2003/09/22 06:00:00 GMT+2
Vimos ayer en el Kursaal 2, dentro del Festival de Cine de San Sebastián, La pelota vasca - La piel contra la piedra, de Julio Medem. Era una proyección especial para participantes en la propia película -que somos muchos- y para los pocos afortunados que consiguieron hacerse con una entrada.
Medem ha hecho un buen trabajo de montaje, intercalando con habilidad algunas tomas de las entrevistas que nos hizo a setenta y tantos personajes (políticos, escritores, artistas, periodistas, víctimas de los dos lados, familiares, especialistas en diversas materias...) con algunas filmaciones propias, varios cortes de películas de ficción (Operación Ogro, Yoyes) y algunos documentales, entre ellos uno muy curioso (y para mí desconocido) de Orson Welles. El resultado es una película honrada y emotiva. Virtud considerable: pese a incluir tanta entrevista, no llega a hacerse pesada.
La aportación estrictamente política de La pelota vasca es escasa. Hablo por mí, claro está. Quiero decir que no se desprende de la película ninguna conclusión a la que no hubiera llegado antes de sentarme en la butaca del cine. Sí me facilitó un mejor conocimiento -o los datos para tener una mayor sensibilidad- con respecto a ciertos dramas personales: el de viudas e hijos de asesinados por ETA o por los GAL, el de mujeres e hijos de presos de ETA, el de personas amenazadas por ETA...
Pero supongo que Medem tampoco pretendía que la película añadiera demasiada información política a los vascos más metidos en harina.
Y en ese punto puede residir el mayor problema con el que se encuentre, ahora que la derecha españolista le ha montado la escandalera, poniendo de vuelta y media el documental. Va a tener dificultades para distribuirlo fuera de Euskadi, que es donde podría rendir un mejor servicio, aportando datos que la inmensísima mayoría de la gente desconoce. Podrá, quizá, distribuirlo internacionalmente, lo que tampoco es desdeñable, pero no creo que consiga exhibirlo en los grandes cines de Madrid, de Sevilla o de Valencia.
Termino esta breve crónica precipitada con un toque privado: mi aparición es mínima. Dos breves cortes. Quizá en los documentales de televisión y en el DVD salga algo más. Me da que el día de la grabación no estaba yo en mi mejor momento: arrastraba una lumbalgia espantosa -recuerdo que caminaba ayudándome de un bastón- y, además, tenía gripe. Y un humor de perros. Es fácil que Medem no me haya sacado más porque tampoco hubiera mucho más que sacar.
P.D. Me encontré con mi amigo Carlos Boyero en la entrada del cine. Hacía tiempo que no charlábamos. No tuve ocasión, en medio del lío, de verlo a la salida y preguntarle qué le había parecido. Leo hoy su crónica en El Mundo. Visceral, como siempre. Brillante, como siempre. Os invito a leerla pinchando aquí.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (22 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/22 06:00:00 GMT+2
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2003/09/21 06:00:00 GMT+2
Aún admitiendo que asesinar está mal, por lo general, convengamos que hay asesinos y asesinos.
Los hay que matan y que da igual que los cojas con el cuchillo chorreante de sangre en la mano y el hígado del muerto en el bolsillo: lo niegan todo y se quedan tan anchos.
Eso es inaceptable. Incluso quienes optan por instalarse dentro del complejo mundo del crimen -una decisión problemática, de suyo- es laudable que respeten ciertas normas. Por elemental cortesía.
En ese sentido, debemos aplaudir -y aplaudimos- la decisión de Anthony Alexander King que, una vez detenido, ha tenido el detalle de declararse culpable de los asesinatos de Sonia Carabantes, en Coín, y de Rocío Wanninkhof, en Mijas.
Otro cualquiera es probable que se hubiera cerrado en banda y hubiera dicho a la Policía: «Oigan, prueben ustedes mi culpabilidad». Pero él que, como camarero que fue, conserva seguramente un punto de piedad en el fondo de su corazoncito para el duro oficio de los trabajadores, incluidos los de la Policía, debió de decirse: «Venga, no les obligues a pensar y a averiguar. Díselo tú mismo». Y lo confesó todo.
Tomen nota de ello las organizaciones tipo Amnesty International: no siempre la Policía obtiene las confesiones a bofetadas. A veces hay criminales, tipo A. A. King, que lo confiesan todo sin que nadie les ponga la mano encima. Basta con lo que -desde siempre- se llama «un hábil interrogatorio».
Javier Ortiz. Apuntes del natural (21 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/21 06:00:00 GMT+2
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2003/09/20 07:00:00 GMT+2
Los fariseos preguntaron a Jesús de Nazaret cómo se atrevía a violar la ley sacra que manda descansar el sábado, dedicándose a hacer buenas obras en tal día. Y él les contestó: «El sábado está hecho para el hombre; no el hombre para el sábado».
José María Aznar debería leer las cartas de San Pablo a los Corintios. Quizá así, inspirándose en la doctrina cristiana, pondría menos énfasis en exigir a Chirac y Schröder que se atengan al Pacto de Estabilidad, cual si de una ley divina se tratara, y entraría a considerar si conviene al bienestar de los hombres -y de las mujeres, aunque a San Pablo le preocuparan bastante menos- que la UE tome sendas económicas menos ortodoxas pero más útiles.
Aznar presume de hacer sus deberes. Pero se ve que entre sus deberes no figura ni la cantidad ni la calidad del empleo: España ofrece en ambos campos uno de los panoramas más deprimentes de la Europa comunitaria. Tampoco debe de considerar que entre sus obligaciones figure el desarrollo tecnológico: la inversión pública en I+D va aquí de mal en peor. A lo que parece, entiende que también queda fuera de sus deberes la posibilidad de que el Estado emplee su dinero -nuestro dinero- en potenciar las infraestructuras, dinamizando la economía y generando empleo. ¿Será que Chirac y Schröder se han vuelto keynesianos? No: es, sencillamente, que han sacado algunas lecciones de la experiencia. Y, visto lo que dan de sí si las recetas neoliberales, han decidido recurrir también a otras.
El consejo de ministros conjunto que celebraron anteayer los gobiernos de Francia y Alemania ha marcado el paso al que habrá de ajustarse la Europa comunitaria, de la que ambos estados son columna vertebral. Aznar puede hacer todos los aspavientos que quiera y decir que ésa ha sido tan sólo «una de las muchas reuniones que se celebran en Europa». No puede ignorar que le han dado con la puerta en las narices.
Al final, todo se relaciona con todo. Y todo es consecuencia de todo. Es lógico que Blair, primer ministro del menos europeísta de los estados de la UE, haya venido decantándose sistemáticamente del lado de los Estados Unidos, siguiendo la tradición británica. Sabe a qué juega. Sabe que el peso que tiene el Reino Unido en los más diversos órdenes obliga a los demás a tenerlo en cuenta, por mucho que les fastidie. ¿Pero Aznar? ¿De dónde se sacó que hacía un buen negocio enfrentándose al eje francoalemán y dedicándose a dar a Chirac y Schröder campanudas lecciones de política exterior, de política común de Defensa, de constitucionalismo continental, de pericia económica y de todo lo que pillara por delante?
Le han puesto en su sitio. A él y, ya de paso, a su amigo Berlusconi.
Que pidan ahora socorro a Bush. No podrá auxiliarlos. Está demasiado ocupado escapando de un huracán. ¿Qué digo de un huracán? De varios huracanes.
Javier Ortiz. El Mundo (20 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de abril de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/20 07:00:00 GMT+2
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2003/09/20 06:00:00 GMT+2
Dejé en el aire el martes pasado, pendiente de reexamen, la cuestión planteada por algunos a los que se les supone bien informados sobre la realidad vasca y que han dicho en varias ocasiones últimamente que ETA es ya prácticamente un fenómeno residual y que, de hecho, estamos en un tiempo «post-ETA». Escribí que, como era un asunto del que no estaba bien informado, me enteraría y volvería a sacarlo a colación.
He hecho lo posible por enterarme, preguntando a quien sabe, y me han dicho que no es cierto. Que ETA sigue teniendo gente, dinero y armas suficientes para proseguir haciendo de las suyas. Así lo consideran los propios servicios de Inteligencia del Estado francés. Otra cosa es que estén pasando ahora mismo -felizmente- por una fase de baja actividad por las razones que sea: porque estén reestructurándose para afrontar mejor la coordinación policial franco-española, ahora mismo fortísima, porque hayan decidido cambiar de modus operandi, porque teman estar infiltrados por topos y estén intentando descubrirlos...
El consejero de Interior del Gobierno de Vitoria, que fue uno de los que se expresó en esos términos (afirmó que en la actualidad ETA constituye un fenómeno que no merece más consideración que la meramente policial), ha vuelto sobre sus palabras para «matizarlas» y ha dicho algo que, en realidad, es sensiblemente diferente: que, si hay negociación política, habrá de ser con quienes tienen representación política, «aunque ahora estén circunstancialmente fuera de las instituciones», y no directamente con ETA. Pero no ha negado que la fórmula que conduzca a la desaparición de ETA haya de ser finalmente el resultado de una negociación.
Me temo que por aquí -y digo exactamente «por aquí», porque estoy de nuevo por tierra vasca- ha habido algunos que han confundido sus deseos con la realidad. Eso nunca conduce a nada.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (20 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/20 06:00:00 GMT+2
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2003/09/19 06:00:00 GMT+2
Cuando la Policía conducía detenido ayer al súbdito británico que ha admitido su relación con el asesinato de Coín, un individuo, integrado en un grupo de ciudadanos de ésos que se forman a toda velocidad en relación con lo que sea para mostrar su indignación supina y su irrefrenable deseo de venganza -es decir, para salir en la tele-, arrojó un pedrusco que, como suele ocurrir en estos casos, no acertó en la cabeza de su destinatario, sino en la cara de un comisario de Policía, en la que abrió una brecha de considerables proporciones.
Aunque no haya nacido yo para defensor a ultranza de los comisarios de Policía -que no sólo suelen defenderse muy bien solos sino que, además, tampoco acostumbran ellos a proceder con modales demasiado versallescos-, el suceso me parece que simboliza bastante bien la barbarie de esas turbas con aspiraciones a extras de película. Hijos espirituales del virginiano juez Lynch, famoso en el mundo entero por la ley que lleva su nombre y por los linchamientos resultantes de su aplicación, condenan de antemano a los detenidos y exigen la ejecución inmediata de la sentencia, cuando no se animan a ponerla en práctica por su cuenta. La cuestión no es sólo que se equivoquen con cierta frecuencia y hagan pagar a justos por pecadores. Tampoco que, además, pretendan aplicar penas tan ilegales como estrafalarias (la lapidación, en este caso). Lo peor es que conciben -y animan a que se conciba- la Justicia como venganza. (Nótese que ninguno de nuestros muy constitucionalistas medios de comunicación se ha animado a poner de vuelta y media ese comportamiento popular. Se inclinan ante los más bajos instintos del populacho -porque eso no merece el nombre de pueblo- y le dan carnaza. ¡Amarillismo puro!).
Pero no nos conformemos con culpar del fenómeno a los medios de comunicación en general, y a las televisiones en particular, aunque sea justo hacerlo: su aportación es decisiva. No se movilizaría ni mucho menos tanta gente si no fuera porque cree que así va a ver reconocido su derecho universal a tener un cuarto de hora de fama, derecho formulado -un tanto tontamente, dicho sea de paso- por Andy Warhol.
Hay en ellos algo más que afán de notoriedad: el gusto por el linchamiento es muy anterior a la televisión. Para mí que son también intérpretes inconscientes de una pulsión tribal, que mueve a odiar a muerte a quien lesiona gravemente las reglas de funcionamiento que hacen que el grupo se sienta en paz, confortable.
Son gente de orden que no soporta que le alteren su orden.
Cuando oí ayer la noticia de la pedrada, me formulé mentalmente la pregunta retórica que da título a estas líneas («¿Quién tiró la piedra?»). Y recordé una viejísima canción popular:
El aldeano tiró
tiró la piedra, tiró
tiró la piedra
y no la encontró.
Aldeanos de hoy en día.
P. S. Ayer me equivoqué y cité a la secta de los Legionarios de Cristo llamándolos «Legionarios de Cristo Rey». Un divertido lapsus.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (19 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/19 06:00:00 GMT+2
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2003/09/18 11:00:00 GMT+2
Empiezo a escribir hoy a las 9:47 de la mañana.
-¡Bien has dormido, viejo vago! -se dirá más de uno.
-¡Y una mierda! -contesto yo.
Os cuento.
Trabajé ayer por la mañana en el hotel, en Bilbao, desde las 6:30, preparando mi apunte del día, mi intervención en la tertulia de Radio Euskadi y las tareas que debía cumplir luego. Salí zingando a las 8, sin tiempo de desayunar, hacia la radio. Y el taxi que no venía. Llegué justo a tiempo de tomarme un café apresurado y ponerme delante del micrófono. Intervenciones, debate... Apareció por allí Jone Goirizelaia, abogada y dirigente de la extinta Batasuna. La entrevistamos, acabamos, salí, me topé con Balza, consejero de Interior -intercambio de saludos, etc.-, charlé un ratito en la calle con Gorizelaia, cogí un taxi, me fui al hotel, recogí mis cosas, las bajé al coche -jodé, cómo pesan: la intendencia informática va a acabar conmigo-, me fui buscando un parking, el que pillaba más cerca del punto al que iba estaba completo, conseguí deshacerme del coche, me metí al trabajo que tenía pendiente, estuve en él toda la mañana, hasta la 1:30, y salí precipitadamente porque quería llegar a Miranda de Ebro a la hora de comer para hacerlo con mis familiares de allí, que hacía la tira que no los veía.
Cuando salía del control de la autopista junto a Miranda me quedé sin embrague (y, ya de paso, anonadado). Conseguí arrastrar el coche hasta el asador donde habíamos quedado (sistema: se mete la marcha con el motor parado y se arranca a tirones hasta que el motor gira. Único sistema de parar: frenar y cortar el contacto). Informé a la rama mirandesa de la familia de mis cuitas, comimos (yo con el entusiasmo que es de imaginar), contactaron ellos con un taller amigo, arrastré el coche hasta el taller, allí una gente estupenda se puso a mirar el desastre y descubrieron que aparte de tener el embrague hecho unos zorros también llevaba mal la bomba del líquido del freno. Lograron hacer un apaño para que pudiera continuar viaje.
-Embraga y desembraga lo menos posible -me dijo el mecánico.
-¿Podré llegar a Madrid? -le pregunté.
-Yo creo que sí -me respondió, dubitativo.
Salí. Conduje embragando y desembragando lo menos posible hasta llegar a 30 km. de Madrid, donde me topé con una hermosa caravana. Cada vez que pisaba el pedal del embrague, se oía una fiesta de chirridos en el motor.
No he dicho nada de la radio. Y debería haberlo hecho. Cuando me enteré de que Garzón había cursado una orden internacional de búsqueda y captura de Ben Laden, a 120 km/h y en zona de curvas, casi me estrello, víctima de un ataque conjunto de estupor e hilaridad. Y cuando le oí decir a Acebes que el único gesto que tiene que hacer Ibarretxe es retirar su plan -¿cómo diablos podría retirar un plan que todavía no ha presentado? ¿Y cómo puede él juzgarlo si no lo conoce?-, otro tanto. (Nota bene: Me refiero a Acebes, sí, Ángel por nombre de pila: el de los Legionarios de Cristo, esa asociación que, según otra radio, ha comprado a hurtadillas un colegio laico en Madrid y ha informado a las familias, ya empezado el curso, de que les va a cambiar por completo el modelo educativo, separando a los niños de las niñas y llevando a comulgar a los unos y las otras a la hora del recreo).
Conseguí llegar a casa, pero con los nervios en mal estado. Subí las cosas -jodé, cómo pesan-, deshice las maletas, recompuse los ordenadores, me topé con un virus, lo destruí, eché un vistazo al partido de la Real -que también me puso de los nervios-, cené algo y caí agotado en la cama.
Tardé un rato en dormirme porque la muela que arrastro jodida optó por hacerse notar.
Esta mañana me he levantado a las 7. He acabado de deshacer las maletas y de instalar los ordenadores. Un cable se negaba a funcionar. Lo he arreglado. He visto que tenía medio centenar de correos electrónicos en la bandeja de entrada. Imposible leerlos. Por no hablar de contestarlos. He ido a llevar el coche al taller para ver si me lo pueden reparar a tiempo para salir mañana al mediodía en dirección a Donostia porque tengo una reunión de trabajo el sábado y quiero acudir el domingo al estreno de La pelota vasca. Y de repente descubro que no he recibido aún las invitaciones para la película. Busco el número de teléfono de Medem y constato que lo he perdido. Llamo a la organización del Festival y consigo, tras varias y largas gestiones, el número de la productora. Telefoneo, pero no hay nadie. Dejo recado en el contestador.
De modo que, en este momento, no sé ni si tengo coche para ir ni si tengo película que ver. Pero eso no es nada, porque debería estar gestionándome una cita con el dentista y llamando a unos amigos que están de paso por Madrid y a los que quisiera ver antes de que se vayan.
Aparte de eso, debería estar llamando también a la editorial, y al periódico, y a varios amigos más a los que he jurado que contactaría en cuanto pudiera y a los que, además, tengo muchísimas ganas de ver.
Me recuerda todo esto la canción de Jesús Cutillas «¡Cuánta presión!» . Es una acumulación de inconvenientes excesiva, desbordante, cabreante. Que te (me) supera.
Y me preguntaréis: «Y si tienes todo ese lío, ¿por qué pierdes el tiempo escribiendo sobre él?».
Muy pertinente, la pregunta. Pero supongo que sólo podría responderla adecuadamente mi psicoanalista. Lo cual plantea otro problema más: no tengo psiconanalista.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (18 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/18 11:00:00 GMT+2
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2003/09/17 07:00:00 GMT+2
Es evidente que Rodríguez Zapatero está convencido de que firmar con el PP eso que llaman «pactos de Estado» mejora su imagen. Que le hace aparecer como un político responsable, constructivo, etc., etc.
Lo que no sé es de dónde se ha sacado que la ciudadanía española se toma las elecciones como un concurso de buenos modos. La Historia reciente de este país da suficiente cuenta de políticos cuyas virtudes personales han merecido toda suerte de alabanzas y a los que la inmensa mayoría ha dejado de lado una y otra vez a la hora del voto. Como tampoco escasean ejemplos de lo contrario: personajes cuyas marrullerías jamás han sido un secreto para nadie, a pesar de lo cual -si es que no precisamente por lo cual- han tenido éxitos enormes en las urnas.
La política castiga con frecuencia a los honrados, sí.
Pero mucho más a los panolis.
¿Qué beneficio político concreto obtiene Rodríguez Zapatero apareciendo de la mano de Aznar en los asuntos más cruciales de la vida política española? ¿Qué gana suscribiendo pactos privados con respecto a la inmigración, a los alambicados problemas de Euskadi o al funcionamiento actual de la Justicia? En cada uno de esos campos, su afán pactista no ha alterado ni en un ápice la línea práctica del Ejecutivo, que ha hecho lo que le ha venido en gana antes del pacto, en el pacto y después del pacto.
En sus primeros años de Gobierno, Felipe González tuvo una ocurrencia que le dio abundante renta: nombró a Fraga Iribarne «jefe de la oposición». Adornado con tan pomposo título -absurdo en un sistema parlamentario como el español, en el que no hay una oposición, sino tantas como partidos están fuera del Gobierno-, Fraga se puso muy hueco. Pero, sobre todo, se puso dócil, que es lo que González había buscado regalándole el oído y las prebendas. Fraga pasó años sin hacer nada que se pareciera a una verdadera oposición. A una oposición que se aproximara, siquiera fuera de lejos, a la que el propio González había hecho con Adolfo Suárez.
Me da que Aznar tomó nota de aquella experiencia y que la ha repetido a su modo con Rodríguez Zapatero. Le ha invitado a firmar mano a mano pomposos acuerdos fuera del Parlamento, como si el secretario general socialista representara al conjunto de la oposición (o como si el resto de la oposición fuera desdeñable).Y él lo ha aceptado, no dándose cuenta de que con ello se separaba del resto de los partidos de oposición y de la parte de la población que simpatiza con ellos. No ha aprendido de la experiencia, que debería enseñarle que el PP vuelve esos acuerdos contra él a la primera de cambio, acusándole de traicionarlos.
Hay un reproche que Aznar suele lanzar desdeñosamente contra Rodríguez Zapatero y que -debo admitirlo- comparto. Le dice que no se aclara. Y es verdad. Y lo que es peor todavía: se le nota.
Javier Ortiz. El Mundo (17 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de abril de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/17 07:00:00 GMT+2
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2003/09/17 06:00:00 GMT+2
Dos miembros del Foro de Ermua, la profesora Gotzone Mora y el periodista Iñaki Ezquerra (él escribe así su apellido), han pedido a Julio Medem que retire sus testimonios de la película La pelota vasca, que se estrenará el próximo domingo en el Festival de Cine de San Sebastián. No lo hacen porque consideren que el director de la película-documental haya manipulado el sentido de sus palabras, sino porque no están de acuerdo con la tesis que parece desprenderse de la cinta. Según ellos, la película da la razón «al entorno de ETA».
Yo no he visto la película todavía -la veré el domingo-, pero doy por hecho que esas acusaciones son una estupidez.
Por dos muy sólidas razones. Primera, porque hablé con Julio Medem durante el rodaje -soy uno de los muchos que aparecen entrevistados- y me contó con detalle lo que estaba haciendo. Su propósito era dejar hablar a todos y que cada cual expusiera sus razones. Si hay desproporción en las intervenciones es, pura y simplemente, porque mucha gente cercana al PP se negó a ser entrevistada.
La segunda razón es aún de más peso: porque dos personas que sí han visto la película y que distan de situarse en «el entorno de ETA» la han elogiado vivamente. Una es el alcalde de Donostia, Odón Elorza, y la otra, Mireia Lluch, hija de Ernest Lluch, que fue asesinado por ETA. Lluch quedó tan impresionada que decidió participar en la producción del filme, invirtiendo en él una parte del dinero que le dejó su padre en herencia.
Julio Medem está empezando a sufrir en sus carnes lo que algunos le contamos cuando nos entrevistó: que con esas dos bandas de fanáticos que se sitúan en los extremos de la sociedad vasca no hay nada que hacer.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (17 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/17 06:00:00 GMT+2
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2003/09/16 06:00:00 GMT+2
El atentado de anteanoche en Álava supera en chapucería todo lo conocido en ETA hasta el presente. No sólo porque se dejaran una riñonera, un DNI y una tarjeta de crédito en el asiento del coche, sino también por el estilo del ataque y el arma utilizada. Servirse de una escopeta de caza con los cañones recortados es impropio de una organización a la que nunca le han faltado las pistolas y las metralletas modernas. Fue todo tan chapucero que incita a pensar que puede tratarse de un comando espontáneo, de gente que no actúa bajo mando orgánico.
Hace unos años no habría dudado ni por un instante en dar esa explicación a lo sucedido, pero ahora tengo dudas. He oído en este viaje a personas teóricamente muy bien informadas sostener que, en el momento presente, ETA es ya prácticamente un fenómeno residual, «tipo GRAPO», e incluso que se puede afirmar que Euskadi ha entrado ya en «el tiempo post-ETA». He oído frases de ésas, ya digo, en boca de políticos que hace unos años decían y repetían que ETA sólo podría desaparecer tras encontrarle una solución dialogada.
Hay cosas que no me encajan. Es cierto que la actividad de ETA, medida en atentados, es ya mínima. Pero no menos cierto es que la cantera de ETA sigue existiendo y es incomparablemente mayor a la que jamás tuvieron los GRAPO. A la vez, es bastante intenso lo que llaman «el terrorismo de persecución», es decir, el hostigamiento a los políticos que menos se acomodan a sus exigencias. No los matan, pero les hacen la vida imposible.
Es obvio que debo informarme más, para opinar -para pensar- con algún tino.
Dentro de un rato regreso a Bilbao. Me espera un día bastante intenso. A ver si consigo aclararme más.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (16 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/16 06:00:00 GMT+2
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2003/09/15 06:00:00 GMT+2
Ha fracasado la cumbre que celebraba la Organización Mundial del Comercio en Cancún. Los gobernantes de la mayoría de los estados del Tercer Mundo se han negado a aceptar las exigencias planteadas por los estados de economía más poderosa. Si he entendido bien, los representantes del Primer Mundo pretendían obtener plena libertad para invertir en los países pobres y, a la vez, que éstos les ofrecieran garantías sobre sus inversiones. Previamente habían rechazado las críticas del Tercer Mundo a sus políticas agrícolas, fuertemente proteccionistas.
Lo menos que cabe decir de los dirigentes europeos y norteamericanos es que tienen una jeta que se la pisan. Son liberales o antiliberales según les viene. Si alguien les impone alguna restricción, apelan al libre comercio cual dogma de obligado cumplimiento. Pero se olvidan de él a toda velocidad en cuanto se habla de sus propias economías.
Aunque sea cierto que la política de subvenciones agrícolas de la UE resulta a veces un tanto irracional, y que favorece la existencia de cultivos estrafalarios, realizados sin más finalidad que la de obtener la propia subvención, no creo que Europa debiera desproteger su agricultura, exponiéndola a la libre competencia del Tercer Mundo. Si lo hiciera, aceleraría la despoblación y desertización del campo, cosa altamente negativa para el bienestar del conjunto de la población. Provocaría igualmente el encarecimiento brutal -o la desaparición- de toda una serie de productos de calidad. (Iba a escribir que, además, estimularía la sobreexplotación de la mano de obra campesina del Tercer Mundo, pero mucho me temo que eso sea ya casi imposible).
Por esas razones -y más que me dejo en el tintero- no respaldo la exigencia de desarme arancelario que plantean los países del Tercer Mundo con respecto a las agriculturas de los estados desarrollados. Pero, en contrapartida y por elemental coherencia, tampoco creo que la UE y los EUA puedan exigirles a ellos que dejen vía libre a sus capitales, y menos todavía que ofrezcan garantías para sus inversiones. Ese liberalismo en forma de embudo es impresentable.
Recuerdo lo que Salvador Dalí decía de Pablo Ruiz Picasso: «Picasso es un gran pintor. Yo también. Picasso es comunista. Yo tampoco».
A mí me saldría algo parecido con respecto a los gobiernos de la UE: ellos son liberales; yo tampoco.
Javier Ortiz. Apuntes del natural (15 de septiembre de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/09/15 06:00:00 GMT+2
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