1996/01/27 07:00:00 GMT+1
Estamos en Versalles. Finura. Exquisitez sublime. Distinción a raudales.
-Ahí tiene al duque D'Anjou, ma chère -dice él-. He oído que la semana pasada mató a cuatro sirvientes con sus propias manos porque no supieron decantarle debidamente el borgoña.
-¿De veras? -responde ella-. ¿Un poquitín riguroso, peut-être?
Aquí estamos en las mismas: «Me honro con la amistad de Barrionuevo», afirma un reputado antifelipista. Y añade: «Tengo la certeza de que, si hizo lo que hizo, fue porque González se lo ordenó. El no es el verdadero culpable». Y otro, éste abierto propagandista del PP: «No me cabe duda de que Barrionuevo es un hombre íntegro y honrado, aunque parece evidente que cometió un error».
¡Qué control del tropo, qué dominio de la sinécdoque han alcanzado los nuevos cortesanos de la derecha! La organización de una banda terrorista se les queda en un púdico «lo que hizo», dirigir esa banda se les antoja mero «error» -como si el ministro se hubiera equivocado en una suma, o cosa así- y, en fin, no tienen empacho en atribuirle simultáneamente la condición de criminal -puesto que lo consideran culpable- y la de «hombre íntegro y honrado».
¿Qué será la honradez para esta gente? ¿Dónde establecerá su moral la frontera entre el error y el crimen?
«Es necesario reestablecer las reglas del juego democrático», tercia otro. Pues bien: no. Lo que hace falta es dejar de considerar la democracia como un juego. Cuando se trata de la vida y el destino de personas, cuando el balance de la acción política se escribe con sangre y sufrimiento, no hay juego que valga.
«Lo vuestro con González raya ya en la obsesión», me protestan algunos.
No raya: es obsesión. Reconozco abiertamente que me obsesiona conseguir que se proclame por fin la indignidad social y política de ese individuo. Que sea condenado al ostracismo, al modo de la Grecia clásica: que la colectividad le dé la espalda y lo repudie. Y seguiré escandalizándome cada vez que alguien me proponga hacer balance de la carrera política del personaje en cuestión «haciendo abstracción de lo de los GAL». Después de ver los cadáveres de Lasa y Zabala, ¿con qué estómago discutir de infraestructuras? ¿Cómo departir sobre autocarteras y tipos de interés con el recuerdo vivo de Segundo Marey atado a un catre mugriento por orden de Su Excelencia? ¿Con qué cara le contamos al hijo de García Goena que nuestra política «hace abstracción» de la bomba que acabó con su padre?
«Esto no es un libro. Quien vuelve sus páginas toca a un hombre», escribió Walt Whihman. Quien quiera volver la página de los GAL, como Aznar pretende, debe saber que no es papel lo que sostiene en las manos: que es inmundicia, crimen, depravación. Y eso no se vuelve. Eso se limpia.
Aquí no necesitamos salones de Versalles, sino audiencias públicas.
Javier Ortiz. El Mundo (27 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de enero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/27 07:00:00 GMT+1
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1996/01/24 07:00:00 GMT+1
Cosa de Móner: una monería. ¡Queda tan como pulcro, tan como bien, tan como de Estado de Derecho! Ya tenemos procesado al ex ministro del Interior, a Pepe, al íntimo de Felipe González. El juez considera que hay indicios racionales que permiten acusarlo de delincuente. No de muy delincuente: de quince millones de delincuencia, en concreto. Una delincuencia nada terrorista, por lo demás, porque la jurisprudencia -en España mucho menos juris que prudente- impide calificar a los GAL de terroristas, por más que sus integrantes sembraran el terror entre cuantos Marey y García Goena pillaban de por medio.
Curiosa Justicia ésta, que considera imprescindible mantener en la cárcel a un coronel de tres al cuarto, acusado de quedarse con unos papeles secretos, que no afectan a la seguridad del Estado sino a la de quienes se han servido del Estado para sus fines particulares -salvo que todo sea lo mismo-, pero que deja en la calle a precio de saldo -Ferraz corre con los gastos- a quien está acusado de dirigir el abyecto secuestro de un pobre anciano ajeno a toda la historia.
Pero, bueno, esto es lo que tenemos. Y no nos quejemos mucho, que nos las hemos visto en peores. Al menos Barrionuevo ha sido inculpado. Albricias. Festejemos al santo del día, Francisco de Sales, patrón de los periodistas. El Cuarto Poder puede darse con un canto en los dientes.
De todos modos, a González eso no le concierne. Aunque el Tribunal Supremo diga que hay base suficiente para creer que el compañero Barrionuevo simultaneaba la pertenencia al Consejo de Ministros con su participación en una banda armada que secuestraba, mataba, ponía bombas y se llevaba la caja del Ministerio a casa. Al presidente del Consejo de Ministros eso no le concierne. Su «convicción profunda» le indica que Pepe es inocente. Él se fía de su fino olfato: ese mismo que le hizo saber desde el principio que Juan Guerra no había hecho nada, y Mariano Rubio tampoco, y Luis Roldán aún menos.
Y aunque Pepe acabara siendo declarado culpable y se volviera súbitamente José. González lo tendría claro: que mal ese ex Pepe, cuán amarga decepción.
Dice Aznar que no tiene claro que un eventual Gobierno del PP salido de las urnas del 3 de marzo debiera promover la creación de una comisión parlamentaria de investigación de los GAL. Considera prioritario pensar en el futuro.
Qué error. No hay buen futuro sin pasado en paz. Las almas en pena no descansan nunca.
Me pregunto si Aznar es tan ingenuo como para pensar que cabe volver la página de los GAL sin más, y a otra cosa. Si no será más bien que prefiere tener como jefe de la oposición en la próxima legislatura a un licenciado Vidriera, aterrorizado por la posibilidad de que él -¡precisamente él!- lo rompa en mil pedazos de un capón en cuanto quiera, en cuanto le venga bien, proclamando a los cuatro vientos los hechos -las responsabilidades penales- que vaya estableciendo de tapadillo. Si no será que quiere favorecer que frente a él se sitúe un González rehén, un González atrapado, al modo de aquel patético Fraga que el propio González promocionó al principio para jefe de la oposición, como seguro de vida propio.
No me extrañaría. Me niego a participar de la superficialidad de quienes confunden facilidad de palabra con astucia: sé que Aznar es capaz de ese retorcimiento. Y de bastantes más. El hombre que supo enjaular a todas las víboras que reptaban por las alturas del PP tiene que ser un experto en víboras. O el rey de las víboras.
Pero da igual que se manifieste así por inexcusable ingenuidad, por atolondrada ambición o por doblez astutísima. En cualquiera de los casos, lo que Aznar sugiere es inaceptable. No cabe dejar las responsabilidades políticas de González a beneficio de inventario. No basta con que lo condenen las urnas. No es suficiente con que la Justicia lo persiga por un camino que, a falta de la colaboración de Barrionuevo -el reo-candidato, el tonto de la lista-, difícilmente llegará a ninguna parte a corto plazo. Hace falta promover su incapacitación como político. Dejar clara su indignidad.
Aznar debe ayudar a ello. Para no ser cómplice del otro. Aunque eso beneficie a quienes ya estamos pensando en qué será lo mejor para tener a raya a su Gobierno.
Javier Ortiz. El Mundo (24 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de enero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/24 07:00:00 GMT+1
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1996/01/21 08:00:00 GMT+1
Patronología.- Por paradojas de la vida, el Zooilógico, pese a ser una sección nada devota de la patronal, está encomendada nada menos que a tres santos patrones, cuyas festividades se celebran en estos días. El primero es San Antonio Abad (Ibiza), porque él, como nosotros, se entendía con los animales. El segundo es San Sebastián (Guipúzcoa), porque tenía un trato muy fluido con las flechas y los dardos envenenados, que son nuestras herramientas de trabajo. Y el tercero, San Francisco de Sales (tanto reanimantes como de baño), porque es el patrón de los periodistas. Incluso de los buenos.
No es casual que el PP haya decidido celebrar su Congreso en coincidencia con los días de estos tres grandes santos. Y no lo es porque su figura estelar, José María Aznar, se les parece mucho. De hecho, si la derecha se ha puesto en marcha, es porque él es tres en uno.
Es Abad.- Dice la hagiografía que San Antonio Abad se retiró al desierto egipcio a meditar. Son famosas las tentaciones que allí tuvo, y a las que se resistió -al menos eso se cuenta- con total entereza. Sus enemigos echaban contra él animales salvajes, pero él los domesticaba con una simple bendición (de lo que se deriva lo de bendecir bichos por San Antón).
Igualico que Aznar. O casi. El también ha meditado mucho, sólo que lo disimula, en parte por modestia y en parte porque, si se descubre que piensa, lo mismo pierde votos por la derecha. En el desierto, lo que ha hecho sobre todo es predicar: recuérdese su famoso discurso «¡Váyase, señor González!». En cuanto a tentaciones, ¿cuántas veces no habrá sentido la de tirar la toalla? ¿Y la de estrangular a Hormaechea? ¿Y la de abofetearse él mismo? Pero se ha resistido.
En fin, su capacidad para domesticar fieras salvajes está fuera de toda duda: no hay más que ver a Isabel Tocino presidiendo mansamente el Congreso del PP para constatarlo.
Es Sebastián.- Todo el mundo conoce que San Sebastián fue profusamente asaeteado, pero poca gente sabe que el santo varón no murió de eso. Curó milagrosamente. Aznar también ha recibido muchas puyas, algunas verdaderamente explosivas, y ahí está, tan pimpante. Pero San Sebastián, como todos los resucitados, murió al final (lo que revela cuán efímeros son los milagros). Debe Aznar ser consciente de esa terrible verdad que figura como inscripción en algunos relojes: omnia ferunt, ultima necat. Todas hieren; la última mata. Que lo recuerde, sobre todo, antes de iniciar su último debate televisivo con González, en vísperas del 3-M. Y que recuerde que como realmente murió San Sebastián fue flagelado.
Es Sales.- Igualmente notables son los parecidos entre Aznar y San Francisco de Sales. Debe saberse, para empezar, que «Francesco», en italiano, quiere decir «francés», y por más que Sales no esté en Mururoa, sino en Suiza, la cosa es digna de mención. Este San Francisco pasó de joven una grave crisis de angustia, porque se creía predestinado a la perdición, pero hizo un voto (¡un voto!) de confianza en el Altísimo y consiguió la paz. Dice la hagiografía que el de Sales anduvo de aquí para allá reorganizando conventos sin parar, y que estaba animado por «un optimismo franciscano», aunque «no tuvo una teoría propia». No parece necesario subrayar las similitudes que esta biografía presenta con la de Aznar (aunque en lo de no tener ninguna teoría propia se parezcan a este San Francisco todos los demás políticos españoles, a excepción de Luis Atienza, fundador y teórico de la Asociación Pro-Vida de los Peces).
¿Es seguro que Aznar va a ganar?.- Sí. No lo digo porque yo sea experto en estas cosas, sino porque ayer escuché a un experto extranjero que, viendo imágenes del Congreso del PP, exclamó: «¡Vaya ganado!».
Javier Ortiz. El Mundo (21 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/21 08:00:00 GMT+1
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1996/01/20 07:00:00 GMT+1
Desde sus años más mozos, Luis Ramón de Argensola fue un perfecto burgués. Muy burgués y muy conservador.
Sus amigos no. Ellos, aunque también de familias acomodadas, fueron más modernos. Incluso un poquitín bohemios. Uno hubo que hasta marchó a estudiar a París, y otro que pasó todo un verano en Londres viviendo en un edificio de okupas. Luis Ramón, sin embargo, ejerció de burgués desde casi niño. «Como Dios manda», decía.
Luis Ramón estudió Derecho y Económicas. Afirmaba que esas dos disciplinas son el sustento mismo de la sociedad, y que, si llegaba a dominar ambas, estaría en las mejores condiciones para afrontar cualquier problema que la vida le pudiera plantear.
La primera vez que afirmó esto, los amigos se lo tomaron a broma:
-¿También los problemas del amor? -le preguntaron.
-Los del amor no por completo -reconoció-. Según mis cálculos, sólo el 70% del amor depende del Derecho y la Economía.
Contaba Luis Ramón 26 años cuando conoció a Esmeralda. Esmeralda no era de tan alto rango social como él pero, a cambio, poseía una belleza extraordinaria. De modales comedidos, hablaba quedo, sonreía con dulzura y vestía con discreta elegancia.
Adornada por tantas virtudes, la muchacha tenía un buen número de pretendientes, como es lógico. A Luis Ramón le tocó competir en particular con un mocetón de buen ver, desaliñado y fantasioso, que perseguía de continuo a la bella Esmeralda y le escribía lánguidos poemas en los que la pintaba como compañera de viajes perpetuos en busca de paraísos perdidos.
Para desbancar a este buen mozo se vio obligado Luis Ramón a poner en juego, amén de todos sus atractivos, fuertes sumas de dinero -llenó a Esmeralda de atenciones y regalos- e incluso, según se dijo, algunas de sus influencias más dudosas (se llegó a comentar que el pretendiente poeta sólo desistió de sus amores después de que un grupo de hampones le planteara algunas advertencias inequívocas).
Después de eso, Luis Ramón se casó con Esmeralda. Pero la unión, que se esperaba venturosa, resultó un completo infierno para la bella esposa. Luis Ramón la maltrataba, se dirigía a ella en tono despectivo, no le daba dinero casi ni para comer y, en alguna ocasión, llegó incluso a levantarle la mano.
«¿Qué ha pasado?», se decían los amigos, sorprendidos.
Había pasado que, mientras no tuvo esposa y se sintió forzado a competir para conseguirla, Luis Ramón cuidó de sí mismo y de sus maneras. Pero, así que se quedó sin rivales, amo y señor, pasó a mostrar su verdadero rostro.
Y es que, como ya dije al comienzo, Luis Ramón fue desde sus años más mozos un perfecto burgués. Adicto a la Economía y el Derecho, actuó según el modelo del capitalismo mundial: dejó de ser pulcro y de mostrarse amable en cuanto se quedó sin competencia.
El «sí» de Esmeralda fue su Muro de Berlín particular.
Javier Ortiz. El Mundo (20 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de enero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/20 07:00:00 GMT+1
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1996/01/14 08:00:00 GMT+2
Hipología política: Una vez más he de asumir la pesada tarea de aclarar la verdad de las cosas, enmarañadas por la ignorancia que caracteriza a mis compañeros de profesión. Tócame hoy desvelar por qué, cómo y para qué don Alberto Ruiz Gallardón ha avalado la compra del caballo Madrid, a costa de lo cual se han hecho ya tantas chanzas y guasas tontas.
Background literario: Habré de empezar por precisar que estamos ante un episodio estrictamente cervantino. Todo lo que ha ocurrido estaba ya previsto en el arranque del capítulo IV de la más inmortal de las obras del chico de la Saavedra. Gallardón se ha limitado a darle cumplimiento. Reza así el texto de Cervantes: «La del Alba sería cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan Gallardo, tan alborozado por verse armado caballero, que el gozo le reventaba por las cinchas del caballo». Ahí están los tres personajes: la del Alba, o sea, la duquesa; el Gallardo -que es como Cervantes apodó previsoramente a Gallardón, consciente de que habría que bajarle los humos-, y el caballo.
Cuestión de avalar: Segundo punto clave en el que nadie ha reparado, por lo que ahí sigue averiado: cuando Gallardón reconoce que «ha avalado» la compra del jamelgo, no emplea el verbo avalar como derivado del francés à valoir (capaz de valer) sino del también francés avaler (tragar). Se ha tragado este asunto hasta la bola.
El precio del caballo: Afirma Gallardón que, para un caballo, cien kilos no es mucho. Y tiene razón: un caballo puede pesar hasta mil kilos.
Otros precios célebres: Cien millones por un caballo es una bagatela. Recuérdese que, tras la batalla de Bosworth, Ricardo III estaba dispuesto a dar su reino por un caballo. Y, según se cuenta en el Poema de Fernán González, el rey de León concedió a Castilla su independencia para hacerse con la propiedad del caballo y el azor del conde Fernán González (que era otro González que, como se ve, también tenía Azor). ¡Esos sí que eran precios!
Boom turístico: La compra de este caballo tiene forzosamente que representar un impulso decisivo para el turismo madrileño. Si miles y miles de personas viajan cada año a Ordesa, que está lejísimos y muy mal comunicada, para ver la Cola del Caballo, ¿cuántas no acudirán a Madrid a contemplar el caballo entero?
Desarrollo ecológico: Gracias al caballo se puede lograr también que surja una selva importante junto a la capital. Bastará que lo monten mujeres. Y Madrid tendrá Amazonas.
Caballo y belga: Otros ignorantes critican que haya comprado un caballo, cuando la hípica no es nada popular, y que el caballo sea belga, y no español. Desconocen que los caballos belgas descienden del llamado «gran caballo» flamenco. ¿Hay algo más español que el flamenco? Al toque flamenco se añade, además, el del chotis: el célebre chotis de Lara titulado precisamente Madrid habla de «piropo retrechero», y «retrechar» es lo que hacen los caballos cuando reculan. O sea, que la de Gallardón es una decisión española y madrileñísima.
Caballo multiusos: Un caballo, por lo demás, no vale sólo para dar saltos, como algunos difamadores pretenden. Sirve igualmente para jugar a las cartas. Y al ajedrez. Y para hacer gimnasia. Y para fabricar ácido benzoico (que se saca de la orina del caballo, por si no lo sabían). Con vapor, puede utilizarse también para medir la potencia de las máquinas. En tal caso, su nombre, como el de bastantes políticos, se abrevia con las iniciales HP. Enchufado -o, sea, como caballo eléctrico-, vale igualmente para medir los watios-hora, según la fórmula 1 WH = 1 julio x 3.600 = 3.600 julios (que es la tira de tiempo, pero por lo menos no el 18 de julio).
¿Es cierto que Gallardón ha comprado el caballo para prepararse a suceder a Aznar? En todo caso, tener un caballete siempre le ayudará a pintar cada vez más en el PP.
La de Gallardón es la comunidad autónoma de Madrid. De Madrid es bastante autónoma, sí, pero todavía es más autónoma de Aznar. De hecho, se ha comprado el animal para estar más fácilmente a caballo entre el PSOE y el PP.
¿Por qué ha negociado tan deprisa lo del jamelgo? El miércoles es San Antón. Necesitaba tenerlo a tiempo para llevarlo a que se lo bendigan.
¿Qué grita Gallardón cuando quiere vitorear? ¡Hip, hip, hípica!
Javier Ortiz. El Mundo (14 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de septiembre de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/14 08:00:00 GMT+2
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1996/01/13 07:00:00 GMT+1
Allá por los inicios del siglo, muertos ya Federico Engels y Liebknecht padre, Augusto Bebel se convirtió en el patriarca de la socialdemocracia alemana, por no decir de todo el socialismo europeo.
Era Bebel, entrado ya en años por entonces, hombre moderado -para socialista de la época, quiero decir- y poco dado a dicterios y exabruptos, pero lúcido y zumbón.
Se cuenta que un cierto día -que es cuando ocurre todo en esta vida-, el viejo líder obrero se vio sorprendido porque algunos miembros del Gobierno y ciertos periódicos progubernamentales, que tenían por costumbre ponerlo a caer de un burro, se desayunaron dedicándole toda una retahíla de alabanzas. Fue entonces cuando don Augusto expresó su célebre sentencia:
-Ah, viejo Bebel: ¿qué tontería habrás hecho para que esta gente te alabe?
Cierto es que no hace falta ser socialista ni haber trabajado codo con codo con Marx y Engels para sospechar que algo raro ocurre cuando el adversario te lisonjea. Los propios fabulistas siempre han insistido «en esto de no seguir/ del enemigo el consejo». Tan sólo los muy presuntuosos -o sea, los muy estúpidos- se dejan engañar por las palmaditas en la espalda que dispensa el hostil. Lo más sano es atenerse a la enseñanza del viejo Bebel: si tu enemigo te dirige piropos, sospecha de inmediato que en algo te has equivocado. Y, desde luego, no te pavonees por ello, que no hay de qué.
Si yo fuera Diego López Garrido o Cristina Almeida -dos hipótesis a cual más disparatada, supongo-, me habría sentido muy mal en mi piel durante estos últimos días. Ver a todos los medios informativos progubernamentales cantando a coro mis muchísimas excelencias, dándome cancha a todas horas, jaleando mis afirmaciones con feroz entusiasmo, exaltando la corrección de mis disensiones y denostando a todo aquel que no se dé cuenta de lo imprescindible que soy en el parlamento, qué quieren ustedes, me habría dejado mosca. «Huy, huy -habría dicho para mi coleto-. Aquí hay gato encerrado». Y tal vez se me habrían venido a las mientes las colinas de Maastricht o los cerros de Córdoba, entre otros parajes que la política ha acabado por erizar de peligrosas minas.
Pero probablemente la culpa la tengo yo, que soy un antiguo, y sigo pensando que en la lucha política no se dirimen tan sólo querencias y gustos, sino también -y sobre todo- intereses, relaciones de Poder, formas de dominación. Que los gobernantes -por ejemplo- no van a Medellín y promocionan metros porque sí, porque les caen bien y les mola la cooperación. Que hay Sarasolas que les siguen los pasos y les cubren el riñón. Es esta rara peculiaridad mía la que posiblemente lo explica todo. Porque para mosquearse con las galanterías del enemigo hace falta considerarlo enemigo. En cambio, si uno lo tiene por colega, entonces es muy distinto, claro.
Javier Ortiz. El Mundo (13 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de enero de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/13 07:00:00 GMT+1
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1996/01/12 07:00:00 GMT+1
Felipe González va a seguir confiando en Pepe Barrionuevo, por muy procesado que esté. Dice el presidente en funciones que él cree plenamente en la «hombría de bien» de su ex ministro. ¡Qué suerte la de Pepe, que no es mujer! De haber pertenecido al «segundo sexo», a González se le habría quebrado la razón básica de su confianza: las mujeres, por definición, carecen de hombría.
Ya ven ustedes, qué degeneración: se empieza organizando los GAL, matando y secuestrando, y se acaba ejerciendo de machista ramplón.
Es como la otra bobada ésa -tan del gusto también de González-, de los «bien nacidos»: «Todo español bien nacido...», «Ningún español bien nacido...». Pura retórica joseantoniana. ¡Un socialista que condena por la cuna! Habría que contestarle recordándole la vieja canción de Jacques Brel: «Hijos de burgués o hijos de apóstol, / todos los niños son como el vuestro. / Hijos de César o hijos del arroyo / todos los niños son como el tuyo».
Ay, las trampas del lenguaje. Cómo ponen en evidencia al vendido que ya no acierta ni a camuflarse, porque ha olvidado cómo se supone que debería ser.
Jaime Mayor Oreja ha elaborado la ponencia política del Congreso del PP. Un papel que -toma narices- pilla permanentemente al PSOE por la izquierda.
El futuro ministro de Interior de Aznar canta loas a «la Prensa». Afirma que «los periódicos» -así, en mogollón- son majísimos. Unos encantos, como quien dice. Gracias a «los periódicos» se ha descubierto casi toda la caca del felipismo.
Más miserias del lenguaje.
¿Qué es eso de «los» periódicos? ¿Se refiere a todos? Un mínimo respeto por la estadística le obligaría a asumir la tesis contraria: en esta profesión que es la mía, la inmensa mayoría de los medios -y de sus empleados- son de un servilismo feroz, a toda prueba.
Habla del papel crítico de «la Prensa». Paparruchas. La Prensa, en general -diarios, revistas, radios, televisiones-, se dedica en cuerpo y alma a hacer coros amables al solo que canta el Poder. Los cuatro desgraciados que desafinamos en ese concierto -¿he escrito cuatro? ¿No me habré pasado?- somos la excepción. La regla es la contraria.
Ocurre tres cuartos de lo mismo con los jueces. Dicen por ahí que «los jueces» están poniendo en aprietos al Gobierno. Díganme el nombre de esos jueces tan valientes. Hagamos una lista de ellos. Por cada uno de los que me señalen ustedes, les daré yo el nombre de otros cinco, de ringorrango igual o superior, que están dispuestos a sentenciar cuantas veces haga falta que González, González, González es cojonudo, como González no hay ninguno, porque González les puede proporcionar un cargo vitalicio, si es que no se lo ha regalado ya. Y si González quiere que sea secreto que hoy es 12 de enero, la Sala o el Sala de turno dictará, muy solemnemente, que no es de Justicia revelar a los cuatro vientos que hoy es 12 de enero, porque eso podría contribuir a la victoria de los enemigos de España.
Qué jueces ni qué jueces: los críticos son un puñadico y el de la boina. Y los demás -me refiero a los que anidan en la cumbre-, buitres con el carnet en la boca.
Me lo decía anteayer el juez Joaquín Navarro, cuya prosa está mirando con lupa la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial, por si no fuera todo lo disciplinada que debería:
-No sabes cuánta gente hay que tiene callos en las manos y en las rodillas. En las rodillas, de arrodillarse, y en las manos, de aplaudir.
Pero sí lo sé. Los conozco bien. Los leo y oigo a diario. Hasta veo cómo ponen en lista de espera sus callosidades, por si dentro de dos meses hay cambio de amo y se impone hacer genuflexiones y batir palmas en una nueva dirección.
Reconozco que llamar a las cosas por su nombre puede resultar deprimente. Que anima mucho más imaginar que existe el famoso «cuarto poder», y que la Justicia vela para que el equilibrio de las instituciones nos proteja finalmente de la arbitrariedad. Pero no es verdad: ellos lo dominan prácticamente todo. Y -pequeños accidentes de recorrido al margen- se preparan para dominarlo aún más. Y aún mejor.
El ruido de fondo que ensordece esta sociedad proviene de un disco rayado. De un disco producido por un sello inconfundible: La Voz de Su Amo.
Javier Ortiz. El Mundo (12 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/12 07:00:00 GMT+1
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1996/01/09 07:00:00 GMT+1
En enero de 1993, en vísperas de las anteriores elecciones generales, El Mundo puso en marcha una iniciativa sin precedentes dentro de la Prensa española: se propuso elaborar, con la colaboración de los miembros de su Consejo Editorial, de no pocos miembros de la Redacción del periódico, de expertos en diversas materias y, sobre todo, de sus lectores, un conjunto de propuestas cuya puesta en práctica permitiera mejorar sustancialmente nuestra realidad política, económica y social.
El proyecto, bautizado como 100 Propuestas para la Regeneración de España, movilizó a varios cientos de personas durante cuatro meses. El Mundo elaboró un temario inicial, los lectores aportaron un ingente número de sugerencias, el Consejo Editorial las examinó, la sección de Opinión del diario les dio forma e hizo una primera redacción de las 100 Propuestas, la dimos a conocer por entregas durante diez semanas, los lectores aportaron sus enmiendas a ese texto -recibimos más de mil- y, finalmente, el 21 de mayo de 1993, publicamos el texto definitivo.
Han pasado tres años. Con la distancia que proporciona el tiempo transcurrido, estamos en condiciones de afirmar que aquella iniciativa constituyó un gran acierto. Por diversas razones.
Es cierto que ningún partido asumió el contenido de nuestras 100 Propuestas, razón por la cual El Mundo no pidió a sus lectores que apoyaran ninguna candidatura concreta en las elecciones de junio de 1993. Pero no menos cierto es que algunas de las medidas que patrocinamos -o, si se prefiere, las inquietudes sociales que reflejamos en ellas- sí fueron tenidas en cuenta. Se han introducido reformas legales destinadas a impedir la financiación ilegal de los partidos, el tráfico de influencias y la corrupción política. Se ha abolido la pena de muerte incluso para tiempos de guerra. Se ha abierto el paso a la instauración del Jurado. Está sobre el tapete la reforma del Senado para convertirlo más claramente en cámara de representación territorial. Han sido suprimidos los ministerios del Portavoz del Gobierno y de Relaciones con las Cortes. Se puso coto a las excursiones anticonstitucionales de la Ley de Seguridad Ciudadana. Se ha avanzado en la equiparación legal de las parejas de hecho. Se ha reformado -aunque, a nuestro juicio, poco y mal- la legislación referente a la insumisión. Algo semejante cabe decir en lo tocante a la eutanasia...
Nuestras 100 Propuestas han contribuido igualmente a poner sobre el tapete discusiones sobre asuntos que hace tres años parecían tabúes: por ejemplo, la necesidad de reformar la legislación electoral, para evitar el creciente distanciamiento entre la llamada «clase política» y la opinión pública, o la urgencia de replantearse el modelo de organización territorial del Estado. En ninguno de estos dos terrenos se ha llegado aún a nada práctico, pero cada vez son más las voces que reclaman que esos dos problemas se apunten inaplazablemente en el orden del día de nuestra vida política.
Tampoco podemos pasar por alto que muchas otras de nuestras 100 Propuestas, aunque hayan sido desconsideradas por la mayoría parlamentaria de la pasada legislatura, han sido asumidas en una u otra medida por los partidos de la oposición, lo que impide afirmar que han caído por entero en saco roto.
En todo caso, las 100 Propuestas tienen un valor suplementario al que El Mundo atribuye gran importancia: suponen también un contrato que el periódico establece con sus lectores. Nuestras 100 Propuestas representaron la firma de un compromiso explícito y firme para la defensa de un ideario que no está a expensas de los intereses y vaivenes coyunturales del día a día. Frente a quienes -como el ladrón que grita «¡Al ladrón!»- gustan de reprochar a los demás su carencia de principios, El Mundo puso su firma debajo de una declaración de principios en cien puntos, comprometiéndose a defenderla fielmente cada día en los kioscos. Y lo ha hecho.
Afrontamos ahora la cita de un nuevo compromiso electoral. Y hemos considerado que esa cita nos proporcionaba una ocasión propicia para repasar y actualizar el contenido de nuestras 100 Propuestas para la Regeneración de España, tanto más cuanto que, en vísperas de un nuevo 98, los ideales regeneracionistas merecen ser remozados. Seguiremos para ello el mismo procedimiento de hace tres años, reclamando la cooperación activa de nuestros lectores. Vamos a pasar por el cedazo de la actualidad lo que pusimos en 1993 sobre el tapete, examinando qué debemos seguir reivindicando tal cual, qué nuevas iniciativas debemos proponer en consonancia con realidades que son nuevas, qué ya se ha visto felizmente cumplido y qué, desgraciadamente, no vale la pena seguir aireando, porque ya se ha vuelto imposible.
A partir de hoy, El Mundo invita a sus lectores a que le hagan llegar sus sugerencias para nuevas propuestas, pasando revista al temario que figura como recuadro junto a estas líneas. Y, a partir de la próxima semana, iremos publicando el proyecto actualizado de redacción de las 100 Propuestas, de modo que los lectores puedan enviarnos sus enmiendas, que examinaremos de cara a la redacción del nuevo texto.
Como hace tres años, entregaremos el producto de este trabajo colectivo al conjunto de las candidaturas que se presenten a las elecciones del 3 de marzo. Con la misma modesta intención: dejando claro que no se trata de un programa electoral y sentando que no creemos tener solución para todos los males que nos aquejan. Nos limitaremos a darles cien ideas, elaboradas sin ningún afán partidista, para que reflexionen sobre ellas y las hagan suyas en la medida en que las consideren de interés y de aplicación.
En todo caso, El Mundo sí las hará suyas.
En dos sentidos.
En primer lugar, serán el prisma desde el que miraremos cada una de las candidaturas: tanto más se aproximen o alejen del sentido de nuestras propuestas, tanto más invitaremos a respaldarlas o rechazarlas.
En segundo término, nuestras 100 Propuestas reafirmarán y resituarán el compromiso ideológico con nuestros lectores que ya suscribimos hace tres años.
Las nuevas 100 Propuestas fijarán las ideas clave a las que la línea editorial de El Mundo será fiel a lo largo de toda la próxima legislatura. Sea quien sea quien venza en las elecciones. Sea quien sea quien forme finalmente Gobierno. Porque lo que buscamos no se materializa ni en personas ni en siglas, sino en en soluciones.
Javier Ortiz. El Mundo (9 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de enero de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/09 07:00:00 GMT+1
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1996/01/07 08:00:00 GMT+2
Autismo.- Fieles a nuestra misión histórica de instruir deleitando -porque nosotros instruimos más y con más juicio que todos los jueces instructores juntos-, henos aquí, tras breve pausa vacante, prestos a iluminar nuevamente con las luces de la sabiduría los más complejos eventos sociales y políticos. Tal los Reyes Magos.
Empecemos por señalar que lo de los Magos, como suceso histórico, tiene muy mala pinta. Sólo se cita su hipotética visita adoratriz en el Evangelio de Mateo (Mt. 2), que por lo demás no dice que fueran tres, y menos que se llamaran Melchor, Gaspar y Baltasar. Igualmente es dudosísimo que uno pudiera ser negro, porque los llamados «magos» (del iranio mog, sabio) eran astrólogos y sacerdotes de Zaratustra, según se entra en Mesopotamia a mano derecha. En fin, tampoco podían ser reyes, porque los reyes se dedicaban a gobernar, no al culto. «Rey» y «culto» son, salvo raras excepciones históricas, términos antitéticos.
Tenemos constancia escrita de la presencia en España de la tradición de los Reyes Magos ya en la segunda mitad del siglo XII, época a la que se remonta el Auto de los Reyes Magos, que es la más antigua muestra teatral en castellano que se conserva. Está escrita en una forma dialectal toledana, probablemente para fardar. Su autor o era autista -cosa probable, puesto que escribía autos- o se dedicaba a la política, porque en la obra todo son monólogos.
Auto de los Reyes Vagos.- De nuestro tiempo es el Auto de los Reyes Vagos. Se parece al original en que sus protagonistas no son reyes, sino astrólogos: nos hacen ver las estrellas. Se dedican también a sembrar ilusión en las mentes infantiles. A cambio, son vagos como ellos solos, pero no por ociosos -ojalá lo fueran- sino por difusos.
El rey Felipe.- Es el que lleva el oro. En realidad, todo lo suyo es aúreo. Conserva su cargo como oro en paño. Ha ayudado a sus amigos a hacerse de oro. Su amor por el oro está por encima de todo prejuicio. Por ejemplo, del racismo: participó entusiásticamente en la Guerra del Golfo a pesar de que lo que allí se trataba de proteger era oro negro y es capaz de prometer el oro y el moro. El mismo es como el oro: dúctil, maleable y amarillo.
Ya se sabe que en ciertos juegos de naipes a los oros se les llama «velos». La gran capacidad del rey Felipe para taparlo todo hace que deba ser considerado a la vez como rey de oros y rey de velos.
El rey Aznar.- Es el que lleva el incienso. El incienso es una gomorresina aromática que empezó a usarse en las ceremonias de exorcismo para tapar el supuesto hedor que dejaba el diablo al salir de los cuerpos de los endemoniados (aunque nosotros, de natural incrédulo, nos tememos que el hedor no lo producía exactamente el diablo). El rey Aznar acude a escena con mucho incienso, prometiendo que sus aromas -no exactamente de Montserrat- cubrirán los malos olores dejados por el rey Felipe. Francamente, preferiríamos que la opción no fuera entre el pestazo a labanda de GAL del uno y el incienso eclesial del otro.
El rey Anguita.- Aporta la mirra, que es otra gomorresina, ésta de origen árabe. La mirra, como el rey que la lleva, es amarga, roja, frágil, brillante y semitransparente, y se presenta en forma de lágrimas. Sus propiedades estimulantes hacen que pueda considerarse estupefaciente, lo que explica que fuera transportada en camello. Algunas mentes retorcidas se preguntan qué pudo hacer la Virgen María con este producto (y, ya de paso, cómo se libró del juez Bueren). La lectura atenta de los Evangelios (Marcos, 15, 23) permite comprobar que fue una mezcla de mirra y vino lo que le dieron a Cristo cuando estaba en la cruz para que sobrellevara los dolores del sacrificio. El rey Anguita también pretende que su producto es bueno para mitigar los sufrimientos de nuestro calvario, pero no parece tampoco que sea capaz de librarnos de la cruz.
Adivinanza.- ¿Por qué los militares celebran su festividad el día de los Reyes Magos? Solución A: por su afición a los juguetes. Solución B: porque les encanta hacer la Pascua.
Javier Ortiz. El Mundo (7 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de septiembre de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/07 08:00:00 GMT+2
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1996/01/06 07:00:00 GMT+1
EL ex líder de los felipistas vizcaínos, Ricardo García Damborenea, está también del lado de Pepe Barrionuevo. A lo que se ve, si no acudió a la muy famosa cena-homenaje fue sólo por razones estéticas: quizá algunos comensales no habrían entendido su gesto. Pero, en cuanto al fondo, tiene las cosas clarísimas, y así se lo hizo saber al juez Móner: él le guarda hondo reconocimiento a Pepe Barrionuevo porque «dio la vuelta a las cosas», y además, de no ser por Pepe, lo mismo él no estaría hoy vivo. Diverge con el ex ministro del Interior en un solo punto, que no se refiere además a los líos de los GAL, sino a los de ahora. Él cree que ha llegado el momento de decir bien alto: «Pues sí señor, fuimos nosotros, y a mucha honra», en tanto que Pepe prefiere mantener el pico cerrado.
Ricardo García Damborenea -Dambo, que le decían- es un acabado especialista en la práctica de eso que se conoce como «el abrazo del oso». Sostienen los rusos que es peligrosísimo hacerse amigo de un oso, porque el animal se encariña contigo, se empeña en demostrarte su afecto, te da un abrazo entusiástico y te parte el espinazo. Dambo -cuya apariencia física está lejos de desaconsejar el símil- dio anteayer a Barrionuevo un abrazo terrible. Móner anotó que ambos mostraron igual firmeza. Pero se refería exclusivamente al aspecto exterior de los careados. Las lesiones que el abrazo de Dambo produjo en Barrionuevo son internas.
Como es de sobra conocido, los síntomas visibles de las lesiones internas graves suelen ser a menudo muy poco aparatosos: pequeños mareos, ligeros vómitos, pérdida momentánea de ciertos sentidos... Tras el enérgico abrazo de Dambo, Barrionuevo dio muestra inmediata de uno de estos síntomas: perdió por un instante sus inmutables esquemas y admitió que era verdad que había estado en una reunión de planificación de la lucha antiterrorista con el propio Dambo, Vera, Benegas, Jaúregui y otros. En lugar de negar rotundamente que esa reunión se produjera jamás -como se apresuraron a hacer los otros presuntos asistentes-, aceptó su existencia, conformándose con negar que sirviera para planificar acciones ilegales, lo que Dambo corroboró al punto (él sostiene que nada de lo que hicieron debe ser considerado ilegal, en la medida en que servía a los intereses superiores del Estado). Pero, al admitir que Dambo participaba allá por 1983 en cónclaves de ese género, al más alto nivel, el siempre calculador e imperturbable Pepe mandó al guano directamente la versión de los hechos en la que se refugia Felipe González, según la cual Dambo no puede saber qué se hizo o se dejó de hacer en aquellos años en las alturas del Poder, porque era un segundón y no se movía en ellas.
Pero también es verdad que caben otras posibilidades. Porque puede ser que el abrazo del oso sea el que le esté dando Pepe Barrionuevo a González. O el que le estén dando entre todos al juez Móner, que parece no saber qué hacer ya con tanta colaboración con la Justicia y tanta firmeza.
Javier Ortiz. El Mundo (6 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de enero de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/06 07:00:00 GMT+1
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