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2020/09/23 22:20:00 GMT+2

Con el corazón en vilo

El lunes por la mañana emitieron un reportaje en Faktoria, magacín mañanero de Euskadi Irratia, sobre el impacto de la COVID-19 en las UCIs.

Por un lado se fueron al Hospital de Cruces e hicieron una visita guiada con el jefe de la la UCI, el doctor Fermin Labaien, y la responsable de la planta de enfermedades infecciosas, la doctora Josune Goikoetxea.

Por otro, entrevistaron en sus estudios de San Sebastián a Jesús Mari Gabilondo, zarauztarra de 70 años, quien se pasó 21 días en la UCI entre los meses de marzo y abril.

Dice Gabilondo que está bien, recuperado en un 90%, con algunos problemas de oído, voz y memoria.

Si oís la entrevista en euskera, veréis que le cuesta serenarse cuando le citan el nombre de Paco, un compañero de singladura de 43 años. Aunque ha pasado algún tiempo, todavía no sale de casa y tiene la salud maltrecha con varios varapalos seguidos: una embolia, ictus, etc.

Señala el responsable de la UCI de Cruces que en estos momentos, entre los enfermos más graves, el más joven tiene 23 años. El mayor apenas rebasa los 60.

Han tenido una persona enferma, ahora ingresada en Vitoria, que lleva seis meses hospitalizada.

Afirma Labaien que siempre tratan de mostrar la cara más amable y positiva cuando comparecen ante la prensa, pero que la gente debería saber qué supone tener un familiar en esas condiciones.

Estas palabras, también algo que dice Gabilondo, me retrotraen al mes de febrero de 1991. Tengo 21 años y estoy cursando Cuarto de Derecho y estoy en mitad de los exámenes cuatrimestrales. Mi viejo tiene 57 tacos y está enfermo. Parece que es una gripe, pero no levanta cabeza. Finalmente, lo trasladan de urgencia del Hospital de Bidasoa al de Donostia. Llega muy justo y lo ingresan directamente en la UCI. Neumonía atípica.

Pasa 12-13 días en cuidados intensivos, muchos de esos días intubado. Recuerdo perfectamente lo duro que fue ver por vez primera, al otro lado de la cristalera, a mi padre rodeado de tubos y máquinas.

Afortunadamente todo salió bien y se recuperó tras pasar varias semanas más en el hospital.

Cuando la Covid-19 se complica no es sólo una neumonía: es algo mucho más devastador. Seguramente la mayoría la pasemos con sintomatología leve o sin ningún tipo de síntomas, pero tenemos también posibilidades de pasarlo muy mal. Y si no somos nosotros, personas cercanas en condiciones más frágiles de salud.

Es mejor que juguemos con cabeza antes de poner en vilo nuestro corazón.

Aquí podéis escuchar el reportaje entero.

Escrito por: iturri.2020/09/23 22:20:00 GMT+2
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2020/09/16 16:00:00 GMT+2

Descubriendo blogs

«De entre los soportes digitales existentes, los blogs son los más leídos y los más seguros para guardar y compartir información. Al menos, en la medida en que se se pueda decir algo así de cualquier soporte digital. Lo que se comparte a través de las redes sociales se pierde con más facilidad. Por contra, todos los contenidos de "Euskargazki“ siguen ahí recogidos de manera ordenada desde el 2006».

Quién me iba a decir a mí que aún es tiempo para descubrir blogs. El caso es que, debido al cierre lamentable de la librería Bronte en Irun, quería releer con calma y en papel la entrevista con la librera Ylenia Benito. Revisando el resto de la revista Argia, me llamó la atención la entrevista con el bloguero Ekaitz Santazilia.

Fue el destacado que he traducido y pegado al inicio del post el que me llevó a su lectura. «Los beneficios del blog» era su título.

El blog Euskargazki nació en noviembre de 2006 y, por tanto, está a dos meses de cumplir catorce años.

Ekaitz cita a dos profesores entre quienes le incitaron a ello: Ricardo Gómez (Filoblogia) y Henrike Knorr. Recuerda una frase de este último: «Leed y viajad».

Son varias los calificativos usados en el diálogo mantenido con el periodista Miel Anjel Elustondo para definir el blog: una historia del euskera o, incluso, de la literatura en euskera, una invitación a practicar el turismo filológico... 

Casas natales, tumbas, últimos reductos o lugares relevantes de literatos vascos.

Elustondo recuerda un viejo dicho que dice que cada uno vive su locura y añade que muchas veces esas locuras consiguen concitar el interés de otras personas. Este puede ser el mérito de Ekaitz Santazilia.

P. S. Ayer escribí el original en euskera en mi móvil. Me costó subirlo con enlaces. Aquí ha sido más sencillo, pero también ha costado lo suyo.

Escrito por: iturri.2020/09/16 16:00:00 GMT+2
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2020/09/10 16:50:00 GMT+2

Miñan (IV): Europa

Viene de aquí: Miñan (III): El lío de los papeles.

Entrevista original -> Mugimendu bat zuri-beltzean (Un movimiento en blanco y negro).

Maddi Ane Txoperena: Has dicho, Amets, que la historia de Ibrahima rompió la «lógica de la mirada» que tenías sobre los migrantes. Porque él no quería venir a Europa, sino que partió en busca de su hermano. ¿Qué prejuicios tenías sobre los migrantes?

Amets Arzallus: Algo que Ibrahima dijo al principio hizo que mi lógica cambiara o se rompiera. Me dijo: «Estoy aquí, pero yo no quería venir a Europa». Y, claro, la lógica que tú ves en la motivación del viaje que hay tras un migrante es otra. Aunque pienses que cada uno trae su historia a cuestas, sus problemas, y que todos los caminos son distintos. Me di cuenta de que hay más diferencias de las que creía entre esos migrantes que metemos en el mismo saco. Caí en la cuenta de los nudos que puede haber detrás de los caminos de cada uno. Nudos, además, difíciles de soltar.

M.A.T.: ¿Y cuáles eran tus prejuicios con respecto a Europa, Ibrahima?

Ibrahima Balde: Antes de salir de casa, jamás había pensado en venir a Europa: lo que me empujó a venir a Europa fue encontrar a mi familia. No encontré aquello que busqué, y no resultó fácil explicar a mi madre que no encontré a mi hermano. Sé lo que sentirá mi madre, más que yo mismo. Puedo ir a cualquier sitio, pero no quiero encontrarme con mi madre para explicarle lo que jamás podré explicarle.

M.A.T.: ¿No sabías nada de Europa?

I. B.: Veía la tele, el fútbol y todo eso: nada más. Todo lo que yo quería era gestionar mi familia. Paso todo el tiempo pensando que tengo que hacer para ellos. Mi madre no tiene quien le ayude, salvo nosotros. [Y vuelve a llorar].

A. A.: Por ejemplo, ¿recomendarías a alguien de tu pueblo que viniera a Europa?

I. B.: Le diría que se quedara donde esté: que se busque la vida allí. Una persona no se sacia jamás, Amets. Hoy tienes dos casas, mañana necesitarás una mas. Si hoy tienes dos pares de zapatos, mañana querrás otro. Hay que contenerse. La vida que yo conocía antes no existe aquí. En África, en mi pueblo, hay familias que se pasan días sin poder preparar una pequeña olla para su prole. Aquí come todo el mundo; en nuestra tierra, no.

A. A.: ¿Y aún y todo le dirías que se quedara allí?

I. B.: Sí. La gente muere por el camino, Amets. Ahora vosotros ya me conocéis y habéis entendido mis historias porque no perdí la vida allí. Pero sobre las personas que han muerto por el camino... Nadie sabe cómo han pasado los últimos minutos de su vida.

Abrir las heridas

M.A.T.: Ibrahima sufre cuando cuenta. Tú también tuviste dudas, Amets: si le estabas o no ayudando. ¿Qué contradicciones has tenido?

A. A.: Es una contradicción que todavía sigue ahí. Ahora mismo, cuando cojo el libro, sé que no es fácil para él, porque es una herida que permanece abierta. Y mientras hacía el libro, era consciente de que lo ataba con una cadena. Y que también se exponía: siente pudor. Y vergüenza, porque la relación que cada uno tiene con su biografía es algo muy íntimo. Cuando estuvimos en Madrid, me dijo que llevaba el libro consigo, pero que no lo abría. Al mismo tiempo, mi motivación era darle algo de apoyo a Ibrahima, una ayuda, pero también difundir la sensibilidad con respecto a la causa. Creo que él también ha tenido ahí voluntad y fuerza para tirar hacia adelante.

M.A.T.: El libro lo firmáis los dos. ¿Lo tenías claro?

A. A.: Desde el principio, eso era algo muy importante para mí. Por un lado, mi intención ha sido desde siempre que la relación fuera lo más igual posible, aunque partamos de puntos de partida distintos: es algo muy difícil, casi imposible. Pero que al menos Ibrahima fuera considerado autor, con todo lo que ello quiere decir.

M.A.T.: ¿Por qué?

A. A.: No es una crónica periodística. Camina hacia lo literario y ese salto se lo debo a él: porque fue quien me mostró el estilo y el modo de narrar. Entonces, ahí ya hay muchas cosas. No es un regalo: creo que a él le corresponde tanto como a mí, sino más.

Literatura

M.A.T.: Aunque esté escrito, el libro es muy oral. ¿Cómo has logrado eso?

A. A.: Ibrahima tiene una forma de narrar oral y eso era, precisamente, uno de los puntos fuertes del estilo. Luego ha habido trabajo, complicaciones, juegos, hallar un lenguaje a su medida. Ese ha sido el lado bonito y creativo de toda esta historia, lo que me ha ayudado en este ejercicio. Porque la historia en sí es dura y no ha resultado fácil escuchar y escribir todo eso. Pero el encontrar un lenguaje a su medida sí que tiene un punto juguetón.

M.A.T.: Ibrahima, ¿eras consciente de esa capacidad?

I. B.: No. Era mi forma de hablar, pero no sabía que emocionaba. Antes que nada hace falta respeto: si escuchas lo que te dice alguien, quien habla se sentirá bien. No hay que hablar por hablar: hay que saber qué dices.

A. A.: ¿Hay tradición oral en tu país, no?

I. B.: En nuestra cultura es diferente. Por ejemplo, si una persona mayor que tú habla, no tienes derecho a atravesarlo: escuchas y, cuando ha terminado, entonces tú puedes hablar.

A. A.: Por ejemplo, ahí has dicho un verbo que me sirve para explicar lo que quiero decir. Yo no usaría el verbo atravesar ni en francés ni en euskera para decir que le has cortado a una persona mientras hablaba. Creo que es muy visual y que está muy bien dicho. ¿Se dice así en el idioma fula?

I. B.: Sí, así es.

A. A.: Me parece muy bonito; creo que hay algo poético tras la selección de esa palabra. No sé cómo lo haces, pero es algo poético que no había oído jamás.

M.A.T.: Amets, tú eres bertsolari. Ibrahima, ¿le has escuchado cantar alguna vez?

I. B.: Sí, sí.

M.A.T.: ¿Y qué te ha parecido?

I. B.: Magnífico [Amets sonríe]. Hay que saber enseñar a la gente lo que tú sabes. Creo que cada uno puede hacer algo. Por ejemplo, tú puedes saber algo que a mí no se me ocurriría jamás. Pero tú puedes hacer comprender que sí, que existe. Pero para saber de su existencia, tienes que pasar por esa vía.

M.A.T.: ¿Qué es para ti este libro?

I. B.: Es como una sorpresa: no me habría imaginado nunca algo así. No he escrito jamás una frase para que la lea alguien. Hoy es mucha la gente que lo ha leído, conocen mi historia... Yo no los conozco, pero ellos sí a mí [sonríe Amets]. Por ejemplo, el otro día estábamos en San Sebastián, en una manifestación, y vinieron a saludarme dos mujeres. ¡Tenían el libro! Pero no sabía nada de ellas. Al final de la manifestación, se acercó más gente y me saludó: «¡Ibrahima!». Y yo pensaba: «¿Por qué me saluda todo el mundo?».

M.A.T.: ¿Crees que puede cambiar algo gracias a este libro?

I. B.: No lo sé. Lo único que sé es lo que yo he vivido: todo es verdad.

A. A: Desgraciadamente, el mundo tira más a torcerse que a enderezarse. No creo que con un pequeño libro podamos cambiar ese eje, pero sí dejar al menos un testimonio del error.

M.A.T.: ¿Seguirá el movimiento (relación) entre vosotros?

I. B.: Conocí a Amets en Europa, no tiene mi mismo color, no hablamos el mismo idioma, pero, ¿sabes?, Amets es como un hermano para mí.

A. A.: Ahora es más difícil el movimiento, porque está en Madrid.

I. B.: Pero el teléfono funciona.

A. A.: [Sonriendo] Sí, sí, funciona mucho. Hablamos casi a diario. ¿El próximo curso lo harás en euskera? Poco a poco.

I. B.: [En euskara] Beti aurrera (Siempre para adelante).

Hasta aquí la entrevista. Os dejo El derecho de vivir en paz de Víctor Jara.

Escrito por: iturri.2020/09/10 16:50:00 GMT+2
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2020/09/09 21:30:00 GMT+2

Miñan (III): el lío de los papeles

Viene de aquí: Miñan (II): Ojos para escuchar.

Entrevista original -> : Mugimendu bat zuri-beltzean (Un movimiento en blanco y negro).

Maddi Ane Txoperena: Luego hiciste una petición de asilo, Ibrahima. ¿Por qué aquí y no en otro país? Mucha gente pasó la frontera hacia el norte de Europa: tú no.

Ibrahima Balde: Yo también quería ir, pero cuando dejas un país para ir a otro, tienes que saber cómo. En mi cabeza no estaba solo irme: quería encontrar una solución para ayudar a las personas que estaban detrás mío. Porque si yo como, ten en cuenta que también pienso si mi madre y mis hermanas pequeñas han comido. Antes ni pensaba en comprar unos zapatos o una camiseta para mí. Mi espíritu no viene hacia mí, sino que va hacia mis padres y mis hermanas pequeñas. Si ellas están bien, yo estoy muy bien. Eso complica mi vida, porque yo quizás pueda vivir solo: si tengo algo, soy yo quien lo sabe, y si no tengo nada, solamente lo sé yo. Pero mis padres... [Comienza a llorar].

Amets Arzalluz: [Tras un rato en silencio] Pero tú también fuiste a Hendaia, Ibrahima, justo antes de conocerme a mí. ¿Lo recuerdas? Cruzó la frontera [mirando a la periodista]. Cuéntalo [a Ibrahima].

I. B.: Fuimos hacia Hendaia; era de noche. Eramos unos cuantos: cuatro o cinco. Nos pilló la Policía francesa, a eso de las 3 o 4 de la mañana, en la estación de tren, y nos llevó a comisaría. Escribieron una breve nota que decía que no teníamos derecho a cruzar y que debíamos permanecer aquí. Nos llevaron al puente y volvimos a pie. Nos quedamos en un parque y vinieron dos mujeres de la Red de Apoyo de Irun. Nos acompañaron a la Cruz Roja, porque teníamos derecho a estar tres noches allí. Y es lo que hicimos.

M.A.T.: ¿Y luego?

I. B.: Al salir de la Cruz Roja, fuimos al hospital. La Red de Apoyo nos atendió allí. Éramos unos cuantos, tres o cuatro: Lansana, Bamba, Mouloud y yo mismo. Fuimos a los Capuchinos [en octubre de 2018, abrieron a los migrantes el convento de los capuchinos de Hondarribia]. Allí pasamos como dos semanas y luego el CEAR nos trasládo a Oñati.

M.A.T.: ¿Cómo comenzaste con el papeleo?

I. B.: Preguntamos a la gente que estaba en los capuchinos qué podíamos hacer y qué no. Nos dijeron que toda Europa es Europa. Yo tenía necesidad de trabajar. Cuando me dijeron que no podía trabajar sin papeles, me puse malo, porque no sabía qué hacer. No he tenido papeles nunca.

M.A.T.: ¿Y entonces?

I. B.: Un amigo me dijo que podía solicitar asilo y que, de lograrlo, podía sacarme la vida. Decidí pedir asilo, por tanto. Hay dos tarjetas rojas: la primera y la segunda. Con la primera, me fui a Madrid, a hacer un cursillo de mecánica. Pero cuando pedí la segunda, me la denegaron. Estaba perdido, no sabía qué hacer. Todo lo que había hecho fue en vano.

M.A.T.: ¿Qué hiciste?

I. B.: La gente del CEAR me dijo que podía continuar con el cursillo, pero me quedé sin sitio para dormir. Estuve en una asociación hasta que una mujer me acogió en su casa. Ahora vivo allí.

A. A.: Te dan citas para analizar la concesión o no del asilo y, generalmente, se toman su tiempo. Mientras no te responden, estás en una especie de paréntesis legal y tienes derecho a un alojamiento. Pensábamos que tardaría más, pero la respuesta fue muy rápida.

M.A.T.: ¿Ahí fue cuando surgió la idea del libro?

A. A.: Pensando que teníamos tiempo (casi un año), mi intención era hacer algo para dárselo a la Policía. Y durante mucho tiempo imaginé que la segunda persona que aparece en el libro, ese «tú», era un policía. Luego, cambiaron los criterios de un día para otro, y la cita que estaba prevista para abril se adelantó a octubre: no teníamos tiempo para acabar el trabajo que habíamos comenzado. Y, además, pensé que quizá era darle demasiada importancia a la Policía y que, posiblemente, no se leyera el dossier. Y menos en euskera.

M.A.T.: ¿Es díficil que te concedan asilo, no?

A. A.: Aunque la gente cumpla todas las condiciones y tenga todas la pruebas habidas y por haber, muchas veces deniegan el asilo. Y, lamentablemente, una tragedia como la de Ibrahima no la contemplan a la hora de concederlo. Veía que no tenía ninguna posibilidad, pero quería ayudarle de una u otra manera... Si no podía obtener protección política que, al menos, tuviera protección social.

Cuando se la denegaron, le dieron quince días para abandonar el Estado Español y el espacio Schengen: aunque quisiera, logísticamente hablando era imposible. Desde entonces está en riesgo de expulsión.

M.A.T.: ¿Es esa tu situación ahora, Ibrahima?

I. B.: Sí.

A.A.: Además, nadie te explica nada. El abogado de oficio interpuso un recurso contra la denegación de asilo y creo que, mientras no haya respuesta, estamos en un paréntesis legal. Creemos que ahora no hay peligro, pero si hubiera un cambio político...

I. B.: El siguiente paso es el del arraigo: tienes que pasar tres años aquí. Me dijeron que para ello necesitas un pasaporte, empadronamiento... Pero yo no tengo nada de lo que me piden: jamás he tenido pasaporte.

M.A.T.: Ahora estás haciendo un cursillo en Madrid. ¿Qué tal?

I. B.: Bien, nos arreglamos bien. Dentro de poco cumpliré diez meses. Allí tengo un gran respeto por la gente y ellos lo tienen hacia mí.

Escrito por: iturri.2020/09/09 21:30:00 GMT+2
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2020/09/07 18:50:00 GMT+2

Miñan (II): Ojos para escuchar

Viene de aquí: Con libro, pero sin papeles.

La entrevista que Maddi Ane Txoperena Iribarren hizo a Ibrahima Balde y a Amets Arzallus tiene bastante miga: Mugimendu bat zuri-beltzean (Un movimiento en blanco y negro). El texto viene acompañado por tres vídeos que ha elaborado Berria tras el encuentro.

Hoy publico la traducción al castellano del primero de ellos. Puede que estos días vaya el resto, pero estoy bastante liado.

Antes que nada, conviene recordar que Ibrahima vive ahora en Madrid. La entrevista está grabada en algún lugar del País Vasco este verano, un lugar que ellos prefieren no hacer público.

Otra cosa más: lo bueno es escucharle a él en francés.

Ibrahima Balde: Cuando llegué a Irun, estaba como una persona perdida en la vida, alguien que no sabe adónde ir ni qué hacer. En la estación de Irun (Irungo Harrera Sarea), una mañana me topé con Amets. Tenía la necesidad de hablar con alguien, pero no encontraba a nadie que hablara alguno de los idiomas que conozco. No soy tan intelectual como para hablar muchos idiomas; por ejemplo, inglés o castellano: no sabía nada. Y pensaba que la gente de aquí (País Vasco) sólo hablaba euskera o castellano.

Maddi Ane Txoperena: Amets habla francés.

I. B.: Así es y, por tanto, podía hablar algo. Tenía ganas de hablar con alguien que me escuchara; con alguien que quisiera conocer aquello que yo le contara. Porque llega un momento en que, tras llenar la cabeza, conviene vaciarla. Hay quienes no entienden esto y finalmente enloquecen. Pero a mí no me ha pasado nunca: le doy gracias al todopoderoso. Y os doy las gracias a vosotros: me habéis enseñado que tengo valores y hay entre vosotros personas que me pueden escuchar. Eso es algo muy importante para mí. Yo antes era un ser humano como vosotros, pero desconocía cuál era mi valor: por completo.

MAT: ¿Encontraste algo diferente en el País Vasco?

I. B.: Claro. Muy muy diferente: es como si hablaras del lado izquierdo y del derecho. La vida que conocía antes creo ahora que no existe, porque eso no existe aquí. Pero no consigo olvidar lo que sucedió. Me viene todo encima: no es mi deseo pensar en ello, pero el alma puede pensar algo que tú jamás hayas imaginado o que no quieras imaginar. Pero bueno, ahora estoy bien.

Nota: esta parte no aparece en el primer vídeo, ni en los siguientes

MAT: Amets, te he escuchado decir que surgió un movimiento entre ambos. ¿Qué quieres decir con eso?

Amets Arzallus: Quiero decir que surgió una relación y he utilizado la palabra movimiento porque la usa Ibrahima para explicar ese hecho. Él ha hablado, por ejemplo, de la preocupación que tiene con respecto a sus hermanas pequeñas: cuál será la relación que tenga con ellas, quizás piensen que se ha olvidado de ellas. Para explicar esa sensación solía decir: «Antes había un movimiento entre nosotros y ahora no sé cómo está ese movimiento». Me pareció una forma bonita y especial de explicarlo y me inspiré en ello. Al final, la relación entre las personas es un movimiento, algo que siempre está cambiando: nunca está quieto o totalmente fijo; es algo cambiante.

MAT: Ibrahima, ¿se dice así en el idioma fula?

I. B.: Sí. Es como cuando una madre se está separando de su hijo: no se sufre físicamente, pero sí mentalmente. Si mis hermanas me preguntaran ahora si mantengo el amor que sentía por ellas... Pienso que creerán que he cambiado o que no tengo ganas de volver a verlas. Pero hago todo lo posible para tranquilizarlas. No he sido yo quien ha elegido esa familia: ha venido dada. La sujeto entre mis manos y hago todo lo posible para aguantarla. Ellas tratan de entenderme. Yo hago lo que puedo.

MAT: ¿Cuál es el movimiento que tenéis vosotros dos?

I. B.: Me atrajo mucho el modo en que Amets me observaba y me escuchaba. Lo encontré en una estación de tren y jamás olvidaré ese día. Anteriormente había conocido a mucha gente, pero lo que vi con este hombre me empujó a contar mis historias. No me había topado nunca con una persona a la que contarle mis problemas, de contarle toda mi vida, desde el momento en que comencé a saber que una cosa era buena y otra mala: desde la niñez.

Escrito por: iturri.2020/09/07 18:50:00 GMT+2
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2020/09/06 08:20:00 GMT+2

Con libro, pero sin papeles

En un mundo donde mandan la mentira y la hipocresía, surge de vez en cuando una flor y conviene cuidarla. Ibrahima Balde (el hermano grande: «Koto») en busca de Alhassane (el hermano pequeño: «Miñan»).

Vengo hoy a hablar de un libro publicado en euskera el otoño pasado. Tarde sí, pero no demasiado.

Creía que había leído por vez primera la historia de este chico en una columna de Ander Izagirre, pero era otro el protagonista de aquel texto. Como merece la pena recuperarlo, os pego aquí el tuit con la imagen del artículo aparecido en El Diario Vasco.

El libro del que quiero hablar hoy tiene dos autores y ambos lo presentaron en octubre de 2019 en el Bar Pandora de San Sebastián. Un bar muy recomendable, por cierto, con derecho de admisión de gilipollas y prepotentes incluido. Junto a ambos autores, la editora de Susa.

Y es que lo que Ibrahima Balde le contó de viva voz, lo recogió por escrito Amets Arzallus Antia. La lingua franca, nunca mejor dicho, ha sido el francés. Amets lo ha escrito luego en euskera y se han añadido algunos dibujos de Ibrahima. El resultado es Miñan.

El bertsolari (fue campeón absoluto en el 2013) y periodista labortano colabora con la red de apoyo Irungo Harrera Sarea y un buen día de finales de 2018 conoció a Ibrahima. Dice que saltó la química entre ambos para explicar la especial relación que aún mantienen.

En este final de agosto tan raro, me dispuse a leer el libro a sabiendas de que no era cualquier cosa. Pero incluso así la lectura superó las expectativas. Tiene mérito el narrador oral, pero también quien ha sido capaz de poner por escrito ese universo en menos de 150 páginas.

¿Cómo puede terminar un chaval que no quiere salir de casa, de Guinea, de África, en Irun? Tal y como digo al principio, porque tuvo que partir en busca de su hermano pequeño, de Alhassane. Dos años menor que Ibrahima, llamó desde Libia a casa, llorando. Se lo contó su madre, porque Ibrahima entonces estaba aprendiendo el oficio de camionero en otro lugar. Como cabeza de familia, tuvo que asumir la responsabilidad de partir a buscarlo.

La travesía discurre por diversos países (especialmente complicado el paso por Argelia y Libia), el desierto (¡qué decir!), las mafias y el mar. Bailó con la muerte más de lo conveniente, pero se ve que no hay nada inflado en el relato.

He citado antes a Ander Izagirre. Sí escribió sobre Ibrahima en el DV, pero fue a finales de 2019.

También lo hizo en El País este mes de abril de 2020.

Ha sido él quien ha traducido el libro al castellano y aparecerá el próximo año en la editorial Blackie Books. Si no estoy equivocado, también se publicará los próximos meses en catalán, inglés, francés, alemán e italiano.

El dinero recaudado a través de los derechos de autor es para la familia que vive en Guinea: su madre y sus dos hermanas (Fatumata Binta y Rouguiatou).

He encontrado también un vídeo de DAPA aparecido en marzo. Cuenta la visita que le hizo Amets a Ibrahima este pasado invierno. Amets se subió al tren y se fue a Vallecas, donde Balde hace un cursillo de mecánica de camiones. Son poco más de 20 minutos y podéis ver y escuchar a Ibrahima.

Hay un comentario de hace unas cuantas semanas en Youtube. Lo fima Raul Patatin Patatan: «No entiendo nada de euskera, pero este chico es mi compañero de trabajo, y decir que siempre está dispuesto a todo y que como persona es de lo mejor que hay ibrai eres un máquina».

Tras escribir estas líneas, casualidades de la vida, he leído la entrevista de Maddi Ane Txoperena Iribarren que aparece hoy mismo en el diario Berria: Mugimendu bat zuri-beltzean (Un movimiento en blanco y negro). Ibrahima sigue en Madrid, sin papeles, pero con libro, porque siempre lo lleva en su mochila, aunque no lo abra nunca.

Si algo hay en este libro crudo, duro, es ternura. Y quiero acabar de la misma manera. Ayer, 5 de septiembre, se cumplió el primer aniversario de la muerte de Iñigo Muguruza. Bizitza triste eta ederra dice la canción. La vida triste y hermosa.

Nota del 10 de septiembre: He traducido y subido a este blog la entrevista de Maddi Ane Txoperena. Tiene tres partes:

1.- Miñan (II): Ojos para escuchar.

2.- Miñan (III): el lío de los papeles.

3.- Miñan (IV): Europa.

Paperik ezean liburua, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/09/06 08:20:00 GMT+2
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2020/08/30 18:20:00 GMT+2

Pasaportes e ilusiones falsas

He pasado estos días acabando de leer «El mundo de ayer» de Stefan Zweig. Traigo aquí un par de pasajes.

Pasaporte

Cuando en marzo de 1938 Hitler se quedó con Austria (Anschluss), el escritor se tuvo que conformar con la condición de apátrida.

Cuenta lo bien que entendió entonces lo que le dijo diez años antes el escritor ruso Dmitri Merezhkovski. Se lamentaba este de que sus libros estuvieran prohibidos en Rusia, mientras que Zweig le quiso consolar con la idea de que tenían difusión mundial.

Zweig llevaba residiendo varios años ya en Londres, pero esa condición le supuso bajar un nivel en el escalón ciudadano y tener que pedir documentos que certificaran su condicion apátrida.

Cuenta también que el pasaporte fue una consecuencia nociva de la Primera Guerra Mundial y recuerda que previamente a ella viajó por el mundo (Europa, India, América...) sin necesidad de llevar ningún papel en regla. Antes la policía no te preguntaba nada, ni tu pedías nada.

A partir de entonces, el Zweig viajero se sintió tratado como un criminal: fotografías, cortarse el pelo dejando a la vista las orejas, huellas dactilares, todo tipo de certificados...

Falsas ilusiones

En septiembre de 1938, el inglés Chamberlain y el francés Daladier fueron (supuestamente) a negociar a Múnich. El resultado fueron los llamados Pactos de Múnich.

Me ha resultado curioso leer que cuando Hitler y Mussolini consintieron reunirse en la ciudad alemana, el parlamento de Londres cayó en una euforia no contenida. Gritos y aplausos de los presentes.

Señala Zweig que la reacción fue totalmente comprensible desde el punto de vista humano, pero un tremendo error político. Porque Hitler vio que los británicos no querían la guerra y que Chamberlain más que ir a negociar la paz, venía a implorarla.

A pesar de todo ello, el documento Peace for our time fue recibido como un gran triunfo por la prensa y la opinión pública.

El problema es que Hitler no tardó ni 48 horas en pasarse el mismo por la entrepierna.

Termina diciendo el escritor: «La gran luz de la esperanza se había apagado. Pero había brillado durante un día o dos y nos había calentado los corazones. No quiero ni puedo olvidar aquellos días».

Convendrá tenerlo en cuenta cada vez que oigamos que llega(n) la(s) vacuna(s). Por si acaso.

¿O no hay ilusiones falsas?

Pasaporteak eta ilusio faltsuak, apunte hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/08/30 18:20:00 GMT+2
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2020/08/23 20:00:00 GMT+2

Los elefantes de Lizardi

He dado una vuelta de un par de horas esta mañana. He subido desde el Antiguo a Igeldo a través de Igara.

Me han acompañado dos programas muy recomendables:

1.- La primera hora la he pasado con Jose Luis Padron y «Lizardiren Baratza». En concreto, un programa dedicado a Imanol Epelde y su Etxepare Rap, una manera novedosa de acercar la literatura vasca a su alumnado.

2.- El 7 de agosto cumplió 78 años Caetano Veloso y Carlos Galilea le dedicó «Cuando los elefantes sueñan con la música» ese día.

Os recomiendo la escucha de ambos, pero pongo especial énfasis en dos piezas: la canción dedicada a Bizenta Mogel y la «Terra» que ha puesto Galilea (es la primera canción).

 

En el paseo matutino no había elefantes (espero que no se los cargara todos el Borbón viejo), pero sí que había vacas. Es una cuadrilla con la que coincido muchas veces.

Lizardiren elefanteak, apunte hau euskaraz

Escrito por: iturri.2020/08/23 20:00:00 GMT+2
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2020/08/17 21:30:00 GMT+2

La soledad del filósofo

Estas últimas semanas he estado leyendo el libro de Pedro Cuartango titulado «Elogio de la quietud», una obra donde recoge un buen número de columnas, básicamente. Gracias a él he conocido al filósofo francés Nicolas Grimaldi, quien vive recluido en el faro viejo de Donibane Lohitzune.

Lo compré a finales de julio en la primera visita a la renovada Tobacco Days. Conocía al autor, pero al preguntarle por el libro a la librera, Ines me dijo que lo tenía por recomendación de Diego Machimbarrena.

Pedro Cuartango, periodista nacido en 1955 en Miranda de Ebro, ha desarrollado el grueso de su carrera profesional en el diario El Mundo, donde llegó incluso a ser director por un año: entre los meses de mayo de 2016 y 2017. Es decir, tras el sonoro paso de David Jiménez (recordad que escribió El Director para contar la experiencia vivida al mando) y el silencioso entre comillas del actual Francisco Rosell (un director que aún ni siquiera tiene página en Wikipedia). Desde octubre de 2017 es columnista de ABC.

Cuartango reúne textos donde habla de filosofía, de cine, de música, de literatura... Mira con nostalgia a su pueblo, Miranda, y los primeros años de la década de 1970 en París. La figura paterna, con quien parece que tuvo una relación con vaivenes, también aparece en el libro.

Ninguno de los textos de Elogio de la quietud está datado. Leí a alguien de la editorial Círculo de Tiza que era decisión del autor, porque quería que sus reflexiones se leyeran de manera atemporal.

Hay uno que se me ha quedado fijado en la memoria y que lleva por título «Sobre la imposibilidad de vivir el presente» (página 175). Es una columna tras la lectura de una entrevista al filósofo antes citado, Nicolas Grimaldi.

Crédito: Fanette Hourt.

Grimaldi nació en París en 1933. Apenas conoció a su madre (estaba enferma y murió siendo él muy niño) y la relación con su padre también tuvo sus altibajos (corso, trabajador de La Poste y volcado en su actividad sindical). Pasó mucho tiempo con sus abuelos maternos, los cuales eran vascos. Aquella relación le trajo dos cosas muy importantes: el amor por San Juan de Luz y la soledad.

Catedrático emérito de Historia de la Filosofía Moderna y de Metafísica por la Sorbona parisina, compró el faro viejo de San Juan de Luz (el de Sokoa) allá por 1968, lo rehabilitó y se trasladó a vivir allí hace ya algunas décadas.

Tal y como he dicho antes, es una entrevista la que motiva la columna de Cuartango. Concretamente ésta aparecida en el diario Libération: Nicolas Grimaldi, le phare qui éclaire l’humain. En este caso sí que podemos saber de cuándo es su columna, ya que la entrevista es de 2011.

Al leerle a Cuartango, me había hecho a la idea de que Grimaldi había mandado la cátedra a freír espárragos y se había refugiado como farero en Sokoa.

Si leéis la entrevista, veréis que no es así. Lo corrobora el perfil de Wikipedia, así como otra entrevista que apareció en el año 2012 en el periódico Sud-Ouest: «La paix, le silence et une certaine grandeur».

Hay una entrevista en castellano en el portal Euskonews. Es de 2016 y su autor fue Juan Aguirre Sorondo. Hay un vídeo que dejo aquí debajo.

En las entrevistas dice que no está aislado. Recibe visitas de antiguos alumnos, lee, pinta y escribe. Consuencia de esta última actividad, la publicación de más de 30 libros en francés.

En el blog de Iñaki Urdanibia he encontrado una crítica de un libro publicado en castellano. La reseña se titula Nicolas Grimaldi por los acantilados del sentido. El libro toma toma pie en los atentados fundamentalistas de París de noviembre de 2015 y debe de escribir sobre los autores: Los nuevos sonámbulos. Su tesis principal es que la religión no es más que una excusa, el fanatismo es previo.

La editorial Círculo de Tiza le ha puesto la banda sonora de un disco de Gino Paoli al libro.

He escrito estas líneas mientras escuchaba su música.

Filosofoa bere bakardadean, testu hau euskaraz.

Escrito por: iturri.2020/08/17 21:30:00 GMT+2
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2020/08/09 22:00:00 GMT+2

Caminos llenos de obstáculos

Este lunes Ylenia Benito nos dejó una mala noticia sobre la librería Brontë. Anunció que echará la persiana el 29 de agosto.

¡Qué queréis que os diga! Irun tiene una población de 60.000 habitantes. Dejando a un lado los kioscos y las papelerías, quedan ahora mismo dos librerías: Elkar y Tinta Cómics. Repito: 60.000 habitantes.

La librería ha tenido muchos problemas para tirar hacia adelante y uno de los últimos obstáculos ha sido la imposibilidad de celebrar el Día del Libro el 23 de julio en las calles del pueblo.

Y es que los ayuntamientos son muy hábiles a la hora de poner trabas y más aún luego a la hora de hacer pucheros porque cierra una librería. Pero saben mejor que nadie que una librería pequeña sin presentaciones de libros (debido a la pandemia) y sin salir a la calle a venderlos el día del mismo lo tiene muy jodido. Y si no lo saben, deberían saberlo.

Pero la responsabilidad no es solo de las instituciones: nosotros también debemos dejar de mirarnos el ombligo y saber lo que estamos dispuestos a hacer. Porque es momento de hacer política. Qué más político que decidir dónde vas a comprar tus libros: en tu librería de confianza o por Amazon. Tiene consecuencias.

Y no nos olvidemos que lo que puede ser bueno para el consumidor es malísimo para el ciudadano que todos llevamos dentro.

Voy poco a Irun. Visito a mi madre una vez por semana y poco más.

El martes la convencí y alargamos el paseo para visitar a Ylenia.

 

Me encontré con Jurdan. Me dijo, entre otras cosas, que había perdido un punto de encuentro tranquilo. Es decir, el típico sitio al que acercarte, pillar un libro y echarle un ojo en el sofá del fondo a la derecha o charlar más o menos animadamente con amigos y conocidos.

Me acordé de la tienda de discos Bertso-Hop. A mí me pilló a comienzos de los 90, con poco más de 20 tacos, y pasé bastantes tardes allí: escuchando música, dando la lata, charlando o escuchando a las y los músicos y musiqueros que se pasaban por el lugar... Lo que es un punto de encuentro en toda regla.

No sabía qué decirle a Ylenia. Qué le dices a una persona cuando sus sueños se topan de bruces con el maldito dinero. Ella me pidió perdón. ¡Ella! Por cerrar la librería.

Le dije que nones: que éramos nosotros los que debíamos pedirle perdón.

¡Mecagüendiez!

Pongamos un poco de música antes de llorar.

Lo haré sin salir de Irun. Y es que Jabier Muguruza ha hecho un disco de versiones titulado Geltokiak izarretara en el que recoge quince canciones que le han marcado. Esta semana escuché, por cierto, el programa que Jose Luis Padron le dedicó en «Lizardiren Baratza» el pasado mes de junio.

Una de esas canciones es Berreziketaren zailtasunari buruz, un texto del poeta Hans Magnus Enzensberger al que Ruper Ordorika le puso música en 1985 en el disco Bihotzerreak. Os dejo con la bonita versión de Jabier.

Se la dedico a Ylenia, por supuesto. Sé que aparecerá por algún lado y que le irá bien, porque se lo merece.

Trabaz jositako bideak, apunte hau euskaraz

Escrito por: iturri.2020/08/09 22:00:00 GMT+2
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