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1997/08/27 07:00:00 GMT+2

José Augusto de Vega

Pocos esfuerzos le habrán resultado tan rentables al PSOE como el que realizó el año pasado para lograr que José Augusto de Vega fuera nombrado presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Hubo más de un ingenuo que no entendió que se designara para ese puesto a un juez que estaba a un tiro de piedra del retiro. No sabían que, como muy bien subrayó con relación a otras historias el actual vicepresidente para Asuntos Económicos, Rodrigo Rato, «para algunos, un año es solo un año pero, para otros, un año son doce meses». José Augusto de Vega aprovecha el tiempo como pocos. En el corto espacio que lleva en el cargo, ha sido pieza clave en la decisión de no llamar a declarar a Felipe González por el caso GAL, en la de exculpar a Narcís Serra por el llamado informe Crillón, en el rechazo del sumario por el uso ilegal de fondos reservados del Ministerio del Interior en tiempos de Barrionuevo y Corcuera... y ahora, en la anulación del acta de acusación del PP contra Galeote y otros imputados en el caso Filesa. Como diría Pedro Osinaga, en frase no menos feliz que la de Rato: «No está nada mal, no está nada mal».

José Augusto de Vega proclamó hace un par de años: «Me siento liberal y progresista». Y no digo yo que no sea así. Tal vez sea liberal y progresista cuando se sienta. Pero, cuando ya lleva un cierto rato sentado, nada le impide retornar a las querencias de los tiempos en que llevaba una banderita de España en la correa del reloj, como solían hacer ciertas personas de ideología asaz caracterizada. Aunque tal vez tuviera tal costumbre por un hábito adquirido durante los muchos años en que, ejerciendo como juez bajo el franquismo, se vio obligado a disimular su verdadero talante, netamente liberal y progresista. Y a fe que lo disimuló bien: nadie se apercibió de que lo tuviera.

También dijo no hace mucho: «En mi despacho nunca ha entrado la política». He aquí otro aserto que tampoco le discutiré, sabedor como soy de que la política, como tal, no se desplaza. Otra cosa son los políticos. Estos, además de visitar despachos, tienen teléfonos. Como aquel que usó Juan Alberto Belloch el día en que De Vega discutía con sus compañeros del Supremo sobre el asunto de los fondos reservados, tratando de persuadirles de que no había delito alguno de por medio. Entró en la sala un ujier y le dijo: «Perdone, don José Augusto. Le llama el ministro de Justicia: quiere saber si sigue esperándole...».

Antes de que concluya su paso fugaz pero intenso por la Presidencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, José Augusto de Vega tiene por delante otro reto más: presidir el juicio por el caso Marey. De su extrema habilidad para tratar la jurisprudencia y desenvolverse en las turbulentas aguas procesales cabe esperarlo todo. A mí, lo que es, no me extrañaría lo más mínimo que acabara estableciendo que Segundo Marey nunca existió. Que ha sido otra invención más de la prensa amarilla.

Javier Ortiz. El Mundo (27 de agosto de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de agosto de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/08/27 07:00:00 GMT+2
Etiquetas: justicia el_mundo 1997 felipismo filesa gal preantología marey | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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