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2021/02/21 11:25:00 GMT+1

Memoria: siempre es la primera vez de alguien

Este mes de febrero he leído un par de libros sobre el holocausto judío. El primero es «Seguir viviendo» de Ruth Klüger, una superviviente de Auschwitz; el segundo es «Memorias de un historiador del Holocausto» de Raul Hilberg, quien estudió durante buena parte de su vida la destrucción de los judíos europeos.

A la hora de contar sus vivencias, Klüger no utiliza ningún tono épico ni heroico. Ella va por aquí:

Hilberg escribió este libro para contar las penurias que pasó y los obstáculos que tuvo que vencer con The Destruction of the European Jews (en castellano en Akal: La destrucción de los judíos europeos). Las tesis que defendía no eran del gusto de muchos, tampoco de la comunidad judía oficial.

Es decir, ambos utilizan un tono bastante descarnado en sus textos.

Nacidos en Viena, pasaron allí los primeros años. Hilberg nació en 1926 y Klüger en 1931. Las familias huyeron a los Estados Unidos y ambos sacaron su vida adelante trabajando en el mundo universitario.

La familia Hilberg no conoció los campos de concentración, porque huyó unos meses antes. Regresó a Europa al final de la Segunda Guerra Mundial como soldado norteamericano. Los nazis asesinaron al padre y a un hermanastro de Klüger. Ella y su madre sobrevivieron y cruzaron el Atlántico.

Se preguntaba anoche Josu Goiko en Twitter si nos conviene recordar anualmente hechos tan terribles. No lo decía de manera tajante: dudaba y planteaba esa duda en voz alta.

Yo creo que no tenemos otro remedio.

Esta misma semana hemos recordado el cierre de Euskaldunon Egunkaria en 2003, el atentado contra Eduardo Madina en 2002... y un atentado en Santander del año 1992.

ETA puso un coche-bomba en esta ciudad cántabra y asesinó a tres ciudadanos que pasaban por allí en mala hora. Silvia Gómez Ríos tenía 18 años, su hermano Jesús 16. Perdieron a sus padres (Eutimio Gómez y Julia Ríos).

En el 2015 le escribió una carta a Iñaki Rekarte tras ver la entrevista que Évole le hizo en televisión. Yo no había leído ese texto. Lo hice ayer o anteayer tras escuchar esta entrevista en la COPE.

Además de perder a sus padres siendo tan joven, el hermano de Silvia murió años más tarde en accidente de tráfico.

Volvamos a la Alemania nazi. En San Sebastián, el KM ha montado la exposición «Seeing Auschwitz» para este semestre. También ha organizado el ciclo «Más allá de Auschwitz». Cuesta entender la escasa presencia del euskera en los actos paralelos: ¿sólo las visitas guiadas?

En fin, me quedo con el punto de vista de Iñigo Astiz a la duda de Josu Goiko: «Pienso (y me sucede a mí) que esos recuerdos anuales siempre son la primera vez de alguien».

Memoria: norbaiten lehen aldia beti, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/02/21 11:25:00 GMT+1
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2021/02/13 21:45:00 GMT+1

Una actividad cultural en vivo a la semana

Antes no tenía en cuenta a cuántas actividades culturales en vivo asistía mensualmente. Ahora que se nos ha caído encima esta pandemia, a comienzos de año decidí que iría a una actividad de este tipo a la semana siempre que pudiera. Por ahora lo estoy cumpliendo y ya tengo atadas las de las próximas cuatro semanas.

Hasta ahora

El primer concierto del año fue el que Niña Coyote eta Chico Tornado dieron en el Victoria Eugenia el 6 de enero.

El 15 de enero me acerqué a escuchar la presentación de «Los últimos románticos» en el Centro Cultural Okendo. La autora, Txani Rodríguez, dialogó con Ylenia Benito sobre el libro.

El 21 de enero me fui a Lugaritz al concierto de Pelax.

El 29 estuve en el Victoria Eugenia para ver la obra de teatro «Sisiforen paperak».

Volví el 7 de febrero al teatro: concierto de Olatz Salvador.

El día 12 tocó ir a Ernest Lluch para ver y escuchar el espectáculo «Kax kax kax» del dúo Katixa Agirre y Maite Larburu.

Las próximas semanas

Joseba Irazoki estará en el Dabadaba el próximo viernes, día 19.

Volveré a Egia el 26, pero a Gazteszena: «Atzerrian lurra garratz» es la obra que Artedrama está moviendo ahora por los escenarios vascos.

El 4 de marzo una escritora presentará libro en Ernest Lluch, pero como no lo han adelantado aún, yo no diré quién es.

El 13 de marzo me quedaré en el barrio: Rüdiger (Felix Buff) en el Doka.

Por qué

En estos tiempos pandémicos (ahora leo que le dicen sindemia) creo que es suficiente con acudir una vez por semana.

Pero puede que alguna semana haga una segunda incursión. Aunque no sea stricto sensu en vivo, al cine, por ejemplo. Porque no he ido desde octubre y en casa no veo ni series ni películas. Me paso todo el día atado a las pantallas del ordenador, de los móviles y de la tablet. Para relajarme prefiero libros en papel.

Puede que os preguntéis: «¿Por qué cuentas esto?». Pues porque lo quería compartir y, además, esta semana no tenía ningún tema para el blog que me convenciera.

La música se la dejo a JP Lohian: «Alperrik da apaintzea» (Resulta baldío embellecerse/embellecerlo).

P.S.: la fotografía es de un perro con el que me encontré a la puerta de Ernest Lluch el viernes al atardecer. Estaba más tranquilo que todos nosotros. A ver si aprendemos.

Astean behin zuzeneko kultur ekitaldiren bat, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/02/13 21:45:00 GMT+1
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2021/02/07 09:25:00 GMT+1

Nuestras contradicciones al desnudo

Voy a hablar de una polémica que saltó a comienzos de esta semana en la comunidad twittera en euskera.

A finales de 2020, leí gracias a este tuit de Ibon RG una entrevista a Xabier Bastida «Abaunz» en Argia.

Abaunz decía que no conocía música urbana (trap, reggaetón...) interesante en euskera y Kepa Matxain le preguntaba: «¿Ninguna?»

Traduzco la respuesta de Xabier Bastida: «El trap en euskera que conozco es del nivel Wazemank (un programa humorístico de hace unos años en ETB). En el País Vasco quienes hacen trap con fundamento son los hijos y las hijas de las personas migrantes. En los alrededores de Bilbao, hay jóvenes de 18-20 años haciendo cosas majas. Por ejemplo, Nickzzy o The Poing. Además, obtienen bastante mejores cifras en Youtube que los grupos en euskera que ponen en Gaztea (radio-fórmula del grupo EITB). Son bastantes “comerciales”, fáciles de pinchar en la radio, pero nadie los cita. ¿Porque cantan en castellano? ¿Será por eso? Belako canta en inglés y entran por la puerta grande. ¿Por qué pasa lo contrario con estos? Ellos nos enseñan donde vivimos. Pensamos que somos los más progres, pero tenemos mucho camino por recorrer aún».

En la cadena de tuits alguien cita a Nizuri Tazuneri. Los he escuchado poco, pero me parece que tienen una propuesta muy interesante.

Así las cosas, un colectivo que hace una semana no conocía casi nadie, Chill Mafia, echa la puerta abajo: más de 90.000 vistas en Youtube, Gabi de la Maza haciendo sus famosos vídeos-karaoke, una conocida marca deportiva de ropa que se pone en contacto con ellos, entrevistas en varios medios...

¿Cómo consiguen unos jóvenes que hacen trap, reggaetón (música urbana) llamar la atención de los medios y del stablishment?

Kiliki (uno de los miembros del citado colectivo): «Para lograr el éxito necesitamos haters».

Creo que tenían el género lo suficientemente bueno para no tener que crear polémicas, pero lo han hecho. Allá ellos. Han metido la pata en algunas cosas y seguro que la seguirán metiendo.

¿Qué caso se le hace desde el stablishment a estos jóvenes traperos? Poco o casi nada. Mirarles por encima del hombro: «el reggaetón, el trap y todo esto no es música». Les miramos como nuestros padres y madres nos miraban a nosotros cuando escuchábamos Rock Radical Vasco.

En la agenda cultural (no hablemos ya de la institucional) apenas hay contenido para menores de 25 años.

Los vídeos de los arriba citados The Poing y Nickzzy tienen 200.000, 500.000, 800.000 visitas en Youtube. Sabíamos todos que algo se estaría cociendo en las bajeras.

Machismo: que levante la mano quien esté a salvo. Si ponemos las gafas violetas al rock, muchos quedan retratados. Hace un año el programa Etxeko uzta dedicó un monográfico en euskera a la cuestión (Feminismo y reggaetón). En la parte final del programa, Ramon Zabalegi tomó algunas canciones y los otro cuatro miembros presentes en la charla (Kattalin Miner, Iñigo Etxezarreta, Axi Bukowski y una mujer que se escondía bajo un seudónimo que ahora no recuerdo -¡perdón!-) tenían que acertar cuál era del mundo del rock y cuál era puro reggaetón. Pues a veces la cosa estaba jodida.

También es triste que la chica del colectivo Chill Mafia (Irene) haya tenido que poner el candado a su perfil de Twitter. Según ellos, por los ataques recibidos. No olvidemos que Irene tiene 18-19 años.

Ha explotado esto entre nosotros y bien explotado que está. A ver si entre todas y todos somos capaces de reconducirlo y conseguir que esta polémica sera provechosa, porque tenemos Chill Mafia por un tiempo.

El 14 de febrero publicarán su mixtape (sus canciones) en todas las plataformas. Además de la versión de Xabier Lete que publicaron el domingo pasado, y que podéis escuchar abajo, anuncian una colaboración de Erramun Martikorena.

Dejo por aquí diverso material en euskera que he escuchado, visto o leído a lo largo de la semana.

Gazte autotuneatuen egunerokotasuna kantu bihurtu du Chill Mafiak. Edu Lartzanguren en Berria.

Tocaron el tema en el informativo y el magacín matinal de Euskadi Irratia, creo que el viernes: Faktoria.

Colmuna de Angel Erro en Berria: 'Nihil novum'.

Columna de Samara Velte en Berria: Ikusle arruntaren koplak.

Luistxo Fernandez en Sustatu: Broma, jaja, serio: Chill Mafia ulertzeko moduak.

Entrevista de Pello Argiñarena en Euskalerria Irratia: Chill Mafia: “Euskal kulturan jende toxiko asko dago”.

Pego aquí abajo el comentario de una profesora en Twitter.

Gure kontraesanak agerian, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/02/07 09:25:00 GMT+1
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2021/01/31 19:15:00 GMT+1

Sísifos

Los papeles de Sísifo. Stop. Ikerne Giménez. Stop. Poch. Stop. Rafael Berrio. Stop. Nagore Etxabe.

Los Sísifos vascos deben volver a partir de cero llevando la piedra monte arriba, enfadados y contentos. Con sus contradicciones internas.

Siempre pobre y débil Sísifo -y mejor así, mientras sea capaz de enrabietarse.

Joxe Azurmendi, Gezurra ari du.

Tenía marcado en rojo la obra de teatro «Los papeles de Sísifo» y fui a verla el viernes, 29 de enero, al Teatro Victoria Eugenia.

El 20 de febrero de 2003 nos cerraron Euskaldunon Egunkaria. Gobernaba con mayoría absoluta José María Aznar y nos tocó ser los pagafantas, porque cerraron el único diario en euskera de tirada nacional (vasca) que teníamos. Luego los tribunales nos dieron la razón, pero ya estaba el daño hecho.

Los tres teatros principales de las capitales de la Comunidad Autónoma Vasca más el Centro Dramático Nacional han producido esta obra que habla del cierre de aquel periódico. Ya estuvo tanto en Bilbao como en Vitoria y estará un mes entre abril y mayo en el madrileño Teatro María Guerrero (se podrán ver las versiones en euskera y en castellano y parece que también habrá mesas redondas con Marta Sanz, Isaac Rosa...)

Fernando Bernués es el director de la obra que ha escrito Harkaitz Cano. El apoyo público hace que se pueda ver en los escenarios una obra con una docena de intérpretes en escena.

Le escuché a Cano en una entrevista que Bernués tenía metida la espina de lo sucedido en la gala de los Premios de la Música del 2003. Él dirigió la gala en la que Fermin Muguruza subió al escenario a recoger un premio y lo recibieron con pitos. No había Twitter entonces.

Bernués recuerda que se le escaparon lágrimas de rabia en la mesa de realización.

El escenario principal de la obra es la redacción de un periódico y la columna vertebral de la misma las conversaciones entre periodistas.

Sin embargo, en primer plano se mezclan nos niveles: vemos a periodistas parloteando, pero también interrogatorios policiales. Hay dos guardias civiles interpretados por Asier Hormaza e Iñaki Rikarte. Especialmente reseñable la interpretación de este último.

Para diferenciar y unir escenas hay una guitarrista rockera que se mueve entre las actrices y los actores, invisible, pero que aparece cuando le toca. Al músico Joserra Senperena, que acudió el jueves al teatro, también le pareció muy apreciable su trabajo.

No sabía quién era la guitarrista, pero se me vino a la abril de 2016 y el concierto PochXBerrio. Pregunté después de la representación y.... ¡bingo! Ikerne Giménez. En aquel concierto tocaba el bajo, en la obra toca la guitarra.

Ikerne fue entrevistada para esta pieza de EITB Transit. Habla de sus dos lados creativos: la música (Safety Pins, pero también en la banda de Fangoria) y su labor como escenógrafa y figurinista.

Durante la primavera de 2016 hubo varios actos de homenaje a Ignacio Gasca «Poch» en el Centro Cultural Ernest Lluch, entre ellos el concierto citado. El realizador Jabi Haspi grabó las canciones de aquel concierto en vídeo (ocho según la crónica de Fermin Etxegoien). Branquias bajo el agua sonó así.

En el texto de Etxegoien se cita a los tres músicos que acompañaron a Rafa Berrio: el guitarrista Iñaki Huarte Fisuras, la bajista Ikerne Giménez y la baterista Nagore Etxabe.

Aquí tenemos la versión de ¿Quién hay?

En Twitter Carlos Gebara preguntó quién era la batería, porque la vio en otro concierto y le gustó la pasión y la alegría que transmitía.

Etxabe es de Zumaia (Gipuzkoa) y hace poco ha sido publicado un disco en el que ha participado: el álbum de Frank Blackfield. Al igual que Ikerne, su labor creativa tampoco se circunscribe únicamente a la música: estudió Bellas Artes y a comienzos de 2020 colgó sus cuadros en su pueblo natal en una muestra que tituló Retr@spektiba!.

A tenor de las fotos juveniles que aparecen en el programa de ETB que he citado anteriormente, el peinado juvenil de Ikerne recuerda al de Nagore.

Se cumplirán dentro de unas semanas cinco años de aquel homenaje a Poch. Entonces Bernués y Cano arrancaban con «Los papeles de Sísifo» y ahora podemos ver el resultado. Desgraciadamente quien será recordado en la primavera de 2021 será Rafael Berrio. Y digo desgraciadamente no porque no merezca homenajes, sino porque está muerto. Al igual que Euskaldunon Egunkaria.

Bajemos el telón por hoy con Sísifo releva a Sísifo.

Sisiforenak, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/01/31 19:15:00 GMT+1
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2021/01/27 19:40:00 GMT+1

Entrevista a Santi Carrillo, director de Rockdelux

Esta mañana he escuchado la entrevista de Oier Aranzabal y Cristina Tapia a Santi Carrillo, director de Rockdelux, en el magazine cultural diario Ispilu Beltza (DK Irratia).

La veterana revista musical finiquitó su andadura en papel en lo más negro del confinamiento, allá por la primavera de 2020.

Sin embargo, a finales de ese mismo año, con la energía generada por sus más fieles lectores tras anunciar su adiós, han cargado las baterías y han montado una edición digital con el apoyo estructural de Primavera Sound.

Carrillo dice que en un mes nos hemos registrado 12.000 personas. Si te registras accedes a 5 artículos gratuitos al mes; si decides suscribirte, hay dos opciones: a) la mensual, 3,99 euros al mes; b) la anual, 40 euros al año.

Para mí fue una revista que compraba regularmente en la década de los 90. Luego me cansé y solo acudía al kiosco una vez al año para comprarla (normalmente, aquella en la que aparecían las listas anuales hechas por los colaboradores).

He decidido suscribirme anualmente, entre otras cosas porque me gustó mucho la entrevista con John Carlin. Y aunque en su momento me cabreé más de una vez por su soberbia, también es cierto que siempre me han abierto puertas y ventanas en lo musical.

Allá va la charla. Podéis escucharla aquí a partir de los 13:25 minutos.

Oier Aranzabal: Egun on, Santi.

Santi Carrillo: ¿Qué tal? ¿Cómo va?

OA: Aquí andamos. Para nosotros no ha cambiado tanto desde la última vez que hablamos, pero parece ser que para ti sí.

SC: Bueno, pues sí. Como habréis podido comprobar Rockdelux está en activo, en este caso no en papel, pero sí online, disponible para toda la gente que quiera suscribirse. Es una web de pago, en la que te tienes que registrar primero para poder acceder a todos los contenidos, a un precio muy asequible, y estamos ofreciendo contenidos diarios de la música y de otras ramas de la cultura pop que siempre hemos tocado.

OA: Cuando hablamos anteriormente, ya nos adelantaste que si había demanda os plantearíais una edición digital. Y parece ser que ha habido demanda.

SC: Como sabéis, la despedida fue muy emocionante y muy sonada, porque la gente nos conmovió con tantas muestras de afecto después de tantos años. Hemos tenido la oportunidad de aliarnos con el Festival Primavera Sound, que nos ha facilitado la logística para hacer todo esto (oficinas, infraestructura, servicios...) y ello nos ha dado la oportunidad de volver.

Como ya dije en su día, si volvíamos sería de forma digital, pero con el compromiso de que la gente tenía que pagar por esos contenidos, porque no todo puede ser gratis siempre.

Cristina Tapia: ¿Hemos aprendido o vamos a aprender que no todo es gratis?

SC: Yo no lo sé, porque nos hemos malacostumbrado a pensar que en internet todo tiene que ser gratis. Y ya lo he dicho más veces, lo dije aquí también: internet es un medio, no un fin en sí mismo. Entonces, internet te facilita muchas cosas, pero todos los contenidos que se pueden consultar y disfrutar en internet los tiene que hacer alguien. Y ese alguien tiene que cobrar por esos contenidos. Es así.

OA: ¿En qué difiere una redacción digital de una de papel?

SC: Más o menos es una estructura similar. Nosotros, como te he explicado antes, nos hemos integrado en la infraestructura del Primavera Sound, con la gente que trabaja en comunicación, algunos de los cuales ya eran colaboradores de Rockdelux (Joan Pons, Marta Pallares, Aleix Ibars y Víctor Trapero). También con la gente que trabaja en Radio Primavera Sound, donde también hay gente que es colaboradora de la revista como Marta Salicrú... Más los colaboradores externos, tenemos una pequeña estructura allí establecida e intentamos gestionar los contenidos.

Intentamos centrarnos en la música, que es nuestra especialidad, y abrirnos a libros, series, cómics o películas como antes. Pero también a campos que hasta ahora no tocábamos, porque pensamos que es un buen momento para aportar nuevos enfoques: la tecnología, los deportes, la moda incluso, pero desde un punto de vista muy Rockdelux, sin perder el criterio que siempre nos ha caracterizado.

CT: ¿Contáis con algunos de los miembros de la redacción impresa?

SC: Sí, por supuesto. De hecho empezamos a mediados de diciembre con el plato fuerte de Rockdelux, que son las listas del año. Ahí participaron un centenar de colaboradores nuevos y antiguos. Seguimos contando con todo ese caudal de conocimiento de estos colaboradores que nos han permitido sobrevivir más de 35 años.

OA: Es una noticia muy buena poder disfrutar del contenido de Rockdelux en formato digital. Santi, vamos a tomarnos un descanso y te vamos a pedir una canción.

SC: Muy bien. Pues ya hablando de las listas del año, escogimos la canción de Bob Dylan, este manifiesto de diecisiete minutos espectacular, es como una leyenda Bob Dylan en sí mismo, por el hecho de continuar en activo después de tantos años y para demostrar que sigue siendo uno de los valores más importantes de la historia de la música. Con la cantidad de canciones extraordinarias que ha hecho a lo largo de su carrera, en el año 2020 atreverse a hacer un monumento de canción que, probablemente, esté entre sus cinco mejores canciones. Y lo bárbaro que es eso teniendo en cuenta todo lo que ha hecho y demostrar que sigue siendo una voz única con este Murder Most Foul.

OA: Ahora que se ha puesto de moda vender los derechos de las canciones. Hemos visto en los titulares a Neil Young, al propio Bob Dylan, al fondo de inversión Hipgnosis. ¿Qué opinión te merece todo esto?

SC: Supongo que es el fin de una época y ellos mismos imagino que también se ven al final de sus días y quieren sacar mayor beneficio y tajada de su enorme caudal artístico. Es una gran despedida, un testamento en vida para tener más dinero del que ya tienen. Yo lo veo bastante humano y como una recompensa a toda una vida de esfuerzo.

OA: En la anterior entrevista ya comentamos que Rockdelux tuvo algunas propuestas de grandes editoriales. ¿No sé si os habéis casado con algún medio?

SC: Bueno no. Nos hemos casado con el Festival Primavera Sound, quien intercedió para que intentásemos seguir y es lo que estamos haciendo con ellos para concretar un proyecto que estimamos que tiene que tener dos o tres años de recorrido para ver cómo se establece y se desarrolla. Aspiramos también al mercado latinoamericano, intentar conectar con gente más joven... En fin, todo esto es un proceso largo que vamos a ir desarrollando los próximos meses.

CT: Comentabas que te parece humano que haya fondos de inversión que compren derechos de canciones y que vosotros en Rockdelux os vais a adentrar en terrenos no explorados como el deporte, la moda... ¿Es el fin de una etapa en muchos ámbitos y el comienzo de algo totalmente nuevo?

SC: Quizá la música se vive de otra manera. Es evidente que, después de tantos años haciendo revistas, lo notas. Antes la música era algo transformador para la gente, porque podía agarrarse a artistas que dirigían, en cierta manera, ideológicamente su vida en cuanto a comportamiento, en cuanto a actitud.

Ahora la música se consume de otra manera: la gente joven la consume de una manera más rápida, quizá más superficial, pero al mismo tiempo muy intensamente. Porque probablemente ahora es cuando más música se escucha. Entonces hay que llegar a ese público de una manera aproximada a como ellos lo entienden y también buscar estos elementos nuevos que pueden relacionarse con la música, porque es también como lo viven ellos (la moda, la tecnología...) y por qué no mezclarlo con el gran conocimiento que tenemos de cultura pop para intentar llegar a ese público y no solo al público veterano que nos seguía comprando.

CT: Y tú como responsable de la revista Rockdelux, una de las revistas más importantes del sector en España, ¿cómo has vivido ese cambio? ¿qué ha sido Rockdelux hasta ahora y qué va a ser a partir de ahora para Santi Carrillo?

SC: Pues imagínate. Empecé a colaborar en Rock Espezial, una revista previa que luego desembocó en Rockdelux. Ya fui director siendo muy joven. Digamos que ha sido mi vida, porque mi vida personal muchas veces también ha estado ligada a Rockdelux. Hemos pretendido -no solo yo, también la gente que me ha ayudado como Juan Cervera, Francesc Vaz y la cantidad enorme de redactores y colaboradores que ha habido a lo largo de todos estos años- hacer un producto donde la gente pudiese sentirse bien, sentirse reflejada en unas músicas que probablemente no sonaban en las emisoras comerciales y en los programas de televisión más habituales, intentar aportar un conocimiento que les diese pistas y que pudiesen utilizar para desarrollar artísticamente un punto vital, que en sus vidas se rodeasen de libros, de música, yo qué sé, un punto cultural.

Desde ese punto de vista ha sido una cabecera peculiar, porque siendo una empresa pequeña, independiente, sin estar acogida dentro de un gran medio editorial, hemos sobrevivido durante muchos años y con un montón de fans que cuando nos despedimos estaban emocionados y muy agradecidos por el trabajo realizado. Y ahora intentamos seguir, pero de otra manera. Por eso nuestro eslogan ha sido «Igual pero diferente». Es decir, el mismo espíritu pero llevado a otro estadio.

OA: Sin lugar a dudas Rockdelux consiguió en su etapa de papel ser referencia de la excelencia en la música independiente. Era un claro referente para todos los grupos, porque todos ellos querían salir en Rockdelux. ¿Aspiráis a mantener esa misma proyección?

SC: Hombre, evidentemente nos encantaría ser una referencia como lo fuimos, seguir siendo la referencia de la actualidad musical para todos los grupos que vayan surgiendo y de todos aquellos que se mantengan con un pasado que ya conocemos. Bueno, ese es nuestro objetivo: seguir en la cresta de la ola y ser hábiles para descubrir las cosas más interesantes, seguir también criticando discos -que es una de las funciones de Rockdelux-, ser un filtro para que la gente consiga orientarse dentro de toda esa gran avalancha de cosas que están en la red. Intentaremos hacer esa función de la mejor manera como lo hemos hecho hasta ahora.

CT: La estrategia de conectar con los jóvenes, ¿va a implicar tomar otro rumbo que haga que se pierda la esencia?

SC: Evidentemente es un reto difícil, porque hay que buscar un equilibrio entre la gente que ya nos conoce y la nueva gente que quizá nos conoce como marca, pero no se había acercado a Rockdelux. Es un proceso largo y nos hemos marcado dos o tres años para ir desarrollándolo. Como decía, el público latino es un gran contingente de potenciales consumidores de Rockdelux, porque ya lo era de papel cuando se distribuía allí y queremos que también lo sea en digital, porque es mucho más fácil y más directo.

OA: ¿Qué opinas de la música urbana? ¿Eres consumidor? Ahora se ha puesto de moda, ciertos festivales han abrazado la música urbana.

SC: Bueno, la música es una constante mutación desde el origen: el jazz, el blues, el rythm & blues, el soul, el rock & roll... Cada estilo que nace hibrida con otras cosas que ya las habíamos escuchado y deglutido, y crean nuevos elementos. La música urbana -que viene del rythm & blues clásico implementado con electrónica, con hip-hop, con músicas latinas, con el reggaeton, con lo que sea...- es el nuevo vehículo que la gente más joven consume y con el que más se identifica. Como en todos los estilos, hay cosas buenas y hay cosas malas. Vamos a estar ahí intentando aportar nuestro granito de arena para, con nuestro criterio, seleccionar lo que nosotros consideramos mejor.

CT: Nos vamos a tomar otro descanso, Santi. ¿Qué nos puedes pinchar ahora?

SC: Ya que habláis del boom de la música urbana, podríamos poner la que hemos elegido como mejor canción nacional: ha sido un ex aequo de C Tangana con dos canciones. C Tangana está ahora en un punto en el que ha variado su componente y aspira a llegar a más público. Y sus dos últimas canciones -las últimas que sacó en 2020 porque ahora ya tiene otro nuevo tema- Demasiadas mujeres y Tú me dejaste de querer, son dos canciones que se orientan hacia el folklore español de una manera muy digna, con coherencia y aportando ese punto de vista actual y contemporáneo que ha convertido a C Tangana en un artista a seguir, como va a pasar ahora con su nuevo disco que está a punto de salir y donde colaboran muchos artistas latinos de diversos países. Por ejemplo, en Tú me dejaste de querer colabora Niño de Elche y es una gran canción; para mí una de las mejores del año pasado.

CT: Vamos a escuchar a C Tangana entonces.

CT: Santi, hablabas de que los tiempos han cambiado, de que internet hace mucho es una realidad, ¿no sé si hay sitio para la autocrítica?

SC: Siempre hay sitio para la autocrítica. La autocrítica es una cosa que nos ha de acompañar para intentar mejorar. Y nosotros aceptamos las críticas porque nos dedicamos a criticar el trabajo de los demás, así que raro sería que no aceptáramos las críticas que nos hacen o nos puedan hacer.

Siempre es cuestión de mejorar y las críticas te aportan cosas positivas para intentar reconducir las cosas o buscar nuevas pistas para hacerlo mejor.

CT: En este sentido, ¿vosotros habéis detectado algo que podríais haber hecho mejor o que ahora, pasado el tiempo, lo habríais hecho de otra manera?

SC: Bueno, quizá lo que tendríamos que haber hecho es haber afrontado este proceso digital hace unos cuantos años, pero de una manera valiente, arriesgando y hacer una web como es ahora, de pago, para marcar el territorio. Lo que pasa es que quizá anteriormente no era el momento. Ahora creo que ha cambiado el paradigma: la gente es más proclive a pagar por contenidos digitales (Spotify con música u otras plataformas televisivas). Antes la gente intentaba piratear, bajar las cosas sin pagar.

Creo que estamos en un proceso diferente. Los propios periódicos se han dado cuenta de que era imposible seguir ofreciendo información de manera gratuita: todos se están reciclando, buscando esos muros de pago. Por eso creo que este ha sido el buen momento para poderlo hacer, cuando ha habido ese consenso, silencioso pero real, en que la gente ha dicho: «Es verdad. No puede ser todo gratis. Como vamos a estar aprovechándonos de estos contenidos, cuando hay gente que trabaja para hacerlos». Artistas, productores... toda esa gente tiene que cobrar, y los periodistas también, por supuesto.

OA: Como comentabas, la prensa abrazó el todo gratis en la red y ese ha sido su talón de aquiles.

SC: Yo creo que fue algo terrible por parte de la prensa el hecho de ofrecer contenido gratuito. Fue un error garrafal. Por posicionarte, por conseguir publicidad... Ahora ya se han dado cuenta. No puede ser.

OA: Vosotros habéis planteado un registro gratuito, que da acceso limitado a cinco artículos al mes, y dos suscripciones, mensual y anual.

SC: La mensual es por 3,99 €, aunque el primer mes solo cuesta 1 €, una ganga absoluta. Tienes la oportunidad de hacer una suscripción anual por 40 €, con lo cual tienes dos meses gratis.

OA: Aparte de lo digital, ¿habéis planteado algo físico también?

SC: Bueno, proyectos hay muchos, lo que pasa es que primero vamos a establecernos digitalmente. Por ejemplo, ahora estamos coordinando una lista de los mejores cómics españoles, una lista que no se había hecho, y estamos contando con más de 150 participantes: periodistas, autores, dibujantes... Todo esto va a ser un gran proyecto que estamos desarrollando y habíamos pensado que quizás podría editarse un libro, pero todo esto es más una posibilidad...

OA: Bueno, la vez anterior sugeriste como posiblidad un Rockdelux digital y ha sucedido. Por lo tanto, lo anotaremos. Santi, ¿qué tal ha sido la respuesta del público?

SC: La respuesta fue muy entusiasta. Hubo gente que incluso ya se suscribió antes de que saliésemos. Ahora mismo tenemos unos 12.000 registrados y, teniendo en cuenta que llevamos prácticamente un mes, creo que está muy bien. Se trata de que aumente esa base de registros y pasen a ser suscriptores.

Ya digo que estamos empezando y que hay que habituar a la gente: ofrecerles cosas para que les apetezca seguir.

CT: Santi, ¿tienes nostalgia de otra época?

SC: Bueno no sé si es nostalgia, porque es una sensación agridulce, una sensación que te traslada al pasado, a cosas que ya has vivido, cosas que te hicieron feliz o que te hicieron sentir bien. A mí no me gusta demasiado la nostalgia, porque lo importante es el presente. Es evidente que mi aproximación al periodismo musical, al rock en sí mismo, nace de una base rock y que mis ídolos son Lou Reed, David Bowie, Bruce Springsteen, Patti Smith, los Clash...

Es un componente que ahora echo a faltar en el sentido de que no hay artistas que transformen a esa gente de la manera en que nos transformaron a mí y a otra gente de mi generación. Porque para nosotros era un espejo vital, un poco peliculero si tú quieres porque en el rock & roll hay mucho tópico ahí metido, pero era algo trascendente.

Y ahora, como ya digo, la música se vive de otra manera. Apasionadamente también, pero sin ese punto tan importante entre comillas.

Desde ese punto de vista sí que tengo nostalgia de esa sensación de cuando el rock era algo que iba más allá de la propia música.

OA: Muy bien, Santi Carrillo. Muchas gracias por atendernos y ya te llamaremos cuando haya alguna novedad, a poder ser positiva.

SC: Muchas gracias a vosotros por vuestro interés. Estaremos esperando vuestra llamada si hay novedades.

Santi Carrillo Rockdelux-eko zuzendariari eginiko elkarrizketa, eduki hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/01/27 19:40:00 GMT+1
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2021/01/23 22:05:00 GMT+1

¿Será la policía quien nos ponga las vacunas?

Eulixa najak/n (estoy mosca) cantaba Hertzainak.

En primer lugar, ya sé que no es para nada fácil gestionar la pandemia (hay que reconocerlo), pero, ¡redios!, nuestras autoridades (con muy poca auctoritas) están dando más volantazos que una cuadrilla una tarde de fiestas en una pista de autos de choque.

Y lo que más rabia me ha dado últimamente ha sido que han puesto a la policía a repartir hostias.

¿Qué ha pasado en la Parte Vieja donostiarra estos últimos días? Porque las cosas no empezaron el 20 de enero, festividad local. Se viene calentando la temperatura previamente.

Y cuando metes a la policía en el esquema, además de subir la temperatura, te encuentras con muy pocas soluciones, muchas menos con jóvenes por medio. Porque todos sabemos que mucha policía, poca diversión...

El Día de San Sebastián hubo incidentes que recuerdan otras épocas.

Al día siguiente, el jueves, salieron en tropel ante los medios el consejero y el viceconsejero de Interior, el alcalde, dos portavoces de otros tantos sindicatos policiales.... Demasiada artillería para cosa buena.

Cambiemos de plano. Miremos aquí: todas y todos merecemos el trato dado a esta familia. Porque si te juzgan por tu aspecto, por las otroramente famosas «pintas», pensaré que nuestros gobernantes son unos clasistas de campeonato.

Llevamos diez meses aguantando una ensalada de normas que no se la traga nadie. Me recuerda lo que le pasaba a aquella buena mujer, ya entrada en años, que estaba aprendiendo euskera: «todos me corrigen, pero todos diferente».

Y no es fácil vivir así, porque todos no tenemos las mismas condiciones vitales. Algunos únicamente tenemos que preocuparnos de cuestiones de salud, pero hay otros muchos que tienen problemas económicos grandes. Y así es complicado mantener la cabeza en su sitio.

Me permito traer aquí unas palabras de Rafa Chirbes, dichas en San Sebastián allá por noviembre de 2013:

«Bueno, también se escribe un poco porque si tú no te consideras muy listo, para que no te tomen por demasiado tonto. Ellos contaban una Historia de sí mismos estupenda (...) Yo veía aquello y pensaba si se creerían que me lo estaba creyendo. Pues lo único que he hecho con mis libros es que no me he creído nada de lo que han contado los últimos treinta años».

Para que la maquinaria oficial no nos tome por tontos.

«Pelotas contra civiles desarmados».

Eguraldi lainotsua hiriburuan (Día nublado en la ciudad) cantaba Fermin Muguruza...

Nork jarriko digu txertoa? Poliziak, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/01/23 22:05:00 GMT+1
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2021/01/21 16:00:00 GMT+1

Rafael Chirbes charla sobre «En la orilla» con Harkaitz Cano

Conté que la semana pasada estuve en la presentación de Los últimos románticos en San Sebastián. Tras el acto, pude charlar un rato con Txani Rodríguez. Hablamos de la posibilidad de que la novela se convierta en película. Me acordé de lo que decía Rafael Chirbes sobre la versión televisiva de Crematorio.

Busqué en Youtube la charla que mantuvo con Harkaitz Cano el 21 de noviembre de 2013 en el Centro Cultural Ernest Lluch dentro de la gira de presentación de la novela En la orilla. Dos escritores mano a mano: uno pregunta, el otro responde.

Rafael Chirbes eta Harkaitz Cano

Este lunes pasado, al volver a escuchar a Rafa, pensé que había que recoger por escrito ese diálogo y es lo que he hecho estos últimos días, aprovechando que tenía tiempo.

Hechas las presentaciones de rigor, la cosa fue así, más o menos.

Actualización del 22 de enero: tal y como señala en el primer comentario José, Anagrama publicará este otoño la primera entrega de los diarios de Chirbes. En concreto, El País lo recoge así: «Dos cuadernos de Rafael Chirbes verán la luz en Anagrama en otoño, dando cuenta de la forja del escritor valenciano».

La buena letra y Los disparos del cazador

Harkaitz Cano: Es un lujo necesario tener hoy con nosotros a Rafael Chirbes. Para empezar, acaban de publicarse dos nouvelles de hace veinte años, La buena letra y Los disparos del cazador, en un único volumen (Pecados originales). No sé qué tal te sientes a la hora de releer tus antiguos libros. ¿Tienes buena memoria y recuerdas todo perfectamente? ¿O te irrita?

Rafael Chirbes: Bueno, cuando terminé La buena letra, yo creo que es el libro que más me ha dolido escribir. Quizá porque está dedicado a mis sombras y quizá porque coincidió con una época en la que mi madre estaba ya muy mal, con una demencia senil, habían muerto una amiga y un amigo íntimos. Eran los años 1989-1991, los años de la Exposición Universal, los Juegos Olímpicos. Yo vivía en Extremadura en un pueblo pequeño que me recordaba muchas cosas de mi infancia. Entonces, era aquel momento en el que parecía que España no tenía que mirar atrás, había que mirar para adelante: Europa, el desarrollo, el dinero fácil, Solchaga («España es el país donde más dinero se puede ganar en menos tiempo»), el pelotazo en todo, incluso en gastronomía...

De repente, tenía la sensación de que todo lo que yo había sido, lo que había visto, lo que había vivido... desaparecía, no era nada. Y me entró una angustia muy grande.

Y entonces empecé a escribir esa novela (La buena letra), yo siempre digo, como si construyera una pila voltaica que guardara la energía, el sufrimiento, todo lo que aquella gente había peleado por mantener la dignidad en los años de la posguerra. Y ese fue el origen de La buena letra.

Luego, Los disparos del cazador fue un poco dar la visión desde otro lado. En realidad, en las dos lo que quería contar es un tema que luego he ido contando a lo largo de todas mis novelas: qué ha sido de mi generación. Es un tema narrativo clásico. Desde Las ilusiones perdidas de Balzac, Flaubert, Vargas Llosa... todo el mundo ha tocado ¿Cuándo te jodiste, Zavalita? Yo quería contar un poco cómo mi generación, que tanto hablamos, que tuvimos la lengua tan larga para prometer cosas, promover la revolución, los grandes logros... Pues cómo poco a poco hemos ido dejando el país como lo hemos dejado estos últimos años.

Me dices que qué sensación tengo. Pues cuando terminé La buena letra la terminé con una angustia muy grande. De hecho, la leía todos los días y, cuando llegaba por la noche, pues la volvía a coger y la volvía a leer. Me entraba una angustia muy grande y tenía ganas de llorar hasta que la acabé metiendo en un cajón y dije que no la volvía a sacar.

Luego le tomé manía, porque la gente decía: «¡Ay! Una novela muy emocionante. He llorado leyéndola». Y le empecé a coger manía: es una novela sentimentaloide, es una novela que no me refleja, es una novela tramposa... Y ahora, al corregirla tantos años después, al corregir las dos, he sentido pena por mí mismo, porque de repente me he dicho: «¡Qué bien! ¡Qué justas! ¡Qué precisas! Las novelas que bien escritas estaban, cada palabra y cada frase en su sitio». Ahora, en cambio, escribo fatal. Ahora es todo un torbellino y una confusión y cómo echo de menos la claridad en volver a escribir eso. He tenido mucha melancolía por no poder escribir de una manera tan limpia.

Cano: ¿A qué crees que se debe este cambio? Tiene que ver que los tiempos hayan cambiado para que haya variado tu estilo hacia algo más torrencial.

Chirbes: Pues quizá. Me preguntaba alguien: «¿Ahora sus novelas son más ambiciosas? Son novelas muy extensas, con muchos personajes...» Y yo le decía: «¿Dónde coño está la ambición?». Porque he estado hace poco en México y he vuelto a leer El llano en llamas, y esa es la máxima ambición, ¿no? Pues, no lo sé, quizá he querido capturar, ser más pulpo, soltar tentáculos en todas las direcciones y contar una época que también es una época más confusa. Luego, yo creo que el pasado de alguna manera lo puedes sintetizar, idealizar y colocar en un joyero o en una vitrina. En cambio, el presente no se deja capturar así; si lo intentas meter en una jaula se revuelve, te muerde y te da patadas.

Yo creo que Crematorio y En la orilla son dos novelas muy del presente, muy de pelearte con lo que hay.

Cano: Son dos novelas muy rabiosas, diría yo. En un momento dado, hablas del rencor necesario contra el grito de los vencidos, creo que en el ensayo El novelista perplejo. No sé si en estas novelas tan rabiosas la motivación o el centrifugado principal puede ser también esta rabia, este cabreo, esta irritación. ¿Hasta qué punto?

Chirbes: Siempre digo que he escrito de la actualidad. La buena letra contaba ya la traición de mi generación y habla ya de la especulación inmobiliaria, porque la escribí en los años 1989-90 y se publicó en 1992. Es la historia de una madre que se dirige a su hijo porque la casa de la madre es muy incómoda, vieja y el hijo le propone dejar la casa para tirarla, irse a vivir a un apartamento y tener un solar para construir. Ella deja caer sobre él la Historia, para decirle que lo económico no es lo más importante de algún modo.

Entonces, yo creo que he escrito todas las novelas porque creo que no estamos fuera de la Historia nadie. La Historia nos embarra, nos mancha, nos hace cómplices. No se puede ser puro en un mundo impuro y las novelas yo creo que me salvan. Está feo decirlo, porque eso parece que es como que te sientes más que otro, pero es verdad que me ayudan a desembarrarme. A decirme: «Bueno, no estoy en esto o estoy en esto pero lo sé. Sé lo que es esto y no me gusta».

Creo que, hoy se lo decía a alguien, las novelas son un poco como en aquellas películas de piratas que cuando iban persiguiendo a Burt Lancaster, éste se tiraba al agua y para que no lo vieran se ponía un palito y respiraba bajo el agua con ese palito. Bueno, pues yo creo que son un poco eso: la única manera de respirar. Creo que si no hubiera escrito, pues no sé cómo hubiera acabado, porque yo no tengo mucha voluntad de ascender socialmente, me molestan un poco las relaciones. Basta que sea conveniente saludar a alguien para que de repente se me quiten las ganas de saludarle y se me empieza a poner mala cara sin querer. Creo que las novelas me han permitido sobrevivir, llegar a los 64 años y no haber tenido que hacer lo que no me gustaba.

En la orilla

Cano: Entrando un poco En la orilla, dices «(la mentira) te acoges a ella y la sostienes sin que se deteriore. En cambio, la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua: incolora, indolora e insípida. El paladar no la percibe, pero nos refresca. El agua fresca de la mentira tan fácil de beber». ¿Se puede vivir sin mentira?

Chirbes: Yo creo que se debe vivir sin mentira. Sabemos que es muy difícl y que es una lucha permanente, porque tendemos a bebernos el agua de la mentira, porque es lo más cómodo, digámoslo que gratifica. Es muy difícil pasarte la vida oponiéndote. Creo que tampoco sería capaz de decirle a nadie que hiciera eso, porque tampoco soy capaz de pedirle a la gente que sean héroes. Yo mismo no soy capaz de hacerlo, pero sí que creo que hay que ser consciente de en qué medida se participa de esa mentira.

En La larga marcha, una de las novelas que escribí, hay un personaje que dice que nace un niño y vamos a suponer que a los pocos días enferma de anginas. Ya sabemos que el mal triunfa siempre. Y el mal supremo que es la muerte triunfa mucho más. Entonces pues casi le evitamos al niño seguir sufriendo, sabiendo que al final se va a morir. Pues que se muera de las anginas. Pues no: resulta que le operamos de anginas, luego le quitamos una úlcera, luego una hernia, luego le ponemos pañales ya de mayor, luego un catéter y luego no sé qué...

Porque sabiendo que el mal triunfa siempre, que el poder siempre está en manos de los peores, que, desde que tenemos constancia de la Historia, la justicia no ha existido nunca, la Edad de Oro no ha venido ni vendrá. Bueno, pues sabiendo todo eso, sabemos también que la dignidad de una persona, y lo más que puede hacer, es mantener el mal a la puerta de su casa un minuto. Sabiendo que luego va a a entrar y va a ocuparla, pero por lo menos plantarle cara un segundo y retrasar su llegada un minuto. Que es lo que hace el médico cuando está curando a este anciano que se va a morir.

Y desde luego lo que sí que creo que es muy importante, porque a lo mejor no tiene valor de plantarle cara al mal, pero por lo menos no colaborar con él. Es decir, no formar parte del ejército de los malvados o de los payasos que acompañan a los malvados. Y eso sí que yo creo que es algo que se debe exigir a la gente, porque cuando no se le exige, acaban llegando los nazis y acaban ocurriendo cosas tremendas. Entonces yo creo que sí que debemos exigirnos a nosotros mismo el ser capaces de no colaborar, es decir, que cuando se nos dice de colaborar, quizás no seamos suficientemente valientes para enfrentarnos, pero por lo menos decir: «No, mire usted, es que hoy no puedo, porque estoy en casa durmiendo».

Cano: En una entrevista decías que «el pacto que se les propuso a los españoles, bajo el razonable argumento de cambiar pasado por futuro, fue un cambio de ideología por bienestar. Es decir, un trueque de verdad por dinero«.

Chirbes: Bueno, eso fue la Transición. Y eso es precisamente lo que estamos pagando ahora. Es decir, se nos dijo: «Vamos a olvidarnos de que somos pobres». A partir de ahora, todos seremos ricos. ¿Qué ha ocurrido ahora? Que la Historia ha llamado a la puerta y ha dicho «El dinero no cae del cielo». El dinero venía de los bancos alemanes que estaban dándote préstamos, ellos estaban cogiendo dinero muy barato y prestándote a ti muy caro y ahora tienes que devolverlo. Es decir, que lo económico, lo ideológico y lo político resulta que iban como siempre enmarañados y ahora todo el mundo se rasga las vestiduras. «¡Ah, la Transición! ¡Aquello fue una mentira!».

Todo el mundo sabía que era una mentira. Todo el mundo sabía que un pueblo de 300 habitantes no se puede permitir una piscina olímpica. Yo vivía en un pueblo de Extremadura de 300 habitantes. La mayoría eran jubilados y parados. Su tesis era que vascos y catalanes les robaban. Y yo les decía: «Pero, ¿qué os van a roban si no cotizáis a hacienda?». Bueno, pues tenían piscina olímpica, biblioteca, casa de cultura, teleclub... ¿Y todo eso de dónde viene? Es que no saber de dónde vienen las cosas tiene ese problema.

A veces me dicen: «Es que sus novelas son muy desesperadas. Tendría que poner usted esperanza». Y yo siempre digo: «Mira, yo no soy ni cura para prometerte la vida eterna, ni político para prometerte la felicidad en esta tierra, ni psicólogo para consolarte». Si quieres consolarte te echas una novia o un novio. Yo intentaré contarte lo que hay. Porque sólo sabiendo lo que hay tú vas a poder jugar tu partida. Lo que tú dices de organizar tu pesimismo. Yo creo que un novelista, por lo menos el que a mí me interesa, es el que aquello que yo no había visto, él me lo hace ver. Y aquello que yo no había pensado, me hace pensar, y me hace darme cuenta de que mi visión era estrecha o torcida o le faltaban matices.

Entonces, ¿qué fue la Transición? Fue un discurso único, nadie se le oponía. A quienes me dicen: «sus novelas ahora tienen mucha aceptación». Claro, porque ahora el viento corre a favor de lo que decían esos libros. Luego pasará ese viento y dejarán de tener aceptación. Pero aquellas dicen lo mismo que estas, lo que pasa es que entonces eso no lo quería escuchar nadie. Ahora todo el mundo dice: «Sí, sí, sí... Sí que es verdad». Es más: se pasan. Y ahora me tengo que volver yo medio monárquico y tampoco es eso, tampoco vamos a guillotinarlos. Con que se vaya al extranjero ya está... «¡Nada, nada, guillotina, guillotina!» (risas entre el público).

Vivimos unos tiempos muy oscuros, porque la justicia está bien, pero la maldad es otra cosa distinta. Veo que ahora todo el mundo quiere que haya muertos y condenas y guillotina. Sale un coche con un acusado de matar a su hija. Y en la puerta hay 200 que no la conocen de nada gritando «¡Asesina, hija de puta, que te maten!». ¿Por qué ese afán justiciero? Bueno, pues la misma gente que diez años antes hubiera dicho que te mataran a ti por decir que lo que ellos defienden ahora no estaba bien.

Reivindicación de la carne

Cano: Hemos hablado de mentira, de verdad... Otra verdad que atraviesa tu obra es la verdad del cuerpo. Esta reivindicación de la carne, de los fluidos, de la saliva... Incluso de la parte desagradable del cuerpo.

Chirbes: Es que cuando dicen que En la orilla es una novela sobre la crisis no es verdad. Ni Crematorio era una novela sobre el pelotazo. Yo creo que son dos novelas, primero, sobre mí mismo, que es sobre lo que tratan siempre las novelas. Es decir, sobre el mundo visto desde mi perspectiva y desde mi posición. Y luego son dos novelas que intentan contar el tiempo que estamos viviendo.

De hecho, esta novela es pura digresión. Trata de todo, menos de lo que tendría que tratar. Lo mismo salen terroristas que emigrantes, prostitutas, la pederastia... Aparece todo, porque quiere contar el tiempo en que vivimos y toda la estrategia era contar todo eso y que, al mismo tiempo, la novela te llevara, te arrastrara. Por lo cual, el lenguaje tenía que tener mucha tensión. Tanto Crematorio como En la orilla se sostienen en la tensión.

Es verdad que en esta novela el cuerpo tiene mucha más importancia, porque, en realidad, la estructura misma de la novela es la del bodegón barroco. Desde el paisaje mismo hasta cuando habla de la caza y de la caza humana incluso, cuando aparecen los maquis aquellos a los que se caza. Todo tiene un toque de faisandé. Es el bodegón barroco en su esplendor, pero que ya ha empezado a pudrirse. Y eso forma parte de la textura misma de la novela, porque es la novela de un viejo, un viejo que cuida a otro mucho más viejo. Es una novela de la consciencia de la degradación de la propia carne, del deseo, de preguntarse sobre el sentido de la vida cuando se llega a ese punto en el que de verdad ya te das cuenta de que no hay retorno.

Y luego es una novela de amor entre una joven y un viejo. Mientras que Crematorio era la parte de mi generación que se atrevió y accedió al poder, esta (En la orilla) es sobre la parte de mi generación que no se atrevió, no supo o no pudo. Yo pensaba que esta se podría titular perfectamente Un héroe de nuestro tiempo. Es alguien que ha trabajado de carpintero, pero no le interesa la carpintería, porque su padre fue un carpintero que quería ser ebanista y quería conocer su oficio. A este no le interesa el oficio. Él dice que lo dejó todo por una mujer, pero tampoco parece que hiciera mucho esfuerzo por recuperarla. Envidia al que fue crítico gastronómico y se hizo muy famoso. Y lo odia porque ha ganado mucho dinero con negocios y tal. Es un personaje que nunca sabemos si es que era demasiado bueno o si es que era un perezoso, un vencido... Y ahí la carne juega ese papel fundamental.

Aparte de que yo soy materialista. No creo en el alma ni nada de todo esto. Sí, yo creo que somos carne y aparte de carne pues nada más que carne. Y yo creo que eso también está en todas mis novelas. Hay un referente muy claro en todas que es Lucrecio. A mí me gusta mucho Lucrecio. Creo que es el sabio más grande de la Antigüedad, o uno de los más grandes. Además, me gusta mucho toda esa literatura corpórea de la que habla (Mijaíl) Bajtín, el cual es para mí uno de los hombres más lúcidos tanto por lo que representa el cuerpo como rebelión frente a la ideología. Es decir, cuando te quieren imponer una mentira, la verdad del cuerpo responde. Los estudos de Bajtín sobre el carnaval, sobre la ruptura de los papeles de arriba y abajo... Todo eso me interesa mucho. También me interesa mucho de él que tú te tengas que moverte entre los personajes, que no haya una tercera persona, un narrador que te coja de la mano y te lleve. Hay distintas voces: tú oyes a uno y le das la razón, pero inmediatamente habla otro y le quita la razón al anterior, y le das la razón a ese. Y el proceso de lectura de novela es un proceso de poner en cuestión todas tus ideas.

Cuando escribí Crematorio decía: «Es Chirbes contra Chirbes». Es coger cada uno de los aspectos en los que Chirbes cree, ha creído o creerá y destrozárselos, dejarle sin nada, porque la única forma de poder construir algo es dinamitar la mentira que hay. Creo que eso en las tres últimas novelas está muy presente: en Los viejos amigos, en Crematorio y en esta (En la orilla). Son novelas demoledoras o de demolición de falsas ideologías, porque yo creo que hemos vivido una etapa en la que hemos tenido toda una serie de ideologías que nos prometían un montón de cosas y en estos momentos todas ellas han quebrado, no sabemos a qué atenernos. Mi generación cometió muchas barbaridades en nombre de la clase obrera y con eso lo justificábamos. Teníamos un sujeto histórico. Pero hoy día no sabemos nada, todos son grupúsculos: los afectados de una cosa, los afectados de otra... Cada uno reclama sus derechos y no sabemos cómo organizar esta sociedad. Sabemos que tal y como está no funciona, pero nosotros no sabemos. Si a mí me dicen: «¿A ver? ¿Y tú cómo?». Chiss, yo no sé nada. Yo cuento lo que veo. «Hombre, pues eso no es...».

Yo creo que esa falta de sujeto histórico que tenemos ahora mismo es muy notable. No tenemos una ideología a la que aferrarnos. Las que se esgrimen sabemos que son mentira y no sabemos cuál es la verdad. Yo siempre digo que la literatura tiene que ser un poco la que limpie de polvo las palabras que están gastadas y les devuelva el sentido. «Limpia, brilla y da esplendor» que decía la Academia. Pero ahora mismo no sabemos cómo utilizarlas.

Cano: Estamos comentando muchas cosas y hay una frase de En la orilla que me impactó mucho relativa al deterioro del cuerpo, la vejez: «Caras de judíos pasados por el Auschwitz de la medicina contemporánea».

Chirbes: Sí, estamos todos en el circuito hospitalario.

Cano: Me pareció una frase lapidaria. En Los viejos amigos: «Los viejos ahora hacen deporte: caminan, hacen footing casi hasta los 80 años y llevan dentaduras que parece que sean propias, si no fuera por lo blancas que están o por lo fuertes y perfectas que se muestran. Corren, dan saltos en la playa guiados por un monitor, visten ropas de colores, pero la vejez no se la quita nadie». ¿Ves un desajuste entre la prolongación de la vida y el modo de afrontar ese envejecimiento?

Chirbes: Sí (rotundo), pues porque estamos locos, porque antes los viejos hacían tareas de viejos: enseñarles a los niños cosas y tal. Pero ahora es al revés. Ahora de un viejo nadie quiere aprender nada y entonces, como están desazonados, porque el valor supremo es la juventud, pues intentan disimular... bueno, intentamos parecer que somos jóvenes y nos ponemos dentaduras y otras cosas.

Es lo que hay. Yo veo eso. Veo en la playa de cien en cien en Benidorm y ahí están de buena mañana, ya todo el mundo puesto. Y me aterra verme ahí, porque yo soy muy vago. Menos mal que soy soltero y mi señora no me obliga a hacer esas cosas. Pero los casados tienen un problema gordo. «¡Venga, Manolo, que estás muy gordo! ¡Que tienes que bajar!» (risas entre el público).

El dolor

Cano: De Benidorm a Albert Camus hay un salto, pero vamos a intentarlo. Recientemente escribiste un artículo sobre Albert Camus y destacabas «el difícil compromiso de este autor en la lucha contra el dolor » decías. O al menos «en su intento de no acrecentar la cantidad del dolor».

Sin embargo, en Crematorio afirmabas: «El dolor no te da nada. Puede ser que al principio sí que te ayude a conocer algo más, comprobar que la caverna humana es aún más oscura, pero luego no te da nada. Te deja desnudo».

Chirbes: Sí, yo creo que el dolor es empobrecedor. Es decir, es verdad que en un primer momento te puede enseñar pliegues y cosas que no conocías (¡En mala hora! ¡Mejor no conocerlos!), pero luego el dolor insoportable no te deja hacer nada. Es decir, estás pendiente de tu dolor, todo lo relacionas con tu dolor. Y yo creo que es malo, naturalmente malo. Es decir, que todo aquello del cristianismo de que «el dolor te hace mejor»... No, es una desgracia y hay que procurar pasarla lo menos posible. Si te dan morfina, mejor.

En el libro (En la orilla) los ricos se van a Suiza y les dan la pastillita última con una copita de champán. Y ven los Alpes con las vaquitas Milka y las nieves del Kilimandjaro. Y lo ven todo por la ventana. Pues esa es la muerte ideal. Es decir, esa muerte rabiando de las vidas de los santos, ese San Francisco de Goya con el condenado y los diablos alrededor queriéndole quitar el alma, y el otro peleando... ¡Madre mía! ¡Menuda muerte! Somos pocos y encima entre el cura y el diablo a ver quién se me lleva la mitad.

Cano: En relación con ese dolor, con esas heridas que sabemos que no se cerrarán jamás, ¿puede la literatura ayudar?

Chirbes: Yo creo que te hace superarlas, verlas como parte de un libro. O sea, las aleja de ti y las convierte en literatura y eso es bueno. Por lo menos en mi caso. Fíjate, yo no debería hablar de esto, porque no creo nada en todas estas cosas más psicoanalíticas y tal, pero yo sí que estoy convencido de que gran parte de mis fantasmas y mis cosas se me van con los libros.

Luego es verdad que el libro te produce otro tipo de angustias que casi son peores, pero, bueno, lo uno por lo otro.

El trabajo y la cocina

Cano: Antes hablabas de refilón sobre el trabajo. Aquí, En la orilla, tenemos a este carpintero. Además, le ofreces bastantes páginas a la hora de describir el oficio: el tipo de maderas que utilizan, de dónde vienen, los aserraderos, los barcos, todo el proceso...

Chirbes: Es que fíjate que en esta etapa de desazón que vivimos, yo creo que el trabajo bien hecho es una de las pocas cosas a las que aferrarse. Lo que pasa es que es muy difícil encontrar dónde ejercerlo, porque ya no existen ni las vocaciones ni existe nada. Tú puedes estudiar para carpintero y acabar de camarero el lunes, fontanero el martes, electricista el jueves... depende de lo que te caiga. Pero yo sí que creo que uno de los valores más sólidos a los que agarrarse es el del trabajo bien hecho.

A veces te llaman casi-casi hasta fascista por decir eso, porque dicen que eso supone colaborar con el capital. Me ha pasado con gente joven. A mí una novela que me gusta mucho y que hablo de ella en este libro es Gran sol de Ignacio Aldecoa, la cual cuenta la vida de los pescadores ahí y que es todo un homenaje al trabajo. Les da a los pescadores las palabras que ellos usan y contarles una vida que ellos no sabrían contar. Me parece un libro hermosísimo, el homenaje de un escritor a unos trabajadores. Se lo propuse como lectura a un grupo de gente joven y se pusieron como fieras.

Parte de la purificación esa que te decía que me dan los libros es ver lo bien hechos que están. Es decir, cuando tú ves una página en la que no se repiten las palabras, que no hay rimas que no quieres... Y te dices: «¡Qué bien!». Esa sensación te dura minuto y medio, pero ese instante creo que está muy relacionado con la idea del trabajo bien hecho.

¡Digo yo! Tú que eres escritor, ¿no te pasa eso?

Cano: Sí, sí, sí.... pero me refería más al trabajo manual. Hay un escritor vasco, Koldo Izagirre, que siempre reivindica que antes las carpinterías estaban abiertas al público y ahora hay una especie de ocultamiento, de invisibilidad del trabajo físico. Algo que tú también reivindicas, en En la orilla claramente.

Chirbes: Como también hay una invisibilidad de lo comestible. Yo lo vi por vez primera en 1976 en Estados Unidos: tú no veías nunca un filete, siempre eran cajitas con unas cosas de color rosa. Mira, yo vivía en Valverde de Burguillos. Unos amigos míos quisieron hacer un intercambio: mandaron a su hija a Estados Unidos y vino una chica norteamericana a su casa. El intercambio duró tres o cuatro días, porque al tercer o cuarto día a la niña se le ocurrió abrir la despensa y se encontró con un jamón. Qué alaridos diciendo que tenían un cadáver en la despensa. Y sus padres se la llevaron rápidamente.

Es decir, mientras somos capaces de soportar las cosas más impúdicas, mientras vemos las películas en las que en primer plano vemos un órgano entrando en otro y tal... En cambio, ahora hay un pudor muy grande ante las cosas que han sido lo más natural del mundo. Sirva lo del trabajo, sirva lo de la cocina.

Cano: Ya que hablas de la cocina, y hoy que se han repartido las estrellas Michelin, tú has trabajado muchos años como crítico gastronómico. Dedicas un párrafo (En la orilla) que subrayé en su día: «La gastronomía es más bien politeísta, no tiene un solo dios, ni un solo papa. La cocina es, como no podía ser de otra manera, materialista, laica, una república federal, todos ellos dioses culinarios oficiando cada uno en su templo y todos ellos eran amigos míos y todos adoraban a Leo», etcétera. En tus libros los personajes beben y comen constantemente y, además, lo que beben y comen es pertinente, es parte de la idiosincrasia del personaje, desde el caldo hasta las marcas comerciales de las bebidas.

Chirbes: Yo crítico (gastronómico) no era porque no estoy capacitado, pero sí había trabajado en una revista de cocina. En esta hay una coña porque el personaje este tan pedante y tan trepa y tal es un poco lo que Chirbes podría haber sido si hubiera tenido tendencia a ascender. En general, yo siempre digo que casi todos los personajes soy yo. O sea, me dicen: «Porque el torturador ese tan malvado...». Nada, ese soy yo, porque es verdad que, a veces, lo piensas y dices a este le retorcería. La violada de París de Los viejos amigos... pues esa también soy yo. Creo que todos los personajes están inspirados en uno mismo, en los sentimientos que uno mismo tiene. Y luego me gusta jugar conmigo mismo y hacerme putadas. Ese personaje, por ejemplo, cuando habla del vino dice muchas cursilerías y me veo a mí mismo diciendo «¡Ummm! Violeta. Muy bien. Flores acuáticas» y el otro dice: «¿Flores acuáticas? Pero si eso huele a pescado podrido». Yo he estado en catas donde decíamos: «¡Ummm! Nenúfar». ¿Tú has olido alguna vez un nenúfar? Es como Valle-Inclán que hablaba de nenúfares y no los había visto nunca, porque le parecía que era una flor exótica. Arrancas el nenúfar y huele a pescado podrido.

O sea que a mí me gusta reírme de mí mismo: desmontar mis propias mentiras y mis propias trampas. Es un ejercicio saludable.

Cano: La gastronomía quizá tiene que ver también con que vivimos una época caníbal, una época de gran voracidad, no sólo en lo gastronómico...

Chirbes: Sí, consumir, consumir y consumir.

Cano: Y luego también el hecho de que sea más importante el sentir que el saber. Eso lo dice en El novelista perplejo: «Parece que todo está permitido, pero paradójicamente nadie toca el núcleo de la sociedad en la que se crean y se digieren muchas obras. El arte todo resbala sobre la piel de su tiempo, sin dejar más que pasajeras huellas efímeras. El ciudadano ya lo sabe todo, ya lo ha visto todo y lo importante parece que es más sentir, sentir con más intensidad».

Chirbes: La excitación de la atracción continua. Tú tienes que ver que los sitios más elegantes son los más cutres. Vas a una galería de arte buena y no es estilo Luis XVI: está desconchada y hay neumáticos por el suelo. Triunfa el arte más canalla. Es la excitación por vivir otros mundos de los que tienen un mundo fácil, ¿no? En realidad es la falsa rebeldía, porque todo eso a la sociedad le da exactamente lo mismo, como le dan lo mismo las novelas.

Creo que vivimos un momento en que no sabemos qué hacer. Lo digo en algún artículo: no tenemos ninguna certeza, merodeamos, no sabemos a quien representamos, intentamos contar nuestro tiempo pero nunca sabemos desde dónde ni cómo... Nosotros tuvimos un periodo en los años 1960: «lo dice Lenin, pues es verdad y ya está; lo dice Marx y de cabeza».

Eso tiene una parte que es muy hermosa, lo que pasa es que eso es una bomba de relojería, claro. Estás muy a gusto, pero estás cometiendo destrozos por donde vas. Ese es el peligro que tienen las religiones, religiones laicas incluso, los católicos o los socialdemócratas, lo mismo me da, que están dispuestos a salvarte a tu pesar, caiga quien caiga. Y eso es muy peligroso, porque déjame que me condene.

La memoria y los intelectuales

Cano: Sobre la memoria, la tan recurrente memoria, en La caída de Madrid decías: «Como si no hubiera aprendido a estas alturas que saber y vivir son incompatibles: el saber te destroza la vida, te la hace polvo». Y recientemente en una entrevista decías: «Los que vengan después serán hijos de estos parados que no sé si quieren recuperar la memoria o sólo ganar lo suficiente para permitirse volver a olvidarla». Saber y recordar, ¿en qué proporción?

Chirbes: Bueno, lo que hemos hablado antes de la Transición. Que saber es doloroso...

Otra cosa: mi desconfianza hacia la cultura, por ejemplo. «La buena letra es el disfraz de las mentiras» dice el personaje. Saber, si te lo guardas para ti mismo, es muy peligroso. Y si lo utilizas es muy peligroso para los demás. Es decir, el ignorante es un pobre hombre, es un burro y es un desastre, pero el listo que sabe y lo usa es un hijo de puta. La cultura está siempre entre ser un imbécil o ser un cabrón.

Yo desconfío mucho de la cultura, de artistas, intelectuales y tal, porque el poder los desea, porque el poder necesita su narración y nosotros somos los que podemos hacer la narración del poder, embellecerlo.

Ahora, estos últimos años, que se puso de moda la memoria. Me decían la literatura de la memoria. Y yo les respondía: «como Goebbels, si yo oigo la palabra memoria, saco la pistola». Porque, ¿qué ocurrió estos últimos años, los años de Zapatero? Pues que la socialdemocracia había tenido una gestión tan escandalosamente a trozos los años anteriores, había negado todo, había sido el origen de todos los males y necesitó inventarse una narración.

Todo esto lo he contado en este libro y la verdad es que hablar es lo peor que se puede hacer, porque está escrito mejor.

Entonces, releamos aquello que no habían querido leer (la Guerra Civil, la República...) todo eso de lo que habían renegado. Y qué pronto empezó a aparecer una corte de novelistas, cineastas, historiadores... y de repente se puso de moda la Guerra Civil. ¡Venga películas sobre la guerra, venga novelas sobre la guerra...! Estaban haciendo su narración. Es decir, que el poder siempre va rodeado de un séquito que lo va contando.

Estos son más brutos (Marianico y sus muchachos), porque siempre sus intelectuales han sido Norma Duval, Chiquito de la Calzada, etc. (risas entre el público). Pero me imagino que estarán también trabajando. Ahora bien, lo tienen difícil, porque Federico y todos estos, que son los listos, a Marianico no me lo aguantan. ¿Marhuenda? Tampoco parece muy listo. Pero tendrán que hacer su narración...

Entonces, los escritores, artistas y tal son muy mala gente. Cuando me dicen: «¿Tú no te juntas mucho con los escritores, no?». No, procuro no. Porque si son un poco listos te calan y luego te sacan en los libros con tus defectos, aquellos que tú tratas de ocultar cuando escribes. Te lo digo por tu bien, tú que eres joven (risas entre el público).

Cano: Se agradece el consejo de colega. Algo ya empezaba a sospechar...

Chirbes: Además, el mercado es reducido. Con lo cual, si tú vendes 3.000, el otro sólo 1.500.

Cano: Yo procuro alternar más con músicos.

Chirbes: Bien. Les puedes hacer las letras.

Cano: Se las hago. Sí, sí... Son una especie aparte. Aquí hay alguno... Sigamos: «La Historia acaba por meterte en la cárcel, la literatura en el manicomio».

Chirbes: Eso creía yo de joven. Yo quería hacer literatura, pero como yo he sido un niño frágil y no muy equilibrado, de pequeñito me dio pánico la literatura, porque no tienes dónde agarrarte, y la Historia me parecía una cosa muy sólida: 1212, la Batalla de las Navas de Tolosa; 1492, el Descubrimiento de América. Luego me di cuenta de que no, de que todo te lleva a la cárcel y todo te lleva al manicomio. Que no te salvas ni con la Historia. Descubrí que no tengo memoria: yo me puedo ver doscientas veces fechas, ministros y tal, pero se me olvidan. Tenía un compañero (Ernesto Portuondo) que tenía una memoria extraordinaria. Quedábamos en la hemeroteca y yo me leía dos años de periódicos y él se leía dos meses y sabía los gabinetes, los gobiernos, los cambios de ministros...

Es decir, que la Historia tampoco me dio ninguna seguridad. No hay seguridades: estamos en alta mar, en la orilla y flotando.

Cano: Es curioso. Ramon Saizarbitoria, otro escritor vasco, dice que él escribe porque tiene muy mala memoria y que es la forma de reconstruir un poco lo que se le va yendo...

Chirbes: Bueno, también se escribe un poco porque si tú no te consideras muy listo, para que no te tomen por demasiado tonto. Ellos contaban una Historia de sí mismos estupenda, todos eran ídolos y padres de la patria: «¿Te acuerdas cuando Fraga y Guerra se sentaron e hicieron la Constitución?». Yo veía aquello y pensaba si se creerían que me lo estaba creyendo. Pues lo único que he hecho con mis libros es que no me he creído nada de lo que han contado los últimos treinta años.

Blanco Aguinaga y cómo ser testigo de tu tiempo

Cano: En Crematorio decías: «Paga alguna culpa con cada libro, intenta pagarla. En cada libro que escribe trata de llevar a cabo un ajuste de cuentas con el anterior. Su escritura tiene algo de criminal. Seguir matando, seguir matando, se escribe contra sí mismo, pero también contra sus lectores. En cada nuevo libro pone a prueba a sus lectores como si estuviera deseando perderlos de vista, expulsarlos de su vida».

Chirbes: Pues está muy bien contado (sonríe).

Cano: Decías también: «A veces se dice que las grandes novelas tienen que crear a su propio público, que al cuerpo social a veces le cuesta mirar, encontrar o congeniar con esa mirada nueva que se le ofrece en una obra ambiciosa». ¿Has sentido esta lejanía del lector?.

Chirbes: Eso sería muy pretencioso... (sonríe). No, eso siento que le pasa a Proust, que le pasa a Musil y que le pasa a los novelistas buenos. Yo creo que hecho una novela realista de vuelo gallináceo que diría Galdós y no he sentido eso. Sí he sentido que, como ahora han cambiado los tiempos y se han vuelto más pesimistas, pues tiene algo más de aceptación, pero no porque haya creado nuevo público, sino porque le han quitado el sueldo a la gente. Ya está. Digamos que ha sido el Gobierno quien ha cambiado al público.

Cano: «Saber leer es saber qué defiendes cuando dices que algo te gusta». ¿Quién te enseñó a ti a leer?

Chirbes: Eso me lo enseñó un señor de Irun que se llamaba Carlos Blanco Aguinaga. Creo que murió el 12 de septiembre hace un par de meses. Yo lo quería mucho. Lo conocí ya tarde, cuando había terminado ya la carrera, pero para mí ha sido el único maestro que he tenido, ha sido el único que me ha enseñado a leer. Yo era muy proustiano: me gusta porque me gusta, sobre gustos no hay nada escrito, etc.

Me disciplinó, me hizo ver que los libros dicen lo que dicen y no es lo que tú digas que dicen, sino que la literatura tiene un peso, que dentro de cada libro está la Historia, que los libros no se libran de su tiempo, que cada libro y cada obra de arte tiene su fecha escrita entre líneas y que, de alguna manera, en este mundo lo único que puedes ser es testigo o síntoma, que es una cosa que me gusta decir: o intentas ser testigo de tu tiempo, contar tu tiempo, o acabas siendo síntoma de tu tiempo y te ponen como ejemplo de lo que ocurrió.

Por ejemplo, tú dices: los románticos, ellos quisieron alejarse del mundo, miraban hacia los sitios lejanos, los conventos en ruinas y las hiedras que subían por las paredes.

Luego estudias Historia y dice: la maquinización trajo determinados grupos que miraban hacia el pasado, entre ellos los románticos. Es decir, que eres síntoma de tu tiempo.

En cambio, Balzac fue testigo de su tiempo, porque lo que quería era contar lo que estaba pasando y contó lo que estaba pasando y por qué aquellos señores se iban del mundo real y se recogían. Lo mismo le ocurrió a Galdós: nos cuenta la España de su tiempo con pelos y señales y nos cuenta quiénes eran poetas románticos. Lo cuenta todo, porque tiene un afán muy grande por ser testigo de su tiempo.

Y yo creo que la literatura, por lo menos la que a mí me interesa, aspira a ser testigo de su tiempo del modo que sea. Fíjate que me gusta hablar, por ejemplo, del realismo de Cervantes, porque creo que el Quijote es una novela realista en ese sentido amplio: nos habla de las clases sociales, las carreteras de entonces, los campos...

Me gusta hablar de una novela de su tiempo y una novela realista con Rabelais, Gargantúa y Pantagruel. Está todo y mira que ahí sí que está el cuerpo por todos los lados, está el cuerpo hasta abierto en canal, y la Facultad de Medicina de Montpellier y todo el Renacimiento está ahí metido.

Y me gusta la literatura que transmite sensación de vida. Yo creo que ya sabemos que la novela es una ficción. No me gusta la literatura que se empeña en decir: como esto es una ficción, vamos a suponer que... Bueno, evita ya el vamos a suponer que y como esto es una ficción y empieza a contarme lo que me tengas que contar.

La sensación de vida me parece una maravilla, una maravilla. Eso de que tú estés en tu cuarto, abras y, de pronto, empiece a nevar y digas Estoy en Moscú, y qué frío hace, y qué guapa es Ana y Vronski qué perverso, a mí me parece maravilloso, maravilloso. Y por muy marxista que yo sea (o lo que demonio sea), ese placer no me lo quita nadie. Además, eso sería negar que el marxismo se ocupa de la vida y esa literatura me gusta mucho más que la literatura teórica, la cual puedo leer con gusto, pero el placer que me da cómo Juanito Santa Cruz está rascando la puerta de Fortunata la noche de bodas, mientras ella está con el marido ese un poquito impotente... Me parece una de las escenas eróticas más fuertes de la literatura mundial. Pues todo esto me gusta mucho, me pone que dirían los modernos.

El estilo y la ideología en los libros

Cano: En alguna entrevista creo que te he leído sobre el estilo: «Que a los críticos les fascina descubrir y sajar el estilo de los autores, pero el autor que se convence de que ha encontrado su estilo está perdido, porque el uso de los materiales que le sirvió para elaborar una obra ya no le servirá en la siguiente».

Chirbes: Eso sí que yo lo tengo claro: nunca me ha preocupado ni la ideología ni el estilo de mis libros. Hay una frase de la Gaite (Carmen Martín Gaite) que yo cito a veces: «La urgencia trae el estilo». El esfuerzo por contar lo que tú intentas contar te hará hacer el estilo y cuando tú te convences de que tienes ese estilo («¡Uuy, qué bien maneja los subjuntivos!» «¡Qué manera tiene de representar los personajes con un rasgo!») estás perdido porque estás repitiéndote, ya no descubres nada. En literatura no es como en carpintería. Es decir, cuanto más trabajo has hecho no eres mejor carpintero, sino peor. Cuando has escrito diez novelas eres peor novelista que cuando no has escrito ninguna, porque has gastado ya mucho material, has gastado muchos temas y vuelves a empezar de cero. Porque el carpintero empieza sabiendo más, pero tú empiezas otra novela saliendo de cero y teniendo ya toda una serie de cosas que ya has usado y no puedes usar, de vicios que has cogido, de cosas que te arrastran.

Yo creo que en eso es muy tremendo lo de ser novelista, porque es como el jugador: cada vez que has acacabado una novela, has acabado con la novela. Es como cuando dice la gente: «la literatura ha muerto». Lo decía el otro día Luis Goytisolo: «Porque la literatura contemporánea ha muerto». Bueno, la literatura siempre está muerta, hasta que viene una novela buena y se descubre que resucita y es maravillosa.

Creo que decir eso es una pedantería, porque la novela, a lo mejor tal y como la entendemos hoy, la que venga buena no sabemos cómo será. Cuando vino Bajo el volcán, teníamos de repente una novela que hablaba de una manera que no había hablado nadie antes. Cuando en España llegó Martín-Santos, Tiempo de silencio contaba de una manera que no había contado nadie hasta entonces.

Cada libro pide su estilo, cada libro te exige unos movimientos, te exige utilizar un vocabulario. Este (En la orilla) está lleno de numeraciones, vete tú a saber por qué, me lo pedía el texto y por ese afán que tiene el libro de ser una especie de mundo en pequeño. O en Mimoun, mi primera novela, yo tenía la idea de que estaba escribiendo un poema, que cada frase era un verso y que cada capítulo era una estrofa. Y es verdad que funciona como un poema raro y sucio. En cambio, En la orilla funciona como un aluvión. Bueno, como un aluvión no, como un pantano.

Es como cuando me dicen: «¿De qué trata su libro?». Pues desde que empieza hasta que acaba, porque si lo pudiera resumir no hubiera perdido el tiempo escribiéndolo. «¿Es que su libro trata de la crisis?». Pues no, porque si tratara de la crisis, hubiera dicho «este libro trata de la crisis» y ya está.

Y lo mismo que no puedes resumir un libro, tú no puedes decir «tengo un estilo». Hay autores que lo tienen.

Es lo mismo que cuando un autor está convencido de que representa a alguien. Eso lo decía Proust y luego lo dice Magris muy bien: «Thomas Mann se convenció de que defendía a la burguesía». Y a partir de ahí ya en todas sus novelas quería ser el autor burgués. En España hay alguno, que todos tenemos en la cabeza, que se ha convencido de su papel como defensor de algo, con lo cual lleva sin hacer una buena novela quince años, desde que se dedica a hacer editoriales novelados. Porque cuando alguien quiere una ideología, eso que dicen una esperanza, una cosa clara en una novela, lo que está pidiendo es un editorial de un periódico. Si quiere saber cómo está la situación y lo que hay qué hacer, léase usted El País. «Una justicia demasiado politizada», por ejemplo. Te lo lees y ya sabes la conclusión. «Habría que llegar a que los partidos no pactarán». Muy bien. Una novela no puede ser eso.

Una novela lo que tiene que hacer es al revés: no se puede tratar al lector como un gato. Porque eso les encanta a muchos lectores: «¡Ay, qué bonito es este libro!», «ella qué buena es y cuanto se quieren al final».

Eso es tratar al lector como un gato, pasarle la mano por el lomo. Al lector lo que hay que hacer es pasarle la mano al revés, que maúlle y que te intente arañar. Que diga: «Este hijo de puta me está contando cosas que yo no quiero saber y que no me queda más remedio que saber».

Porque lo único que tienen que hacer los libros es enseñarte, y todo lo demás son adornos. Hermann Broch, que era la máxima estética (no creo que se haya escrito una novela más bella que La muerte de Virgilio), decía: «La belleza por la belleza es como los traficantes de armas: gente sin escrúpulos». Y es así. La literatura lo que tiene que hacer es enseñar. Uno lee para aprender cosas de la vida que antes de leer ese libro no sabía.

Bueno, un mitín aquí (dice Chirbes sobre sí mismo).

Una mujer entre el público: Le quería decir que yo entiendo que en sus libros hay una ideología, una ideología que además comparto. Y creo que hay una cierta nostalgia de lo que fuimos, con los valores, con el marxismo y todas esas cosas que quizá eran extremas y dogmáticas. Pero había valores humanos, valores que, de alguna manera, se añoran. Y eso se refleja y, además, me conmueve y me siento identificada. Es testigo de la época y tiene que seguir siéndolo, porque nos enseña, nos hace ser críticos, nos hace ver las realidades, nos hace ver lo que fuimos y no somos, precisamente por todo lo que ha dicho...

Chirbes (cortándole): No me haga llorar usted (...) Lo que quería decir es que nunca me planteo ni el estilo ni la ideología, porque será la que yo tenga. Es decir, no me planteo: si mato al personaje al final, mi libro es más progresista. No, con el personaje hago lo que la trama me va llevando a hacer y al final saldrá lo que yo soy. Es decir, lo que usted dice. Usted se identifica con mi ideología, pero yo no he forzado nunca un puñal...

Hay una frase que dice D.H. Lawrence que pongo en Por cuenta propia: «La literatura es una cosa muy delicada. Es como una balanza de precisión». Cuando metes el dedo con tu ideología, digamos que forzando la literatura, se viene abajo la balanza y se cae por los aires todo. Eso es lo que yo quería decir, eso y lo del estilo. Es decir, tendrá la ideología que yo tenga: si es muy reaccionario, será porque yo me he vuelto muy reaccionario; y si es muy vanguardista, será que yo me estoy volviendo vanguardista.

Y luego el estilo. ¡Pues el que salga! El que salga... buscando.

La mujer: Es que la ideología no tiene por qué ser dogmática... Pues vale, te enseña, te abre perspectivas y te hace pensar y ser muy autocrítico, que buena falta nos hace. Muchas gracias.

Chirbes: Gracias a usted.

Cano: No sé quién dijo que cuando se tacha de ideólogico un libro es como con el sudor, que cada uno percibe el ajeno, parece que uno no suda.

Chirbes: Sí, porque todas estas novelas psicológicas que invadieron la España de los 80 y de los 90, la España europea, rezumaban ideología europeísta de falso cuño que, mira por dónde, la crisis las ha tumbado todas. O sea, de repente parece que nos preocupa menos el matiz psicológico de las cosas y vamos más al bulto. Volvemos a ser síntomas de la Historia por no haber querido ser testigos.

Cano: Lo que se decía del cine político. Ken Loach hace cine político y Top Gun no es cine político. ¿Rambo no es cine político?... Bueno, tenemos tiempo. Alguna pregunta más.

Un hombre entre el público: Me gustaría saber si quedo satisfecho con la serie Crematorio y si, después de la adaptación, condiciona de alguna manera la escritura pensar que podía ir por ese camino.

Chirbes: No, hay gente tan malvada (se ríe) que le dijo a un amigo mío de Denia: «¡Cómo se nota que En la orilla está hecha a prisas y carreras! Está fatal escrita, porque eso es que ha firmado una segunda parte de la serie y ha tenido que entregarla a toda prisa» (risas en el público).

Bueno, la serie. A mí me llamó un día un señor. «Vamos a comer y tal». Y me dijo: «He leído tu novela, me gusta mucho y me gustaría hacer una serie». Se llama Fernando Bovaira y es de Mod Producciones. Comí con él, me pareció buena persona, es un tipo excelente y me dijo que él estaba en el cine no por dinero (ganaba más en su anterior etapa como ejecutivo), sino porque le gustaba. Le dije: «Muy bien. Haced la película que vosotros queráis y cuando mejor lo hagáis, mejor para todo el mundo». Pagaron su parte por el libro e hicieron la película, la cual tiene muy poco que ver con la novela.

Es decir, yo huía como de la peste de una novela policíaca, porque no quería hacer la novela de la especulación inmobiliaria y los concejales detenidos. Y la serie sí. Bueno, pues es su serie y la novela es su novela.

¿Condicionarme? Estaría feo si dijera que no la he visto: la he visto. Pero fíjate que he visto los capítulos que ellos me mandaron. Me dijeron que diera mi opinión cuando hicieron el guion. Les dije que eso era cosa suya. Le hice dos o tres comentarios sobre cosas que no me acababan de convencer. Ni puñetero caso e hicieron bien.

Es verdad que ha ayudado a que la novela se conozca algo más. De todas maneras, se conoce más en Internet y eso que por ventas, si Herralde (editor) no me engaña (sonríe). Por ventas no parece que tampoco hayan tirado cohetes. No sé. Que me da igual.

Una mujer entre el público: Yo no he visto la serie, pero no se puede llevar Crematorio al cine, porque creo que lo más importante de todo es el estilo, por mucho que hayas dicho el estilo por aquí, el estilo por allá. A mí me ha asombrado, he hecho publicidad de ella y la he regalado, porque me parece todo un acierto, el mayor acierto. Más que la ideología, más que toda esa denuncia, me parece que el estilo...

Chirbes (cortándole): Bueno, es una novela, al igual que En la orilla, que se sostiene en el estilo. En ambas la clave estaba en que yo no quería que fueran policíacas, porque quería que el nudo de la tensión estuviera en la propia narración, en el modo de contar. Leo con gusto las novelas policíacas o de misterio, pero yo no tengo esa vocación a la hora de escribir, porque yo creo que la vida no es un misterio que se descubre, sino que es un ir y venir lo que hacemos a diario. Entonces, cómo contar eso en una novela y mantener la atención de la gente sin hacer trampas, sin ponerle triquiñuelas, pues es el reto que tienen estas dos últimas novelas. Todo el esfuerzo ha sido que el estilo fuera lo suficientemente centrípeto para quitarle la parte centrífuga que tienen los libros, digámoslo así.

(...) Ya no tomo copas, por cierto (risas entre el público). Muy pocas.

La mujer: Ya lo siento.

Chirbes: Yo también.

La mujer: Una copita de vez en cuando.

Chirbes: Claro. Y dos...

Cano: Tenemos una última pregunta ahí.

Un hombre entre el público: Le quería preguntar sobre la relación de amor que se da con la chica y cómo, a mi modo de ver, eso desencadena el final de la novela (En la orilla)

Chirbes: Sí, yo creo que en buena parte sí. Pero tampoco los novelistas sabemos mucho más que los lectores. Pero creo que si ella no hubiera sido tan cruel, yo creo que él hubiera aguantado un poquito más. A ella la entiendo bastante también: hay que buscarse la vida y no tiene por qué aguantar por la cara a este elemento. Yo creo que es muy importante para él. De hecho, toda la parte última, cuando corta de repente y la manda a hacer puñetas mentalmente, yo creo que tiene una desolación muy grande. Y cuando cuenta que cambia de acera para no encontrarse con ella y que la ve con el marido ese grandullón... Es muy importante, porque en realidad es el último destello de juventud.

Ella es la juventud. Yo la veo tan guapita, muy bajita y así, muy bien... doradita y tal. Es su último destello y ahí ya cae todo en picado.

Cano: Bueno, pues hasta aquí ha llegado la conversación de hoy. Ha sido un placer.

Chirbes: Muchas gracias por la presentación y muchas gracias por la asistencia.

(Aplausos del público).

Escrito por: iturri.2021/01/21 16:00:00 GMT+1
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2021/01/17 08:45:00 GMT+1

Los Rodríguez: Txani y Yeyo

El viernes por la mañana escuché un par de entrevistas en el programa «Ispilu Beltza» de DK Irratia: conocía a la escritora Txani, pero no tenía noticias del músico Yeyo.

Txani Rodríguez

A finales de agosto de 2020 cerró sus puertas la Librería Brönte (Irun). En el enlace podréis leer unas líneas escritas tras la última visita a Ylenia Benito, la librera.

Entonces no lo dije, pero el último libro que compré fue «Los últimos románticos» de Txani Rodríguez.

Me leí el libro el mismo mes de agosto. Porque es un libro que se lee rápido, entre otras cosas porque no es largo.

Una cosa es que se lea rápido y otra muy distinta que no se te quede en la cabeza el eco de lo leído. Y este es de esos: se queda.

Y lo digo a pesar de que soy de los que olvida bastante fácil lo que lee. Desgraciadamente...

El mismo viernes, 15 de enero, Txani Rodríguez e Ylenia Benito estuvieron en el Centro Cultural Okendo hablando sobre Los últimos románticos. Salió a la calle en junio, pero la autora apenas ha podido presentarlo en público (creo que el único acto, con aforo muy reducido, fue en Bilbao).

Uno de mis objetivos en este inicio de año (también) pandémico es acudir a un acto cultural presencial una vez por semana. Si la situación lo permite.

El acto del viernes se prolongó algo más de la hora (75 minutos) y la cosa estuvo entretenida. Alimento para el espíritu.

Ylenia se refirió al comienzo a las dedicatorias del libro. Traigo aquí la segunda:

Y a todas las personas que fueron amables conmigo alguna vez.

Personas amables. Y sitios amables, añado. Se agradecen, sobre todo las personas en sitios desagradables.

Txani e Ylenia nos introdujeron en el mundo de Irune, la protagonista, tan perdida como cualquiera de nosotros. Una mujer que roza los 40 y que vive en un pueblo que tiene cosas de Llodio, el pueblo natal de la escritora. Con una industria que va perdiendo pie poco a poco, con las condiciones de trabajo en la papelera (fábrica) también en entredicho. Vive sola, pero no tan aislada como parece: se preocupa de su vecina, una señora mayor con un hijo inútil y maltratador. Planifica y reserva viajes en trenes de largo recorrido que nunca hace, porque busca la compañía de una voz amiga al otro lado de la línea telefónica.

Escuchad aquí la entrevista de Cristina Tapia a Txani Rodríguez (es en castellano, a partir del minuto 57).

Yeyo Rodríguez

Pero en el programa conocí a otro Rodríguez, un músico que solo comparte apellido con Txani.

Sergio Rodríguez Vitta (aka Yeyodrummer) es un batería nacido en Bogotá (Colombia) que ronda los 40. Hijo de madre bogotana y de padre donostiarra, tiene desde su nacimiento las nacionalidades de ambos progenitores.

Comenzó su andadura en La Severa Matecera de Bogotá (un combo que se mueve en los sonidos jamaicanos) y ya lleva 23 años dándole a las baquetas. Rock, funk, reggae, soul... pero ahora más enfocado a la improvisación, al jazz. Tiene un currículum majo.

Ha vivido en Colombia, Reino Unido, Países Bajos... y ahora en San Sebastián. Está haciendo una residencia en Musikagela, un servicio de Donostia Kultura gestionado por Buenawista Prolleckzioms.

Aparte de su trabajo como músico de estudio y productor, el proyecto más personal de Yeyo se llama DOS Musika (ahora con el acompañamiento del saxofonista Ibon Irijoa). En agosto ofreció un concierto en Tabakalera (las noches de Kutxa Kultur) y este próximo 31 de enero tienen previsto actuar en el ¡Be! Club.

Abajo os dejo su tema In, dedicado a su padre ya fallecido.

Podéis escuchar la entrevista de Oier Aranzabal (a partir del minuto 7). Hace un buen repaso de su carrera y se ve que es buena persona, amable que diría Txani.

Rodrigueztarrak: Txani eta Yeyo, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/01/17 08:45:00 GMT+1
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2021/01/08 19:00:00 GMT+1

Ramona y Joakina, mis abuelas

El primer sábado de este año estuve en casa de mi madre y se empeñó (lo cual agradecí) en ver las fotos familiares. Puse especial atención en las fotos de su madre (Joakina) y de la madre de mi padre (Ramona).

Amona Ramona

Nacida en Irun en 1899, tuvo su primera hija en 1920. El padre era un hombre de Oiartzun, su novio de entonces. No sé el motivo por el cual tuvo que cruzar la frontera. En la familia se cuenta que la abuela enseñaba la criatura al padre en un punto de la muga donde el hombre podía verla.

Así las cosas, Ramona comenzó una relación con un viudo que tenía tres hijos. Mi bisabuela le debió de decir: «Errukituko haiz» («Te arrepentirás»).

Se casó y tuvieron cuatro hijos más. El último fue mi padre, nacido en abril de 1932. A los quince días murió mi abuelo.

Ramona se quedó con ocho críos. Cinco suyos, tres de su pareja.

Estos tres se fueron con la familia del muerto. Hay quien dice que fue mi abuela quien los llevó, otros dicen que fue la familia quien dio el paso porque no estaba muy a gusto de cómo los trataba mi abuela (comida, etc).

Mi padre y el resto de hermanos y hermanas no tuvieron relación con aquellos tres hermanastros, aunque algunos vivían en el mismo pueblo.

Llegó la Guerra Civil e Irun cayó a comienzos de septiembre en manos de Franco.

Sé muy poco sobre su vida aquellos años, pero mi madre me contó que le raparon la cabeza a la abuela.

Se volvió a casar: con un hombre que trabajaba de criado en un caserío cercano. Si mis datos y mis cálculos no son erróneos, este hombre era diez años más joven que ella. Debió de quedarse embarazada, pero perdió la criatura.

Y volvió a enviudar. Su pareja murió en 1951 a los 41 años. La abuela tenía 51-52.

Sé que Ramona se dedicó al estraperlo (contrabando), porque en el caserío almacenaban café, por ejemplo. Uno de mis tíos, algo menos mi padre, se dedicó a eso que llamaban trabajo nocturno (gaulana, en euskera).

No he dicho que la abuela tenía un puesto en la plaza de Irun. Imagino que llevaría allí los productos de la huerta del caserío. Debió de ser bastante conocida.

Murió en agosto de 1971, cuando yo tenía tres años. Se debió de enfadar con una nuera y cuando esta vino a hacer las paces, Ramona se emocionó... y murió.

Tengo guardada una única polaroid en mi cabeza. Estoy de pie en una fregadera de la cocina, ella me sujeta para que no me caiga. Miro por la ventana como mis padres entran en un coche. Les digo adiós.

Cuenta mi madre que de crío no dormía de noche (lo hacía de día) y ellos descansaban entre poco y nada. Cuando mi madre se levantaba para hacer las faenas caseras, me llevaba a la cama de la abuela. Su saludo era este: «Akabo nire loak! Ume puta hau!!!» («¡Se acabó el dormir con este puto crío!»).

Ja, ja, ja. ¡Qué personaje!

Amona Joakina

En las fotos que revisé con mi madre, la abuela Ramona aparece siempre haciendo el gamberro en las bodas de la familia: enseñando una copa o una botella de cava, agarrando un cigarro o un paquete de tabaco, besando o arrimándose bien a alguien.

Mi abuela materna, sin embargo, apenas aparece en los álbumes de casa. Le pregunté a mi madre el motivo y me dijo que no fue a ninguna de las bodas de sus hijos. Y claro, en aquella época, las bodas eran el photocall familiar.

Ya he dicho que me gustaba la juerga nocturna cuando era muy crío. A medida que ganaba autonomía, me facturaban al caserío materno. Todos a gusto (era el primer nieto) y yo más que nadie.

Una polaroid en mi cabeza. En la parte de abajo del caserío había un anexo para lavar la ropa. Un día que la abuela estaba lavando, me entró un apretón y planté el pino allí mismo. Al rato apareció por allí una tía mía y le dije que la autora era mi abuela, aprovechando que ella no estaba presente.

El abuelo murió en 1973 (yo tenía cinco año) y solo tengo un recuerdo suyo: yo mirando cómo araba la tierra con una pareja de bueyes (¿o eran vacas?).

Con la abuela vivía su hermana Joxepa, así como sus dos hijos mayores (solteros). Las dos hermanas no se separaron nunca. Pasaban demasiado tiempo solas en un caserío que estaba demasiado alejado del pueblo y los cuatro se trasladaron a mi barrio a finales de la década de 1970.

Hasta 8º de EGB (creo que ahora es 2º de ESO) mi escuela estaba pegada a la casa de mi abuela y yo pasaba mucho tiempo allí. Muchas veces incluso dormía con ella. Cuando acabé la EGB, me fui al Instituto de Irun y me alejé de mi abuela.

A mediados de la década de 1980, su hijo más joven (el primer día de este 2021 ha cumplido 80 años) se fue con su mujer y sus tres hijos a vivir con ella. Tocaba que alguien la cuidara.

Joakina murió en junio de 1991, la víspera de San Juan. Yo estaba metido de lleno en los exámenes finales de 5º de Derecho. Tenía 85 años.

Siempre la conocí trabajando, entregada a los demás.

Ahora se me pasa por la cabeza qué sentiría cuando dejó el caserío y se trasladó a pasar los últimos diez-quince años de su vida en un bloque de pisos de cuatro alturas, ocho viviendas en total.

Dedico a mis abuelas Ramona y Joakina, así como a mujeres como ellas, la canción que Ruper dedicó a sus abuelos, «Aspaldian».

Amona Ramona eta amona Joakina, apunte hau euskaraz

Escrito por: iturri.2021/01/08 19:00:00 GMT+1
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2021/01/02 08:45:00 GMT+1

Antoni Batista i nosaltres: 50 años escribiendo sobre el País Vasco

Antoni Batista ha publicado su décimo libro sobre el País Vasco: «ETA i nosaltres». Lleva 50 años escribiendo sobre nosotros y es una referencia obligada a la hora de hablar del conflicto vasco.

Antoni Batista

Crédito de la fotografía: archivo de Antoni Batista.

Periodista, escritor y profesor

Sus primeros pasos los dio en la prensa clandestina y así tuvo la oportunidad de seguir el Proceso de Burgos y el encierro de los intelectuales en Montserrat.

Como periodista cubrió los "años de plomo" para los diarios Avui y La Vanguardia. En 2003 abandonó este periódico y se metió en el mundo de la comunicación institucional en el tripartito liderado por Maragall. Fue entonces cuando lo conocí personalmente, pero no tuve mucho tiempo de hablar con él: pasaron por el Centro Cultural Ernest Lluch de San Sebastián en un viaje oficial a Euskadi del conseller primer Josep Bargalló. Dice que fue el 5 de febrero de 2005 en las páginas 174-175 del libro. La Generalitat donó varios libros al Ayuntamiento y estos quedaron en manos del centro dando inicio a la Colección Catalunya. «Un fons bibliogràfic català per a bascos catalanòfils», escribió Batista en su dietario.

Pasados ya los años de la comunicación institucional, Batista se fue a la Universidad: Universitat de Barcelona y URV. Actualmente mantiene dos colaboraciones en la prensa: Ara y Diari de Tarragona.

«ETA i nosaltres»

El libro de Antoni Batista salió en otoño y aún sigue de promoción dando entrevistas. Una de las últimas se la he leído esta misma semana: Antoni Batista: “El procés de pau conclourà quan la societat basca passi pàgina amb una reconciliació sòlida de respecte per a tothom”.

«ETA i nosaltres» es una especie de cierre de ciclo sobre Euskal Herria, un libro donde quedan negro sobre blanco algunos momentos y personas importantes de nuestra conflictiva historia reciente, aunque también es cierto que otros muchos no aparecen y seguramente así seguirán, entre otras razones, porque no puede hacerlos público. 

La lectura me ha servido para saber varias cuestiones que desconocía y también para recordar otras cuantas.

Está muy bien conectado con nuestra realidad y tiene/ha tenido muchas fuentes, especialmente buenas en el mundo abertzale: Julen Madariaga, Angel Rekalde, Miguel Castells, Eva Forest, Izaskun Rekalde, Gorka Knörr, Robert Manrique (gravemente herido en el atentado de Hipercor; aparece su testimonio tras entrevistarse con Rafael Caride, uno de los miembros del comando), Jon Idigoras (mantuvo muy buena relacion con él y, entre otras cosas, eso le permitió conseguir algún scoop), Arnaldo Otegi (escribió un libro sobre él), Carod-Rovira (tras entrevistarse con Josu Urrutikoetxea y Mikel Albisu, y aunque Maragall lo apoyó en enero de 2004, fueron sus compañeros de partido quienes pidieron su dimisión), Martxelo Otamendi, Juan Mari Ollora...

Algunos pasajes significativos

En la página 124 habla de cómo consiguió gracias al jefe de prensa del Gobierno Civil de Barcelona, Josep Antoni Rossel, y a un inspector llamado Alfredo papeles para desentrañar la rama catalana de los GAL. Dice del policía:

«(...) li van embrutar l'expedient, el van desterrar a una comissaria de poble sense ni pressupost per pintar-la i, quan lá afer ja havia enmmudit als mitjans de comunicació, va morir sobtadament en un àpat amb uns companys. L'ultim cop que li va trucar, el telefonista em va dir lacònicament: "Ha fallecido". La seva família no agafava el telèfon».

En las páginas 216-217 cuenta que llegó a la jueza francesa Laurence Le Vert aprovechando la vía institucional (2007). Habían detenido a Madariaga por orden del juez Grande-Marlaska. Había participado en una captación de fondos voluntaria entre el empresariado para pagar la costosa infraestructura de la paz, pero la Audiencia Nacional entendió que aquello era un «impuesto revolucionario» más. Fue absuelto. Batista acababa de terminar en aquel momento el libro sobre Madariaga.

En las páginas 218-220 cita el encuentro del sacerdote Joseba Segura Etxezarreta con el president Maragall a finales de 2005. Uno de los hombres mejor situados en las quinielas para ser elegido obispo de Bilbao tuvo un papel muy importante en el proceso de paz 2005-2006 por encargo de Juan María Uriarte.

En las páginas 221-222 narra su último encuentro, en la distancia y a través de las ondas, con Alfredo Pérez-Rubalcaba en Catalunya Ràdio. Destaca su papel especialmente positivo en el camino hacia la paz y remata con las palabras del político español contestando a una pregunta del propio Batista: «¿Hemos hecho mucho? Sí. ¿Lo hemos dicho mucho? No».

En las páginas 229-230 aparece José Aguilar. Tras perder una pierna en el atentado del 23 de diciembre de 1988 contra el cuartel de la Guardia Civil de Alsasua, estudió Derecho, trabajó como abogado en la AVT y abrió un despacho de prestigio en Pamplona. Dos párrafos recogen una intervención de Aguilar. Pongo aquí un extracto:

«Yo no odio, no (...) me plantée desde el principio que el odio era una carga muy pesada, y que necesitaba salir de aquello sin arrastrar ninguna mochila. Y fui tirando lastre sin pensar en la gente que había preparado el atentado, ni mucho menos. Yo dije en ese momento que los perdonaba, en el mismo momento del atentado, y concretamente a las personas que prepararon mi atentado. Yo no puedo perdonar genéricamente a ningún terrorista, pero a la gente que preparó aquel atentado sí».

A partir de la página 233 habla de Parlem d'Euskadi, las jornadas de la Universitat de Barcelona coordinadas junto con Antoni Segura. Ernest Lluch siempre en el recuerdo, así como su hija Rosa Lluch.

Fue en ese ámbito universitario, allá por noviembre de 2013, cuando Pernando Barrena reconoció explícitamente en nombre de Sortu y de la izquierda abertzale el daño causado por ETA. Cuenta brevemente la cocina de aquel acto y cita, de pasada, un encuentro de Arnaldo con Rosa.

Con Vázquez Montalbán en el País Vasco

Vazquez Montalban kalea

En el primer paseo del año, ayer me dí cuenta de que tengo cerca de casa una calle con el nombre del escritor barcelonés. Es en el epílogo donde Batista cuenta un viaje con Vázquez Montalbán meses antes de su muerte. Un tour político y gastronómico que aparece a partir de la página 253.

En lo gastrónomico, el viaje fue de primer nivel: Penalti de Ondarroa (in memoriam), Urrejola de Bilbao, Julián de Tolosa, la Hermandad de Pescadores de Hondarribia, Zuberoa de Oiartzun, Akelarre de Igeldo, Arzak de Donostia...

Fue Ramon Etxezarreta el cicerone en un día donostiarra que acabó de madrugada: Dickens, Museo del Whisky, Naútico...

Batista es un gran melómano, además de profesor de música, y sube regularmente vídeos cortos a Twitter donde aparece tocando piezas conocidas en el piano de casa. A tenor de los comentarios y de las visitas, tiene también un público a quien le gusta eso. Dejo abajo uno de los últimos.

Antes de terminar, Antoni, una cosa: dices que el número 10 es un bonito número para poner fin a tus libros sobre el País Vasco, pero te advierto que nosotros contamos por docenas. ¡Te faltan dos!

¿Editará alguien el libro en castellano? Espero que sí.

Gracias por el trabajo realizado, señor Batista.

Antoni Batista i nosaltres, 50 urte Euskal Herriaz idazten, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2021/01/02 08:45:00 GMT+1
Etiquetas: vázquez_montalbán euskal_herria catalunya antoni_batista | Permalink | Comentarios (2) | Referencias (0)