Los mapas políticos condicionan -y mucho- nuestra percepción de la realidad física subyacente. Por ejemplo, tenemos bastante claro cuales son los estados de Europa del Este, y como están colocados en el puzzle,
pero ah!... la cuenca del Danubio..., eso, eso no es tan fácil de
situar, ¿no es cierto?. De alguna manera, la Geografía, que en teoría
hace las veces de 'los ojos de la Historia' se nos enseña a partir de
la asunción de unas parcelaciones artificiales, los estados, como si
sus fronteras fueran naturales o perfectas -en el sentido de
definitivas.
Algo parecido ocurre con la misma Historia. En ese caso se trata de siglos o de fechas clave, pero el caso es que esa división a posteriori
oculta, o al menos deforma, la realidad de cómo se vivió, pie en
tierra, cualquier tiempo pasado. Un ejemplo: ¿Recuerda alguien hoy el
catastrofismo del llamado efecto 2000? Suena a bluff
superado, desde luego. Nos ha afectado mucho más, en la cotideaneidad,
la entrada del euro o ese-once-ese que, dicen, lo ha cambiado todo.
Y aquel 2000 imponente nos venía por causa de una clarísima división artificial en la que reparamos poco: el a.C. / d.C. No hablo de rock duro australiano, no.
Parece ser que estudios serios dicen que Jesús de Nazaret nació hacia
el año 4 a.C. Vaya, qué cosas. Poco importa, a lo que voy: tanto al
planeta como al devenir conjunto de la humanidad, esas 'particiones' le
sientan como un corsé: se lo han de poner para entrar en los libros,
pero no lo llevan en la intimidad.
También de esas formalidades 'científicas' procede el hecho de que al
siglo XVIII se le llame el Siglo de Las Luces, y así Rousseau,
Voltaire, Montesquieu y demás 'iluminadores' y enciclopedistas, se nos
aparecen en los manuales como quienes sacaron al mundo de la 'penumbra'
anterior.
Pues bien, ugrafía al canto. Hoy me ha venido a la cabeza leyendo el apunte
sobre el cambio de hora. ¿Acaso no es más importante, en nuestro día a
día, el Siglo de las Bombillas Incandescentes?. Dicho a lo
bestia: ¿no nos afecta más el antes y el después de Edison? Me
refiero a la hora de inventariar -de historiar, pero de verdad- el
tiempo humano.
Y es que aunque los films de Hollywood lo hayan pervertido con sus
focos, el Siglo de las Luces sólo lo fue a la luz de velas y lámparas
de aceite. Es incalculable lo que ha llegado a modificar el día a día
-y el noche a noche- ese acto de poder inmenso que nos da el
interruptor. Hasta Edison, la luz era más extensa en los trópicos que en las latitudes al norte de los Pirineos. Y si era así, ¿la vida, de alguna manera, también?.
El cambio de agujas del pasado domingo, ya algo ritual, o mejor dicho,
ineludible -ningún referendum frenaría tamaños intereses de convergencia
horaria-, beneficia a alemanes y escandinavos más, se ve, de lo que
perjudica a los ritmos vitales de bebés y ancianos. Y es demostrable
con cifras, así las latitudes bajas le ahorran voltios a las altas.
Pero quien manda no es quien paga, sino quien controla los
interruptores.
Y conste que no me estoy refiriendo a E-on. Hay una escena en la película "La ciutat cremada"
en que se contrasta en paralelo cómo saltaron del siglo XIX al XX
algunos burgueses y algunos obreros. Los primeros, en plena orgía
modernista à la page, a todas luces sobrados. Los segundos, a
la tenue luz de unas pocas y muy caras velas, aprendiendo esperanto. A
mí, como al resto de los usuarios de esa llamita insignificante, E-on
nos suena sólo a abreviatura.
2006/03/31 18:18:05.086 GMT+2
Antes y después de la bombilla
Remitente: pakua.2006/03/31 18:18:05.086 GMT+2
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Remitente: Fransmestier.2006/04/03 17:39:29.884 GMT+2