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1993/04/08 07:00:00 GMT+2

Los alacranes del PSOE

De la batalla que va a librarse en la sede federal del PSOE el próximo sábado lo sabemos casi todo: el día y la hora, las fuerzas en presencia, las armas respectivas de los contendientes...

Se diría que sólo nos queda ya un dato por conocer: quién será el vencedor y quién el derrotado. Pero, bien pensado, de esto también sabemos bastante. Sabemos que, si esa batalla se desata, perderán todos ellos. Se está deteriorando a marchas forzadas la imagen del PSOE, y una guerra interna librada a campo abierto asestaría un golpe terrible a la credibilidad electoral socialista. ¿Con qué cara decir a los electores que el PSOE es «el único partido con capacidad real para vertebrar España» –uno de sus tópicos favoritos–, tras haber demostrado su total incapacidad para vertebrarse siquiera entre ellos?

Conscientes de ese peligro, algunos dirigentes de los dos bandos están realizando esfuerzos desesperados para lograr un compromiso que evite la batalla, como en el escenario de La Guerre de Troie n'aura pas lieu.

Sucede a veces sin embargo que, por previsiblemente catastróficos que sean los resultados de una guerra –a eso dedicó Giraudoux su obra–, no es posible evitarla: ora porque los agravios, las traiciones y los rencores acumulados ya no dejan espacio para la coexistencia, ora porque no hay modo de hallar un punto de equilibrio entre los intereses enfrentados, ora por ambas razones a la vez.

Este último es el caso del PSOE. No hay posible acuerdo entre quienes exigen que el gobierno se subordine al partido y quienes reclaman justo lo contrario. No puede haber paz entre quienes hace mucho tiempo que no discrepan: que se odian, sin más. Se odian a muerte.

Y el que odia así es como al alacrán del cuento: siente la necesidad de matar, aunque él también perezca.

No puede hacer otra cosa: está en su naturaleza.

Javier Ortiz. El Mundo (8 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/08 07:00:00 GMT+2
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1993/04/06 07:00:00 GMT+2

Txiki bing-bang

Sé por vieja experiencia -a José María Benegas Haddad lo tuve como compañero de clase durante ocho inacabables y definitivos años escolares- que el aún secretario de Organización del PSOE se siente irreprimiblemente inclinado hacia la interpretación de papeles teñidos por la languidez de las cosas subalternas, que diría el inmortal Pedro Salinas. O sea, y dejándonos de endecasílabos, que lo suyo no es la audacia.

En función de ello, tiendo a pensar que, si ha armado esta marimorena, sacando a relucir su correspondencia con el One, tiene obligatoriamente que ser porque: a) sabe que lo tiene muy crudo; y b) está respaldado.

Que su situación es problemática no representa ningún secreto. Hace días que las quinielas de los «depurables» del PSOE cuentan unánimemente con su candidatura. «¿Qué tal Benegas y Galeote?», propone el uno. «No; Benegas y Guerra», responde el otro. «¿Y si pusiéramos a Benegas, Guerra, Galeote y Marugán?», tercia el de más allá. En esas condiciones, incluso el espíritu menos despierto -por ejemplo, el del propio Benegas-, tiende a maliciarse que la Secretaría de Organización del PSOE puede quedarse vacante a corto plazo.

La suerte que ha tenido Txiki es que Alfonso Guerra no ha encontrado ninguna ventaja en su sacrificio. Si el corte de la cabeza del orondo donostiarra hubiera protegido al vice, éste no habría tenido el más mínimo inconveniente en ponerlo bajo las patas de los caballos averiaos de los «renovadores». Pero Guerra se ha dado cuenta de que la cabeza de Benegas no le sirve para nada. Ni siquiera cortada.

Gracias a eso, Benegas ha podido sentirse héroe por un día, poniendo a las tres eses de González -Serra, Solchaga, Solana- en la picota. Sigue sin ser nadie, cierto. Pero así, por lo menos, se siente alguien.

Javier Ortiz. El Mundo (6 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de abril de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/06 07:00:00 GMT+2
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1993/04/04 07:00:00 GMT+2

Políticos insobornables

Hace ya décadas que Boris Vian explicó que los políticos pueden ser insobornables por dos razones diferentes: una, porque no tengan precio; otra, porque no exista unidad de moneda lo bastante pequeña como para pagar lo que valen. Vian situaba en esta segunda categoría a algunos parlamentarios. Yo también.

Algunos parlamentarios -término que, según el propio Vian, proviene del francés: parler, hablar, y menteur, mentiroso- están conspirando ahora para que se apruebe un Código Penal que nos impida a los periodistas seguir llamándoles por su nombre. Les entiendo. Son tan rematadamente impresentables que necesitan legislar para que nadie pueda presentarlos.

Prefieren la clandestinidad, cuyas artes aprendieron bajo el franquismo. Reconozcamos su superioridad en la materia. Mientras otros cometimos por entonces la torpeza de dejarnos ver, pagando tamaña estupidez con detenciones, torturas y cárceles, la gran mayoría de ellos lograron que nadie se diera cuenta de su profundo antifranquismo. Nadie: ni la policía de la dictadura ni -oh maestría- los demás antifranquistas. Gracias a su aguda visión histórica, mientras otros perdíamos el tiempo luchando por la libertad, ellos se preparaban en astuto silencio para ser ministros, diputados, senadores, cobradores de comisiones, utilizadores de visas oro, pateadores de puertas y censores de periodistas amarillos y acomplejados.

Pablo Castellano ha dicho que, de haber vivido Francisco de Quevedo bajo el Código Penal que esta gente quiere perpetrar, no hubiera podido escribir su genial obra satírica. Yerra. También los censores de su tiempo hicieron lo imposible por callar a Quevedo, pero él no cedió. «Antes muerto estaré que escarmentado», les dijo. Téngalo en cuenta los González, De la Quadra y demás López Riaño de nuestro días: hay tipos así.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de abril de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/04 07:00:00 GMT+2
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1993/04/03 07:00:00 GMT+2

Euskadi, año cero

No se hiela un río a tres metros de profundidad en una sola noche, no: tiene mucha razón el refrán chino. Lo que en Euskadi estalló en 1968 venía gestándose desde años antes. Se sentía en la aparición de formas de nacionalismo de nuevo cuño, asumidas por jóvenes radicales que buscaban entroncar los postulados tradicionales del independentismo con las últimas teorizaciones sobre la guerra revolucionaria (del Ché Guevara a Mao Zedong, de Franz Fanon a Trung Chin) o con los análisis de la nueva izquierda occidental: Gorz, Marcuse, Mallet, Basso, etc. Se sentía también en el poderoso despegue del movimiento obrero que, con la aparición de las Comisiones Obreras y la extensión de otras formas de organización radicales, había obligado al régimen franquista a decretar ya un estado de excepción en 1967, tras la larguísima huelga de Bandas. Apuntaba también algo nuevo en el activismo comprometido de una parte sustancial del clero vasco, vinculado tanto a la lucha obrera como al nuevo nacionalismo radical. Era una ola que rompía en todas las orillas: incluso en la del arte, cuyos representantes principales, tanto en la música (Ez Dok Hamairu) como en las artes plásticas (0teiza, Chillida, Basterretxea, Zumeta...), revelaban un alto grado de politización.

ETA era realidad desde años ha, pero es en el 68 cuando alcanzó su apogeo numérico. Se estima que contaba con unos 600 militantes, cifra que puede parecer escasa pero que, en la clandestinidad, suponía un volumen considerable. Hasta había sufrido ya un par de escisiones: la del grupo de «El Cabra», en la zona de Mondragón –un puñado de activistas que llegó a «ocupar» durante unas horas el pequeño pueblo vizcaíno de Garai–, y la de los seguidores de la Oficina Política, expulsados por su escaso entusiasmo nacionalista y sus «moderneces» marxistas, lo que les llevó a formar la llamada ETA-Berri («Nueva ETA»), de la que acabaría saliendo el Movimiento Comunista.

Se sentía que aquello iba a estallar por algún lado, y pronto se vio por cual. En febrero de 1968 es detenido Sabin Arana Bilbao, miembro de ETA: llevaba un arma. Durante meses, se suceden los atracos a Bancos y los atentados contra símbolos falangistas: todo el mundo se da cuenta que ETA está pasando de las proclamas en favor de la lucha armada a la actividad armada. Y buena parte de los vascos, harta de la represión, lo ve con buenos ojos. Lo que muchos desean, ellos lo hacen.

El tiro de salida –nunca mejor dicho– se produce el 7 de junio, en Guipúzcoa. Un guardia civil, José Pardines, da el alto a un coche. En su interior van Txabi Etxebarrieta Ortiz e Iñaki Sarasketa, ambos integrantes del Frente Militar de ETA. Etxebarrieta mata al guardia civil. Se produce una aparatosa persecución policial y en Benta Haundi, cerca de Tolosa, la Guardia Civil mata a Etxebarrieta. Son los dos primeros muertos. Uno por cada bando.

La muerte de Etxebarrieta provoca una reacción popular enorme. Se suceden durante semanas los funerales por toda Euskadi. La Policía carga a la salida de las iglesias, detiene sacerdotes, pero no logra abortar las protestas. El Aberri Eguna, en San Sebastián, es de inusual violencia: los manifestantes vuelcan coches y repelen las cargas de la Policía Armada, todavía muy poco preparada para estos menesteres. En junio, Iñaki Sarasketa es condenado a muerte por un Consejo de Guerra, pero la sentencia se conmuta: en aquel ambiente, las consecuencias de una ejecución habrían sido desastrosas para el propio franquismo.

El 2 de agosto se produce un hecho que marcará para siempre el futuro de Euskadi: un militante de ETA –aún sigue sin saberse con certeza quién– mata a tiros en las escaleras de su propia casa, en Irún, al comisario de la Brigada Político-Social Melitón Manzanas, máximo responsable de la represión política en Guipúzcoa.

Inmediatamente, el Gobierno de Franco decreta el estado de excepción. La Policía detiene a más de seiscientas personas, muchas de las cuales son maltratadas. El Régimen da palos de ciego, sin comprender que él mismo está fraguando el más sólido de los estímulos de movilización que haya conocido la Euskadi moderna: la lucha contra la represión. Una represión que, por lo demás, dista de calmar las cosas. El año prosigue entre encierros de sacerdotes, huelgas continuas –la de la Babcock Willcox, en octubre, fue particularmente dura– y manifestaciones estudiantiles.

En diciembre, mientras un Consejo de Guerra pronunciaba cuatro nuevas sentencias de muerte en San Sebastián, Arantxa Arruti y José María Dorronsoro caían en manos de la Policía. Ambos acabarían en el banquillo del Proceso de Burgos.

Todo eso ocurrió en el año cero.

Ahora vivimos en el 25.

Javier Ortiz. El Mundo (3 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/03 07:00:00 GMT+2
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1993/03/30 07:00:00 GMT+2

Francia-España

Todo el mundo juega ahora por aquí a encontrar los parecidos y las diferencias entre Francia y España. Es un juego gracioso. Voy a participar.

A mí se me ocurren, más que nada, diferencias. La primera y más elemental, la geográfica: un hexágono es una aséptica figura geométrica; una piel de toro, el rastro de un cadáver.

Están también las diferencias de tipo histórico. Por ejemplo: en la época en que al otro lado de los Pirineos se dedicaban a fabricar grandes revoluciones, nuestros antepasados optaban por gritar «iVivan las caenas!». (Nota bene: a los que repudiaban ese grito se les llamaba «afrancesados»).

Hay tambien diferencias que podríamos considerar darwinianas. Verbi gratia: los políticos franceses pueden ser corruptos como el que más; a cambio, dada la terrible competencia que deben afrontar, tontos de baba hay muy pocos. En eso tampoco nos parecemos.

¿Que tanto acá como allá avanza la derecha? Vale. Pero conviene que no olvidemos qué contenido político tiene el término «derecha» en Francia. La derecha francesa la representan los herederos de De Gaulle, que no fue precisamente Francisco Franco. En primera fila de la derecha francesa milita, por ejemplo, Jacques Chaban-Delmas, que aún utiliza el nombre de guerra que eligió cuando tomó las armas para combatir contra los nazis. Qué quieren que les diga: en nuestra derecha no abundan los resistentes anti-fascistas, y menos los armados. Aquí hay muchos que dicen que entre la presunta izquierda que capitanea el PSOE y el sedicente centro-derecha de Aznar apenas existen verdaderas divergencias de fondo. Quizá sea verdad. Pero, de serlo, lo sería para mal. En Francia tal vez pueda decirse lo mismo, pero en su caso lo sería tanto para mal como para bien: allí la derecha responde a una arraigada tradición de laicismo, cultura y tolerancia.

¿Más diferencias? Otra, y no pequeña: aquí está todo el mundo obsesionado con lo ocurrido en Francia; allí, en cambio, lo que ocurra en España les deja fríos.

Esa es la cosa: cuando Francia se acatarra, España estornuda. Por el contrario, cuando España se acatarra, Francia vende aspirinas.

Javier Ortiz. El Mundo (30 de marzo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de enero de 2018.

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1993/03/28 07:00:00 GMT+2

Ese burgués llamado González

Me ha venido estos días a la memoria una canción de Jacques Brel, el gran, el inmenso cantautor belga: Les bourgeois. Su protagonista contaba/cantaba en ella cómo, de jóvenes, él y sus amigos Jojo y Pierre se ponían en la puerta del bar del hotel del pueblo y, cuando a medianoche los notables del lugar lo abandonaban, hacían escarnio de ellos, les mostraban burlonamente el culo y les cantaban: «Burgueses, sois como los cerdos: icuanto más viejos, más brutos! Burgueses, sois como los cerdos: icuanto más viejos, más putos!».

Segundo tiempo de la canción. Han pasado los años. Ahora, Pierre, Jojo y el propio relator se han convertido en los notables del lugar. Se juntan en el bar del hotel para hablar de sus cosas (es decir, de sí mismos). Y están indignados: «Porque cuando salimos a medianoche, señor comisario, todos los días nos topamos con unos jóvenes mierdosos que se burlan de nosotros, nos enseñan el culo y nos cantan: "Burgueses, sois como los cerdos: icuanto más viejos, más brutos!"».

Los jefes del PSOE han demostrado estos días que son como los burgueses de Brel. La muy escasa cortesía de los universitarios, sus malos modos, su cabreo, les parecen de mal gusto, cuando no fruto de su doble adhesión al PP y al Opus Dei. Han olvidado los tiempos en que ellos maldijeron, no ya a los franquistas, sino a todos los poderosos del planeta: a los que eran entonces -por decirlo en pocas palabras- lo que ellos son ahora.

Si los jóvenes universitarios de hoy tuvieran delante de sus narices a la personificación misma de todas sus frustraciones, al jefe de su mañana sin futuro, al mandamás de cuantos estrujan aulas para destilar parados, y no lo pusieran de vuelta y media, yo, al menos, me sentiría francamente desalentado. Esos pitidos, esa bronca, esos insultos evidencian que aún hay jóvenes que, felizmente, no son viejos.

Javier Ortiz. El Mundo (28 de marzo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de abril de 2012.

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1993/03/21 07:00:00 GMT+1

¡Gracias, televisión!

Aseguran las encuestas -y confirma la simple observación personal- que cada vez se lee menos. Es un hecho preocupante.

Preocupa, en primer lugar y por comprensibles razones, a escritores, editores, impresores, distribuidores, libreros y demás personal que aspira a vivir de la lectura ajena. Pero, de modo algo más altruista, nos precupa también a cuantos deseamos que no muera el pensamiento crítico. Porque los libros -algunos, al menos- siguen siendo el refugio privilegiado de la reflexión honda y serena, sin la cual queda expedita -también esto puede comprobarse sin ninguna necesidad de encuestas- la vía del adocenamiento.

Es posible que el anuncio del monito sea un acierto publicitario. A cambio, dudo mucho de su eficacia real. La cuestión no es atraer la atención general hacia la importancia de los libros. El problema reside en crear unas condiciones, un entorno social favorable a la lectura. Y de eso el monito -pobre- no sabe nada.

Quienes sí están haciendo una muy eficaz campaña en pro de la lectura son los responsables de los diversos canales de TV que hay en España. Empeñados en ampliar al máximo su videncia a costa de las ajenas, han atiborrado las programaciones de espacios tan uniformemente inicuos, tan homogéneamente vomitivos, tan literalmente insoportables, que cada vez más ciudadanos, tras deambular de cadena en cadena, de horror en horror, renuncian a pasar sus horas muertas -cuán ajustada expresión- delante de la pantalla. Se crean así las condiciones adecuadas para que la lectura recupere poco a poco el ancho espacio perdido.

Bienvenida sea, pues, la telebasura, los preciojustos, las nieveherreradas; vuelva Encarna a televisión, háganla directora del ente; sigan, sigan, por favor, por ese camino de espanto.

La cultura se lo agradecerá infinito.

Javier Ortiz. El Mundo (21 de marzo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de marzo de 2011.

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1993/03/14 07:00:00 GMT+1

Fraga

El pasado miércoles estuvo muy animada la vida parlamentaria. El espectáculo de Roma fue francamente estimulante: los políticos italianos serán una banda de corruptos, pero se lo sudan. Los nuestros, aunque de recursos más pobres -en todos los sentidos, probablemente, tampoco estuvieron del todo mal. Fue muy mono, por ejemplo, el intercambio de (des)calificaciones que escenificaron en el Congreso Josep Borrell y algunos miembros del Grupo Popular. Borrell les acusó de habitar en una caverna; sus oponentes le replicaron que el PSOE está instalado en la cueva de Alí Babá. Unas imputaciones la mar de graciosas, que presentaban la ventaja adicional de no resultar en absoluto incompatibles. También tuvo el propio Borrell una discusión harto irónica y enigmática con el diputado del PP Antonio Pillado, con el que polemizó sobre a cuál de los dos le apetecía menos «excitar el celo» del ministerio fiscal. No quedó claro el asunto, pero se rieron todos mucho. Y es que, desde luego, son de risa.

Pero el incidente local más sonado fue el que se produjo en el Parlamento gallego, con acusaciones de nazismo, zapato en mano, contra Fraga. Este bochinche, sin embargo, nadie se lo ha tomado a guasa, y no entiendo por qué. A mí, qué quieren, me resulta cómico comprobar cómo, cada vez que las cosas le van medianamente bien al PP, Fraga sale con una de las suyas, facilitando que el PSOE retome su discurso titulado «La catástrofe que se os avecina con éstos». Tal singular manía fraguista encuentra sólo dos posibles explicaciones: o el presidente de la Xunta tiene carné del PSOE y es un espía, o bien es un resentido que, como no supo llevar a la derecha al Poder, está dispuesto a lo que sea con tal de evitar que otro acabe lográndolo. No sé a ustedes, pero a mí la explicación que más me encaja, y con mucho, es la primera.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de marzo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de marzo de 2012.

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1993/03/07 07:00:00 GMT+1

Poesía última

Hace exactamente treinta años, en marzo de 1963, el recién fallido académico Ángel González fechaba unos folios de preámbulo para su feliz contribución a una antología titulada Poesía última: «Vivimos en un mundo demasiado comprometedor -escribía, entre realidades ante las cuales la indiferencia o el desconocimiento son difíciles, por no decir imposibles, incluso para los poetas más embebidos en la contemplación de la hermosura de la Naturaleza». Lo que Angel González no podía sospechar en 1963 es que, tres décadas después, estaría superado el dilema poético que entonces tanto le preocupaba. Superado, además, por partida triple: 1ª) Hoy en día, ni siquiera los vates más soñadores pueden quedarse extasiados contemplando la hermosura de la Naturaleza. También la Naturaleza está hecha un asco. 2ª) Da exactamente igual en qué se fijen los poetas, porque nadie lee poesía, ni la poesía importa a nadie: la gente está demasiado ocupada viendo ¿Quién sabe dónde? o El precio justo. Y 3ª) Es harto posible que el propio Angel González -aquel que en lejanas madrugadas de bohemia comparaba la Historia con la morcilla de su tierra («Las dos se hacen con sangre, las dos se repiten»), componía los más bellos poemas de amor («Si yo fuera Dios y tuviese el secreto,/ haría un ser exacto a ti») y discutía con las cucarachas republicanas de su casa- se dedique también, ahora que tiene el Príncipe de Asturias en el bolsillo, a ver la tele. Y hasta cabe que, de ponerse a glosar los tiempos que corren, lo hiciera ya de suerte bien distinta: «Vivimos en un mundo demasiado comprometedor -podría escribir, entre realidades ante las cuales la ignorancia o el desconocimiento... resultan comodísimos».

Malos, tristes tiempos éstos en los que la mejor poesía última sigue siendo la de hace treinta años.

Javier Ortiz. El Mundo (7 de marzo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de marzo de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/03/07 07:00:00 GMT+1
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1993/03/06 07:00:00 GMT+1

Es cosa de ellos

En 1909, Antonio Machado se casó con Leonor Izquierdo. Don Antonio tenía a la sazón 34 años. Su amada Leonor era la niña de sus ojos. Literalmente: en el momento de la boda, ella apenas frisaba los 15 años. La había conocido dos años antes, es decir, cuando tenía 13 años. ¿Estaba Machado loco?

Yo no sé si Arturo Romero, el profesor ayamontino de 34 años, está o no está en sus cabales, y tampoco sé si Nuria Socorro, su alumna de 12 años, tiene madurez mental como para saber lo que quiere. Lo que sí sé es que no es imprescindible estar zumbado para enamorarse de una adolescente, y sé también que hay chavalas de 12 años que no sólo tienen aspecto de ser mayores -caso de Nuria, en concreto- sino que cuentan con mucho más seso que otras con seis u ocho años más. Así que empiezo por ahí: carecen de sentido las condenas establecidas sin más dato que la edad de los protagonistas de esta historia.

Para juzgar el caso sería necesario conocer mucho mejor sus circunstancias concretas. Cierto. Pero, ¿qué necesidad hay de juzgar el caso? ¿A qué viene esta morbosa pasión por meter la nariz en un asunto estrictamente privado, sentenciando si está bien o mal? ¿Qué pintan los medios de comunicación del Estado, radio y televisión a coro, relatando como primera noticia del día las idas y venidas del profesor, de la alumna -con detalles sobre el estado de su virgo, faltaría más, del padre, de la hermana pequeña y del súrsum corda? ¿Con qué cara pueden permitirse luego los máximos responsables de RTVE lanzar acusaciones de amarillismo contra nadie? ¿No será que están intentando distraer a la opinión pública de los asuntos realmente importantes?

«Esta sociedad está perdiendo sus valores morales», sentencian algunos comentaristas apoyándose en el caso. Pero, si generalizar este hecho aislado fuera lícito -que no lo es, mejor sería concluir que se están recuperando viejas costumbres: mi abuela se casó con 14 años, y el fenómeno era corriente en su tiempo. ¿Por qué? Porque las expectativas de vida eran menores, y eso animaba a la gente a vivir a más velocidad. Matrimoniarse con 14, con 20 o con 25 años no remite a ningún asunto de moral inmanente; es simple cuestión de épocas y de costumbres.

A mí no me parece buena idea entablar relaciones prematrimoniales a los 12 años. En realidad, no me parece bien entablarlas ni a los 12 años ni nunca: estoy en contra del matrimonio. Pero es una opción mía. Si Nuria Socorro quiere salir con ese señor mayor con fines matrimoniales, es su problema y, como mucho, el de su familia. No el mío. Ni el de RTVE.

Javier Ortiz. El Mundo (6 de marzo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de marzo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/03/06 07:00:00 GMT+1
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