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2019/06/27 19:06:11.571961 GMT+2

Rusia vuelve a Europa

No es difícil imaginar las reacciones de algunos lectores ante el título de este comentario. Casi todas cabrían entre estos dos extremos: "Rusia siempre ha sido Europa" o "Rusia nunca ha sido europea". (Eso, sin tener en cuenta, además, que cuarenta años de machaqueo de las mentes españolas con el axioma de la maldad intrínseca de todo lo ruso, han dejado huella y han distorsionado la percepción de ese enorme país).

Dejando aparte la cuestión de dónde está el límite oriental de lo que geográficamente se llama Europa (¿los montes Urales?) y de que Rusia es asiática a la vez que europea, el asunto que aquí se comenta tiene menos repercusión geográfica que política.

En efecto: el pasado lunes 24 de junio, la Asamblea Parlamentaria del llamado Consejo de Europa decidió, tras más de nueve horas de debate, la reintegración de Rusia a su seno. Conviene recordar que la delegación rusa fue expulsada en 2014, tras la anexión de Crimea y el apoyo ruso a la guerra civil en Ucrania. Los miembros de la Asamblea, parlamentarios de 47 Estados europeos, adoptaron esa decisión por 118 votos a favor, 62 en contra y 10 abstenciones.

El Consejo de Europa no es un órgano de la Unión Europea, a la que antecede en varios años. Fue fundado en 1949, en aras de la pacificación intraeuropea tras la 2ª G.M. España tuvo que esperar a 1977 para ser admitida, dado que una dictadura era incompatible con su finalidad básica de "promover la defensa, protección y promoción de los derechos humanos (civiles y políticos), la democracia y el Estado de Derecho".

Rusia ingresó en 1996 y hoy solo hay tres Estados en Europa que no forman parte de él por la anomalía de sus regímenes políticos: la Ciudad del Vaticano, Kazajistán (parcialmente europeo) y Bielorrusia.

La decisión de la Asamblea ha provocado dos tipos de reacción: para unos ha sido una vergonzosa ignominia; para otros, un importante paso para rebajar tensiones en un mundo donde Trump, desatado e impredecible, hace todo lo posible por sostenerlas y agravarlas.

Mientras la delegación ucraniana la ha tachado de "festival de hipocresía", aludiendo al poco respeto que suele mostrar Moscú por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (órgano esencial del Consejo), el vicepresidente de la Duma rusa declaraba el pasado lunes: "Cuando se reanuda el diálogo, nadie pierde".

Francia, por turno, presidía la sesión en la que se tomó la citada decisión, y la diplomática francesa Amélie de Montchalin puntualizó: "Aquí no hablamos de geopolítica, y los valores que defendemos son los derechos del hombre. No se trata de un debate a favor o en contra de Rusia".

En Estrasburgo, sede del Consejo, se ha vuelto a debatir un viejo problema político: ¿Qué es mejor para reducir tensiones y solucionar los contenciosos entre grupos humanos? Algunos prefieren la violencia, a estilo Hitler para resolver la "cuestión de Dánzig", a costa de crear el caos universal. Otros se limitan a exigir el estricto cumplimiento de leyes (civiles o religiosas), acuerdos o tratados, ignorando que unas y otros son siempre contingentes y modificables.

"Cuando se reanuda el diálogo, nadie pierde" es la consigna que debería estar en el origen de todos los esfuerzos para aliviar tensiones y deshacer los conflictos que inevitablemente aquejan de cuando en cuando a los pueblos. Ignorarla es, como nos enseña la Historia, invocar violencia, guerras, cárceles, torturas, miseria y sangre sin fin.

Publicado en República de las ideas el 27 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/27 19:06:11.571961 GMT+2
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2019/06/20 18:20:0.174564 GMT+2

Colonialismo siglo XXI

En nuestro casi recién estrenado siglo XXI, hay también pueblos que estos mismos días se rebelan contra un nuevo colonialismo que les perjudica seriamente.

Este nuevo colonialismo no necesita recurrir a las armas de fuego, como aquellos dos históricos cañones que en el siglo XVI permitieron a Pizarro destruir el imperio inca y apoderarse de Perú. Tampoco tiene que servirse de las cañoneras navales, como las que en la primera mitad del siglo XIX forzaron la apertura de los puertos chinos para obligar al Gran Imperio del Este a aceptar el opio que Britannia introducía en el país para compensar su balanza comercial, dañada por la importación del famoso té chino. Ni utiliza las tácticas de aquellos "chaquetas rojas" de su majestad británica, que en 1879 atacaron en África a los zulúes sublevados contra el Imperio, estrenando sobre sus cuerpos desnudos las primeras ametralladoras fabricadas en EE.UU.

En el nuevo colonialismo también ha participado España, aunque poco sepamos sobre ello. Aclarémoslo: el Gobierno de Malasia ordenó el pasado mes devolver a España cinco contenedores descubiertos en uno de sus puertos, cargados con desperdicios ilegales. La ministra de Medio Ambiente declaró al respecto: "¡Basta ya! Malasia no será el vertedero del mundo. Devolveremos la basura a sus países de origen".

El "colonialismo siglo XXI" ha venido utilizando como armas los innumerables contenedores que transportan al mundo subdesarrollado las basuras que el primer mundo no sabe o no quiere molestarse en destruir.

El problema se agravó hace un año, cuando China prohibió la importación de residuos de plástico para reciclar, a causa del impacto que producen en el medio ambiente. En 2016 China había tratado la mitad de los desechos mundiales de plástico, papel y metales, y decidió suspender tan nefasta actividad.

En vista de eso, las corporaciones privadas que en muchos países desarrollados se dedican al tratamiento de residuos tuvieron que buscar otros países sin restricciones legales para recibirlos y destruirlos. Desde Filipinas hasta Vietnam, los residuos procedentes de Europa, Australia y EE.UU. son acumulados en vertederos y luego incinerados, desprendiendo humos y sustancias contaminantes que deterioran las aguas potables, dañan las cosechas y causan enfermedades respiratorias. Solo el 9% del plástico mundial es reciclado; el resto acaba esparcido sobre el sureste asiático.

Hace pocas semanas, el presidente filipino amenazó con romper relaciones con Canadá si este país no accedía a recibir de vuelta 69 contenedores cargados de basuras; "Filipinas es una nación independiente y soberana que no debe ser considerada el basurero de un país extranjero", declaró un portavoz.

Un activista de la campaña GAIA Asia Pacific manifestó que los países occidentales solo "a regañadientes" aceptan la devolución de sus basuras: "Son suyas y deben ser responsables de ellas. Para nosotros es una injusticia ambiental que los países pobres reciban los desperdicios de los ricos, porque estos no quieran tratarlos. Por eso es de esperar que cuando se los devuelvan se sentirán forzados a tomar medidas en su propio territorio".

Este nuevo colonialismo no solo perjudica a los países pobres sino al planeta en general, ya bastante en peligro ante la innegable emergencia climática que empezamos a vivir y el peligro de una demografía incontrolable frente a unos recursos que no crecen al mismo ritmo.

Publicado en República de las ideas, el 20 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/20 18:20:0.174564 GMT+2
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2019/06/13 18:06:43.032373 GMT+2

Esa África desconocida

Mansa Musa fue entronizado como rey de Mali en 1312. Algunos historiadores le reconocen como el personaje más rico que jamás ha existido. Aunque en su época causó una fuerte impresión como poderoso rey de un imperio africano, su figura apenas es conocida hoy. El paso de las botas militares de los imperios coloniales sobre las tierras africanas aplastó toda una historia del continente que difícilmente emerge a la luz.

En su peregrinación a La Meca, Musa hizo escala en El Cairo, con tanta ostentación de riqueza y poder que ha quedado en los anales históricos de la zona. Aparte de un gran número de esclavos y soldados que formaban la comitiva, fuentes contemporáneas estimaron que llevó con él unas quince toneladas de oro puro, donado a las mezquitas y como obsequio para los gobernantes de los países que recorrió.

Fue tal la ostentación de riqueza que el valor del oro en la región se depreció durante varios años. Su derroche le obligó a solicitar un préstamo para el viaje de regreso.

En una página del llamado Atlas Catalán (obra de 1375, atribuida al cartógrafo mallorquín Abraham Cresques) aquí reproducida, aparece Musa sentado en un trono de oro, con una corona del mismo metal y, al estilo de las monarquías europeas, sosteniendo en sus manos un cetro y una esfera de oro, mientras recibe a un berebere montado en un camello. Es una muestra de cómo el Sahara, como los océanos, no era una barrera infranqueable sino un espacio transitable, de intercambios comerciales y culturales entre el norte africano, árabe y blanco, y el sur, negro.

Hacemos avanzar el calendario y a finales del siglo XV, en el África central, el reino de Kongo se hizo cristiano bajo el influjo portugués. Mantuvo un embajador en la corte papal, pero el comercio de esclavos fomentado por Portugal hizo que el rey africano Afonso I escribiera así a su homólogo en la corte de Lisboa: "Muchos de nuestro pueblo, por la avidez que sienten por las mercancías y objetos que sus súbditos traen aquí [...] secuestran a muchos de nuestros ciudadanos libres y protegidos. Y ha ocurrido muchas veces que han capturado a nobles e hijos de nobles, a nuestros mismos parientes, y los han llevado para venderlos a los hombres blancos de nuestro reino. [...] Y en cuanto caen en poder de los hombres blancos, los marcan a fuego y los encadenan".

Ante el mal resultado que a los gobernantes de Kongo les producía la relación con Portugal, el rey Pedro II de Kongo buscó en 1623 el apoyo de Holanda, enemiga entonces de los reinos unificados de España y Portugal, y le pidió soldados y buques de guerra.

En último término, el reino de Kongo se hundió debido a la sangría demográfica causada por el mercado de esclavos, tras ser ocupado por Portugal, y a la descomposición de la economía local por la irrupción de las nuevas monedas impuestas por los colonizadores. El historiador Toby Green explica que las sociedades africanas exportaban "moneda fuerte", sobre todo oro, cuyo valor es duradero. A cambio, recibían conchas marinas, cobre, paños o hierro, cuyo valor decrecía al paso del tiempo.

El daño que el colonialismo ha hecho a la imagen que hoy se tiene del África precolonial es difícil de reparar. Desde las historietas infantiles que dibujan unos negros en taparrabos bailando en torno a una gran olla en la que se cuece un explorador blanco (sin que exista evidencia histórica alguna que haya demostrado el canibalismo africano) hasta Trump, que recientemente llamó "agujeros de mierda" (shithole countries) a varios países africanos, el pensamiento occidental ha ignorado una realidad histórica: que en el África subsahariana siempre ha habido civilizaciones de distinto nivel (como en Europa, Asia o América) y que los pueblos del continente han estado siempre vinculados a lo que ocurría en el resto del mundo.

Publicado en República de las ideas el 13 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/13 18:06:43.032373 GMT+2
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2019/06/06 16:31:50.271164 GMT+2

Engatusando al pueblo palestino

La familia Trump, en este caso personalizada por el multimillonario patriarca y su avispado yerno, Jared Kushner, está urdiendo un plan con el que, a cambio de abundantes dólares, los palestinos tendrán que aceptar el futuro que les asigne Washington.

Anunciado hace ya largo tiempo, Kushner ha ideado un proceso, cuyos detalles todavía no se conocen, del que su suegro ha manifestado que resolverá definitivamente el "problema palestino", para la mayor gloria de su presidencia.

Se tiene la intención de hacer pública la parte económica del plan y retrasar sus aspectos políticos hasta que, en las elecciones previstas para septiembre, se resuelva el conflicto originado en Israel por la incapacidad de Netanyahu para formar Gobierno.

En una próxima reunión a celebrar en Baréin con financieros regionales y ministros de economía de la zona, se discutirá un plan de infraestructuras para Egipto, Jordania, Líbano y Palestina, que implicará puertos marítimos, aeropuertos, polígonos industriales, centrales de energía, etc. y del que se dice supondrá una inyección de 50.000 millones de dólares en esta región. Lo más brillante del plan, con matices de refinada estafa internacional, es que esa cifra será extraída de las arcas de los Estados petrolíferos del Golfo, a cuya cuenta Trump pasaría a la Historia como el pacificador de Oriente Próximo.

Con tan suculenta zanahoria se supone que los palestinos aguantarán el palo que les supone olvidar para siempre sus esperanzas en la solución biestatal, la capitalidad en Jerusalén Oriental, la recuperación de las fronteras de 1967 y el regreso de los refugiados.

Dotado de tan poca sutilidad diplomática como su suegro, Kushner, preguntado si creía que los palestinos aceptarían ese plan y renunciarían a sus aspiraciones, dijo: "Cuando hablo con ellos, lo que quieren de verdad es vivir una vida mejor, pagar sus hipotecas...". Y aclaró que una cosa eran los tecnócratas dirigentes, empeñados en sus reivindicaciones políticas, y otra el pueblo llano al que le basta con vivir mejor.

Por si hubiera alguna duda, al preguntarle si el plan liberaría a los palestinos de la ocupación militar israelí y le llevaría al autogobierno, respondió: "Eso es poner el listón demasiado alto".

Y a la pregunta sobre si suponía que los palestinos eran capaces de gobernarse por sí mismos contestó: "Buena pregunta. Tendremos que verlo. Esperamos que, al paso del tiempo, puedan hacerlo". Y aclaró: "Puede que ellos no confíen en mí, pero si su vida mejora el plan tendrá éxito".

La conferencia de Baréin no parece interesar a los palestinos, que no acudirán, y tanto China como Rusia han declinado su participación. De momento, no pasa de ser un proyecto que, como otros originados en la mente del indefinible presidente, puede modificarse de la noche a la mañana o simplemente acabar en el cesto de los papeles.

Publicado en República de las ideas el 6 de junio de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/06/06 16:31:50.271164 GMT+2
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2019/05/30 17:03:54.397000 GMT+2

Un triángulo crítico: Trump, Putin, Jamenei

Aunque las repetidas amenazas de Trump contra el régimen teocrático de Teherán suelen ir acompañadas de otros comentarios menos belicosos, según es costumbre en el volátil tuiteo del inquilino de la Casa Blanca, no por eso desde Moscú se deja de considerar la posibilidad de una confrontación armada entre ambos países.

La eliminación violenta del régimen islámico de Irán haría que Moscú perdiese capacidad de influencia en Oriente Medio y significativamente en Siria, que podría resultar más amenazada por EE.UU. y sus aliados, dañando los intereses rusos en la zona.

Además, un ataque estadounidense contra Irán sería considerado como el puñetazo definitivo sobre la mesa que revelaría al mundo la decidida voluntad de Washington de remodelar a su gusto el equilibrio de poderes en esta crítica región.

No faltan tampoco en Moscú voces que exigen que no se repita la tibia o nula reacción rusa cuando la OTAN intervino en lo que fue la antigua Yugoslavia o ante el injustificado ataque de EE.UU. contra Iraq, que desencadenó el caos aún reinante en la zona.

Putin aspira a hacer de Rusia una superpotencia mundialmente reconocida y por eso está interesado en hacerse oír en cuanto surge alguna crisis internacional de vasta repercusión, como sería un ataque de EE.UU. contra Irán.

Por todo lo anterior, lo más probable sería que Moscú contribuyese, abierta o solapadamente, a reforzar las capacidades defensivas de Teherán, lo que además beneficiaría a la industria bélica rusa. O incluso que desplegara algunas unidades militares en territorio iraní, para complicar la posible ofensiva de EE.UU. Procedimiento no muy distinto al utilizado en Venezuela, donde en apoyo de Maduro Rusia envió un limitado contingente militar por vía aérea.

No es descartable desde un principio que Moscú proporcione a Teherán apoyo de inteligencia, lo que ambos países ya han compartido durante la guerra contra el Estado Islámico en Afganistán, informando a Irán sobre despliegues y movimientos de tropas estadounidenses detectados por los servicios rusos de información.

Naturalmente, no es concebible pensar que Putin pudiera dejarse implicar en un enfrentamiento bélico entre EE.UU. e Irán y es obligado deducir que utilizará todos sus recursos para reducir las posibilidades de tal conflicto. La política rusa se moverá, pues, entre esta opción y la de resistirse a cualquier cambio radical que en favor de EE.UU. pudiera desequilibrar la balanza de poder en el Medio Oriente.

Esto nos lleva a deducir que si los sectores más belicistas del Pentágono y la Casa Blanca están soñando con una operación militar, rápida y fácil, contra el régimen de los ayatolás, deberían tener en cuenta que Rusia no se mantendrá neutral. Aunque no participe directamente en la guerra, puede dificultar mucho la posibilidad de que Trump exclame triunfalmente Mission accomplished! tras haber eliminado del poder a Alí Jamenei y sus correligionarios.

Al igual que, justo hace 66 años y en el mismo país, EE.UU., con la ayuda del agonizante imperio británico, derrocó al demócrata presidente Mosaddeq y lo reemplazó por el autoritario sah Reza Pahlevi. Mucho de lo que después se ha padecido en las antiguas tierras persas tuvo ahí su origen.

Publicado en República de las ideas el 30 de mayo de 2019.

Escrito por: alberto_piris.2019/05/30 17:03:54.397000 GMT+2
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2019/05/23 18:44:49.134992 GMT+2

Los europeos olvidados

Alberto Alemanno es un académico italiano, nacido en Turín. Reside en Bilbao y trabaja en París. Podría decirse que es un ejemplo de "europeidad", de esa Europa sin fronteras ni barreras de ningún tipo a la que aspiramos tantos ciudadanos de la UE.

No está solo. Cerca de 17 millones de personas como él viven del mismo modo y representan el 4% de la población laboral de la Unión. Su número se ha duplicado en el último decenio.

Esta "europeización" de nuestra sociedad se ha visto acelerada por la precariedad de los empleos y la crisis financiera. A esa cifra hay que sumar unos dos millones de europeos que cruzan diariamente una frontera estatal para ir a trabajar a otro país y otros muchos que lo hacen estacionalmente en labores poco retribuidas.

Si estos cerca de 20 millones de ciudadanos constituyeran un Estado miembro de la UE, éste tendría más población que los Países Bajos y solo un poco menos que Rumanía, por lo que le corresponderían 26 escaños del Parlamento Europeo.

Sin embargo, como escribe Alemanno en The Guardian Weekly, "no somos un país y carecemos de verdaderos representantes políticos". Están en un limbo político porque "la dispersión geográfica nos dificulta ser tenidos en cuenta".

En esta compleja Europa un conductor rumano de Uber puede trabajar en Bélgica con un permiso de conducción español y un médico griego, doctorado en una facultad italiana, quizá ejerza su profesión en Alemania. A muchos de ellos no les es fácil registrarse en el país de residencia cuando su trabajo implica alta movilidad.

Aunque son una comunidad que contribuye en gran medida a la prosperidad económica y social del país donde residen y también en el de procedencia, están privados del derecho a la representación política, salvo en los comicios locales del país de residencia. Solo un 8% de este amplio grupo de ciudadanos llegan a registrarse para poder votar en las elecciones al Parlamento Europeo y son muy pocos los que regresan temporalmente al país de origen para hacerlo. Es una paradoja que los ciudadanos cuyas vidas son "más europeas" que lo habitual sean los que menos representación política tienen.

Alemanno explica su propio caso: "Las autoridades nacionales son a menudo negligentes para informarnos de nuestros derechos y garantizar que podamos ejercerlos". Él no puede votar en Turín, de donde procede, ni en Bilbao, donde vive, ni en París, donde trabaja.

Además, dice, por mucho que se hable de elecciones pan-europeas, las discusiones en el Parlamento Europeo son un conjunto de confrontaciones entre partidos nacionales sobre asuntos nacionales: "¿Cómo puede representarnos un candidato local que nunca ha experimentado nuestra movilidad laboral?".

Ante la convocatoria electoral del próximo domingo, y aunque en la campaña previa nuestros partidos políticos parecen estar mucho más volcados hacia lo nacional (elecciones autonómicas y municipales) que lo europeo, parece llegado el momento en que los que de verdad están construyendo Europa desde abajo (ingenieros, universitarios, recolectores de cosechas, conductores de autobús, médicos o enfermeras, profesores de idiomas etc.), con su esfuerzo y el de sus familias, sean tenidos en cuenta y puedan contribuir al futuro de Europa del mismo modo que los demás ciudadanos de la Unión.

Publicado en República de las ideas el 23 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/23 18:44:49.134992 GMT+2
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2019/05/16 18:22:48.549537 GMT+2

Los ejércitos necesarios y los deseables

La creación de un Ejército Europeo viene llamando la atención de los medios de comunicación de la UE y de sus élites políticas, de las que algunas parecen haberse puesto manos a la obra aunque de modo incipiente.

Las conjeturas sobre la viabilidad de tal ejército se ven perturbadas por unas circunstancias que dificultan hallar la mejor solución. De entre ellas cabe citar la preexistencia de la OTAN y los compromisos que esto implica; la multifacética presión que la política de Trump ejerce sobre la UE (militar, económica, cultural, etc.), y también el interés en fomentar su industria bélica (un aspecto no desdeñable del America first!); las discrepancias entre los miembros de la UE y también dentro de ellos, en función de las tendencias políticas que ejercen el poder.

Pero hay un aspecto que pocas veces se pone de relieve: la gran anomalía histórica que tal creación implica. Con una mirada de larga perspectiva se advierte que jamás un ente político ya asentado y operando con normalidad (sea un Estado, federación, reino, imperio, etc.) ha carecido de fuerzas armadas y se ha visto en la tesitura de tener que inventarlas, como ahora parece que le ocurre a la UE.

Esto se debe a que la casi totalidad de las unidades estatales políticas hoy existentes han visto la luz como consecuencia de guerras, invasiones, movimientos de liberación, etc., lo que presuponía, al menos, la existencia de un embrión de institución militar, gracias a cuya fuerza nació el ente político. Se les podría llamar los "ejércitos necesarios"; fueron evidentes ejemplos la creación del Imperio Alemán (el II Reich) tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana de 1871 y el nacimiento de EE.UU. como resultado de su victoria sobre el ejército colonial británico en 1783.

El caso europeo, por el contrario, parece mostrar el deseo de poseer un ejército propio, el "ejército deseable", cuyo proceso creativo sería del todo distinto al de los ejércitos "necesarios" antes aludidos.

Si se pudieran dejar de lado los factores dominantes antes citados (OTAN, Trump, etc.) que entorpecen lo que sería el proceso racional de crear unas fuerzas armadas a partir de cero, habría que empezar por ponerse de acuerdo sobre las amenazas que ese ejército europeo habría de afrontar. Saber cuál es el enemigo es asunto vital en este caso (y otros parecidos, como recientemente reconoció un político español al atribuir su fracaso electoral a "haberse confundido de enemigo", como él mismo declaró).

No solo hay que saber cuál puede ser el enemigo: además hay que valorar cuál es la hipótesis de su actuación más probable y cuál la que resultaría más peligrosa. Una fórmula elemental de la estrategia aconseja que la organización general del ejército se ajuste a la primera hipótesis, y que sus órganos de seguridad y protección se articulen en función de la segunda.

Fácil es imaginar la complejidad -casi imposibilidad- de llegar a un acuerdo entre los Estados de la UE sobre esta cuestión. No existe la necesaria homogeneidad para alcanzarlo: los Estados norteños y los meridionales discreparían sobre ello, del mismo modo que los antiguos miembros del Pacto de Varsovia tendrían opiniones muy distintas sobre el hipotético enemigo del que defenderse.

Y en el extraordinario caso de que se llegara a un acuerdo, el obstáculo de casi imposible superación sería el relativo a la organización de ese ejército, la contribución de los diversos Estados y, lo que es aún mas peliagudo, la competición entre las industrias de guerra designadas para equiparlo.

En resumen: es de temer que el Ejército Europeo que en las actuales circunstancias se llegase a organizar no sería ni el "necesario", pues no hubo ninguno que contribuyese a crear la Unión Europea, ni el "deseable" en función de las circunstancias estratégicas actuales, sino una mala componenda entre los poderes reales que ejercen presión sobre Bruselas y las tensiones y desacuerdos internos que tanto contribuyen a debilitarnos.

Intentemos conseguir primero una Europa justa, coherente, inclusiva y equilibrada, que si necesita ejércitos éstos irán formándose de modo natural y adaptados a la situación geoestratégica del momento.

Publicado en República de las ideas el 16 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/16 18:22:48.549537 GMT+2
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2019/05/10 15:05:38.936174 GMT+2

Israel: el explosivo de acción retardada

Desde nuestras costas levantinas, pacífico refugio vacacional de muchos españoles, cuesta advertir que el extremo opuesto de ese mismo Mediterráneo luminoso y azul está sufriendo un apocalipsis de sangre y ruinas. Una guerra intermitente, de violentos episodios agresivos y tímidos intentos de alto el fuego, está destruyendo Gaza y aniquilando su población. Los informativos televisados muestran estos días imágenes bélicas que parecen recordar los bombardeos de la 2ª G.M., Londres o Dresde, pero inconcebibles hoy para los ciudadanos europeos.

Arde el Próximo Oriente mediterráneo y la mecha sigue estando en las mismas manos: las del Gobierno ultraderechista de Israel. La responsabilidad no es exclusiva de él, pues EE.UU. respalda las decisiones de Netanyahu y la UE prefiere cerrar los ojos ante lo que allí sucede.

Y lo que allí está ocurriendo no es solo el inhumano y extenuante bloqueo israelí de la franja de Gaza, que asfixia a un pueblo al que solo se le deja el recurso a la violencia para sobrevivir. A la intermitente guerra que se desarrolla en Gaza hay que añadir la situación habitual en Cisjordania, cuya peligrosidad amenaza con ser más crítica que la de Gaza si no se resuelve el viejo contencioso.

Las insinuaciones de Netanyahu de anexionar la Cisjordania ocupada, aunque estuvieran motivadas por razones electorales que quizá le hayan llevado al éxito, son para muchos palestinos allí residentes una amenaza inútil. Porque para ellos Cisjordania está ya ocupada de hecho aunque no oficialmente.

Eso tiene que pensar un abogado palestino residente en Ramallah que fue multado por un policía israelí en una carretera cisjordana de uso conjunto (para israelíes y palestinos). Pues bien: tuvo que ir a pagar la multa a un asentamiento israelí ilegal, como si estuviera viviendo en territorio israelí.

La única anexión oficial de territorio palestino fue la de Jerusalén Oriental, capital teórica de Palestina, que fue ocupada militarmente en 1967, en la Guerra de los Seis Días. Anexión que todavía no ha sido aceptada por la comunidad internacional

Para los palestinos "en realidad, hay un único régimen que controla todo el país, desde el río Jordán hasta el mar" y es el régimen impuesto por Israel. La Autoridad Palestina es solo una marioneta que salva las apariencias. Aunque los acuerdos de Oslo establecieron zonas de distinta intensidad de ocupación, en muchas partes de Cisjordania es el ejército el que regula el reparto de recursos, la construcción y el desarrollo urbano. Muchos palestinos no pueden construir nuevos edificios y están bajo la amenaza de demolición de sus viviendas.

El grupo israelí Yesh Din de defensa de los derechos humanos opina que el Parlamento "se considera la autoridad legislativa y soberana en Cisjordania". En resumen: cada vez es más evidente que la ocupación de Cisjordania no tiene visos de ser temporal sino permanente. No hace falta esforzarse en preparar un plan que aparentemente justificara la anexión israelí de Cisjordania, lo que provocaría un negativo escándalo internacional.

En la actual situación, Israel sigue aparentando ser una democracia, aunque sea un Estado donde gran parte de la población carece de muchos derechos políticos. No merece la pena discutir sobre la anexión de Cisjordania, se comenta en Palestina: "Lo que hay que discutir es por qué la actual situación se ha ido desarrollando y profundizando a plena luz desde hace muchos años, sin que la comunidad internacional haya hecho nada por impedirlo".

La mecha sigue encendida y no puede anticiparse cuándo estallará otra vez ese barril de pólvora.

Publicado en República de las ideas el 10 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/10 15:05:38.936174 GMT+2
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2019/05/02 17:18:45.016026 GMT+2

Contra los robots asesinos

En un anterior comentario ("Los robots asesinos", 15-dic-2016) aludí ya en estas páginas digitales a la campaña internacional para oponerse a los llamados killer robots, es decir, a los artefactos que técnicamente se conocen como "sistemas autónomos de armas letales" o Laws según sus siglas en inglés.

Tras sugerir al lector que relea lo entonces publicado (haciendo clic sobre su título), es necesario advertir que el asunto ha vuelto a la actualidad a causa de la reactivación internacional de la llamada Campaign to Stop Killer Robots en más de 50 países, implicando en ella a un centenar de organizaciones no gubernamentales. Entre sus impulsores se encuentra una veintena de premios Nobel, el Parlamento Europeo y un amplio número de especialistas en inteligencia artificial (AI), que aspiran a preparar un tratado internacional de prohibición que podría entrar en vigor en 2021.

La peculiaridad de esta campaña es que, por primera vez, la reacción contra un tipo de arma que se considera reprobable para la humanidad surge y se organiza antes de que las armas en cuestión hayan sido utilizadas en combate.

En casos anteriores, otras armas, como los gases, las minas antipersonal o las bombas de racimo, habían producido ya innumerables víctimas antes de que las organizaciones internacionales se pusieran de acuerdo para controlar o prohibir su empleo. Como ocurrió en 1997 en la Convención de Ottawa, que vedó el empleo, almacenamiento, producción y transferencia de las minas antipersonal, causantes de gran número de víctimas inocentes en numerosos países que habían sufrido los efectos de la guerra.

El auge de la inteligencia artificial parece imparable, como se advierte en campos tan diversos como la investigación policial, la salud pública, la agricultura o la investigación científica. La guerra no podía permanecer al margen de esta tendencia y la industria bélica se ha sumado a ella con entusiasmo, centrando su atención en las armas robóticas. Armas que pueden permanecer indefinidamente en el teatro de operaciones por su propia cuenta, que nunca desobedecen las órdenes recibidas y cuyo empleo diminuye los errores humanos propios del combate. Armas capaces de identificar objetivos de cualquier tipo y destruirlos según hayan sido programadas. Incluso son concebibles drones capaces de matar en un poblado a todos los individuos masculinos de una cierta gama de edades, o de aniquilar a un jefe de Estado concreto.

Las consecuencias éticas de su empleo son hoy tan discutidas como lo fue la táctica de la "guerra de trincheras" en la 1ª G.M. o el armamento nuclear en 1945. Si el aspecto moral de las guerras está viéndose afectado por la creciente separación física entre el que dispara y el que muere (como sucede en los ataques con drones), el problema se complica cuando se intercala entre los mandos militares responsables de la guerra y las armas que la ejecutan un sistema de IA para la toma de decisiones.

¿Se podría atribuir a un algoritmo la responsabilidad de violar las convenciones de Ginebra? ¿Y cómo se haría justicia en tal caso? Algo más: ninguna tecnología es perfecta y todas son susceptibles de fallos. ¿Podría un error en el sistema hacer que el robot volviese sus armas contra quienes lo controlan?

El problema es acuciante. EE.UU., Rusia, China, Israel y algunos otros países experimentan y poseen ya algunas armas de funcionamiento autónomo. Se trata de una carrera contra reloj en la que compiten varios Estados. ¿No parece ya esencial para la humanidad establecer los controles internacionales que eviten una proliferación desmedida de los "robots asesinos"?

Publicado en República de las ideas el 2 de mayo de 2019

Escrito por: alberto_piris.2019/05/02 17:18:45.016026 GMT+2
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2019/04/25 18:06:9.608418 GMT+2

Un megaproceso electoral: India

Los mecanismos electorales han pasado hoy a formar parte de las conversaciones ordinarias en cualquier barra de bar. El insólito final de la confrontación electoral en España, con un doble debate televisado en dos días sucesivos entre los dirigentes de solo cuatro partidos de los varios que se enfrentarán en las urnas el próximo domingo, ha alimentado innumerables tertulias, artículos de opinión y entrevistas sin fin, desarrollados en todos los tonos posibles.

Aunque, naturalmente, la prioridad ha correspondido a las elecciones generales españolas, algún hueco se ha abierto también en nuestros medios de comunicación para el insólito proceso electoral de Ucrania; no solo por la anómala figura del vencedor (tan anómala e imprevisible como en su tiempo lo fueron Trump y Bolsonaro) sino también por el inusual debate final entre los dos candidatos aspirantes al poder, que tuvo lugar en el estadio olímpico de Kiev ante miles de espectadores y en un exaltado ambiente, mezcla de concierto popular y mitin partidista.

Todo lo anterior nos ha llevado a no prestar demasiada atención al hecho de que, simultáneamente con nuestras elecciones generales, se está desarrollando estos días lo que el semanario británico The Guardian Weekly ha denominado "el más vasto ejercicio de democracia en la historia de la humanidad".

Si nuestra jornada de votación quedará resuelta durante las horas en que las urnas permanezcan abiertas el domingo 28 de abril, las elecciones generales de la India, que comenzaron el 11 de abril, durarán seis semanas. El recuento se completará el 23 de mayo y ese mismo día se conocerán los resultados.
 
El asunto no es baladí. Más de una octava parte de la humanidad va a votar en India estos días. Unos 900 millones de votantes, que hablan 22 lenguas oficiales y un sinnúmero de dialectos locales, ejercerán su derecho democrático. Varias decenas de millones de ellos son analfabetos. Además, en estas elecciones, se incorporan al electorado indio unos 84 millones de jóvenes que votan por primera vez, casi el doble de la población total de España.

La ley electoral de la India requiere que ningún ciudadano se vea obligado a desplazarse más de dos kilómetros hasta la mesa electoral. Esto obliga a utilizar unas máquinas portátiles de votación electrónica para poder cubrir el séptimo país más extenso del mundo. Cada ciudadano que vote verá teñida de color la uña y la cutícula del índice de su mano izquierda, con una tinta especial que permanecerá indeleble hasta que crezca la nueva uña. Es el modo de evitar la doble votación. Un hombre que, por confusión, votó a un partido que no deseaba (quería votar por "el elefante" y lo hizo por "la flor"), se cortó el dedo entintado.

Partidos de muy diversa naturaleza se enfrentan, identificados por figuras significativas para que todos puedan reconocerlos. Para los medios de comunicación hay otro dato de interés: no hay encuestas previas. Un profesor indio de la universidad de Berkeley afirma: "No tenemos teorías sobre el voto. No sabemos por qué los indios votan como lo hacen. ¡Ojalá lo supiéramos!". El televidente indio se ahorrará, por tanto, las infinitas e inútiles tertulias que en otros países intentan predecir los resultados. Para compensar, en India no es extraño recurrir a la astrología y a los videntes para satisfacer la innata curiosidad previa a toda cita electoral.

Pero, tanto en India como en España, los verdaderos problemas, que solo pueden resolverse con inteligencia y diálogo, rehuyendo el insulto y la confrontación, comienzan justo cuando concluye el proceso electoral y hay que formar Gobierno. Es cuando Brahma, Shiva y Visnú, y todos los dioses imaginables, tienen que echar una mano a los políticos para que predomine la razón y el buen sentido.

Publicado en República de las ideas el 25 de abril de 2019

 

Escrito por: alberto_piris.2019/04/25 18:06:9.608418 GMT+2
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