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1996/06/15 07:00:00 GMT+2

El futuro está en el pasado

Los tomates ya no saben a tomate. La mayoría tienen desde hace años un gusto indefinible, que deambula entre el ketchup, el plástico y la nada. Me cuentan que en California, gracias a la manipulación genética, han conseguido crear un género de tomates que no son redondos, sino cuadrados. Gracias a ese invento, desperdician menos espacio al embalarlos. Me lo creo.

Tampoco los melocotones saben ya a melocotón. Los ve uno en el puesto del mercado, aterciopelados, inmaculados, rutilantes, se los lleva para casa y, cuando les hinca el diente, ñaca: un asco. Estoy seguro de que los fabricantes de zumos de melocotón no les añaden extractos químicos para hacer trampa, sino para que el líquido tenga sabor a melocotón, cosa que no consiguen con los melocotones.

Y así con todo. Hoy en día es imposible freir un filete: la carne despide tanta agua cuando se la deposita en la sartén que se pone a hervir espontáneamente. En Gran Bretaña tienen «vacas locas»; las nuestras se ve que están ahogadas.

Y qué decir del vino. Hace años me contaron que, sintiéndose en las puertas de la muerte, un fabricante de vinos -de vinos de prestigio, con su denominación de origen y todo- llamó a sus vástagos para darles cuenta de su última voluntad: «Hijos míos -les dijo en plan solemne-: no olvidéis nunca que el vino también se puede hacer con uva».

No dudo de que todos esos comestibles y bebestibles estén sanísimos. Doy por hecho que la leche de ahora es la mar de buena desde el punto de vista sanitario. De lo que me quejo es de que no sabe a leche. Tal vez incluso fuera correcto afirmar que ya ni siquiera es leche, leche-leche, en sentido estricto: los elementos que las empresas lácteas quitan y/o añaden crean otra sustancia que, por lo menos de sabor, es cualitativamente diferente.

Tal los tomates, los melocotones, los filetes de vaca, el vino y la leche, tal la izquierda. Ya no es lo que era. Antes, se movilizaba y, lo que es más importante, movilizaba. Se oponía a lo existente. Mostraba que la realidad podía pensarse de otro modo, radicalmente diferente: sin dioses, reyes ni tribunos. Ahora, la mayoría de lo que se presenta como izquierda está tan preocupada en lograr que el déficit público y la inflación se atengan a los criterios de convergencia de Maastricht que ya no tiene tiempo para imaginar que todo podría ser distinto, o que al menos merecería serlo, y que si no se puede da igual: vale la pena perecer en el intento.

Me llaman para pedirme que me sume a un intento de apadrinar el surgimiento de una izquierda «que supere de una vez prepotencias y ayatolismos». «La izquierda del siglo XXI», me dicen. Pero cómo voy a apuntarme a semejante cosa. ¡El siglo XXI! Me asusta la marcha de la Historia. Siento horror del siglo XXI y de sus propagandistas. En la izquierda del siglo XXI no habrá ni izquierda ni derecha: todos seremos simplemente modernos.

La izquierda ya sólo tiene un futuro: está en el pasado.

Javier Ortiz. El Mundo (15 de junio de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de junio de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/06/15 07:00:00 GMT+2
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1996/06/14 07:00:00 GMT+1

Rebeldes de atrezzo

La experiencia me ha llevado a la conclusión de que el número real de despistados que puebla nuestro mundanal entorno es muy inferior al aparente.

Muchos que afectan un aire de despistados no son en realidad sino caraduras camuflados: se despistan siempre a costa de los demás. Su despiste les conduce a olvidarse de devolver lo que se les presta, o a dejar plantada a la gente en las citas, o a no acordarse de que hay que pagar el aperitivo tomado en común. Eventualmente adornan su afectación poniéndose calcetines de diferentes colores u olvidando las llaves del coche en la barra de la cafetería. Pero jamás se despistan en algo que les haga verdadero daño. Conozco a uno que se dejó a su bebé en el carrito del híper y no se dio cuenta hasta varias horas más tarde, y a otro que se le pasó acudir a su propia boda, y hasta a uno que se fue absorto del tanatorio sin reparar en que no era buena idea dejar el cadáver de su madre sin entierro, o sea, de cuerpo ausente. Pero, a cambio, no sé de ningún presunto despistado que se olvide de cobrar su sueldo. Y estoy seguro de que a ninguno de ellos se le iría tampoco el santo al cielo si Ariadna Gil o Silke le citaran para una cena íntima.

Lo mismo que con los supuestos despistados ocurre con la mayoría de quienes se revisten de un halo iconoclasta y bohemio. Es cosa frecuente entre los intelectuales, escribidores y artistas de este país. El uno será capaz de organizar un escándalo de aquí te espero pronunciando una conferencia en pelota picada, el otro podrá montar el pollo del siglo llamando a voces cretino al ministro sentado a su lado y el de más allá no dudará en declararse harto del mundo y presto a abandonarlo de un momento a otro descerrajándose un tiro en la sien. Pero pueden dar ustedes por seguro que, a la hora de cobrar, todos ellos actúan de modo pasmosamente convencional. ¿No han reparado en que ninguno de estos sedicentes iconoclastas indomables dirige nunca sus muy acerados dardos contra quien tiene la sagrada misión de añadir ceros a su cuenta corriente?

La mayoría de los que van de rebeldes e iconoclastas en nuestra actual vida pública son de opereta. Los unos se ganan la vida dando a los saraos de derecha un toque de izquierda, para que no les falte de nada, y los otros -¿o son los mismos?- dan fe pública de lo radicales que son mofándose de los vestidos de Loyola de Palacio y de la excrecencia capilar de Aznar.

Pero no nos escandalicemos. O, por lo menos, no particularmente. Corren tiempos blandengues, en todo y para todo. En un país en el que los líderes sindicales son abanderados de Maastricht, ¿por qué los intelectuales y artistas iban a combatir la Ley de Extranjería, el encubrimiento de los GAL o la uniformización informativa? Con colocarse de vez en cuando algún lacito en la solapa van que chutan.

Hubo un tiempo en el que se hablaba por aquí de las «fuerzas de la cultura». Ahora sólo cabe hacer recuento de sus debilidades.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de junio de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 12 de febrero de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/06/14 07:00:00 GMT+1
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1996/06/12 07:00:00 GMT+2

Más de lo mismo

No tengo ni pajolera idea de economía, pero algo me dice -debe ser mi fina intuición- que las medidas que está tomando el Gobierno de Aznar no nos van a encaminar, por lo menos no muy directamente, por la senda de la igualdad social. A los financieros y capitalistas se les ve la mar de contentos, y eso es escamante: a diferencia de muchas risas, la de estos caballeros no suele tener nada de contagiosa.

Oigo decir y repetir que, para que sea posible repartir la riqueza, primero tiene que haberla. Es un argumento muy simpático, que sólo presenta un inconveniente: olvida que hay otra condición necesaria para que sea posible repartir la riqueza: que quienes la controlan quieran repartirla. Y eso es lo malo: no suelen querer. La experiencia demuestra que, cuando la economía va a toda máquina, los propietarios apelan a la necesidad de reinvertir, expandir los negocios y acumular capital para no repartir sino lo imprescindible, y cuando vuelve la crisis, pues no necesitan apelar a nada, porque el asunto cae por su propio peso. De ahí que haga falta crear riqueza, desde luego, pero también forzar a los que la atesoran para que se vean obligados a soltar una parte. Y si el Gobierno no lo hace, para no frenar la creación de más y más riqueza, y si los líderes de los sindicatos se maniatan solos aceptando que hay que ceder en lo que sea para cumplir con las condiciones de la Unión Monetaria, pues entonces es razonable pensar que la expansión de la economía, en el caso de que se produzca -que ésa es otra-, vendrá muy bien a algunos pocos, y que los demás podremos darnos con un canto en los dientes si no nos va peor.

Me hace gracia escuchar a los capitostes felipistas bramando contra las medidas económicas del PP. Lo que está haciendo el Gobierno de Aznar ahora no es cualitativamente diferente de lo que hicieron ellos hasta su derrota del 3-M. Responde a la misma lógica. Sencillamente, el PP, que tiene menos hipotecas, cuenta con toda una legislatura por delante antes de que nadie le pueda pasar factura electoral y está algo menos cerrilmente obsesionado por el monetarismo que Solchaga y los solchaguistas, aplica esa lógica con más desparpajo y más coherencia. Pero pretender vendernos como «alternativa socialdemócrata» y «de progreso» los dogmas monetaristas a los que se esclavizó el felipismo, y que le llevaron a vivir en perfecta simbiosis con la Banca y el capital especulativo, no pasa de ser una broma de mal gusto. Distintos perros con los mismos collares: vaya una alternativa ilusionante.

De modo que el panorama que se divisa es éste: los ricos van a contar con las mayores facilidades para ganar más, y quienes controlan los instrumentos que sirven para forzar una mejor redistribución de la riqueza -instrumentos políticos, sindicales, etc.- quizá hagan algo, pero probablemente no mucho, y probablemente sin muchas ganas, y probablemente mal.

O sea, como hasta ahora. Doble ración de lo mismo.

Javier Ortiz. El Mundo (12 de junio de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/06/12 07:00:00 GMT+2
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1996/06/08 07:00:00 GMT+1

Los entremeses saharauis

Lo he contado ya alguna vez, pero no aquí. Fue en 1976. Se cumplía un año del bochornoso Acuerdo de Madrid, por el que el Gobierno moribundo del moribundo Franco regaló el Sáhara Occidental a Hasán II. Con tan infausto motivo y con el PSOE como organizador, se celebró en Madrid una cena masiva para que, tras ella, los líderes de todos los partidos democráticos firmaran una solemne declaración de solidaridad con el Frente Polisario y de expreso reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática.

Mi memoria es malísima y se me desdibujan las circunstancias del ágape, pero hay un detalle que no se me ha olvidado: de primer plato sirvieron entremeses.

Recuerdo muy bien el detalle porque se me quedó grabado el gesto de horror que hizo uno de mis vecinos de mesa, saharaui, cuando le pusieron delante el plato, con sus inevitables lonchitas de jamón cocido y serrano, su rodajitas de chorizo y salchichón, etc. ¡Cerdo a un musulmán! ¡Qué oportunos los organizadores del PSOE, olvidando que los saharauis creyentes son mahometanos, y que la religión mahometana prohíbe tajantemente el consumo de carne de cerdo!

Los rostros de los representantes del Frente Polisario se nublaron y ya la tristeza nos acompañó hasta el final de la cena. Las encendidas proclamas de amor eterno que les dedicaron los oradores en los brindis finales, muy aplaudidas por el público, poco pudieron contra la evidencia de aquellos entremeses, auténtico acto fallido, inapelable augurio de lo que podía esperar el pueblo saharaui del PSOE si éste llegaba un día al Gobierno de Madrid.

La Historia ha demostrado que fueron aquellos entremeses, y no los discursos posteriores, los que proclamaron la verdad. En el mapa geoestratégico del norte de África que manejó Felipe González nadie pudo nunca disputar el lugar de honor a Hasán II, el ladrón del Sáhara. A lo largo de los trece años de felipismo, el Frente Polisario le ha pedido con infinita paciencia que cumpliera sus compromisos. No ha conseguido nada que no conociera ya en la cena de 1976: retórica y cerdo. Mucho cerdo.

Ahora la ONU, después de marear durante años a costa del referéndum de autodeterminación, ha tirado la toalla: los EE.UU. no quieren que nada desestabilice a su aliado del alma en el Magreb, y la ONU obedece una vez más a los dictados de Washington.

¿Qué quieren? ¿Que los líderes saharauis analicen lo poco que han obtenido defendiendo sus derechos por la vía del diálogo pacífico y que saquen conclusiones?

Esta mañana se celebra ante la sede de la ONU en Madrid una manifestación de apoyo al Sáhara. Los saharauis saben que, si en España no tienen un Gobierno que les apoye, cuentan a cambio con cientos de miles de amigos. Pero no basta con que lo sepan: hemos de demostrarlo. Porque su situación es desesperada. Nos necesitan.

Ya han recibido demasiadas coces de España. Y demasiado cerdo.

Javier Ortiz. El Mundo (8 de junio de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de febrero de 2013.

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1996/06/05 07:00:00 GMT+2

Son todos como Bossi

Gran preocupación: crece el número de italianos del norte que se apuntan a las tesis secesionistas de la Liga Norte. Reclaman la independencia de Padania, que es la denominación -inspirada en el nombre histórico de la vasta llanura del Po- que han elegido para el Estado que aspiran a formar con los territorios de arriba de la bota, desde la Umbria hasta los Alpes.

Mientras las tesis secesionistas de Umberto Bossi eran coreadas el pasado domingo por cincuenta mil fervorosos seguidores en Pontida, el presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro, proclamaba solemne ante el parlamento de Roma que Italia es «una e indivisible».

Ya veremos si es indivisible. A cambio, está claro que no es una.

Hay, al menos, dos Italias. Tal vez tres. La del norte posee una poderosa economía productiva. La del sur, por contra, es atrasada y pobre. Y luego está Roma, caso aparte. Los del norte se lamentan: alegan que les toca cargar casi en solitario con el pesado fardo del sur subsidiado y de la burocracia romana. Están hartos.

Una cosa es indudable: si la Padania constituyera un Estado independiente, no cabe duda de que entraría por la puerta grande en el club de los países ricos.

«¡Qué insolidarios!», dicen los demás italianos. «¡Qué banda de insolidarios!», corea la opinión pública de media Europa.

Me parece muy lógico que el independentismo padano repugne a los gobernantes de Roma y a quienes defienden la causa de la unidad italiana. Pero es pura hipocresía argumentar esa oposición apelando a la solidaridad de los ricos con los pobres.

¿Qué proponen los secesionistas padanos? Tan sólo aplicar las reglas que el Occidente desarrollado ha impuesto en todo el orbe. ¿Acaso el Norte rico no ha levantado un gran muro -mucho más que una frontera- para que ese enorme sur que llamamos Tercer Mundo no invada el espacio de su bienestar? ¿Con qué razón pueden criticar la actitud de los padanos quienes, como los que gobiernan en Roma, ni siquiera son capaces de ceder el 0,7% de su PIB para ayudar al desarrollo del Tercer Mundo?

El rechazo del independentismo padano no se apoya en ideales de solidaridad, sino en consideraciones nacionalistas. En efecto, sólo desde un criterio nacionalista italiano cabe defender a la vez: a) que Padania tiene el deber de compartir su riqueza con quienes habitan Lacio abajo; y b) que ese deber deja de ser exigible en cuanto se llega al cabo Passero, al sur de Sicilia.

Todos son nacionalistas. O, más exactamente, exclusivistas. Todos defienden de modo insolidario el espacio con el que se identifican. La Unión Europea es exclusivista con respecto a los pobres de Africa y del Este. El norte de Europa lo es con el sur. Los EEUU lo son con América Latina. El Gobierno de Roma tampoco se libra: para él, Italia está por encima de todo. Bossi actúa igual desde el espacio que siente como suyo: Padania.

Todos los ricos son Bossi.

Javier Ortiz. El Mundo (5 de junio de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/06/05 07:00:00 GMT+2
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1996/06/01 07:00:00 GMT+2

Miradas

La realidad es única. Los modos de mirarla -los modos de percibirla- son, por el contrario, infinitos.

Hay miradas propias y miradas estandarizadas, clónicas (cada vez más: las impone el ojo único de la televisión). Como hay miradas de rico y miradas de pobre (ya se sabe: el mundo exterior que se contempla desde el ventanal de una mansión es distinto al que se ve desde el ventanuco de una chabola: aquel sonríe; éste amenaza).

¿También nuestra propia mirada es variable, según el cómo y el cuándo? El pasado martes estaba en el periódico, en Madrid -otra capital del dolor, como la que Umbral ha recuperado de Paul Éluard-, y lo que veía era ese penoso guirigay que llamamos vida política. Escribí de lo que tenía frente a mí: de los GAL, como podía haber escrito de Conde -también lo hice, de pasada-, o de los papeles del CESID, o de la condecoración que Hasán II ha impuesto a Aznar (las hay a título póstumo: ésta es a título previo).

Hoy, en cambio, levanto la vista y contemplo el reflejo brillante del sol sobre el Mediterráneo, añil e indolente. Unos niños juegan sobre la arena en la playa semivacía. Me llega el olor del arroz que cuece en alguna paella vecina (distingo el aroma de la ñora). Por el paseo peatonal que acaricia el mar, dos viejos caminan despacio. Miran al suelo y hablan quedo. Otra pareja mayor -¿holandeses, daneses?- está sentada en la terraza del bar, junto a mí, los ojos entornados, sonriendo al sol.

He escuchado las noticias de la radio: me han contado que Israel está en un pañuelo que sirve lo mismo para recontar los votos que para secarse las lágrimas, y he sabido de la súbita transmigración del alma de Álvarez Cascos, ya inasequible al crimen de Estado, y he podido comprobar que los que no tienen el menor interés en creer a Roldán no creen en absoluto a Roldán. Pero es como si un cristal protector -blindado- me resguardara de esas realidades amargas: hoy la mía sólo sabe de salitre, sol y ñora.

¿Tanto ha podido cambiar mi mirada en cuatro días?

De pronto, un aparato musical de ambiente deja caer sobre el paseo de la playa las notas tristes del Story of Isaac, de Leonard Cohen, en versión de Suzanne Vega. Y pienso qué Dios terrible es el Dios de los judíos, nuestro Dios, capaz de ordenar a un padre el sacrificio de su hijo como prueba de fe. Y me digo que el camino que nos propone ese Dios, hecho a nuestra imagen y semejanza, no conduce al cielo del más allá, sino a los infiernos de este mundo.

Y vuelvo a mirar el mar, de azul violento. Ya nada es lo mismo. Ahora pienso qué futuro les espera a los niños que juegan en la playa. Y recuerdo que este mismo mar acaricia en su otro extremo la costa de Israel. Y la de Palestina. Y la de Bosnia, un poco más aquí. Y la de Marruecos, aún más cerca: ese Marruecos propiedad de Hasán, que nos condecora por dejarle aplastar al pacífico pueblo saharaui.

Me pregunté arriba si nuestra mirada cambia, según y cuándo. No. A través de todas las miradas, cada uno de nosotros sólo tiene, al final, una única mirada.

Javier Ortiz. El Mundo (1 de junio de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/06/01 07:00:00 GMT+2
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1996/05/29 07:00:00 GMT+2

Doce años después

Lo decís y lo repetís, y os confieso que me cuesta tomaros en serio: «¿A qué viene ponerse a hurgar ahora en unos hechos que sucedieron hace doce años?». Me hago cargo de que tanto los compañeros de viaje de González como los de Galindo estáis obligados a buscar como sea argumentos que justifiquen al uno y al otro. Tratáis de protegerlos para protegeros vosotros mismos. Pero el argumento de los doce años es demasiado. De veras.

Por fortuna, las hemerotecas existen. Y permiten demostrar que algunos, hace doce años, ya nos empeñamos en «hurgar» en esos malditos hechos. Y denunciamos la desaparición de Lasa y Zabala, y reclamamos que se investigara lo ocurrido, y apuntamos a los GAL, y manifestamos nuestra sospecha de que tras esas siglas se ocultaban ciertos servicios policiales.

¿Y qué pasó? Pues pasó que el PSOE de González, y la Alianza Popular de Manuel Fraga, y el PNV y CIU, todos a coro, se carcajearon en nuestras barbas. Y otro tanto hicieron la mayoría de los medios de comunicación que pretendían medrar -y medraron, vaya que sí- al amparo de cualquiera de esos partidos, o de varios de ellos a la vez. Con lo cual, no se hizo -no hicísteis- nada de nada.

Y ahora ponéis aire compungido, y os referís al «contexto» de hace doce años, y sostenéis que entonces «todo el mundo sabía», pero «nadie quiso decir nada». Mentira. No sabíamos. Para saber hay que tener pruebas, y nosotros no las teníamos, por desdicha. ¡Ah, si las hubiéramos tenido! Lo que sí es verdad es que todos o casi todos suponíamos. Sólo que vosotros supusísteis y callásteis. Nosotros supusimos y lo dijimos tan alto como pudimos. Pero nadie nos hizo caso.

A partir de lo cual, y mientras vosotros disfrutábais de las pingües rentas de vuestro silencio cómplice, nosotros continuamos en nuestros trece: unos recogiendo briznas de indicio y siguiendo remotas pistas, otros -¿cómo olvidar a Fernando Salas?- tratando de hacer valer esos datos ante los jueces, otros más -los de la opinión publicada- insistiendo sin desmayo en que los asesinos seguían libres y mandando.

¡Y ahora, cuando vuestro trabajo de concienzuda ocultación empieza a desmoronarse, nos venís con el cuento de que todo eso «sucedió hace mucho»! ¡Si sabremos nosotros hace cuánto! Somos perfectamente conscientes del paso del tiempo. Y de lo mucho que nos ha tocado soportar en su transcurso. Hemos sido acusados de todo: de cómplices de ETA, de desestabilizadores de la democracia, de agentes de las más variadas conspiraciones... A alguno de vosotros se le ha ocurrido la última: dice que hablamos de los GAL para proteger a Mario Conde. ¡Un señor cuya misma existencia ignorábamos cuando nos metimos a bregar contra el terrorismo de Estado y que, por lo demás, a la mayoría nos importa un bledo!

Han pasado más de doce años, sí. A veces es difícil demostrar que el crimen no compensa. Pero vale la pena.

Javier Ortiz. El Mundo (29 de mayo de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de mayo de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/05/29 07:00:00 GMT+2
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1996/05/25 07:00:00 GMT+1

El gremio del pero

Me volví a topar con él ayer, en un editorial de Prensa: «Los crímenes de ETA no justifican los de los GAL, pero...». ¡Ay, ese pero! Encierra más carga ideológica y dice más sobre el pensamiento real de quienes lo enarbolan que veinte voluminosos tratados.

Hay todo un gremio del pero. Sus integrantes son muy fácilmente identificables: viven pegados a ese pero. Son incapaces de prescindir de él. Cada vez que escuchan una condena de los crímenes de los GAL, se les dispara la grabación interna y saltan a toda velocidad: «Sí, pero...».

Curiosamente, este gremio -que ayer exhibió todas las variedades imaginables de peros- no es nada amigo de los peros en general. Lo habitual es que a sus asociados les hagan muy poca gracia otros peros. Suelen encantarles las oposiciones absolutas: bueno/malo, cierto/falso. Salvo cuando se trata de los GAL y otras sevicias presuntamente cometidas por servidores públicos: entonces su capacidad de apreciar matices, excusas y contextos se expande con voluntad de infinito.

Discutimos de los GAL, pero no discutimos de los GAL. Son dos concepciones del mundo las que en realidad se contraponen. Y son inconciliables. Una privilegia ciertos criterios: venganza, eficacia en la consecución de los fines, defensa del Estado. La otra concede más alto rango a otros principios: amparo de las libertades, vigilancia del Estado, legalidad.

Conforme a la primera, no cabe crítica de los GAL sin su pero: mataron, sí, pero ETA ha matado mucho más; en el cuartel de Intxaurrondo se hicieron cosas mal, vale, pero allí se planificó la captura de ciento veinte comandos; todo ciudadano, incluidos los presuntos terroristas, tiene derechos, cierto, pero ¿dónde están los derechos de las víctimas de los terroristas?; ha habido «guerra sucia», sin duda, pero en toda guerra se cometen excesos; tal vez algunos servidores del Estado hayan cometido graves abusos, pero hay que tener mucho cuidado para no desanimar a las Fuerzas de Seguridad... Y así, hasta el infinito.

Da igual que quienes esgrimen esta batería de peros admitan con carácter genérico que todo crimen merece castigo. Es pura retórica. Fijémonos en sus actos: jamás hacen nada para animar a que los culpables de los crímenes de los GAL sean realmente descubiertos y castigados; a cambio, contribuyen con inagotable entusiasmo a que la opinión pública se vuelva contra los fiscales y jueces que no se cruzan de brazos ante el crimen de Estado.

El gremio del pero no se da cuenta -no quiere darse cuenta- de que el peor crimen es el crimen de Estado. Porque se comete en nombre de todos y con los medios puestos por todos. Nos degrada a todos. ¿Habremos de ser menos severos con el bombero incendiario porque en el pasado haya apagado varios fuegos, o porque incendie con uniforme, o para no desanimar a los demás bomberos?

Frente a la catarata de peros, insistamos: no hay peros que valgan.

Javier Ortiz. El Mundo (25 de mayo de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de noviembre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/05/25 07:00:00 GMT+1
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1996/05/24 07:00:00 GMT+2

Carta abierta a José María Aznar

Señor presidente: Lleva usted veinte días en La Moncloa. No es mucho tiempo, desde luego. Sí el suficiente, con todo, para que haya dado muestra de algunas querencias que, si he de serle sincero, no me gustan nada.

En materia de nombramientos, por ejemplo. Ha puesto usted al frente de Radio Televisión Española a una señora que no tiene pajolera idea ni del periodismo, en general, ni del nido de buitres en el que se ha metido, en particular. Y en Cultura ha colocado a otra señora que, según me cuentan -lo mismo son infamias-, ha llegado a decir con candor digno de mejor causa que Saramago es uno de sus pintores favoritos. Lo de Eduardo Serra en Defensa tiene doble yerro: primero, porque no lo colocó usted, sino que se lo colocaron -y no insista en negarlo: usted y yo sabemos que don Eduardo no figuraba para nada en sus planes primeros-, y segundo porque quien fue mano derecha de don Narcís Serra no pudo pasar por tal puesto como el rayo de sol pasa por el cristal, sin tocarlo ni mancharse. Ya puestos a decirlo todo, tampoco me parece una idea genial, la verdad, colocar a doña Isabel Tocino de ministra de Medio Ambiente (¿está seguro de que, con las prisas, no confundió conservacionismo con conservadurismo?).

Los tímidos avances que está usted haciendo en materia de política económica también me tienen un tanto mosca. No es que me parezcan mal. No me parecen ni bien ni mal. No los entiendo, sencillamente. Les oigo decir que van a ahorrar mucho, pero como no sueltan prenda sobre las partidas en las que piensan meter la tijera, pues me quedo a dos velas.

Le digo que hay cosas que está usted haciendo -éstas son algunas; hay otras-, que veo y no me gustan, y usted me contestará que a usted qué narices le importa lo que piense o deje de pensar yo, y tendrá toda la razón: no tiene por qué importarle nada. A fin de cuentas, no me cuento entre los nueve millones y medio de electores que le dieron su apoyo. Lo extraño sería que, defendiendo criterios políticos tan distantes de los suyos, su acción de Gobierno me satisficiera. Uno, en su modestia, es un demócrata, y ya sabe que ha perdido en las urnas, y que usted tiene todo el derecho a hacer las cosas a su modo.

Tiene usted ese derecho, sí. Pero dentro de ciertos límites. Privatice todo lo que quiera, deje peladas las pensiones de los viejos, abarate los despidos, regale armas a Hassan para que sostenga su dictadura, nombre a El Fary director de la Orquesta Nacional: todo eso, por mal que me parezca, entra dentro de sus atribuciones.

Pero no proteja a los responsables de los GAL. No haga nada que ayude a esconder a los autores e inductores de aquellos crímenes. Porque, si lo hiciera, entonces se encontraría con que algunos, entre los que me cuento, ya no nos conformaríamos con disentir de su labor cuando se terciara, sino que nos impondríamos el deber moral de desenmascarar su papel de encubridor de una banda criminal.

Tenga clara, por favor, señor presidente, la frontera que separa lo que un gobernante puede hacer y lo que no puede hacer de ningún modo. Aunque el pasado reciente no le ayude a ello.

Javier Ortiz. El Mundo (24 de mayo de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de marzo de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/05/24 07:00:00 GMT+2
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1996/05/22 07:00:00 GMT+1

Ni cien días

Alientan los anglosajones la elegante costumbre de conceder cien días de plazo a quien llega a un cargo político, antes de empezar a enjuiciar su capacidad y atino.

No cuenta esa tradición con demasiados adictos en España. El celtíbero, por lo general indolente, es capaz de mostrar una inaudita diligencia cuando de lo que se trata es de murmurar contra un nuevo mandamás. Excepción hecha de quienes confían en que el recién investido tenga a bien ayudarles a repletar la faltriquera, lo más usual por aquí es que el personal -y muy especialmente el personal de mi ramo- bufe de impaciencia, deseando que el nuevo preboste confirme lo antes posible que es un canalla, o un imbécil, o ambas cosas, tras de lo cual ya puede ponerlo convenientemente a caldo.

Me había prometido a mí mismo que en esta ocasión no incurriría en tan fea costumbre. Así que, para prevenirme contra ella, inicié el 3 de marzo una campaña personal de acopio de intenciones pías. Me he venido repitiendo desde entonces a diario que, por una vez en mi vida -y así fuera solo para constatar los efectos del experimento sobre mi sistema neurológico-, iba a conceder a los nuevos gobernantes el famoso plazo de cien días. Estaba dispuesto a tratarlos con elegancia, en suma.

Pero es que no se dejan.

Era mi deseo concederles el beneficio de la duda por un tiempo, pero hay cosas a las que no cabe poner plazo. La decencia, por ejemplo, no es aplazable.

El Gobierno de Aznar, que ya ha impedido que se constituya en el Parlamento una comisión de investigación sobre los GAL, va a negar a los jueces los papeles del CESID. No ha tomado todavía la decisión firme, pero todo lo que está avanzando al respecto apunta en esa dirección.

Expondré el razonamiento que me hago a partir de ello.

Premisa primera: Aznar dice que no puede favorecer una comisión de investigación acerca de los GAL porque no es correcto que un Gobierno se dedique a investigar a su antecesor. Con lo que admite implícitamente que sabe que los GAL fueron cosa de su antecesor.

Segunda premisa: Aznar sabe también que la desclasificación de los papeles del CESID es clave para que la Justicia pueda castigar los crímenes de los GAL. Como sabe que en esos papeles no hay nada que afecte a la seguridad nacional (de hecho, hasta 1991 ni siquiera tuvieron categoría de secretos).

Conclusión: Aznar sabe que, si no desclasifica los papeles del CESID, impedirá -o, al menos, dificultará gravemente- el castigo de los crímenes de los GAL.

Pues bien: el artículo 451 del nuevo Código Penal deja muy claro cómo hay que juzgar la actuación de quien, teniendo conocimiento de un delito, ayuda con abuso de su función pública a que los presuntos responsables eludan la investigación de la autoridad. Lo considera delito de encubrimiento.

Eso dice la Ley. La ética reserva otros nombres para quien actúa así. Y no le hace falta esperar cien días para encontrarlos.

Javier Ortiz. El Mundo (22 de mayo de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de marzo de 2013.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/05/22 07:00:00 GMT+1
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