2000/11/29 06:00:00 GMT+1
Garzón vuelve a las andadas. Ahora es el turno de la coordinadora de alfabetización vasca para adultos, AEK.
No es un secreto para nadie que en AEK hay un porrón de militantes de HB. Es de suponer que algunos de ellos simpatizarán con ETA (todos no, seguro: cada vez me llegan más noticias de militantes de HB que están de ETA hasta los mismísimos).
Pero una cosa es que en AEK haya mucha gente de HB y otra, muy distinta, que AEK, como tal organización, sea de HB. No digamos ya de ETA. Porque en AEK, incluso en sus más altos niveles de dirección, hay gente que no es de HB, que está totalmente en contra de ETA y que, además, ha puesto mucho cuidado en que nadie utilice la coordinadora de alfabetización para fines políticos partidistas. El portavoz del Gobierno de Vitoria, Josu Jon Imaz, acaba de confirmar que la Hacienda vasca ha auditado las cuentas de AEK: asegura que ni un céntimo de las subvenciones oficiales que ha recibido ha sido utilizado para nada que no sea el trabajo de alfabetización.
Ayer me llamó por teléfono un representante de Elkarri para contarme que al menos uno de los dirigentes de AEK más comprometidos con la lucha pacifista y más celosos de la independencia política de esta plataforma docente ha sido convocado por Garzón para mañana: todo indica que quiere procesarlo como integrante de la «trama civil» de ETA.
El razonamiento de Garzón -el de Mayor Oreja- es de una simplicidad apabullante. Ya lo he expuesto otras veces. Parte de la evidencia política de que la lucha de ETA no se sustenta sólo en sus comandos; de que hay gente que, sin formar parte de la estructura de la organización armada, le presta ayuda política, económica, logística, etc. A partir de ese convencimiento, realizan un salto conceptual tan grosero en el plano político como aberrante desde el punto de vista jurídico. Consideran: a) que todos los simpatizantes de ETA pueden ser catalogados como miembros de ETA; y b) que todos los miembros prominentes de todas las organizaciones en cuyo seno haya simpatizantes de ETA pueden ser tenidos por colaboradores de ETA. Lo cual supone: a) en el terreno político, criminalizar al conjunto de la izquierda abertzale; b) en el plano jurídico, olvidarse de dos principios penales básicos: el que dicta que las imputaciones no pueden tener carácter genérico y el que establece que las culpas no pueden ser colectivas.
Pero esto a Garzón no parece que le preocupe gran cosa. Y a Mayor Oreja, menos todavía. De entrada, meten a la tira de gente en la cárcel y consiguen decenas de titulares que hablan de su esforzada labor en contra de la trama de desobediencia civil de ETA. ¿Que dentro de un año o más llega el juicio y la mayoría de los acusados son absueltos, o que dentro de todavía más es el Tribunal Constitucional el que tira todo el tinglado abajo y los manda para casa?
¿Y a quién le importa eso? A ellos no, desde luego.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/29 06:00:00 GMT+1
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2000/11/28 06:00:00 GMT+1
Es famosa la réplica que dio Guillermo Hegel a cierto colega que le señaló que estaba defendiendo una tesis que no coincidía con los últimos descubrimientos científicos: «Pues, si los hechos me contradicen, peor para los hechos», se cuenta que dijo.
No afirmaría yo que el presidente del Gobierno español y sus más próximos se caractericen por sus inclinaciones hegelianas, pero con enojosa frecuencia tienden a comportarse ante los hechos con la misma orgullosa tozudez. Cuando lo que ocurre no encaja en sus previsiones -no digamos ya si las contraría-, reaccionan como si la culpa no fuera suya, sino de los hechos. Y pasa el tiempo hasta que se avienen a admitir que la realidad es todavía más terca que ellos. A veces incluso se instalan en sus trece y no se mueven: ni se sabe ya cuantas estaciones llevamos oyendo decir que la inflación está desatada por factores estacionales.
La manifestación de Barcelona de la pasada semana les pilló con el pie cambiado. Creyeron que acudían a otro acto más de los muchos en los que su encastillamiento es acogido con vítores y se encontraron con casi un millón de personas que respaldaban mayoritariamente a quienes, solidarizándose con los postulados políticos del asesinado Ernest Lluch, les exigían menos altivez y más diálogo.
Inicialmente respondieron en su línea más que conocida, diciendo que, si no dialogan, es porque no hay nada que dialogar con nadie. No hay nada que dialogar con el PNV, al que las próximas elecciones autonómicas se encargarán de arrinconar de una puñetera vez -eso creen-, y tampoco hay nada que dialogar con el PSOE, que lo único que tiene que hacer es decir amén y dejarse de pretender protagonismos, como muy bien les había dicho Rajoy unos días antes en un rapto de fervor unitario.
Pero hete aquí que pasan las horas y las voces que reclaman diálogo no sólo no decrecen, sino que aumentan. Todo apunta a que está tomando cuerpo una nueva tendencia, no de momento en la mayoría de la opinión pública, pero sí en sectores influyentes de ella, que se muestran críticos no sólo con la falta de resultados de la política del Gobierno, sino sobre todo con su aire sospechosamente electoralista y, aún más, con su total carencia de perspectivas.
Es frente a esta tendencia contra la que ha reaccionado el Gobierno con su propuesta de diálogo de siete puntos al PSOE.
Pero vaya reacción. Examínense los siete puntos. Se comprobará que cinco se limitan a enunciar obviedades -son de puro relleno- y que los dos únicos que tienen contenido son de broma: uno es para exigir a los socialistas que no aireen sus discrepancias con el Ejecutivo y el otro para reclamar su apoyo a la candidatura de Mayor Oreja a lehendakari.
Si ése es todo el diálogo que está dispuesto a emprender el Gobierno, es poco probable que consiga acallar las críticas. Lo suyo es un puro diálogo trampa.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/28 06:00:00 GMT+1
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2000/11/27 06:00:00 GMT+1
Me llama Toni Murphy, alma pater de la izquierda cultural grancanaria, para invitarme a ir a Las Palmas a hablar sobre The Beatles. «¿Cuándo?», le pregunto. Ya, dentro de unos días.
Hago cálculos. No me viene nada bien. Del cuarteto de Liverpool -del quinteto: para mí, los arreglos y la dirección musical de George Martin fueron pieza clave de su éxito- podría hablar largo y tendido. Ése no es el problema. Incluso me gustaría. Podría ilustrarlo con ese extraño disco en el que Martin va explicando la producción de Strawberry Fields Forever, desde que aparece Lennon con la idea, muy tosca, hasta que se acaba el trabajo, realmente complejo.
Pero es demasiado. Estoy muy atareado y sería una locura: simultanear la faena pendiente con la escritura de la conferencia -soy incapaz de hablar sin tener el texto por escrito-, preparar el viaje...
Pero el caso es que tengo ganas de visitar Gran Canaria, entre otras cosas para ver a Alberto Piris y a su mujer, Elena Guitán, que se han ido a vivir allí, y están felices, cómo no. Y para dar un salto a Lanzarote, si se tercia, a visitar a José Saramago y Pilar del Río, que ya deben de estar de regreso de su periplo afroamericano. Y para ver de nuevo aquello. Y para darme un chapuzón en las aguas tranquilas del sur de la isla.
Respondo que otra vez será. Toni me dice que no hay problema; que tiene un proyecto de ciclo de conferencias para dentro de poco en el que cree que también encajaré fácilmente.
En tiempos no lo habría dudado. Habría dicho que sí, que estupendo; habría escrito la conferencia a escape y habría salido para allí de inmediato.
Pero ahora voy camino de los 53, y encima tengo una gripe tonta, que no me anula, pero me tiene baldado.
Me quedo pensando sobre cuerpos y almas. El alma es sólo la palabra que damos a la parte del cuerpo que siente y piensa. 50 cc. de alcohol en el cuerpo, y el alma se pone a decir tonterías. 53 años de cuerpo, y el alma está cansada.
Pero mi alma volverá a ver Las Palmas, y pronto, si es que antes mi cuerpo cansado no se la lleva para siempre.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de noviembre de 2009.
La gente del programa radiofónico El Mentidero le rindieron un pequeño homenaje a Javier. Hemos subido un texto y el enlace al audio en nuestros Recuerdos. Homenaje a Javier Ortiz en El Mentidero. Muchas gracias.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/27 06:00:00 GMT+1
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2000/11/26 06:00:00 GMT+1
Uno de los fundamentos de la globalización neoliberal es la neutralización de la capacidad interventora de los Estados en la vida económica. Sus propagandistas sostienen que los Estados no deben tratar de reconducir las tendencias espontáneas del capitalismo, porque éstas ya dirigen por sí mismas a la Humanidad en un sentido positivo. Confían ciegamente en el efecto benéfico de la lógica del beneficio privado.
La prueba más palmaria del perfecto desvarío que supone este razonamiento nos la proporciona la evolución del medio ambiente. Cada vez el planeta está peor y, en algunos aspectos, empieza ya a estarlo de manera irreversible. El fracaso de la cumbre de La Haya sobre el cambio climático, en la que los EEUU se han negado a suscribir incluso el paniaguado acuerdo que les proponía la UE, evidencia que hay fuerzas económicas que no están dispuestas a rebajar sus meteóricas cuentas de resultados, ni siquiera en una medida realmente mínima, para preservar la habitabilidad del planeta a medio plazo.
El Hebei Treasure, ese barco chino cargado con 44.000 toneladas de productos contaminantes que se encuentra ahora mismo a la deriva por las aguas del Canal de la Mancha, y que corre el serio riesgo de acabar naufragando por las malas condiciones metereológicas, es una perfecta metáfora del dislate de esta gente. Para gastar lo menos posible, no duda en montar transportes peligrosísimos y en encargárselos a compañías de dudosísima competencia. Están convirtiendo el mar en un estercolero.
Serían ridículamente cómicos, si no fueran desoladoramente trágicos: llevan hasta los extremos más fanáticos la prohibición de fumar, para no perjudicar los pulmones de algunos, y no dudan, en cambio, en multiplicar las emisiones de CO2 y otros gases contaminantes, que dañan irremisiblemente la biosfera, y ponen en serio riesgo la vida de los océanos, que son los pulmones del planeta.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/26 06:00:00 GMT+1
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2000/11/25 07:00:00 GMT+1
El Gobierno sostiene que propugnar el diálogo como vía de resolución de los diversos conflictos vascos -porque son varios- supone, de hecho, hacer el juego a ETA.
Es un criterio del que ETA no participa, como ha demostrado matando a Ernest Lluch, abierto partidario del diálogo: del diálogo en general y, ya para empezar, del diálogo entre los partidos llamados constitucionalistas y los nacionalistas democráticos. Anteayer lo evocó una de sus hijas: «Mi padre creía en el lehendakari», dijo.
Me temo que sea por eso por lo que lo han matado. Porque ETA no tiene ningún interés en el diálogo entre nacionalistas y no nacionalistas. Quiere implicar al PNV y a EA en su estrategia y, para eso, cuanto más se ahonde la brecha entre los representantes de los dos grandes bandos políticos existentes en la sociedad vasca, mejor.
Poco a poco, el PSOE parece estar convirtiendo la defensa del diálogo con los nacionalistas en una de sus señas de identidad. Así cabe deducirlo, entre otros signos, de la fuerza e incondicionalidad con que ha subrayado ese aspecto de la actitud política de Lluch a la hora de reivindicar su memoria.
Es una apuesta delicada. Tanto sobre el terreno de la política vasca como sobre el de la política española, globalmente considerada. Lo es, sobre todo, porque el nacionalismo vasco se ha hecho- y le han hecho- muchos enemigos, tanto en Euskadi como -sobre todo- fuera de Euskadi. No es una causa que vaya a atraer al PSOE a masas ingentes de votantes, imagino.
Hay que reconocer, de todos modos, que, si bien es una política problemática, por lo menos es una política. Porque el seguidismo con respecto al PP que los socialistas han venido practicando en los últimos meses, en éste y en otros terrenos, estaba desdibujando sus perfiles de modo alarmante. En el País Vasco corrían el serio peligro de que no pocos de sus seguidores tradicionales se decidieran por el voto útil, según una reflexión elemental: «Si de lo que se trata es de defender la misma política que el PP, para eso que lo haga el PP, que se la sabe mejor y tiene el respaldo del Gobierno central».
La apuesta del PSOE- si finalmente se decide a asumirla y llevarla adelante- es, ya digo, arriesgada. Pero no lo es menos la del PP, que ha decidido jugárselo todo a la misma baza: que en las próximas elecciones vascas se produzca un vuelco y Mayor Oreja se convierta en lehendakari. Su política de hostilidad radical al PNV tiene fecha de caducidad: si las urnas autonómicas vuelven a registrar una mayoría nacionalista, se quedará con las vergüenzas al aire.
El PP, tan dado a mezclar la política con los huevos, ha hecho algo que siempre se ha tenido por desaconsejable: los ha puesto todos en la misma cesta.
Javier Ortiz. El Mundo (25 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de noviembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/25 07:00:00 GMT+1
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2000/11/25 06:00:00 GMT+1
Escena real. Ayer.
LA MAESTRA AL ALUMNO.- Mañana es el Día Mundial contra la violencia sobre las mujeres.
EL NIÑO.- ¿O sea que mañana no puedo pegar a ninguna chica?
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/25 06:00:00 GMT+1
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2000/11/24 06:00:00 GMT+1
El Gobierno sostiene que propugnar el diálogo como instrumento de resolución de los diversos conflictos vascos -porque no hay sólo uno- supone, en la práctica, hacer el juego a ETA.
Es un criterio del que ETA no participa, como ha demostrado matando a Ernest Lluch, abierto partidario del diálogo: del diálogo en general, y, ya para empezar, del diálogo entre los partidos llamados constitucionalistas y los nacionalistas democráticos. «Mi padre creía que la vía que se sigue no es la buena. Mi padre creía en el lehendakari», dijo ayer, emocionada pero firmemente, una de las hijas del exministro de Sanidad asesinado, tras la multitudinaria manifestación de Barcelona.
Me temo que ésa sea una de las causas que hayan decidido a ETA a matarlo. Porque ETA no tiene ningún interés en el diálogo entre nacionalistas y no nacionalistas. Quiere implicar al PNV y a EA en su estrategia y, para eso, cuanto más se ahonde la brecha entre los dos grandes bandos políticos existentes en la sociedad vasca y entre sus representantes, mejor.
Poco a poco, el PSOE parece estar convirtiendo la defensa del diálogo con los nacionalistas en una de sus señas de identidad. Así cabe deducirlo, entre otros signos, de la fuerza e incondicionalidad con que ha subrayado ese aspecto de la personalidad política de Lluch a la hora de reivindicar su memoria.
Es una apuesta delicada. Tanto sobre el terreno de la política vasca como sobre el de la política española, globalmente considerada. Lo es, sobre todo, porque el nacionalismo vasco se ha hecho -y le han hecho- muchos enemigos, tanto en Euskadi como -sobre todo- fuera de Euskadi. No es una causa que vaya a atraer al PSOE a masas ingentes de votantes, precisamente.
Hay que reconocer, de todos modos, que, si bien es una política problemática, por lo menos es una política. Porque el seguidismo con respecto al PP que los socialistas han venido practicando en los últimos meses, en éste y en otros terrenos, estaba desdibujando sus perfiles de modo realmente alarmante. En el País Vasco corrían el serio peligro de que no pocos de sus seguidores tradicionales se decidieran por el voto útil, según una reflexión elemental: si de lo que se trata es de defender la misma política que el PP, para eso que lo haga el PP, que se la sabe mejor y tiene el respaldo del Gobierno central.
La apuesta del PSOE -si finalmente se decide a asumirla y llevarla adelante- es, ya digo, arriesgada. Pero no lo es menos la del PP, que ha decidido jugárselo todo a la misma baza: que en las próximas elecciones vascas se produzca un vuelco y Mayor Oreja se convierta en lehendakari. Porque su política de hostigamiento radical al PNV tiene fecha de caducidad. Si las urnas vascas vuelven a registrar una mayoría nacionalista, se queda con una mano delante y otra detrás.
El PP, tan dado a mezclar la política con los huevos, ha hecho algo que siempre se ha tenido por desaconsejable: ponerlos todos en la misma cesta.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/24 06:00:00 GMT+1
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2000/11/23 06:30:00 GMT+1
Ayer hicieron un solemne acto de conmemoración del 25 aniversario de -dijeron- «la instauración de la Monarquía parlamentaria».
Imposible. No cabe conmemorar lo que no existe.
Un Estado puede ser, simultáneamente, monárquico y parlamentario. Pero ningún Parlamento puede ser monárquico, y ninguna Monarquía puede ser parlamentaria. Se trata, en ambos casos, de términos antitéticos. El Estado será monárquico, aunque parlamentario, y parlamentario, aunque monárquico. Cada una de esas circunstancias limita la otra.
No critico una imprecisión lingüística. Señalo una imprecisión lingüística puesta al servicio de una estafa propagandística.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/23 06:30:00 GMT+1
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2000/11/23 06:00:00 GMT+1
Viene de aquí: Ernest Lluch.
El apunte de ayer en mi Diario me ha procurado una nutrida correspondencia. He recibido algunos mensajes de conformidad con lo escrito y otros -los más-, críticos. Todos, empero, racionales, argumentados, serios. A la altura de las circunstancias.
Desde Bilbao, un amigo se muestra disconforme con mi balance de la trayectoria política de Lluch. Me reprocha particularmente el laconismo de mi referencia a su actitud positiva en relación a la solución negociada del conflicto vasco. Me explica que no sólo en las tertulias de la cadena Ser, sino también en las de Radio Euskadi, Lluch manifestó siempre una posición de profundo respeto hacia el nacionalismo vasco.
He leído también que se expresó en varias ocasiones en términos muy considerados hacia las demandas de reconocimiento del derecho de autodeterminación. Eso me hizo recordar que a finales de los 70 dimitió de una portavocía parlamentaria para manifestar su disconformidad con el espíritu de la LOAPA, por entonces en gestación. Me he enterado también de que en octubre se adhirió a Elkarri. Todo ello configura una actitud sobre este particular que, ciertamente, no se merecía una referencia tan fugaz y displicente como la mía.
No es el único apunte biográfico que me han matizado. Otra amiga, buena conocedora de la historia de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo -ha trabajado en ella durante muchos años-, me dice que la monopolización de los cursos de verano de Santander por parte del felipismo no fue obra de Lluch. Según ella, tomó cuerpo durante la etapa del anterior rector, Roldán. Reconoce, no obstante, que Lluch no enmendó esa trayectoria en modo alguno. Apunta que, de todos modos, el ex ministro tuvo un trato afable y considerado con los trabajadores de la UIMP.
También me han apuntado datos en sentido opuesto. Un veterano lector de mi Diario asegura que Lluch opositó a su cátedra, y la obtuvo, cuando aún era ministro.
A decir verdad, yo no traté de hacer el balance de la biografía de Lluch, sino tan sólo de explicar por qué no contaba con mis mayores simpatías. Pero comprendo que eso no excusa la unilateralidad de mis referencias.
Otro lector cree que no es éste el momento más oportuno para recordar los aspectos discutibles de la trayectoria del personaje. Y otro más se pregunta si no es éticamente problemático criticar a alguien que ya no puede defenderse.
Sobre esto último me veo obligado a replicar que todas mis críticas a Lluch se las dirigí -y en términos realmente mucho más severos- en vida y en la plaza pública, en un artículo publicado en El Mundo, después de que él lanzara acusaciones sin fundamento contra mí, también en público. Le reproché su transfuguismo, su infidelidad a la causa del derecho al aborto y los excesos de su fidelidad felipista. Entonces él fue libre de contestarme para desmentir mis afirmaciones, pero rehuyó la polémica, después de haberla iniciado.
Pero es la otra consideración antes mencionada la que me interesa más: ¿es realmente impropio señalar los aspectos oscuros de la biografía de un muerto? He defendido desde hace mucho que no, y seguiré defendiéndolo mientras no me den argumentos superiores en contra. El panegirismo es un género que se debe circunscribir a los actos relacionados con las exequias fúnebres, en los que la incondicionalidad es comprensible. Los que nos dedicamos a opinar tenemos el deber superior de respetar a quienes nos leen: tenemos que decirles lo que pensamos realmente.
En el caso de los asesinatos por ETA, creo -no insistiré en ello: ya lo expliqué ayer y no quisiera repetirme demasiado- que es incluso conveniente señalar que no nos oponemos a ellos porque pensemos que han acabado trágicamente con la trayectoria vital de personas excelsas, sino porque se trata de crímenes abominables, sea la víctima quien sea y tuviera las virtudes y los defectos que fuera.
Se trata de un juicio moral al que hay que despojar inicialmente, como paso previo, de cualquier otra consideración, sea personal o política.
Así lo veo yo, al menos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de mayo de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/23 06:00:00 GMT+1
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2000/11/22 07:00:00 GMT+1
«No, si yo soy republicano. Pero...».
Mi buen amigo Gervasio Guzmán, como muchos otros españoles -eso dicen al menos las encuestas-, forma parte del bando de los republicanos adversativos. Se les distingue por su incapacidad para proclamarse republicanos sin añadir a continuación un «pero...».
En España se llevan mucho las adscripciones adversativas. Recordemos, sin ir más lejos, los infinitos opositores adversativos a los GAL que han pululado por nuestra vida política durante los últimos años, todos diciendo a coro: «Desde luego que estoy en contra de los GAL, pero...».
Lo más característico del adversativo político es que su práctica concreta resulta siempre favorable al pero, y nunca a la convicción expresada inicialmente. Jamás vi a ninguno de los enemigos adversativos de los GAL acudir a una manifestación o firmar un manifiesto en contra del terrorismo de Estado. Como jamás me he topado con el bueno de Gervasio en un acto republicano.
Molesto por mis críticas zumbonas, mi amigo contraataca: «Pero, ¿qué sentido tiene ahora ponerse a defender la República?».
Cuando polemiza, Gervasio recurre con frecuencia a otra especialidad celtibérica: atribuir al adversario afirmaciones que no ha hecho... y criticárselas a placer.
«Yo no he dicho que haya que hacer ninguna campaña a favor de la República, Gervasio», le respondo. «Pero si tú das la cara por la Monarquía, te contesto. Y te argumento que no me parece razonable que un pueblo admita que le decidan a partir de factores de sanguinidad masculina quién es su jefe de Estado. Y no te digo nada ya si encima se lo montan por generaciones alternas: el abuelo sí, el padre no, el nieto sí...».
Y le repito lo que he afirmado mil veces: que soy hostil a la Monarquía, pero no demasiado republicano. ¿Para qué querría yo un presidente del PP o del PSOE?
Quizá el error estribe en dar por hecho que los Estados deben tener obligatoriamente un jefe. Tanto en las monarquías como en las repúblicas no presidencialistas, los jefes del Estado apenas hacen nada práctico. Y de lo poco que hacen se podría prescindir sin que se notara gran cosa, salvo en la cuenta de gastos. Siempre me han fascinado los países como Canadá, Australia o Nueva Zelanda que, como miembros de la Commonwealth, tienen formalmente a la Reina de Inglaterra por cabeza del Estado. Pero como la Reina no es tan insensata como para meter sus narices en los asuntos de esos países -y sus gobernadores representantes tampoco-, de hecho no son ni monarquías ni repúblicas. Y no parece que les pase nada.
Ahora que tanto se habla de políticas de austeridad, venga: ¿por qué no nos planteamos ésa?
Javier Ortiz. El Mundo (22 de noviembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de noviembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/11/22 07:00:00 GMT+1
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