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1997/12/27 07:00:00 GMT+1

El azar

Esta mañana he despertado filosófico y vagamente melancólico. ¿Por qué? ¿Quizá porque, cuando he abierto los ojos y puesto la radio, estaban hablando sobre la vejez? Ah, la vejez, ya tan cerca. Me consuelo como Chevalier: envejecer no está tan mal, sobre todo si se consideran las alternativas.

¿A qué mi estado de ánimo? Nunca ocurre nada porque sí. El azar no existe. Llamamos azar a las motivaciones que somos incapaces de aprehender. Si hoy, al borde ya del año nuevo, me pongo a divagar, en vez de escribir sobre Felipe González -digo, es un decir-, seguro que es por algo. O mejor: por un concurso complejo de algos que yo ignoro, pero que me empuja a ello fatalmente. ¿Por qué la bola corre por el borde de la ruleta y acaba en tal o cual número? Porque así lo determina la combinación entre la fuerza con que el croupier la ha puesto en movimiento y la velocidad con que la rueda gira hasta detenerse. Pero a ver quién es el guapo que calcula el resultado final de ambos impulsos... antes de que se produzcan.

Toda nuestra vida inteligente es un esfuerzo por conocer lo que, en realidad, nunca podremos conocer por entero. Napoleón dedicó ímprobos esfuerzos a estudiar el llamado arte de la guerra -más que nada porque no le gustaba perder las batallas-, y le fue, en general, bastante bien. Pero el día de Waterloo las hemorroides le pusieron tibio. No pudo estar a lo que tenía que estar, y le dieron sopas con honda. Se volvió extremadamente escéptico con respecto al valor de los planes. Cuando le preguntaban cuál era su modo de guerrear, contestaba: «On s'engage et puis on voit». Lo que, dicho en la lengua de Espartero, sería algo así como: «Uno se mete en el fregao y luego se las apaña». Ya ven: tanto estudiar para acabar fiando en la improvisación.

Envidio a quienes investigan y trabajan con máquinas, por muy complejas que sean. Las máquinas más complicadas son en realidad relativamente simples: por eso es posible hacerlas funcionar con visos de perfección. Quienes estudiamos las acciones humanas en su punto de mayor abigarramiento, esto es: los que nos dedicamos a analizar las relaciones sociales, lo tenemos mucho más crudo. Se funden en ellas un número tan elevado de determinaciones -muchas veces desconocidas, otras imposibles de conocer, porque se van presentado sobre la marcha- que cualquier predicción es pura osadía.

¿Adónde pretendo ir a parar? Ahora que lo pienso, quizá me haya metido en todo este razonamiento sólo para justificarme. Porque lo cierto es que hoy tenía previsto escribir sobre las posibilidades de éxito de eso que en Euskadi se ha dado en llamar el tercer espacio. Ya saben: lo de Elkarri, ELA y demás. ¿Avanzará? ¿Se irá al guano?

Me daba corte decirles que, tras haber estudiado el asunto a fondo, la conclusión a la que he llegado es que no tengo ni idea.

Pero no crean: hay que saber mucho sobre la realidad de Euskadi para tener la certeza de que puede acabar ocurriendo cualquier cosa.

Javier Ortiz. El Mundo (27 de diciembre de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de enero de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/12/27 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: el_mundo 1997 azar ela chevalier preantología euskal_herria elkarri euskadi | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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