1992/12/14 07:00:00 GMT+1
Durante la ocupación alemana de Francia, Jacques Grange, de paso por Lyon, conoció a Geneviéve. Jacques había sido hasta entonces un modesto pero reconocido ilustrador. Geneviéve trabajaba como bordadora. Jacques y Geneviéve se enamoraron en aquellos días de noche y niebla, y siguieron amándose de por vida. «Nos comprendíamos. Nos entendíamos. Teníamos las mismas opiniones sobre la sociedad y sobre el arte», explicó Jacques durante el juicio al que fue sometido el miércoles pasado en Poitiers por haber matado a Geneviéve el 12 de enero de 1991.
Por el estrado pasaron los hijos de la pareja, uno a uno. Ninguno de ellos dudó al decirlo: «Nuestros padres se amaron mucho».
En 1986 Jacques y Geneviéve se retiraron a Dangé-Saint-Romain, un pueblecito en la zona de La Vienne. Y allí vivieron en paz hasta 1990, año en que Geneviéve, tras cumplir los 81, empezó a dar preocupantes muestras de demencia senil. La vieja bordadora perdía la memoria, confundía las caras, se extraviaba por la calle... «Mamá se ahogaba», dijo en el juicio su hija Gilberte, en cuya casa pasó la anciana el fin de año de 1990.
La enfermedad fue a más. A primeros de enero, Geneviéve comenzó a negarse a comer. Para Jacques, aquello fue el fin. «Me dije: los médicos van a llevársela. Y quince años antes nos habíamos prometido el uno al otro que, en caso de cáncer, de parálisis o de cualquier otra enfermedad grave, el que aún estuviera en condiciones ayudaría al otro a quitarse de enmedio», explicó Jacques al jurado.
En la medianoche del 11 de enero de 1991, el viejo hizo que su mujer tomara una fuerte dosis de somníferos. A la una de la madrugada, cuando ella ya dormía profundamente, le disparó una bala de carabina en la boca. «No quedó desfigurada. Le dí un beso y la tapé».
El fiscal reclamó cinco años de cárcel para completar los 83 que Jacques ya cuenta. Su abogado, por toda defensa, leyó la carta que el anciano escribió para su amor el día en que ella cumplió los 82.
Bastó con ver las lágrimas de los miembros del jurado para saber cuál sería su veredicto. No dudaron ni por un momento: pocos hombres tan inocentes como él.
Inocente ante la Ley. Culpable de amar tanto. «Si hay una persona en el mundo a la que no quisiera hacer sufrir, eres tú», dice el amor. Jacques no consideró la injusta ley de los hombres, sino las generosas leyes del amor. «También se remata a los caballos, ¿no?», pregunta el protagonista de la demoledora novela de Horace McCoy tras haber disparado contra su amiga, hundida irremisiblemente.
Morir por amor es mucho sacrificio. Pero matar por amor y seguir viviendo -Jacques Grange lo sabe muy bien- lo es doblemente.
Javier Ortiz. El Mundo (14 de diciembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de diciembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/12/14 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
justicia
1992
el_mundo
francia
dependencia
eutanasia
preantología
amor
muerte
| Permalink
| Comentarios (1)
| Referencias (1)
1992/12/13 07:00:00 GMT+1
Muchos lo decían de Felipe González: «Es que tiene una magia especial». Tal era la gran baza de su atractivo y, si éste ha caído en picado -así lo indican las encuestas- es porque, al parecer, ha perdido buena parte de esa magia.
Yo, aunque nunca he sido sensible a ella, tiendo a pensar que la tesis es probablemente correcta.
Blackstone, el famoso ilusionista, sostenía que «el principio fundamental del arte de los magos es desviar la atención». Durante años, González y los suyos supieron practicar ese arte con gran eficacia. Consiguieron que la opinión pública -y también casi toda la publicada- centrara su atención en los asuntos que ellos elegían. En toda reunión, quien más manda es el que decide el orden del día, y ellos lograron durante años imponer el orden del día de nuestra vida política. Hasta les era dado situar al frente de la oposición a los dirigentes que más les convenían.
Los males del PSOE y del propio Felipe González, tienen su raíz, en efecto, en la progresiva quiebra de su magia: cada vez es menor la parte del público que sigue los movimientos que ellos hacen para desviar la atención general. González perora sobre «el reto del 97» y la gente, que se acuerda de los anteriores «retos» con fecha, no sigue el truco, e insiste en hablar de otras cosas: de la corrupción, sin ir más lejos. La emprende luego Felipe con «la perspectiva de unidad europea» y el personal, más ancho que largo, sigue preguntando por el paro, o por Filesa, Eligio y demás lindos y lindezas.
Es lo de Blackstone, sólo que al revés. Cuando el público no se deja distraer por nada y mira fijamente las manos del mago, todos los trucos se ven condenados al naufragio. Y eso es lo que están haciendo aquí cada vez más ciudadanos: no apartar los ojos de las largas manos del PSOE.
Por eso se les están descubriendo tantas trampas.
Javier Ortiz. El Mundo (13 de diciembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de diciembre de de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/12/13 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
felipe_gonzález
1992
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/12/06 07:00:00 GMT+1
Los dirigentes del PSOE insisten una y otra vez en que no hay una alternativa creíble al gobierno de su partido. Es la suya una argumentación sumamente reveladora del momento patético por el que atraviesan: como ya no se sienten capaces de convencer a nadie de que lo hacen bien, cifran todas sus esperanzas en que se les crea cuando aseguran que los otros lo harían aún peor. «No tienen programa», argumentan. Como si el programa que ellos tenían en octubre de 1982 hubiera servido de algo.
Además, es falso que los demás carezcan de programa. El programa que tienen es sencillo, perfectamente creíble y sumamente atractivo: proponen desalojar a González y los suyos de la Moncloa. Se trata de un programa a la vez sintético y completo, que recoge y resume todas mis aspiraciones del momento: cualquier cosa menos volver a ver a éstos en el Gobierno; todo con tal de no soportarlos cuatro años más monopolizando el Poder.
¿El riesgo de un Gobierno de derechas? Basta con no dejarse hipnotizar por los fetiches para comprender que un gobierno de derechas es precisamente lo que tenemos ahora. En todo caso, lo que podría surgir es un gobierno de otra derecha, de una derecha que se reconociera como tal.
¿Se atrevería un gobierno así a ser más de derechas que el actual? Hay buenas razones para dudarlo. Con una oposición fuerte y una opinión pública en mejores condiciones de mostrarse vigilante, lo más probable es que ocurriera justamente lo contrario.
Las próximas elecciones no van a servir para decidir entre este o aquel partido, sino para responder a una opción muy clara: González sí, González no.
Esa es la alternativa que hace falta. Y está al alcance de la mano.
Javier Ortiz. El Mundo (6 de diciembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de diciembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/12/06 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
psoe
1992
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/11/29 07:00:00 GMT+1
La clave del caso Filesa está, sin lugar a dudas, en la ópera. Empecé a seguir esa pista ante el descubrimiento de que la Aida del PSOE es donna mòbile donde las haya y su piuma al vento lo ha firmado todo.
Alguien pensará que el nombre de doña Aida no parece el más adecuado al caso, dado el carácter decididamente altruista del personaje de Verdi. Error. Téngase en cuenta que don Giuseppe escribió la obra por encargo del jedive que realizó el canal de Suez. Aida fue así producto de una tajada que se le sacó a una constructora. Profético.
Sin salir de la obra de Verdi, hay más referencias al asunto que merecen citarse. El genio de Roncole escribió también Los salteadores y Un baile de máscaras, dos óperas indiscutiblemente premonitorias del asunto Filesa, y el libreto de F. M. Piave para su Rigoletto -basado, por cierto, en la obra de Víctor Hugo El Rey se divierte- tuvo problemas para salir adelante porque se granjeó las iras del poder político y de sus más celosos fiscales.
Pero hay otros autores operísticos en danza. Giàcomo Puccini aporta al caso, sin duda, su Tosca: no sólo por el título de la ópera, tan adecuado para calificar la trama financiera que nos ocupa, sino también porque este caso no carece de su barón Scarpia -el de Puccini, recuerden, era ministro de Justicia- que miente más que habla y maneja la Ley como le place. De su Madame Butterfly quedémonos con el arranque de la célebre aria: Un bel dí vedremo...
¿Más? Tenemos Los payasos, de Leoncavalo, obra cuyo centenario Txiki Benegas está celebrando con tanto entusiasmo, y la escenificación del Rapto en el serrallo, de Mozart, realizada por el secretario judicial a bordo de un taxi. Clave en la historia es, en fin, el juez Barbero de (los de) Sevilla.
Lo que no cabe decir es que Filesa sea una Opera de cuatro cuartos, como la de Weill. El avance del rastrillo, de Stravinski, retrata mucho mejor el caso.
Javier Ortiz. El Mundo (29 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de noviembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/29 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
1992
corrupción
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/11/21 07:00:00 GMT+1
Mucho me temo que la carrera política de José María Benegas tenga un porvenir tirando a sombrío. Lo suyo nunca ha brillado a gran altura -para qué engañarnos, y en eso puede encontrar cierto consuelo: el recorrido de su caída hasta tocar fondo será menos brusco. Pero caer, tiene que caer. Mal está ir por esos mundos del Señor, motorola en mano, diciendo impertinencias sobre los jefes, y tampoco es lo mejor para hacerse un currículum de socialista asumir la dirección de una campaña de descrédito contra una huelga general, como él hizo en vísperas del 14-D -sobre todo cuando, además, la campaña fue un perfecto fracaso-, pero bueno, a fin de cuentas, ésas son historias de cara al público, y el no tener buena imagen es algo que en Ferraz se lleva con franca naturalidad. Lo que es muy poco probable que le perdonen, en cambio, es la torpeza portentosa, casi infinita, que ha mostrado en la navegación a través de los últimos meandros del caso Filesa, en los que ha puesto al PSOE en ridículo una y otra vez.
No se trata de que los socialistas vayan a reprochar a Benegas que haya mentido. Por lo que le van a pedir cuentas es por mentir tan mal. A alguien que ocupa un alto cargo en un partido gobernante lo menos que cabe exigirle es que tenga una cierta habilidad como mentirosa. Y Txiki Benegas se ha dedicado durante todos estos días a decir dos tipos de mentiras torpes: mentiras de ésas que sirven para quitarse de encima un problema inmediato por el sistema de crear otro mayor (v. gr.: «Los libros de contabilidad del PSOE los tiene el Tribunal de Cuentas») y mentiras innecesarias («Hemos proporcionado al juez todos los documentos que nos ha solicitado»). ¿Qué pasa? Que luego viene el Tribunal de Cuentas y dice -lo más tarde que puede, eso sí- que los libros en cuestión los tiene el PSOE, y que más tarde se sabe que el juez reclamó los soportes documentales de la contabilidad socialista y que no logró que se los dieran. Con todo lo cual el PSOE está quedando muy, pero que muy mal. Y con elecciones a la vista.
Benegas pagará por su torpeza. Le queda sólo una esperanza: que las elecciones sean pronto. Así su desastre personal podrá disimularse tal vez en el desastre general.
Javier Ortiz. El Mundo (21 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de diciembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/21 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
benegas
1992
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/11/18 07:00:00 GMT+1
El joven paseaba montado en su caballo por las afueras de Elche, elegante y distinto, bajo el cálido y caprichoso sol de noviembre. Era domingo, el aire brillaba, el mar vecino se dejaba adivinar en los reflejos del cielo, como un inmenso espejo, plata y azul, la blanca figura del jinete también, qué galanura. La niña se quedó mirando la estampa, los ojos como diamantes, puro cristal, la boca abierta. «¿Te gusta?», le preguntó el caballero, divertido. Claro que le gustaba, cómo no. «¿Quieres dar un paseo?». Claro que quería. Montó la niña en el corcel, alzada liviana por el hombre, todo risas. Sus amigas los vieron perderse por el camino polvoriento, caballo, niña y caballero, el sol reluciendo, hilos de oro al viento en crines y melenas.
Tres cuartos de hora después, en la zona difusa que se extiende entre el cementerio viejo y el cementerio nuevo de la ciudad del Misten, S.M.G., de siete años, fue encontrada por un grupo de vecinos, violada y sangrando abundantemente por la entrepierna y por la boca. El caballero, el galán, no sólo se había apoderado de su minúsculo sexo; también había mordido con enorme violencia su lengua, hasta rasgársela.
No hizo falta buscar demasiado. Bastó una breve batida para localizar al violador, todavía montado en su corcel, vagando por los campos. Nadie entendió nada. Cosa de locos. Nadie entendió por qué, si el joven pensaba forzar a la pequeña, la abordó delante de sus amigas, arriesgándose a ser reconocido. Nadie se explica tampoco por qué, después de llegar tan lejos, la dejó marchar. Ni por qué no huyó. Ni por qué reconoció al punto que había sido él. «Volvió de la mili muy raro», dicen los que lo conocen. La niña ha tenido que ser intervenida quirúrgicamente. Los médicos aseguran que, aunque ha sido necesario recomponer sus órganos genitales, S.M.G. está fuera de peligro. Discúlpenlos, hablan sólo de su cuerpo.
«¿Por qué lo has hecho, desgraciado?», preguntaron los policías al criminal cuando lo detuvieron. Las crónicas de la prensa local recogen su respuesta: «Un lapsus», contestó. Y es que el joven, ya ven ustedes, es de buena familia y tiene su cultura.
Javier Ortiz. El Mundo (18 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de noviembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/18 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
1992
el_mundo
violencia
| Permalink
| Comentarios (2)
| Referencias (1)
1992/11/16 07:00:00 GMT+1
Estoy habituado a enfadarme día a día con la realidad: con sus miserias, sus contradicciones sangrantes, su hipocresía. Me enojan las reconversiones, me irritan los reajustes, me hastían las Filesas, me provocan los Olleros, me sublevan los Eligios, no soporto a los Benegas, paso de Hormaecheas, me sulfuran los González, abomino de Maastricht y sus paladines, me exasperan los papanatas europeístas y los guardianes celosos de nuestra infumable civilización occidental: me endemonian en masa. No los soporto.
Pero los soporto. Me alimentan un enfado profundo, pero paciente, una rebeldía atemperada, ese estado de ánimo que un buen poeta irlandés llamó «la desesperación tranquila». No es que acepte las zafiedades y las canalladas: es que sé que no me queda más remedio que soportar su presencia. Coexisto con ellas, en suma.
Pero lo que pasó en la noche del viernes en Aravaca es de otro género. De un género al que no sé, al que no podría, al que no quiero resignarme.
Trato de racionalizar mi reacción para saber por qué la noticia de este asesinato me heló la sangre; por qué, pasadas las horas, mi indignación, tan acostumbrada a refrenarse, se mantiene intacta, si es que, liberada del estupor, no se acrecienta. No consigo apartarlo de mi pensamiento. Imagino una y otra vez la escena: los encapuchados, que han estado cargándose de alcohol para envalentonarse, acercándose al pub abandonado de la carretera de Galicia guiados por los tres cuartos de luna que alumbraban la noche del viernes; abren la puerta a golpes, disparan al bulto: da igual, es imposible equivocarse, cualquiera que muera estará bien muerto, son todos piojosos, basura dominicana, gente sin Dios que vive hacinada, sucios inmigrantes que afean nuestra bonita zona residencial, que exhiben impúdicamente su miseria en la plaza pública, o cortamos esto a tiempo o se van a llenar las calles de gentuza, a ver si aprenden y se largan, es lo que están haciendo en toda Europa con estos muertos de hambre, ¿por qué nosotros no?
Es ahí donde encuentro la raíz de la indignación insoportable: en la evidente intención de matar, en el deseo de matar a cualquiera, con tal de que tenga la piel oscura; en el obvio convencimiento de que matar inmigrantes no es en realidad matar, de que sus vidas no valen nada y a nadie importan; en el nacionalismo español, el racismo y el clasismo llevados hasta el enloquecido límite del crimen; en el mimetismo hacia las bandas neonazis alemanas; en la repugnancia infinita que produce todo eso y en más: también en el sarcasmo de que sea este crimen el que quede como acto último de las honras españolas al V Centenario: dominicanos de La Española, no os deis por descubiertos.
«Nosotros tratamos allí a los españoles mejor que a los propios dominicanos», dice uno de los homeless del local de las cuatro rosas de Kentucky marchitas en Aravaca. No miente: ellos llevan 500 años de hospitalidad sobre sus espaldas. Y nosotros, ¿de qué llevamos 500 años?
Fueron cuatro los individuos que dispararon contra los dominicanos, cuatro los que mataron a Lucrecia. Pero no son cuatro los que tuercen el gesto cuando ven a los dominicanos concentrarse en la plaza Aurora Boreal de Aravaca, ni cuatro los que pegaron esos carteles con el lema «Españoles primero», ni cuatro los que les han hostigado, ni cuatro los policías que no les dejaban reunirse en la plaza, ni son cuatro los que han sonreído satisfechos al oír al alcalde de Madrid decir que estos son «problemas de la emigración» (la existencia de grupos de españoles racistas asesinos, ¡un problema de emigración!), ni cuatro los que creen que poniendo un local para que los dominicanos se encierren en él y no se les vea por la calle se resuelve todo.
Algo hay que hacer, y hay que hacerlo ya. No por los dominicanos. Por nosotros. Antes de que demos asco.
Javier Ortiz. El Mundo (16 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de noviembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/16 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
1992
españa
ultraderecha
racismo
migraciones
el_mundo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/11/14 07:00:00 GMT+1
El Parlamento no funciona. En ningún sentido. Muchas veces no funciona porque no hay con quién. Por ejemplo: el pasado jueves, a última hora, había tan pocos diputados en el hemiciclo que el número de ujieres duplicaba al de parlamentarios. A la vista de ello, los pocos presentes podían haber optado por el tradicional «apaga y vámonos». Pero no. En donde ocurrió eso fue en el Senado, donde, en medio de una interesante reflexión de Carlos Solchaga sobre cómo hay que ir acostumbrándose a la idea de que la CE no dé a España los fondos de cohesión que había prometido, se fundieron los plomos, dejando a nuestro ministro de Economía más a oscuras de lo que ya estaba.Tampoco funciona muy bien el noble edificio de la Carrera de San Jerónimo. El otro día, un pedazo de vidriera cayó del techo y fue a parar en las cercanías de los bancos azules del Gobierno -que estaban, como casi siempre, vacíos, a un diputado del PP se le rompió el escaño y fue a parar al suelo y dos personas se quedaron atrapadas en un ascensor. Todo en cosa de horas. Lo de la vidriera parece que fue por culpa de un perro policía -la actualidad se nos está llenando de perros, literales y figurados, que husmeaba por el tejado del edificio, no fuera a ser que hubiera algún terrorista emboscado. El atentado estuvo a punto de cometerlo el perro, tal vez para obligarnos a reflexionar de nuevo sobre la vieja pregunta de Tierno Galván: «iY quién custodia a los custodios?».
Hay muchos síntomas de que el parlamento español no funciona. Es algo que para estas alturas resulta tan evidente que incluso el líder de los laboristas británicos, que además se llama John Smith, se ha dado cuenta, y se lo soltó el otro día a Felipe González en La Haya: «Un Parlamento que liquida la discusión sobre Maastricht en dos horas no es un Parlamento serio», le dijo. Elena Flores dio al británico una confusa respuesta, en plan «pues mira que tú», en lugar de decirle la verdad: que si no discutieron más sobre Maastricht es porque casi nadie sabía de qué va, y además para qué, si las votaciones siempre las ganan los mismos. Eso sin contar con que, si te empeñas en pasar muchas horas en el Parlamento, lo mismo acaban desgraciándote.
Javier Ortiz. El Mundo (14 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de noviembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/14 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
1992
europa
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/11/11 07:00:00 GMT+1
Se lo he oído decir ya a varios dirigentes socialistas, así que me imagino que debe formar parte del acervo teórico del PSOE: «La defensa de causas imposibles conduce a la melancolía».
Me da a mí que el argumento podría formularse a la inversa -«la melancolía mueve a la defensa de causas imposibles» - y el resultado variaría poco. Porque el problema último no reside en el sentido en que se relacionan los dos factores, sino en la consideración ética -o sentimental, quizá mejor- que les otorgamos. Es obvio que los líderes socialistas no sienten aprecio ni por la melancolía ni por las causas imposibles. A mí, por el contrario, me parecen dos piezas necesarias de toda verdadera lucidez. La melancolía no es patrimonio de quienes desean lo imposible, sino de quienes lo desean y saben que es imposible. Es la consciencia de la realidad y de sus limites lo que genera esa tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente que solemos llamar melancolía. Pero, cuando se habla de la imposibilidad de una u otra causa noble, no hay que dejar que los antimelancólicos nos cojan en su trampa. Hay que preguntarse si es o si resulta imposible. Porque puede haber deseos literalmente irrealizables, pero lo más frecuente es que las grandes aspiraciones humanas sean teóricamente posibles -es decir, que la realidad cuente con los elementos necesarios para darles vida, pero que la ceguera, la insolidaridad o la mezquindad humanas impidan su realización. «Sed realistas: pedid lo imposible»: la paradoja de la en tiempos tan mentada consigna de rebeldía del 68 francés es tan sólo aparente.
Por lo demás, no sirve de nada sermonear al melancólico con las presuntas consecuencias negativas de su actitud. Él no la elige. La melancolía es el fruto combinado de dos elementos: la lucidez y la ética. La lucidez empuja a ver la realidad sin afeites, crudamente. La ética, a no aceptarla, a rebelarse contra ella.
¿Entonces? «Sin esperanza, con convencimiento». El título del libro de poemas que Angel González escribiera en 1961 sigue siendo la mejor definición de la melancolía política. ¿Que defender lo que es justo no sirve para nada? Mentira. Sirve en cualquier caso, al menos, para tener tranquila la conciencia.
Javier Ortiz. El Mundo (11 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de noviembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/11 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
psoe
1992
ángel_gonzález
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1992/11/07 07:00:00 GMT+1
Ya pedí en pasada ocasión a los responsables del PSOE que no me incluyan en su campaña de propaganda puerta a puerta. Lo hice por pura medicina preventiva, tratando de eludir una situación potencialmente violenta. Ahora que veo cómo es la ficha que deben rellenar los visitadores, compruebo que, además, no les hace falta para nada venir a verme personalmente: mi filiación ya obra en su poder y, en cuanto al resto, les basta con marcar una equis allí donde en la ficha dice «hostil».
Me apunto al término no porque me guste, sino por obligación. Si me fuerzan a elegir entre «simpatizante», «indiferente» y «hostil», ¿qué otra cosa puedo hacer? El franquismo era indudablemente más brutal que el felipismo; pero -lo que son las cosas- cuando hacía el inventario de sus oponentes políticos, utilizaba una terminología más fina y sutil: escribía «desafecto al Régimen». A mí me hubiera gustado que el PSOE conservara esa tradición del franquismo -total, una más no se notaría nada- y pusiera en mi ficha eso de «desafecto al Régimen». Y es que, en primer término, lo mío no es un problema de hostilidad, sino de estricta desafección, o sea, de malquerencia, de oposición. En segundo lugar, mi falta de afecto no se dirige contra el PSOE -si se tratara simplernente del PSOE, casi preferiría que me incluyeran en el capítulo de los indiferentes- sino eso, contra «el Régimen». ¿Que no me creen? Dejen el Gobierno y verán cómo ipso facto me empiezo a olvidar del PSOE, cómo critico cuanto me parezca mal de los siguientes que ocupen el Poder y cómo, si se ponen a organizar otro «Régimen», también ellos me podrán catalogar como desafecto.
El término «Régimen» juega un papel fundamental en todo esto. Lo considero imprescindible, tanto por su ajustada precisión como por las resonancias que despierta. Entre nosotros, según una muy acendrada tradición -diccionarios aparte-, el «Régimen» es el aparato de control de la sociedad que se monta quien está en el Poder. Por eso reivindico el título de «desafecto al Régimen»: creo que es la sociedad civil la que debería controlar a los que mandan, y no a la inversa. La encuesta puerta a puerta del PSOE, en tanto que intento de fichamos y controlamos, es un típico acto «del Régimen».
Javier Ortiz. El Mundo (7 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de noviembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/07 07:00:00 GMT+1
Etiquetas:
psoe
1992
franco
el_mundo
felipismo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
Siguientes entradas
Entradas anteriores