1992/11/04 07:00:00 GMT+1
Un reciente paseo por Turín me llevó tras las huellas de Cesare Pavese, el brumoso suicida del Piamonte: «Para todos tiene la muerte una mirada./ Vendrá la muerte y tendrá tus ojos». Pavese, en la cumbre del éxito y la fama, pasó el tramo final de su existencia lacerado por males de amor, de los que destiló un triste y delicadísimo poemario: Verrá la morte e avrá i tuoi occhi. Un mal día de 1950 -gris, como tantos en la bella villa del Po-, abandonó su casa, alquiló una habitación en un hotel, realizó varias llamadas telefónicas que le confirmaron su soledad definitiva... y se tomó un kilo de somníferos. Tenía 42 años.
Me vuelve al recuerdo el suicidio de Pavese al ver cuánto cuesta a los compañeros de Petra Kelly y Gert Bastian admitir la posibilidad de que la pareja se quitara la vida sin dejar mensaje alguno. «Ellos nunca se habrían ido sin damos una explicación», dijo Lev Kopelev el pasado sábado, en el homenaje que les brindaron en Bonn. ¿Y por qué tenían que dar una explicación? ¿Se la debían, acaso? Regreso a Pavese: «No palabras». Así de lacónico fue el mensaje que escribió en su diario antes de entregarse a la muerte.
No tengo la seguridad de que Kelly y Bastian se quitaran la vida.
Digo que todo es posible. Y en ese «todo» incluyo la posibilidad de que desearan morir en silencio. Como Pavese: «No palabras».
Para no suicidarse hace falta, ay, querer vivir. Y no siempre existen motivos suficientes para ello. A veces, la vida puede volverse tortura intolerable: porque nos inunda el alma de amargura, como a Pavese, o porque degenera en decrepitud irrefrenable, o porque nos aburre mortalmente, o porque nos da asco, como a Kelly y Bastian. No siempre vale la pena pagar el elevado precio que nos exige, avara, la existencia.
¿Explicación? Para explicar por qué se prefiere no vivir hay que conservar las fuerzas necesarias. «En fin, no tengo para expresar mi vida sino mi muertes», escribió Vallejo. Optar por la muerte silenciosa expresa desesperanza pura, hastío infinito, dulce rendición. No ante el enemigo: ante la vida.
Por lo demás, todo el mundo deja un mensaje cuando muere. También Kelly y Bastian. El mensaje es fácil de leer: basta con seguir el trazo que marcaron mientras vivían.
Javier Ortiz. El Mundo (4 de noviembre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de noviembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/11/04 07:00:00 GMT+1
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1992/10/31 07:00:00 GMT+1
Dado que en esta profesión los días libres no coinciden casi nunca con los fines de semana, suelo descansar a menudo en fechas que para los demás son laborables. Mi oficio es escribir pero, como además me gusta, no es infrecuente que dedique mis horas de ocio a seguir escribiendo. Me levanto, hago un café, pongo música, conecto el ordenador y me enfrasco en la tarea.
Lo normal es que no haya pasado ni un triste cuarto de hora cuando ya suena el timbre de la puerta. Abro y me encuentro con un señor sonriente que, invariablemente, me pregunta: «¿Está la señora?». Le pongo en tres segundos al corriente de mi vida privada, se desconcierta -no está programado para que «la señora» no exista, me empieza a hablar de aspiradoras, le digo que no me interesan lo más mínimo, me larga una tarjeta de visita y se va. Regreso a la labor. Tardo un buen rato en retomar el hilo. Cuando ya lo he logrado, suena de nuevo el timbre. El portero viene a leer el contador del gas. Me preparo otro café. De nuevo en el estudio, logro escribir un párrafo más. Vuelve a la carga el ding-dong. «Perdone, estoy parado, tengo tres hijos...». Aflojo el bolsillo. Son ya las doce y sólo he escrito un folio. Lo normal es que, para esas alturas, el teléfono haya sonado ya varias veces pero, por fortuna, tengo el contestador automático conectado, con lo que me libro de una señorita que le cuenta al aparato que he ganado un fantástico premio, y también de tener que explicar mi situación a la persona que espera el texto que estoy tratando de acabar. Retomo la faena. Felicidad efímera: otra vez la puerta. Se trata de dos individuos asombrosamente parecidos entre sí que me preguntan si leo la Biblia. Mi contestación es ya, para estas alturas de la mañana, lo bastante rotunda como para que entiendan de un solo golpe -el de la puerta- tanto mi posición con respecto a su apostolado plasta como mis pocas ganas de que me molesten.
No quiero ni imaginarme lo que pasaría si, estando en ésas, vuelve a sonar el timbre y me encuentro a uno que me suelta: «Perdone. Soy del PSOE y sé que se ha abstenido usted sin parar en las elecciones».
Por favor, bórrenme de la lista del famoso puerta a puerta. Se lo pido, créanme, por su propio bien.
Javier Ortiz. El Mundo (31 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 3 de noviembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/31 07:00:00 GMT+1
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1992/10/28 07:00:00 GMT+2
Alfonso Guerra tiene un problema con la democracia. Uno sólo, pero de cierta importancia: no sabe lo que es. Ayer lo demostró una vez más. El number two del PSOE apeló a la democracia para reclamar que se midan con el mismo rasero cuantas reacciones ha provocado el tebeo de Ferraz. Por regla democrática, según él, todas las opiniones tienen el mismo valor. Lo que hay que hacer es contabilizarlas.
Ya ven que se hace un lío. Como lo de la democracia lo tiene cogido con hilos -para tirar de ellos-, no sabe que el criterio en el que se cobija sólo es aplicable a los votos. Vale lo mismo el voto del ignorante que el de la inteligente; de la gagá que del lúcido. Pero eso no puede hacerse extensivo a las opiniones. Apeló a los campesinos extremeños. Pues bien, mi opinión acerca de lo que debe hacerse para mejorar la cosecha de tabaco no vale lo mismo que la de muchos campesinos extremeños: yo no tengo ni idea del asunto, y ellos sí. De tenerse que votar sobre el asunto, mi papeleta contaría lo mismo que cualquier otra, por desgracia. Pero no es el caso. Como tampoco lo es en el del cómic que Guerra ha promocionado. Entérese; los votos se suman, y eso es todo, pero las opiniones son otra cosa: hay que considerarlas.
No es su especialidad. Lo suyo no es razonar, sino insultar. Ayer, sin ir más lejos, aseguró que todos los que criticamos su tebeo somos unos «señoritos» pertenecientes a «la derecha histérica». No tengo inconveniente en que me insulte. De hecho, a mí también me suele apetecer insultarle, así que estamos en las mismas. Lo que me molesta es que se sirva del insulto como alternativa del razonamiento. Eso sin contar con que, ya puestos a insultar, conviene acercarse algo más a la realidad de la persona insultada. Yo a él nunca le insultaría llamándole «intelectual histérico», porque eso significaría presentarle como «intelectual», lo que sería absurdo aplicado a un señor ágrafo.
Los problemas de Guerra son los lógicos en un individuo que lleva a sus espaldas diez años de soledad política. Porque desde hace una década, como poco, Guerra sólo ve a su alrededor gente que le odia y le desprecia -somos los más- o que le adula. Pobrecillo.
Javier Ortiz. El Mundo (28 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de octubre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/28 07:00:00 GMT+2
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1992/10/24 07:00:00 GMT+1
Dicen que el vicepresidente del Gobierno, Narcís Serra, ha sido marginado de la campaña de conmemoración de la década de gobierno socialista. Eso probablemente esté muy feo, y sea una sucia maniobra de Ferraz. Pero también cabe una hipótesis menos malvada: es posible que la Ejecutiva Federal haya estudiado de qué les podía valer Serra en esa campaña, y que no le hayan encontrado la más mínima utilidad. ¿Lo imaginan, por ejemplo, en la tribuna del gran mitin socialista de mañana en Madrid? Ustedes saben que, entre las virtudes de don Narcís -de las que no tengo noticia, pero se las supongo, y muchas-, no está el don de la oratoria. No se le puede acusar a Alfonso Guerra de maltratar a su sustituto sólo porque se niegue a reventar los mítines del partido introduciendo en ellos el verbo atiplado y disonante de don Narcís. Guerra sabe que el PSOE está perdiendo votos: tampoco es cosa de espantar los que le quedan.
Podían haberle dedicado, es cierto, alguna viñeta de su celebrado cómic. Pero estoy convencido de que ahí quienes se rebelaron fueron los dibujantes. Seguro que hicieron ver a los organizadores de la conmemoración que es del todo imposible introducir la figura de Narcís Serra en un dibujo y conservar la debida seriedad. Además, incluso aunque hubieran podido dibujarlo sin mover inconteniblemente a la hilaridad colectiva, ¿realizando qué actividad iban a retratarlo? Que se sepa, Serra no hace estrictamente nada desde que es vicepresidente, si se exceptúa la tarea de llevar el título de vicepresidente y la de dar a entender cada dos meses que él es el jefe del sector renovador del partido (que nadie sabe ni qué es, ni qué quiere renovar, ni por qué no lo renueva). Una tal inactividad puede constituir una táctica muy astuta y muy práctica para no cometer equivocaciones, pero plantea serias dificultades a la hora de sacarle rentabilidad.
Todo lo más, cabe reprochar a Ferraz que no haya pensado en Serra de cara a esa labor propagandística de puerta a puerta que proyectan. Ahí, la verdad, sí que me encaja don Narcís. Lo imagino muy bien llamando al timbre de las casas, folleto en mano. Su único problema es que no lo confundan con un vendedor de enciclopedias.
Javier Ortiz. El Mundo (24 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 12 de diciembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/24 07:00:00 GMT+1
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1992/10/23 07:00:00 GMT+1
El PSOE apela, por fin sin tapujos, a los resortes del «franquismo sociológico». Lo único que puede explicar razonablemente el folleto-cómic(o) que el PSOE ha elaborado para festejar su década gobernante es que la Ejecutiva Federal haya encargado su elaboración a una agencia publicitaria compuesta de ciudadanos normales, conscientes de que se les pedía un objetivo imposible: pintar los diez años de Gobierno socialista con los tonos triunfales de un Edén redivivo, de una especie de Nirvana en la que todos, tras 10 años de paz -aún no 25, qué lastima-, somos por fin felices: los niños, porque pueden jugar libremente en la calle gracias a la gran seguridad que hay; los parados, porque son capaces de aportar su contribución al mantenimiento del hogar paterno -es bien sabido que todos los parados viven con sus padres- gracias a lo que cobran del Estado; las mujeres, porque están tan asistidas que no se puede aguantar; de chavales en edad militar, porque ahora se hace la mili con ordenadores; de viejos -de muchos, de muchísimos viejos- porque... uf, de ellos por todo: porque al fin bien cuidados, porque sanísimos, porque cobran unas pensiones de aúpa, porque han conocido el mar después de tantos años... Y todo -¿no es fantástico?- gracias al PSOE.
Es de temer que los de la agencia publicitaria, como no se creían lo que hacían, han sido incapaces de hacerlo con el debido sentido de la medida. Y así les ha quedado: un fresco -y tan fresco- en el que resulta físicamente imposible reconocer la España actual: la que cae hacia un abismo de tres millones de parados, la de las Filesas y los juanesguerra, la de los fastos desinflados, la de la peseta al pairo, la de la fuga de capitales en busca de algún marco salvador, la de... la del Gobierno de Felipe González.
Es un puro disparate. Pero lo peor es que el disparate está hecho a posta.
Su carácter consciente se aprecia, para empezar, en los objetivos sociológicos a los que se dirige: personas de la tercera edad -su frecuencia de aparición en las viñetas es pasmosa, de bajo nivel cultural -los mensajes están redactados en un lenguaje que, de puro simplicísimo, resulta insultante, escasamente informadas -se llega a poner la prohibición de construir en las costas turísticas (sic!) como un ejemplo de la preocupación ecologista del Gobierno- y con el centro de atención del discurso fijado obsesivamente en la paz y la seguridad. Para quienes tengan edad y memoria, los perfiles del mensaje les resultarán familiares: es el mismo en el que insistía machaconamente la propaganda del franquismo. La conclusión es obvia: el público al que el PSOE se dirige es al más atrasado, desde el punto de vista cultural, de la sociedad. Se ve que los dirigentes socialistas han tomado nota de lo que dicen todas las encuestas, según las cuales su electorado se parece cada vez más al tradicional de toda formación política de derechas -más rural que urbano, más viejo que joven, más ignorante que culto- y están dispuestos a profundizar en esa línea cuanto sea necesario. Y más, si se tercia.
La explicación de los logros del PSOE se inicia con una viñeta que representa -no está mal, como comienzo- un perfecto insulto para el sistema democrático: «Sí, vamos a votar a los socialistas», dice un personaje de 1982. Y otro le contesta: «Vamos a asegurar la democracia». Estupendo: se ve que, según el PSOE, votar a otros partidos no es asegurar la democracia.
Pero pronto se descubre que ese comienzo, entre naif y mesiánico, no es sino un intento de ir habituando al lector a lo que le espera. Porque sigue a continuación con los estupendos weekends que tienen ahora todas las familias españolas -no pretenda negármelo, usted lo sabe-, con las becas que cual maná permiten a los jóvenes hacer su carrera gratis -no me hable de derechos de matrícula ni de libros de texto, so agorero-, con una explicación del Estado de las autonomías que incluye un mapa de España en el que Navarra ocupa la mitad de Guipúzcoa - perdónenme, soy donostiarra-, con una aún más indignante disertación sobre cómo el PSOE está acabando con los atascos de circulación -perdónenme, esta mañana he pasado hora y media en uno-, de un canto a lo baratos que salen los pisos hoy en día -perdónenme, estoy pagando un crédito hipotecario al 17%, con el chollo que es el turismo social, la formación profesional, la protección del consumidor -los de la colza se aparcaron ante la sede socialista de la madrileña calle de Ferraz por puro vicio...
De tanto mirarme el folleto, he acabado por cogerle cariño. Me encanta, en particular, esa viñeta estupenda -inspirada, barrunto, en las reflexiones de Ludolfo Paramio y el Programa 2001-, en la que un padre comenta a su hijo, mientras una pantalla de TV muestra una imagen del Hispasat: «Estoy tan emocionado como cuando el hombre pisó la luna». Y el niño le contesta: «Con el Hispasat ya somos espaciales». ¿Cuál es la ventaja de ser espaciales? Quizá la de estar en la luna. Aunque tampoco le hago ascos a esa otra en la que una joven pregunta a otra qué es la planificación familiar, demostrando con ello cómo la juventud, gracias al PSOE, vive en Babia. La elección es difícil: ¿qué no decir de esa otra imagen en la que dos niños, balón en mano y coche de la Policía al lado, manifiestan su entusiasmo por lo bien que se puede jugar en la calle gracias a que «ahora se está más seguro»? Pero la traca la guardan para el final: Madrid cultural, Juegos Olímpicos, Expo. «iLo mejor del mundo!», clama la masa, extasiada ante tanto éxito.
«Nos toman por gilipollas», me asegura un compañero de trabajo, mientras echa un vistazo, anonadado, al folleto. Nacho -de Ricardo & Nacho, Sociedad Limitadísima- me declara su impotencia: «Son mucho mejores que nosotros haciendo chistes».
Aunque la tentación sea grande, el error sería tomárselo a broma. A mí, por lo menos, me da miedo. Me da miedo vivir en un país en el que manda el Gobierno de un partido que considera que este mensaje es creíble. Y que, a lo peor, incluso él mismo se lo cree. Me da miedo que el socialismo se haya convertido en una apelación a los valores que primaban cuando hace veinte, treinta años, nuestra sociedad era invitada por una feroz dictadura a sentirse especial/espacial, culo del mundo, envidia de propios y extraños, cien dólares per cápita, polo de desarrollo y Congreso Eucarístico.
Me repugna comprobar que, si el envase ha cambiado, el mejunje -la droga- sigue siendo exactamente el mismo.
Javier Ortiz. El Mundo (23 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de noviembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/23 07:00:00 GMT+1
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1992/10/21 07:00:00 GMT+2
Les hablé la pasada semana sobre lo estupendos que son los enemigos. Lo hice entonces apelando a su utilidad analítica: nos ayudan a conocernos. Pero los enemigos no son sólo útiles; con frecuencia resultan también imprescindibles para definirnos. Fíjense ustedes en la Iglesia católica. ¿Qué sería de ella sin el pecado? El ser de la Iglesia de Roma no depende tanto de Dios como del Diablo. Si tiene sentido una organización de defensores del Bien, es gracias tan sólo a que existe la noción del Mal, el Vaticano es obra del Maligno: sin él, adiós tarea.
La crisis ideológica y moral por la que atraviesa hoy el sistema capitalista es, sobre todo, una crisis de situación. El capitalismo se siente anímicamente perdido porque se ha quedado sin enemigos. Hace años, cuando el comunismo crecía y se extendía por el mundo, el anti-comunismo daba sentido a la causa capitalista. Hacía más: al atacar al sistema capitalista por sus puntos más débiles, el comunismo revelaba a su enemigo por dónde podía hacer agua más fácilmente y le indicaba cuáles de sus flancos debía apuntalar con mayor urgencia. Del mismo modo que el dolor es condición de la salud, porque avisa de que algo falla e incita a buscar la causa y a ponerle remedio, el comunismo aportaba al capitalismo un magnífico conjunto de señales de alarma. Era el dolor del capitalismo. Y era un dolor llevadero, porque débil: eficaz en la crítica, sí, pero torpe y brutal en la alternativa. Contribuía a que el sistema cuya destrucción preconizaba pudiera presentarse ante sus súbditos como un mal menor: la navajada trapera en el metro de Nueva York a guisa de alternativa existencial, según propuso un prosélito exaltado.
El capitalismo ha visto cómo se han esfumado todos los puntos de referencia en los que durante décadas basó su razón de ser. Sin comunismo no hay anti-comunismo. Sin anti-capitalismo, desaparece el capitalismo: quedan los capitalismos locales, capitales provinciales condenados ahora a disputar entre sí conforme a reglas aún por definir. USA, Alemania, Japón... A falta de enemigo común, las grandes potencias capitalistas deberán enemistarse las unas con las otras.
Porque sin enemigo no se puede vivir.
Javier Ortiz. El Mundo (21 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de octubre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/21 07:00:00 GMT+2
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1992/10/17 07:00:00 GMT+2
Primera jornada. 12 de octubre de 1992, lunes. Génova. En su gran plaza central, a escasos cientos de metros de la ruinosa mansión en la que, según hace constar la inscripción latina, vivieron los abuelos, los padres y hasta el mismísimo Cristóbal Colón en sus años mozos, un reloj digital, probablemente japonés, marca la cuenta atrás de los segundos que faltan para que se cumpla el V Centenario. ¿Cómo conocen los genoveses en qué exacto segundo pisó Colón por primera vez suelo americano? No tengo ni idea. Pero se ve que ellos sí, porque prosiguen la cuenta, segundo a segundo.
Hoy, Génova entera es una fiesta colombina. Exposiciones, carteles, pancartas... Todas las librerías dedican sus escaparates al hijo predilecto de la villa. Un sol vibrante, otoñal, ha logrado imponerse a las lluvias torrenciales de estos días para unirse al evento. Cae suave el astro rey sobre el puerto -bello, enorme, destartalado-, abraza la via Gramsci, sube por la strada Aldo Moro y, tras remontar la via Dante, regresa al cielo de la piazza Ferrari: un recorrido bullicioso, alegre y multitudinario. Un grupo de amerindios ecuatorianos toca un carnavalito para consumo europeo en medio de la complacencia general.
Segunda jornada. 13 y martes. Turín. Nublado. La radio informa de que la huelga general contra los planes económicos del Gobierno está siendo un éxito. Oigo que en Génova los camioneros han bloqueado el puerto. En Roma, decenas de miles de estudiantes se han manifestado: la prensa evoca los 60, los 70. Aquí, en Turín, cuando se ha disuelto la amplísima manifestación, varios cientos de jóvenes, blandiendo banderas rojas -algunas con la efigie del «Che»-, se han concentrado a la orilla del melancólico Po, bajo la via Maquiavelo, para oír música sudamericana y celebrar que están en contra.
Asisto perplejo a la sucesión de las dos jornadas. Me pregunto si la segunda estaba destinada sólo a romper el sueño de la primera. O si no han sido sino dos formas diferentes de este extraño, irritante, complejo y a la vez simplicísimo espejismo en que se ha transformado Europa. Dos caras diversas de la misma absurda, inaprehensible, odiosa realidad que hace que nos crean, que nos creamos grandes.
Javier Ortiz. El Mundo (17 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de octubre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/17 07:00:00 GMT+2
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1992/10/14 07:00:00 GMT+2
Es sorprendente la lucidez de la que somos capaces los seres humanos a la hora de analizar lo que no nos concierne. Cuanto más ajena nos resulta una situación, un hecho, una persona, cuanto más indiferente nos es su destino, tanto más acertamos a diseccionar la exacta entidad de sus problemas, a apreciar sus pros y contras, a diagnosticar sus males.
Nuestra capacidad de raciocinio se debilita en la misma medida en que el objeto del análisis se nos aproxima, y alcanza el apogeo de la estupidez cuando nuestra reflexión se vuelca sobre nosotros mismos. Cada acierto en la vía de la introspección encierra un coste intelectual desmesurado, tales son las barreras que debe salvar. Por eso creo que, para saber de nosotros, lo mejor -alguna otra vez lo he escrito- son los enemigos. Es cierto que los enemigos tienen ciertas desventajas. La principal es que, como se sienten concernidos por nuestros problemas, también la pasión puede cegarles. El ideal sería que nos analizara alguien a quien le fuéramos totalmente indiferentes. Pero a quienes les somos igual no les interesa analizarnos, como es lógico, salvo que les paguemos: entonces se llaman psicoanalistas, cobran caro y suelen empeñarse -es lo peor- en no decirnos lo que piensan. Nuestros enemigos, en cambio, se muestran dispuestos a analizarnos gratis, invierten mucho tiempo en ello, tienen una enorme capacidad para descubrir nuestros defectos, incluso los más recónditos, y no sólo no les importa que lo sepamos, sino que ponen el máximo interés en que nos enteremos de sus demoledoras conclusiones. Son estupendos. Mucho más, a estos efectos, que los amigos. Los amigos están muy bien para que te quieran, pero no suelen valer nada -hay felices excepciones- de cara a saber cómo somos realmente.
La medida de la estolidez de los políticos la da su interés en callar la voz de sus enemigos. Yo estoy seguro de que Rosa Conde nunca dijo que González esté empeñado en cerrar El Mundo. A cambio, me temo mucho que lo piensa. Es una torpeza. Si el presidente del Gobierno no tuviera la inteligencia embotada por la soberbia, se daría cuenta de que este diario le rinde un servicio inestimable. En rigor, debería subvencionarlo.
Javier Ortiz. El Mundo (14 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de octubre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/14 07:00:00 GMT+2
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1992/10/10 07:00:00 GMT+2
Se habla mucho estos días de «la burocracia de Bruselas» y sus peligros, y forman legión los que no tienen ni idea de qué va la cosa. Así que se me ha ocurrido contarles a ustedes una batallita sobre algo que me pasó hace como cinco o seis años con «la burocracia de Bruselas», por si puede ilustrarles sobre el asunto.
Me acordé de este episodio el otro día cuando, escribiendo sobre la «subsidiariedad» de marras, me volví tarumba buscando la citada palabreja en los muchos diccionarios de la lengua española que hay en la Redacción -la mayoría de ellos, dicho sea de paso, asombrosamente nuevos-. No la encontré. Infiero que se la han inventado. Chicos desenvueltos, éstos de la CE. Pero vamos con mi batallita. Recibía yo a la sazón, por razones de trabajo, mucho papel procedente de la Comisión Europea y miraba con perplejidad que sus resoluciones eran sistemáticamente calificadas de «directivas». Pijotero que me pongo a veces con esto del idioma, me decidí a escribir a los representantes españoles en Bruselas para decirles que mejor si dejaban de dar patadas al diccionario: que, en castellano, una «directiva», como sustantivo, es una reunión de directivos, v. gr.: eso que tienen en su cima el BBV o el Deportivo de La Coruña; que lo que ellos me estaban remitiendo eran «directrices». Les pedía que desecharan el galicismo y volvieran a nuestro no mal surtido castellano.
Ya ven ustedes que se trataba de una objeción de entidad bastante limitada, a la que yo mismo, si no fuera porque vivía por entonces momentos de cómodo relajo, ni siquiera hubiera prestado atención.
Pasó el tiempo y, cuando ya casi me había olvidado de mi misiva, recibí contestación de Bruselas. Nuestros representantes ante la CE me replicaban que era probable que tuviera yo razón, pero que, dado que las traducciones de los documentos comunitarios a las diversas lenguas eran resultado de un acuerdo de los Doce, hacer esa corrección obligaría a realizar un trámite burocrático extremadamente complicado. Con lo que -concluían- ya no tenían más remedio que seguir empleando erre que erre el término «directiva».
Ya ven: en la CE, cambiar una palabra errónea por otra correcta obliga a enojosísimos trámites. Por falta de «subsidiariedad», supongo.
Javier Ortiz. El Mundo (10 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de octubre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/10 07:00:00 GMT+2
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1992/10/07 07:00:00 GMT+2
Desde que he sabido que la ministra portavoz, Rosa Conde, considera que en este periódico hay columnistas que son sectarios y otros que no lo son, vivo sin vivir en mí.
Mi primer impulso fue llamar por teléfono a la portavoz y, cual apóstol con Jesús, preguntarle por la brava: «¿Acaso soy yo, ministra?». Si me hubiera contestado -como Dios manda- «Aquel que moja el pan en mi mismo plato, ése es», hubiera sabido a qué atenerme, porque yo no mojo nada, y menos en su mismo plato, que está en la Moncloa. Pero me informaron que doña Rosa no quería hablar de sus valoraciones periodísticas con ningún integrante de este diario, así que esa vía se me cerró por entero. Aclaremos las cosas. A mí lo que me preocupa no es que Rosa Conde me considere sectario. Lo que me tiene en vilo es la posibilidad de que me coloque en el cupo de los que tratan con más benevolencia al Gobierno. Ella, que tan aficionada es a las citas socialistas clásicas -he oído que hasta los nombres de sus hijos son una cita de clásicos del socialismo, recordará lo que dijo el padre del sindicalismo alemán, Augusto Bebel, aquel día que alguien del Gobierno habló bien de él: «Ah, viejo Bebel, ¡qué tontería habrás hecho para que esa gente te alabe!». Estoy en las mismas.
El error de doña Rosa Conde -no se preocupe: otro error en su trayectoria no se notará nada- es creer que los columnistas «sectarios» de este periódico nos metemos con ella misma, su partido y su Gobierno porque tenemos una fijación con ellos. Puedo asegurarle que, por lo menos en lo que a mí respecta, de eso, nada.
La culpa de que les ataquemos no es nuestra, sino suya. Algunos consideramos que nuestro deber es mantener el punto de mira de la crítica apuntando permanentemente al centro del Poder. Ella está en él. iQué le vamos a hacer! Y, sobre todo, iqué le voy a hacer yo! Porque, aunque mi memoria es mala, no recuerdo haberle obligado a aceptar el puesto de ministra portavoz.
Lo malo de los miembros de este Gobierno -y, por ende, también de Rosa Conde- es que llevan muy mal que se les ponga en evidencia. Otro error: nosotros no les ponemos en evidencia. Sólo relatamos cómo se ponen en evidencia ellos solos.
Javier Ortiz. El Mundo (7 de octubre de 1992). Subido a "Desde Jamaica" el 12 de octubre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1992/10/07 07:00:00 GMT+2
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