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1992/08/10 07:00:00 GMT+2

Ante la muerte de Jesús Ibáñez

De las muertes de estos días, me ha impresionado sobre todo la de Jesús Ibáñez. Traté con él bastante más que con Fernández Ordóñez, sus ideas me resultaban mucho más cercanas y estábamos también más próximos generacionalmente.

Todo el mundo ha resaltado el buen talante, la afabilidad y la fina cortesía de Fernández Ordóñez. Son virtudes que me temo que están ligadas no sólo al modo de ser natural de cada cual, sino también al grado de satisfacción que se tiene con respecto a la realidad circundante.

En términos generales, Fernández Ordóñez vivía en la sociedad que le gustaba: él mismo contribuyó a forjarla. En cambio, Jesús Ibáñez fue un hombre profundamente disgustado con la realidad y no tenía ningún inconveniente en que se le notara. Por lo demás, le importaba un bledo caer bien. El hecho de trabajar en la Universidad y de chocar a diario con su irracionalidad, sus imposibles, sus mezquindades y sus capillas contribuía a alimentar considerablemente sus convicciones hostiles al sistema de organización social capitalista, en general, y a su variante española, en particular.

Ibáñez formaba parte del admirable sindicato de los resentidos sociales, que se caracteriza no sólo por pensar que todo está mal, sino también por cabrearse con todo lo que está mal y negarse a aceptarlo, ni siquiera como fatalidad. Hace poco recibí una nota suya.

Me echaba un chorreo reprochándome no prestar ninguna atención a sus artículos -falso- y anunciándome que no me mandaría ninguno más -lo que ha acabado por resultar desgraciadamente cierto-. Ibáñez, como casi toda la gente decente que conozco, era un cascarrabias.

Albiac -otro cascarrabias- ha rendido ya homenaje a Jesús Ibáñez en estas mismas páginas reflexionando en términos filosóficos sobre la vida y la muerte de los que valen la pena, dicho sea en el más literal sentido de la expresión. A mí sólo se me ocurre añadir una reflexión más, que ni siquiera es mía. La hizo en voz alta alguien, hace unos años, en el funeral de otro amigo: «Vaya -dijo; está empezando a morirse gente que antes no se moría».

Es estrictamente cierto. Hace años, cuando éramos jóvenes los que formamos la llamada «generación del 68» -ahora sospechosamente mitificada, mixtificada-, sólo se morían, salvando accidentes de recorrido, los mayores. Se ve que los mayores empezamos a ser nosotros, y nos toca empezar a morirnos. Jesús Ibáñez, como tantas veces en tantas cosas, se nos ha adelantado.

Ibáñez fue enterrado ayer en el cementerio civil de La Almudena, en Madrid. Si descansa en paz, puedo asegurarles que será muy a su pesar.

Javier Ortiz. El Mundo (10 de agosto de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de agosto de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/08/10 07:00:00 GMT+2
Etiquetas: 1992 el_mundo obituario jesús_ibáñez preantología muerte | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

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