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2001/04/06 06:00:00 GMT+2

Algunos días sería mejor saltárselos

No, pero, en serio.

Empecé ayer el día de buena mañana, como casi siempre. Escribí el apunte infra, me busqué la noticia del día... en fin, las cosas ésas que hago para la web. Acabé para las 7:45. Me dispuse a subir la actualización. Nada, que ni para tres; que la cosa del efetepé de mundofree no funcionaba. Me dije: «Bueno, estarán metidos en tareas de ésas de mantenimiento. Ya lo haré luego». Así que dejé la tarea a un lado y me dediqué a otras: escribí un artículo para la sección de Cultura de El Mundo, avancé en la preparación de una conferencia que tengo que dar dentro de un par de semanas en Las Palmas... y volví a la carga con el ftp de las narices. Que no, que ni pa'lante ni pa'tras. ¡No te fastidia que incluso me respondía que no estaba autorizado para entrar en las tripas de mi página!

Lo dejé porque se me hacía tarde. Tenía que vestirme «de señorín», que dice Charo -o sea, con traje y corbata-, porque estaba invitado a comer por Mariano Rajoy en el Ministerio del Interior en compañía de Javier Algarra y cuatro compañeros más de La Brújula. Empecé a sacar ropa de vestir para resolver el trámite protocolario cuanto antes. Con que cuanto antes, ¿eh? Oh, espanto: no me cabía ni un puñetero pantalón. No es que me quedaran apretados, no; es que no me cabían en absoluto. Como si fueran de otro. Y se ve que, en efecto, eran de otro: del Ortiz que se ponía trajes de vez en cuando y tenía una cintura 10 centímetros menor. Por fin conseguí enfundarme en un maldito pantalón de traje. De verano. Bueno, mira, no hay mal que por bien no venga. Por lo menos no pasaría calor.

Me las arreglé... para arreglarme y llegar más o menos puntual a la comida.

En cuanto a la comida propiamente dicha, sólo diré que empezó con algo que no sé muy bien qué era, pero que tenía verduras. Espinacas y cosas así. No lo probé, claro. El solomillo, pese a que insistí en que lo quería poco hecho, estaba pasado. La verdad es que no esperaba nada mejor de la cocina de la Policía.

El diálogo con el ministro resultó bastante protocolario. Me extrañó que hubieran pensado que era buena idea invitarme. En todo caso, cumplí con las previsiones que supuse habrían hecho y llevé la contraria al titular de Interior unas cuantas veces. Por cumplir, más que nada. Rajoy es un hombre cordial y me soportó con estoicismo.

Salí con la firme sospecha de que todos habíamos perdido el tiempo y me fui corriendo a recoger el coche del taller de reparaciones. Nada, sólo 110.000 pesetas. Estaba pagando la factura, próximo ya del llanto, cuando recibí una llamada de El Mundo. Me comunicaron que el director quería que prepare unas notas para hacer un editorial sobre el fenómeno Torrente. «¡Pero si ni siquiera he visto la película!», protesté. «Pues vete a verla», fue la respuesta, por otro lado previsible. «¿Y para cuándo queréis eso?», pregunté, temiéndome lo peor. «Para mañana». Justo lo que me temía.

Eché una ojeada a la cartelera. Si corría podía llegar a una sesión de media tarde. Lo hice. Y llegué. En maldita hora. ¡Qué pestiño! ¡Qué cutrerío! ¡Qué tortura! No es que ninguna de sus presuntas gracias me hiciera reír; es que no lograron arrancarme ni media sonrisa. Eso es infumable. El hecho de que esté suponiendo un éxito de taquilla no hizo más que ratificar mis peores suposiciones sobre el estado mental de la mayoría de los españoles.

Regresé a casa. El maldito ftp del maldito mundofree seguía cascado. Ya no aguanté más. Me abalancé sobre el teléfono y llamé para preguntarles amablemente a qué mierdas se dedicaban. No sabían que tuvieran nada averiado. Les invité a comprobarlo. «¡Ah, pues sí, pues es verdad!». Yupi, qué bien. 15 horas de avería y ni se enteran.

No, de verdad, decidme: ¿hay algo que justifique la existencia? Me fui a la cama con un cabreo de mil pares, bastante dinero menos, una seudopelícula más en la memoria y la conciencia de que me estoy poniendo como una foca.

Encima me llevé un chorreo porque por la mañana había puesto una lavadora con ropa mezclada y se destiñó una camiseta.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de abril de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/04/06 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: diario 2001 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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