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2018/03/16 08:27:23.785445 GMT+1

París, cañoneado hace un siglo

Ahora hace cien años, la 1ª Guerra Mundial (que entonces nadie llamaba así, sino "Guerra Europea" o, más acertadamente, "Gran Guerra") llevaba tres años y medio de sangrientas batallas en varios frentes de combate que no solo se extendían por Europa, sino que llevaron los enfrentamientos armados a territorios africanos y asiáticos y a las aguas del Atlántico y del Pacífico, por tierra, mar y aire.

En el llamado "frente occidental", que sobre tierras principalmente francesas se extendía desde la costa belga en el mar del Norte hasta Suiza, Alemania desencadenó en marzo de 1918 la gran ofensiva que había de romper el frente guarnecido por ejércitos franceses y británicos y dar al Imperio alemán la victoria definitiva.

El 21 de marzo de 1918 las operaciones comenzaron a las 4.40 horas con un intenso bombardeo artillero de cinco horas de duración. Recuérdese que, en la historia bélica, la 1ª G.M. fue la consagración de la artillería como arma suprema, tras los largos siglos anteriores de reinado de la infantería y la caballería. La 2ª G.M. haría lo mismo con la aviación, el arma acorazada y los submarinos; en Corea y en Vietnam los helicópteros (la "caballería aérea") jugarían un papel determinante y otros sucesivos conflictos pondrían en primer plano a las tropas de operaciones especiales, a los drones... en una interminable evolución impulsada por los constantes avances tecnológicos.

Seis mil piezas alemanas de artillería de gran calibre y 3000 morteros pesados dispararon proyectiles explosivos y de gas desde antes del amanecer. El ataque terrestre se inició dos horas y media después y fue tan violento y rápido que estuvo a punto de sorprender al mismo Churchill, que entonces visitaba unas posiciones del ejército británico en Francia.

Pero vayamos a París. La capital había sido ya bombardeada desde el comienzo de la guerra por aeróstatos (los famosos zepelines) y aviones de bombardeo. En marzo de 1915, tres años antes, la prensa francesa había ofrecido premios en metálico a los primeros combatientes que desde tierra (artillería antiaérea) o desde el aire (pilotos de caza) lograran abatir un zepelín en el cielo de París.

Durante largo tiempo ningún dirigible volvió a amenazar la capital de Francia y el diario Le Matin anunciaba la renovación del premio ofrecido: "No se trata de recompensar con dinero a un héroe noblemente entregado a la Patria, sino de asegurarle que si perece en la lucha no quedarán desatendidos los que deja detrás. A su valor personal, Le Matin quiere añadir la confianza. Eso es todo". De ese pragmático modo el diario anunciaba su colaboración en la "enorme alegría de Francia el día que viera estrellarse contra nuestro suelo el innoble armazón de un 'corsario germánico'".

Pero la guerra es imprevisible y en un alejado pueblo francés, Creppy-en-Laonnoise, ocupado por Alemania y situado lejos del frente, cerca de la histórica ciudad de San Quintín, a unos 130 km de París en línea recta, el llamado "cañón de París" (Pariser Kanonen) abrió fuego por vez primera en la madrugada del 23 de marzo. Cuatro minutos después el primer proyectil de unos 100 kg se abatía sobre París y ningún piloto de caza o artillero antiaéreo francés sería capaz de impedirlo. Siguieron muchos otros durante varios meses.

Entonces eran muy pocas las armas artilleras capaces de superar los 30 km de alcance, por lo que a los parisinos les costó mucho creer que aquellas explosiones no procedían de aviones o dirigibles a gran altura, ya que el frente estaba a más de 100 km de la capital. El primer día murieron 256 personas tras la explosión de más de una veintena de proyectiles. El efecto psicológico fue enorme ese día, en que llovía fuego y destrucción desde el aire sin conocer su procedencia.

Contra una idea muy extendida, el cañón fabricado por Krupp que bombardeó París no fue el famoso "Gran Berta", utilizado en otros frentes. Éste era un obús/mortero de calibre 420 mm, mientras que el Pariser Kanonen era un obús de 240 mm, que batió todas las marcas de alcance artillero hasta entonces conocidas.

El gran Blasco Ibáñez escribió sobre esto: "En occidente es, pues, donde ha de resolverse la lucha universal. Según se desenvuelven los acontecimientos, el destino del mundo debe decidirse inevitablemente y una vez más en los campos de Bélgica, de Francia y de Italia". Como se decidió de nuevo años después al concluir la 2ª G.M., continuación obligada de la primera. En ambos casos, París aguantó con sangre fría tanto la nueva y sorprendente amenaza artillera de 1918 como la ocupación nazi en 1940, y una vez más su salvación hizo que el mundo respirara con alivio: "Siempre nos quedará París".

Publicado en República de las ideas el 16 de marzo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/03/16 08:27:23.785445 GMT+1
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2018/03/08 17:43:34.152896 GMT+1

Al habla, una profesora estadounidense

Belle Chesler es una profesora de Artes Visuales que ha comentado lo ocurrido en el Instituto "Stoneman Douglas" (en Parkland, Florida), donde el pasado día de San Valentín, Nikolas Cruz, un antiguo alumno de 19 años de ese centro, armado con un fusil de asalto, mató a tiros a 17 personas e hirió a otras 14.

En un artículo publicado en TomDispatch.com (06/03/2018), Chesler muestra su esperanza de que esta matanza haya marcado un punto de inflexión. Los profesores han empezado a preguntarse cuándo les tocará a ellos; cuándo tendrán que correr a bloquear las puertas de la clase, a luchar, escapar, esconderse, proteger a sus alumnos... Cuándo la desesperación se les aparecerá en forma de un adolescente armado con un rifle que convierta al colegio en una galería de tiro.

Llevan varios años practicando ensayos de protección: bloquear la puerta, acurrucarse juntos en el rincón más oscuro de la clase los alumnos y su profesora, esforzándose por guardar silencio y no moverse; nada de teléfonos ni comentarios. Aguantar así hasta que alguien golpee la puerta, alguno llore y todo termine. Se acabó el ensayo. Encendemos la luz, nos estiramos y volvemos a nuestros asientos. La profesora cuenta un chiste, intenta relajar la tensión y la clase continúa.

"Esperamos que los alumnos hayan captado la seriedad del ejercicio pero sin asumir internamente el miedo", escribe Chesler. Pero es terrible aceptar el horror de lo que están viviendo, normalizar un hecho odioso y tan anormal: "Luchamos por conservar nuestras vidas".

En un cuestionario presentado a los alumnos, a la pregunta "¿Qué es lo que más te estresa?" uno respondió así: "Lo que de verdad me estresa es el hecho de que yo pueda morir en este edificio". La profesora no supo qué contestarle; ella pensaba lo mismo. No sabía cómo hacerle ver el temor que ella sentía cuando trataba con él -un alumno que creaba un arte perturbador, que no sonreía ni interactuaba con sus compañeros y cuyos padres no respondían a sus correos electrónicos o llamadas. No era capaz de pedirle que rebajase el tono violento de sus trabajos de arte: "¿Cómo compartir con él mi temor profundo de que será ese muchacho el que regrese algún día contra mí, armado y exigiendo venganza?".

Chesler evoca la ilusión de cada nuevo profesor: convertir un grupo desastrado de alumnos en unos jóvenes con excelente preparación académica. Al paso de los años la ilusión se desvanece: "Si hay que sobrevivir en este sistema hay que prescindir de algunas ilusiones. Casi una tercera parte de los nuevos profesores abandonan al tercer año, cuando no pueden soportar los retos de la profesión: largas horas, constante planificación, interminables calificaciones y la preocupación por atender a las necesidades intelectuales y emocionales de los alumnos".

Advierte que muchos alumnos padecen depresión y ansiedad, una desesperación sobre su futuro: "Cuando estás acurrucado en un rincón de la clase, practicando tu propia muerte, es difícil sentirse como si esperaras un futuro seductor". Además, si hay algo en lo que los adolescentes son insuperables es en detectar la hipocresía. La hipocresía del "sueño americano" que se les predica ampulosa y sistemáticamente y que para muchos de ellos se queda en simple sueño.

"Querida América -concluye el alegato de la profesora-. Me has dado una tarea imposible y me has condenado por no saber llevarla a cabo. Ahora, tú -o al menos el Presidente, la NRA [Asociación Nacional del Rifle] y algunos políticos- me aseguráis que puedo redimirme empuñando un arma, respondiendo a los disparos y desahogando así mi desesperación. No, gracias. No quiero empuñar esa arma ni puedo ser ese escudo. No puedo salvar a mis estudiantes ni en sentido figurado ni físicamente.

"Lo que pedimos a nuestros jóvenes a nuestros profesores y escuelas en nada se parece a lo que pedimos a cualquier individuo o institución. Martirizamos a nuestros jóvenes en el altar de las fracasadas promesas sociales y luego nos asombramos de que vuelvan empuñando un arma".

En el Día Internacional de la Mujer me ha parecido necesario poner en manos de los lectores este testimonio de una esforzada mujer estadounidense a la que su Gobierno aconseja aprender a disparar para proteger a los alumnos. De las muchas sugerencias que se vienen haciendo en ese país para corregir la anomalía nacional que supone la desmedida afición por las armas de fuego, armar y entrenar a los profesores es la última insensatez: convertiría a los colegios no en galerías de tiro, como antes se ha dicho, sino en reproducciones actuales de los míticos escenarios del viejo Oeste o del Chicago de los años 20, donde los enfrentamientos se dilucidaban a tiros y el más experto en el manejo de las armas era quien tenía la razón. Así lo ha expresado un dirigente de la NRA: "Para que no haya más personas malas armadas, tiene que haber personas buenas con armas". Con mejores armas, supongo, y más adiestradas en su uso. ¡Excelente perspectiva para la enseñanza académica en el país que se tiene como el faro de la libertad y la democracia!

Publicado en República de las ideas el 8 de marzo de 20918 

Escrito por: alberto_piris.2018/03/08 17:43:34.152896 GMT+1
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2018/03/01 18:25:57.365688 GMT+1

Europa mira hacia los Balcanes

Que los Balcanes son una zona geopolítica "que produce más Historia que la que puede consumir" es una perspicaz opinión atribuida a Churchill, quien habiendo vivido muy de cerca las dos guerras mundiales y buen conocedor de la Historia era consciente del entramado de etnias, religiones, intereses y conflictivas confluencias que en esa zona del Este europeo han competido secularmente entre sí.

Y eso que Sir Winston no llegó a conocer la sangrienta y múltiple explosión bélica que a finales del pasado siglo fue el resultado obligado de la brutal desintegración de la antigua República de Yugoslavia y puso en evidencia la debilidad europea y la falta de una política exterior común y coherente.

Pues una vez más vuelven los Balcanes al primer plano de la actualidad. Recientemente se ha difundido un documento que muestra que, como consecuencia de la Cumbre europea celebrada en Tesalónica en junio de 2003, la Comisión europea ha reactivado el proceso de ampliación de la UE. Se prevé la adhesión de seis países del oeste balcánico a partir de 2025: Albania, Bosnia-Herzegovina, Kosovo, Macedonia, Montenegro y Serbia.

La estrecha y tradicional relación entre Serbia y Rusia fue la que motivó el estallido de la Primera Guerra Mundial, como es de sobra sabido y se ha venido rememorando estos años a consecuencia del centenario de dicha guerra. Desde Moscú, el plan de ampliación de la UE se ve como un intento de sustraer a la influencia rusa los países balcánicos, en especial, Serbia. Allí se especula sobre si la operación de ampliación de la UE no será un movimiento estratégico anticipado para frenar la influencia que sobre algunos de esos países ejercen Rusia, Turquía e incluso China.

No parece importar tanto a la UE la lucha contra la corrupción imperante en la zona, tan denunciada a menudo desde Bruselas, como reforzar sus lazos con los países en cuestión. El caso de Montenegro es especial, pues ya forma parte de la OTAN. Y también el de Kosovo, al que cinco países de la UE (entre ellos, España) no reconocen como tal, lo que obligará a un acuerdo previo entre Belgrado y Pristina para dar vía libre al proyecto de ampliación.

Sin embargo, el problema no parece tener tanta gravedad como a primera vista pudiera imaginarse, dados los peligrosos antecedentes de la historia de los Balcanes. Un investigador del Centro Carnegie de Moscú ha quitado hierro a la cuestión: "Si la adhesión a la UE y a la OTAN de Hungría y Bulgaria no ha impedido que ambos países sigan compartiendo con Rusia algunos proyectos energéticos, los intereses económicos rusos en Serbia pueden ser compatibles con su futura integración en la UE".

Postura a la que se ha sumado el ministerio ruso de Asuntos Exteriores, cuya portavoz se expresó así hace unos días: "Respecto a los países que no forman parte de la UE pero que se proponen integrarse o colaborar más estrechamente con ella, no vemos ningún obstáculo en nuestras relaciones y no les haremos que elijan entre estar con nosotros o contra nosotros".

En realidad, la ampliación europea podría tener dos resultados positivos. Por un lado, ante la enrevesada operación de salida del Reino Unido, mostraría que la UE sigue activa y es capaz de gestionar la adhesión de nuevos miembros. Por otra parte, se facilitaría la lucha contra la corrupción y la delincuencia organizada, tan extendidas en esa conflictiva región.

Por último, es también probable que la adhesión de los nuevos países facilite una reestructuración de la UE, adoptando la toma de decisiones mayoritaria y no por consenso total. La entrada de seis pequeños países más pobres y con dirigentes políticos no plenamente fiables, haría recomendable establecer nuevas normas para la toma de decisiones y restringir el derecho de veto igualitario de todos los miembros.

En fin, las circunstancias han ido evolucionando en los Balcanes durante los últimos cien años y, a pesar del incierto panorama que presentan las relaciones de Europa con Rusia, el terremoto sociopolítico que van a experimentar los países antes citados no alcanzará el grado de peligrosidad que hubiera tenido en tiempos pasados. Pero habrá que seguir atentamente su evolución.

Publicado en República de las ideas el 1 de marzo de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/03/01 18:25:57.365688 GMT+1
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2018/02/22 17:45:13.713037 GMT+1

Polonia huye de la Historia

Una nueva ley aprobada por el parlamento de Polonia y pendiente de ratificación por el tribunal constitucional hará posible castigar a cualquier persona que sugiera públicamente que el pueblo polaco participó en el Holocausto judío que tuvo lugar durante la ocupación alemana del país en la 2ª Guerra Mundial.

Durante la pasada Conferencia de seguridad en Munich el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, declaró en una rueda de prensa que en la matanza de judíos en Polonia intervinieron tanto ciudadanos polacos como judíos. Omitiendo el evidente hecho de que en la época aludida los judíos eran tan ciudadanos polacos como los demás, con tan inverosímil explicación reafirmó las extendidas sospechas de que la citada ley obedece a la presión del ultraderechista partido en el Gobierno, Ley y Justicia, que pretende asentar la idea de que los polacos nada tuvieron que ver con la barbarie asesina con la que convivieron entre 1939 y 1945.

El Gobierno parece desear que se les otorgue lo que el periodista polaco Konstanty Gebert llamó "certificado de virginidad", quien públicamente desafió así a la justicia polaca: "Solemnemente declaro que muchos ciudadanos de la nación polaca son corresponsables de ciertos crímenes nazis cometidos por el Tercer Reich".

Morawiecki insistió: "Todas las atrocidades y todas las víctimas, todo lo que ocurrió en tierras polacas durante la 2ª GM, son atribuibles a Alemania. Jamás seremos acusados de complicidad con el Holocausto. Esto es nuestro 'ser o no ser'".

Pero difícil lo va a tener el ultranacionalista primer ministro cuando la Historia vaya revelando la realidad, como ya ha empezado a ocurrir. Es la ley universal aplicable a todos los que, como en España, temen que salga a la luz "la memoria histórica", esa a la que tachan de "reabrir heridas" o de ser la "venganza de los vencidos". Al contrario de lo que sucede en Alemania, donde jurídica y socialmente el pueblo alemán ha asumido con entereza su pasado y ha dejado atrás los demonios que mancharon su memoria, Polonia no se ha reconciliado con su historia reciente; "No está en paz con sus fantasmas judíos", escribió Gebert.

Y la Historia se ha hecho presente también, renovando memorias, en un reciente libro del historiador polaco Jan Grabowsky, profesor en la Universidad de Ottawa, titulado  Hunt for the Jews (La caza de los judíos). Fruto de una exhaustiva investigación, en él se demuestra que, de los 3,2 millones de judíos asesinados en Polonia, unos 200.000 no murieron en las cámaras de gas nazis sino a manos de sus compatriotas polacos.

Examinando documentos polacos, judíos y alemanes de la guerra y la posguerra, Grabowsky descubrió cómo hubo ciudadanos que se implicaron en la detención y asesinato de judíos que les pedían ayuda; pero también documenta el heroísmo de los polacos que auxiliaron a sus vecinos judíos, a veces a riesgo de su vida. Eran una excepción, "un pequeño grupo de aterrorizadas personas que, sobre todo, tenían miedo de sus vecinos".

También hubo casos de polacos que ayudaron a los judíos por codicia, no por razones altruistas; los salvaban para luego explotar su riqueza y hasta los asesinaban después si no obtenían lo que deseaban: dinero, propiedades o favores sexuales. La mayoría de los judíos escondidos fueron traicionados; se les denunció y se les entregó a la policía, polaca o alemana.

El diario de un maestro de pueblo revelaba que "la orgía de asesinatos no era obra solo de los alemanes y de sus auxiliares ucranianos y letones. Era evidente que nuestros [polacos] policías participaron en la matanza (sabemos que eran como bestias) pero ocurrió que también intervinieron polacos normales, voluntarios accidentales".

Los alemanes les premiaban por cada judío cazado: vodka, azúcar, patatas, aceite u objetos personales de las víctimas. Grabowsky estudió los archivos de los procesos incoados contra esos individuos y descubrió que algunos campesinos polacos "eran monstruos sin sentimientos, capaces de matar a su vecino sin pestañear por una botella de licor".

Con el error actual del Gobierno polaco, al querer ocultar la realidad de lo ocurrido en aquellos penosos años y penalizar con multas o prisión a quienes la revelen, solo conseguirá ponerse en la misma situación que aquellos polacos que, sin participar activa o pasivamente en el Holocausto, miraban escondidos tras los visillos de sus ventanas cómo sus vecinos judíos eran entregados por sus compatriotas a la policía o simplemente asesinados. Grabowsky sentencia: "No hubo espectadores del Holocausto: todo el mundo actuó, de uno u otro modo, todos participaron".

Esas son las lecciones de la Historia que, tarde o temprano, siempre saldrán a relucir por mucho que los Gobiernos o los Goebbels de turno se empeñen en esconder o embellecer la realidad. Realidad que no pueden ocultar posteriores exaltaciones patrióticas, himnos o desfiles.

Publicado en República de las ideas el 22 de febrero de 20918

Escrito por: alberto_piris.2018/02/22 17:45:13.713037 GMT+1
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2018/02/15 18:20:35.672300 GMT+1

De Lisboa a Singapur ¿La nueva Eurasia?

El trayecto ferroviario más largo del mundo comenzó a funcionar en 2014. Sus dos terminales extremas se hallan en España y en China. Es el exponente más claro de la pujanza china y del declinar europeo, como enseguida veremos.

Un año antes, el presidente chino había puesto en marcha la llamada "Iniciativa One belt, one road", conocida en Europa como "La nueva ruta de la seda", aunque en este caso se trata de una doble travesía, puesto que al tradicional recorrido terrestre por donde la seda china llegaba a los mercados europeos desde la más remota antigüedad se añade ahora en paralelo una ruta naval que enlaza el Extremo Oriente asiático con Europa a través del canal de Suez.

Desde el centro comercial de Yiwu, cerca de Shanghái, donde se concentran más de 70.000 empresas fabricantes y distribuidoras, los trenes de carga tardan unos 20 días en recorrer los 13.000 km del trayecto que termina en Madrid. No merece tanto la pena entrar en los detalles de este gran enlace ferroviario, como considerarlo un excepcional indicativo de la nueva configuración geopolítica que se está gestando ante nuestros ojos.

Un resultado bien visible del pasado Foro de Davos, que fue objeto de mi anterior comentario en estas páginas, ha sido el definitivo salto de China al primer plano de la relevancia mundial. Aunque Trump asistió a él en persona, acompañado de un relevante grupo de empresarios, mientras el presidente chino Xi se limitó a enviar a su principal asesor económico, la prensa de EE.UU. hubo de reconocer que China, sus grandes inversiones en todo el mundo y su creciente influencia geopolítica fueron los asuntos más tratados en los diversos paneles de análisis y en los cócteles y reuniones privadas, convirtiendo a Xi, y no a Trump, en la verdadera estrella del Foro.

A nivel mundial la balanza de la preeminencia internacional, salvo en lo exclusivamente militar, parece inclinarse hacia el lado chino más que al estadounidense. La citada Iniciativa tiene previsto enlazar China con todas las grandes regiones asiáticas, parte del Oriente Medio y África Oriental, así como Europa. Los tentáculos chinos extendidos sobre el globo se materializan en gaseoductos y oleoductos, rutas de navegación comercial, autopistas, líneas de ferrocarril y nuevas instalaciones portuarias.

Pero también existen otros tentáculos no tan perceptibles físicamente, como son bancos y otras instituciones financieras. Según The Times, el primer ministro camboyano se expresó así: "Hay países que tienen muchas ideas, pero no tienen dinero. Sin embargo, cuando China viene con una idea, también trae el dinero".

Una mirada al mapa adjunto bastaría para poner de relieve una nueva perspectiva que va a materializarse a lo largo del siglo XXI: Eurasia empieza a aparecer como el futuro agente geopolítico donde Europa deberá encontrar su puesto en un entramado de poder en plena evolución.

Desde Cádiz hasta Singapur y Vladivostok una nueva y densa red de naturaleza económica va a ir englobando a una sustancial mayoría del género humano. China, India, Indonesia, Rusia y Europa van a buscar la forma de encajar en un mundo que evoluciona con rapidez y donde las nuevas tecnologías van a crear situaciones y condiciones inéditas que exigirán imaginación política y coordinación solidaria entre muchos pueblos y naciones.

Los europeos, y sobre todo las viejas potencias coloniales que hasta hace poco más de un siglo habían venido configurando el mundo según sus intereses, habrán de aceptar que su "especial" condición ha desaparecido. La Historia no retrocede.

Dos consideraciones finales: véase en el mapa la excéntrica situación de un Reino Unido que, a sus nostalgias por un imperio desaparecido une la aparente voluntad de separarse de sus vecinos europeos. En casi exacta simetría geográfica con Japón, ambos países habrán de reconsiderar sus relaciones con Eurasia y con el continente americano.

Para terminar, una reflexión crítica sobre España. Aunque Madrid figura como terminal occidental del trayecto ferroviario, su importancia real es mínima. Como anunciaba en 2016 un documento del CIDOB y confirmaron otros datos de 2017, España queda al margen de la ruta. Los trenes que llegan cargados a Madrid regresan casi vacíos. Un empresario español lo explica así: "Si apenas tenemos nada que exportar a China, lo normal es que la ruta no funcione". El CIDOB reconoce que "Madrid no es el destino estratégico-comercial de la Ruta. Es más, si el tren no hiciese parada en ciudades clave como Varsovia, Lodz, Hamburgo y Rotterdam, el recorrido hasta Europa probablemente no sería viable".

El salto de la Edad Moderna a la Contemporánea se fue gestando durante algunos decenios. Los Estados que mejor se adaptaron al cambio se reinstalaron ventajosamente en los nuevos tiempos. España ha ido llegando tarde y mal a casi todas las grandes transiciones históricas. ¿Se repetirá ahora el mismo fenómeno?

Publicado en República de las ideas el 15 de febrero de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/02/15 18:20:35.672300 GMT+1
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2018/02/08 17:01:27.129085 GMT+1

Trabajo y riqueza: la eterna cuestión

La reunión anual de los más poderosos individuos del mundo en el llamado Foro Económico Mundial, en el que este año se ha estrenado Trump, ha dejado, como siempre, una estela maloliente y nefasta para el conjunto de la humanidad.

Se la suele criticar diciendo que es una conferencia donde los personajes más ricos y poderosos del mundo se alojan en unos lujosos y selectos parajes, para hablar de los problemas que afectan a los más pobres del mundo, esos que nunca pisarán Davos ni ningún lugar parecido, salvo los pocos que, ayudados por una inconcebible suerte, alcanzaran la ansiada condición de personal de limpieza.

También como siempre, ha surgido la voz que clama en el desierto, el informe de Oxfam, este año titulado así: "Premiar el trabajo, no la riqueza". Las más de 90 páginas de su texto se condensan en este subtítulo: "Para poner fin a la crisis de la desigualdad, debemos construir una economía para los trabajadores, no para los ricos y poderosos".

Los motivos de escándalo que el informe revela son abrumadores y pueden hundir al lector en un profundo pesimismo. El pasado año 2017, el 82% de toda la riqueza generada en el mundo quedó en poder del 1% de la población más enriquecida. Se descubrió además un pequeño error en los datos de hace dos años: el informe decía que 8 personas tenían la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad; pues no es cierto: son 62 personas. Esto ha sido motivo de alborozo para algunos: ¡los más pobres no son ya tan pobres! Pero no hay nada de lo que alegrarse, como enseguida se verá.

El resumen inicial del informe comienza así: En 2016, el grupo Inditex, al que pertenece la cadena de tiendas de moda Zara, repartió dividendos por valor de cerca de 1300 millones de euros al cuarto hombre más rico del mundo, Amancio Ortega. Stefan Persson, hijo del fundador de H&M y que ocupa el puesto 43 en la lista Forbes de las personas más ricas del mundo, recibió 658 millones de euros en concepto de dividendos el año pasado. 
Anju vive en [Bangladés] y trabaja confeccionando ropa para la exportación. Suele trabajar 12 horas al día hasta muy tarde. A menudo tiene que saltarse comidas porque no ha conseguido suficiente dinero. Gana poco más de 900 dólares al año.

Junto a eso, el año pasado el número de milmillonarios (personas con más de mil millones de dólares) ha alcanzado la cifra récord de 2043, añadiendo un nuevo individuo cada dos días. Nueve de cada diez son hombres. Mientras tanto, la riqueza global del 50% más pobre de la población mundial no ha variado un ápice.

Oxfam aconseja a los dirigentes mundiales que dejen de hablar y den a la gente lo que necesita: un mundo más igualitario. Un directivo británico de la ONG declaró: "La concentración de una enorme riqueza en unos pocos no es un síntoma de progreso de la economía sino el síntoma de un sistema que está fallando a los millones de incansables trabajadores miserablemente pagados que cosen nuestras ropas y producen nuestros alimentos".

Durante 2017 el espectacular enriquecimiento de los más ricos se basó también en el crecimiento de los mercados financieros. Por ejemplo, el fundador de Amazon vio crecer su fortuna en 6.000 millones de dólares en los primeros diez días de 2017, debido a una gran subida de Wall Street.

Hasta aquí los datos. Las consecuencias serán nefastas y no son pocos los que así piensan. Un anterior juez del tribunal supremo de EE.UU. declaró. "Podemos tener democracia en este país o podemos tener una enorme riqueza concentrada en las manos de unos pocos; pero no podemos tener ambas cosas". Por otro lado, un analista paquistaní escribió: "La desigualdad crece día tras día. Los trabajadores están frustrados, sus salarios no alcanzan para cubrir sus necesidades básicas. Todo a causa de la creciente brecha entre ricos y pobres que limita las oportunidades para prosperar".

Esto es un serio problema de ámbito mundial y consecuencias imprevisibles. Desde ese punto de vista es tan trascendental para el futuro de la humanidad como los peligros derivados del cambio climático que ahora empiezan a mostrarse como innegables. A su lado palidecen muchas cuestiones menores que a veces tan desproporcionadamente preocupan a tantos Gobiernos del mundo que no miran más allá de la próxima convocatoria electoral.

El informe de Oxfam no es un texto sagrado e indiscutible, pero su lectura debería formar parte del currículum básico para la formación de ciudadanos responsables.

Publicado en República de las ideas el 8 de febrero de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/02/08 17:01:27.129085 GMT+1
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2018/02/01 10:09:20.661741 GMT+1

Los estereotipos en la política

En comentarios anteriores he aludido ya a la European Leadership Network (ELN, Red europea de liderazgo). Fundada en Londres en 2013, es una plataforma para el diálogo a nivel internacional, sin ánimo de lucro y desvinculada de cualquier organización política.

Su lema es: "Reforzar la capacidad de Europa para afrontar los problemas de seguridad del siglo XXI" y su finalidad es "trabajar en favor de una Europa cooperativa y cohesionada y desarrollar la capacidad europea para gestionar los acuciantes problemas relacionados con la política exterior, la defensa y la seguridad".

Su concepto de Europa es amplio: incluye no solo a la Unión Europea sino también a Albania, Georgia, Noruega, Rusia, Serbia, Turquía, Ucrania y otros Estados de nuestro variado continente.

Se articula como una red de dirigentes, en activo y veteranos, experimentados en los campos de la política, la defensa y la diplomacia, donde se desarrollan trabajos de investigación, se difunden los resultados y se organizan encuentros y conferencias.

El título de su último documento, publicado el 21 de enero, es llamativo: podría traducirse como "Con orgullo y prejuicio: El peligro de los estereotipos en las relaciones entre Rusia y Occidente" (Proud and Prejudiced: The risk of stereotypes in Russia-West relations). Su autor, Joseph Dobbs, es un investigador del ELN especializado en cuestiones de seguridad internacional, que ha profundizado en las relaciones de Occidente con Rusia y China.

El DLE define el estereotipo como la "imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable". Aunque a Dobbs le preocupan los estereotipos en lo relativo a las relaciones internacionales, también para los españoles deberían ser objeto de atención.

Los estereotipos dificultan el entendimiento mutuo y agravan muchos problemas también en esta España de hoy, la del secular orgullo hispano (¡Soy español, español...! ¡Que inventen ellos...!) y los viejos prejuicios de larga duración y difícil desarraigo (sistemática corrupción de las elites, enconados debates sobre la plurinacionalidad, temor y rechazo a la machadiana "España de la rabia y de la idea", etc.).
 
Volviendo al campo internacional, el autor distingue tres estereotipos básicos que oscurecen los dilemas de la seguridad y las relaciones entre Occidente y Rusia:
- Para Occidente, el presidente Putin es un maestro de la táctica pero un terrible estratega: mejor luchador de yudo que jugador de ajedrez.
- El expansionismo del rival. En Rusia las actividades en Europa Oriental antes del conflicto de Ucrania se consideraban una muestra de la voluntad occidental de arrinconar a Rusia. En Occidente, el comportamiento ruso oculta su afán por restablecer un poder imperial. Cada bando ve al otro como más agresivo de lo que se pretende.
- La debilidad mutua. En Rusia no son pocos los que creen que la unidad de Occidente es cosa del pasado y que la UE está cerca del colapso. En Occidente algunos piensan, como anunció Obama, que Rusia está aislada y su economía deshecha.

Los consejos que da el autor, para facilitar el entendimiento entre Occidente y Rusia, serían también de aplicación a otros conflictos, como los que ahora aquejan a España:
- Reconocer el riesgo de los estereotipos, lo que compete a todos, porque la premisa necesaria para resolver un problema es conocer su existencia, como sabe bien cualquiera que luche contra una adicción.
- Dialogar a menudo con los oponentes, lo que mejora el entendimiento mutuo. La comunicación a todos los niveles sociales es lo que mejor rompe los estereotipos.
- Reforzar los organismos capaces de materializar esos diálogos e institucionalizar sistemas independientes de asesoramiento cuando se deban tomar decisiones políticas trascendentes.

El camino es tortuoso y largo. Será necesario un amplio debate entre Occidente y Rusia sobre cuáles son los hechos reales, cuáles las opiniones legítimas y cuáles son los estereotipos. Éstos no se pueden eliminar, porque son factores naturales de la psicología humana, que recurre a visiones simplificadas cuando los datos de un problema son complejos. Pero pueden ser asumidos como una parte de la percepción de la realidad sobre la que ha de basarse cualquier diálogo.

Cuando la política apremia, las próximas elecciones amenazan en el horizonte y la lucha por la hegemonía política se erige en objetivo principal, es difícil exigir frialdad, razonamientos claros y argumentos veraces. Pero sigue siendo necesario que los pueblos, los votantes, sean capaces de distinguir cuáles son los estereotipos falsos que encaminan la política -interior o exterior- por caminos erróneos que en nada van a beneficiarles.

Publicado en República de las ideas el 1 de febrero de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/02/01 10:09:20.661741 GMT+1
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2018/01/26 09:00:35.717086 GMT+1

Turquía: el incierto aliado otánico

Como ya se ha comentado en pasados artículos, durante la larga lucha contra el Estado Islámico (EI) en Irak las fuerzas kurdas combatieron apoyadas por EE.UU. para contribuir con gran arrojo a la destrucción del califato suní. Los kurdos consolidaron de ese modo una estrecha alianza con EE.UU., que les proveyó de armas, entrenamiento y suministros, además de un eficaz apoyo aéreo en sus operaciones.

Pero las alianzas y antialianzas en Oriente Medio siempre han sido asunto complejo desde que, a raíz de la Primera Guerra Mundial y para desarticular el Imperio Otomano, los aliados occidentales irrumpieron en esa región, modificando fronteras, inventando Estados, desplazando pueblos y enfrentando a unos contra otros para mejor provecho propio.

Ahora ha sido Turquía la que en una sorprendente e imprevista (¿en qué estaba pensando la antena de la CIA en Ankara?) operación militar ha atacado un pueblo kurdo del noroeste de Siria, Afrin, dominado por las llamadas Unidades de protección del pueblo (YPG), fieles aliadas de EE.UU. en su pasada lucha contra el EI.

Erdogan las considera fuerzas terroristas, afines al Partido de los trabajadores de Kurdistán, que lleva varios decenios de sangrienta lucha por la independencia kurda. Aquí es donde empieza a fallar la antigua y sólida relación entre EE.UU. y Turquía, ambos importantes socios de la OTAN, porque Washington había previsto servirse de las citadas Unidades de protección kurdas para cubrir la frontera siria con Turquía e impedir que allí se volviesen a asentar grupos residuales del EI o incluso de Al Qaeda.

El plan estadounidense no carecía de lógica. El desmantelamiento del EI ha dejado libres -y sin su fuente habitual de ingresos- a muchos combatientes endurecidos en la guerra, que podrían reconstruir nuevas milicias. Por eso, prefiere que sean fuerzas locales, en este caso kurdas, las que establezcan una zona segura entre Siria y Turquía.

Complica aún más la cuestión el hecho de que el Gobierno turco no tuvo en cuenta a la OTAN para explicar sus pretensiones de seguridad nacional, sino que acudió a Moscú para obtener allí la luz verde que le permitiera atacar a los kurdos de Afrin.

Todo parece indicar que Erdogan, el nuevo sultán otomano del siglo XXI, pretende reforzar su presencia imperial en Oriente Próximo, para lo que necesita desplazar a su aliado otánico, EE.UU., y abrirse a otros espacios, como ya lo ha hecho estableciendo bases en Catar y Somalia, y mostrando su repulsa ante la decisión de Trump de aceptar a Jerusalén como capital israelí.

Se puede decir que Turquía y EE.UU. se han enfrentado militarmente entre sí por intermedio del pueblo kurdo. Si a esto se suma que, para EE.UU., Irán y Rusia siguen siendo Estados peligrosos a los que conviene vigilar y contener, la posición de Turquía en el nuevo Oriente Medio que se reconfigure tras la derrota definitiva del EI y el fin de la guerra civil siria va a dar mucho que hablar todavía.

En el fondo parece subyacer una vieja cuestión que afecta a la propia esencia de la OTAN. Es la misma idea que en 1966 llevó a De Gaulle a abandonar la estructura militar de la Alianza, para desembarazarse de la presión de su poderoso aliado de ultramar, la que hoy parece preocupar también en Ankara: ¿Es la OTAN un instrumento que, en último término, siempre estará al servicio de la política exterior de EE.UU. sobre la de los demás socios?

Conjugar sus inocultables ambiciones regionales y su pertenencia a la Alianza Atlántica puede poner a Turquía en una difícil e incierta situación, de la que se podrán aprovechar, entre otros, Rusia, Irán o Arabia Saudí, complicando todavía más el ya enrevesado mapa del Oriente Medio.

Una vez más, la Historia muestra que las repercusiones de los actos llevados a efecto con objetivos temporales limitados (tratados de paz tras la 1ª G.M., implantación del Estado israelí, invasión occidental de Irak, etc.) pueden producir efectos imprevistos muchos decenios después.

Publicado en República de las ideas el 25 de enero de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/01/26 09:00:35.717086 GMT+1
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2018/01/18 18:03:22.960218 GMT+1

La máquina de la catástrofe final

"Las armas nucleares son como la pistola que guarda en la mesilla de noche un individuo que padece alteraciones violentas de comportamiento, demasiado cerca de su mano en los momentos de pánico o desesperación".

Esto lo ha escrito Daniel Ellsberg en su último libro. Es aquel famoso analista nuclear de las Fuerzas Armadas de EE.UU. que en 1969 fotocopió una gran colección de documentos secretos relacionados con la guerra de Vietnam, los llamados "Papeles del Pentágono", que se difundieron en 1971. Estos documentos revelaban la duplicidad y los engaños con que los sucesivos presidentes habían mentido a sus ciudadanos y suscitaron un gran revuelo en EE.UU.

Pero no es Vietnam la cuestión más importante tratada en el citado libro, publicado en 2017 por Ellsberg a los 87 años de edad: The Doomsday Machine: Confessions of a Nuclear War Planner, que pudiera traducirse como "La máquina de la catástrofe final: memorias de un planificador de la guerra nuclear". Uno de los aspectos más significativos del libro es precisamente la planificación estratégica de las armas nucleares, actividad a la que Ellsberg se aplicó a fondo durante su trabajo en la Corporación RAND.

Lo que puede producir escalofríos a los lectores es conocer desde dentro, de la mano de quien penetró en los más reservados secretos de la estrategia nuclear de EE.UU., algo que todo el mundo ignoraba en aquellos años fatídicos de la guerra fría. Sobre todo en 1962, en torno a la crisis de los misiles cubanos que puso a la humanidad al borde de la catástrofe final.

El plan de ataque nuclear contra el bloque soviético, que Ellsberg descubrió atónito cuando se introdujo en ese mundo, había sido aprobado en 1960. Ha quedado bien comprobado que incluía, entre otras, estas operaciones: al menos 8 armas nucleares simultáneas destruirían Moscú; a la vez, todas las poblaciones rusas de más de 25.000 habitantes recibirían al menos una bomba nuclear. China, sin especificar razones concretas, sufriría el mismo tratamiento. Los planificadores habían previsto hasta las víctimas probables: en los seis meses siguientes al ataque morirían por efecto de las radiaciones unos 380 millones de personas, la mitad de la población de ambos países.

El general LeMay, presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, era el que había elaborado tan catastrófico plan y sus colegas le apoyaban unánimemente. Además, a él le correspondía decidir el momento del ataque. Horrorizado ante lo que veía, Ellsberg se empeñó en hacer todo lo posible para evitarlo.

Ni el presidente Kennedy ni el secretario de defensa McNamara tenían conocimiento de los detalles del plan. Ellsberg activó todos sus recursos para informarles: "Mi plan consistió en mover algunos papeles desde un despacho a otro de nivel superior". Cuando Kennedy y McNamara se dieron cuenta de lo que implicaba la frase con la que el presidente había reaccionado al conocer el despliegue de misiles rusos en Cuba, amenazando con una "respuesta total de represalia contra la URSS", ambos rechazaron inmediatamente el citado plan y las cosas cambiaron para suerte de la humanidad.

Muchos son los detalles que revela este libro sobre los momentos más críticos de la guerra fría en el aspecto nuclear. Sobre todo, hay un fragmento estremecedor que ya señaló McNamara: "No creo que esto es un problema militar... es un problema político doméstico". Los misiles rusos en Cuba no alteraban mucho el equilibrio nuclear, pero producían otro efecto negativo: Kennedy perdería las próximas elecciones. Esta idea escandalizaba a Ellsberg: ¿qué esperanza de supervivencia para la humanidad podría quedar si los líderes políticos eran capaces de correr el riesgo -aunque fuese mínimo- de exterminar a varios centenares de millones de seres humanos, preocupados por un resultado electoral?

El peligro, para Ellsberg, está en las propias armas nucleares. Muestra en su libro que la decisión de Jruschef de desplazar misiles hasta Cuba y la de Kennedy de impedirlo llevaban irremediablemente a una guerra que ninguno de los dos deseaba. La lógica transparente de los analistas y la esperanza de que la razón prevalecería parecían forzadas a desaparecer bajo la presión de los acontecimientos.

Se diría que hasta el papa Francisco coincide con Ellsberg cuando recientemente ha declarado su temor a las armas nucleares: "Tengo miedo de esto. Si seguimos así, basta un pequeño incidente que la situación puede precipitar. Hay que eliminar las armas".

Precisamente la prohibición total de las armas nucleares fue comentada en estas páginas el 3 de agosto de 2017 a raíz de una votación en la Asamblea General de la ONU sobre esta cuestión, como expresión de un sentimiento mayoritario de la humanidad. La conclusión final de todo lo anterior está muy clara: poseer armas nucleares es de por sí demasiado peligroso porque esas armas, por su propia naturaleza, constituyen un serio peligro al ser utilizadas. Así de sencillo.

Publicado en República de las ideas el 18 de enero de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/01/18 18:03:22.960218 GMT+1
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2018/01/11 18:03:13.968891 GMT+1

El mapa de la guerra sin fin

El Watson Institute de la Brown University (radicada en Providence, RI-EE.UU.) viene desarrollando un proyecto titulado "Los costes de la guerra" cuyo objetivo es "documentar los costes ocultos o no reconocidos oficialmente de las guerras posteriores al 11-S en Irak y en Afganistán, así como la violencia causada en otras partes por la 'guerra contra el terror'". Ha publicado las estimaciones más extensivas sobre los costes humanos y presupuestarios de EE.UU. en esas guerras.

La geopolítica siempre se ha apoyado en representaciones cartográficas para proporcionar imágenes que ayuden a entender mejor las circunstancias de los problemas o asuntos que afectan a la comunidad internacional. Como advirtió el maestro de geógrafos Yves Lacoste en su ensayo La géographie, ça sert, d'abord, à faire la guerre, en el citado proyecto no podía faltar un mapa que reflejase la visión geográfica de esos costes de la guerra, que es el que acompaña a este comentario.

Lo primero que salta a la vista es que en la guerra de EE.UU. contra el terror están hoy implicados 76 países, incluyendo a España. Esta cifra es muy significativa, porque cuando en octubre de 2001 se desencadenó la citada guerra solo un país era el objetivo principal: Afganistán. Y ese país acababa de sufrir otro largo conflicto en el que EE.UU. había luchado contra la Unión Soviética mediante "intermediarios", armando y ayudando a los grupos fundamentalistas, incluido el de Bin Laden, para expulsar a los soviéticos de Kabul. Grupos que pronto pasarían a encarnar a un enemigo multiforme y en permanente evolución.

En este mapa, publicado en la página web (tomdispatch.com) de Tom Engelhardt (04/01/2018), se revela la enorme amplitud que abarca el esfuerzo estadounidense en las diversas batallas que sostiene contra el terrorismo. Muestra con detalle la situación de las bases militares desde donde se apoyan las operaciones; las misiones de entrenamiento de las fuerzas antiterroristas de otros países; el despliegue de las tropas de combate de EE.UU. y los países desde donde se preparan los ataques de aviación o mediante drones. En él se han considerado todas las actividades desarrolladas desde 2015 hasta octubre del pasado año dentro de la "guerra contra el terrorismo".

Esta guerra es ya un fenómeno global, cuyo principal teatro de operaciones se extiende desde Filipinas hasta el África Occidental, aunque también llega al continente americano y Australia. Para llevarla a efecto EE.UU. ha arrastrado a este torbellino bélico al 39% de todos los Estados del mundo, donde operan fuerzas terrestres (a menudo, de operaciones especiales), aéreas y drones.

Pero esta extensa actividad bélica está pasando desapercibida en gran parte del mundo, incluyendo EE.UU. cuyos ciudadanos la costean con sus impuestos. Salvo la triunfal entrada en Bagdad y el publicitado derribo de la estatua de Sadam, apenas se han conocido noticias dignas de atención que promovieran el entusiasmo o la repulsa de la opinión pública.

Sin embargo, durante esa época se han aniquilado ciudades enteras, decenas de millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y el éxodo continúa, desestabilizando a los Estados de acogida; los grupos terroristas se han multiplicado y extendido, y desde el punto de vista del ciudadano estadounidense su país se ha militarizado y los derechos humanos se han deteriorado progresivamente. Ambos efectos empiezan también a ser perceptibles en los países aliados con la consiguiente merma de su calidad democrática.

Este es el mapa de la guerra sin fin, donde EE.UU. es la vanguardia militarizada, dispersa sobre la superficie terrestre y tan diseminada que hasta el Pentágono tiene dificultades para mantener al día las plantillas de sus numerosas bases.

Además de esta guerra ya extendida y asentada durante varios años, no hay que olvidar la posibilidad de otras ya anunciadas desde Washington. Corea del Norte, Irán, Rusia, China... son Estados que han sido invocados por altos mandos militares y dirigentes políticos -incluyendo al Presidente- como enemigos potenciales de los que conviene desconfiar y estar prestos a combatir.

La creciente tendencia de Trump a apoyarse en el Pentágono más que en el Departamento de Estado para las relaciones internacionales hace presagiar la peligrosa continuidad de unas guerras sin frentes establecidos ni enemigos bien definidos.

Publicado en República de las ideas el 11 de enero de 2018

Escrito por: alberto_piris.2018/01/11 18:03:13.968891 GMT+1
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