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1994/03/10 07:00:00 GMT+1

Otra vez la primavera

Ayer el sol decidió proclamar la primavera. Fue a la una en punto de la tarde, y lo hizo por su cuenta y riesgo, sin consultar a nadie. El suceso tuvo lugar en la plaza de Colón. Puedo dar fe de él porque pasaba por allí y fui testigo del evento.

Quien primero se dio cuenta de la inesperada iniciativa del sol fue una muchachita de pelo lacio y vestido negro, que apretaba con fuerza contra su pecho una carpeta, denuncia inconsciente de su adolescencia en fuga. Se paró, alzó la cara al cielo, cerró los ojos y sonrió.

Luego fue el turno de un grupo de chavales franceses. Se quitaron las chaquetas y jugaron a salpicarse con el agua de la fuente. Reían.

Reparé algo después en un joven que estaba sentado en un banco del parque. Tenía un cuaderno abierto y una pluma en la mano. Escribía poco, sólo de vez en cuando, y siempre tras tamborilear con los dedos sobre el asiento. Conté la cadencia de sus golpes. Iba de once en once y se detenía brevemente en el sexto y en el décimo golpe. Endecasílabos. Él también se había dado cuenta.

Creo que el siguiente que notó la jugada del sol debí ser yo, porque me sorprendí de pronto hurgando en la memoria, haciendo recuento de ilustres primaveras. Y me remonté a una bella primavera en el París del XIX, meses antes del tiempo de las cerezas, y a otra bastante posterior por estos lares («La primavera ha venido... y Don Alfonso se va», certificó Machado), y me paseé en el pensamiento por las selvas encenagadas de Indochina, y casi a la vez, de nuevo en París, por el bulevard Saint Michel, desadoquinado a conciencia, y ya algo más cerca en el tiempo y el espacio, me ví por las calles de Grándola, donde todo un pueblo comprometió su voluntad en primavera «a la sombra de una encina/ que ya no sabía su edad», y de nuevo en casa, en la calle Preciados, me ví rodeado de miles, de decenas de miles, exigiendo libertad.

¡Ha habido tantas primaveras para tantos sueños!

Se ve que así es la vida. Cuando llega la primavera -los médicos sabrán por qué-, a la gente tiende a venirle la alegría al alma, y siente deseos de sonreír al sol, y de jugar con el agua, y de componer sonetos de amor para su amor, y hasta los hay que sueñan con que pueden luchar, vencer, e incluso ser felices.

«No sé de ningún sueño que no haya sido destrozado / o puesto de rodillas», dice Paul Simon en su desoladora American Tune. A algunos la vida les ha enseñado que después de cada primavera hay un tórrido verano, y que el otoño espera agazapado un poco más allá: atrapa los sueños con sus dedos ocres y los conduce hacia la lenta muerte del invierno.

Pero el ciclo se renueva eternamente. Ni el otoño de los unos ni el invierno de los otros impedirá jamás que cada año vuelva a asomar la terca y soñadora primavera.

Javier Ortiz. El Mundo (10 de marzo de 1994). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de marzo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1994/03/10 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: jor el_mundo paul_simon madrid machado miscelánea antología primavera 1994 | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (1)

Comentarios

Qué manera de levantarme el alma y empezar este fin de semana con una sonrisa.Obrigado.

Escrito por: xosé.2012/03/17 10:49:6.023000 GMT+1

Referencias

...PhVaW5OEauE3gOpa">Pum-Ba-Pa en honor de Dominika Etxart, fallecido ayer. Respect. Dos: leeros también Otra vez la primavera, apunte de Javier Ortiz. Referenciado por: Basta con ir más despacio... - Pedradas 2012/03/18 17:34:7.357000 GMT+1

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