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2004/08/17 06:00:00 GMT+2

Más iguales

Pongo la radio mientras me dedico al rutinario aseo personal.

-Hay decisiones políticas tan trascendentales que no se pueden tomar por la mitad más uno de los votos -afirma un comentarista.

Le respondo maquinalmente, afanándome en el rasurado.

-¡Ajá! De modo que lo correcto es seguir la vía opuesta, igual de trascendental, aunque ésa sea la voluntad de la mitad menos uno de los votantes.

Cambio de emisora:

-Ibarretxe debe renunciar a su plan -sostiene el de turno- porque divide a la sociedad vasca.

Le respondo:

-¿Conoces tú alguna votación que no exprese la división de la sociedad? ¡Todas lo hacen, por definición! ¡Si no, no haría falta votar!

Tercera emisora:

-Para reformar la Constitución, sería necesario obtener por lo menos el mismo consenso que se logró para aprobarla.

Mi cabreo empieza a amargarme la mañana:

-Pues no, señor. Para cambiar la Constitución hay que reunir los requisitos que señala la propia Constitución. ¡Eso es todo!

El capricho de los argumentos se hace norma en nuestra sociedad. Lo que vale para unos no vale para otros.

Reparo en los comentarios sobre el referéndum de Venezuela y compruebo que, mientras nadie critica que los USA designen a su presidente -que acaba siendo el presidente fáctico del mundo entero- en una votación patética, con una participación que da vergüenza, y todos los comentaristas lo denominan pomposamente «el presidente de los Estados Unidos de América», en vez de definirlo como «el candidato al que no votó la inmensa mayoría de los ciudadanos de su país», en Venezuela obtienes la mayoría absoluta rebasando en casi veinte puntos al conjunto de tus rivales y te conviertes en «el discutido presidente de una Venezuela dividida en dos mitades». Y tienes una oposición que no acepta el resultado de las urnas (¡por octava vez ha perdido y por octava vez lo niega!) y que utiliza los medios, que detenta casi en exclusiva, para hacer llamamientos delictivos a la insurrección, y has de soportar que un engominado político extranjero, español para más señas, te diga que tú eres quien debe «esforzarse especialmente» en la reconciliación.

No me gusta el estilo pomposo y las continuas referencias a la divinidad que caracterizan los discursos de Hugo Chávez. Pero, en primer lugar, no es a mí a quien deben gustar. En segundo término, las arengas de sus rivales son peores con diferencia, porque añaden a su engolamiento casposo un trasfondo oligárquico que asusta oírlo. Y tercero: no veo por qué ha de ser lógico tildar de «grotescas» las referencias de Chávez a Dios y guardar respetuoso silencio cuando Bush dice que se presenta a las elecciones porque Dios se lo ha pedido. ¡Porque lo ha dicho!

Tanto más sigue la Historia su curso, tanto más los hombres nos parecemos a los animales de Orwell: todos somos iguales, pero algunos muchísimo más iguales que otros.

Javier Ortiz. Apuntes del natural (17 de agosto de 2004) y El Mundo (18 de agosto de 2004). Hemos publicado la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 25 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2004/08/17 06:00:00 GMT+2
Etiquetas: elecciones chávez apuntes usa bush radio 2004 referéndum venezuela el_mundo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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