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2020/01/29 22:00:00 GMT+1

Huelga

Convocatoria de huelga general en el País Vasco el 30 de enero. Me ha pillado fuera por un viaje que tenía cerrado hace tiempo.

Estaba siguiendo las cosas a cierta distancia, hasta que leí que Urkullu rechazó la petición de reunión realizada por los convocantes (en nombre de diferentes colectivos a favor de la Carta de Derechos Sociales de Euskal Herria, los secretarios generales de ELA y LAB).

Respuesta en castellano a la carta enviada en euskera y castellano. Al menos eso vi yo en el perfil de Twitter del lehendakari. La presidenta de Navarra, la señora Chivite, respondió afirmativamente, aunque retrasó la reunión hasta después de la jornada de huelga.

Está claro que ambos tienen detrás diferentes fuerzas políticas y que eso influye en la actitud de cada uno.

Leyendo la carta de Urkullu, diría que tomó la decisión de antemano y que luego ha concretado las razones.

Seis días antes de la convocatoria, en cambio, Urkullu y los tres diputados generales de la CAV estuvieron presentes en el acto de colocación de la primera piedra del edificio denominado Fabrika  Nueva Cultura que Adegi (empresarios guipuzcoanos) pretende poner en marcha en San Sebastián. He leído conceptos nuevos y etéreos. Permítanme, al menos, que sea escéptico. No conozco el proyecto y no añadiré nada más al respecto hoy.

Es decir, que Urkullu pierde el culo detrás de los empresarios, pero tiene lista su respuesta más burocrática para quitarse de encima a unos sindicatos con los que no quiere ir ni a heredar.

No va a ser una huelga general, decía el editorial de enero de Hordago-El Salto. Y echaba mano de varios argumentos para defender esa tesis. Sin embargo, al señalar que la otra opción es peor, concluía que había que apoyar la convocatoria.

Las huelgas generales no están de moda por estos pagos, y aunque sea una pena, las asambleas ya no son soberanas en muchos lugares. Es decir, corresponde a cada trabajador sumarse o no la huelga. En la huelga de las jugadoras de fútbol femenino quise echarle en cara precisamente eso a a la única jugadora que no había hecho huelga, una jugadora de mi equipo, en concreto. Pero me callé. Es decir, que el vestuario (asamblea) era el lugar en el que debía defender su postura.

Pero en nuestra empresa también cada uno hará lo que quiera y ese es uno de nuestros puntos débiles.

Feministas y pensionistas se están empoderando y los demás también tendremos que hacer algo.

Porque la principal sangría es que los poderosos están organizados y a nosotros nos cuesta llegar a unos puntos mínimos.

Para terminar, voy a dedicar un día de mi sueldo a las trabajadoras que llevan ya más de 180 días en huelga por el conflicto de las residencias de ancianas y ancianos de Gipuzkoa.

Greba, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/01/29 22:00:00 GMT+1
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2020/01/18 10:00:00 GMT+1

Óscar Villafañe Merino, doble víctima de ETA

Ayer viernes leí a primera hora de la mañana una entrevista con Ana Iribar, viuda de Gregorio Ordóñez. Pone los pelos de punta. Aparece ahora que se cumplen, el día 23 de enero, 25 años de su asesinato.

Pero ha sido otra la entrevista que me ha llamado más la atención.

La revista Aiurri ha publicado esta semana una larga entrevista con Óscar Villafañe Merino, víctima de ETA por partida doble. El 5 de julio de 1978 asesinaron a su padre Domingo Merino Arévalo en Zarautz. Óscar nació dos meses después, el 19 de septiembre. Años más tarde, el 26 de septiembre de 1993, la víctima fue su abuelo (un padre para él) Juvenal Villafañe García. Tenía 77 años y una bomba le explotó cuando arrancó su coche.

Además de la singularidad arriba mencionada, se juntan dos cosas importantes en esta entrevista.

Óscar apenas ha aparecido en los medios. Concedió una entrevista en octubre de 2017 al Diario de León: «Es duro, pero se aprende a ser duro». Y otra más recientemente a la COPE. Esta es la entrevista más extensa que ha dado hasta ahora y no parece que tenga ningún interés en aparecer más por el momento.

Además, Aiurri es una revista de la comarca. Editada en euskera, con pocos medios, ha seguido durante meses (cuenta Joni Ubeda en este artículo que la primera intentona con la familia fue en noviembre de 2017) y conseguido finalmente que Óscar hablara. Muy buen trabajo de los periodistas Xabier Lasa y Joni Ubeda.

Os dejo con mi traducción. Leedla y reflexionad. Solo quiero mandarle un saludo a Óscar y darle las gracias por contarlo.

Óscar Villafañe. Fotografía del semanario Aiurri

Crédito de la fotografía: Aiurri.

Óscar Villafañe Merino: «La convivencia no está en manos de las instituciones, sino de las personas»

A pesar de la trágica historia que lleva a sus espaldas, hasta ahora ha querido mantener una postura discreta y tener un papel residual como víctima. Sin embargo, esta vez no ha puesto ninguna pega para contar sus vivencias personales al semanario Aiurri. Ha hablado de su padre y de su abuelo, pero también sobre temas que tienen relación con las víctimas, la violencia, la convivencia...

Aiurri: Óscar, estabas en el piso familiar cuando explotó la bomba que mató a tu abuelo debajo de casa. Años más tarde supiste que el padre que no conociste también fue asesinado por ETA. ¿Qué sabes sobre la muerte de tu padre?

Óscar Villafañe: A mi padre lo asesinaron el 5 de julio de 1978, a la 1 de la mañana, en la puerta del Hotel Duque (Zarautz). Venía de Andoain, donde había estado con mi madre. No estaban casados, ni tampoco eran pareja de hecho, y no hay libro de familia ni ningún documento que pruebe que éramos familia. A los ojos del Estado y de la ley de víctimas mi madre no enviudó. Era una mujer soltera que estaba embarazada. No la tomaron como esposa de una persona asesinada. Yo nací poco tiempo después, el 19 de septiembre de 1978.

Identificaron al autor del atentado; era una persona de Errenteria y pasó varios años en la cárcel. Ahora mismo no sé si está en prisión o ya es libre.

Aiurri: Fuiste testigo del asesinato de tu abuelo. ¿Qué es lo que recuerdas?

Óscar Villafañe: Tenía 15 años. Recuerdo la hora perfectamente, así como lo que estaba comiendo: una rebanada de queso con trozos de membrillo. Era 26 de septiembre, jueves, y la bomba explotó a las 17:35 horas.

El abuelo Juvenal tenía la costumbre de aparcar el coche cerca de casa, en la misma calle Escuela en la que vivíamos. Aquel día bajó a Txopera a mover el coche y acercarlo a casa. Perdió la vida y nos salvó a los demás. Porque aquello sucedió un jueves, pero, ¿qué habría pasado si fuera domingo, el día de mi cumpleaños? Quizás habríamos cogido el coche para celebrarlo. En vez de reventar una persona, habríamos reventado todos. ¿Y si hubiera pasado un autobús con críos? ¿O si la bomba hubiera explotado a las 16:40, cuando los niños salían de la Ikastola y de Ondarreta? Habría habido una masacre para matar a un abuelo.

Vivíamos en el tercer piso y la onda expansiva me lanzó al suelo. La rebanada de queso quedó pegada al altavoz del aparato de música. Estuvo allí un mes, porque no tenía ánimo para quitarlo del altavoz. Los cristales de la ventana me saltaron a la cara. Estaba en el suelo y nada más levantarme pregunté por la abuela. Pero viendo que no respondía, me vino a la cabeza la idea de que “ETA había matado a mi abuelo”. Salí corriendo hacia el balcón y lo vi reventado por la bomba. En casa estábamos la abuela, mi madre y la tía Carmen. La tía Blanca estaba en Santander y se enteró de la desgracia en el autobús de vuelta.

No salí de casa, porque tuve un ataque de ansiedad. Vinieron los sanitarios y me dieron dos calmantes.

Aiurri: En las pocas entrevistas que te han hecho, has comentado que el abuelo Juvenal era como un padre para ti...

Óscar Villafañe: Fue muy bueno conmigo. Tenía la ilusión de que yo me sacara el carnet de conducir a los 18 años. Era una persona querida en Andoain. Me viene a la cabeza el funeral en la Iglesia San Martín. Cuando sacaron el féretro de allí, la plaza estaba llena y todos empezaron a aplaudir.

No era una persona que dijera una palabra más alta que otra. Su prioridad era cuidar de la abuela. La quería mucho y se preocupaba de que estuviera bien.

Al quedarme sin padre, el abuelo fue como un padre para mí. Es más, cuando la bomba explotó, podría haber estado yo a su lado. Porque a veces andaba con él. Había dejado la Guardia Civil y ayudaba a muchos vecinos de Andoain a tramitar los permisos de caza y pesca. También los pasaportes. Fueran de donde fueran, todos pasaban por casa. A todos les decía lo mismo: “A mi cuenta, ya iré yo a la Guardia Civil, no te preocupes". Muchas veces iba con él a entregar la documentación a los caseríos y a las sidrerías.

Nació en Mansilla de las Mulas (León) en 1915 y le tocó pelear en el bando franquista. Entonces te tocaba por obligación. En aquella época se acercaban las tropas y te decían: “o te vienes con nosotros o te vas al hoyo”. Actuaron igual en ambos bandos.

Al acabar la guerra se hizo guardia civil. Lo hizo porque estaba en paro. Mi bisabuelo era muy republicano. Lo peor que le pudo pasar fue que sus hijos tuvieron que pelear en el bando franquista.

Según contaban mis tías, el abuelo no era una persona conflictiva. En su carrera policial, solo le vieron pegar a alguien una vez. Le dio un tortazo a un camionero, porque este le pegó una patada al perro de la Guardia Civil.

Tras dejar la Guardia Civil, comenzó a trabajar en la Diputación. Cuando yo nací, en casa había necesidades y fue entonces cuando comenzó a tramitar permisos y pasaportes. Muchos abertzales (nacionalistas vascos) de Andoain acudían a él. Más de uno me reconoció que no esperaban el atentado, que su asesinato les resultaba incomprensible.

Aiurri: ¿Por qué crees que mataron a tu abuelo, una persona de 77 años?

Óscar Villafañe: Creo que lo hicieron por tramitar permisos de caza y pesca para el Estado español y no porque fuera guardia civil. No sé quién pudo ser tan tonto... Sigo sin comprender cuál era el delito de un abuelo de 77 años. Por otra parte, sigo sin entender que las mismas personas que piden beneficios para los presos pusieran bombas.

¿Cuáles eran los criterios que usaban para asesinar? López de Lacalle, por ejemplo, les hacía daño porque contaba verdades. Fueron ellos mismos quienes se ganaron el odio de la gente con aquellos asesinatos tan estúpidos. Puedo comprender levantarse contra el franquismo, por la represión que Franco ejercía. Pero la historia ha de contarse tal y como sucedió, no como le interesa a cada cual. Una vez muerto Franco, ETA mató mucha gente hasta el año 2008. ¿Creían que lograrían la independencia por matar a gente? No, ni los vascos ni los catalanes serán jamás independientes. Porque España no lo aceptará nunca. España ha invertido aquí millones de euros durante 60 años. Euskadi y Cataluña limitan con Europa y no conseguirán la independencia. Además, si tal hecho se diera, Euskadi pondría patas arriba España. España se hundiría. Euskadi no necesita a España, pero España sí: España necesita a Euskadi.

Aiurri: ¿El abuelo mostró en algún momento que pudiera estar amenazado?

Óscar Villafañe: Entonces era demasiado joven para darme cuenta de estas cosas. Le he oído algo a mi tía; dice que notó que el abuelo estaba algo incómodo los días previos. Quizá lo amenazaran. Siempre he pensado que había un chivato alrededor de la calle Escuela. En un espacio muy reducido mataron a López de Lacalle, quemaron el coche de Joseba Pagazaurtundua, varias personas del barrio vivían amenazadas... Demasiada información.

Aiurri: Cuando asesinaron a Juvenal, vivías en el piso de la calle Escuela con tus abuelos, tu madre y dos tías más. ¿Cómo sobrellevásteis aquella pérdida?

Óscar Villafañe: Nos fuimos una semana a Santander para desconectar. Pero la estancia fue un infierno, sobre todo por las noches. Durante los siguientes ocho meses tuve pesadillas con aquella maldita bomba. Por eso todavía es el día en el que no soporto los petardos, me enferman. No porque me den miedo, sino porque cada estallido me recuerda el día en el que mataron a mi abuelo.

Después del atentado, perdí las ganas de seguir estudiando. Se acabó aquello de sacar buenas notas casi sin estudiar. No aprobaba ni gimnasia, porque dejé de ir a clase. No tuve ninguna ayuda en la escuela de Andoain donde estudiaba: me tocó el profesor menos preparado para atender psicológicamente a un adolescente en aquella situación. Tampoco aguantaba a los compañeros abertzales.

Dejé de relacionarme con la mitad de mis amigos, porque cortaron las relaciones que tenían conmigo. Además de perder a un familiar, varios amigos me dieron la espalda. ¡Como si yo fuera un asesino!

Mi abuela murió poco después de enviudar. Mi madre, María Ángeles, falleció en el 2014. Es curioso que consiguiera el reconocimiento como víctima el 26 de enero y muriera el 10 de febrero. Como si dijera: “al final hemos conseguido que nos reconozcan como víctimas y ya me puedo ir tranquila”. Muchas veces creo que ese era su pensamiento. Mi tía Carmen murió un año después. Tomaba pastillas a diario. Ella no manifestaba la rabia que teníamos todos nosotros. Hoy, de toda la familia, solo quedamos mi tía Blanca y yo.

Aiurri: ¿Hablabáis mucho de tu abuelo y de tu padre en casa?

Óscar Villafañe: No hablábamos demasiado. Todos sabíamos qué había pasado. Para mi madre, lo del abuelo fue un segundo golpe. En toda esta historia de violencia, ella fue quien más sufrió; porque le mataron al hombre que amaba y, después, a su padre. Cuando yo era pequeño, ella me dijo que mi padre murió en un accidente. Hizo lo que debe hacer una madre: evitar a su hijo la senda del odio. Si más de una madre abertzale hiciera lo mismo con sus hijos, quizá no habría habido tantos atentados de ETA. En mi opinión, todo proviene del odio generado por la Guerra Civil. Hubo muchos abuelos y abuelas que conocieron la guerra y educaron a sus hijas e hijos en el odio hacia todo lo que tuviera relación con España. Estos hijos hicieron lo mismo con los nietos. Parece que hoy día aquí la cosa se está calmando. Pero en Cataluña parece que vuelven a un ambiente parecido al de Euskadi en 1980. Vuelven a repetir los mismos errores de entonces.

Los detalles del asesinato de mi padre me los dio una hermana suya que vivía en La Rioja. No tuve relación con ella hasta que un día, ya con 20 años, me llamó por teléfono. A pesar de conocer la verdad muy tarde, jamás le eché en cara a mi madre que no me dijera la verdad. Porque sé que lo hizo para protegerme, para no despertar el odio en mí. Porque no se le puede decir a un niño de cinco años que ETA asesinó a su padre. Es como fabricar una bomba y no sabes cómo será a los 18. No sé, puede que tome una pistola y entre en la Herriko taberna. O se haga guardia civil para tener poder con esa placa y le destroce la vida a cualquiera.

El odio que yo pueda tener no es contra los abertzales. Tengo ahí amistades de toda la vida, pero con ellos no hablo nunca de política. Odio a quienes mataron a mi padre y a mi abuelo. No los perdono y no les acepto el perdón.

Aiurri: Tras todo lo sucedido, ¿pensaste en algún momento abandonar Andoain?

Óscar Villafañe: Con los años me he curtido. Aquí hay dos opciones: marcharse, irse... o si te quedas aquí, te curtes. La vida me ha enseñado a tirar para adelante y no depender de nadie.

Recuerdo ir a por el coche y, como me venía a la cabeza, dejar caer las llaves al suelo para mirar debajo del vehículo. No era algo habitual, pero sí que lo hice cinco o seis veces. Pensaba: “Mataron a mi padre, también a mi abuelo... ¿Por qué no van a venir a por mí?”. Esos anormales no necesitaban ningún pretexto, bastaba con ser hijo de una víctima.

Ha habido temporadas en las que he estado fuera de Andoain, pero no por el terrorismo, sino por trabajo. Mi mujer es cubana y quizás nos vayamos un día a Cuba para buscarnos la vida montando un pequeño negocio.

Aiurri: ¿Cuál es tu opinión sobre los planes de convivencia y los encuentros entre víctimas diferentes? Son promovidos por las instituciones, entre ellos el propio Ayuntamiento de Andoain. Por ejemplo, aquí se publicó en diciembre de 2018 el informe "Hacia una memoria compartida".

Óscar Villafañe: No es una cuestión institucional. ¿Nos obligarán a ser amables? El que es un español tonto y cerrado se atrincherará en su postura y lo mismo hará el abertzale que piense que España nos roba, que es una mierda y matar está bien.

Yo tengo un problema con quien le puso la bomba a mi abuelo y también con quien disparó contra mi padre. No tengo problemas con el resto de abertzales. En Andoain tengo muchas amistades  que son abertzales y llevamos toda la vida viviendo en el mismo pueblo. Hay que aceptar que hay que convivir con todos ellos. Quizás algunos deban aceptar que aquí hay personas que no están de acuerdo con la independencia de Euskadi y que no les gusta la vida tal y como la entienden los nacionalistas vascos.

La convivencia no está en manos de las instituciones, sino de la gente. Y a pesar de esto, serán necesarias dos generaciones. Porque los de mi generación lo hemos pasado mal, hemos sufrido, y eso no se olvida. Si les enseñamos a las siguientes generaciones a no vivir con ese desprecio, podrá mejorar la convivencia.

Aiurri: ¿Cuál ha sido la respuesta institucional que como víctimas habéis recibido?

Óscar Villafañe: No estoy nada contento con el Estado español, no tengo palabras de agradecimiento. Por eso no acudo a los homenajes organizados por el Estado español o el Gobierno Vasco. Me he sentido despreciado durante muchos años. No deseo los falsos mensajes de ánimo cada cuatro años, porque luego se pone en marcha la maquinaria burocrática y no te dan nada.

Sí que acudo a los homenajes organizados por la Guardia Civil o COVITE. Sé que, al citar a la Guardia Civil, más de uno se sentirá molesto, pero es la única institución que nos ha ayudado de verdad.

Con motivo del 25 aniversario del asesinato de mi abuelo, hubo un acto de homenaje en Andoain y quiero ser agradecido. Sobre todo con las personas que estuvieron cerca de nosotros. Entre ellos, quisiera destacar a Mikel Arregi, José Luis Vela y Maider Lainez (nota de edición: son o han sido concejales del Ayuntamiento, el primero por el PNV, los dos restantes por el PSOE. Lainez es la actual alcaldesa).

El reconocimiento como víctima de ETA lo conseguí a los 36 años, por ser hijo de una persona asesinada. Y lo logré tras llevar mi caso a los tribunales. Tuve que presentar pruebas que demostraran que era hijo de Domingo Merino porque mis padres no estaban casados. En el caso de mi abuelo, no me reconocen como víctima porque entre ambos hay una generación. Porque soy su nieto. Oirás continuamente a las instituciones decir que están trabajando a favor de las víctimas... ¡pero eso es mentira!

Escrito por: iturri.2020/01/18 10:00:00 GMT+1
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2020/01/12 20:50:00 GMT+1

Nuestras (in)dependencias

Sábado por la mañana. Me dispongo a tomar el segundo café del día en el bar de siempre. Me encuentro con un habitual que se está tomando su txakoli mientras se lee uno de los periódicos del lugar. Yo pillo otro, el primero que se libra. Comentamos algunas noticias sin demasiado interés.

Esta misma semana, he visto a una persona que conozco pegada a la máquina tragaperras que hay enfrente de mí. Me llamó la atención la primera vez que lo vi; la segunda, en cambio, me preocupó. ¿Cómo decirle a una persona que conoces que he visto a su padre un par de veces en muy poco tiempo gastando tiempo y dinero en una máquina de esas? ¿Estarán al corriente?

Pertsona bat makina txanponjale baten aurrean. Argazkia: Uztarria

Otro de los parroquianos del establecimiento trabaja en una casa de apuestas de un pueblo cercano. Una vez, de broma, le dije que le iba a hacer una visita. Me dijo que ni se me ocurriera, que el sitio era muy chungo, con gente enganchada al juego y que, incluso, eran habituales las peleas.

Hace poco se encontró en su lugar de trabajo con el hijo de 18 años de una conocida. Se lo dijo a la madre del chaval. «Si alguien viera a mi hijo en un lugar semejante, me gustaría que me lo dijeran». La madre lo agradeció. Afortunadamente, no parece que la cosa sea nada grave.

Los días laborables me tomó el segundo café del día en la misma cafetería. De camino hay otro bar, pegado al que yo voy. A veces suelo ver a un tipo gastando pasta malamente ayudado de un zurito. A la vuelta, 20-25 minutos después, sigue igual, en el mismo sitio y postura. A saber cuánto tiempo pasa a diario en estas cosas.

Creo que estamos tomando cada vez mayor conciencia con este asunto, pero el tema es grave.

Y es que nuestras (in)dependencias son profundas.

Nota: la foto es de la revista Uztarria. Concretamente la he pillado de este reportaje: Apustu etxeen kontrako dinamikak eraginda, makina txanponjalea kendu dute Azpeitiko taberna batetik. Traduzco el título: La dinámica contra las casas de apuestas ha provocado la retirada de una máquina tragaperras de un bar de Azpeitia.

Gure (in)dependentziak, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/01/12 20:50:00 GMT+1
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2020/01/06 21:35:00 GMT+1

Cogiendo fuerzas para el 2020

Veo este 2020 como una de nuestras características carreteras vascas: repleto de curvas. Pero antes de hablar un poquito de este año que acaba de comenzar, quiero echarle un vistazo al 2019.

Ha sido el año en el que me he pasado varias semanas dando a conocer el libro que reúne una antología de artículos del maestro y amigo Ortiz. Todo ello con motivo del décimo aniversario de su muerte.

1- Historias de mayo.

2.- El homenaje de San Sebastián.

3.- Presentaciones de junio.

4.- Galicia.

Me lo pasé fenomenal, entre otras cosas, porque pude saludar a viejas amistades y hacer nuevas.

Pero ha sido un año tambén en el que ha muerto gente cercana, algunos todavía jóvenes:

1.- Tia Sabina.

2.- Mariano Ferrer.

3.- Iñigo Muguruza: 1 y 2.

4.- Joserra.

Los recordaré a todos ellos tal y como pedía Sabino Ormazabal que recordáramos a Mariano Ferrer:

«Aquí NO nos gustaría hablar de su muerte, sino de su vida. No ha muerto Mariano Ferrer, baizik eta Ha vivido Mariano Ferrer. Así lo expresa una forma de agradecimiento latina. Celebramos lo vivido con esa persona, no el adiós. ¡Qué suerte haberle conocido! Ha vivido Mariano Ferrer. Ha vivido Mariano Ferrer. Y lo ha hecho con todas y cada una de las personas que estamos aquí. Bakoitzak bere erara. Denok ditugu istorioak berarekin. Mikrofonoa irekia utzi ezkero, gaupasa egingo genuela seguru gaude; guztiok daukagu zerbait kontatzeko, anekdotak edo bizipen mota asko.»

Pero no quiero unir el año únicamente con la muerte de gente cercana. Porque también cumplió 15 años la comunidad de blogs de eibar.org, espacio en el que tengo el hermano euskaldun de este blog. Y le dije adiós a Facebook.

Lógicamente no tengo ni idea de lo que nos deparará este 2020. No ha comenzado nada bien con Trump subido a su maquinaria de guerra para matar a Soulemani, algo que parece que tendrá consecuencias terribles.

Mañana antes de comer (yo no espero sorpresas) veremos cómo es elegido Sánchez presidente. No tengo demasiadas expectativas de alguien que hace dos meses decía justamente lo contrario de lo que hace ahora, pero cualquiera sabe. Incluso puede ser bueno dado el panorama que tenemos.

Me llama la atención que las decisiones de los órganos superiores de la judicatura española con respecto a Cataluña no pasen la prueba del algodón en Europa y sigan erre que erre.

Habrá elecciones en el sur de Euskal Herria cuando decida Urkullu (y en Galicia y Cataluña, según parece), pero previamente habrá elecciones locales en marzo en Iparralde.

He andado bastante fuera de onda de las cuestiones políticas, asqueado de la espectacularización que todo lo inunda, pero quizás habrá que volver a ponerle atención a la política de verdad (sea eso lo que sea).

Mientras tanto, os dejo con esta foto que saqué el 1 de enero en Ondarroa: Gora Euskal Zirkua!

¡Abróchense los cinturones, por favor!

Indarrak hartzen 2020ari begira, apunte hau euskaraz

 

Gora Euskal Zirkua

Escrito por: iturri.2020/01/06 21:35:00 GMT+1
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2019/12/23 20:15:00 GMT+1

Joan Mari Irigoien a favor de la eutanasia y de una muerte digna

Este pasado fin de semana el diario Berria publicó una entrevista de Arantxa Iraola a Joan Mari Irigoien (1948). Además de escritor, en sus tiempos mozos Irigoien fue un destacado jugador de fútbol del Sanse, segundo equipo de la Real Sociedad. Hoy en día, enfermo de esclerosis lateral primaria (una ELA lenta), Irigoien aboga en defensa de la eutanasia y por el derecho a una muerte digna. He traducido la entrevista y solo añado que espero que se cumplan sus deseos, los cuales los adopto como propios.

Joan Mari Irigoien: «Pido respeto; quiero morir dignamente, nada más»

Joan Mari Irigoien. Fotografía de Juan Carlos Ruiz (Foku) para Berria

Fotografía de Juan Carlos Ruiz (Foku) para Berria.

Ha sido uno de esos días en los que oscurece nada más amanecer. El escritor Joan Mari Irigoien (Altza, Donostia, 1948) nos abre las puertas de su casa. «En una situación agónica, pero por lo demás bien». A la pregunta de qué tal, esta fue su respuesta; sin ningún reproche, con ese humor tan característico suyo en sus ojos chispeantes. Pronuncia las palabras torpemente. Ya han pasado unos cuantos años desde que le diagnosticaran una escleroris lateral primaria y, además de para hablar, tiene también dificultades para moverse. Difunde con fuerza su posicionamiento a favor de la eutanasia, preocupado por las consecuencias de un empeoramiento de la enfermedad. Ha hablado en público de esta cuestión, se lo ha hecho saber de manera clara a su familia, y también lo ha dejado por escrito en su documento de voluntades anticipadas: «Sé muy bien que ahora mismo la eutanasia no es legal, pero quiero subrayar mi absoluta convicción y mi voluntad clara y firme, reiteradamente manifestada». En su trato con los médicos, les ha dicho en más de una ocasión que quiere despedirse de este mundo sin que el sufrimiento le fastidie el adiós. «Aún no; todavía tengo humor». Y la capacidad de escribir: pasa horas en ello. «Pero cuando comiencen los problemas, entonces sí». Le gustaría tener al lado un médico/a o enfermero/a que le ayude en ese tránsito, pero está pidiendo algo que es ilegal. Habla con admiración del doctor Nicolas Bonnemaison; cuando trabajaba en el hospital de Baiona, sedó a siete pacientes terminales entre los años 2010 y 2011. Fue juzgado y condenado el año 2015. No puede pronunciar las palabras tal y como surgen en su cabeza; por este motivo, ha preferido responder por escrito al cuestionario del diario Berria.

Arantxa Iraola: ¿Cómo llegó el diagnóstico de la enfermedad?

Joan Mari Irigoien: En un principio fue una disartria, y pasé dos o tres años sin saber qué me pasaba, hasta que se jubiló el neurólogo que me trataba y comencé con otro especialista. Este último me hizo varias pruebas y fue quien me diagnosticó la enfermedad: «aparentemente es una esclerosis lateral primaria...». Desgraciadamente, el médico acertó de pleno.

Arantxa Iraola: ¿Cuál es la evolución de la enfermedad?

Joan Mari Irigoien: Soy un hombre de una gran imaginación y, a medida que escuché que los músculos de mi cuerpo irían debilitándose, imaginé toda la película. La esclerosis lateral primaria, en definitiva, es una enfermedad parecida a la ELA [escleroris lateral amiotrófica], pero con un desarrollo más lento.

Arantxa Iraola: ¿Cuál fue el impacto que tuvo en ti?

Joan Mari Irigoien: Antes de responder a la pregunta, debería hablarte de mi relación con la muerte. Cuando yo tenía 8-10 años, murió la abuela del caserío Mirasun de Altza y aquel hecho me causó un gran impacto. De tal manera que inmediatamente me di cuenta de que la fallecida era la abuela de Mirasun, pero que algún día yo también sería el protagonista de esa película. Pero el tiempo es el remedio de todas las enfermedades y, poco a poco, en mi lucha diaria contra la muerte, caí en la cuenta de que el humor y la ironía podían ser muy buenos aliados. Te pondré un ejemplo. Vosotros sabéis que estoy a favor de la eutanasia y, entonces, ¿qué mejor que enfrentarme a ese problema apelando al humor? Escribí este poema cuando mi salud era mejor que la actual:

Nota de traducción: son unos versos sobre la eutanasia que prefiero dejar en el idioma original.


Printzesa urrun baten izena duzu, Eutanasia,
baina nik hurbilago nahi zintuzket,
maite-maite baitzaitut,
eta ez baitut burutik baztertzen
zu neure egitea noizbait,
         edo ni zeure, hobeki…


Zu, Eutanasia, ene azken orduko esperantza;
zu, ene azken hatsa;
zu, ene Buda errukibera;
zu, ene balizko sufrimenduen aringarri;
zu, ene maitaleen maitale.


Barkatu atrebentzia,
hurrengoan Eutanaxi deitzen badizut…

Arantxa Iraola: ¿Qué opinión tienes de los cuidados prestados desde entonces por el sistema de salud?

Joan Mari Irigoien: El trato de médicos/as y enfermeros/as ha sido excepcional. Hubo un tiempo en el que acudía al Hospital de Basurto para las revisiones periódicas, donde me atendía un equipo médico. Ahora, sin embargo, como estos servicios también se han extendido al hospital Donostia, es aquí donde me atienden sin necesidad de acudir a Bilbao.

Arantxa Iraola: ¿Cuál ha sido tu relación con los cuidados paliativos?

Joan Mari Irigoien: Debido a una caída, me rompí la cadera: ¡qué dolor! Pero el traumatólogo detectó la fractura, me operó y me quitó todo el dolor. Después no he tenido más dolores, pero siento los músculos cada vez más debilitados y me temo que pronto pueda entrar en una fase más oscura... Espero equivocarme en este pronóstico. Por lo demás, tuve una entrevista con el jefe de cuidados paliativos y él me aclaró cuál puede ser el panorama al que debo enfrentarme.

Arantxa Iraola: ¿Cómo ha sido la pérdida de autonomía?

Joan Mari Irigoien: Según las fuerzas del momento. Lo que voy a decir ahora no lo entenderá nadie que no haya tenido una experiencia parecida a la mía. Llevo varios años conviviendo con la enfermedad y ¿mé podéis creer que he sentido mi bajón a diario, aunque haya sido muy poco a poco y con sus matices? Si un día se me endurece la articulación de un dedo del pie o de la mano... tranquilo, porque al día siguiente será otra cosa la que se impondrá: a que me sale un granito en la punta de la nariz. Ja ja ja. Así se me fueron los movimientos de las piernas, cada día más limitados... Y, aún y todo, contento, porque pude pasar de andar a moverme en carro sin tener que pagar ningún nuevo permiso de circulación...

Arantxa Iraola: ¿Cuáles han sido las reflexiones que te ha sugerido cada fase?

Joan Mari Irigoien: Hasta ahora lo he llevado muy bien, con alegría y humor. Pero poco antes os he dicho que me temo que estoy a punto de entrar en una fase más tenebrosa debido a una parálisis imparable. Aunque estoy hablando demasiado alegremente...

Arantxa Iraola: Entre los médicos, ¿has encontrado un foro adecuado para charlar de estos pensamientos sobre el final de la vida?

Joan Mari Irigoien: Aunque soy un hombre solitario, no tengo ninguna dificultad para charlar con los médicos de mi enfermedad. De tal manera que, cuando me toca acudir a alguna consulta médica, siempre tengo tiempo para charlar con ellos. Mi mujer es estricta y, cuando le hablo de estas cosas, me suele decir: «¿Que has tenido una conversación con el médico...? ¡Seguro que le habrás aburrido con tus cosas!». (Nota de traducción: conversar largamente en euskera es hitz-aspertu, un juego de palabras entre palabra y aburrimiento, de ahí la sentencia de su mujer). Pero por encima de foros y conversaciones, tengo claro lo que me gustaría tener en su momento... Me gustaría despedirme de los míos con una sonrisa... O al menos intentarlo, porque estas cosas no se pueden certificar al 100%. Porque resulta vergonzoso cómo deben andar algunas personas para cumplir su sueño —una muerte lo más dulce posible—, trampeando la ley... Me viene a la cabeza el caso del señor Bonnemaison y me invaden a la vez la pena y la vergüenza, la vergüenza y la pena... y también muchas ganas de llorar de vez en cuando. Por ello entiendo la actitud de algunos médicos, porque fue tremendo lo que padeció y sufrió el señor Bonnemaison por su valentia. Pero si no es por una vía deberíamos hacerlo por otra, de manera que provoquemos y presionemos a todos los colectivos que se ocupan de la salud: médicos, enfermeros, políticos, instituciones, etc.

Arantxa Iraola: ¿Con quién has compartido estas preocupaciones?

Joan Mari Irigoien: Con cualquiera. Pero también os he dicho que tengo dificultades para hablar y hay veces en que predomina la falta de ganas. Sin embargo, cuando las palabras me cansan, se me quedan ahí (y se les quedan ahí) a mis interlocutores las sonrisas y las miradas, las cuales a veces dicen más que las palabras.

Arantxa Iraola: La eutanasia está penada por ley. En tu situación, ¿qué te provoca esa prohibición?

Joan Mari Irigoien: Asco. Algunos políticos nos toman por bebés, pero ahora que ya tengo 71 años y, en principio la cabeza en su sitio, sólo pido respeto, porque me gustaría morir dignamente, nada más. Mis derechos están en juego y me deberían dar los instrumentos para ejercerlos, ¡la leche!

Arantxa Iraola: Además de estas preguntas, ¿quisieras añadir algo más?

Joan Mari Irigoien: Sí. Sé de dónde vengo y sé también de qué fuentes y de qué tradición he bebido para dar una respuesta adecuada (?) a mis preguntas existenciales. En este sentido, tengo claro que la principal referencia ha sido la tradición cristiana. Por otro lado, es verdad que mataron a Cristo, ¿pero por qué lo mataron? En mi percepción, porque era un agitador, alguien que buscaba la justicia y un mundo mejor. Formularé la pregunta de otra manera: ¿A qué vino Cristo: a santificar el dolor o a reducirlo? Yo no tengo dudas. Cristo sanaba a los cojos y a todos los enfermos dignos de compasión. Por lo tanto, Cristo no era un masoquista impenitente, sino un hombre muy generoso que luchaba contra el dolor. Si Cristo hubiera sido masoquista —en cuanto Dios, sería un masoquista infinito—, no habría curado a los cojos. Todo lo contrario: les hubiera cortado en rodajas las articulaciones que les quedaban, los brazos, las orejas, les quitaría los ojos de cuajo, etc. etc. ¡Qué argumentos tan absurdos! Pero no puedo estar callado sin gritarlo a los cuatro vientos... porque en este camino hacia la muerte puedo perder la cabeza en cualquier momento. Si esto sucede, quien debe saberlo ya sabe qué me tiene que hacer: y que me lo haga lo más rápido posible...

[El entrevistado quiso añadir esta postdata para finalizar la entrevista]

P.D.: Sé que en los hospitales y centros de salud hay gente muy maja y progresista que se mueve en los párametros de la legalidad vigente: aplausos, homenajes y monumentos para ellos. Pero que no se olviden de nosotros, de quienes preferimos la eutanasia a los cuidados paliativos. En definitiva, porque creemos más en nuestra libertad y en nuestra capacidad de decidir sobre nuestra salud. Dicho de otra manera: ¿Que hay enfermos que prefieren los cuidados paliativos porque la eutanasia les produce problemas de conciencia...? Pues que se los den, pero que no entorpezcan los derechos de las personas que estamos a favor de la eutanasia.

Resumiendo todo lo dicho hasta ahora, estoy convencido de que la sociedad debe dar un paso más en este campo y legalizar la eutanasia y el suicidio asistido. Sé, por supuesto, que una ley a favor de la eutanasia necesita de un control y un seguimiento especiales, pero si nos ponemos a reformar la ley, que sea a mejor. ¿No os parece?

Escrito por: iturri.2019/12/23 20:15:00 GMT+1
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2019/12/18 19:44:00 GMT+1

(Casi) un alfabeto para Iñigo Muguruza

El pasado 5 de septiembre falleció Iñigo Muguruza y aprovechando que ayer, 17 de diciembre, habría cumplido 55 años, la familia y amigas y amigos varios organizaron un homenaje en el Kafe Antzokia bilbaino.

Autobús

Unas 60 personas teníamos cita a las cinco y media de la tarde ayer en la bixera de Irun. Conocía a unos más que a otros, pero todos teníamos relación con Iñigo.

Fui con un amigo de toda la vida, Iñaki.

Cuando supe que iríamos en autobús a Bilbao, me vinieron a la cabeza los buses que organizaba Bertso-Hop para ir a ver conciertos lejanos. Me acuerdo especialmente de dos: una excursión a Burdeos para ver a Henry Rollins Band y otra para ver en Madrid a Red Hot Chilli Peppers.

Bilbao

Fermin contó en el Kafe Antzokia que la primera idea era hacerle el homenaje en Irun. Pero que fue imposible. Esa relación amor-odio con tu pueblo natal.

Ahora bien, teniendo en cuenta la relación de amor que los Muguruza tienen con Bilbao, aunque no solo eso, fue muy adecuado que el homenaje fuera en el citado Kafe Antzokia. La única pena es que había poco sitio para toda la peña que quería estar en el acto, pero yo lo agradecí, porque cada vez me gustan menos las concentraciones numerosas, sobre todo cuando hay música por medio.

Catalunya

Joni D Hace Color leyó un texto a la memoria de Iñigo. No lo escuché atentamente, porque fue breve e inesperado y me pilló pidiendo en el bar. Quede aquí constancia de que el manager catalán de los Muguruza estuvo en Bilbao ayer.

Delirium Tremens

Cuando Kortatu se hizo a un lado, Iñigo pasó una temporada en Nicaragua. A la vuelta, se unió a un grupo de Mutriku que estaba ya en marcha. Su nombre Delirium Tremens.

Han pasado ya 28 años desde que DT desapareciera y se juntaron para tocar cuatro canciones. En un entrevista a Andoni Basterretxea publicada el lunes en el diario Gara (enlace de pago y en euskera), el cantante y líder de aquella banda cuenta cómo entiende la vida y la música.

Esos 28 años no han pasado en balde, pero me quedo con cómo canta y toca la guitarra Andoni. Cada vez que le escucho entra el mar en mi cabeza.

Ezekiel

A Iñigo no solo le interesaba la música. Un ejemplo de ello fue el montaje Ezekiel. Si no recuerdo mal, es de sus tiempos de Sagarroi. Y allí estaban, en Bilbao, Miren Gaztañaga, Ander Lipus y Asier Ituarte para recordar aquella época.

No lo recuerdo muy bien, pero mi cabeza me dice que los vi en el Amaia de Irun.

Era una adaptación de la novela de Martxel Mariskal «Me llamo Ezequiel y así será siempre» donde juntaron música y teatro.

Fermin

Fermin e Iñigo. Iñigo y Fermin.

Dos proyectos potentes en los que estuvieron juntos, mano a mano: Kortatu y Negu Gorriak. Pero no solo era eso.

No quiso hacerle a su hermano un adiós al uso y se acordó de que hace tres años, en el cumpleaños de diciembre de 2016, Iñigo convocó a un porrón de personas que habían sido cómplices de sus proyectos musicales para celebrar su cumpleaños en una pequeña pizzería de Irun.

Muchos de ellos se subieron ayer al escenario del Kafe Antzokia para recordar a su amigo, su compañero de banda, su profesor...

Y el principal impulsor fue Fermin.

Gaztañaga, Miren

Qué capacidad tiene esta mujer para hacer fácil lo difícil encima de un escenario. Condujo el acto, tomó parte en Ezekiel y se desmelenó cantando varios números de Sagarroi.

No sé si necesita una banda, pero como es del mundo del teatro, quizás pueda hacer algo parecido a lo que hace Asier Etxeandia en algunos de sus espectáculos.

Me atrevería a decir que unos cuantos disfrutaríamos de ello.

Hombre blandengue

Pablo Cabeza le hizo hace varios años una entrevista a Iñigo donde este citaba a El Fari como contrario a los hombres blandengues. El pequeño de los Muguruza le aguantó el envido y le dijo que él era uno de esos hombres blandengues.

Ayer recordaron que Karmele Jaio dedica su último libro a Iñigo, especialmente, y en general a los hombres nuevos.

(Con) Iñigo

Mi relación principal con Iñigo fue encima del escenario. Es decir, él encima del escenario y yo como público mirándole a él. Pero andábamos por los mismos sitios en Irun y sí que tuvimos otro tipo de contacto. Por ejemplo, para ir al cine o algún concierto a Donostia.

Recuerdo que a mediados de los 90 quedamos en el Bar Zurt para ir a ver un concierto. Mi cabeza me dice que era uno de Christina Rosenvinge, en aquellos jueves del Principal. Pero podía ser algún otro.

Salimos de Irun y no llevábamos un kilómetro recorrido cuando vimos que, en una recta, un coche venía por nuestro mismo carril en sentido contrario. Iñigo le dio las luces y tocó el claxon, pero el tipo no se desvió de su camino. Cuando pensábamos que nos ibamos a chocar de frente, aquel tipo frenó también a escasos metros de nuestro coche.

Mi primera reacción fue salir a preguntarle qué le había pasado y el otro conductor hizo lo propio, cagándose en nosotros y con ganas de pegarme. Era obvio que el buen hombre tenía algún tipo de trastorno mental, tal y como pudimos saber al día siguiente. Porque Irun es pequeño.

Seguimos el camino en silencio y más pálidos que de costumbre. No recuerdo nada del concierto.

A veces sigues vivo por azar.

Jabier

El hermano mayor, pero también compañero de Iñigo en el proyecto Joxe Ripiau.

Cuando salió a escena con una hoja en la mano, nos dimos cuenta inmediatamente de que Jabier estaba para pocas bromas ayer.

Dijo que alguien lo saludó diciéndole que se venía «fiestón». A lo que repuso que él estaba de duelo.

Jabier fue quien recordó la dedicatoria de Karmele Jaio, la diminuta pizzería irunesa (para el número de personas convocadas) y el corazón del tamaño de un elefante que escondía su hermano pequeño.

Nota: el diario Berria ha colgado el texto de Jabier. «Elefante bihotza zeukan» (enlace en euskera: Tenía un corazón de elefante).

Kortatu

A priori pensé que sería Negu Gorriak quien clausuraría la noche. Sin embargo, Fermin invitó a la banda Des-kontrol (anoche Pikete Lerroa) para tocar juntos algunas canciones de Kortatu y cerrar el acto.

Para mí Kortatu es el instituto y mis primeros años universitarios. Comencé a seguir al trío irundarra con 16 años. A mi edad, la nostalgia está bien, siempre que la incursión sea breve e intensa.

Lurra / (Hiru) Leike

Los últimos proyectos de Iñigo eran más pequeños y el penúltimo atendía al nombre de Lurra. Anoche lo condujo la cantante Ane Garcia. Era muy joven cuando comenzó y ahora ya tiene veintitantos. Se nota para bien.

Hiru Leike fue el último grupo de Iñigo y anoche estuvo representado por la cantante (embarazada) Ane Odriozola y sus compañeras de Indidxabak.

Muguruza

Hoy aquí y ahora citaré a las familias de los tres hermanos.

Primero sus compañeras. Un beso grande para Maite, Jone y Estitxu. Sobre todo para Estitxu.

Y otros más para Beñat, Unai, Irune y las dos hijas de Iñigo. Todos ellos estuvieron en Bilbao ayer.

Negu Gorriak

Todavía tiemblo al recordar aquel primer (para mí) concierto de Ezpeleta en septiembre de 1991. Mis pocos pelos todavía se erizan.

No invitaron a ningún otro guitarrista para que el vacío de Iñigo fuera más visible. A ellos, y a todos, nos miraba un retrato sonriente de Iñigo en la parte central trasera del escenario.

El cuarteto se hizo llamar NG Brigada Peligrox. Han pasado los años, pero el repertorio sigue vibrando.

Público

Ya he dicho que el Kafe Antzokia estaba lleno y eso fue motivo de agrado.

La edad no solo afecta a los músicos. También nos afecta a los demás, a algunos más que otros. Eso también.

Pero no fue solo un cónclave de personas mayores. También tuvieron su sitio personas jóvenes.

(Joxe) Ripiau

Iñigo amaba el ruido y el rock. Por seguir con la r, por ejemplo a Rory Gallagher. Pero también el Caribe, Cuba y Jamaica.

La principal virtud de Joxe Ripiau consistió en cantar en euskera esos ritmos latinos y festivos. Lo hicieron en un buen número de fiestas, pero ayer no era ese el tono.

Dolor y una única canción. Sin voz. Para que su ausencia quedara patente.

Sagarroi

Tras Joxe Ripiau, Iñigo volvió a los sonidos rockeros y fue una delicia ver a Sagarroi, tal y como he dicho antes encabezados por Miren Gaztañaga.

Muy destacable el trombón de Asier Ituarte.

Tenk

Martxel Mariskal e Iñigo se conocieron en el instituto de Hondarribia, si no entendí mal. Formaron parte de Desband, donde también estaba Xabi Lopez.

Martxel presentó su nuevo proyecto mezcla de spoken word y post-rock con un trío compuesto por Karlos Txap Osinaga (Lisabö), el citado Xabi Lopez (Beti Mugan) y Santi Noain.

Me gustaría verlos en otras condiciones, porque siempre es de agradecer escuchar a Mariskal.

Underground

La de ayer fue una nueva muestra de lo mucho que debe nuestra escena a los gaztetxes y a los movimientos alternativos.

(Bingen) Zupiria

Mal día ayer para el PNV, porque se hizo pública la sentencia del caso De Miguel. Pero esa es otra cuestión. Hoy no toca, que decía Jordi Pujol.

El consejero de Cultura Bingen Zupiria estuvo presente en el homenaje. Yo solamente lo vi a la entrada, porque luego estuve durante las tres horas del acto en el segundo piso.

Recuerdo a Zupiria, siendo director de Deia, en un concierto de Fermin en el Kafe Antzokia ondarrutarra.

Underground sí, pero también las instituciones. Sin el trabajo y el dinero de estas nuestra cultura se va al guano.

P.S.: Petti también subió a cantar, pero no recuerdo con quién y en qué momento. Añado coletilla: me dice Ana Galarraga que cantó una canción con Lurra.

Dos crónicas en euskera: Izkander Fernandez en Gara e Iñigo Astiz en Berria (con muy buenas fotos, por cierto). Y qué decir de estas de Gaizka Peñafiel.

(Ia) alfabeto bat Iñigo Muguruzari eskainia, apunte hau euskaraz.

Esta pieza de Koldo Otamendi, Maddi Mochales y Jabi Jubera para Hamaika Telebista está hecha con mucho mimo y gusto.

Escrito por: iturri.2019/12/18 19:44:00 GMT+1
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2019/12/15 21:10:00 GMT+1

Un retrato del movimiento antinuclear vasco

Ez, eskerrik asko.

Tomando como punto de refrencia el asesinato de la ecologista donostiarra Gladys del Estal en Tudela en junio de 1979, Bertha Gaztelumendi ha dirigido el documental «Ez, eskerrik asko. La ventana de Gladys» donde retrata el movimiento antinuclear vasco de la época. El guion y la idea original son de Sabino Ormazabal.

El pasado jueves, 12 de diciembre, estuve en el estreno, el cual tuvo lugar en el Teatro Principal donostiarra. Las semanas previas se agotaron todas las invitaciones disponibles y, aunque hubo gente que no vino, el teatro rozaba el lleno.

Este trabajo audiovisual es muy nececesario, más ahora, para no olvidar la pujanza del movimiento antinuclear de los 70 y 80. Un movimiento plural, no homogéneo. Con sus contradicciones sobre el uso de la violencia, puesto que hubo docenas de ataques contra Iberduero (la empresa impulsora de la central nuclear de Lemoiz), sin olvidarnos de la violencia de ETA, ni la del estado.

Así esas contradicciones aparecen en el documental: con gente que dice que ETA hizo mucho daño al movimiento, aunque también hay voces que dicen que su intervención paralizó el proyecto de Lemoiz.

Me extrañó la intervención de Alberto Muñagorri y, además, me dejó un sabor agridulce. Porque si bien decía que el responsable de sus heridas fue quien puso la bomba, también extendía la responsabilidad al movimiento antinuclear y al pueblo en general. O eso fue lo que yo entendí.

No recordaba que fuera un artefacto contra Iberduero el que le jodió la vida a Alberto y he buscado en la web de Javier Ortiz. Y he encontrado un artículo escrito por el propio Ortiz en el año 1991 en El Mundo del País Vasco: Lemóniz: un monumento al absurdo.

Sobre el uso de la violencia, este párrafo:

«Cinco cayeron del lado de Iberduero; siete del de ETA. También hubo de morir Gladys del Estal, militante ecologista. Y un niño, Alberto Muñagorri, se quedó tuerto y cojo por no saber lo peligroso que es dar patadas a los paquetes abandonados junto a oficinas de Iberduero».

Muñagorri dice que no dio ninguna patada a ningún paquete, pero en el imaginario colectivo eso fue lo que quedó y nuestras madres y padres nos recordaban continuamente que no tocáramos ningún paquete sospechoso que hubiera en la calle.

Ortiz también recoge una cita de Arzalluz:

«La central nuclear de Lemóniz es necesaria para el País Vasco, y el tiempo se encargará de demostrarlo», afirmó en su día el factótum pensante del PNV, Xabier Arzalluz».

Y el coste económico:

«Dos mil millones de pesetas se invierten cada año en mantener vivo este disparate. (...) El problema es que esos dos mil millones anuales no los pone Iberduero, empresa constructora de la central, ni ningún mecenas al que le fascinen los happenings políticos: los pagamos usted y yo todos los meses en el recibo de la luz».

Para quienes no conocisteis las pesetas, eso significa 12 millones de euros anuales. La Wikipedia habla de que el coste de los trabajos de construcción fue de 200 millones de euros, cifra que también se cita en la película.

Acabo con un cuarto párrafo del reportaje de Javier:

«El proyecto de Lemóniz no fue muy astuto, todo sea dicho. Cada cual es libre de pensar lo que quiera de las centrales nucleares en general, pero instalar una a escasa distancia del Gran Bilbao, área densamente poblada que no podría ser desalojada en caso de accidente, supera los límites de lo que el sentido común aconseja, sobre todo después de conocer, las no muy alentadoras experiencias de Harrisburg y Chernóbil».

La web de «Ez, eskerrik asko. La venta de Gladys» recoge por el momento cuatro proeycciones: dos en Deba y Ea el mismo día, 20 de diciembre (junto con Lemoiz, en ambos pueblos estaba prevista la construcción de sendas centrales), en Vitoria el 10 de enero y en Donostia nuevamente (el 14 de enero en el Centro Cultural Okendo).

Euskal Herriko mugimendu antinuklearraren erretratu bat, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2019/12/15 21:10:00 GMT+1
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2019/12/04 20:00:00 GMT+1

Indurain

El periodista Carlos Tigero publicó en 2018 un libro donde narra, con el apoyo de un buen número de fotografías, la carrera deportiva de Miguel Indurain: «La estela de Miguel en 101 imágenes».

Os voy a poner aquí dos o tres píldoras y un vídeo para que os entren ganas de comprarlo y leerlo.

Antes de todo eso os diré que ha contado con un buen número de testimonios de rivales (Gianni Bugno, Claudio Chiapucci, Tony Rominger, Marino Lejarreta), compañeros (Pedro Delgado, Pruden Indurain, Julián Gorospe, Marino Alonso) directores y asistentes (José Miguel Echavarri, Bixente Iza, Francis Lafargue, Enrique Sanz, Eusebio Unzue, Carlos Vidales), etc.

Sergi López-Egea en el prólogo De profesión, indurainista

«En la puerta de la sala de prensa de la Gran Salida del Tour del 2002, en Luxemburgo, había un joven espigado que me hacía señas. A pesar de llevar colgado en el cuello un pase VIP de la ronda francesa, regalo de Jean-Marie Leblanc, por aquel entonces director general de la prueba, no se atrevía a entrar a lo que podríamos denominar el templo de los periodistas».

(...)

«(A Carlos Arribas y a mí) no sé si inicialmente nos hizo mucha gracia. Pero todo cambió cuando paseando por las calles de Luxemburgo nos cruzamos con José Miguel Echavarri. Creímos por sus gestos que se disponía a abrazarse con alguno de nosotros. Pero lo hizo con Tigero. Arribas y yo nos quedamos perplejos. ¿De qué narices conocía Echavarri a un chaval que por aquel entonces tenía 20 años y estudiaba en la universidad?

«Enseguida Echavarri explicó que unos años antes se le había presentado en Pamplona un joven catalán que realizaba un trabajo fin de curso de segundo de bachillerato sobre Indurain. Echavarri lo fue a buscar a la estación de tren, lo llevó a su casa y respondió a todas las preguntas que le formulaba el desconocido estudiante. Por supuesto, Tigero aprobó el trabajo».

«Y fue el mismo Carlos quien al cabo de un tiempo envió una carta a Leblanc diciéndole que la ilusión de su vida era ir a la salida del Tour para conocer los secretos de la carrera. Le explicó que era un estudiante de Barcelona y le pidió si podía conseguirle algún tipo de acreditación. Tal fue la sorpresa de Leblanc por la carta recibida que le asignó un pase VIP».

«(En el 2003) Camino de París, Tigero contemplaba las señales de tráfico que indicaban los pueblos de las salidas de la autopista. "Aquí se escapó Indurain en el 89". "A 50 kilómetros de aquí estaba la salida donde el ONCE puso en jaque al Banesto en el 95". Aproveché una parada en una área de servicio para sacar un libro de estadísticas que llevaba en el maletero. Y era verdad. No se inventaba nada».

1. Elda, 1983

«Miguel viste el maillot de campeón de España amateur en la cronoescalada al alto de Agina, en la Vuelta a Navarra de 1984, un jersey que consigue once meses antes al batir en Elda a Jokin Mujika, el mejor ciclista amateur del momento. Mujika cruza la meta de Elda pegando puñetazos sobre su manillar tras ser derrotado por un chico de 18 años, mientras Bixente Iza, masajista del nuevo campeón, le consuela.»

«-¿Cómo me ha podido ganar este? ¡No puede ser! ¡No puede ser!»

«-Pues prepárate porque te va a ganar muchas carreras de aquí en adelante...»

101. Puerto de Artesiaga, 2017

«Con 53 años, Miguel sigue rodando con su Pinarello, ahora monocasco de carbono, marca de la que es embajador mundial (...) Su hijo Miguel detalla su plan de entrenamiento: "Sale un día y hace seis horas, y al día siguiente descansa; al otro seis horas, y al siguiente descanso de nuevo; y así sucesivamente. Entrena muchísimo y siempre sale solo. Se coge un par de barritas y con ellas aguanta todo el recorrido, porque no es de parar mucho cuando sale en bici».

«El 17 de agosto de 2017, Miguel le dijo a su primogénito que al día siguiente iba a salir a rodar desde casa hacia Francia. Su hijo le prestó un GPS para así analizar después por pura curiosidad la ruta que había hecho. Al día siguiente, cuando volcó los datos al ordenador, se quedó pasmado. Su padre había recorrido 213,68 kilómetros en nueve horas, siete minutos y veintidos segundos a 23,4 kilómetros por hora de media, con 4.523 metros de desnivel acumulado y una potencia de 193 vatios. Miguel salió de su segunda residencia en Altzuza, cerca de Pamplona y, dirección Otsagabia, ascendió Larrau, introduciéndose por los durísimos puertos de la Selva de Irati, regresando a casa por la carretera de la fábrica de Orbaizeta para volver a subir Mezkiritz y Erro dirección Pamplona. Su hijo colgó los detalles de la ruta en la aplicación Strava titulando: "No sé qué se le habría perdido en Francia: entreno del padre".»

La música es una versión de Wilco a cargo de Mountain Man.

Y una segunda de propina, por si acaso.

Escrito por: iturri.2019/12/04 20:00:00 GMT+1
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2019/12/01 20:15:00 GMT+1

Cada cual en su charca

Esta mañana me he acercado hasta una charca que hay en Igara donde dicen que chapucean los pocos ejemplares que quedan de la ranita meridional. Entre que iba y venía, le he dado vueltas a unas cuantas cosas... Pero no os las voy a contar, porque prefiero hablar de «Azken aurreko manifestua» («El penúltimo manifiesto»).

Hace un año, Uxue Alberdi invitó a Harkaitz Cano a participar en el ciclo «Euskara ala ezkara» en Elgoibar y el escritor leyó un texto titulado «Azken aurreko manifestua».

Este vídeo lo colgaron en la red el 4 de diciembre de 2018, pero justo se lo oí recitar la víspera al mismo Cano en la librería Kaxilda de Donostia, dentro de Euskaraldia.

Un año después, la plataforma Booktegi (Aritz Branton) organizó un recital en la Biblioteca Central donostiarra ayer sábado, 30 de noviembre.

Este texto (el mío) está escrito en euskera originalmente y ahora, cuando procedo a ponerlo en castellano, me doy cuenta de que estoy dando por supuestas cosas que habrá personas que las lean y no las entiendan, pero es que resulta complicado.

Cano escribió este manifiesto en unas jornadas dedicadas a la normalización del euskera y justamente ahora, el día 3 de diciembre, se celebra el Día Internacional del Euskera.

No voy a resumir el manifiesto por aquí, pero sí que voy a contar que el acto de ayer se dividió en dos partes principales:

Por un lado, la propia lectura, en tres movimientos, a cargo de la actriz Iraia Elias y de la pianista Hatxe.

Por otro lado, una conversación entre Harkaitz Cano y uno de sus maestros, el también escritor Anjel Lertxundi.

Tras el primer movimiento, comenzó el diálogo entre Cano y Lertxundi y así sucesivamente hasta el final (es decir, la secuencia lectura-diálogo).

Cada vez me cuesta más permanecer atento durante más de una hora (la edad y los tiempos que nos han tocado vivir), pero esta vez no se me hizo larga la hora y media y creo que estuve bastante atento a lo que sucedía en la tarima. Porque había fundamento y un tono jocoso muy atractivo, una mezcla entre humor e ironía.

Booktegi grabó el acto y tiene la intención de ponerlo en su web, por lo que podréis verlo dentro de algún tiempo. Sólo voy a citar una cosa: Lertxundi le recordó a Cano lo que le gustó el breve ensayo «Txalorik ez, arren» («Aplausos no, por favor») y le invitó a que escribiera otro: «Malkorik ez» («Lágrimas no»).

No sé si Cano recogerá el envido de Lertxundi, entre otras cosas porque dijo que piensa tomarse el 2020 como sabático.

Messi

He empezado por citar a la ranita para recordar que todos vivimos en nuestra charca particular. El viernes estuve en San Pedro, en el Bar Muguruza (Falcon Crest). Mientras esperaba a las y los colegas, estuve mirando a un perro al que llamaban Messi.

A base de ladridos no paraba de pedir que le lanzaran el balón. Se lo tiraban y Messi lo traía de vuelta. Decían que no se cansaba fácilmente, pero que a veces sí que lo hacía. Entonces echaba mano de dos solucioness: una, tirar el balón al agua, pero el problema es que luego tenía que ir a recogerlo; dos, pinchar el balón, algo que también hacía con frecuencia.

Agua o pinchazo. ¡Que cada cual elija!

La música la pone Hatxe.

Chispún.

Bakoitza bere putzuan plisti-plasta, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2019/12/01 20:15:00 GMT+1
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2019/11/24 09:10:00 GMT+1

¿A quién vamos a dejar morir? Una declaración política a favor del sistema público de salud

Esta semana me he leído una entrevista del compatero Luis de la Cruz: «La crisis es una característica de nuestro sistema de salud más que una coyuntura». El entrevistado era Javier Padilla (Colectivo Silesia) y el motivo un libro de este médico de familia que acaba de publicarse:  ¿A quién vamos a dejar morir?

Me lo compré el viernes por la mañana en la Librería Hontza y me lo había leído ya el sábado por la tarde. Porque se juntaron varios factores: he tenido tiempo, el tema me ha interesado y el libro ha ayudado.

Me crucé varios mensajes con Luis entre semana y me dijo que la editorial Capitán Swing tiene una línea temática en la que han aparecido ya libros sobre la gestacion subrogada, la maternidad y, pronto, sobre la vivienda.

No recuerdo haber leído nunca un libro sobre sanidad o salud pública y me parece que este ha sido el libro adecuado para empezar por ese camino. Te sitúa en el tema, sirve para ver de dónde venimos, qué está sucediendo ahora y qué es lo que puede venir a la vuelta de la esquina, además de darte pautas, desde una perspectiva de izquierda, de por dónde deberíamos ir.

Echando mano de las palabras de Luis de la Cruz:

«Padilla habla de salud de una manera global que, a priori, uno no esperaría de un médico. Escribe de política, de sociedad, recurre para ello a la filósofa Marina Garcés o al debate feminista sobre redistribución y reconocimiento. La salud en su contexto, el autor en un determinado ecosistema cultural y toda su argumentación bien contextualizada, histórica y políticamente.».

Unos días antes había leído otro artículo contundente de Julen Iturbe en su blog: El desmantelamiento del sector público.

Iturbe comienza su apunte hablando sobre la edad media en aumento de los funcionarios de la Administración Central del Estado y, poniendo como ejemplo el Ayuntamiento de San Sebastián, señala el peso creciente de agentes externos en el funcionamiento diario de las administraciones.

Universalidad

En la página 35 del libro de Padilla, cita el artículo de Martin McKee y David Stucker titulado The assault on universalism: how to destroy the welfare state (El asalto a la universalidad: cómo destruir el Estado del Bienestar). Cuatro pasos describen el proceso:

  1. Crear un grupo identificable de personas que no se merezcan recibir ese servicio público.
  2. Generar un sistema en el cual los ricos disfruten de pocos beneficios a cambio de los impuestos que pagan.
  3. Reducir el papel de los sindicatos.
  4. Tomar decisiones cuyas implicaciones sean poco claras y cuyos efectos solo sean vistos en el futuro.

Padilla pone como ejemplo el RD 16/2012 del gobierno Rajoy. Aunque el foco se puso en los inmigrantes indocumentados, había también otro punto importante: la expulsión del sistema de aquellas personas con rentas superiores a los 100.000 euros anuales. Es decir, dos decisiones que atentan contra los puntos primero y segundo del proceso arriba señalado.

El código postal tiene más implicaciones que el código genético: la inequidad

En la página 93 se habla del concepto de inequidad (desigualdad). La primera frase: «La diferencia en esperanza de vida entre los barrios más ricos y los más pobres de la ciudad de Madrid es de diez años». Hace referencia también a este artículo de El Confidencial: Dime en qué barrio de Madrid resides y te diré si vivirás 10 años más o menos.

Continúa con esa idea en el página 98: «En Glasgow hay 24 años de diferencia en esperanza de vida entre barrios que distan 12 kilómetros entre sí. En Baltimore la diferencia son 20,2 años, pero la distancia es de tan sólo 5,1 kilómetros (...) En Cataluña las personas más ricas viven 12 años más que las personas más pobres».

No sé en qué parte del libro pero aparece también el médico Rafael Cofiño, quien estuvo el pasado año en San Sebastián en los cursos de verano impartiendo un curso con esta temática: El código postal puede modificar el código genético.

¿A quién vamos a dejar morir?

El título del libro es deudor de un artículo publicado en 2015 por Ángel Puyol: ¿A quién debemos dejar morir? He visto que lo citan en la red, pero no he encontrado ningún enlace directo para su consulta. Puyol debía de referirse a un caso real: una persona que fue expulsada de la lista de transplantes de un hospital madrileño por vivir en la calle.

Padilla resume en la página 123 las características del sistema: «El sistema sanitario como ejemplo de política miope: ve muy bien de cerca (a la hora de poner un diagnóstico clínico), pero falla estrepitosamente cuando tiene que mirar de lejos (mirar a las causas de las situaciones que desembocan en un hábito de salud o en una situación socioeconómica)».

«Cuida tu salud, no fumes, haz ejercicio cinco días a la semana (...) todos son mensajes que prescriben hábitos de vida y que rara vez tienen en cuenta las condiciones en las que se insertan».

«Si en vez de prescribir hábitos de vida, tratáramos de prescribir condiciones de vida saludables, veríamos cómo de ridículo es cargar sobre las espaldas de la población decisiones sobre las que tienen un control muy parcial: Ten un trabajo estable y bien pagado, Vive en una zona con amplias zonas verdes, No tengas dificultades económicas para llegar a fin de mes... Ha de actuarse desde una posición más colectiva y, sobre todo, más política».

Sistema

¿Tiene futuro? Arrastra una crisis ya duradera, pero ni siquiera el autor se atreve a enterrarlo. Aunque también acude a una cita de Eduardo Galeano para sentenciar que «nada se construye desde arriba, salvo los pozos (...) si el sistema sanitario se piensa, se diseña, se financia y se construye desde arriba, lo único que puede acabar siendo es eso, un pozo».

El acompañamiento musical corre a cargo hoy de Robert Forster, gracias a esta entrevista a la que llegué a través de un tuit de Roberto Herreros.

Nor utziko dugu hiltzen? Osasun sistema publikoaren aldeko aldarri politikoa, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2019/11/24 09:10:00 GMT+1
Etiquetas: sanidad javier_padilla luis_de_la_cruz | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)