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1997/05/07 07:00:00 GMT+2

Los otros mártires

La Iglesia católica venera a sus mártires. Lo volvimos a comprobar el pasado fin de semana. ¿Alguien sabía de el Pelé, ese gitano aragonés que fue fusilado por los rojos, según dicen, durante la guerra civil española? Pues se ve que sí: algunos lo conocían, y han rescatado su memoria del túnel del tiempo, y han beatificado su nombre.

Hay quien reprocha a la Iglesia católica que suba a los altares a los de un solo bando. ¿Y por qué no habría de hacerlo? Homenajea a los suyos. Haga cada cual lo mismo en su propio bando.

El pasado 1 de mayo murió el cineasta sueco Bo Widerberg. Hombre de ideario socialista, Wideberg rodó a comienzos de los 70 una película en la que relató la agitada historia de un insigne mártir de la clase obrera: Joe Hill.

Joe Hill -en realidad llamado Joseph Hillstrom- fue un emigrante sueco que marchó a los Estados Unidos a comienzos de siglo, dispuesto a trabajar en cualquier cosa. Cuando llegó a Nueva York, no tenía una elevada conciencia social, pero sí una enorme sensibilidad: enfrentada a la dura realidad que vivía por aquel entonces la clase obrera norteamericana, se volvió revolucionario. Se afilió al sindicato libertario Industrial Workers of the World, uno de los más activos de la época. Aficionado a la música, descubrió que el mensaje radical de los llamados wobblies llegaba más fácilmente a los trabajadores si lo convertía en canciones. Compuso decenas de ellas: en favor de la revuelta obrera, en contra de los esquiroles, en defensa de las mujeres... Conozco algunas, rebosantes de humor corrosivo, grabadas posteriormente por Woody Guthrie, Pete Seeger y otros ilustres folk singers. Hill recorrió incansable muchas zonas industriales, cantando sus canciones de lucha en los tajos, en las plazas de los pueblos y en las puertas de las fábricas.

La policía seguía atentamente sus pasos. Fue detenido y golpeado en varias ocasiones. En cuanto lo ponían en libertad, volvía a la carga, armado con su guitarra. En enero de 1914, en medio de una impresionante huelga en Salt Lake City, fue arrestado y acusado del asesinato de un comerciante. Le montaron un juicio-farsa y lo condenaron a muerte. Hill se negó a defenderse: alegó que en el momento del crimen se encontraba con una mujer casada cuyo honor no podía comprometer. Fue hombre de principios hasta en eso.

Hubo una gran campaña internacional reclamando que no se ejecutara la sentencia, pero no sirvió de nada: Joe Hill fue fusilado en Utah el 19 de noviembre de 1915. 30.000 personas asistieron a su funeral en Chicago, pese a que él había dejado escrito: «No perdáis el tiempo en funerales. Organizaos».

Sus cenizas fueron enviadas por correo y esparcidas en cientos de lugares de todo el mundo.

La Iglesia católica tiene sus mártires. Pero algunos no católicos también tenemos mártires, muertos por nuestra fe. Los veneramos en el altar de nuestros corazones.

Javier Ortiz. El Mundo (7 de mayo de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de mayo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/05/07 07:00:00 GMT+2
Etiquetas: música el_mundo 1997 usa joe_hill antología iglesia bo_widerberg sindicalismo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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