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2000/11/23 06:00:00 GMT+1

Ernest Lluch (2)

Viene de aquí: Ernest Lluch.

El apunte de ayer en mi Diario me ha procurado una nutrida correspondencia. He recibido algunos mensajes de conformidad con lo escrito y otros -los más-, críticos. Todos, empero, racionales, argumentados, serios. A la altura de las circunstancias.

Desde Bilbao, un amigo se muestra disconforme con mi balance de la trayectoria política de Lluch. Me reprocha particularmente el laconismo de mi referencia a su actitud positiva en relación a la solución negociada del conflicto vasco. Me explica que no sólo en las tertulias de la cadena Ser, sino también en las de Radio Euskadi, Lluch manifestó siempre una posición de profundo respeto hacia el nacionalismo vasco.

He leído también que se expresó en varias ocasiones en términos muy considerados hacia las demandas de reconocimiento del derecho de autodeterminación. Eso me hizo recordar que a finales de los 70 dimitió de una portavocía parlamentaria para manifestar su disconformidad con el espíritu de la LOAPA, por entonces en gestación. Me he enterado también de que en octubre se adhirió a Elkarri. Todo ello configura una actitud sobre este particular que, ciertamente, no se merecía una referencia tan fugaz y displicente como la mía.

No es el único apunte biográfico que me han matizado. Otra amiga, buena conocedora de la historia de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo -ha trabajado en ella durante muchos años-, me dice que la monopolización de los cursos de verano de Santander por parte del felipismo no fue obra de Lluch. Según ella, tomó cuerpo durante la etapa del anterior rector, Roldán. Reconoce, no obstante, que Lluch no enmendó esa trayectoria en modo alguno. Apunta que, de todos modos, el ex ministro tuvo un trato afable y considerado con los trabajadores de la UIMP.

También me han apuntado datos en sentido opuesto. Un veterano lector de mi Diario asegura que Lluch opositó a su cátedra, y la obtuvo, cuando aún era ministro.

A decir verdad, yo no traté de hacer el balance de la biografía de Lluch, sino tan sólo de explicar por qué no contaba con mis mayores simpatías. Pero comprendo que eso no excusa la unilateralidad de mis referencias.

Otro lector cree que no es éste el momento más oportuno para recordar los aspectos discutibles de la trayectoria del personaje. Y otro más se pregunta si no es éticamente problemático criticar a alguien que ya no puede defenderse.

Sobre esto último me veo obligado a replicar que todas mis críticas a Lluch se las dirigí -y en términos realmente mucho más severos- en vida y en la plaza pública, en un artículo publicado en El Mundo, después de que él lanzara acusaciones sin fundamento contra mí, también en público. Le reproché su transfuguismo, su infidelidad a la causa del derecho al aborto y los excesos de su fidelidad felipista. Entonces él fue libre de contestarme para desmentir mis afirmaciones, pero rehuyó la polémica, después de haberla iniciado.

Pero es la otra consideración antes mencionada la que me interesa más: ¿es realmente impropio señalar los aspectos oscuros de la biografía de un muerto? He defendido desde hace mucho que no, y seguiré defendiéndolo mientras no me den argumentos superiores en contra. El panegirismo es un género que se debe circunscribir a los actos relacionados con las exequias fúnebres, en los que la incondicionalidad es comprensible. Los que nos dedicamos a opinar tenemos el deber superior de respetar a quienes nos leen: tenemos que decirles lo que pensamos realmente.

En el caso de los asesinatos por ETA, creo -no insistiré en ello: ya lo expliqué ayer y no quisiera repetirme demasiado- que es incluso conveniente señalar que no nos oponemos a ellos porque pensemos que han acabado trágicamente con la trayectoria vital de personas excelsas, sino porque se trata de crímenes abominables, sea la víctima quien sea y tuviera las virtudes y los defectos que fuera.

Se trata de un juicio moral al que hay que despojar inicialmente, como paso previo, de cualquier otra consideración, sea personal o política.

Así lo veo yo, al menos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de mayo de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/23 06:00:00 GMT+1
Etiquetas: preantología cataluña panegirismo diario 2000 eta euskal_herria ernest_lluch euskadi | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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