Inicio | Textos de Ortiz | Voces amigas

1993/02/28 07:00:00 GMT+1

Ruidoso, pero huero

Del mismo modo que en la claridad absoluta no se vería nada -sólo el contraste nos permite diferenciar los objetos-, en el barullo total no se escucha nada. A efectos de percepción, la claridad absoluta equivale a la oscuridad total; a efectos de entendimiento, el ruido ensordecedor tiene los mismos efectos que el completo silencio.

Pero son diferentes. En la oscuridad absoluta se puede dormir. El silencio completo permite meditar. Con el foco delante y la barahúnda alrededor, no cabe ni lo uno ni lo otro.

Durante la dictadura franquista, el disidente estaba obligado a guardar silencio. Pero su silencio podía ser muy elocuente. «No me sabe mal tener la boca callada. Vosotros habéis convertido el silencio en palabras», cantó Lluís Llach a los censores. Aquel ominoso silencio, intolerable, creó sin embargo las condiciones adecuadas para que muchos pudieran pensar, imaginar, soñar. Ahora, en cambio, es tal la algarabía general, hay tanta gente y tanto aparato gritando a la vez tanta tontería, sale tanto estridente balido del rebaño dominante, que pensar se ha vuelto una tarea ímproba. La mayoría se desanima ante ella. Antes no se podía decir lo que se pensaba; ahora se reciben tantos mensajes que no hay tiempo para pensarlos. El ambiente es actualmente más festivo, qué duda cabe, pero el resultado social no es, al fin y a la postre, muy diverso: por ambas vías se consigue que el pensamiento realmente crítico se torne inofensivo; por ambas se logra que quienes tienen cogida por el mango la sartén de la riqueza sigan controlando lo que se guisa en ella.

Suele citarse a menudo la lúcida reflexión de El Gatopardo: «Hace falta que todo cambie para que todo siga igual». La identidad de los dos «todo» es falsa. La verdad está en el cínico «para que» de enmedio. Una vez más, el método ha demostrado su eficacia.

Javier Ortiz. El Mundo (28 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de marzo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/28 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: 1993 lluís_llach el_mundo preantología franquismo españa | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1993/02/27 07:00:00 GMT+1

Crítica libre sobre un mar adocenado

Pensar el tiempo, pensar a tiempo. Revista Archipiélago

Lo primero es saber pensar. Lo cual no es fácil: requiere un aprendizaje, a veces duro. Después hace falta atreverse a pensar sin miedo, corriendo el riesgo de llegar a conclusiones incómodas, desagradables e incluso desmoralizadoras. El paso decisivo e irreversible es ya escribir y publicar lo que se ha pensado.

Loquor, ergo sum. La revista Archipiélago viene reuniendo desde hace tiempo a un conjunto de estudiosos que no sólo saben pensar por sí mismos, sino que se atreven a hacerlo con asiduidad y que además –suprema osadía– lo cuentan. En consecuencia, su empresa es difícil. Pero no se arredran.

Archipiélago, Cuadernos de crítica de la cultura, ha alcanzado ya, trimestre a trimestre, la cota de su número 10, y lo ha hecho con la audacia del que no tiene nada que perder, salvo su esfuerzo. Es un fenómeno singular. En este país, detrás de cada revista teórica que ve la luz uno se topa siempre con un Ministerio, una Consejería, una Diputación, al menos una alcaldía, o si no una Fundación, o un Banco, o sea: de un lado, alguien que quiere cubrir su expediente de mecenazgo cultural, y del otro, alguno que se gana los garbanzos de esa guisa. Detrás de Archipiélago no hay nada de eso. Detrás de Archipiélago sólo está Archipiélago, un conjunto de islas, dice, unidas por aquello que las separa: cada cual piensa críticamente –perdonen el pleonasmo–, y eso une; cada cual piensa libremente, y eso diferencia; todos, lectores y suscriptores incluidos, ponen su esfuerzo, y eso permite la subsistencia de la revista, que de no mucho más se trata.

Con su último número, doble, este Archipiélago móvil dobla un cabo. Su equipo editor se ha constituido en editorial, reforzando aún más su independencia técnica y política. Un acontecimiento que los responsables de la revista han celebrado presentando un conjunto de textos, buena parte de ellos –su «carpeta»– dedicados a reflexionar sobre el tiempo (Pensar el tiempo, pensar a tiempo), con textos de Ilya Prigogine, J.T. Fraser, Enrique Ocaña, Paz Moreno, Emmánuel Lizcano, Umberto Galimberti, Luis Castro Nogueira, Agustín García Calvo y J.A. González Saínz. Para quien crea que en nuestra civilización el tiempo no es sino ese uniforme latido rítmico que habita en nuestra muñeca durante los días –y, en el caso de algunos pesados, también durante las noches–, las reflexiones propuestas por estos autores les ayudarán a meditar sobre cómo el tiempo –nuestro modo de vivirlo– puede llegar a ser la cadena perpetua de tanta existencia humana.

El número 10-11 de Archipiélago, aparecido hace ya algunas semanas –esta reseña también está peleada con el tiempo–, incluye además otras notables piezas de pensamiento: un artículo póstumo del inolvidable Jesús Ibáñez (Residuos simbólicos), otro de Félix Guattari (En estos tiempos de fuerte reacción), tres sobre «la ilusión democrática» y otro de Daniel del Giudice, no menos sugestivo, sobre la narración de lo invisible. En total, doscientas páginas de denso y refrescante pensamiento subversivo.

Javier Ortiz. El Mundo (27 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/27 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: la_esfera 1993 el_mundo revista_archipiélago | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1993/02/21 07:00:00 GMT+1

No serás un escaño

Resulta que, cuando el lunes pasado se discutió sobre el paro en el Congreso de los Diputados, la inmensa mayoría de sus presuntas señorías decidió llamarse Andana. No había en el hemiciclo ni medio centenar de los del gremio. Tal situación provocó una copiosa catarata de críticas. «¡Inaudito! -denunciaron todos los comentaristas al alimón. ¡Se va a debatir sobre el problema más grave del país y ellos no se toman ni siquiera la molestia de comparecer!».

Un análisis algo más reposado de la anécdota obliga, sin embargo, a matizar la severidad de la condena. Pónganse ustedes en la piel de un diputado. ¿A qué acudir a la sesión, si no sirve para nada? Es cierto que, de haber estado presente, podría haber oído los discursos. Pero los podría oír: no juzgar, porque tan ardua función es patrimonio exclusivo del jefe del grupo parlamentario correspondiente. Él es el que ordena quién habla, qué dice y qué se vota. Además, para enterarse de lo que han parlamentado unos y otros, ya están los periódicos, que lo publican todo al día siguiente muy sintetizadito, ordenadito y hasta, con suerte, depurado de los terribles «de qués» del Miquel Roca de turno.

Teniendo en cuenta cómo funciona el parlamentarismo en España, lo más lógico sería que acudieran a la cámara sólo los mandamases de cada grupo. «Yo, o sea, mis 175 votos, digo que sí», soltaría el uno. «Pues yo, con mis 107 escaños, me opongo», replicaría el otro. Y tan ricamente. Y en familia.

Habrá quien considere que eso sería una desvergüenza total. Yo lo consideraría un sensato ahorro de energías. Puesto que los diputados no pintan nada -porque es imposible, porque no les dejan-, que se paseen, que lean, que tomen el sol, que amen, que vivan. En el Congreso son tan sólo cadáveres exquisitos. Tienen, eso sí, una culpa: acceder a actuar de meros figurantes en tan tonta farsa.

Javier Ortiz. El Mundo (21 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de febrero de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/21 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: españa 1993 el_mundo felipismo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1993/02/14 07:00:00 GMT+1

Un San Valentín químico

El Time de esta semana cuenta que algunos científicos han demostrado definitivamente que el amor es un fenómeno analizable en términos estrictamente biológicos. De química orgánica, en concreto. Han establecido que la cosa se desarrolla en tres fases básicas. La primera la han fijado estudiando los factores que facilitan la atracción que una persona -o animal- puede sentir por otra -u otro-. La segunda, llamada de atracción, es fruto de la feniletilamina, aunque parece que también tienen su papel la dopamina y la norepinefrina, todas ellas anfetaminas naturales que producen sensación de alegre euforia. Esta fase -dicen- puede durar dos o tres días; luego decae. En la tercera fase, de fijación, las endorfinas toman el relevo, asegurando que la persona enamorada se vea invadida por una sensación de seguridad, paz y calma. Con el feliz producto de una glándula cerebral, la oxitocina, se consigue finalmente estimular un estado de hondo afecto, de relajada satisfacción y de vinculación duradera.

Tras leer el sesudo reportaje del Time, sentí una fuerte sensación de repelús, gracias -supongo- a una sustancia llamada repelusina, que radicará sin duda en algún recóndito espacio de este cerebro tan mío y tan desconocido. Pero luego, tal vez por efecto de la comprensina, llegué a la conclusión de que daba igual. ¿A quién le inquietan químicas orgánicas y anfetaminas naturales, si es amado por la persona que ama? Importa poco cómo funcione el amor: con el amor basta. A cambio, ¡qué gran cosa sería descubrir la química del amor perdido, la glándula del desencuentro, la raíz orgánica de la atracción imposible! Adiós a las lágrimas, no más suspiros. Cerrado el hotel de los corazones rotos: una pastillita y para casa.

Pero no, ojalá no. Para amar bien hay que saber cuán hondo puede llegar a herir la negra daga del desamor.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de febrero de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/14 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: amor 1993 el_mundo ciencia | Permalink | Comentarios (2) | Referencias (0)

1993/02/07 07:00:00 GMT+1

Jamie Foyers y sus compañeros

Hoy voy a hablarles de Jamie Foyers y sus compañeros. No porque estén de actualidad. Más bien por todo lo contrario.

Foyers era en 1936 un trabajador de los astilleros del río Clyde, en Irlanda. Sindicalista y soñador social, oyó hablar de la guerra de España y decidió seguir la estrella errante de la solidaridad. Se apuntó a la Quinta Brigada. Combatió en Belchite. Murió en Gandesa. Dejó dicho: «Volveré pronto», pero cayó en España, defendiendo una causa perdida, en unas tierras lejanas que él sintió próximas. Nunca había oído hablar de Jamie Foyers por aquí. Su historia me la contó hace años un viejo escocés de Perthshire llamado Ewan McColl.

Jamie Foyers no fue el único irlandés que cayó en la guerra de España. Christy Moore relata también el caso de Bob Hilliard, sacerdote de la Iglesia de Killarney; del jovencísimo Christian Brother, de Derry; del no menos joven Tommy Woods, que murió en Córdoba a los 17 años; de Frank Ryan, de Kit Conway, de Dinny Coady, de Peter Regan, de Hugh Bonar, de Charlie Donnelly, de Dick O'Neill y de tantos más: comunistas, católicos nacionalistas, simplemente antifascistas.

Han pasado los años. Aquí nadie se acuerda. Aquí nadie los recuerda. Su memoria está recluida en el gueto de algunas melancólicas baladas que aún se cantan en la vieja Irlanda y que se siguen registrando, Dios sabe por qué, en cuidadas grabaciones. Ellas me relatan la tragedia de Jamie Foyers y sus compañeros. Héroes o pobres diablos, murieron por nosotros. ¿Dieron la vida por nada? Es posible.

Hoy, mientras escucho algunas de esas nostálgicas canciones irlandesas sobre Jamie Foyers y sus compañeros, me creo en el deber de alzar la copa en honor de sus vidas y de sus muertes.

Habrá quien no entienda por qué evoco, casi 60 años después, a aquellos pobres idealistas.

Otros tal vez sí. Vaya por ellos. Vaya por nosotros.

Javier Ortiz. El Mundo (7 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/07 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: 1993 el_mundo guerra_civil brigadas_internacionales | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1993/02/06 07:00:00 GMT+1

Gilipolleces

La revista francesa Le Nouvel Observateur da cuenta en su último número de la próxima aparición de una obra de Yvan Audouard titulada La gilipollez ya no es lo que era. El comentarista toma pie en el libro para reflexionar sobre las muchas gilipolleces que se dicen hoy en día, sobre la TV como churrería de gilipolleces, sobre la universalidad actual de la gilipollez, etc. Sugestivo. Pero lo que más me ha hecho meditar sobre la gilipollez humana no es ese artículo en sí, sino su relación con otro que viene en la página de al lado, y que lleva por título El 320% de las enfermedades están ligadas al alcohol. Un buen ejemplo de gilipollez: todo un récord, a decir verdad, con hasta tres crasos errores en una sola frase.

Así es la vida. Hay quien va por ella convencido de que los gilipollas son los otros. Pero todos los humanos, sin excepción, somos capaces de hacer y decir gilipolleces. También los más implacables con las gilipolleces ajenas.

Ahora tenemos a medio país que se va por entrambos canales, de pura risa, con el rollo de las jóvenas de Carmen Romero. Es, sin duda, una gilipollez. Pero toda reflexión sensata sobre la gilipollez obliga a hacer dos diferenciaciones básicas. Primera: no es lo mismo ser gilipollas que estar gilipollas. Segunda: hay gilipolleces que son dañinas y las hay inocentes. La de Carmen Romero, ¿hace daño? Tal vez a la lucha contra el machismo en el lenguaje, en la medida en que, al llevarla al absurdo, la ridiculiza. Pero tampoco mucho: nadie bien informado tomaría a Carmen Romero por vanguardia del feminismo.

No seamos demasiado crueles. Acordémonos de las gilipolleces que hemos dicho y hecho nosotros mismos. ¿Que la de Carmen Romero hace reír? Bueno, ¿y qué? Agradezcámosela. Está bien que nos haga reír, ella que tiene tan cerca tantas cosas que dan ganas de llorar.

Javier Ortiz. El Mundo (6 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de febrero de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/06 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: 1993 feminismo el_mundo preantología humor carmen_romero | Permalink | Comentarios (3) | Referencias (0)

1993/02/04 07:00:00 GMT+1

A gran escala

Lo importante, está visto, es hacer las cosas a gran escala. Los antimilitaristas lo tienen dicho: si matas a cuatro, eres un inmundo asesino, sólo merecedor de cárcel y patíbulo; en cambio, si matas por decenas de miles, te habrás ganado el título de líder y te invitarán a la siguiente ronda de conversaciones de paz en Ginebra. ¿Ejemplo? Karadzic, un tipo ante el que Jack el Destripador hubiera empalidecido de envidia.

Con las cosas del dinero ocurre otro tanto. No abone usted la letra del piso y verá la que se le cae encima. ¿Cuatro alquileres sin pagar? ¡A la calle, so moroso! Pero deje un pufo de cinco mil millones: la Policía le protegerá cuando vaya a declarar al Juzgado; si le procesan, le fijarán una fianza que podrá pagar, y las probabilidades de que conozca usted el interior de un penal son las mismas que tengo yo de hacerme multimillonario con la lotería, a la que no juego.

De Ibercorp a KIO, pasando por el AVE, Filesa, Casinos y otras Renfes, el país se nos ha llenado de historias escandalosas en las que solamente un extremo resulta indiscutible: que alguien ha evaporado cantidades de dinero monumentales. Yo no soy juez, así que no me corresponde decidir quiénes son los verdaderos culpables de tales desmanes. Pero, digo yo que algún culpable habrá, ¿no? Pues no. No sólo nadie ha ido a la cárcel por estos macrochanchullos, sino que los implicados en estas historias -¡todos!- siguen viviendo al mismo tren de lujo que antes. Y bien en el escaparate, para que no haya dudas sobre el recochineo.

¿Cuál es la moraleja de todo esto? Ninguna. Aquí no hay ni moral ni moraleja, al menos con minúscula.

¿Debemos deducir que lo mejor es timar a gran escala? Qué va. Ya se encargan ellos de que a nosotros, pobres diablos, las cosas a gran escala nos resulten inalcanzables. Salvo el cabreo a gran escala, por supuesto.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de febrero de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/04 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: 1993 yugoslavia el_mundo miscelánea balcanes | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1993/02/01 07:00:00 GMT+1

¡Vivan las tiendas!

Hace veinte años, la costa mediterránea empezó a llenarse de grandes moles de viviendas y hoteles, gigantes a la orilla del mar: veinte, veinticinco, treinta pisos de hormigón, cemento, ladrillo y vidrio, bien pegaditos unos a otros, la playa a sus pies. «¡Cómo en América!», se decían, extasiados, muchos lugareños. Esas edificaciones resultaban, al parecer, el más claro símbolo del progreso, y quien criticaba su proliferación era tildado automáticamente de retrógrado y reaccionario.

El resultado -el error, el horror- no se le oculta ya a nadie. La costa mediterránea da pena verla: hecha unos zorros, condenada a patrocinar un tipo de turismo masivo, de a duro por cabeza, esclava de las , tres malditas eses británicas -sun, sand, sex.

Temo que pueda suceder tres cuartos de lo mismo con la pelea por su supervivencia que tienen emprendida ahora los pequeños comerciantes. Llevo ya varios días oyendo a doctos comentaristas que aseguran, en tono conmiserativo, que estos tenderos indignados son unos pobres carcas que se oponen al progreso. Porque la ecuación, por lo visto, va de suyo: hiper = modernidad; pequeña tienda = atavismo decadente.

Para mí, las cosas distan de estar tan claras.

El pequeño comercio es un factor vivificador fundamental, realmente insustituible, del medio urbano. Un barrio sin tiendas o con pocas tiendas es un barrio muerto. Recorran ustedes a media mañana las calles de alguna de nuestras ciudades-dormitorio, en las que el pequeño comercio escasea, y podrán comprobarlo sin la menor sombra de duda: las tiendas generan un ambiente propicio para la convivencia, para el contacto humano entre los vecinos, para la mejora de la calidad de vida, en suma.

No se trata de oponerse a los grandes almacenes o a los hipermercados. Ofrecen a los consumidores algunas ventajas indudables. Pero la agonía del pequeño comercio representa un problema que desborda el campo de la economía y que, en consecuencia, no se puede afrontar con las puras leyes del mercado en ristre. El pequeño comercio es un bien social que hay que proteger por razones de urbanismo y de potenciación de la sociabilidad.

Se hace necesario tomar las medidas legales que permitan la supervivencia del pequeño comercio, o sea, lo contrario de lo que el Gobierno ha hecho con la nueva legislación sobre arrendamientos y con el alza del impuesto de actividades económicas, por ejemplo.

La actual agonía del pequeño comercio no es signo de progreso. A no ser que el progreso consista en ir de mal en peor.

Javier Ortiz. El Mundo (1 de febrero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de febrero de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/02/01 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: medio_ambiente 1993 el_mundo miscelánea | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1993/01/31 07:00:00 GMT+1

El huevo de la Prospe

Al final, casi todos los grandes descubrimientos son como el del huevo de Colón: basta con mirar las cosas sin prejuicios. Hoy he hecho yo un fantástico descubrimiento político cuando trataba de engullir unos boquerones rancios en vinagre rancio ante la barra de un rancio café de la rancia barriada madrileña de Prosperidad, hecho que consigno para que se inscriba en los anales de la Historia. (Y ya que hablo de anales: visiten este barrio y comprobarán que ofrece la más copiosa cantidad de cagadas de perro por metro cuadrado del callejero mundial. ¿Cómo no figura la Prospe en el Guiness de los records? ¿O sí figura, y no me he enterado?)

Volvamos a lo de mi descubrimiento -que sólo cabe calificar de genial, modestia aparte y muy a mi pesar. Versa -claro- sobre el Gobierno.

He explicado ya varias veces cuán bien entiendo a todos aquéllos que están obsesionados con lograr que los socialistas abandonen La Moncloa tras las próximas elecciones. Vale. Pero también comprendo, y mucho, a los que temen que la vacante sea cubierta por el PP. ¿Contradicción irresoluble? En modo alguno. Existe otra posibilidad, y en ella radica mi invento: que se disuelva el Gobierno del PSOE y no haya nuevas elecciones.

¿Anarquía? Quiá: modernidad pura. Ellos -todos ellos- han venido diciéndonos sin parar que no aspiran a hacer una política de partido, sino una política nacional, para todos. Pues si no quieren hacer una política de partido, no hace falta un Gobierno de partido. «La nuestra es la única política posible», aseguran los unos y los otros. ¿Así que el asunto es sólo técnico? Convoquemos entonces no elecciones, sino oposiciones, y que los más listos y mejor preparados ganen sus plazas de ministros. Y el número uno, la de primer ministro.

Ya que renuncian a las ideologías, que se monte un concurso de ideas.

Javier Ortiz. El Mundo (31 de enero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de enero de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/01/31 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: 1993 humor el_mundo | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (0)

1993/01/24 07:00:00 GMT+1

La generación X

Hoy he llegado al ecuador de mi existencia. Ya sé que a ustedes eso no les importa, pero me veo obligado a informarles de ello para que comprendan lo que sigue. (¿Que cómo sé que he llegado a la mitad de mis días? Pues muy fácil: tengo decidido que viviré 90 años, y hoy he cumplido 45. Está bien claro).

Aguijoneado por esta circunstancia personal, propicia a balances, me ha dado por reflexionar sobre los grandes sueños de mi vida, incluidos los ideales que mi generación adoptó a modo de santo y seña cuando fue moza: bellos sueños de justicia, de igualdad y de solidaridad humanas.

Con los sueños cabe tener dos tipos de relación: o se intenta adaptarlos a la realidad o se pretende que sea la realidad la que se acerque a ellos. La experiencia demuestra que ambos esfuerzos suelen ser igual de baldíos. El primero conduce antes o después a asesinar los sueños; el segundo, a rechazar la realidad, inmisericorde y perversa. El primero produce cínicos, trepas y desaprensivos; el segundo, resentidos, melancólicos y fracasados.

Hay miembros de mi generación -año arriba, año abajo- que dicen haber logrado una feliz síntesis entre la fidelidad a sus grandes sueños de juventud y el acomodamiento a la feroz realidad de hoy. El miércoles vimos entrar en la Casa Blanca a uno de ellos. Hace una década llegó aquí a jefe de Gobierno otro que pretendía -que sigue pretendiendo- lo mismo.

En EEUU llaman a la de los 60 «la generación X»: una incógnita. Aquí esa incógnita ya está despejada. Todos sabemos de qué va cada cual. Nos consta quiénes han ahogado sus sueños en aguas del GAL y de Filesa y quiénes morirán sin reconciliarse con la realidad, fracasados, resentidos y melancólicos. Ojalá dentro de 45 años, tal día como hoy, cuando me muera, tenga el honor de seguir contándome en las filas de estos últimos.

Javier Ortiz. El Mundo (24 de enero de 1993). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de enero de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1993/01/24 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: jor 1993 miscelánea el_mundo | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (1)