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2001/11/06 06:00:00 GMT+1

Prestidigitación económica

España no va bien. Baja la tasa de crecimiento y crece espectacularmente el paro. ¿La culpa? Lo oigo decir a todas horas: de la crisis internacional.

Es un fenómeno singular que caracteriza al Gobierno de Aznar desde su nacimiento: todo lo bueno que ocurre es cosa suya; todo lo malo, culpa ajena o, alternativamente, producto de la fatalidad.

El asunto, de todos modos, desborda los límites españoles. Estamos ante una crisis internacional que no procede de ningún lado. Todos los gobiernos del mundo, sin excepción, culpan a «la crisis internacional». Ninguno admite la menor responsabilidad. ¿Dónde residirá entonces lo «internacional»? ¿Vendrá de otra galaxia?

Las materias económicas son particularmente propicias a la prestidigitación y el camelo.

La Economía pasa por ser una ciencia compleja. No sé por qué. En primer lugar, no sé de dónde saca su pretensión de ser una ciencia. El índice de error de sus supuestos especialistas no parece avalar semejante pretensión. En segundo lugar, tampoco le veo la complejidad por ningún lado. La economía real sí es muy complicada: influyen en ella demasiados factores, muchos de ellos difíciles de predecir, cuando no directamente impredecibles. Pero lo que no tienen nada de complicado son los rollos de los economistas con mando en plaza. Tienden a utilizar un lenguaje críptico y oblicuo, pero lo que finalmente dicen, si lo despojamos de su hojarasca verborreica, suele ser de una sencillez apabullante. Además da igual, porque, suceda lo que suceda, ellos siempre proporcionan las mismas recetas. ¿Que la economía está en expansión? Hay que contener los salarios «para sacar el máximo rendimiento a todas las potencialidades de la coyuntura». ¿Que está en recesión? Hay que contener los salarios «para no sucumbir a los riesgos inflacionarios». ¿Que ni fu ni fa? «En una situación tan fluida y cambiante, sería gravemente peligroso que los salarios entraran en una dinámica de crecimiento irracional».

Ayer escuché por la radio una frase, atribuida al Banco de España, que me pareció fascinante: «Los salarios no deben caer en la tentación de acomodarse a aumentos transitorios de los precios». Analicemos el texto. 1º) ¿Puede un salario sentir tentaciones? Yo pensaba que eso estaba reservado a los humanos. 2º) ¿Cómo saben ellos que tal o cual aumento de precio es transitorio y tal otro no? La experiencia no respalda esa hipótesis: son las rebajas de precios, por lo demás muy poco frecuentes, las que resultan siempre transitorias.

Traduzcamos la frase al román paladino: «Los trabajadores deben resignarse a perder capacidad de compra».

Comprendo que, soltado así, queda francamente antipático, pero mira que le echan cuento para decirlo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de noviembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/11/06 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: diario 2001 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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