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2020/06/28 08:45:00 GMT+2

Los 10146 ruidos de Cabezafuego

El pasado fin de semana Ander Izagirre y eSe se subieron en sus respectivas bicicletas y partieron rumbo al Mediterráneo. Tiraron para Navarra primero y andan ya por tierras de Aragón, acompañando el cauce del Ebro hasta el mar. Desde Tarragona seguirán a Barcelona y allí tomarán un ferry hacia Cerdeña. Su idea es deambular por Italia en verano y si queréis saber al detalle por dónde andan, seguid, a ser posible vía RSS, el blog de Ander Izagirre. Os dejo como aperitivo lo del gato Covid.

Cabezafuegoren 10146 zarata (doinu laster)

Este miércoles, mientras hojeaba periódicos viejos, supe de otro bloguero al caer de bruces en una entrevista de Patxi Irurzun a Cabezabolo que el diario Gara publicó a mediados de abril (Patxi Irurzun también la colgó en su blog).

La excusa era un viaje que Iñigo Garcés hizo el pasado verano. Se subió a una vieja furgoneta en Pamplona en plenos sanfermines de 2019. Destino: la capital de Armenia, Erevan. Objetivo: pasarse el mes de septiembre en una residencia artística. Se llevó a su perro Pachuco como liante y compañero de viaje. Cuenta que hizo una media de 40 kilómetros a la hora y que eso le permitió ahorrar un montón de combustible. Me creo lo de la media porque nosotros hicimos una parecida a través de Rumania durante el verano del 2016.

Ayer sábado por la tarde pasé un buen rato leyendo el blog de Iñigo. Cuenta ahí lo acontecido durante el viaje y la despedida, pero todavía no ha contado qué hizo exactamente en Armenia. Creo que pronto tendremos más noticias, porque grabó un porrón de ruidos y los utilizará para crear canciones o vaya usted a saber qué artefactos sonoros.

Esta perla de la entrevista:

«Me ha cambiado muchísimo. Llegué a casa en octubre, y sigo sin tener ningún acceso de ira, frustración, tristeza... y antes los tenía a paladas».

A partir de ahí, entrad en el blog, tomároslo con calma y leed, porque creo que merece la pena. Podéis utilizar el último disco que tiene disponible en Bandcamp («Somos droga») como banda sonora. Os dejo abajo la canción «Caramelos 6 de julio».

Cabezafuegoren 10146 zarata (doinu laster), apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/06/28 08:45:00 GMT+2
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2020/06/14 21:00:00 GMT+2

Hace treintaytantos años

Esta semana el primer álbum de Negu Gorriak ha cumplido 30 años.

Kaguensos fue lo primero que se me vino a la cabeza. Bueno, algo más soez, pero no son horas para ponerlo por aquí.

Lo peor no fue eso: lo peor fue que ya tenía uso de razón para seguir la corta (cuatro años y pico es poco) y acelerada carrera de Kortatu. Y eso comenzó en el verano de 1984.

A las puertas de aquel verano, mi querido Tio Josetxo se estaba muriendo. Falleció tal día como ayer, 13 de junio, con 59 tacos. Era el hermano mayor de mi padre y se había pasado toda la vida currando en la fábrica hasta que le invitaron a prejubilarse. Pero, la mentalidad de aquellos hombretones era la que era, fue algo que no aceptó. Se deprimió y enfermó.

Antes de todo aquello, cuando todavía vestíamos pantalón corto por obligación, mi tío venía cada viernes al caserío a traer el pan viejo acumulado durante la semana. A los críos de los alrededores nos gustaba horrores que viniera. Nos juntábamos cinco o seis y nos llevaba por los campos, caminos y riachuelos cercanos. Nos lo pasábamos bomba. En verano solían venir también un par de nietos de una cuñada suya, porque los padres regentaban un bar en la Parte Vieja donostiarra.

Lo queríamos mucho, pero recuerdo que cuando enfermó (cáncer), me costó ir a visitarlo. No sé porqué. Quizá porque no quería ver su decadencia.

Recuerdo el último día que lo vi. Era un fin de semana de mayo, domingo seguramente, porque estaba delante de la tele viendo el desfile del Día de las Fuerzas Armadas. Ya sabéis que entonces sólo había dos cadenas y las opciones eran escasas.

Entré en su casa y no sé si fui capaz de darle un beso siquiera. El recuerdo que tengo es que justo-justo me asomé, agarrado al marco de la puerta del salón. No era un crío (ya tenía 16 años). ¿Por qué aquella reacción? Un hombre con el vientre hinchado, demacrado, la tez amarillenta, en pijama y bata caseros, la mirada perdida en la pantalla de la televisión. Me da que lo que más pesó fue el miedo.

Me he acordado de ello cuando la cabeza se ha ido al verano de 1984. Cómo son las cosas de puñeteras.

Y todo esto me vale también para traer aquí una sentencia que leí la semana pasada en el diario de Miguel Torga.

 

Estamos (me incluyo) poniendo continuamente el foco en los demás y creo que ha llegado la hora de girarlo hacia nosotros. Porque tenemos una capacidad de la hostia para ver los errores y las deficiencias ajenas, pero los nuestros pasan como si nada.

Estés donde estés, un beso, Tio Josetxo.

P.S. Pasaros por el álbum fotográfico de Jon Iraundegi.

Propina. Making of.

Hogeitaka urte, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/06/14 21:00:00 GMT+2
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2020/06/07 22:07:00 GMT+2

Seis meses de apagón

Estoy acabando el Diario (1932-1987) de Miguel Torga, escritor portugués nacido en São Martinho de Anta, Trás-os-Montes, en agosto de 1907 y fallecido en enero de 1995 en Coimbra.

Poeta y médico, pasó la mayor parte de su vida en Portugal, salvo un breve periodo brasileño en sus años mozos. Conoció la cárcel durante la dictadura de Salazar y vivió mucho tiempo sin tener permiso para salir del país (lo cual conllevó que viviera una especie de exilio interior). Amaba Iberia, un continente con varias naciones según sus propias palabras. Y le gustaba tanto lo que había más allá de la raya que el Miguel de su apodo (a efectos registrales era Adolfo Correia da Rocha) era un homenaje a Unamuno y Cervantes.

Me ha llamado la atención la frase que aparece en este tuit. «Le he robado a la pluma los mejores momentos». Su vocación era la de escribir, pero dedicaba a esa faceta las últimas horas del día, «las de mayor cansancio».

He leído esas líneas de Torga por la tarde, pero al mediodía he leído el reportaje que Joni Ubeda publica hoy en Zazpika sobre la música en directo en el sur de Euskal Herria (Iragan loriatsuko sektorearen eraisketa).

Grupos a los que se les han congelado los discos y las giras (Liher eta Skakeitan), responsables de las salas Jimmy Jazz y Kafe Antzoa, Ritxi Aizpuru (Baga-Biga), el técnico de los estudios Elkar Víctor Sánchez... Dibujan un panorama sombrío.

Si ya el sector funcionaba de manera muy precaria, puede que ahora la música quede en tercer o cuarto lugar para muchos. Si es que queda en algo.

Me ha venido a la cabeza una idea que le escuché a Harkaitz Cano allá por el 2003. Un acto cultural. Cuatro pelagatos. Alguien puso sobre la mesa una visión descarnada del asunto. Remató Cano diciendo que quizá había llegado el momento de parar seis meses. Es decir, dejar de organizar actividades culturales durante ese periodo sin decir nada a nadie. Una vez pasado el medio año, ver cómo estaba el panorama. Si nadie pedía nada, dejar las cosas como estaban.

En lo que a la música en vivo se refiere, estamos más cerca de lo que parece. Han pasado ya casi tres meses.

Mikel Lizarralde ha citado a The Saxophones en Berria: Nostalgiaren aldarria. En marzo de 2020 han publicado el álbum Eternity Bay.

Sei hilabeteko itzalaldia, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/06/07 22:07:00 GMT+2
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2020/05/31 20:15:00 GMT+2

Eres el nudo de contradicciones de tu época

Esta mañana he subido andando por la carretera desde casa a Igeldo. No era muy temprano, pero no había demasiada gente por el camino. Buen tiempo y mejores vistas.

Mientras subía charlaba por teléfono con un amigo. Bueno, él hablaba más que yo, sobre todo a medida que el esfuerzo hacía mella en la respiración.

En una de estas, se acabó la cobertura y se finiquitó la charla.

He seguido con la compañía de un par de podcasts que tenía en el móvil.

Si todo hubiera ido según lo previsto, y no se hubiera torcido allá por el mes de marzo, a estas alturas del año andaría por el Mediterráneo. Habría visitado a Manolo en la Casa-museo de Chirbes, habría ido a comer al restaurante Un cuiner a l'escoleta. Entre otras cosas.

Como no he podido hacerlo, esta tarde he releído, casi como tradición, la entrevista que Alfonso Armada le hizo en el 2013 para el diario ABC: «No hay riqueza inocente».

Abro paréntesis. Urko Azpitarte Zubizarreta me apunta en Twitter otra entrevista muy buena: «Sin historia no hay novela». Cierro paréntesis.

Sé que Chirbes decía que para conocer a un escritor hay que leer su obra y no sus entrevistas, porque el mejor reflejo de su trabajo está en los libros. Pero también es verdad que daba unas entrevistas estupendas.

Para abrir boca, he pegado aquí abajo varios fragmentos.

«Yo no soy un novelista profesional, no tengo plano de mis novelas... (...) No sé qué va a pasar. En ese sentido yo siempre digo que soy proustiano: aprendes de lo que escribes al tiempo que lo escribes. La propia escritura es el aprendizaje de lo que estás escribiendo, y esto yo creo que hace que cuando termines una novela no has contado una historia ajena a ti, sino que de alguna manera te has exprimido tú mismo».

(...)

«Yo no me entiendo a mí mismo si no entiendo que parte de mi generación acabó como yonkis, que parte de mi generación gestionó el poder, se lió a tiros, que vivimos un momento en el cual cuando yo entré en la universidad apenas había hijos de obreros, y diez años después estaba repleta, y treinta años después los hijos de obreros protestan porque les piden un seis para tener una beca. Son universitarios y parados, esa es otra contradicción. ¿Para qué quieres ir a la universidad si luego te vas a ir al paro? Eres el nudo de contradicciones de tu época. Como historiador yo no puedo entender esto si no lo tengo en cuenta...»

(...)

«Decir que Galdós es un escritor castizo cuando justamente es un escritor cosmopolita que se está enfrentando a la España conservadora por tierra, mar y aire. Tú te coges los últimos Episodios nacionales y se los puedes leer en la Puerta del Sol a los indignados y se rebelan los indignados. Yo tengo un amigo que se está leyendo ahora los Episodios y está deslumbrado. "¡Pero si está todo lo que está pasando ahora!", me dice.»

(...)

«Hay un personaje en La larga marcha que dice que el mal triunfa siempre, y entre los malos los peores. Si viene uno después será peor que el que había antes. Pero claro, el mal absoluto es la muerte, y esa sí que triunfa siempre».

(...)

«Si tú a los pocos meses de llegar haces el peinado del Barrio de Pilar, que hizo Barrionuevo, cuando el secuestro de Villaescusa y Suñén, peinas sin orden judicial las casas de 120.000 personas, entras, patada en la puerta cuando no te abren, a partir de ahí has dado barra libre para justificar lo injustificable, y de ahí lo "gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones", "la codicia no es mala"... Pues hasta hoy».

(...)

«Por qué hemos decidido que los escritores son la cultura, que hemos decidido que es estupenda, y ser un fontanero es una mierda. Pues no, mire, usted, sin El Quijote puede usted vivir, pero sin un fontanero que le arregle la casa cuando se le escape la tubería, no. Estos son códigos que vienen desde los bisontes de Altamira y que año tras año repetimos. Nosotros somos los que sabemos explicarlo bien, pues seguimos manteniendo esos códigos. Uno de los temas de mi novela es el respeto al trabajo».

Garaiko kontraesanen korapiloa zara, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/05/31 20:15:00 GMT+2
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2020/05/26 21:05:00 GMT+2

Mirando por la ventana

O por el balcón. El nuevo deporte nacional.

Leihotik begira

Lunes por la mañana. A eso de las 11:00 se oye un golpetazo. Hay un crío en el suelo, en medio de la calle. Parece que ha sido atropellado por un coche. No sé qué ha pasado. Viste la camiseta de la Real y tiene cerca, unos metros más allá, un monopatín. No parece demasiado grave, pero sí aparatoso. Hasta que llegue la ambulancia y la policía, el tránsito de vehículos se detiene. Varias personas, sobre todo un hombre, tratan de consolarlo con mucho tacto mientras lloriquea. Llega la ambulancia, atienden al herido y se libera la calle. Todo sigue su ritmo habitual, como si no hubiera pasado nada.

El accidente sucede enfrente del garaje de los servicios fúnebres. Los primeros días del encierro me fijaba en la entrada y salida de vehículos. No era muy fluida, pero la persiana se elevaba un par de veces al día y eso me producía cierto desasosiego.

En la parte superior del garaje, está la terraza de los vecinos del piso contiguo. Calculando mal y pronto, unos 80 metros cuadrados. Un lujo esos días de confinamiento. La pareja y sus dos hijos usaban el espacio como lugar de esparcimiento, a pesar de no ser un sitio muy discreto. Jugaban al baloncesto, al frontenis, etc. Ahora es el hijo quien practica, de vez en cuando, kick-boxing.

Una mañana de sábado escuché a una mujer joven llamándole la atención a un señor que debía de estar en la plaza. Por aquel entonces eso estaba prohibido. La mujer le echaba en cara su poca vergüenza. Que como podía estar leyendo el periódico así de tranquilo mientras su crío, el de la mujer, no podía salir a la calle. No se escuchó ninguna respuesta del hombre de la plaza.

Este fin de semana he visto a un hombre sacudiendo la escoba muy marranamente. Espero que los vecinos de la terraza inferior no se percataran de ello.

Ya han pasado los aplausos de las ocho. Alguien tocaba el pito y bastantes vecinos nos asomábamos al balcón o a la ventana. Afortunadamente a nadie se le ocurrió poner música. Como leí por ahí, parece que había gente que no se daba cuenta de que todos tenemos algún aparato reproductor de sonido en casa. Y quien no lo tiene, quitando las excepciones de rigor, es porque no quiere.

Compruebo que se me está agotando el bote de la paciencia. Lo percibí de primera mano el sábado con mi madre. Fuimos a dar un paseo a Hondarribia. Una mujer ya talludita golpeó su bicicleta contra un robusto banco de piedra que se interpuso en su camino. La ayudamos a levantarse y cruzamos un par de frases con ella. Mi madre le dijo que igual era el momento de dejar a un lado la bicicleta. Debí permanecer callado, pero le dije que, por favor, se callara. Que cuando una persona se ha caído al suelo de aquella manera tan burda no es el momento más adecuado para decirle que lo deje. Pero eso se puede decir de manera correcta o tal y como se lo dije yo.

Cuando el teletrabajo me lo permita, seguiré mirando ese cielo. A ver si el bote de la paciencia sube de nivel.

Leihotik begira, sarrera hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/05/26 21:05:00 GMT+2
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2020/05/17 10:15:00 GMT+2

No sabes lo que es el Coronavirus hasta que lo tienes cerca

Esta mañana dominguera he traducido al castellano la entrevista que Paulo Ostolaza, periodista de Berria, hizo hace unos días a un enfermo de COVID-19 (Jesus Mari Gabilondo, 69 años) y a su hija (Nahikari Gabilondo, 42). No añado nada más.

Enlace al original en euskera: «Gertu izan arte ez dakizu zer den koronabirusa»

No sabes lo que es el coronavirus hasta que lo tienes cerca

Jesus Mari Gabilondo ha pasado 40 días ingresado en el Hospital Donostia tras enfermar de coronavirus. 25 de ellos los ha pasado en la unidad de cuidados intensivos. Aún no puede abrazar a su familia, pero se siente «como si hubiera vuelto a nacer». Le preocupa que los ciudadanos hayan perdido el miedo al COVID-19: «No es una gripe».

«Mi mujer y yo no nos ponemos nunca la vacuna contra la gripe, pero nos dijimos: si esto es una gripe, tendremos que ponérnosla. Primero enfermó ella y después yo; me sentía cansado y, al poco tiempo, me di cuenta de que tenía fiebre. Llamamos al médico por precaución. Vino una ambulancia a casa; me llevaron a San Sebastián y luego ya no me acuerdo de nada: me durmieron». Era un día de marzo en Zarautz (Gipuzkoa); en ese momento comenzó una estancia de 40 días en el Hospital Donostia, de los cuales 25 fueron en la unidad de cuidados intensivos.

Jesus Mari tiene 69 años y su hija Nahikari 42. Han hablado con Berria, vía Internet, sobre lo vivido estos dos últimos meses. Ya han pasado varios días desde que Jesus Mari regresó a casa, pero todavía habla así (por Internet) o desde el balcón con sus hijos y nietos: «Me encantaría darles un abrazo a mis nietos, pero me parece que todavía no ha llegado el momento». Ahora, le preocupa que los ciudadanos hayan perdido el miedo al coronavirus, porque «no es una broma».

Cuando llegó al hospital, Gabilondo ya tenía los dos pulmones afectados y le tuvieron que sedar e ingresarlo en la UCI. Llevaba ocho días con fiebre y estaba más grave de lo que pensaba. Nahikari tiene estudios de enfermería y, cuando llevaron a su padre al hospital, le avisó de que probablemente tendría que quedarse allí un par de días. Sin embargo, no creía «en absoluto» que fuera a ingresar en la UCI. Fue su madre quien le dio la noticia: «Me dijo que había hablado con mi padre. Que tenía el oxígeno bastante bajo y que lo habían metido en la UCI. Entonces lo durmieron para darle oxígeno y le dijo a mi madre que le llamaría al día siguiente. Enseguida le vi las orejas al lobo... Llamé a un médico amigo y este me confirmó que mi padre no llamaría al día siguiente. Me confesó que no sabía lo que iba a pasar». La tasa de mortalidad en la UCI de San Sebastián en aquel momento era del 0%, pero los primeros casos de coronavirus acababan de llegar. En las UCIs de China, morían alrededor del 40% de los pacientes.

EL MARATÓN

Para Nahikari, los días en los que su padre estuvo en la UCI fueron los más duros. Resume el «desorden de sensaciones» vivido en dos palabras: «Soledad y miedo». Mientras su padre estaba sedado en el hospital y conectado a un ordenador, le dejaron claro que no podía visitar a su madre. «Estaba con una ansiedad tremenda, asustada, mal, pero tenía a mi marido y a mis hijos en casa. Mi madre estaba igual, pero sola y enferma», ha explicado la hija.

Pero desde el principio sabían lo que les venía encima. El médico les dijo: «Esto va a ser un maratón: preparaos. Pueden pasar entre diez y quince días hasta que se despierte». El único contacto oficial que mantenían con el hospital era la llamada que Nahikari recibía al mediodía, pero los primeros días no le daban mucha información porque no había cambios. «Es muy dura esa falta de información, porque quieres recibir la noticia de que está bien, pero no llega».

Sin embargo, reconoce que han tenido suerte porque tienen un amigo íntimo trabajando en la UCI. Le llamaba varias veces al día, más que para informarle para tranquilizarla: «Tenemos también enfermeras cercanas a la familia, y ellas han sido nuestros ojos y nuestras manos».

EL CUIDADO

Mientras su padre permanecía en el hospital, la hija se encargó de ejercer de mediadora entre el hospital y la familia. Señala que quizá eso haya sido lo más difícil: «Yo tenía que informar a los demás y también me correspondía tranquilizarlos. No tenía otra opción que ser fuerte y sacar fuerzas de donde no había».

Habló con su madre durante horas: «Además, lo hice de cosas sobre las que no solemos hablar: de sentimientos, del miedo, de la soledad...». Para llevar la situación lo mejor posible, decidieron no alejarse demasiado de la realidad y asumieron desde el principio lo que podía ocurrir. La hija le decía a su madre: «Pase lo que pase, somos una familia muy unida y tiraremos para adelante». Sin embargo, no le daba toda la información disponible -la madre lo ha sabido ahora-: con el beneplácito de los médicos, se guardaba algunas cosas para sí.

LOS MIEDOS

Nahikari resume esta sensación en una conversación que mantuvo con sus hijos: «Me preguntaban si el abuelo iba a morir y, por supuesto, yo no podía decirles que no. Les expliqué que el abuelo lucharía y que los médicos harían también todo lo posible». Entonces, los niños le preguntaron qué podían hacer: «¿Nosotros? Ahora no podemos hacer nada más que apoyar a la abuela».

En el confinamiento los funerales han estado prohibidos. Aunque Nahikari ya había vivido esa experiencia previamente por la muerte de una tía de su marido, le asustaba mucho perder a su padre de esa manera: «No podríamos decirle adiós como se merecía, no podría abrazar a mi madre, tendría que estar a dos metros de mi hermano...». Fue entonces cuando se dio cuenta de lo que estaban viviendo quienes pasaban el coronavirus: «Por eso la gente no se lo toma en serio, porque no ha tenido ningún caso cercano. Tener la muerte a la puerta de casa te cambia el punto de vista».

EL PROCESO DE CURACIÓN

Padre e hija destacan la humanidad de las trabajadoras y de los trabajadores del hospital: «Ellos también han sufrido, porque ven que los familiares no podemos estar allí y porque tampoco ellos pueden dedicar el tiempo necesario a los pacientes».

Jesus Mari Gabilondo ha tenido como compañeros de habitación a otros tres hombres enfermos de COVID-19. A su salida de la UCI, lo trasladaron a la «planta infectada» -allá donde se encuentran pacientes que aún no han dado negativo- y compartió habitación con un hombre de 45 años «que estaba hecho un cisco». Este hombre «estaba intubado, era tratado por psicólogos, tenía fiebre y los médicos no podían quitársela».

Cuando dio negativo en el test PCR, compartió habitación con otro hombre de 43 años. «Había perdido 23 kilos. Había sufrido un trombo mientras estaba en la UCI, le daban anticoagulantes, tuvo una embolia y, cuando todo parecía ir bien, un ictus». Jesus Mari quiere remarcar las consecuencias del coronavirus: «Los médicos nos han dicho que no saben lo que nos puede pasar».

LAS VIVENCIAS

Comentó sus delirios, consecuencia de la medicación, con sus compañeros de habitación y se dieron cuenta de que todos habían tenido sueños similares: «Todos habíamos soñado que nos secuestraban». Él, «afortunadamente», era consciente de lo que le había pasado, de la realidad, pero no lo eran sus compañeros. Una de las principales labores de los psicólogos hospitarios consistía en aclarar ese punto a los pacientes.

Jesus Mari está anotando todo lo vivido y soñado, porque los médicos le han dicho que se lo preguntarán más adelante. «Casi ni saben lo que nos han dado», dice sonriente. «Lo único que querían era que saliéramos vivos».

También relata más detalles de los días de hospital, como lo que le pasó una noche al compañero que sufrió un ictus con un médico asistente: «El asistente le preguntó qué le pasaba y el paciente le explicó que tenía miedo. Entonces el otro le respondió: ¿quieres que lloremos juntos?» Se acostó a su lado veinte minutos y lloraron juntos. «El personal del hospital lo ha dado todo y hay que valorar ese trabajo».

Al volver a casa, Jesus Mari sintió «una gran tranquilidad». Pero todavía anda con tiento. Su hija le controla diariamente la tensión, los latidos del corazón, la fiebre, etc. «Porque todavía tenemos ese miedo». Su padre tiene las defensas bajas aún, pero está «tranquilo» y tiene claro lo que tiene que hacer. «Me lo tomo como si hubiera vuelto a nacer y tengo que aprovechar la vida».

LAS PREOCUPACIONES Y LOS AGRADECIMIENTOS

Sin embargo, ahora a los Gabirondo les preocupa lo que ven desde la ventana. Ven que la gente ha perdido el miedo al virus y, «aunque solo sea por respeto a los demás», piden a la ciudadanía que se atenga a las normas, que respete los horarios establecidos y que mantenga las distancias. Según Nahikari, «coger el virus es fácil, lo podemos coger sin darnos cuenta y las consecuencias que puede acarrear son tremendas».

Jesus Mari critica también la actitud de los políticos, porque considera que no basta con tener camas vacías en los hospitales. «Los ponía a trabajar un día entero en el hospital para que vean el trabajo que están haciendo los médicos», dice con rabia. «Tendrán camas, pero los médicos están cansados, sin vacaciones y trabajando más horas de las debidas».

Nahikari también agradece el apoyo recibido tanto dentro como fuera del hospital. «Ha sido tremendo. En particular, quiero agradecer al personal del hospital su profesionalidad, así como al padre de una persona de mi cuadrilla su actitud con nosotros; durante este tiempo ha sido como un padre para mí y como un abuelo para mis hijos. Quiero dar las gracias también a todas las personas que han enviado mensajes para decirnos que estaban a nuestro lado»

Escrito por: iturri.2020/05/17 10:15:00 GMT+2
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2020/05/10 18:45:00 GMT+2

Jamaica

«Sueño con Jamaica. Estoy sentado detrás de una mesa negra, rodeado de papeles, delante de una pared de la que cuelgan fotografías de desolación y soledad, entre proyectos de artículos y pilas de opinión que me reclaman. Y estoy volando hacia Jamaica».

 

Tal día como hoy, 10 de mayo, pero hace un año, presentamos el libro de Ortiz en Donostia (enlace al vídeo).

Estos días de encierro casero me ha venido a la cabeza más de una vez qué habría pasado si la crisis del COVID-19 se hubiera adelantado un año. ¡Vaya cristo!

¡Cuántos proyectos culturales pondrá patas arriba esta situación nunormal!

Sobre eso ha hablado Alberto Moyano hoy en DV con tres escritores: Galder Reguera, Txani Rodríguez y Emilio Sánchez-Mediavilla. Los tres se han visto forzados a retrasar sus planes primaverales.

En una situación parecida está el cantante Petti, a la espera de cuándo ve la luz su álbum «Manipulazio estrategiak» (Estrategias de manipulación). Charló sobre ello el pasado lunes con Oier Aranzabal.

Y tienen un pase los planes y los proyectos que se retrasan. Es más grave la situacion de aquellos que, como la revista Rockdelux, se van directamente al guano.

«La pantalla de fósforo verde me mira adusta. Me está pidiendo impaciente su ración cotidiana de formatos y de claves. Pero hoy –¿qué me pasa?– sólo veo en ella reflejos de espuma blanca sobre un mar de azul intenso. Un mar bajo el sol: bajo ese fiero sol de pasión que ilumina eternamente el puerto de Kingston, en Jamaica».

Me hizo ilusión el tuit del periodista Jorge Nagore. Si me preguntaran sobre una columna de Javier, probablemente no sería Sueño con Jamaica la primera que citara. Pero David Fernàndez también ha dicho más de una vez que es uno de los textos que más ha leído, porque lo tiene en el corcho de casa.

No es la única cuestion ortiziana de la semana. Durante el verano de 2007, coordinó un ciclo de tres mesas redondas sobre cultura y deporte en Gran Canaria. En una contó con el cineasta Juan Carlos Fresnadillo y las windsurfistas Daida e Iballa Ruano; en otra, sentó al actor Óscar Ladoire y al entrenador de fútbol Ángel Cappa; finalmente, la novedad de esta semana, el escritor Jose Saramago y el ciclista Peio Ruiz Cabestany.

Y es novedad porque la Fundación CajaCanarias colgó el video el viernes en su canal de Youtube.

He pasado algo más de una hora esta tarde de domingo lluvioso viendo y escuchando la conversación y he de reconocer que me emociona oír la voz de Javier y verlo ahí sentado. Ese inicio caótico, con ambos invitados torpedeando la excesivamente larga presentación. Saramago contra la industria del deporte, repitiendo por activa y por pasiva que jamás tuvo ambiciones, algo que sorprendía a Peio.

El momento que más me ha gustado es cuando el escritor portugués (entonces un viejo, según él, de 84 años) dice que le recomiendan continuamente que se mueva más, pero que no ve a nadie intentando llevar a los deportistas por el camino de la lectura.

En estos tiempos en los que el enfado cotiza al alza, escuchemos una de las canciones más recientes de Petti. Tiene pinta de que es un muy buen disco. Y digo que tiene pinta porque sólo he escuchado tres o cuatro temas. Quedo a la espera de que lo publique Zart Kolektiboa.

«Nunca he estado en Jamaica, y es probable que nunca la vea. Me da igual. Mejor que sea así».

Jamaika amets, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/05/10 18:45:00 GMT+2
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2020/05/02 19:15:00 GMT+2

Elvis ha salido del edificio

Último viernes de confinamiento estricto, Primero de Mayo. Mientras miraba un tanto aburrido una estantería con libros, me fijé en la colección de artículos «Perro de prensa» de Javier Eder.

¡Anda!, pensé, hacía tiempo que no sé nada de Javier. ¿Dónde andará?

Abrí el libro y apareció una anotación manuscrita mía que dice que lo compré en julio de 1995 en Bilintx Megadenda.

Hoy he puesto en el buscador el nombre de Javier Eder y me he encontrado con su web: edder.org.

En ella subía (parece que ya no) fragmentos de películas e insertaba comentarios.

Por ejemplo, hay varios sobre Jorge Oteiza bajo la etiqueta Oteiza.

Pero me ha parecido más a tono como resumen de hoy este otro: Elvis ha salido del edificio, Elvis has left the building. No puedo insertar aquí el vídeo de Eder. Pinchad en el enlace anterior.

En euskera, como punto y final de los conciertos, se utiliza una frase de la trikitilari Maurizia Aldeiturriaga: «Hauxe da despedidia»(esta es la despedida), pero parece que en inglés ese adiós tiene un punto más dramático (incluso se usa para decir que alguien ha muerto).

También hay momentos para el humor. Por ejemplo, como cuando hace más de un año, Trump no acertó a decir la frase correctamente.

Aquella primera vez de 1956, el promotor Horace Logan usó la megafonía para mandar a los asistentes a casa, pero yo hoy quiero decirlo en sentido contrario.

Más que «Elvis ha salido del edificio» un «Elvis ha salido de casa».

P.S.: Hay una canción de Frank Zappa con un título parecido. «Elvis has just left the building».

Elvisek eraikina utzi du,

Escrito por: iturri.2020/05/02 19:15:00 GMT+2
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2020/04/26 22:10:00 GMT+2

Cuarentena

A pesar de que ya hemos pasado más de cuarenta días en casa, eso no significa que haya terminado la cuarentena ni el encierro.

Entre las cosas buenas, cabe destacar que limpiado y ordenado mis libros, discos y papeles varios. Y eso no es moco de pavo. Porque quien ordena sus libros, discos y demás papeles, ordena su vida.

Otra cosa es el trastero. Pero eso no lo tocaremos ahora.

El ordenador de sobremesa cumplió diez años en febrero y, a principios de abril, me he comprado uno nuevo. Esta ha sido la única compra realizada a través de internet.

Entre las cosas chungas, lo que peor llevo es las pocas opciones que hay para calmar los enfados del teletrabajo. Aunque al menos no he dejado de hacer deporte.



He leído menos de lo que quería, pero mantengo el tipo. Apenas he visto cine, series y tele. Después de pasar varias horas delante de la pantalla, lo que menos quiero es mirar otra pantalla más.

Compruebo que la ecuación cuarentena = enfado está bastante extendida. Para ello basta solo con mirar las redes. Las propias. Ya que no hay que olvidar que las infraestructuras de estos gigantes las podemos moldear y adaptar más o menos a nuestro gusto.

Las muertes hay que anotarlas en el apartado chungo. Pero no todas golpean por igual. Una de las que más, la de Rafa Berrio el pasado 31 de marzo.

Estos días se me han acumulado los aniversarios de fallecimientos: Diurtxio; Hasier Etxeberria; Tia Joxepa, mi madrina; Begoña, madre de una cuñada; Josetxo Mayor, fallecido hoy hace tres años.

Pero afortunadamente han sido más los cumpleaños. Me he tomado un trago por Beñat, Rosa, Koldo, Arantxa, Lola, Ane, Judith, Maider, Charo, Julio, Miguel, Ione, Iñaki, Fermin, Pablo, Maddalen, Aimar, Karmele, Nagore... Y veo que la semana entrante también promete.

Pero esta semana hay otra efeméride importante: el 28 de abril se cumplirá el undécimo aniversario de la muerte de Javier Ortiz.

Quería poner música a estas líneas y he elegido a Elena Setién. Es un concierto casero de tres o cuatro temas subido hace un rato a la red. Al final hay una canción inédita.

Berrogeialdia, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/04/26 22:10:00 GMT+2
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2020/04/22 20:30:00 GMT+2

Miren Arzalluz: «Nos va a tocar reflexionar y poner en marcha otro modo de vida»

El pasado mes de octubre comenzó una nueva etapa en la emisora municipal DK Irratia (cambio de nombre incluido: antes era Casares Irratia). Hasta comienzos del mes de abril, Ion Olano Carlos ha presentado diariamente el programa Bestalde y vaya desde aquí mi reconocimiento por el trabajo realizado. Mila esker, Ion.

Desdel 14 de abril, es Oier Aranzabal quien presenta el magacín cultural Ispilu Beltza, de lunes a viernes, de 8:00 a 10:00 de la mañana.

Hoy era el segundo día de la huelga digital (el apagón digital convocado y seguido por varios centenares de creadores vascos) y el programa estaba dedicado a los museos.

Palais Galliera (crédito: web del museo).

Al comienzo del programa ha estado Miren Arzalluz (la podéis escuhar en euskera a partir de los 7 minutos 50 segundos). Es la directora del Museo de la Moda de París (Palais Galliera). Estos días iban a reabrir tras dos años de parón y reformas varias. Pero llegó la COVID-19... y mandó parar. He traducido al castellano sus palabras. Es una entrevista de unos quince minutos.

Actualización del 24 de abril. Podéis escuchar la entrevista aquí.

Retraso

Por un lado, teníamos la reapertura del museo y, por otro, una retrospectiva gigante. Hemos estado preparando todo durante dos años y, justo cuando teníamos que abrir, hemos tenido que cerrar el museo, a dos semanas de la apertura.

¿Qué supone eso? Tenemos algunos problemas: algunos préstamos no han llegado, otros se han quedado por el camino, no sabemos cuándo tendremos que abrir... Tenemos un problema de préstamos, porque hay vestidos y obras de arte que vienen de otros museos... Los catálogos también estaban en camino... En este momento reina la incertidumbre.

Diferentes hipótesis

Nosotros tenemos diferentes hipótesis, porque nadie tiene información exacta. Somos un museo municipal y la información que tenemos viene del Ayuntamiento de París. Pero no es falta de información. Día a día, semana a semana, el Gobierno toma decisiones y ahora se ha establecido el 11 de mayo como fin del confinamiento, pero no sabemos cómo vamos a organizar ese final, porque ellos tampoco lo saben. Al parecer, están en ello.

¿Es la cultura un servicio público básico?

Normalmente, todos los que trabajamos en el mundo de la cultura pensamos que la cultura es un derecho y que debe ser un servicio público. Que tiene una enorme importancia social y no sólo educativa, sino también para el bienestar y la salud colectivos. Por ejemplo, para la salud mental, tal y como estamos viendo ahora. Ya que en esta situación de confinamiento es importante consumir cultura para no volverse loco.

Para nosotros está claro. Luego se trata de prioridades. Que haya otros servicios públicos que el público estime o necesite más. Quién pone esas prioridades, en definitiva.

Museos: públicos, privados...

Está claro que hay muchos museos públicos y privados. Muchos museos privados desaparecerán, probablemente. Y muchos museos pequeños con financiación pública lo van a pasar muy mal.

Los museos con colección permanente siempre tendrán la oportunidad de mostrar (arte o lo que sea) y contar algo a través de una serie de obras u objetos para interpretar nuestra sociedad.

Otros museos sólo tienen exposiciones temporales. Es decir, tienen programaciones muy ambiciosas, pero no tienen una colección propia. ¿Cómo van a actuar estos en una situación económica tan grave?

Hay modelos de gestión y museos diferentes y muchos museos lo van a pasar muy mal. Unos tendrán que cerrar, otros desaparecerán, otros tendrán que recortar la programación...

Modelos económicos y artísticos a debate

Nosotros habíamos presentado nuestra programación y la había aprobado el Ayuntamiento hasta 2023. Sin embargo, todo esto ahora tendremos que revisarlo. Aunque reine la incertidumbre, sabemos que los presupuestos de 2020, 2021 y 2022 no serán los que pensábamos.

Por un lado, el modelo económico de los museos está en cuestión. Por otro lado, el modelo artístico. Nuestra financiación proviene principalmente de instituciones públicas, pero cada vez más de entidades privadas. Y unos museos competimos con otros para hacer exposiciones cada vez más grandes, para atraer cada vez más visitantes... En parte los museos se han convertido en instituciones turísticas. Y esto, en mi opinión, tiene sus límites y sus debilidades.

Por otra parte, el concepto expositivo también está cuestionado. ¿Cómo explicamos, cómo mostramos, cómo presentamos las ideas en los museos? El arte, la sociedad o la historia... Siempre a través de unos objetos, de una exposición. ¿Este formato está obsoleto? ¿No debemos explorar y reflexionar sobre otros medios en estos tiempos digitales? No sé, hay una reflexión muy profunda pendiente sobre los museos.

Existe una profunda reflexión sobre la definición del museo en el ICOM, la asociación internacional de museos. Todavía seguimos con la definición del siglo XIX: una colección, conservación, exposiciones...

Acelaración de lo que venía

Seguramente, esta crisis nos traiga de manera acelerada el cambio que estaba por venir. Yo creo que es lo que ocurre en la mayoría de las revoluciones. Los cambios en una revolución no empiezan desde cero. Normalmente es la aceleración de un proceso ya en marcha.

Hemos pensado que no lo gestionaríamos nosotros, sino nuestros hijos o la siguiente generación, pero tendremos que gestionarlo nosotros. Lo mismo cuando hablamos del planeta.

A nosotros nos tocará reflexionar y poner en marcha otro modo de vida. Yo no le tengo miedo a eso. Me parece apasionante.

Cuando se avecinan cambios drásticos todos estamos desorientados. Porque la ignorancia es muy estresante.

Soy historiadora y, quizá por eso, creo que estamos ante una oportunidad. No sólo vivir, sino poder hacer cosas. Que nuestra generación sea protagonista en un momento de transformación como este es muy duro, pero también maravilloso.

No hay que tenerle miedo a la responsabilidad.

Miren Arzalluz: «Guri tokatuko zaigu hausnarketa egitea eta martxan jartzea beste bizimodu bat», apunte hau euskaraz.

 

Escrito por: iturri.2020/04/22 20:30:00 GMT+2
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