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2001/12/02 06:00:00 GMT+1

Autoservicios

Quienes me conocen mejor sostienen la tesis de que me estoy volviendo cada vez más cascarrabias. No es verdad. Aunque eso me obligue a violentar mi natural tendencia a la modestia, debo dejar aquí constancia pública de que mi talante personal sigue igual de risueño, jovial, encantador y estupendo que siempre. Vaya, que soy lo que se dice un cielo.

Lo que pasa es que, con el paso del tiempo, he ido desarrollando cada vez más mi espíritu crítico. De joven, me disgustaban algunas cosas. Hace algunos años, muchas. Ahora, prácticamente todas.

No es culpa mía si la realidad resulta, tomada en su conjunto, una monumental acumulación de absurdos, desastres, estupideces y marranadas.

Hay que considerar también el hecho de que viajo mucho en coche. La conducción automovilística prolongada y solitaria proporciona condiciones muy favorables para la reflexión crítica. Preferentemente sobre algunas materias concretas. Una de ellas es la naturaleza humana (esto es, la imbecilidad humana, incluida la propia). Otra, el estado de la red viaria y su gestión.

Persona de acendrado sentido práctico y de frágil memoria, viajo llevando en el asiento de la derecha un pequeño aparato de cassette para, cuando se me viene a la cabeza una idea eventualmente explotable con fines literarios, dejar constancia de ella y recordarla a mi regreso. El nuevo Código de Circulación habla de teléfonos móviles, pero no dice nada de microcassettes, así que esta confesión no puede tomarse como autoinculpatoria.

Este último periplo mío por tierra vasca me ha resultado particularmente feraz en materia cassettística. Me he venido con el zurrón casi lleno. Iré explotándolo poco a poco.

La primera grabación contenida en mi mini-aparato dice lo siguiente (transcribo literalmente, respetando los errores gramaticales, las reiteraciones y las expresiones de dudoso gusto): «Comentario para una hipotética columna sobre autoservicios. Sobre autoservicios en general, pero muy específicamente sobre gasolineras de autoservicio.

»Vamos a ver: si se supone que me sirvo yo, se supone que usted se ahorra que haya una persona que me sirva. Y, si usted se ahorra una persona que me sirva, ¿por qué el precio de su gasolina es el mismo que el de la gasolinera en la que hay un señor que me sirve... o una señorita, o una señora? Entonces, si usted quiere pasar por algo que no sea exactamente ser un cabrón, un aprovechado de la mierda... lo menos que podría hacer es poner en la carretera un letrero que dijera "Gasolinera autoservicio". Y ponerlo con la suficiente antelación, porque puede haber gente que no se le ponga en las narices parar en esa estación de servicio porque... porque, primero, le jode quedarse con olor a gasolina en las manos... porque esos guantecitos que te ponen no dan ni para cagar...; segundo, porque le jode salir del coche con el frío del carajo que hace en estos tiempos... O sea, por muchas razones. Vale, pues que ves que pone "Gasolinera autoservicio", pues dices, "Hala, a la mierda, me voy a la siguiente". Pero es que, además, ¡joder!, lo menos que podrían hacer es decirte: "Gracias a que esta gasolinera es autoservicio, usted se ahorra 50 céntimos o una pela por litro"... Y entonces tú dices: "Vale, pues yo me convierto provisionalmente en trabajador de tu empresa y me descuento la parte proporcional de sueldo". Pero, ¡no señor! Primero, no te avisan; segundo, te metes y ya te encuentras con la mierda de que ya te has desviado, con lo cual el tiempo ya lo has perdido... porque casi siempre andas con prisas y ya has calculado: "Quiero estar para tal hora en el punto de destino"... con lo cual ya te han jodido la media de velocidad... y, cuando llegas, te encuentras con que es autoservicio y no te lo habían dicho, y además vale lo mismo que en cualquier otro lado... y con que luego tienes que irte al váter para lavarte las manos, para que no te huelan a gasolina... y luego a la caja de dentro, a pagar, y eso cuando les funciona el aparatito de la tarjeta de crédito, que ésa es otra... ¡O sea, que es de un jeta que te cagas, vamos, que es la hostia! ¿Y a qué mierdas se dedica la OCU? ¿Y el Estado? ¿Cómo no hay leyes que prohíban eso?».

A partir de ahí no vale la pena seguir con la transcripción, porque ya sólo se escuchan imprecaciones.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de diciembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/12/02 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: diario 2001 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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