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1996/01/01 07:00:00 GMT+1

Demasiada luz, movimiento y noticias

"En la claridad absoluta no se ve nada", decía Hegel. Y tenía razón: la claridad absoluta es cegadora. El ojo humano sólo puede percibir los contornos y los volúmenes cuando las luces y las sombras se combinan y reparten el campo de visión.

El mismo criterio cabe aplicar a las noticias. El exceso de noticias de impacto embota la capacidad de sorpresa de los ciudadanos, que se quedan como el boxeador que ya ha recibido treinta puñetazos demoledores: insensible al treinta y uno. Pero, ¿qué puede hacer el periodista, si los hechos se producen?

Octubre de 1995 fue uno de esos periodos mareantes, de noticias en cascada. Y algunas casi verosímiles.

Como las joyas de Corcuera. ¡Un ministro, regalando joyas a las mujeres de sus más directos colaboradores a expensas de los fondos reservados! Aún más increíbles sus explicaciones: le parecía más correcto no agasajar directamente a los funcionarios. Todo un prodigio de tacto.

¿Y qué no decir del viaje en F-18 de Borrell? Otro experto en coartadas: dijo que quería ver las Hoces de Cabriel desde arriba. A velocidad de F-18, tuvo que verlas... y no verlas. Un vistazo que costó un millón de pesetas.

El juez Moreiras se superó a sí mismo ordenando la detención de Mario Conde y poniéndolo en libertad pocas horas después, una vez que el banquero le juró que él no había sido. Portentoso. Casi tanto como la sentencia del juez de Pontevedra que dictaminó que la ausencia de amor no es causa bastante para el divorcio.

A las nuevas llamativas, se unieron otras terribles: la aparición del cadáver de Anabel Segura -¿creen ustedes que la conmoción pública hubiera sido la misma si la asesinada hubiera sido una gitanilla feucha?-, la muerte de David Martín, apaleado en Arganda por una banda de fascistas rapados, o la barbaridad -de barbarus, extranjero- del apaleamiento de inmigrantes en Ceuta.

O.J. Simpson era absuelto, cientos de miles de afroamericanos se congregaban en Washington reivindicando derechos y reveses, Indurain y Olano se repartían medallas mundiales y Willy Claes, secretario general de la OTAN, era procesado por corrupción, para que Solana pudiera ir soñando con su huida. Entretanto, la troupe felipista proseguía a marchas forzadas su agonía. El fiscal acusaba a dirigentes del PSOE por lo de Filesa, se descubría la trama del GAL navarro, el Parlamento rechazaba el proyecto de Presupuestos y Móner pedía el suplicatorio para Barrionuevo que se declaró presto a ir a la hoguera.

Lo dicho: demasiadas noticias, demasiada luz como para ver claro. Demasiado movimiento como para no marearse.

Javier Ortiz. Anuario, mes de octubre,  El Mundo (1 de enero de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de enero de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/01/01 07:00:00 GMT+1
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1995/12/30 07:00:00 GMT+1

El vértigo

Vivía en un bajo y mirar a la calle le producía vértigo. Sentía vértigo al acercarse a las esquinas, y vértigo al mirar el calendario, y un enorme vértigo ante el plato vacío antes de comer, y doble vértigo ante los ojos que se posaban en él sin su permiso. Y sufría vértigo antes de dormir, y vértigo al despertarse.

-Dios, no he muerto. Habré de seguir viviendo todavía -musitaba. Y el vértigo se le hacía una bola con el llanto.

Pero sentía también un vértigo mortal ante la muerte.

Le daba vértigo hablar, por terror a que sus palabras se despeñaran y rompieran en el vacío, y vértigo guardar silencio, por si los demás esperaban algo de su boca, y su boca no lo daba, y volvían contra él su enojo.

Sufría vértigo ante las caricias que no recibía, y vértigo ante las caricias por sorpresa, y vértigo ante la indiferencia, y vértigo ante el mero amago de un gesto de cariño.

No era sólo miedo: era vértigo. La cabeza le daba vueltas, la sentía rotar, le zumbaba el cerebro, le vacilaba el paso, le asaltaba el sudor frío. Y las arcadas: esas arcadas constantes, impredecibles, súbitas, vergonzosas. En cada encrucijada, el vértigo. Ante cada decisión, el vértigo. El vértigo a cada paso.

No siempre había sido así. Recordaba añorante los tiempos en que él era aún él, uno entre tantos, y las cosas, cosas -no amenazas-, y la personas, sólo personas -y no riesgos-.

Evocaba en particular los momentos en los que hubo quien le dio compañía. Y la risa: cómo echaba de menos su preciada risa, ahora perdida para siempre.

Nada de eso quedaba. Se esfumó aquel ya lejano día en que soñó que vagaba perdido bajo una gran tormenta, y que la gran tormenta descargaba sobre él un rayo, y el rayo lo fulminaba y lo abrasaba por dentro. Sólo por dentro.

Despertó y notó que, de repente, había adquirido un extraño don: el de percibir nítidamente todos los riesgos. Todos. Los escondidos en cada objeto. Los agazapados detrás de cada acción humana. Todos. A todas horas. En masa.

Pesada carga, insoportable. No le era dado predecir qué peligros se volverían desgracia: sólo advertir las amenazas. Notaba de inmediato qué podía romperse, qué caerse, qué herir. Veía que los frenos podían fallar y el balcón hundirse, que la aorta estallar, que el amor trocarse en odio, que la tolerancia en furia homicida.

La mayor parte de las veces no ocurría nada de eso. Casi nunca ocurría nada de eso. Pero él veía, sabía a ciencia cierta que el peligro existía. Y la angustia le vencía. Y se le volvía vértigo.

El último amigo que le visitó, hace ya tantos años, le recomendó que acudiera cuanto antes a un psiquiatra.

-Así no puedes vivir -le dijo.

-Lo sé -respondió él-. Sé bien que vivir es cegarse al riesgo, volver la espalda a la amenaza, creerse a salvo, no vacilar hasta caerse. ¡Si supieras cuánto envidio vuestra inconsciencia! Pero yo estoy condenado a soportar la verdad.

Y se estremeció de vértigo.

Javier Ortiz. El Mundo (30 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de diciembre de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/30 07:00:00 GMT+1
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1995/12/23 07:00:00 GMT+1

Ferraz-Sade

"Teatro dentro del teatro", escribió el editorialista de El Mundo el pasado lunes, nada más que -lo sé de muy buena tinta- para sacar provecho de su reciente lectura de Hamlet. Le fascinó la representación que Shakespeare monta dentro de la representación misma y quería comunicárselo a la ciudad y el orbe.

Pero lo ocurrido en la Ejecutiva del PSOE el pasado lunes, con segunda versión ayer en la reunión del Comité Federal, no tiene nada que ver con el drama íntimo del príncipe de Dinamarca. Hamlet sufría porque había jurado castigar a los asesinos. No es propiamente el caso.

Puestos a hablar de teatro dentro del teatro, lo de Felipe González y su cohorte se emparenta mucho más con la trama de otra pieza: La persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, escenificada por los enfermos del sanatorio de Charenton bajo la dirección del marqués de Sade, de Peter Weiss, obra que -por muy comprensibles razones de economía- es conocida como Marat-Sade.

En la obra de Weiss, los actores representan que son locos -y enfermeros- de un manicomio francés, que están representando a su vez una obra en la que hacen de personajes de la Revolución Francesa. Lo hacen por incitación de Sade, que también está recluido en el sanatorio mental y que es quien dirige los hilos de la trama.

El programa doble que se ha exhibido estos días en el escenario de Ferraz tiene notables semejanzas con la obra de Peter Weiss. Para empezar, ha sido representado por gentes que tampoco parecen estar muy en sus cabales. En segundo lugar, ellos también fingen que son personajes históricos, de verbo inflamado y corazón henchido de nobles propósitos de cambio social. El conjunto de la representación está dirigido igualmente por un tipo que, al igual que Donaciano Sade, alterna momentos de espantable lucidez con otros en los que la mente se le hunde en los infiernos de una notable paranoia que él -bondadoso consigo mismo- califica de «ciclotimia».

La similitud de este Ferraz-Sade con la obra de Weiss llega más lejos. Porque esos individuos que parecen locos y deambulan por la escena política lanzando gritos y soflamas grandilocuentes también son, como en Marat-Sade, actores que cobran por hacer su papel.

Marat-Sade es una obra muy difícil de representar. Peter Brook llevó al cine en 1967 una versión estremecedora. Marsillach la puso en castellano con mucho éxito.

La calidad de la representación de Ferraz-Sade está por determinar. En marzo sabremos qué parte del público la considera convincente.

A mí la puesta en escena me pareció aburrida. Pero quizá es que he visto la obra demasiadas veces.

Javier Ortiz. El Mundo (23 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de enero de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/23 07:00:00 GMT+1
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1995/12/17 08:00:00 GMT+2

La fortaleza europea

Castillología.- La Cumbre de Madrid -que, en contra de lo que se suponía, no está en la Sierra de Guadarrama, sino en el parque ferial «Juan Carlos I»- ha sido, según dicen, «expresión de la fortaleza europea».

La fortaleza europea es un castillo en el que se parapetan los ricos del viejo continente para evitar que los pobres pedigüeños y menesterosos foráneos les incordien.

El rico más rico de la fortaleza es el Gran Marco, padre de la princesa Khol. El Gran Marco manda sobre los catorce barones de su feudo y les dicta los acuerdos que deben firmar: ésa es precisamente la razón por la que suele hablarse de «acuerdos-Marco».

Descripción de la fortaleza.- La fortaleza europea está protegida en su exterior en parte por una fosa de pobreza, en otra parte por un hondo brazo de agua llamado Mediterráneo o «Mare Nostrum y de la VI Flota», y en otra parte por un Telón de Acero que los muy tontos del otro lado se pensaban que habían puesto ellos.

La entrada sur -la más asediada- se controla desde una torre amurallada denominada «Hispania», protegida por unos simpáticos soldados que visten de verde, llevan una especie de máquina de escribir negra en la cabeza y se camuflan haciéndose llamar «civiles». Se les encarga de esta misión porque algunos de ellos, procedentes del mítico Intxaurrondo, son maestros en empalizadas. Las ladroneras están controladas por la empresa privada «Rubio y Roldán, SL».

Dentro de estos recintos se halla la ciudadela, habitada por el Tercer Estado de los Quince Estados y los Estados Unidos, que son, en total, un montón de Estados. El Tercer Estado es gaseoso; los otros Estados, sólidos. La liquidez se reserva para el estado de la cuestión monetaria.

El torreón o «torre del homenaje», también llamado «RFA», es el reducto principal y más protegido. La planta -que es regular, en contraste con los muros, que son buenos- es de Interior, porque la Europol todavía no está en marcha.

¿De qué hablan?.- El Gran Marco y sus barones se reúnen en el fuerte europeo para hablar de economía. Cosa razonable, porque la economía es su fuerte.

Allí deciden cosas muy sesudas, como por ejemplo el nombre de su moneda, que al fin han acordado que se llamará «euro».

¿Y por qué «euro»?.- Son las siglas de su organización: «Eurócratas Unidos que Roban Organizadamente».

¿Qué sabemos de la princesa Kohl?.- Que es muy rica: basta con mirarla para notar la cantidad de kilos que tiene. Sabemos también que en alemán su nombre quiere decir «berza». Lo cual le viene estupendamente a la fortaleza, porque en Centroeuropa la berza suele servirse como guarnición, y toda fortaleza necesita una guarnición.

Kohl ha llevado la voz cantante en la Cumbre de Madrid... Es la prueba irrefutable de que la Unión Europea está con la berza.

Pero la fortaleza es también una virtud cardinal...- Más que una virtud, en este caso es un punto cardinal: el Norte.

Se habla del peligro de que la unión monetaria se vaya a conseguir por la «vía prusiana».- Más en concreto por los métodos de Otto von Bismarck, antecesor de Kohl, que decía: «Una política no se abre paso con discursos, escarceos y canciones, sino a sangre y fuego». (Discurso al Parlamento de Prusia, 28-I-1886).

¿Se abrirá paso Kohl «a sangre y fuego»?.- No; no le hace falta. De momento todo el mundo se rinde ante sus marcos. ¿Para qué va a invertirlos en tanques?

¿Es cierto que Kohl le ha dicho a González que podría ser un magnífico líder democristiano?.- Sí, pero González le ha contestado que no puede ser, porque él es ateo.

¿Y qué ha respondido a eso Kohl?.- «Jamás me lo habría imaginado. Como te oigo decir amén sin parar...».

En la Cumbre de Madrid se le ha dado mucha importancia a las peticiones de ingreso en la UE de los Países de Europa Central y Oriental (PECOS)...- Eso revela cuán anticuados están. Que Los Pecos sean la estrella de la Cumbre...

Ayer mismo Bulgaria hizo su solicitud de ingreso.- Pero Kohl la mira mal. Dice que sería una bulgaridad.

¿Quién ha sido el dueño de la Cumbre?.- Kohl: es el único que ha estado realmente en cima.

¿Es verdad que la fortaleza europea está cada vez más alta?.- Sin duda. Lo suyo es ya más que un castillo: son muchos castillos. Pero en el aire.

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (17 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de septiembre de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/17 08:00:00 GMT+2
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1995/12/16 07:00:00 GMT+1

Perro mundo

La grey canina está pasando por momentos de terrible e injustificado desprestigio por culpa de los políticos de una u otra condición.

Las cosas empezaron ya mal cuando los radicales de mi tierra optaron por usar la palabra txakurra (perro) como sinónimo despectivo de policía. Pero ahora están yendo a peor: los del bando de enfrente se han puesto de acuerdo en llamar sistemáticamente «cachorros» a los críos de la Intifada abertzale y, para acabar de rematar la faena, sale Julio Anguita tras el atentado del lunes y afirma muy tajante que los terroristas son «una jauría de hijos de perra».

Me pregunto qué les habrán hecho los perros, las perras y sus crías para que los traten así, como arquetipos del mal.

Es una pérfida constante de la Humanidad. No hay idioma que no abuse de los perros para referirse a todas las maldades. El castellano se las pinta solo: humor de perros, noche de perros, coger la perra... Menos mal que los pobres bichos, por lo general la mar de fieles, nobles y resignados, no entienden nuestros insultos: de lo contrario, para rato nos iban a aguantar.

La especie humana sí que es perversa. No hay otra peor en el orbe. Sólo ella es capaz de sentir afán de destrucción masiva, sólo ella practica la tortura, sólo ella puede matar por placer. No digo que los demás animales sean una delicia. El reino animal es asaz repugnante, en general. Pero, dentro de él, los más animales somos los menos animales, o sea, los hombres.

Característica específicamente humana es la hipocresía. Los humanos hacemos perrerías que ningún perro haría y marranadas que ningún marrano cometería jamás y, a la vez, en plan beatífico, tenemos la santa jeró de reservar el adjetivo «humano» para los actos más elevados y caritativos. Si fuéramos medianamente sinceros y rigurosos, no llamaríamos «trato humano» al bondadoso -muchos animales son bondadosos- sino a la aplicación de electrodos en los genitales, por ejemplo, que es afán que no está al alcance de los bichos. Admitiríamos francamente que la del Enola Gay fue una misión humanísima, como lo fue la destrucción de Guernica -jamás se ha visto que los perros dejen caer bombas de fósforo sobre las ciudades-, lo mismo que el asedio a Sarajevo. La guerra bacteriológica es humanísima, al igual que el napalm y las balas dum-dum. Se trata de artificios estrictamente humanos, tan sólo imaginables y practicables por individuos de nuestra especie. Prohibir las armas inhumanas es un error. Son las armas humanas las que habría que prohibir.

Dijo Lamartine: «Cuanto más observo a los representantes del pueblo, más admiro a mi perro». Pero Lamartine -que también fue político- soltó eso para insultar a sus colegas. Con lo que, fingiendo piropear a su perro, lo ofendió: no se merecía la comparación.

En cuanto a mí, soy prudente en extremo: me fío mucho más de la clase canina que de la política, pero tampoco tengo perro.

Javier Ortiz. El Mundo (16 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/16 07:00:00 GMT+1
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1995/12/11 07:00:00 GMT+1

Contra el paro y la exclusión

Si usted es hombre y tiene entre 20 y 50 años, o si es mujer y está por debajo de los 40, y si cuenta con un empleo estable, y si además de eso no sufre ninguna discapacidad física ni tara ni defecto ni enfermedad visible, y si sus inclinaciones sexuales son convenientemente heterosexuales y debidamente estables, y si no le da al frasco más que a las horas y en las dosis adecuadas, y si carece de vicios reconocibles de cualquier suerte y condición, y si además es adecuadamente europeo(a) y sus papeles están en regla, entonces usted es una persona como Dios manda. Usted será recibido(a) en todas partes con una muy amable sonrisa, y los policías y guardias de seguridad no fijarán su mirada en usted en cuanto le vean aparecer, y nadie le pedirá la documentación por la calle -porque será evidente que la tiene en perfecto orden-, y los bancos le concederán créditos aunque no los haya pedido, y le dirán «Faltaría más», y le dirán «Usted primero», y le añadirán «Cuando usted quiera». Porque todos -desde el último policía al primer banco- notarán en seguida que usted es una persona como Dios manda. Alguien normal.

Lo malo es que en esta Europa de fin de siglo se está poniendo muy difícil ser normal. Porque basta con que uno sea demasiado joven, o demasiado viejo, o con que se mueva en una silla de ruedas, o con que tenga veinte kilos de más, o con que en vez de amar a Luisito se sepa que convive con Luisita en obvio pecado, o con que tenga otros vicios visibles, o con que cuente con una epidermis morena de fábrica, o con que sus papeles no estén demasiado en orden, para que, zas, le resulte prácticamente imposible encontrar un trabajo estable.

Con lo que el resto -o sea, la marginación, o sea, la exclusión- vendrá por añadidura.

Todo el mundo está de acuerdo en que el paro es una maldición terrible, la peor de esta civilización occidental que nos rodea. Algunos incluso admitirán que lo escrito arriba es indiscutible: que el paro es discriminatorio en su origen y causa de muchos otros males, tanto sociales como individuales.

Pero pocos parecen sentir deseos de pasar del lamento retórico al análisis. Porque el análisis obliga a reconocer que el paro masivo es un efecto inevitable del modelo económico vigente, capaz de aumentar más y más la producción de mercancías sin dejar por ello de destruir puestos de trabajo. Porque admitir eso equivale a asumir que quien da por bueno este modelo de economía se conforma con que -o lo que es lo mismo: ayuda a que- la tasa de infelicidad crezca irrefrenable entre nosotros.

Hoy llega a Madrid una marcha «contra el paro y la exclusión». Sus tres columnas se sumarán al «Foro Alternativo a la Cumbre Europea». Diversos grupos disconformes con la Europa anti-comunitaria van a dedicarse durante seis días a debatir sobre estos problemas, a pensar qué soluciones tienen. Si las tienen.

Entre tanto, los de la Cumbre planearán cómo perpetuarlos sin que eso les altere la digestión.

Javier Ortiz. El Mundo (11 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de diciembre de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/11 07:00:00 GMT+1
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1995/12/10 07:00:00 GMT+2

Gonzámlet, príncipe de Galamarca

Tragediología: Como es bien sabido, el argumento del Hamlet de William Shakespeare (La trágica historia de Hamlet, príncipe de Dinamarca) no es original. Las Historiæ Danicæ de Saxo Grammaticus ya ofrecieron, allá por el año 1200, una primera versión de la leyenda de Amlet (sic). Su historia fue retomada casi tres siglos después por François de Belleforest, y luego por un tal Thomas Kyd, del que se sabe que escribió un Hamlet anterior en unos años al de Shakespeare. Este puso a punto su tragedia poco antes de 1600. Ha sido necesario esperar otros tres siglos para que aparezca una nueva versión: es La trágica historia de Gonzámlet, príncipe de Galamarca, que se representa en estos momentos en el escenario patrio con gran éxito de público y crítica.

Parecidos y diferencias: El punto esencial de la obra de Shakespeare, ausente en todas las versiones anteriores, es la terrible duda que atormenta al protagonista, fruto de su incapacidad para traducir en un simple acto la totalidad de sus muy complejas y encontradas reflexiones. Este aspecto se conserva en Gonzámlet. A cambio, la obra española varía en un punto clave: Gonzámlet no sufre por ninguna villanía que hayan hecho otros. En realidad tampoco sufre por las que ha cometido él. Su angustiosa duda es si debe continuar en Palacio o huir hasta que el recuerdo de sus desmanes se desvanezca.

Deudas literarias: Gonzámlet toma prestados numerosas situaciones y diálogos de la obra de Shakespeare. Así, la aparición de un espectro (en este caso, el de Pablo Iglesias), que pide venganza por los crímenes cometidos. También se conservan dos ideas clave, latentes en todo la obra de Shakespeare: que allí donde hay Poder hay conspiración, y que donde hay sed de Justicia hay fracaso.

En cuanto a los diálogos plagiados, he reparado en los siguientes, tomados tal cual de la obra de don Guillermo Shakespeare:

Dice Barnardo, personaje que en la versión española corresponde al juez Garzón: «¡Oh, háblame! Si es que conoces el destino de nuestro pueblo y puedes llegar a evitarlo, ¡háblame! Si escondiste riquezas de usura en el seno de la tierra... ¡háblame! ¡Detente!». (Parece que el autor español quería poner «¡Detente... o te detengo!», pero le hicieron ver que para eso necesitaba un suplicatorio).

Anota Horacio (Julio Anguita en la obra española): «Salió huyendo como alma culpable que teme comparecer». Pero no queda claro a quién se refiere.

Acto II, escena 3ª. Gonzámlet lee el Programa 2000. Entra Pérez Rubalcaba (Polonio) y le pregunta: «¿Qué estás leyendo, señor?». Gonzámlet contesta: «¡Palabras, palabras, palabras!».

En la obra de Shakespeare, Hamlet inquiere a Rosencrantz: «¿Qué noticias traes?». Y éste le contesta: «Ninguna, señor, excepto que el mundo es cada vez más honesto». A lo que Hamlet replica: «Entonces es que se acerca el Juicio Final».

En la obra española hay ligeras variaciones. Lo que Solana-Rosencrantz contesta es: «...excepto que El Mundo es cada vez más molesto». De ese modo se explica mejor que Gonzámlet se ponga a hablar del Juicio Final.

Curiosamente, en Gonzámlet no figura el inicio del celebérrimo monólogo «Ser o no ser...». A cambio sí lo que dice Hamlet algo después: «¡Ven, consumación, yo te deseo! ¡Morir, dormir, dormir, tal vez soñar...! ¡Ay, qué difícil!».

A Carmen Romero le toca recitar el lamento de Ofelia: «¡Flor y esperanza del Reino, espejo de la elegancia, modelo de gallardía, blanco de todas las miradas...! ¡Y todo arruinado!».

Pero el pasaje más importante que Gonzámlet plagia de Hamlet es el que da fin a la obra de Shakespeare. Anguita-Horacio recita: «Dejadme decir, a todos cuantos lo ignoren todavía, la forma en que todo esto acaeció. Tendréis así conocimiento de los actos de sangre, de infamia y contra natura, de las sospechas sin fundamento, de muertes fortuitas, de otras acaecidas por fuerza o consumadas con la astucia; y, como consecuencia de todo ello, de otras que por error se volvieron contra sus autores...».

Telón. El final de la obra española es, de todos modos, muy diferente al de la tragedia de Shakespeare. Gonzámlet se libra del castigo. Con la complicidad de cómicos y pregoneros, previamente sobornados, hace ver que sus felonías fueron meras travesuras, cuando no desinteresados servicios a la colectividad. Entonces corta tranquilamente la cabeza de Aznar-Laertes, la mete en una urna y cae, lentamente, el telón.

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (10 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de septiembre de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/10 07:00:00 GMT+2
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1995/12/09 07:00:00 GMT+1

Derechos biográficos

Se acaba de descubrir un curioso sistema de justificar a quienes mantienen -o protagonizan- posiciones políticas reaccionarias.

-Oiga, usted no tiene derecho a decir que Javier Solana se ha vuelto un carca de tomo y lomo, porque cuando Solana levantaba el puño contra la OTAN, usted no estaba en las mismas.

Me da a mí que lo lógico sería examinar si la OTAN es un tinglado que beneficia o perjudica a la Humanidad y, a partir de eso, sacar conclusiones. Porque si la OTAN es un engendro peligroso, Solana merecerá que se le ponga a parir, y lo de menos será que lo haga Agamenón o su porquero.

Con Felipe González pasa tres cuartos de lo mismo:

-¿Y con qué títulos se atreve usted a denunciar las tendencias autocráticas del presidente del Gobierno? ¡Cómo se nota que usted no sufrió persecución durante la dictadura franquista!

Pero ¿da muestra González de esas tendencias o no? Y si las da, ¿no es una necesidad criticarlas con dureza?

Lo más curioso del asunto es que los que argumentan así ocultan un dato fundamental: que ni Solana ni González, ni la gran mayoría de los dirigentes felipistas, se distinguieron por la radicalidad de su militancia antifranquista. Seguro que en el fondo de su corazón estaban muy en contra de la dictadura, pero tuvieron la prudencia de no transformar sus sentimientos en resistencia política práctica. Sólo los sacaban a relucir en charlitas de café y paseos por Europa, con lo que consiguieron escapar de la tortura y la cárcel. Una habilidad notable, sin duda, pero no demasiado heroica. Y, en todo caso, nada que les autorice a ponerse muy estrictos con las biografías de los demás.

No digo yo que los argumentos ad hominem y las alusiones a las trayectorias personales no vengan a cuento jamás. A veces lo del «quién te ha visto y quién te ve» resulta de lo más pertinente. Pero ese tipo de consideraciones nunca pueden suplir el análisis concreto de los argumentos que están sobre el tapete.

Por lo demás, el exacto recuerdo de los sufrimientos que causó la dictadura franquista -y sé de qué hablo- da una razón más para denostar a González y Solana.

A González, porque ofende a la memoria de los combatientes por la libertad que su Gobierno haya enlodado la democracia asociándola con el crimen de Estado y la corrupción.

Y a Solana, porque la memoria fiel nos obliga a recordar que la OTAN -en cuyo alto mando se sentaban hace 25 años el Portugal de Salazar y la dictadura turca- no movió ni un dedo en favor de quiénes eran torturados y padecían cárcel en España por luchar por la libertad.

No hace ninguna falta haber sido antifranquista para descubrir qué clase de gente es ésta. Pero haberlo sido -y seguir siéndolo todavía- ayuda bastante a percibirlo.

Hasta por el olor.

Javier Ortiz. El Mundo (9 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 26 de diciembre de 2012.

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1995/12/07 07:00:00 GMT+2

Las cadenas

España pasea sobre el largo puente. Bajo sus pies no corre el río de Heráclito, siempre indómito e imprevisible, sino el coplero de Jorge Manrique, rutinario y mortal. El mismo de hace cinco siglos, sólo que más sucio.

Desde la barandilla, las gentes miran indolentes cómo resbalan las aguas turbias que van a ahogarse al mar, que es el morir. A fuerza de verlas siempre ahí, a fuerza de convivir con su vieja pestilencia, las sienten familiares, y hasta bellas. Mientras las contemplan, hablan de fútbol, charlan de nada, brindan y beben. El porvenir es hermoso: pronto vendrán loterías, alfajores y panderetas para alegría del cuerpo electoral. Feliz Navidad, hermanos, que luego Dios dirá.

¿Quién tuvo alguna vez a esta recua por ingobernable y rebelde? Este pueblo no vive la Historia: transita por ella. La acompaña con palmas. Y cuando no, sestea.

Los pueblos no son rebeldes, pero algunos lo están de tanto en vez. Es el caso de nuestros vecinos de aquí arriba, esos «franchutes» que tanto desprecian bastantes españoles, sin duda porque son conscientes de la apabullante superioridad económica, cultural y moral que tenemos sobre ellos. Francia cuenta con un historial de revueltas impresionante. Unas, mayores; otras, de medio pelo -el celebérrimo 68-, y otras de andar por casa, como la que están viviendo ahora. Nosotros, sólo sumamos una repugnante carnicería de iniciativa militar y media docena de llantinas espantosas.

Este pueblo sólo pide al que lo maltrata que pague un precio: el de reírle los chistes. Y si el tirano se aviene, lo llama demócrata. Y si no, no le llama nada, no sea que se enfade.

¡Ay, esta España que aclama las cadenas, de finísimo paladar!

Javier Ortiz. El Mundo (7 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de septiembre de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/07 07:00:00 GMT+2
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1995/12/03 08:00:00 GMT+2

El candiNATO

Cinematografía: El candiNATO -film español ya rodado, pero en fase de montaje- tiene dos elementos en común con El candidato, cinta que Michael Ritchie rodó en 1972: ambas películas tratan de un candidato que va de modélico pero no lo es, razón por la cual logra su propósito, y ambas resultan francamente decepcionantes. El principal elemento diferencial entre ambas es que El candidato la protagonizó Robert Redford.

El film español narra las aventuras de un jesuita secularizado, Javier Sotana, que se ofrece como candidato. Como candidato ¿a qué? Ahí está la novedad: la suya es una candidatura a la carta. Está dispuesto a ser secretario general de la NATO u OTAN, presidente del Gobierno español e incluso, si su jefe se lo pide, bouc émissaire (expresión francesa de origen judío que suele traducirse al castellano por «chivo expiatorio», pero que literalmente significa «cabrón emisario»).

El candiNATO trata de jugar todas las cartas que puede, y acierta con la primera, que es la Carta Atlántica. La carta de candidato a presidente del Gobierno la envía por Correos, con lo que no llega a tiempo. Y de paso evita también hacer de chivo, lo que de todos modos le habría resultado imposible, porque el CESID se oponía tajantemente a que fuera espiatorio, haciéndole la competencia.

¿A las órdenes de quién actúa? A las del propio productor y distribuidor de la película: el gran Cesáreo González.

¿Tiene algún parentesco más el personaje de la película con Javier Solana? Sí. Son primos.

¿Era lógico que los tories británicos se opusieran a la candidatura de Solana a secretario general de la OTAN? En absoluto. Le acusaban de que en un pasado no muy lejano fue radicalmente hostil a la Alianza Atlántica. Pero eso, para empezar, es mentira: Solana es incapaz de ser radicalmente nada. En segundo lugar, ese criterio era absurdo: de aplicarlo, Pablo de Tarso jamás habría llegado a convertirse en San Pablo. Lo que había que determinar es si Javier Solana también se cayó del caballo en su particular camino de Damasco. Y es evidente que sí. Se cayó del caballo y vio, no la luz, sino las estrellas. Trece, en concreto: las doce de la Unión Europea y una más, que era la del emblema de la OTAN.

¿Qué es lo que la OTAN debe procurar en lo sucesivo? Que no vuelva a montar a caballo jamás. No vaya a ser que se caiga de nuevo, vea otra luz y se convierta al fundamentalismo islámico, por ejemplo. Sería verdaderamente terrible.

¿Qué lema va a hacer suyo a partir de ahora? «OTAN: de entrada, esto, y el resto, a plazos».

Hay gente que dice que, tal como se le ve a Solana ahora, da ganas de rellenarlo. Claro. Por lo hueco que está.

De todos modos, qué vueltas da la vida: de activo propagandista anti-OTAN a jefe de la Alianza Atlántica. Y de republicano a monárquico, y de socialista a defensor a ultranza del capitalismo, y de «¿Nuclear? No, gracias» a «¿Nuclear? Sí, hasta la familia».

Algunos ponen en duda su capacidad. Hacen mal. Según para qué, es capaz de todo.

...Y tiene la ventaja de que habla varios idiomas. Sí. Se puede afirmar de él lo mismo que algunos sostenían de su tío abuelo, Salvador de Madariaga: que puede decir tonterías en cinco idiomas.

Se asegura que va a ser un fiel servidor de los intereses norteamericanos. Calumnias. ¡Servidor él! ¡Pero si no sirve!

De todos modos, su nombramiento ha logrado un amplísimo consenso. ¡Y tanto! Con decir que no sólo lo han apoyado todos los responsables de la OTAN, sino también sus enemigos...

¿Es verdad que la gente anti-OTAN está muy ilusionada con su designación? Y cómo no. Esperan que deje el tinglado atlantista como dejó la Educación en España. A nada que despliegue sus potencialidades, Solana es perfectamente capaz de lograr el triunfo póstumo del Pacto de Varsovia.

Un diálogo:

UNO: «¡Qué acertado es llamar a Solana "la sonrisa del felipismo"!».

OTRO: «Pues algunos de sus colaboradores dicen que en privado no es nada simpático».

EL PRIMERO: «Por eso digo que la suya es una sonrisa perfectamente felipista: ¡es falsa!».

Mensaje personal a Solana: Que estas maldades no te amarguen en el día de tu santo patrón, colombroño. Hoy es San Francisco Javier y primer domingo de Adviento: ¡puedes irte para Bruselas con Adviento fresco!

Javier Ortiz. Zooilógico, El Mundo (3 de diciembre de 1995). Subido a "Desde Jamaica" el 21 de septiembre de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1995/12/03 08:00:00 GMT+2
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