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2000/07/28 06:00:00 GMT+2

Todo en la vida es fútbol

Me gusta el fútbol cuando lo juegan bien. Cuando no –que es casi siempre– me parece un insoportable peñazo. O sea que, según los cánones oficiales, no soy realmente un futbolero.

Puesto a no ser forofo, me ocurre con cierta frecuencia que empiezo a ver un partido con la esperanza de que ganen los unos y, según marcha el juego, me cambio de bando, y empiezo a desear la victoria de los otros. Basta con que los jugadores de mis colores iniciales se pongan a dar patadas, o a defender a ultranza, en plan cutre, o a beneficiarse de errores arbitrales. No tengo un “nosotros” definido, aunque casi siempre me pongo del lado del equipo más modesto. Supongo que por pura querencia ideológica.

Cuando juega la selección llamada nacional, mis compañeros de Redacción se me enfadan, porque cuando me preguntan “¿Cómo vamos?” (tengo despacho en el periódico y, en consecuencia, derecho a tele particular), les respondo: «¿”Vamos”? Pero, ¿qué pasa? ¿Juegas tú?». Trato de explicarles que “España” no juega; que quien juega es tan sólo la selección de la Federación Española de Fútbol. Es decir, unos particulares.

Me temo que no entienden lo que intento decirles y se piensan que si me salgo por esos cerros es porque soy vasco y, en consecuencia, anti-español.

Precisados esos extremos iniciales, admito que me tiene fascinado el espectáculo de los fichajes del verano. Los del Barça, indignados porque el Madrid se ha llevado a Figo. Los del Madrid, cabreados porque su club ha vendido a Redondo. (Por cierto, que hablan de los jugadores como si fueran animales. O esclavos: “Fulanito está en venta”, “Hemos comprado a Perengano”...).

Los aficionados se comportan como si los jugadores no fueran tíos que se dedicaran, en lo esencial, a ganar el máximo de dinero posible durante los escasos años que están en activo, y como si tuvieran obligaciones semi-místicas con respecto a tales o cuales colores. ¿Se creerán realmente que Figo se vino desde Portugal a Barcelona porque sentía que el Barça es más que un club, o que Redondo tomó el vuelo desde su Argentina natal hasta Madrid porque su tierno corazoncito le arrastraba irremisiblemente por las rutas de lo merengue? Vamos, hombres...

Si no hay que creerse las peleas entre los medios de comunicación, como para tomarse en serio las de los clubes de fútbol. Salvo cuatro pirados que aún nos guiamos por criterios de principios –probablemente porque nos hicieron así y ya no tenemos remedio–, todo lo demás son puñeteras pendencias por la pasta y el figurón.

Dicho lo cual... ¡Aúpa la Real!

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de mayo de 2009.

El recuerdo de hoy está escrito por Rafael Chirbes y fue leído por el autor el 3 de mayo pasado en el homenaje de Más que palabras, Radio Euskadi.. Gracias, Rafa.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/28 06:00:00 GMT+2
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2000/07/27 06:05:00 GMT+2

Adiós, Villalonga, adiós

No escribí ni una línea a favor de Juan Villalonga cuando no pocos a mi alrededor se deshacían en elogios hacia él. Como no escribí ni una línea a favor de Mario Conde cuando estaba en la cúspide de su doctorado dineris causa. Con este tipo de gente aplico siempre la máxima del doctor Lawrence Peter, que decía que "en las fosas sépticas, son siempre los cagarros más gordos los que llegan arriba". No acaba de ser muy fino el dicho pero, a cambio, es de un cientifismo apabullante. Por decirlo de otro modo: no se llega a un puesto como ése siendo una bellísima persona.

No haber llenado al individuo de incienso me ha excusado luego de vilipendiarlo en su carrera hacia el infierno.

Dicho lo cual, tampoco ocultaré la satisfacción que me produce su caída. Entre otras cosas, porque fueron sus desafueros los que me obligaron a dimitir como contertulio de "La Brújula" de Onda Cero, cuando echaron de la emisora a Casimiro García-Abadillo por haber dado informaciones veraces sobre los irregulares tejemanejes económicos del ahora expresidente de Telefónica. (Por cierto: ¡en qué situación más singular se queda ahora Luis del Olmo!).

De la huída de Villalonga ha habido algo que me ha parecido la repera: que los accionistas del llamado núcleo duro de la compañía se hayan comprometido con él a no abrir una investigación sobre el lado oscuro de su gestión económica. Que él lo haya reclamado es el colmo de la desvergüenza, porque implica reconocer que tiene mucho que ocultar. Y que los otros se lo hayan aceptado, tres cuartos de lo mismo, porque supone que saben que hay mucho que esconder, y colaboran.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social. 27 de julio de 2000. Subido a "Desde Jamaica" el 1 de noviembre de 2016.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/27 06:05:00 GMT+2
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2000/07/27 06:00:00 GMT+2

Nosotros, las ratas

Científicos de Oxford han conseguido alterar no sé qué en el cerebro de unas ratas y han logrado que se enamoren de los gatos. En lugar de esconderse de ellos, los buscan. Pero como el cerebro de los gatos sigue siendo el mismo, se zampan a las ratas, con gran satisfacción.

Lo que no entiendo es por qué no han bautizado al experimento con un nombre adecuado. “Globalización”, por ejemplo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de mayo de 2009.

Este artículo nos lo sugirió Luis Tránsito y también hemos visto que es del gusto del blog Un lugar en el Mundo. Gracias a los dos.

El recuerdo de hoy lo firma Josu Torre. Eskerrik asko, Josu.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/27 06:00:00 GMT+2
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2000/07/26 07:00:00 GMT+2

El efecto llamada

Quieren modificar la vigente Ley de Extranjería porque dicen que tiene un efecto llamada, o sea, que incita a la inmigración ilegal. Pero, acto seguido, afirman que los africanos que se están metiendo por cientos en pateras estos días para cruzar el Estrecho han sido engañados, porque, por mucho que llegaran a España y burlaran la vigilancia policial, la Ley no les dejaría regularizar su situación. No de modo automático, al menos.

Luego el problema principal no está en la Ley.

A cambio, no dicen -aunque lo saben muy bien- que por donde entran a diario más inmigrantes a España no es por el Estrecho, sino por la frontera con Francia. Vienen con sus papeles perfectamente en regla, obtenidos en Alemania hace años, cuando la RFA abrió de par en par sus puertas al Este para aumentar allí su influencia. Ahora ya no están a gusto en Alemania, porque les están retirando todas las ayudas, y se vienen para aquí.

El mayor efecto llamada que existe en la actualidad es el que se deriva de la libre circulación de personas dentro de la UE. Pero, como eso no tiene remedio, se lo callan.

En realidad, nada tiene remedio.

Ahora, el Ministerio del Interior está instalando unos aparatitos la mar de precisos, que van a permitir la localización inmediata de todas las pateras que se acerquen a la costa española, de modo que, según lleguen, allí estará la policía para detener a los inmigrantes fallidos y devolverlos a su origen.

Vale, pues yo, sin ser profeta, les aseguro que, si no pueden entrar en Europa de ese modo, lo harán de otro. Y si no les cabe desembarcar en la costa de Cádiz, o de Málaga, o de Almería, o de Lanzarote, vendrán por Castellón, o por Asturias. O por Italia. O por Bretaña. O por Holanda, si no les queda otro remedio.

El contraste entre la miseria de casi todo el continente africano y la opulencia de Europa es tan brutal, y su exhibición televisiva tan impúdica -y tan falsaria: allí sólo ven la cara más adinerada de la realidad comunitaria-, que no hace falta que ningún traficante los engañe. Aquellos que tengan más medios, más educación y más espíritu emprendedor -porque ésos son los que viajan: los otros se quedan en su pueblo, a morirse de hambre y de tristeza- seguirán emprendiendo la aventura.

Pónganles las dificultades que quieran. Vigilen palmo a palmo todas las costas y fronteras. Lo seguirán intentando.

No es la Ley de Extranjería la que provoca el efecto llamada. El efecto llamada es Europa.

¿Solución? Tal como están las cosas, en su tierra y en la nuestra, no creo que haya ninguna.

Javier Ortiz. El Mundo (26 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de julio de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/26 07:00:00 GMT+2
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2000/07/26 06:00:00 GMT+2

El «carisma» de Rodríguez Zapatero

Ahora se discute de eso: que si el nuevo secretario general del PSOE tiene carisma; que si no tiene carisma... Los hay que prefieren a los líderes con carisma; otros dicen que, al final, resultan mejores los que no tienen carisma. Y así.

Me resulta totalmente imposible entrar en esa discusión. Primero, porque ignoro por completo qué narices es el carisma. Felipe González, por lo visto, tenía carisma. Pues, lo que es a mí, me ha dado siempre repelús. Alergia. Me pasa con él como con Mayor Oreja: cada vez que los oigo en la radio, me debato entre mi deber profesional de escuchar lo que dicen y mi impulso intestinal de darle al botoncito del on y quitármelos de encima.

En segundo lugar, me parece que discutir sobre carismas es ceder a una concepción degradada y degradante de la política. Me importa un pijo que los dirigentes sean mejores o peores parlanchines, o que su careto salga mejor o peor en la tele. Quiero saber qué pretenden, adónde tratan de llevarme (es decir, de llevarnos), qué programa tienen, en suma. Los esclavos de Roma no se levantaron en armas contra el Imperio porque Espartaco fuera Kirk Douglas. Los espartaquistas alemanes no lucharon –y perdieron– porque creyeran que Rosa Luxemburgo tenía un aire a Linda Evangelista. La gente del PCE no fue por cientos a las cárceles durante el franquismo porque pensara, como me dijo Manolo Vázquez Montalbán en cierta ocasión, que Carrillo guardaba un cierto parecido con Anita Ekberg.

No sé si Rodríguez Zapatero tiene o no tiene carisma. Lo que sé es que no tiene programa. O, más bien, que tiene un programa oculto, que es el mismo de José María Aznar, pero con cines de arte y ensayo. O ni siquiera.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de julio de 2009.

 

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/26 06:00:00 GMT+2
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2000/07/25 06:00:00 GMT+2

Las lágrimas del Apóstol

Primera pregunta: ¿Alguno de vosotros sabe a cuento de qué un Estado laico hace ofrendas institucionales a un supuesto apóstol sedicentemente matamoros?

Segunda: ¿Alguien puede aclararme por qué últimamente Manuel Fraga es incapaz ni de dar la hora sin echarse a llorar?

Tercera: ¿Me podría explicar algún experto por qué Galicia soporta lo uno... y al otro?

Yo tengo respuesta para las tres preguntas, pero preferiría que alguien me proporcionara otras menos tristes.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de julio de 2009.

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2000/07/22 07:00:00 GMT+2

De perros y de collares

Cuando no era yo más que un crío -eso ocurrió hace varios siglos, pero aún me acuerdo-, mi madre, que es madre y maestra, como la España de César Vallejo, solía reprocharme mi pasión por la política. «Ay, hijo, los políticos son todos iguales», me decía una y otra vez. Y sentenciaba: «Los mismos perros con distintos collares».

Me ponía de los nervios. ¡Qué ignorancia, la suya! ¿Cómo podía meter en el mismo saco a Franco y a De Gaulle, a Kennedy y a Mao Zedong? «Esta mujer se alimenta de tópicos», me decía para mis adentros. Ella no sabía de la misa la media; yo sí, que no paraba de leer libros muy gordos.

Entonces mi madre debía de estar iniciando la cincuentena. Es decir, que era de la edad que me toca soportar a mí ahora.

Pues tiene narices: después de mucho leer y de mucho vivir, de dar vueltas y más vueltas y de conocer a la tira de políticos, he acabado de acuerdo con ella.

Bueno, en parte. Depende de qué se entienda por «político». Políticos, en sentido amplio, somos todos, claro está. Incluso dentro del campo de la política como profesión, los hay que no rascan bola, o sea, que no huelen el Poder, el Poder con mayúscula, porque con su ideología no se llega a ningún palacio, y lo saben, y lo aceptan, porque son así. Qué les digo yo: el subcomandante Marcos, yendo más lejos.

Pero los otros, todos ésos que practican la alternancia, que le dicen, ésos, vaya que sí: iguales.

Mi única duda con respecto a la proposición teórica de mi madre es si realmente se trata de los mismos perros con distintos collares, o si los collares son también iguales.

Y es que la política, en estos tiempos y por estos lares, se está uniformizando a ritmo de vértigo. Un Ruiz Gallardón o un Zaplana -el uno por unas razones, el otro por otras- no desentonarían nada de nada en el PSOE. Y un Solchaga o un Barrionuevo -también cada uno por sus motivos- encajarían sin problema alguno en el PP. A lo que parece, lo único diferente que queda ya es el PNV. Y créanme si les digo que, a nada que se rasca, tampoco el PNV es muy distinto.

La reflexión viene especialmente a cuento hoy, vista la elección que tienen ante sí los congresistas del PSOE. Descartadas Rosa Díez, que es la candidata preferida de los enemigos mortales de su partido, y Matilde Fernández, que si se ha presentado es solo para que su minoría no quede fuera de juego, ¿cuál es la opción? Ni Rodríguez Zapatero ni Bono se han molestado siquiera en presentar un programa. ¿Para qué, si es el mismo?

Ambos tienen idéntica ideología. La misma que todos los políticos de ahora: ninguna en concreto.

Javier Ortiz. El Mundo (22 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de julio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/22 07:00:00 GMT+2
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2000/07/19 07:00:00 GMT+2

De «nosotros» como categoría

Tenía hoy la idea de escribir sobre la historia del fracaso de las dos políticas que se han puesto en práctica en los últimos tiempos para tratar de acabar con ETA: la del PNV, por un lado, y la del Gobierno de Aznar, por otro. Mi idea es que ambas han fracasado como habría fracasado cualquier otra, porque, por lo menos de momento, el problema de ETA no tiene solución. Y es que no todos los conflictos políticos y sociales son resolubles, y menos aún de inmediato. Los hay que necesitan seguir muy complejos procesos de maduración. Y algunos de ellos tardan en concluir, y otros incluso se enquistan y eternizan.

Me disponía yo a desarrollar aquí esa tesis cuando, de pronto, he escuchado por la radio a Jaime Mayor Oreja afirmar que quien pretenda que su política vasca está resultando un fiasco es «cómplice y colaborador con la estrategia de ETA». Ni más, ni menos.

El señor ministro ha precisado, eso sí, que él se refiere a quienes sostengan eso «a menos de 24 o 48 horas de un asesinato».

A decir verdad, no entiendo muy bien el plazo, pero sí la amenaza. Y, como es grave, y blande incluso figuras delictivas, y me acuerdo bien de la maldición que dice que «ahí tengas pleitos y los ganes», y soy hombre de natural prudente... pues nada: que he optado por guardar silencio sobre la cuestión hasta que don Jaime nos haga saber a cuantos estamos en total desacuerdo con su política que podemos volver a discutírsela sin correr por ello el peligro de ser acusados de complicidad con el terrorismo.

El efecto devastador principal que tiene el terrorismo de ETA es que siega vidas. Es obvio.

Pero tiene otros. Uno es este: crea un clima rematadamente enrarecido, en el que no hay lugar para las críticas, para los matices, para las divergencias. Todo es: o «ellos» o «nosotros». O estás con «nosotros» o estás con «ellos».

Pero, ¿qué ocurre si uno se ve en desacuerdo con el modo en que dirigen las cosas los que gobiernan eso que llaman «nosotros»? Que tiene que callarse, para no ser tomado por uno de «ellos».

«Nosotros» pasa a convertirse así en una categoría que no se caracteriza sólo por estar contra «ellos», sino también por cerrar filas detrás de un determinado modo de estar contra «ellos».

De esa guisa, «nosotros» no es una opción esencialmente ética, sino, en sus resultados prácticos, básicamente política. Consiste, en suma, en aplaudir a Mayor Oreja.

Pues lo siento: yo estoy contra «ellos», pero, precisamente por eso, considero que Mayor Oreja está empeorándolo todo.

Ya lo explicaré cuando se pueda.

Javier Ortiz. El Mundo (19 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 12 de mayo de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/19 07:00:00 GMT+2
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2000/07/15 07:00:00 GMT+2

Mitterrand, ese sinvergüenza

¿Cuántas veces no habremos oído decir eso de que «ya no quedan políticos como los de antes»? «Mitterrand fue el último de aquella gran saga de estadistas de altura histórica», sentencian algunos, con aire evocador.

No pretenden que el mundo esté ahora peor que tras la II Guerra Mundial; sólo se lamentan de cómo son los políticos de hoy.

Esa queja melancólica encierra, en realidad, un modo peculiar de concebir la función política, que prima las dotes de mando y la capacidad individual de tomar decisiones, y menosprecia la labor de equipo, forzosamente más impersonal. Sus defensores echan de menos al «gran hombre de talla histórica», al «líder carismático», frente al «colectivo gris».

Cabe discutir esa concepción en el terreno teórico: ciertamente, es escasamente democrática. Pero resulta preferible refutarla a partir de la práctica: cuanto más se va conociendo de lo que en realidad fueron e hicieron esos «grandes hombres de talla histórica» que controlaron el planeta tras la II Guerra Mundial, más repugnan.

El caso de François Mitterrand es ejemplar. «Paradigmático», que dirían los pedantones al uso.

Lo último que se ha sabido de él -o que se ha corroborado, a decir verdad- es que controló el tráfico de comisiones ilegales de Elf, el emporio petrolífero francés. Fue un corrupto y un corruptor a escala masiva que autorizó que se pagaran millones de francos negros a partidos políticos, tanto locales como foráneos, y a toda una pléyade de empresarios y de correveidiles de la política y los negocios.

Lo peor no es que el «gran líder carismático» se dedicara a tales sinvergonzonerías en Francia, sino que se puso a carismatizar por toda Europa, e incluso sentó cátedra de carismatizador: el invento de Filesa llevaba puesto el sello de Made in France. El Partido Socialista Francés de Mitterrand no inventó la corrupción política, por supuesto -en otros países y desde hacía mucho tiempo ya había políticos que se hacían pagar por hacer favores o por no hacer desfavores a empresas-; lo que el PSF de Mitterrand patentó fue el truco de crear firmas-tapadera que facturaban enormes sumas por la realización de informes de pega, para ocultar la financiación ilegal del partido (y de sus jefes, claro).

No era un truco específicamente social-demócrata, desde luego, pero, como él estaba en esa línea, se dedicó a exportar la técnica entre los de su cuerda, çà et là. Y tuvo un gran éxito, sobre todo con aquéllos a los que también se les tenía por «líderes carismáticos» en sus respectivos lares.

No tengo especial devoción por ningún tipo de gobernantes. Pero, obligado a escoger, me quedo con los de menos «altura histórica».

Me aterran los carismáticos. Entre dos males, mejor el menor.

Javier Ortiz. El Mundo (15 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de julio de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/15 07:00:00 GMT+2
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2000/07/12 07:00:00 GMT+2

Qué sociedad tan absurda

Tengo crecientes dificultades para comprender esta sociedad en la que me ha tocado vivir. Se comporta de un modo disparatado.

Les pondré un par de ejemplos de la reciente actualidad.

Primero: Pamplona, lunes, 10 de julio. 7:57 de la mañana. Varios cientos de jóvenes y de menos jóvenes empiezan por cantar una plegaria en la que ruegan a San Fermín que les otorgue su bendición a la hora de jugarse la vida, cosa que van a hacer acto seguido porque les da la gana, por puro juego. ¿Cómo puede ser que la Iglesia católica, tan defensora de la vida, incluso como proyecto perifrástico -el nasciturus, que le dicen-, no desautorice el uso del nombre de uno de los suyos para adornar ese atavismo cercano del suicidio (o de la eutanasia) en masa? Misterio.

A continuación, veo un amplio despliegue de la Cruz Roja y otros cuerpos sanitarios preparados para atender a esa nutrida banda de locos, por si su juego suicida les sale mal. Y a un denso contingente policial que, lejos de intervenir para impedir que el dislate se lleve finalmente a efecto, lo protege. ¿Quién retribuye a toda esa grey uniformada? ¿El erario? ¿Los impuestos? Lo que me faltaba por ver: ¡una tentativa de suicidio colectivo subvencionada!

La tentativa se vio colmada: los bichos arremetieron a mansalva contra los locos y cornearon a tres de ellos. ¿Creían ustedes que está prohibido jugar a la ruleta rusa? En esta modalidad, no. La protegen con médicos, con policías y... hasta con santos.

Segundo ejemplo: accidente de tránsito en Golmayo (Soria) entre un autobús y un camión. Mueren 28 personas. Conmoción nacional. O estatal, si se considera el alto número de autoridades centrales y autonómicas que acudieron a los funerales. Enorme despliegue informativo: televisión, prensa y radio, por más que no hubiera gran cosa de la que informar.

Me quedo perplejo. El pasado año hubo más de 6.000 muertos en las carreteras de España. O sea, más de cien muertos por semana. Casi ninguno mereció la atención de nadie, salvando la de sus más allegados. Ni ministros, ni obispos, ni televisiones, ni radios. En la prensa, apenas unas líneas en la columna de breves, como mucho, y asunto despachado.

Conclusión: para que la muerte en masa cause gran conmoción social en nuestro país, las víctimas deben poner mucho cuidado... ¡en no morir desperdigadas!

Qué sociedad más absurda, qué carencia de raciocinio, qué culto al espectáculo más huero, qué gusto por la sensiblería, qué ausencia de verdadera sensibilidad.

Qué vacío.

«Pues si no te gusta este país, vete», me dicen algunos.

Ya lo he pensado.

Pero lo peor es que los demás están por el estilo. O peor todavía.

Javier Ortiz. El Mundo (12 de julio de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de julio de  2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/07/12 07:00:00 GMT+2
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