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2001/09/11 06:00:00 GMT+2

Hace 25 años

¡Hace ya 25 años, santo cielo!

Hace hoy, pues, 25 años, día por día, tomaba yo el avión a primera hora de la mañana rumbo a Barcelona, en calidad de representante de la Comisión Ejecutiva de Coordinación Democrática -el organismo unitario de la oposición antifranquista- y como invitado de la Asamblea de Catalunya, para participar en la primera gran Diada Nacional catalana del Onze de Setembre. Iba acompañado por Antonio García Trevijano, al que por aquel tiempo no preocupaba que el nacionalismo catalán pusiera en peligro la unidad de España, por Ramón Tamames, que a la sazón era comunista -o por lo menos eso decía- y por Enrique Múgica, que entonces era mandamás del PSOE y no Defensor del Pueblo (reconozcámosle que en esto ha mantenido cierta coherencia: ahora tampoco es defensor del pueblo).

Nos esperaba a nuestra llegada una nutrida representación de la oposición antifranquista catalana, que nos ofreció una suculenta comida de la que lo único que recuerdo es que sirvió para que Múgica tuviera una agria discusión con Heribert Barrera, presidente de Esquerra Republicana de Catalunya. El debate entre ambos fue de puro disparate: Múgica defendía postulados sionistas y Barrera posiciones antisemitas. Yo, que estaba entre ambos, opté por el silencio, maldiciendo mi mala suerte. ¡Con la cantidad de gente que había y me toca sentarme entre dos enloquecidos!

Nos llevaron luego a Sant Boi, que todavía se llamaba a efectos oficiales San Baudilio de Llobregat. Recuerdo el viaje en coche hacia el punto de concentración. La carretera era una auténtica marea de coches y motos. Y de senyeras. Cientos, miles de senyeras.

El posterior mitin, gigantesco -se habló de un millón de personas-, ya lo he contado en alguna otra ocasión. Con decir que Miquel Roca ejerció de izquierdista-separatista está todo dicho.

Alguna vez he evocado aquella fecha lamentándome del cambio que ha experimentado la vida política catalana: de la radicalidad de entonces a la hipermoderación de ahora; de la participación popular de entonces a la atonía de ahora... El propio Pujol parece confirmar ese análisis: ha pedido en su mensaje de este año a los catalanes que no dejen la defensa de la identidad nacional en las exclusivas manos de las instituciones. No cabe un más claro reconocimiento de la realidad de desmovilización popular que se vive en Cataluña.

Pero, tanto más lo pienso, tanto más sospecho del simplismo de ese planteamiento. Una sociedad no puede cambiar tanto en 25 años. Ni aquello debía de ser tan estupendo como parecía, ni esto debe de ser tan gris como parece.

Y, cuanto más rasco en la superficie, más datos aparecen que confirman esa sospecha.

Hoy sabemos que los mismos dirigentes políticos catalanes que hacían en 1976 proclamas incendiarias de cara a la galería estaban ya negociando con los herederos del franquismo la renuncia a la ruptura democrática a cambio de un Estatut de circunstancias.

Quisiera creer que, en contrapartida, bajo la apariencia de molicie y conformismo de la actual sociedad catalana, sigue latiendo el nervio de un pueblo capaz de movilizarse a fondo por sus derechos.

No lo creo porque sí. Conozco a bastantes catalanes que justifican esa esperanza.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/11 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: diario 2001 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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