2003/09/14 06:15:00 GMT+2
Ayer me permití una travesura.
Descubrí que la Real jugaba en Santander y, como estoy pasando el fin de semana en la capital de Cantabria, decidí ir al estadio a ver el partido. Así que me planté en eso que llaman, Dios sabe por qué, los campos de Sport del Sardinero (curioso plural, porque, por más que uno mire aquello, sólo se ve un campo).
Lo que más me gustó de la Real Sociedad de esta temporada fue su hinchada. Los forofos realistas se comportaron con educación exquisita. Animosos, pero sin ofender a nadie. Incluso, cuando los altavoces anunciaron que se iba a guardar un minuto de silencio en homenaje a no me enteré qué fallecido, se pusieron todos en pie y mantuvieron el silencio con todo el respeto del mundo. Bien por ellos.
Uno llevaba una bandera palestina. Me sorprendió. Luego me enteré de que el Rácing tiene un jugador israelí.
Experimentado de antiguo en campos de fútbol foráneos visitados por la Real, había tomado medidas de protección. Una: me llevé una pequeña radio digital con auriculares, para no oír a los vocingleros de mi entorno. Los oí de todos modos, pero muy en segundo plano. Gracias a mi lejanía auditiva, pude mantener durante todo el partido una sonrisa beatífica que, según comprobé rápidamente, desconcertó a bastantes de los que me rodeaban: como no aplaudía nada, ni de la Real ni del Racing, debieron de pensar que era otro coreano más, pero operado de los ojos.
Segunda medida astuta: consciente de las deficiencias de mi vista, me proveí de unos binoculares –soviéticos, por cierto– que me permitieron seguir con todo detalle las jugadas, incluidas las más problemáticas. El personal de mi entorno, apreciada la calidad de mi infraestructura, acabó mirándome cada vez que ocurría algo conflictivo, para ver qué cara ponía tras verlo por los prismáticos y escuchar lo que decían en la radio. Sólo lograban comprobar que yo sonreía invariablemente del modo más inexpresivo y menos comprometido que me era dado.
Ganó la Real 0-1. No hizo gran cosa. Me pareció un equipo organizado y aseado, sin más. Varios de sus mejores jugadores se quedaron en casa, reservándose para el partido de Liga de Campeones que juega el miércoles próximo.
Al Rácing lo vi incapaz de meterle un gol al arco iris, que decía el otro.
Cuando dejé el estadio, oí unas declaraciones del entrenador del Rácing, Lucas Alcaraz, que me llenaron de satisfacción. Dijo: «En el fubo, el tema de los goles (sic) es muy importante».
Es lo que tienen los expertos: pueden ilustrarnos con su sabiduría.
Llevaba algo así como quince años sin pisar un estadio de fútbol y, si bien reconozco que es el mejor modo de ver un partido –sobre todo si tienes asiento de tribuna central–, creo que tardaré bastante en volver.
Siempre me ha puesto de los nervios la ausencia total de objetividad de la mayor parte de los espectadores, sus gritos bobos y sus groseros insultos. Pero ahora no es eso lo que más me echa para atrás. Lo que más me reventó ayer es que, además, fuman puros. Puros enormes. Puros apestosos.
No creo que acuda de nuevo a un estadio hasta que prohíban que se fume en las gradas. O, por lo menos, hasta que se establezcan zonas de no fumadores.
Quién me lo iba a decir.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (14 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/14 06:15:00 GMT+2
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2003/09/14 06:00:00 GMT+2
El FBI ha enviado a la Audiencia Nacional española dos informes en los que se dice que, con los materiales requisados a los argelinos que fueron detenidos en Barcelona y posteriormente excarcelados, podría fabricarse «napalm casero». A partir de eso, se ha reabierto el sumario que inició Garzón.
¿Es crasa ignorancia o mala fe pura y simple? Todos los que participamos en la kale borroka de los años 60, ahora pomposamente llamada la revolución del 68 -que ni se limitó al 68 ni constituyó ninguna verdadera revolución-, sabemos que la mezcla de gasolina, ácido sulfúrico y detergente, que es la más temible de las variedades del cóctel molotov, funciona como «napalm casero». Incluso sin ácido sulfúrico, la gasolina mezclada con detergente también hace muy bien las veces de «napalm casero», porque el detergente favorece que el combustible se pegue a lo que sea y sea mucho más difícil de apagar.
Quiere decir esto que no ya los detenidos de Barcelona: cientos de miles de personas, millones, en toda España, cuentan en sus casas con los elementos con los que cabe fabricar «napalm casero». Basta con que usen gasolina, como quitamanchas o como combustible, y con que utilicen detergente para lavar la ropa.
Es posible que Garzón o cualquiera de sus colegas de la Audiencia Nacional no sepa esto -los hay que gozan de una ignorancia multifacética, prácticamente enciclopédica-, pero no me creo que los especialistas del FBI emitan un informe como ése sin ser conscientes de que están haciendo trampa, abusando de la ignorancia del personal en materia de química aplicada.
¡«Napalm casero»!
Lo que le pasa al FBI -me barrunto- es que recuerda el papelón que hizo Colin Powell hace unos meses en televisión, con el puntero delante de la pizarra, explicando las muchas ramificaciones que tiene la red de Al Qaeda all over the world y citando con gran solemnidad «la célula española». Sospecho que el FBI quiere embarullar las cosas lo más posible, para sembrar la duda y salvar la cara de su patrón. Porque, si no fuera así, habría aclarado en su informe que esos componentes, que podrían servir para fabricar «napalm casero», están presentes en las alacenas (del árabe al-jazena, bien es verdad) de muchísimos hogares de toda España.
Es como afirmar que quien posee un viejo reloj despertador cuenta con un instrumento que permite fabricar una bomba de relojería. Por supuesto. ¡Pues vaya una novedad! De hecho, yo, allá por los finales de los 60, tenía un despertador al que le añadí un mecanismo idéntico al que se usa para las bombas de relojería. Sólo que mi reloj lo que hacía era... conectar la radio para que me despertara por la mañana con las noticias. Ahora reprochan a alguno de los detenidos haber manipulado relojes digitales. ¿Y quién les dice -caso de que sea cierta la acusación- que no estaba trabajando en alguna idea del estilo de la mía?
¡Menos mal que hace treinta años Garzón todavía no era juez! Habría sido capaz de procesarme como miembro prominente de la rama vasca de Al Qaeda.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (14 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/14 06:00:00 GMT+2
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2003/09/13 07:00:00 GMT+2
Para Rosanne Cash, con mi más sincero pésame
«Hay algunos que especulan con mi edad...», dijo Francisco Franco en no me acuerdo ya qué decrépito, balbuciente, casi inaudible mensaje navideño, prácticamente póstumo. Y siguió, con un hilillo de voz: «...Pero yo me siento más joven que nunca para empuñar con mano firme la nave del Estado».
Hasta algunos franquistas -los menos insensibles- sentían vergüenza.
Al final de su vida, aquel personaje cruel y sanguinario, odiado y odioso, daba pena. Se caía a trozos, pero se aferraba como un poseso al poder. Era patético.
Pero ese largo e impúdico viacrucis no fue sólo cosa suya. Quienes le servían de coro interesado lo jaleaban. Hasta tuvo un yerno que se dedicó a fotografiarlo mientras agonizaba, para vender luego las instantáneas.
Juan Pablo II es, como Franco, jefe vitalicio de un Estado que no se atiene a criterios de democracia.
Entre el uno y el otro hay diferencias y parecidos.
La diferencia principal es que el todavía Papa no obliga a nadie a ser súbdito de su régimen. Tampoco fusila a los que le salen díscolos.
Pero tampoco podemos desdeñar los parecidos.
Da verdadera pena este hombre trémulo, terminal, casi inmóvil, arrastrado, sin apenas signos de vida, al que vimos anteayer a su llegada a Bratislava. Es obvio que ese anciano irremisible, que tardó más de 20 minutos en ser bajado del avión y que fracasó en la locución de un sencillo mensaje tan breve como burocrático, no está para ningún trote. Para ninguno. Pese a lo cual, lo van a llevar de aquí para allá durante varios días. Y luego lo meterán en otros fregados, algunos de ellos comunitarios.
La tentación -que también las hay, incluso cuando se trata de tan pías figuras- es imaginar que la burocracia vaticana se está aprovechando cruelmente del anciano para sus propios fines. Que lo tienen en pie -o como sea- del mismo modo que los otros hicieron cabalgar al Cid en Valencia, para sostener el tinglado.
Pero no es así. Es decir: sí es así, pero no en lo esencial. Un esperpento como ése sólo puede representarse cuando el protagonista está firmemente empeñado en representar el papel. Y cuando, si él se empeña en hacerlo, nadie tiene poder para quitárselo. Que aquellos que lo rodean estén por la labor, o la aplaudan, es condición necesaria, pero no determinante.
Karol Wojtyla hace lo que cree que debe hacer. Del mismo modo que Franco hizo hasta sus últimos y trémulos pasos lo que creyó que le correspondía.
El dictador español hizo inscribir en las monedas, bordeando su efigie: «Caudillo de España por la Gracia de Dios». De eso se trata, en ambos casos.
Javier Ortiz. El Mundo (13 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de junio de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/13 07:00:00 GMT+2
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2003/09/13 06:00:00 GMT+2
Comenta Ramón Pi en un diálogo radiofónico: «Fíjate, el 11 de septiembre cuántas desgracias se conmemoran, y en cambio el 13, que se supone que es la fecha de la mala suerte, ninguna...».
«¡Serás tú el que no tiene ninguna desgracia que evocar!», le respondo mentalmente.
El 13 de septiembre de 1936 las tropas de Franco entraron en San Sebastián. Fue de las primeras capitales del norte que cayeron en manos de los facciosos. Se encargaron de la faena, en lo esencial, los Tercios de Navarra, requetés.
Donostia cayó tan pronto bajo el control franquista que ni siquiera tuvo tiempo de regirse por el Estatuto de Autonomía, que se promulgó en octubre.
Durante muchos años –los que más marcan: los infantiles y adolescentes– me tocaba pasar a diario varias veces por la Plaza del 13 de Septiembre de San Sebastián. La plazoleta, al pie del edificio «La Equitativa», junto al río Urumea, tenía un pequeño monumento con una lápida que recordaba el acontecimiento. Allí, en un primer piso, estaban las oficinas de Gestoría Ortiz, el negocio de mi padre.
A ras de suelo había una tienda de fotos, «Jomar», en la que nos hicimos retratos durante muchos años todos los miembros de la familia. Con el tiempo, la hija del dueño se casó con un atildado teniente de los grises que no levantaba cuatro palmos del suelo y que se encargaba de dirigir la represión de las manifestaciones. «El tenientillo», lo llamábamos. Desde que Jomar -José Martínez, supongo que se llamaría– aceptó a aquella pieza como yerno, no volví a entrar en su tienda. Ni yo ni mucha otra gente.
En frente, haciendo esquina, había una tienda de coches. No sé por qué, guardo en la memoria el recuerdo del escaparate de esa tienda exhibiendo un Gogomóvil, que fue el primer coche utilitario de fabricación española (el primero con techo y marcha atrás, quiero decir, porque ya hacía tiempo que circulaba el Biscúter, que venía a ser algo así como una moto con asientos de automóvil). El Gogomóvil era tan pequeño y liviano que no había problema para subirlo a la plataforma de un escaparate.
Tardé algunos años –tampoco tantos– en identificar el nombre de aquella plaza, tan familiar para mí, con la fecha de una desgracia colectiva. Pero, desde que lo hice, no dejé de pensar en el gozo que representaría para mí la destrucción de la odiosa lápida colocada en su centro.
Alguien se la cargó en los primeros 70, pero volvieron a colocarla.
Fue tras la muerte de Franco cuando desapareció. Para siempre (de momento).
Ahora se llama Plaza de Euskadi.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (13 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/13 06:00:00 GMT+2
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2003/09/12 06:00:00 GMT+2
Día apretado, el de ayer.
A primera hora, desplazamiento de Bilbao a Vitoria.
De entrada, largo encuentro con el lehendakari Ibarretxe. Somos 18 periodistas y contertulios de Radio Euskadi. A algunos es la primera vez que los veo; otros son ya viejos conocidos.
Noto a Ibarretxe más ducho a la hora de expresarse. Incluso se permite alguna broma, aunque de humor negro: «Nuestras posibilidades de éxito -dice- son, si hacemos las cosas bien, muy pocas».
Hay aspectos noticiables en lo que nos cuenta, pero tampoco demasiados. Lo más chocante, quizá: el famoso borrador del «plan Ibarretxe» que filtró el diario ABC no era un borrador del plan, sino un collage de varios documentos hecho por terceros. Un montaje, dicho sea en el sentido más literal del término.
Luego, en un hotel, aperitivo y comida con representantes del tripartito. Dos por cada partido: Joseba Egibar y Emilio Olabarria, por el PNV, Rafael Larreina y Onintza Lasa, por EA, y Óscar Matute y Antxon Carrera, por EB-IU. Durante el aperitivo charlé, sobre todo, con Olabarria. Es excelente conversador y tiene muy buen sentido del humor. En la comida departí más con Antxon Carrera, con el que mantengo desde hace tiempo una buena relación de amistad.
Las parrafadas oficiales corrieron a cargo de Larreina, Egibar y Matute.
Comparativamente muy joven para lo que se estila en la vida política vasca, Óscar Matute se expresa muy bien y con mucho aplomo. Lo conocí hace meses, cuando pasé por Bilbao para dar una charla organizada por las juventudes de Ezker Batua. Pasa por tener muy buena sintonía con Madrazo.
Los otros dos son suficientemente conocidos.
Larreina me hizo sonreír con algo que dijo al arranque. Contó que, cuando bajó a comienzos de mes de la montaña en la que había pasado las vacaciones y cogió un periódico, tuvo la sensación de estar leyendo el mismo periódico de veinte días antes. Me hizo gracia eso de «bajar del monte»: tratándose de ellos, siempre hay alguien que especula con lo contrario.
Egibar estuvo cáustico y directo, según su estilo. No le vi demasiado a gusto con el rumbo que están tomando las cosas, pero tampoco precisaré más, para respetar el off the record y porque esto, a fin de cuentas, no es una crónica política. Los periódicos cuentan que ha quedado descartado como sustituto de Arzalluz, cuando el de Azkoitia deje la Presidencia del PNV.
Hasta ese punto del día, la cosa resultó interesante, distendida y, a ratos, hasta divertida.
No puedo decir lo mismo del resto de la larga jornada.
Por la tarde tuvimos encuentros con Rodolfo Ares, portavoz del PSE-PSOE, y luego con Carmelo Barrio y Carlos Urquijo, del PP. A razón de un par de horas por partido. Era obvio que ni el uno ni los otros se sentían a gusto con nosotros y -tal vez por eso, o porque están programados para actuar así- todas sus respuestas se mantuvieron dentro de los guiones respectivos, que les hemos oído recitar mil veces. A Ares no le dirigí ninguna pregunta. A Barrio y Urquijo me vi obligado a hacerles un par de precisiones, aunque muy breves. La verdad es que no es demasiado útil escuchar a políticos de segunda regional decir lo mismo que sus jefes de Madrid, sólo que más torpemente. Para lo único que vale la pena es para hacerse una idea de cómo son los políticos de segunda regional.
Lo más interesante de las cuatro horas de la tarde fueron algunas intervenciones de mis acompañantes contertulios, agudas y bien fundamentadas.
De regreso a Bilbao, agradable cena con Fernando López Agudín, Joan Guitart y su mujer.
Esperaba -lo confieso- un día bastante peor.
Ventajas que tiene el pesimismo.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (12 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/12 06:00:00 GMT+2
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2003/09/11 06:00:00 GMT+2
Con un recuerdo muy especial para el pueblo de Chile, para el pueblo de Catalunya y para las víctimas de las Torres Gemelas, que no tenían la culpa de que Bush exista
Iñaki Anasagasti mostró ayer para qué vale la pena acudir al Congreso de los Diputados. Dio cera de la buena al ministro de Justicia, José María Michavila, apuntándole a donde más le duele: su militancia en esa asociación siniestra que forman los Legionarios de Cristo Rey, al lado de la cual el Opus Dei parece un grupo laico e izquierdista.
Michavila no pudo responder a la argumentación de Anasagasti, quien le espetó que, si tan seguro está de que los diputados de Batasuna son asesinos de ETA, debe ordenar su detención. Añadió el diputado del PNV, tan razonable como enérgicamente, que si el Gobierno considera que su partido está colaborando con asesinos, promueva su ilegalización. Michavila se salió por peteneras, sin dar ninguna razón que justifique una actuación que, de ser ciertas sus acusaciones, sería un caso de encubrimiento evidente.
La intervención de Anasagasti fue tan dura en el contenido como en la forma, lo cual es de agradecer, porque a mí, por lo menos, me toca las narices la exquisitez con que otros parlamentarios de la oposición se dirigen a los integrantes del Gobierno, con tanto "Su Señoría" y tanta mandanga. Ayer mismo, Llamazares criticó a Aznar, pero no le montó el pollo por acusarle, Madrazo mediante, de estar financiando a terroristas. Si se permite a esa gentuza que diga todas las barbaridades que se le vienen a la cabeza, no parará de crecerse.
¿Y en qué se crece? En todo. Ayer mismo, el PP tuvo el descaro de rechazar en el Congreso una moción favorable a la anulación de los efectos legales de los juicios sumarísimos del franquismo. Según el portavoz del grupo parlamentario del Gobierno, ya se votó hace meses una resolución para dar satisfacción moral a las víctimas del franquismo, y con eso es suficiente. Pero lo que ayer se proponía, de haberse aprobado, no hubiera dado satisfacción exclusivamente moral, sino también material, porque hay víctimas y familiares de víctimas que siguen sin ver reconocidos sus derechos. Si hubiera sido realmente lo mismo, no habría tenido problemas para votarlo.
Continúan actuando como albaceas del franquismo, encubriendo los efectos de sus crímenes, y se permiten dar lecciones de democratismo a los demás. Alguien tiene que decírselo a la cara, y bien alto, asignándoles los adjetivos de rigor, sin ahorrarles ninguno. Para convertir la tribuna del Congreso en un remedo de los jardines de Versalles se bastan y se sobran ellos solos.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (11 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/11 06:00:00 GMT+2
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2003/09/10 06:00:00 GMT+2
Regresé ayer de Aigües, ya de noche. Hoy, dentro de un rato, volveré a hacer la maleta para ponerme en la carretera, camino de Bilbao. Mañana, a primera hora, paso fugaz por Vitoria-Gasteiz para estar con el lehendakari Ibarretxe. Luego, y hasta última hora del día, contactos varios con políticos vascos. El viernes, más contactos y reuniones. Luego, a Cantabria, donde pasaré el fin de semana. Después de eso, otra vez a Bilbao, desde donde puede que tenga que viajar a Pamplona...
Vuelta a la espantosa vorágine del curso. A otros se les cae encima la rutina del horario fijo en la oficina. A mí también me abrumaba, cuando la vivía. Elegí esta opción: ser mi propio empleador y ganarme la vida a salto de mata. Pero debería haber tenido esa opción hace veinte años, cuando la vida de carretera y habitación de hotel, hoy aquí mañana allá, me habría pesado menos.
Parezco un artista en gira, llevando la vida que cantaba Willie Nelson, tratando de ponerse optimista, en On the Road Again. Otra vez en la carretera. Creo que era Robbie Roberson, el líder de The Band, el que hablaba de los muchos muertos que ha producido en la historia de la música popular la carretera, tomada como símbolo de las giras interminables que los artistas estadounidenses están obligados a hacer a lo largo y ancho de su inmenso país. Acaban volviéndose locos: si quieren que el público los tenga presentes, no pueden parar quietos, pero si no paran quietos, viven a una velocidad que pone de los nervios e incita a meterse de todo. Desde el genial Hank Williams hasta el siempre recordado Elvis, pasando por Janis Joplin: decenas de estrellas estrelladas.
Lo mío va por otro lado. No tengo que mantener ninguna fama; tengo que mantenerme a mí mismo. Si tuviera una fama digna de ese nombre, podría quedarme en casa escribiendo, sacando folios y cobrando bien. Pero como lo mío es un prestigio de medio pelo, tengo que mover el culo para pagarme las facturas.
Ventaja para vosotros: cuantas más cosas vea, más podré contaros.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (10 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/10 06:00:00 GMT+2
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2003/09/09 06:00:00 GMT+2
Reponen por televisión Hidden Agenda, de Ken Loach. Estamos en grupo, en Aigües, y nos da por hablar de las traducciones que no traducen nada. La de esta película, por ejemplo. En castellano no se emplea la expresión «agenda oculta», de modo que el título que le pusieron los distribuidores locales no quiere decir nada, ni da ninguna pista sobre el contenido de la película.
Pasó lo mismo con Les Biches, de Claude Chabrol, que tradujeron «Las ciervas». En la película, como recordareis si la visteis, no aparecía ninguna cierva. Biche en francés es «cierva» pero también, por extensión, «hembra», en general. En este caso, Chabrol hablaba de las hembras humanas.
Tres cuartos de lo mismo pasó con The Little Drummer Girl, la novela de John le Carré -que sigue sin lograr que en España le pongan la partícula en minúscula- y que aquí tradujeron como La chica del tambor. En este caso sí había chica, pero no tambor. Le Carré había hecho un sencillo juego de palabras con The Little Drummer Boy, el celebérrimo villancico que conocemos como El pequeño tamborilero, pero los traductores -vaya unos traductores- ni lo olieron. Las versiones en castellano de la novela y la película hubieran debido titularse La pequeña tamborilera, obviamente.
El recorrido lingüístico, de Irlanda a Israel, me hace pensar en los puntos de contacto entre los conflictos respectivos. Mal que bien, en Irlanda del Norte hay un proceso de pacificación en marcha y, aunque las heridas distan de haber cicatrizado, las dos comunidades enfrentadas le han cogido el gusto a la nueva situación. Se tomó allí ese camino porque, aunque no era nada fácil establecer puntos de encuentro, dos de las partes en conflicto -el Gobierno inglés y los republicanos irlandeses- estaban dispuestas a sacrificarse para hallarlos. Tampoco puede menospreciarse el valor que tuvo la posición del Gobierno de Washington, activamente favorable a la negociación.
En Oriente Medio, en cambio, no hay manera de que la paz avance. Por lo mismo, pero al revés: en ese conflicto hay una parte fundamental, Israel, que no quiere un acuerdo, sino la virtual rendición del contrario, y los EUA le respaldan. Los palestinos sí quieren la paz -les urge-, pero no a cualquier precio. Así es imposible llegar a nada.
La reflexión me conduce directamente a Euskadi.
Es un tercer tipo de conflicto. En Irlanda del Norte, las dos partes clave querían alcanzar un acuerdo. En Oriente Medio, sólo una de las dos. En Euskadi, ninguna de las dos. Tanto ETA como el Gobierno de Aznar proclaman que quieren la paz pero, acto seguido, plantean unas exigencias que son totalmente inaceptables para la otra parte. Lo cual quiere decir que, de hecho, no quieren que haya paz.
La única ventaja comparativa que presenta el conflicto vasco es que la violencia irracional va perdiendo intensidad por su propia cuenta, por la lógica misma de la evolución social. Veo en la prensa de hoy que es noticia de portada el acoso a un senador del PP. Hace dos décadas, cuando las bombas y los tiros eran el pan nuestro de cada día, un hecho como ése hubiera aparecido entre las noticias breves.
La opinión pública del Ebro para abajo sigue afirmando hoy en día que el terrorismo es una de sus principales preocupaciones como quien dice que la señal del cristiano es la santa cruz. Sin pensar en ello. Porque se lo han enseñado así. Pero no puede sentirlo. Porque no es verdad.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (9 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/09 06:00:00 GMT+2
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2003/09/08 06:00:00 GMT+2
George Bush pide más dinero al Congreso de los Estados Unidos para mantener la ocupación de Irak y reclama que los países que integran la ONU envíen tropas, pero bajo mando norteamericano. La prensa de su país le responde -dicho sea así para abreviar- que si se ha vuelto loco o está tonto.
Ni lo uno ni lo otro: sufre un atracón de soberbia. Sólo eso explica que tenga las narices de solicitar a quienes le dijeron que no fuera a la guerra que asuman ahora los gastos -y el desgaste- de sus consecuencias.
No recuerdo quién dijo aquello de que Napoleón era un loco que se creía Napoleón. Bush se parece a Napoleón sólo en un punto: la megalomanía. Bonaparte creyó que podía conquistarlo todo, y durante muchos años los hechos parecieron darle la razón, puesto que ningún ejército frenaba sus avances. Pero, lo mismo que Hitler más de un siglo después, cometió el error de ocupar demasiado territorio. Y de quedarse en él.
Vencer parece más rápido, sencillo y contundente que convencer pero, a la larga, resulta mucho más oneroso. El convencido se administra solo. Al vencido hay que tenerlo a raya.
En los tiempos en los que Nikita Jruschov creyó necesario mostrar a la China de Mao su poderío militar y ordenó a su Ejército disparar contra las tropas chinas sobre las aguas del río Usuri, frontera entre ambos países, corrió por Moscú un chiste que tenía muy mala uva.
Contaba que el conflicto se ponía cada vez más feo y que se llegaba a la guerra total entre las dos potencias. El primer día de guerra, el ejército soviético atacaba y hacía dos millones de prisioneros chinos. El segundo capturaba diez millones de combatientes de la República Popular. Durante el tercero se le rendían ochenta millones de soldados chinos. Al cuarto, cien millones. Al quinto día, el premier soviético recibía un telegrama enviado por Mao Zedong. El texto era tajante: «¿Ha entendido? Ríndase».
Al igual que tantos otros de sus antecesores en el mando de un imperio, George Bush se ha dejado fascinar por la belleza de sus armas, como Leonard Cohen en Manhattan. Pero las armas dan miedo, no razón. Y para conservar el miedo en los territorios ocupados, hace falta mantener en ellos las tropas que puedan usar las armas, si hace al caso. Y eso sale caro. Y a los afectados -incluidos los que integran las tropas en cuestión, y los que las financian con sus impuestos- acaba por resultarles antipático.
No me sorprende demasiado que Bush, cuyas luces son las que son, desconsiderara la posibilidad de que la guerra se le envenenara. Me deja perplejo, en cambio, que los responsables de la maquinaria estratégica mayor del mundo no hubieran previsto que las cosas podían seguir el rumbo que han seguido.
Debe de ser que, a fuerza de mentir y de mentir, acabaron por creerse sus propias mentiras.
Reconforta comprobar que son tan falibles.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (8 de septiembre de 2003) y El Mundo (10 de septiembre de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/08 06:00:00 GMT+2
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2003/09/07 20:00:00 GMT+2
En el número correspondiente a la primera semana de septiembre de 2003, el semanal Argia, editado en euskara, publica una entrevista con Javier Ortiz. La entrevista, a cargo de Mikel Asurmendi, periodista de Argia, fue realizada en castellano y traducida posteriormente. Lo que sigue es el texto en castellano de la entrevista, cuyo titular, en euskara, refleja la frase: «El problema es España, un proyecto de nación frustrado».
1 - ¿En qué momento profesional se encuentra Javier Ortiz?
No lo sé. No es fácil juzgarse uno mismo. Menos aún sobre la marcha.
De tomarme la pregunta por su lado meramente descriptivo, diría que estoy en un momento profesional confortable, puesto que subsisto sin grandes problemas haciendo lo que me apetece, que es escribir y hablar a mi aire.
De todos modos, es obvio que no me siento nada a gusto con la realidad que me circunda. La sobrellevo sin ninguna resignación.
Mis próximos dicen que con el tiempo me he vuelto un cascarrabias con sentido del humor. Si así fuera, no me parecería mal.
2 - ¿El hecho de encontrarte en Alicante es circunstancial, por estar de vacaciones, o es que te has afincado en Alicante?
No estoy afincado realmente en ninguna parte. Me distribuyo entre Madrid -ciudad a la que fui a parar hace 26 años por razones profesionales- y las afueras de Aigües, un pueblecito de la comarca del Alacantí, en la costa mediterránea, donde me compré hace 13 años un rincón totalmente apartado de la incivilidad, es decir, de la civilización.
Mi pareja tiene un piso en Cantabria, de donde procede. Recalamos por allí de tanto en vez.
Fuera de eso, apenas hay mes que no pase unos cuantos días en Euskadi. Y viajo con frecuencia -con demasiada- por lejanos confines, donde amigos -de uno u otro pelaje, pero siempre a contrapelo- me invitan a perorar.
3 - Habitualmente has denunciado el pensamiento único que trata de aplicar el gobierno del PP. Los medios de comunicación en el Estado español juegan un papel importante en el mismo. ¿Has vislumbrado o vislumbras algún cambio en la labor informativa de éstos?
No. O, mejor dicho, sí: vislumbro cambios, pero a peor.
No es un problema político, en el sentido más profesional del término.
Si se tratara de un asunto exclusivamente político, podría estar al albur de tales o cuales resultados electorales, hoy o mañana.
La evolución de los medios de comunicación de masas en el Estado español, lo mismo que en el conjunto del mundo capitalista «avanzado», es resultado de todo un entramado de intereses. Económicos sobre todo, aunque también, de rebote, sociales y políticos. No conciernen a un solo partido, o a una sola tendencia política, sino al conjunto del llamado «establishment».
Por supuesto, todo depende del punto de mira. Visto de cerca, cada medio de comunicación de masas es de su padre y de su madre (o del padre y la madre de sus accionistas). Pero, así que se observa la realidad del sector con cierta distancia, es forzoso concluir que todos los medios de comunicación importantes son, de hecho, el mismo medio de comunicación.
Las transformaciones positivas de esta realidad en las que confío -más que vislumbro- se apoyan en el deseo, perceptible en una parte de la sociedad, de recibir informaciones y opiniones no tan sesgadas, o sesgadas de manera más plural.
4 - Después del cierre de Euskaldunon Egunkaria, y tras las denuncias por tortura de Martxelo Otamendi, escribiste lo siguiente: «Mucho me temo que, en España, la tortura sí es cultura». Malos augurios para una posible resolución del conflicto vasco.
Suelo echar mano de frases de ese porte para animar a la gente más lúcida a no caer en la mitificación ñoña de términos tales como «cultura», «humanidad», etcétera.
La tortura es un fenómeno propio y exclusivo de la especie humana. Salvo el hombre, ningún animal tortura a sus semejantes. La tortura es un hecho estrictamente humano, cultural.
En España (y en tantas otras partes, pero España nos pilla más de cerca), la inmensa mayoría tiene por costumbre cerrar los ojos a las denuncias de tortura. No es que les niegue credibilidad. Es que no quiere enterarse de si la tienen, y en qué medida. Porque, en el caso de que la tuvieran, tendría que responder de un modo que prefiere evitar.
En España se tortura, en efecto. En las comisarías y los cuartelillos, hay funcionarios públicos que torturan a inmigrantes, a gitanos, a mujeres sin recursos, a pringaos de toda suerte... y a vascos. ¿Por qué? Porque el torturador vocacional, tan dado a buscarse un uniforme, sabe que no hay peligro alguno en torturar a quienes forman parte de determinados grupos sociales previamente preteridos. Sale gratis.
En cuanto a los augurios sobre la resolución del llamado «problema vasco»: creo que el problema que habremos de afrontar finalmente, entre todos, con paciencia y con serenidad, es el de España.
El problema es España: un proyecto de nación frustrado -como casi todos, pero éste más- que no ha sabido asumir y gestionar sus insuficiencias de homogeneidad.
Hemos de contribuir a paliar esas insuficiencias de manera racional y pacífica. No se trata de realizar ahora lo que no se hizo en los siglos correspondientes, pero tampoco es cosa de que unos pueblos que resultaron mal unidos en la época de las revoluciones burguesas sigan a la greña de por vida.
5 - Un año después de la puesta en marcha del plan Ibarretxe, ¿qué margen de maniobra le ves a ese plan, de cara al nuevo curso político?
No puedo hablar del «plan Ibarretxe», porque no sé qué es, ni en qué consiste. Y me temo que no por falta de información, sino por buena información.
Por lo que yo sé, el lehendakari Ibarretxe no tiene ningún plan cerrado, establecido. Me da -creo- que lo que él quisiera es poner sobre la mesa algunas ideas para animar el debate sobre vías explorables para abordar los problemas pendientes.
Para que la discusión no sea exclusivamente sobre si ETA sí, ETA no; tiros sí, tiros no. Esa polémica ya no da más de sí. Todo el mundo ha dicho todo lo que tenía que decir al respecto. Como realidad es insufrible. Como campo de debate, un erial. Yermo.
Digamos lo que cada cual tenga que decir sobre todo lo demás, que es muchísimo.
Cuando el lehendakari avance sus ideas, opinaré. Y daré las mías, por supuesto.
6 - Con la realización del libro titulado Ibarretxe, tuviste ocasión de entrevistarle y conocerlo. ¿Qué posibilidades le auguras como lehendakari y como político?
En 35 años de profesión periodística, he conocido a cientos de políticos. Algunos presuntamente importantísimos.
Casi ninguno me ha interesado gran cosa. En mi pandilla hay no menos de media docena de mujeres y hombres que les dan cien vueltas.
No me interesan demasiado los políticos, como tribu particular. Los considero previsibles.
Ibarretxe me pareció un hombre interesante. Imprevisible, porque piensa por sí mismo y no se atiene a ningún guión de marketing político.
Me pareció, además, sensible, aunque haya algunas actuaciones suyas que me pongan mal cuerpo.
7 - Se ha cumplido así mismo un año de la puesta en marcha de la ilegalización de Batasuna. ¿Qué valoración te merece la postura tomada por Batasuna y la izquierda abertzale en general?
No estoy de acuerdo con la línea política de Batasuna. Creo que defiende mal, e incluso desastrosamente, los postulados que dice que pretende encabezar. A decir verdad, con mucha frecuencia me pone de los nervios.
A cambio, no quisiera emitir ningún juicio sobre la izquierda abertzale en general, porque sé que esa generalización engloba múltiples matices y un buen puñado de tendencias, con algunas de las cuales tengo más de un sentimiento -y muchísimas razones- en común.
Aclarado todo eso, reitero mi repulsa a la ilegalización de Batasuna, HB, EH o como quiera hacerse llamar. Esas siglas engloban una tendencia socio-política que representa a una parte del pueblo que, como tal, tiene derecho a expresarse y organizarse sin cortapisa alguna.
8 - Como persona de izquierdas, ¿como ves la izquierda en el Estado español de cara al denominado «conflicto vasco» y a una posible remodelación del actual modelo de Estado?
Primer punto: ¿soy yo «de izquierdas»? Si ser de izquierdas implica asimilarse a lo que se denomina «izquierda» dentro del actual Estado español, rechazo horrorizado semejante identificación. No sólo no tengo casi nada en común con el socialismo oficial, sino que me echan para atrás también buena parte de los prebostes de Izquierda Unida, que arrastran un aire de ministros frustrados que no pueden con él.
Segundo punto: ¿qué actitud tiene la izquierda española oficial hacia el llamado «conflicto vasco»? Me contaron que algunos dirigentes de IU le reprocharon a Madrazo que él había obtenido un buen resultado electoral en Euskadi gracias al bofetón sufrido por ellos en el resto del Estado. Si no se daban cuenta de que ese reproche les concernía principalmente a ellos mismos y a su electorado, mal negocio.
La izquierda española -que existe, y tiene mucho mérito- se plantea con seriedad y sensatez el problema del modelo de Estado. Y muchos más. Y tan hondos como ése. Pero las cosas están de tal modo que esa izquierda reflexiva, honrada y desprejuiciada no pinta gran cosa. Porque, de momento, para pintar algo en el circo electoral español hay que decir topicazos y tonterías de gran calibre. Sobre Euskadi y sobre todo lo demás.
(7 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/07 20:00:00 GMT+2
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