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1999/08/04 07:00:00 GMT+2

Tópicos de amplio espectro

Cada verdad que se pretende absoluta encierra siempre una falsedad. A veces, incluso, una falsedad absoluta.

Los discursos de nuestros políticos -de la mayoría de ellos- se nutren de presuntas verdades absolutas. De sedicentes absolutos, convertidos en tópicos.

Escucho a Aznar, recién llegado a Oropesa: «Cuantos estamos en contra de la violencia...». Pero, hombre de Dios: sólo un perfecto insensato puede estar «en contra de la violencia»; así, en general. Y, desde luego, es falso que lo esté él, que es presidente del Gobierno de un Estado. El Estado es la forma más acabada de organización de la violencia.

Sucede que, si admitiera ese hecho -por otro lado elemental-, se vería obligado a entrar en una reflexión alambicada, necesaria para determinar qué violencia es justa -o imprescindible, que viene a ser lo mismo- y qué violencia no lo es, porque podría o debería evitarse. Y él prefiere abstenerse de ese género de cavilaciones. Su mentor Fraga se ha expresado siempre de modo radicalmente diferente: «El Estado ha de tener el monopolio de la violencia», dice. Lo afirmaba ya con gran fervor cuando era ministro de Franco.

Aznar opta por hacer como si el aparato coercitivo del Estado -ejército, tribunales, cárceles, policía, etcétera- no tuviera nada que ver con la violencia. Como si los ciudadanos que se atienen a las leyes lo hicieran unánimemente porque les sale del alma, y jamás por temor a ser castigados.

Cualquier día inscribe al Estado en la lista de las ONG.

Prosigue Aznar: «Todos los demócratas debemos unirnos para lograr...». Los demócratas: otro tópico campanudo y huero.

En sentido estricto, demócrata es todo aquel que se aviene a que el voto de la mayoría sea el que ponga y quite a los gobernantes. No es gran cosa. Milosevic, que fue elegido por medios democráticos, no rechaza que otras urnas puedan descabalgarlo. Wesley Clark, que ahora sabemos que estuvo a punto de prender la mecha de la III Guerra Mundial, también acepta que los gobernantes salgan del voto de la mayoría. Otrosí: jamás he oído a ningún reo de los GAL defender la dictadura como forma de Gobierno. Que no cuente Aznar conmigo para marchar codo con codo con demócratas de esa laya.

Por lo demás, que decida la mayoría está muy bien, pero hay que decidir qué mayoría decide.

¿Qué mayoría debe decidir sobre el Ulster? ¿La mayoría de los irlandeses del Norte, la mayoría de todos los irlandeses, la mayoría de la UE o la mayoría del orbe? ¿Y sobre Euskadi? ¿Y sobre Navarra? ¿Y sobre Ceuta? ¿Y sobre Melilla?

Hay tantos demócratas como mayorías posibles. Ni cabe unirlos a todos... ni falta que hace.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de agosto de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de agosto de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1999/08/04 07:00:00 GMT+2
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1999/07/31 07:00:00 GMT+2

Extraños oficios

Imagínese usted que soy propietario de un hermoso local al borde de la carretera general en un pueblecito cercano a una gran capital. Me decido a poner un taller de reparación de automóviles. Genial. Como pasan por delante la tira de coches, tengo clientes a porrillo. Me va de cine. Me forro.

Pero, un mal día, llega el Arias Salgado de turno y decide que mi pueblo es un embudo y manda hacer una vía de circunvalación, para que los coches no tengan que atravesarlo. Resultado: me quedo sin clientes y me arruino. ¿Qué puedo hacer? Pues, a ver: cerrar el taller y chincharme.

La culpa es mía. Si, en vez de poner un taller de coches, hubiera optado por dedicarme a armador de pesca o a propietario agrícola, habría podido reclamar a voces que el Gobierno me indemnizara por la pérdida.

¿Que hay sequía? Al punto salen las patronales agrícolas pidiendo ayuda oficial. ¿Que llueve más de lo necesario? Lo mismo. ¿Que cae pedrisco? Idem. De hacerles caso, sus propiedades contarían con una declaración permanente de zona catastrófica.

Tal cual ocurre con la pesca. ¿Que hay una parada biológica? ¿Que se cierra un caladero? ¿Que se agota otra pesquería, de las muchas esquilmadas? A reclamar la subvención correspondiente. «Es que son casos de auténtico desastre», alegan. Ya. La carretera de circunvalación de mi pueblo hipotético también es un auténtico desastre para mí, pero nadie me indemniza. Y cuando ellos carecen de labor para sus curritos, también es un desastre, pero los ponen en la calle y se quedan tan anchos.

Sé que la agricultura cumple una importante función social y ecológica. Me consta que se enfrenta a la competencia desleal de los explotadores del Tercer Mundo. Apoyaría con entusiasmo que la UE prohibiera comerciar con los países que carecen de las necesarias leyes de protección y seguridad social, así fuera sólo para contrarrestar su dumping. Pero no veo por qué el Estado ha de socorrer a algunos empresarios cuando pasan por apuros -los banqueros: otros que tal bailan- y puede dejar en la estacada, en cambio, a quienes han invertido sus perras en otros ramos. ¿Por qué España tiene una seguridad social específica para la pesca? «Es un sector económico peculiar», responden. Ah, y la minería, ¿no? Paparruchas. Es el paternalismo discriminador del franquismo, que perdura a través de los tiempos.

Me dirán ustedes: «¿Y la prensa? ¿No hay periódicos y revistas que, si no recibieran ayudas oficiales más o menos encubiertas, se irían al garete?». Respuesta: sin duda. Y con una circunstancia agravante decisiva: que lo que producen ni siquiera se come.

Javier Ortiz. El Mundo (31 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1999/07/31 07:00:00 GMT+2
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1999/07/28 07:00:00 GMT+2

Objetos absurdos

Un martillo que jamás podría clavar nada, porque está en curva de 180º. Una tetera que, si algún desdichado incauto tratara de utilizarla, se quemaría la mano indefectiblemente, porque el pitorro apunta hacia adentro. O unas tijeras con el filo para afuera.

Objetos imposibles, decía el título de la exposición. Mal puesto: eran perfectamente posibles, puesto que los habían fabricado. Eran objetos posibles, sí, pero absurdos. De risa.

Tan de risa y tan absurdos como algunos servicios informativos españoles.

Unos boletines metereológicos que no solo no prevén qué tiempo va a hacer realmente, sino que ni siquiera saben qué tiempo está haciendo ya. «Tiempo soleado y estable en toda la Península, salvo ligeros intervalos nubosos en el norte y en los Pirineos», escucho sin parar en la radio. Pues bien: son las 11 de la mañana del sábado 24, estoy en la costa de Alicante y llevo 18 horas viendo llover al otro lado de la ventana.

Los hay que se equivocan con el mismo aplomo, pero en tono más pedante. Y con imágenes. En el Méteo de Canal Satélite Digital, una buena moza sonriente me muestra mapas y más mapas para dejarme claro que no tengo ni pajolera idea, que mis ojos no ven lo que están viendo y que, además, lo que ella afirma se basa en «un modelo matemático». No como lo mío, que solo se basa en mirar por la ventana.

Me viene a la cabeza el viejo poema de Ángel González: «No es que sean importantes los asuntos objeto de polémica. Lo importante es la rígida firmeza en el error». ¿Es que no tienen en esos medios nadie que los avise cuando llevan horas y horas metiendo el cuezo?

Sigo en Alicante. Espectacular corte del suministro eléctrico en toda la provincia. La radio tarda un montón en hablar de ello. Cuando ya se anima, dice que ha sido por un incendio. Me informo por mi cuenta: nada de incendio; ha sido fruto de una extraña combinación entre la larga sequía y la brusca e intensísima niebla. «Y la falta de mantenimiento», añado yo.

Vuelvo a la radio. Me cuenta que la avería está ya reparada. Nueva contradicción con mi malhadada experiencia personal: por más que acciono interruptores, no se enciende un pijo. «Ya hay luz», oigo. Sí, claro; la que entra por la ventana. Pero no electricidad. Ni en ese momento ni 12 horas más tarde, por mucho que el transistor sostenga lo contrario con perfecto aplomo. Telefoneo a Iberdrola. Me informan de que la avería tardará aún cuatro o cinco horas en ser reparada en mi zona. ¿Nadie en la radio puede llamar a Iberdrola?

Previsiones meteorológicas. Boletines informativos. Objetos absurdos. De risa.

Javier Ortiz. El Mundo (28 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de agosto de 2011.

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1999/07/27 07:00:00 GMT+2

Otro Somoza

Ya me hago cargo de que ser gobernante tiene sus limitaciones; que uno no puede contestar, si le preguntan por la muerte de Hasán II: «Vaya, pues un dictador menos».

Pero tampoco creo que sea obligatorio decir lo contrario. Y menos todavía si uno ni siquiera es gobernante.

Cuidado que se han soltado falsedades a cuenta del rey muerto. Casi tantas como sobre el rey puesto.

Algunas, espectaculares. Oí a Felipe González sostener que admiraba a Hasán II por su «gran visión estratégica». Me encantaría que el protolíder socialista fuera a las cárceles marroquíes a explicar a los presos políticos su peculiar concepción de la estrategia. Podría hacerse acompañar de Arafat, que dijo que el rey muerto fue «un campeón de la paz».

Preguntado por el papel de Hasán con respecto al Sáhara Occidental, González respondió que «uno puede tener sus sentimientos, pero un hombre de Estado no puede dejarse arrastrar por ellos». A lo que cabría responder: primero, que tal vez uno pueda tener sus sentimientos, pero que eso no quiere decir que realmente los tenga; y segundo, que resulta reveladora la naturalidad con la que identifica la condición de «hombre de Estado» con la superación de la sensibilidad.

Lo peor de todas las declaraciones condolentes sobre la muerte de Hasán II no es -con ser grave- lo que afecta a Marruecos, sino lo que dejan entrever sobre la concepción que tienen de la política quienes las hacen. «No se puede juzgar la realidad de Marruecos con criterios políticos europeos», han dicho, en ésos o en parecidos términos, decenas de políticos españoles. Gracias a ellos, ahora sabemos que la Declaración Universal de los Derechos Humanos no es, en contra de lo que su nombre indica, universal, sino solo europea. En Oslo está muy feo torturar, pero en Rabat, qué quieren ustedes, es otra cosa. Un gobernante que mandara matar a sus oponentes en París sería deleznable pero, si el que lo hace está ya al otro lado del Estrecho, pues no es lo mismo. Perseguir albano-kosovares es claramente un casus belli, pero hacerlo con saharauis tiene un interés muy escaso.

«Modernizó su país», arguyen. Deduzco que los miserables de las pateras huyen de la modernidad.

También Franco modernizó España. Otro gran hombre, dotado de espléndida «visión estratégica». (Ah, no; se me olvidaba: que a Franco sí se le puede juzgar con «criterios europeos»).

Dejémonos de mandangas: lo que realmente aprecian de Hasán II es que se las arreglara para impedir el progreso del integrismo islámico en Marruecos, asegurando que su país sirva como plataforma de los intereses occidentales -entiéndase: norteamericanos- en el norte de Africa.

Es una reedición más de la famosa sentencia presidencial norteamericana sobre Anastasio Somoza: «Será un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta».

No lo diré yo de Hasán II. Pero solo por elemental respeto a las putas.

Javier Ortiz. El Mundo (27 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de marzo de 2013.

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1999/07/24 07:00:00 GMT+2

Claudio Rodríguez

Es de noche. Hay cuarto creciente. Hemos cenado en el silencio del valle: el Cabeçó d'Or al fondo, la madre mar abajo.

La charla de la sobremesa acaba derivando hacia la verdad y la impostura de algunas gentes de nuestras respectivas profesiones: el teatro, la poesía, el periodismo... Hablamos del uno, que afecta aires de profundo humanista y no es más que un tiranuelo pesetero. Del otro, que se las da de ogro y no lo consigue, para su suerte. Del de más allá, que tampoco es gran cosa, pero eso sí, muy educado, y algo es algo.

La nómina de los farsantes se va agigantando. Se nos queda rala, en cambio, la de las personas de una pieza. Me viene a la memoria un reciente y excelente artículo de Javier Marías en El País sobre tres célebres falsarios oportunistas (1). Gente que reconoce haber hecho -haber sido- cualquier cosa para sobrevivir, para quedar a flote.

Por contraste, evoco a Claudio Rodríguez.

Cuento dos anécdotas suyas.

Recuerdo cómo, miembro del jurado de un muy afamado premio de poesía, rechazó indignado las presiones de los organizadores, contrarios a conceder el galardón a un libro que a ellos les parecía «pornográfico». «Muy bien», dijo Claudio Rodríguez. «Pues dimito ahora mismo como miembro de este jurado y convoco a la prensa para contar lo ocurrido».

Los organizadores se rajaron y el poemario en cuestión, obra de una jovencísima escritora, ahora ya consagrada, se llevó el premio.

«Él es así», digo. Y lo confirmo relatando cómo, en otra ocasión, bastantes años después, cuando ambos formamos parte del jurado de un premio de poesía, llegó por la mañana a la reunión con sus fichas en ristre -se leía todos los libros y hacía una ficha de cada uno de ellos- y dijo: «Quiero que quede descartado de inmediato el libro registrado con el número 36». Los demás integrantes del jurado nos quedamos perplejos. ¿Por qué? «Porque ayer Fulanita de Tal se presentó en mi casa, le entregó una cerámica a mi mujer y le pidió que me dijera que su libro era el 36». No cito aquí el nombre de la tal Fulanita porque en este país no gusta que se diga la verdad sobre los muertos. Pero el caso es que su libro quedó descartado.

Relato este par de anécdotas de Claudio e ironizo: «Gracias a él descubrí que no es imposible que un premio literario sea limpio».

No sabía que, en aquel mismo instante en que rendía homenaje a su integridad, él se moría.

Cómo y cuánto quisiera que mi pensamiento haya volado en la noche del miércoles desde la tibia ribera del Mediterráneo hasta su cama de muerte, y que se haya posado a su lado, a modo de último y muy sentido agradecimiento.

Javier Ortiz. El Mundo (24 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de julio de 2011.

(1) Nota: El artículo de Javier Marías tuvo su cosa y dio lugar a varias réplicas y contrarréplicas del mismo, incluso en el 2005.

El artículo más iluso. Javier Marías. 26 de junio de 1999.

Réplica. Eduardo López Aranguren. 3 de julio de 1999.

Con desagrado respondo. Javier Marías. 10 de julio de 1999.

Con hastío respondo. Javier Marías. 24 de julio de 1999.

Un error. Eduardo López Aranguren. 24 de diciembre de 2005.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1999/07/24 07:00:00 GMT+2
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1999/07/21 07:00:00 GMT+2

El genio de Almunia

Empujado sin duda por el arrollador éxito que obtuvo cuando introdujo en el PSOE el muy ingenioso invento de las primarias, y generoso que es él, Almunia quiere ahora que sea toda la sociedad española la que disfrute de los beneficios de su feroz imaginación en punto a reformas electorales.

Es, seguro, lo que pretende al proponer que se cambie el modo de designar a los alcaldes.

La peculiaridad de lo que la ciencia electoral pronto empezará a denominar el pensamiento Almunia no estriba en propugnar la adopción de sistemas nuevos, creados ex nihilo, sino en mezclar con audacia revolucionaria los ya previamente existentes. Se toma, pongamos por ejemplo, el método de elecciones primarias, propio de esas agrupaciones de finalidad casi exclusivamente electoral que son los partidos en EE.UU., y se introduce en la estricta jerarquía de un partido a la europea, elegida en un Congreso. ¿Resultado? Que se generan dos legitimidades, que chocan entre sí inevitablemente. ¡Uauuuh! Emocionante.

Ahora propone hacer lo mismo en los municipios: mezclar el vigente sistema, más o menos proporcional -D'Hont mediante-, con otro de tipo mayoritario, y a ver qué da. Es un experimentador nato.

«Esto es lo que se hace en países de nuestro entorno en los que la pluralidad política hace muy difícil conseguir mayorías absolutas», argumenta Almunia. Obsérvese con qué franqueza defiende que se enmiende la plana a los electores. ¿Que nos salen plurales, eh? Pues se cambia la ley, y que se chinchen. Porque lo que importa no es lo que quiere la gente -vaya un tonto prejuicio democraticista-, sino facilitar la gobernabilidad.

A decir verdad, lo que propone Almunia no se hace en ningún país «de nuestro entorno»: eso de elegir primero a los concejales, luego al alcalde y, si los resultados de la segunda elección no encajan con los de la primera, regalar al alcalde electo cuantos concejales precise para que logre mayoría absoluta. Pero en eso precisamente estriba la originalidad de Almunia. El mezcla: un poco de un sistema electoral, otro poco de otro; y, si no se acomodan, peor para ellos. Es un genio. Como aquél que dijo: «Si los hechos me contradicen, peor para los hechos». El está hecho de esa pasta.

Teófila Martínez ha calificado la propuesta de «estrafalaria». La alcaldesa gaditana carece de la sensibilidad innovadora que se requiere para sintonizar con el pensamiento Almunia.

No es mi caso. A mí me fascinan las infinitas posibilidades que abre el proyecto del líder del PSOE.

Aunque también es posible que mi entusiasmo sea fruto de lo muchísimo que me gusta no ya la anarquía, sino incluso el caos.

Javier Ortiz. El Mundo (21 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de julio de 2012.

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1999/07/20 07:00:00 GMT+2

Pro natura

«Todo lo que el PSOE está ganando de poder con sus actuales pactos contra natura lo pierde en credibilidad». Tanto insisten en ese argumento los dirigentes del PP que empiezo a sospechar que se lo creen.

Están en un lastimoso error.

Para empezar, es difícil saber en qué consiste un pacto contra natura. ¿Que el PSOE se presentó a las últimas elecciones con un discurso españolista y que luego ha llegado a acuerdos con el BNG o con el PSM, partidarios del derecho de autodeterminación de sus respectivas comunidades? Cierto. Tan cierto como que el PP acudió a las urnas de 1996 lanzando dardos y venablos contra los nacionalistas y que luego se apoyó en ellos para lograr una mayoría parlamentaria estable. Todos recordamos cómo, la noche misma de la votación, las huestes de Génova entonaban a coro aquello de «¡Pujol, enano, habla en castellano!», conseguida síntesis entre el respeto escrupuloso por la variedad cultural de España y la buena educación. (Y muestra, ya de paso, de los extremos a los que lleva el sectarismo: «Pujol, enano...». ¡Como si Aznar fuera Sabonis!).

No hay pactos contra natura. Pactan quienes, siendo diferentes -si no, ya estarían previamente unidos-, encuentran un terreno de entendimiento, un interés común.

«Es que a estos sólo les congrega su obsesión por quitar de enmedio al PP», replican. ¡Pues vaya novedad! Es tan viejo como la Historia misma: «Los enemigos de mis enemigos son mis amigos». ¿No unieron esfuerzos el PP, IU y muchos más para echar a Felipe González? La lógica del enfrentamiento empuja en esa dirección. En Galicia hay un montonazo de gente que está de Fraga y sus inacabables mayorías absolutas hasta las narices. Y en Baleares, después del eterno caciquerío de Cañellas, tres cuartos de lo mismo. En realidad, nada más pro natura que lo que ha acabado sucediendo.

Por lo demás, la experiencia no autoriza en absoluto a concluir que el poder conseguido con artes dudosas desprestigie a quien lo alcanza. No en la España de hoy, por lo menos. Aquí se premia siempre al ganador, y da lo mismo cómo se las haya ingeniado para vencer. Los Conde, los De la Rosa, los Rubio y demás Prados y Colón de Carvajal gozaron de general admiración y respeto, del Rey abajo, hasta que se les cayó el mundo encima y husmearon la cárcel. O sea: hasta que se convirtieron en perdedores. Hagan ustedes inventario de los que poníamos a caldo a esos personajes cuando estaban en la cima: ya verán qué pronto acaban.

El PSOE no sólo sabe eso, sino que lo ha teorizado: «El poder desgasta... sobre todo al que no lo tiene», dijo un gracioso. «Fuera hace mucho frío», añadió otro, renovando tal vez sin querer el viejo ande yo caliente... Ahora que ha comprobado que fuera, efectivamente, hace frío, está dispuesto a lo que sea para arrancar parcelas de poder.

Den por hecho que sus fieles no le pasarán factura alguna por ello.

Javier Ortiz. El Mundo (20 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2013.

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1999/07/17 07:00:00 GMT+2

De izquierdas y racistas

Lo oigo en la radio: «El brote racista de Ca N'Anglada es aún más extraño si se tiene en cuenta que se trata de un barrio obrero, de origen inmigrante y de tradición de izquierda».

Por partes.

Nada hay de extraño en que el racismo brote en un barrio obrero. Dónde, si no. Los magrebíes no se instalan en los barrios ricos. Es como el conflicto entre los yanquis y los confederados durante la Guerra de Secesión en EE.UU. En los estados del Norte apenas había población negra: los yanquis se podían permitir el lujo de oponerse a la esclavitud. No les afectaba.

Poca gente sabe que Lincoln deseaba abolir la esclavitud... y devolver a los negros a Africa. Fue todo un adelantado de Schengen. Cuando los negros empezaron a instalarse en el Norte, el racismo se afincó allí con ellos.

Segundo dato esgrimido para argumentar la extrañeza: la gente de Ca N'Anglada es de origen inmigrante.

¿Y qué? No hay peor cuña que la de la propia madera. La España democrática emigró en masa a América Latina tras la Guerra Civil, ¿no? Pues véase cómo tratamos a los latinoamericanos. Sudacas. Millones de españoles emigraron durante el franquismo a Alemania, a Francia, a Bélgica, a Suiza... ¿Qué sentimientos albergan ellos y sus descendientes hacia quienes vienen ahora a España en idéntico plan, con las mismas destartaladas maletas atadas con las mismas cuerdas, con los mismos hatillos?

Es la triste condición humana: así que el miserable logra salir del agujero, le pone tapa. Para que nadie más iguale su suerte.

«Es un barrio de tradición de izquierda», alegan.

¿Y qué quiere decir eso? Es pura geografía electoral. No se refiere a las actitudes ideológicas, a los sentimientos más profundos, a las querencias más hondas. La base social de la actual ultraderecha francesa, ferozmente hostil a la inmigración, se localiza sobre todo en los barrios de la periferia de París, bastión histórico del PCF y del PSF. Que alguien vote al PSC o a IC no le proporciona certificado alguno de espíritu solidario: sólo demuestra que una de esas dos opciones electorales es la que le inspira más confianza. Por las razones que sea.

Muchos están del lado de los débiles sólo en la medida en que ellos mismos son débiles.

La debilidad es un concepto relativo. Se puede ser débil frente al alemán o el sueco, pero fuerte frente al portugués. Y fortísimo frente al marroquí o al senegalés. Como se puede ser víctima del patrón y opresor de la novia.

¿De izquierda, inmigrante y obrero? Sí. Y racista. Y xenófobo. Todo perfectamente compatible.

Javier Ortiz. El Mundo (17 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de julio de 2010.

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1999/07/14 07:00:00 GMT+2

Desiguales ante la ley

Es como una manía: cada vez que se topan con un problema, buena parte de nuestros políticos -y de los comentaristas que siguen sus peripecias- proponen que se modifique la legislación.

¿Que un preso de ETA resulta elegido parlamentario? Al punto salen dos docenas de políticos -y seis de periodistas- que reclaman que se cambie la ley, para que una cosa así no vuelva a suceder jamás.

¿Que se realizan algunos pactos poselectorales más o menos raros? Pues lo mismo: que se cambie la ley. De arriba abajo, si se tercia.

Esta gente concibe el poder legislativo como una fábrica de prendas prêt-à-porter. Ignora que en un Estado de Derecho las leyes no se elaboran para resolver tal o cual problema concreto; que se idean para afrontar situaciones hipotéticas, al margen del nombre, el color político y la clase social de quienes eventualmente puedan merecer su aplicación.

Por eso se simboliza a la Justicia con los ojos tapados.

Ellos prefieren que vea. Para que pueda discernir, discriminar.

Es una pretensión impropia de un Estado de Derecho, ya digo, pero en absoluto absurda. Porque lo cierto es que la Justicia se quita la venda de los ojos con frecuencia. Y mira. Y discrimina.

Basta con leer el artículo de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que se ha aplicado a los electos de EH que se encuentran en prisión preventiva. Ese artículo se hizo para ser aplicado únicamente a quienes están acusados de delitos relacionados con bandas armadas. Quiere eso decir que si Barrios no estuviera condenado en primera instancia por crímenes terroristas, sino por haber violado y asesinado a diez mujeres, y no lo hubiera hecho por la independencia de Euskadi sino por particularísimo placer, entonces nadie le privaría de sus derechos de parlamentario.

¿Entienden ustedes eso? Yo no.

Se elaboran leyes con la venda quitada y se dictan sentencias con la vista también muy despejada. Como la del Tribunal Supremo contra la anterior Mesa Nacional de HB. Los jueces del Supremo saben que la responsabilidad penal solo puede ser individual, pero condenaron a todos los miembros de la Mesa Nacional, pese a ser incapaces de probar la participación de cada uno de sus integrantes en el presunto delito.

¿Hará justicia el Constitucional, si anula esa sentencia? Bueno, digamos que evitará que el caso sea examinado por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, lo que podría tener efectos bastante enojosos. Porque ese Tribunal tal vez tampoco sea ciego pero, como está lejos, ve mucho menos.

¡Ah, el Estado de Derecho! Solo le encuentro un inconveniente: que no existe. Ni en España ni en ninguna parte. Ahora: por lo demás, es perfecto.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1999/07/14 07:00:00 GMT+2
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1999/07/11 07:00:00 GMT+2

Privatizar la imprudencia

1924. Un joven de Sangüesa fue corneado en un pulmón. Murió en el acto. Es la primera víctima mortal que registra la historia de los encierros sanfermineros. El último -si la mañana de hoy no me desmiente: confío en que no- fue Peter Mathew Tassio, norteamericano, que sufrió una espantosa cogida en 1995.

Entre el uno y el otro, doce muertos más. En 1947, el toro Semillero mató a dos personas en un mismo encierro. En 1980, Antioquío consiguió igualar su récord. A la primera de sus víctimas la llevó ensartada desde el Ayuntamiento hasta la entrada de Mercaderes. Ya en el ruedo, mató a otro joven de una cornada en el vientre.

Más suerte tuvieron el norteamericano Sthepen Towsend, que en 1984 salvó su vida después de luchar largo rato contra el Osborne que lo había corneado, y el sueco Torly Urban, que fue prendido por el muslo y estuvo diez eternos segundos colgado del asta del bicho: sufrió un desgarro terrible, pero sobrevivó.

Cientos de personas -la mayoría jóvenes, algunas no tanto- corren, mañana tras mañana, delante de una manada mixta de toros de lidia y cabestros. Se malprotegen con periódicos encanutados. Arriesgan la vida: en eso consiste el juego. Muchos salen magullados, pisoteados por los astados. Otros, empitonados. Cinco lo han sido apenas hace dos días.

No ignoro la fuerza de las tradiciones atávicas. Aunque no las entienda. Aunque me den grima. Por eso tampoco soy partidario de que se prohiban, salvo en casos muy especialmente crueles o degradantes. Sé que no se cambian los hábitos culturales por decreto.

Sólo me quejo de que prácticas tan bárbaras y comportamientos tan disparatados se traten públicamente como si fueran costumbres bellas y encomiables, merecedoras de la promoción de los medios de comunicación del Estado. Yo no atiendo mis obligaciones fiscales para financiar la apología de diversiones tan brutales. No pago para que se eduque a los niños en la adoración de la imprudencia y en el culto al riesgo por el riesgo. Tampoco ayudo a costear la Sanidad Pública para que ésta utilice sus medios y su personal en la atención de personas que juegan deliberadamente con su vida.

Las autoridades están ahora en plan de privatizarlo todo, incluyendo algunos servicios públicos esenciales. No me parece bien. Sí me lo parecería, en cambio, que se privatizara la irracionalidad.

Que quienes la cultivan se paguen, por lo menos, los rotos y los descosidos de sus extravagancias. Y, desde luego, que los medios públicos no las alienten.

Javier Ortiz. El Mundo (11 de julio de 1999). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de julio de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1999/07/11 07:00:00 GMT+2
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