

  • Destacan las pinturas del exterior, las cuales tenían como objetivo transmitir las enseñanzas de la Biblia a las y los fieles de la época (en su mayoría analfabetas).
  • Es necesario pantalón o falda largos a la hora de acceder a los lugares. Pero no te preocupes, porque te dan pañoletas para taparte las piernas.
  • Cada entrada costaba 5 lei (1,30 euros más o menos). Había que abonar también otro tanto para sacar fotografías o el doble para grabar vídeos, pero yo nunca pagué y no vi en ningún sitio a nadie que controlara eso.
  • Lógicamente en el interior de las iglesias las pinturas están mejor conservadas, pero allí no se puede sacar fotografías o grabar vídeos.
  • Sorprende la devoción de la gente en el interior de los templos.
  • Cobrando entradas, controlando accesos, vendiendo souvenirs... había monjas, sobre todo.

Humor Monasterioa

Tras la visita a los monasterios, en Humor vimos una boda. No era la primera de todo el viaje, pero sí que fue la primera vez que pudimos sacar fotos. Era domingo por la tarde, a eso de las 19:00 horas. El vídeo es muy malo, pero vale para ver cómo accedieron a la iglesia.

29 de agosto, lunes. Suceava - Slanic Moldova

Antes de las 10:00 de la mañana estábamos en la oficina de Autonom de Suceava. Pocos minutos después trajeron el coche. Le dijimos que estábamos interesados en prorrogar el alquiler un par de días más y el tipo nos dijo que ya nos arreglaríamos al final en Otopeni.

De todas maneras, envié un correo con dos preguntas:

  1. ¿Cuánto nos iba a costar el arreglo del parachoques?
  2. ¿Cuánto nos costaría la prórroga?

Llegamos al mediodía a Slanic Moldova, pero nos costó un rato encontrar el hotel Vila Siam. Finalmente aparcamos debajo y, tras comer en el pueblo, subimos las escaleras con un par de maletas. Lo que aparentemente era la entrada estaba cerrada, pero la verdadera estaba a mano derecha, bajo un toldo. Nuestros anfitriones nos dieron un par de pasteles de coco y vino dulce australiano. Nos vino muy bien para subir otros dos tramos de escaleras con las maletas.

Vila Siam

Tras descansar un rato, dimos una vuelta por el pueblo. Sacamos pasta en un cajero y cenamos en el mismo sitio que al mediodía.

Le deben de llamar la pequeña Suiza y tiene señalizado un camino con un buen número de fuentes de agua mineras que finaliza con esta de aquí abajo:

30 de agosto, martes. Slanic Moldova

Tras trotar un rato, desayuno. La señora de la casa, Lili, y su marido era gente muy maja. En el hotel había una foto de la Miss Universo 2005 (Natalie Glebova) y la web del hotel dice que fue ella quien montó el hotel. Lili nos dijo que su hija estaba en Australia, pero no sé cuál es la relación que tenían con Natalie.

En la parte superior está el Hotel Venus. Subimos para hacer un par de gestiones y vimos que el hotel estaba lleno de jubilados; Lili nos dijo que funcionaba con un sistema parecido al Inserso: los jubilados y el Estado pagaban la estancia a medias.

La zona es muy tranquila y hay un balneario (cerrado). Creo que hay un spa, pero no dimos con él. Se pueden hacer bonitas excursiones por el monte.

Slanic Moldova

Tras un par de masajes en Vila Siam (100 lei en total), fuimos a cenar al Restaurant Cascada y volvimos a casa bajo la lluvia, con esa sensación tontorrona de que se están acabando el verano y las vacaciones.

31 de agosto, miércoles. Slanic Moldova - Tulcea

Nos pusimos en la carretera a las 10:30 para hacer 300 kilómetros y llegamos a eso de las 16:30 a la puerta del hotel de Tulcea (Hotel Europolis). Paramos un par de veces en el camino y también cogimos un ferry para un trayecto de diez minutos.

A la tarde, dimos una vuelta larga por la ciudad. Tiene un lago con un circuito donde la gente camina, trota, corre y anda en bici.

La razón principal de ir a Tulcea era conocer el Delta del Danubio. En la guía leímos que el hotel nos propondría excursiones. Y así fue que la chica de recepción hizo llamar a Daniel, quien nos dijo que tenía un viaje de nueve horas organizado para el día siguiente. 50 euros por persona, comida incluida.

1 de septiembre, jueves Tulcea (Delta del Danubio)

Nos levantamos a las 7:30 y a las 8:30 estaba, puntual, Daniel en la puerta del hotel. Siete personas fuimos con él hacia el embarcadero: un cuarteto de Timisoara (abuelos, hija y nieto), un hombre italiano (dijo que estaba recorriendo en solitario Eslovenia, Hungría, Ucrania y Rumanía). En el puerto se sumaron al grupo un par de señores de Roma. En total, nueve viajeros y el patrón-maquinista nos subimos al Lolita.

Danubioren Delta: Lolita

El barquito pilló velocidad crucero (tucu-tucu) y nos adelantó todo el mundo, creando a veces olas incómodas (podéis hacer click en la imagen de abajo y veréis un video de 20 segundos en flickr). Nuestro patrón no perdía la calma en ningún momento. Nos pasó un carguero que, según parece, se dirígia al mar.

Danubioren delta

Tras tres horas de excursión llegamos a un pequeño embarcadero. Nuestro tripulante se bastó el solito para atar la barca, cogió un par de bolsas llenas de pan y nos condujgo a una casa. En el jardín había una mesa para nueve comensales. De primero pescado del río con patatas cocidas y sopa (ciorba). No tuvo mucho éxito. De segundo, el mismo pescado pero frito. A mí me gustó más.

Tras tomar unos cuantos pasteles de chocolate y un café, la señora de la casa nos dijo que el patrón nos estaría esperando en el barco. Había pasado ya hora y media desde que llegamos a puerto.

Danubioren Delta: baporea

La vuelta fue más larga (cuatro horas y media), pero más tranquila porque había menos tráfico. Eso sí, se echaba en falta un guía que nos contara qué estábamos viendo y centrara la zona.

Llegamos a las 18:00 a Tulcea. 9 horas. La guía señalaba que las excursiones eran de tres o cuatro horas, pero tras ver a la velocidad que iban las motoras, creo que es mejor conocer el Delta con un vapor tan lento como el Lolita.

 

Boxeoa Tulcean

Cenamos en una pizzería cercana al hotel. Camino de la misma, al igual que la víspera, había un ring y combates de boxeo cerca de una tienda de H&M. Público de todas las edades, sobre todo familias. Se oían las voces de los entrenadores y ayudantes de cada boxeador. Aguantamos únicamente un asalto, porque se hacía desagradable ver aquella pelea en aquel ambiente. Más adelante, nos encontramos con un grupo de boxeadores, chavales de 16-18 años, calentando a la espera de su momento para subir al ring.

Errumania (II): Bucovina-Slanic Moldova-Danubioren Delta, apunte hau euskaraz.

Nota del 8 de diciembre: mi intención era contar algo más sobre la visita a Bucarest, pero he releído las notas que tomé y no hay nada del otro mundo en ellas..

Llegamos el viernes 2. Habíamos reservado un hotel en el centro (Hotel Elisabeta), dejamos allí las maletas y nos fuimos a entregar el coche al aeropuerto. Ya por la tarde, al anochecer, tratamos de encontrar la Parte Vieja, pero no dimos con ella.

El sábado por la mañana visita al Palacio del Parlamento, comimos cerca de allí, una vuelta más por las cercanías y, finalmente, sí que dimos con la Parte Vieja al atardecer. Desgraciadamente estaba repleta de terrazas y turistas.

El domingo por la mañana nos fuimos caminando hasta el Arco del Triunfo (está en una zona que le llaman Pequeño París). Muy recomendable el Parque Herastrau: amplio y con un gran lago. La cena la hicimos nuevamente en la Parte Vieja.

Y el lunes día 5 cogimos el vuelo de regreso.

Escrito por: iturri.2016/10/31 17:35:00 GMT+1
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