La violencia que se ha desatado en Kenia en las últimas semanas, a raíz del pucherazo electoral presuntamente organizado por el presidente saliente Mwai Kibaki, ha vuelto a poner a un país del África negra en la primera página de los periódicos occidentales.
Algunas voces críticas no han tardado en denunciar la "tribalización" del discurso cuando se trata de describir los conflictos africanos. En Diagonal, Juan Rivero Rodríguez, del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid, resume esta posición crítica en una frase atribuida al escritor keniata -residente en Nueva York- Ngugi wa Thiong´o: “En Kenia, al igual que ocurre en África en su totalidad, sólo hay dos tribus: la de los que tienen y la de los que no tienen”.
El sitio web de Le Monde Diplomatique insiste también en esta idea: "el factor tribal no juega el papel principal en los acontecimientos mortíferos que acompañaron el anuncio de los resultados electorales". Rivero Rodríguez concluye que "las raíces de la violencia latente desde hace tiempo en Kenia y desatada tras el fraude electoral hay que buscarlas en los barrios marginales de las megaurbes producto de la emigración rural donde la opresión de la tribu de los que tienen se hace insoportable para los de la tribu de los que nada poseen."
Los suburbios marginales de Kenia, como Kibera -el más grande del África subsahariana- o Mathare, son conocidos por su miseria y por la violencia de sus bandas juveniles, algunas de ellas vinculadas a políticos locales. La pobreza extrema y la explosión urbana constituyen aspectos insoslayables en cualquier análisis. Pero una posición estrictamente economicista -según parámetros occidentales- no nos permite llegar mucho más lejos en la comprensión de los conflictos políticos y sociales en África.
La denuncia de la visión orientalista de la etnia o tribu como esencias inmovilizadas, ahistóricas, y como factores causantes de todo conflicto -loable objetivo- suele hacerse aparcando la misma idea de linaje o etnia, considerados premodernos y por tanto fuera del ámbito de la política y de la economía. Con esta posición se llega por otro camino -quizás más rojo- a las mismas conclusiones eurocéntricas: sólo cabe concebir una sociedad de individuos-ciudadanos que se expresen a través de partidos, sindicatos y otras asociaciones (sociedad civil) en continua interacción con el Estado, sede de la esfera política. En determinadas concepciones que se reclaman del marxismo esa relativa autonomía ciudadana queda además supeditada a un determinismo económico del que resulta difícil escapar.
Pero el linaje, la etnicidad, como la religión, son elementos decisivos en el África negra. Todos ellos son factores identitarios fundamentales en un contexto en el que nunca llegó a echar raíces la concepción individualista que ha desarrollado la tradición dominante en Occidente. Insistir en si fue primero el huevo de la etnia o la gallina de la política sólo puede llevar a callejones sin salida o a mareantes juegos de palabras. En una entrevista a Público, Maina Kiai, director de la Comisión de Derechos Humanos de Kenia, afirma lo siguiente sobre el conflicto keniata: "no es étnico, sino político. Podemos hablar de una crisis política con tintes étnicos que está revelando algunos de las fracturas de nuestra sociedad ignoradas hasta ahora por los gobernantes." Vamos, que es étnico, luego es político.
Desde nuestra atalaya, nos cuesta elevar al rango de lo político las categorías y expresiones de los grupos subalternos, sobre todo cuando beben de cosmovisiones ajenas, consideradas "primitivas" cuando se comparan con nuestra verdad absoluta. Sin embargo, en una época de crisis del universalismo paneuropeo (Wallerstein) se multiplican las señales, no necesariamente violentas, de irrupción de intentos alternativos de modernización, que en general incorporan tanto aspectos introducidos por el colonizador como otros elementos provenientes de las propias culturas, que no deben desdeñarse.
Las cuestiones que me planteo son las siguientes: ¿cabría esperar experiencias equiparables al zapatismo o al movimiento indígena boliviano en África? ¿o la alteridad es tan pronunciada que somos incapaces de reconocer las expresiones africanas de autonomía política?




Comentarios
Petonets
Remitente: Marieta.2008/01/21 11:00:49.718 GMT+1
Aupa Samuel!
Muy interesante el análisis, que además plantea otros interrogantes, -por lo menos a mí-, sobre cultura, cooperación, etc. En cualquier caso habría que saber algo más de historia de África, de la historia reral de África, no de la intervención europea en aquel lugar. Lo que si parece claro es que las experiencias zapatista y boliviana surgen de una tradición social muy específica que a saber si existe o es posible también en África.
Por otra parte, cada vez que tengo que pensar en política y etnicismo como planteamientos complementarios el pensamiento me entra en una especie de niebla difusa... O no... no lo sé.
Bueno que haya más de estos comentarios.
petonetes
Remitente: BAsatxoria.2008/01/21 14:21:06.134 GMT+1
Remitente: Belén.2008/01/21 22:56:39.411 GMT+1
Remitente: Samuel.2008/01/23 23:30:08.059 GMT+1
www.javierortiz.net/voz/samuel
lo q yo bosco es un resumen de africa ok
Remitente: paty.2008/06/05 03:47:12.105 GMT+2