1993/05/23 07:00:00 GMT+2
Cuando están en campaña electoral, los políticos dicen muchas tonterías. (Cuando no también, pero las sinsorgadas electorales son más llamativas, porque ellos ponen más interés en decirlas y porque los medios informativos las resaltamos más). En general no me preocupan gran cosa: allá quien quiera prestarles atención. Pero la noche de apertura de la campaña oficial escuché por la radio una exclamación que me dejó estupefacto. La lanzó un desmelenado Raimon Obiols en dirección al PP. «iNo pasarán!», gritó el jefe de los felipistas catalanes.
Me quedé mudo. Pero no porque me sintiera confuso, sino por aquello que los franceses llaman embarras de richesse: se me ocurrían tantas objeciones que no sabía por cuál empezar.
Ahí tienen ustedes, ya ven, al eterno segundón de la política catalana, lanzándose a la contienda electoral con pertrechos de guerra civil, recurriendo al grito de la resistencia armada antifascista de los años 30. Olvida el insensato tres cosas elementales: primera, que no es el PP, sino el partido en el que él mismo milita, el que representa a los poderosos del momento; segunda, que esto va de urnas y no de armas; y tercera, que el PP es un partido tirando a carca en muchas cosas, no tanto como el PSOE en otras, pero que solo a un ceporro de ceporrez químicamente pura se le puede ocurrir que el triunfo del PP representaría la llegada del fascismo.
De todos modos, no fue por nada de esto por lo que me indigné tanto con el grito de Obiols. Lo que me sulfuró a más no poder fue que tuviera la desvergüenza, la falta de escrúpulos, el infame descaro de prostituir para pendencia tan cutre, mediocre y pesetera el heroico grito de los defensores de Madrid. De todos aquellos pobres que fueron vendidos, traicionados y llevados al matadero por los Obiols de su tiempo.
Javier Ortiz. El Mundo (23 de mayo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de mayo de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/05/23 07:00:00 GMT+2
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1993/05/16 07:00:00 GMT+2
La cosa de ejercer en esta casa como segundo de a bordo en materia de opinión hace que muchos me tomen por una especie de ombudsman ideológico. «Hay mucha gente cabreada porque estáis dando demasiada cancha al PP», me comenta el uno. «¿y ese entusiasmo que os ha entrado por Anguita? ¿Qué pasa? ¿Que os váis a hacer comunistas justo cuando ya nadie quiere serlo?». A todos trato de explicarles lo mismo: que nuestra línea editorial defiende la conveniencia de que el PSOE no gane otra vez las elecciones, y que la gran ventaja, la enorme virtud que tienen todos los que no son el PSOE es que no son el PSOE. Unos aceptan la respuesta, otros no, y es fácil que todos acierten, porque todos tienen, si no razón, sí buenas razones.
Hay un reproche, sin embargo, para el que no tengo ninguna respuesta, tal vez porque yo también me lo hago: «Ya vale de política, ¿no?», me dijo el otro día un buen amigo, que no se caracteriza precisamente porque le aburra pensar -lo que le aburre es pensar sobre cosas aburridas-. «Os habéis montado un tinglado entre los periodistas y los políticos, y estáis encantados, cociéndoos en vuestra propia salsa. Pero son historias que importan un pito a la mayoría. La vida tiene un montón de facetas que son muchísimo más interesantes». Tienes razón, mi buen amigo. Yo mismo, cuando salgo del diario, sólo pienso en olvidarme de todo eso. Es entonces cuando me acuerdo de que me duele la rodilla desde hace días, y de que está hecho polvo alguien a quien quiero mucho, y de que otra persona que llevo en el alma se ha enfadado conmigo... ¿Tiene Aznar algo que proponer al respecto? ¿Me resolverá algún problema de ésos la oferta electoral de González? No, claro que no. Pero darles la espalda, por justo que sea, no va a desconvocar la cita del 6 de junio.
Javier Ortiz. El Mundo (16 de mayo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de mayo de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/05/16 07:00:00 GMT+2
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1993/05/14 07:00:00 GMT+2
Me escribe un lector para criticar mi total falta de objetividad. Asegura que se notan mucho las inquinas que siento. Bueno, me tranquiliza. Todo fuera que, después de invertir tanto esfuerzo en dejarlas bien claras, pasaran desapercibidas.
Tiene razón: no soy objetivo. Y no lo soy por dos buenas razones. La primera -sólida, pero menor- es que la objetividad no existe. La segunda y principal es que respeto a los lectores. Puesto que ellos pagan por mis opiniones, tienen derecho a conocerlas sin necesidad de leer entre líneas. Me dan grima esos columnistas y editorialistas melifluos que, cual las monedas -son de la familia-, tienen dos caras. Una fingidamente ecuánime y ajena a las humanas pendencias, de la que se sirven para aparecer en público. La otra, intolerante, sectaria y malababa, que guardan para las conversas en petit comité, casi siempre con un güisqui por delante y varios más en el coleto.
No, no creo en la objetividad. Y menos cuando compruebo cómo son los que se pretenden objetivos.
En lo que sí creo, a cambio, es en la honestidad. Les explicaré cuál es mi idea de la honestidad periodística. Por ejemplo: no me parece honesto atribuir a alguien lo que ni ha dicho ni hecho para mejor poder zurrarle la badana. Tampoco creo honesto utilizar la propia opinión como arma de chantaje, ofreciendo elogios a quien haga lo que nos conviene y amenazando con tratarlo de canalla si no baila al son que le tocamos. Y tampoco juzgo honesto criticar con solemnidad editorial a otros periodistas por discutir con tales o cuales políticos sobre lo que deben o no deben hacer, cuando el anatemizador hace eso mismo un día sí y otro también.
Aquí hay quien confunde el rigor con el jesuitismo. Si un periodista toma partido abierto en política, lo condenan. Pero les parece de perlas si lo hace hipócritamente, como ese mercader que ha acudido a Venecia a proclamarse paladín de la Prensa seria (o sea, aburrida).
La independencia no consiste en no mojarse, sino en mojarse cuando es necesario y por razones que no se guardan en la cartera.
Pero, seamos sensatos: ¿cómo va a entender eso un periodista que es a la vez consejero bancario?
Javier Ortiz. El Mundo (14 de mayo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de mayo de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/05/14 07:00:00 GMT+2
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1993/05/09 07:00:00 GMT+2
El debate preelectoral está alcanzando tal altura que ya siento vértigo intelectual. Tras haber escuchado a Baltasar Garzón, el nuevo number two del socialismo matritense, asegurar que él se siente «próximo a un sector de Izquierda Unida» pero que encuentra «mejor acomodo» (imejor acomodo!) en el PSOE, me toca oír al señor González haciendo una interesante comparación entre el número de televisores en color que había en España en 1982 y el que hay ahora. Apenas repuesto de lo cual, me asesta un nuevo golpe señalando la enorme diferencia que hay entre cómo «nos» fue en el Campeonato Mundial de Fútbol del 82 y cómo «nos» ha ido en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Apabullante.
Las últimas encuestas revelan que, seguramente gracias a las mil y una intervenciones públicas de estos dos brillantísimos personajes -es como si el partido del Gobierno no tuviera otros-, el PSOE recupera terreno. No me extraña en absoluto. Todo está a la misma altura. Un país en el que hay quien se forra vendiendo pincitas mágicas que se ponen en la oreja, haciendo cartas astrales por teléfono o diagnosticando el SIDA por correo es un país en el que nada se opone a que pueda conquistarse la Jefatura del Gobierno con técnicas suasorias propias del gremio de los trileros.
De los trileros me ha fascinado siempre no tanto su habilidad manual para bailar en el momento adecuado la posición de la bolita como su fina capacidad para conseguir que el panoli que ya ha perdido una vez siga perdiendo. Es todo un espectáculo. A veces me paro a verlo. Me hace gracia esta pervivencia de la picaresca.
Pero el numerito de los trileros electorales no me hace, en cambio, ninguna gracia. Porque los crédulos a los que estos estafadores engañan una y otra vez no se dejan sacar sólo su dinero. Pierden el de todos.
Javier Ortiz. El Mundo (9 de mayo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de mayo de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/05/09 07:00:00 GMT+2
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1993/05/02 07:00:00 GMT+2
La peripecia del juez Garzón se ha convertido en el gran escándalo patrio de la semana. Qué quieren que les diga; no me parece para tanto. Quizá sea porque llevo mucho tiempo en estas lides -más sabe el diablo por viejo que por diablo- y me ha tocado asistir a una enorme variedad de piruetas políticas e ideológicas destinadas a abandonar la oposición, cualquier forma de oposición, para subirse al carro del Poder. Las justificaciones de los tránsfugas son siempre aburridamente parecidas: «No me condenes antes de ver cómo lo hago», «Lo que me han ofrecido es más técnico que político», etc. Lo más penoso es que algunos incluso se lo creen, por lo menos durante un tiempo: el que tardan en cambiar de círculo de amistades. He visto el proceso también desde el otro lado de la barrera. Conocí a un alto cargo del PSOE que neutralizó a un incómodo líder sindical por el expeditivo sistema de asignarle un despacho oficial y un buen sueldo. «¿y a qué lo vamos a dedicar?», le preguntaron al jefe. «Da igual. Eso ya lo decidiremos más adelante», respondió él, despectivo. Así que hasta puede que sea cierto que González aún no haya decidido qué puesto va a conceder a Garzón. Tal vez lo deje también para más adelante. Pero que no se preocupe. Algo le caerá. Casi todos los que han pasado del puño cerrado a la mano extendida han acabado por pillar algo con ella. Ciertos tránsfugas, los más envanecidos, pretenden que, si aceptan ponerse del lado del que manda, es porque van a «imprimir un nuevo rumbo» a la tarea que se les confía. Son cómicos. No se dan cuenta de que, en la fría maquinaria del Poder, cada pieza tiene una misión asignada. Cada cual puede cumplir con mayor o menor eficiencia su función, pero nunca cambiarla. Sólo el dueño de la máquina decide qué se fabrica con ella. El dueño. Poco importa quién: el de turno. Llamémosle X.
Javier Ortiz. El Mundo (2 de mayo de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de mayo de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/05/02 07:00:00 GMT+2
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1993/04/25 07:00:00 GMT+2
Según Felipe González, este país puede resultar ingobernable tras el 6-J. «No caerá esa breva», me dije al oírlo. Y es que, después de haber comprobado durante toda una larga década qué entiende él por gobernabilidad, solo le veo ventajas a la ingobernabilidad. Me imagino, por ejemplo, una RTVE, un Consejo General del Poder Judicial, un fiscal general del Estado y un Tribunal de Cuentas menos gobernados y se me hace la boca agua. ¿Que los resultados del 6-J obligan a formar un Gobierno inestable, de mírame y no me toques? Pues mejor. Aprendí en el cole cuán preferible es que los encargados de vigilarte estén a la greña entre ellos: se ocupan menos de ti y te dan la oportunidad de moverte a tus anchas.
Pero me aclaran que González no ha dicho eso para que yo disfrute, sino para incitar al «voto del miedo».
El problema no es tener miedo, sino de qué se siente miedo. Hay dos géneros de miedo. Hay quien teme la esclavitud, pero también quien siente terror de la libertad; quien recela de que le impidan decidir sobre su destino y quien se asusta de verse obligado a ser dueño de sus actos; quien, por miedo a la infelicidad, no duda en arrostrar los riesgos de lo desconocido, y quien se aferra a lo que tiene, aunque ello le condene a la tristeza. Hay quien teme morir y quien teme sentirse verdaderamente vivo. No es cuestión de política, sino de concepción del mundo. «Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer», dice el refranero castellano, fiel portavoz de las querencias más reaccionarias de la España eterna. Es a quienes siguen empantanados en ellas a los que apela González, en su calidad de representante supremo de lo malo conocido.
Es un modo de ver la vida. Otros preferimos seguir haciendo nuestra la máxima de Tácito: «Es poco atractivo lo seguro; en el riesgo hay esperanza».
Javier Ortiz. El Mundo (25 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de abril de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/25 07:00:00 GMT+2
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1993/04/20 07:00:00 GMT+2
Los comentaristas políticos se empeñan en elaborar sus augurios observando los posos de café de las declaraciones, las vísceras de las confidencias, los signos abstrusos de los rumores capitalinos. Si no se obcecaran en ello y ampliaran el campo de su visión, lo tendrían mucho más fácil.
Un terreno harto revelador y muy injustamente desconsiderado es el de la moda. Analicen ustedes el enfrentamiento entre González y Guerra desde el ángulo de la moda. De inmediato comprenderán que la cosa está más que clara: el vicesecretario socialista hace tiempo que perdió la batalla.
Sigan atentamente la evolución de los acontecimientos. Primero, González optó por vestir de azul marino, con camisas del mismo color y corbatas de tonos levemente rojizos. Resultado: el aparato en pleno le siguió, Petronio de sus amores, y el partido y el Estado en masa se nos vistió de azul, como un solo hombre.
Segundo tiempo: el presidente cambió de gusto y adoptó el severo gris marengo por color uniforme. Pues nada, faltaría más: tras él fue toda la corte/cohorte. De marino a marengo, tanto da.
¿Han visto que ese fenómeno mimético se produzca con el torpe aliño indumentario de Alfonso Guerra, mucho más partidario -Dios sabe por qué- de los marrones? No. Es patético: el compañero Guerra no tiene quien le imite.
Déjense ustedes de divergencias sobre el modelo de partido, sobre propuestas ideológico-políticas y zarandajas parejas: todo el aparato está, y en masa, con González. Lo evidencia la moda, y ningún otro síntoma resulta más revelador, más hondo y más definitivo -por inconsciente, precisamente.
Entre las pocas ventajas que puede presentar José María Aznar -todas relativas- una es sin duda ésta: a nadie en su sano juicio se le podría ocurrir tomarlo como referente de vestimenta. ¿Vieron su modelito de Aranda de Duero? El líder del PP asegura que carece de las características necesarias para aspirar a ningún género de caudillismo. Yo, tras examinar la chupa con que ha inaugurado la campaña electoral, lo creo.
A otros les ha espantado. A mí, en cambio, me ha tranquilizado.
Javier Ortiz. El Mundo (20 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de abril de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/20 07:00:00 GMT+2
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1993/04/16 07:00:00 GMT+2
José María García suele decir que el periodista es un mero notario de la realidad. Suena bien, pero no es cierto. Los verdaderos notarios de la realidad son los notarios: esos señores que se forran dando fe de lo que los demás nos encargamos de demostrar.
En lo que periodistas y notarios sí nos parecemos es en que tanto ellos como nosotros nos ganamos la vida -nosotros casi siempre peor, y desde luego con mayor esfuerzo- a costa de lo que nos ponen ante nuestras narices.
Ganarse la vida: ésa es la cuestión. Quien desee entender por qué cada cual, dentro del mundo de la Prensa, se muestra en estas vísperas electorales más fiero o más prudente, más incisivo contra Fulano o más tolerante con Mengano, hará bien en mirar hacia el origen de sus ingresos: comprobará pronto que todo quisque adopta la posición que más le conviene para la conservación de su puesto de trabajo.
Tómese el caso de María Antonia Iglesias. ¿Pone los informativos de TVE al servicio del PSOE? Claro. Es de lo más natural. Sabe que si Felipe González pierde, a ella la pondrán de patitas (sic) en la calle. No le pidan ustedes que se atenga al Estatuto de RTVE: la llamada del estómago es más fuerte que cualquier Estatuto.
He de reconocer que, salvando esa distancia legal, mi propia actitud no difiere gran cosa de la de suya. La animosidad que manifiesto hacia el PSOE no es sólo resultado de un frío análisis de su pésima gestión de gobierno. Me influye también, y mucho, el miedo a que los socialistas triunfen de nuevo. Tiemblo ante la idea de un PSOE victorioso el 6 de junio, con cuatro largos años para tomarse venganza y dar rienda suelta a sus muchos rencores acumulados.
Entiendo muy bien a María Antonia Iglesias. Y es que aquí cada cual está defendiendo fieramente lo propio: unos, nuestro oficio de críticos del Poder; ella, el suyo de comisaria.
Javier Ortiz. El Mundo (16 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 21 de abril de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/16 07:00:00 GMT+2
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1993/04/11 07:00:00 GMT+1
Se le está reprochando mucho a Felipe González que, tras haber dicho una y otra vez que agotaría la legislatura, afronte ahora la posibilidad de adelantar las elecciones. No creo que el reproche sea justo. La legislatura está más que agotada, agotadísima; hecha unos zorros. González ha cumplido su promesa más que de sobra. También es injusto el otro reproche que se le dirige: el de disponerse a precipitar la celebración de elecciones generales por puro interés partidista. Es verdad que él argumentó en el pasado en contra del adelantamiento de la cita electoral oponiendo a la razón de partido la razón de Estado, pero no es cierto que ahora se esté dejando llevar por intereses partidistas. Dado que el Partido Socialista está mayoritariamente en manos de Alfonso Guerra, su gran enemigo de ahora, malditas las ganas que tiene González de servir a los intereses del partido. Él defiende únicamente los intereses del Gobierno y, dado que éste es uno de los principales órganos del Estado, no resulta abusivo afirmar que Felipe González sigue fiel a su promesa: está dando prioridad a los intereses del Estado sobre los del partido.
No le busquemos tontamente las cosquillas al pobre González. Si toma la decisión de convocar de inmediato las elecciones, habrá realizado uno de los actos más positivos de todo su ya más que dilatado mandato. Sólo le veo ventajas a que lo haga. Por ejemplo: gracias a la rápida celebración de los comicios, será imposible que el nuevo Código Penal se apruebe dentro de la actual legislatura, con lo que la libertad de información saldrá ganando mucho. Además, lograremos ahorrarnos cuatro meses de pesada campaña electoral. Y tendremos cuatro meses menos de martirio solchaguiano. Es un chollo. En virtud de esta patriótica decisión de González, hasta es posible que nos libremos de él cuatro meses antes.
Javier Ortiz. El Mundo (11 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de abril de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/11 07:00:00 GMT+1
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1993/04/11 07:15:00 GMT+2
Qué golpe terrible. Lo peor, con ser malo, no fue que aquellos jóvenes le insultaran a grito pelado llamándole «chorizo» y «corrupto». Lo peor, lo más hiriente para él, fue comprobar la inoperancia total de sus dotes de seductor. Él, el experto encantador de serpientes, toda una vida de sabio ejercicio de los guiños, las gracietas y las complicidades encandilantes, sintiéndose de repente inerme ante aquellos críos inmunes a sus artes, o peor: burlones, despectivos, hastiados de sus trucos de viejo ilusionista de la política. Aquella mañana, Felipe González recibió el mayor bofetón de su vida. Él estaba preparado para que le criticaran. No para que le dijeran que da asco. Qué humillación, señor, qué humillación.
Y, acto seguido, lo de Alfonso. «Necesito que se hagan cambios en la Ley de Huelga; me he comprometido a ello», le dice. Y Alfonso que le responde que no, que lo siente, que él se ha comprometido a lo contrario. Pero ¿quién se ha creído que es? ¿El amo de la barraca? Sí, es eso lo que se ha creído. Y, a juzgar por los resultados, con razón.
Es el calvario Filesa. Filesa por abreviar. Dos años de desastres in crescendo que estallan en esta apoteosis final, en la que hasta el correveidile de Txiki se permite subírsele a las barbas con una carta impertinente, cientos de copias por fax, acusándole de proteger a los renovadores de la nada.
Todas hieren: la del despacho de Sevilla, la de Mariano Ibercorp, la de Renfe, la de... las mil y un Filesas. Todas hieren. La última mata. Y la última es ésta, hecha de piezas distintas -peritos de Hacienda, estudiantes, Ley de Huelga, Txiki, ensambladas en una misma desconsideración, en un mismo desprecio. Todas le están gritando: ya no eres el amo, tus deseos ya no son órdenes para nadie, la grey se te ha desmandado, ya no controlas, te puedes dar el batacazo en las elecciones, espera y que no acabes tú también en el banquillo, fíate y no corras.
No te fíes y corre. Esa es la tentación del momento: dar la espantada, dejarles a ellos que lo arreglen, que con su pan se lo coman.
Cansado, hastiado, dolido. Él, que tantas veces ha sacrificado su libertad en aras de la nuestra, está parado en el borde del abismo. ¿Tanto esfuerzo y al final el ridículo? ¿Tanta entrega y al final la espalda de la Historia? Mejor marcharse a casa, ahora que aún es tiempo. Mejor los bonsais, los libros, los paseos, cruz y raya. Qué tentación, la fuga.
Ese hombre está muy, muy cansado. Ahora, incluso de sí mismo.
Javier Ortiz. El Mundo (11 de abril de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de abril de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/04/11 07:15:00 GMT+2
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