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2000/09/19 06:00:00 GMT+2

Una década de paréntesis

A partir de 1985, aproximadamente, un sector de la Prensa española dejó de jalear la política del Gobierno de Felipe González en materia de derechos y libertades. Este paulatino pero firme cambio de actitud de algunos medios de comunicación se reflejó en la puesta en cuestión cada vez más neta de la política del PSOE en relación a la llamada cuestión vasca: empezaron las preguntas en voz alta sobre la implicación del Ejecutivo en el asunto de los GAL -algo que algunos veníamos denunciando desde la aparición en escena de esas siglas-, se criticaron con dureza los aspectos más claramente vulneradores de los derechos y libertades constitucionales incluidos en la nueva legislación antiterrorista, se puso a caldo la chapuza de las negociaciones de Argel y los posteriores intentos de acabar con ETA por vías exclusivamente policiales...

En resumen: cierta Prensa -ya que no la Prensa- adoptó una posición de estricta vigilancia de los tejemanejes del Poder. De vigilancia permanente y generalizada. De desconfianza y de recelo constantes.

En mi criterio, ésa es la posición que debe hacer suya la Prensa crítica. Siempre. Frente a cualquier Gobierno. En toda circunstancia.

En algunos casos, esa actitud tendrá más materia en la que volcarse; en otros, menos. Pero la actitud, la predisposición crítica, debe ser siempre igual de firme.

Es en ese sentido en el que mejor cabe hablar de la Prensa como "cuarto poder". La separación de poderes en el Estado de Derecho tiene por función más noble y de mayor utilidad pública la de organizar la desconfianza mutua entre los tres poderes del Estado -el ejecutivo, el legislativo y el judicial-, para que ninguno de ellos se exceda de sus atribuciones. Al "cuarto poder" le corresponde la tarea social de vigilar a "los otros tres" desde fuera del aparato del Estado.

Durante la década 1985-1995, hubo en España una Prensa que actuó así. Y fue interesante, porque empezó a crear las condiciones para el desarrollo de una opinión pública exigente en materia de principios y hostil al más nefasto de los fundamentos ignacianos: el que pretende que el fin justifica los medios.

Fue un espejismo. Se fue González, llegó Aznar, la presunta "Prensa crítica" bajó la guardia -o la licenció, directamente- y ya estamos de nuevo instalados en el mundo de las unanimidades, del amén a cuanto haga el Gobierno, en el "conmigo o contra mí" y en el "algo habrá que hacer" como justificación de cualquier cosa. Está claro que hubo bastantes periodistas que se pusieron el disfraz ético y garantista porque vieron que era estético y rentable a la hora de combatir al Gobierno de González, pero que muerto el perro, se acabó la rabia. Y los que nos mantenemos en las mismas somos mirados con recelo, si es que no con abierta repugnancia (a saber qué pretendemos y al servicio de que oscuras causas actuamos).

Algunos ejemplos muy recientes.

Uno. Hace poco, un conocido periodista, como de pasada y sin darle mayor importancia, dio datos que revelan que el ministro del Interior hace planes a medias con el juez Garzón, que está actuando en la práctica como auxiliar del Ministerio del Interior. ¿Qué clase de separación de poderes es ésa? ¿Cómo va a vigilar así el juez la actuación de la Policía, para que se atenga a las leyes? ¿Por qué nadie denuncia esa extraña colusión, contraria a los principios del Estado de Derecho?

Dos, y con el mismo juez de por medio. Expertos juristas consultados por la Prensa en relación con el auto de Garzón contra el grupo Ekin han admitido en privado que se trata de un texto directamente infumable: que algunas de las imputaciones que hace son absurdas y las demás, genéricas: Garzón sostiene que ese grupo ha hecho esto y lo otro, pero no especifica quién lo ha hecho, ni cuándo, ni dónde, siendo así que la responsabilidad penal ha de ser siempre individualizada. Auguran que ese sumario acabará naufragando por completo. ¿Qué periódico lo ha dicho?

Tres. Se ha publicado, sí, pero como "columna arrinconada" que diría Blas de Otero, que el ministro del Interior envió hace poco una delegación de su departamento a hablar con Enrique Rodríguez Galindo. ¿Qué clase de gestión fueron a hacer? ¿Es cierto que GAL-indo, como se cuenta en los mentideros de la Villa y Corte, ha tenido una participación activa en la última operación anti-ETA? ¿Por qué no se está investigando eso?

¿El periodismo de denuncia y de investigación? Fue bonito mientras duró.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de septiembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de septiembre de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/09/19 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: periodismo felipismo baltasar_garzón aznarismo diario eta psoe felipe_gonzález 2000 gal euskal_herria galindo ddhh aznar euskadi | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Pues si la instrucción fue una chapuza, que lo fue, qué no decir del proceso y de la sentencia, donde hubo ocasión de corregirla, o mejor, anularla. Clara muestra, una más, de cómo está la justicia en eso que llaman España. Y otro motivo, uno más, para que queramos desligarnos de una puta vez de eso que llaman España.

Escrito por: Txema.2009/09/15 11:46:29.442000 GMT+2

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