Inicio | Textos de Ortiz | Voces amigas

1996/12/28 20:00:00 GMT+1

25 años de periodismo militante

Hace unos días, me escribía una joven lectora preguntándome por qué en la breve nota biográfica que he incluido en esta web no cito los años en que fui director de los sucesivos periódicos del Movimiento Comunista (MC). Creo que se temía que me avergonzara de esa etapa de mi vida. Le respondí que nada más alejado de la verdad. Para mí fue y sigue siendo un orgullo haber trabajado con el formidable equipo humano que se inició escindiéndose de ETA en 1966 -año y pico antes de que empezaran los tiros-, se convirtió pronto en el Movimiento Comunista de Euskadi y dio cuerpo finalmente, tras su unión con otras organizaciones de extrema izquierda del resto de España, a lo que fue el MC, hoy extinto como tal. Para contar, subrayar y valorar aquella experiencia, incluyo aquí esta conferencia, que las compañeras y compañeros de lo que fue el MC de Asturies que todavía siguen en la brecha -en las diferentes brechas que continúan abiertas-, me invitaron a dar en 1996, para acompañar una estupenda y divertidísima exposición que hicieron coincidiendo con las bodas de plata de su lucha contra el orden social imperante. Lo titulé "25 años...", si bien para mí ya eran 30.

Aunque se refiere a una experiencia particular, creo que su lectura puede tener un cierto interés colectivo.

Y tú, ¿dónde dices que militabas? -te preguntan.

-En el Movimiento Comunista -respondes.

-¡Ah, sí, el MC! ¡Qué buena propaganda hacíais!

Siempre te lo dicen. Es criterio general: el MC hacía muy buena propaganda.

La palma se la llevan los carteles. En un despacho del diario para el que trabajo -no en mi propio cubículo: eso no tendría gracia- hay todavía colocado uno de aquellos grandes afiches. Han pasado más de 15 años desde que fue hecho, pero aún conserva frescura estética y fuerza política.

Sí, los carteles. Pero también nuestros periódicos, y hasta nuestros espacios electorales en televisión y radio, obtuvieron un elevado reconocimiento profesional. Lograron premios otorgados por jurados de especialistas, y hasta han sido materia de estudios teóricos.

¿Por qué? Decir que porque estaban bien hechos es como no decir nada. La calidad técnica no habría sido suficiente si no hubiera estado acompañada de una dosis importante de originalidad.

¿En qué consistía esa originalidad? Trataré de reflexionar sobre ella durante unos minutos, a ver si sirve para algo.

Empezaré por hacer una observación que no tiene que ver con el MC, sino con ETA.

Hace unos años -cuatro, cinco, tal vez más- leí un largo escrito de la organización armada vasca. Ya no recuerdo de qué hablaba, pero me acuerdo muy bien de que su lectura me llevó a una conclusión radical: en él, ETA se declaraba derrotada. Aparentemente decía todo lo contrario: anunciaba su firme determinación de seguir matando, poniendo bombas, secuestrando, etcétera. Pero lo esencial no estaba en lo que decía, sino en cómo lo decía. Todo el comunicado estaba escrito en la tediosa jerga propia de los políticos profesionales españoles. Se servía del lenguaje de su enemigo. Al utilizar sus mismos latiguillos, sus mismos anglicismos pedantes, su misma pomposidad huera, daba por sobreentendida su superioridad. Es decir: se reconocía vencida. No en el plano militar, sino en el ideológico.

Que es el fundamental.

Creo yo que la escuela del MC tuvo, entre otras cosas, eso de especial: nos enseñó que la guerra decisiva se libra en el terreno de las ideas. No sólo en las conclusiones del pensamiento, sino también, y quizá sobre todo, en el modo de pensar. Y, como no hay pensamiento sin expresión, también en el modo de expresarse. La ruptura con el orden social existente empieza por ahí: por no aceptar los términos en los que plantea las cosas. Porque quien fija el modo en que se plantea un problema condiciona enormemente su resolución, cuando no la determina.

No siempre fue así, de todos modos.

En los orígenes del Movimiento Comunista, como muchos de vosotros sabéis, estuvo una escisión de ETA, que se llamó ETA-Berri (la Nueva ETA, en castellano). Aquella escisión estuvo promovida por la Oficina Política de ETA, que era -os estoy hablando de 1966- la responsable del periódico de la organización, Zutik! (que quiere decir "En Pie").

A veces el papel de las personas, de su modo de ser, de sus virtudes y de sus defectos, es decisivo en la conformación de los acontecimientos. Este es un caso clarísimo. Aquella escisión de ETA fue encabezada en diciembre de 1966 por un joven de unos 23 o 24 años, vecino de mi barrio, de formación marxista heteróclita, convertido en lector doblemente empedernido por culpa de una pleuresía que lo tuvo bastante tiempo en cama, aficionado al cine y al jazz y dado a la confección de collages en sus horas libres. Se llamaba -y se sigue llamando, por fortuna- Eugenio del Río, personaje clave en este asunto del que hoy estamos hablando y que ahora mismo debería estar aquí, sentado a mi lado, pero que ha renunciado a venir porque alega que «no sabría qué decir». Así que tendré que decirlo yo.

En la dirección de ETA-Berri, y en buena medida por culpa de ese hombre, se fue congregando poco a poco un núcleo de gente curiosa, con una media de aficiones artísticas no muy frecuente en el mundo de la política. Allí estuvo desde el principio también éste que os habla, cuya encendida pasión revolucionaria iba por entonces de la mano de otra pasión no menor por la literatura. Por la escritura en todas sus formas, más bien.

No tiene nada de especial que una gente como aquélla atribuyera desde el principio la mayor importancia a las tareas de propaganda. Recuerdo que, ya en nuestro primer año de existencia organizada, sacamos hasta tres publicaciones periódicas: la oficial de la organización (que seguimos llamando Zutik!), un periódico de tono más amplio, que titulamos Gora!, y una revista que se autodefinía como de cultura y política, a la que bautizamos Hitz. Esto sin contar con publicaciones internas, octavillas... y, ya, con el primer cartel, que no llegó a las paredes porque lo interceptó la policía francesa. Era un esfuerzo editorial meritorio, si se tiene en cuenta que aquel grupo trabajaba en condiciones de clandestinidad, que se financiaba exclusivamente con las cotizaciones de los militantes y que era, además, muy reducido: en un principio apenas agrupaba a un centenar de personas, en toda Euskadi.

Aquel grupito de gente no sólo tenía una afición cuantitativa por la propaganda. También cualitativa. Porque otra de sus características relativamente generalizada -y curiosa, por su carácter escasamente celtibérico- era su gusto por el trabajo bien hecho. Tenía un estilo puntilloso y concienzudo, detallista, que desde el comienzo empezó a reflejarse en su propaganda: ponía el mayor interés en que estuviera bien presentada, bien escrita, bien impresa. Lo que le faltaba en medios lo suplía con artesanía: llegaba a encuadernar los folletos por su cuenta, a mano, con cola plástica, en las pequeñas imprentas clandestinas que fue instalando, primero en Euskadi, luego en bastantes puntos de España.

El estilo inicial de aquellas publicaciones resultaba por lo general vivo y original, relativamente innovador en el mundo de los panfletos. Las portadas eran con frecuencia pequeños carteles, algunos francamente bien hechos. Otra cosa que ahora me parece particularmente destacable es que sus textos recurrían con cierta frecuencia al humor, lo que no era por entonces nada frecuente en las publicaciones clandestinas, por lo general muy solemnes y adustas.

Ese comienzo, bastante prometedor, se torció a continuación. ETA-Berri creció, y se transformó en el Movimiento Comunista de Euskadi, y luego siguió creciendo, y se unió con otras organizaciones y grupos de fuera de Euskadi -también de Asturies, que eso es lo que ahora se está conmemorando-, y nació el Movimiento Comunista de España, y el Movimiento Comunista de España empezó a ser cosa seria, y sus publicaciones también se pusieron serias.

Hubo un periodo de unos cuantos años -no me resulta fácil ponerle fronteras: del 72 al 75, quizá- en el que la propaganda del MC perdió frescura. Nos hicimos todos muy ortodoxamente marxistas-leninistas y adoptamos un aire pasablemente aburrido, tirando a plomizo. Nuestros textos se llenaron de citas de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao Zedong. Empleábamos un estilo formalista, escolástico, casi eclesiástico: leo ahora las publicaciones de aquella época y debo reconocer que me aburren soberanamente. Seguían estando bien hechas, mejor incluso que antes, pero eran secas, frías.

Y, sin embargo, lo que estaba ocurriendo dentro del MC era interesante, y para muchos -desde luego para mí- decisivo: nos embarcamos en una reflexión colectiva sobre la necesidad de que la ética sea el principal resorte de la acción política; sobre la preeminencia de la moral sobre la eficacia; o, si se quiere, sobre los diferentes tipos de eficacia que existen.

Lo cual nos situó en condiciones relativamente buenas para afrontar la transición del franquismo al régimen parlamentario. No buenas porque fuéramos a sacar una gran rentabilidad política de aquello, sino más bien por todo lo contrario: porque nos preparó para encajar la derrota que nos esperaba. Otros muchos acudieron a esa cita con la Historia convencidos de que iban a comerse el mundo; que iban a ser muy importantes, y llevaron fatal verse marginados. Recuerdo una escena que puede servir a modo de ejemplo. Era la noche de las primeras elecciones generales a las que tanto el MC como el PTE y la ORT, los tres principales partidos de la extrema izquierda de la época, nos habíamos presentado con nuestras propias siglas (salvo en Euskadi, donde acudíamos dentro de Euskadiko Ezkerra). En el Palacio de Congresos de Madrid, donde se centralizaba la recepción de los votos, estábamos representantes de los tres partidos. La ORT y el PTE habían tirado la casa por la ventana durante la campaña, sus militantes se habían entrampado hasta las cejas y sus jefes estaban convencidos de que iban a sacar varios diputados. Nosotros habíamos hecho una campaña intensa, pero mucho más modesta. Al final, obtuvimos más o menos los mismos votos... y ningún diputado, cosa que nosotros nos tomamos con resignada naturalidad. Pero había que ver a los representantes de la ORT y el PTE: estaban hundidos; paseaban por el Palacio de Congresos como almas en pena. Para nosotros, aquellas elecciones no eran más que otro episodio, relativamente secundario. Para ellos, aquella derrota fue un golpe mortal.

Desde 1975 -sobre todo a partir del momento en que nos dimos cuenta de que la ruptura no se iba a producir, porque quienes la defendíamos sinceramente éramos no sólo una minoría política, sino también una minoría social; es decir: desde que fuimos conscientes de que iba a triunfar la reforma- comprendimos que lo que afrontábamos era una carrera de fondo. Una carrera con una meta incierta, caso de que la tuviera. Por eso, y sin renunciar inicialmente a intervenir en la política de cada día, e incluso en la politiquería, fuimos dando a nuestros planteamientos una inflexión cada vez más ideológica, más de crítica de fondo, más de rechazo global a la organización social en su conjunto. Por eso dimos importancia relativamente pronto -o sea, tardísimo, pero antes que otros- al feminismo y a otras formas de crítica ideológica del orden social vigente.

Y por eso pudimos ejercer una profunda revisión crítica -laboriosa, y a veces también dolorosa- de los instrumentos marxistas de nuestro pensamiento, que con tanta intransigencia habíamos defendido en el pasado.

Para muchos otros, aceptar que el marxismo no es infalible, que no tiene nada de Ciencia, que ni siquiera está nada claro en qué consiste, fue como para un creyente perder le fe en Dios: todo dejaba de tener sentido. Y su reacción fue como la que solía describir yo por entonces en broma: «Puesto que Dios no existe, a violar monjas».

Pero, para quien tenía claro que ni los errores ni la impotencia de los revolucionarios hacen menos repugnante al opresor, ese proceso de destrucción de los viejos dogmas podía ser asumido -no sin traumas, y tampoco de un día para otro, por supuesto- como otra etapa más de las muchas que componen el largo y difícil camino de la maldita raza de los rebeldes.

En lo que a mí concierne, abandoné la Dirección del MC en 1985 (creo que fue ese año: soy muy malo para las fechas). Digo que abandoné «la Dirección del MC» y no que abandoné el MC, aunque dejé de formar parte de su organización, porque para mí el MC no ha sido nunca sólo un partido: ha sido y sigue siendo mi verdadera familia, las siglas con las que me he acostumbrado a reconocer a la gente con cuyo esfuerzo me identifico, y que comparto en la medida de mis fuerzas y de mi conciencia. Por lo cual, como ésos que siguen siendo prosoviéticos pese a que la Unión Soviética ha desaparecido, yo me sigo considerando del MC, aunque el MC ya no exista.

Profesional del panfleto y la agitación política desde los 17 años, me incorporé al periodismo profesional, como os digo, ya bastante crecidito.

Se suponía que mi inexperiencia en el mundo de la prensa convencional debería haberme pesado lo mío. Y debo reconocer que algunas cosas con las que me topé en el mundo del periodismo empresarial sí que me cogieron poco preparado. Estaba poco preparado para afrontar el arribismo, el servilismo y la prostitución intelectual (que es con gran diferencia la peor, porque quien practica la prostitución física puede mantener libre el pensamiento, pero quien vende su cerebro se queda sin espacio en el que refugiar la libertad).

A cambio, descubrí con sorpresa que la preparación periodística que había adquirido en el MC no era inferior a la de la mayoría de los periodistas formados en la prensa comercial. En algunos aspectos, era incluso mejor.

Os pondré algunos ejemplos.

Uno: me dí cuenta de que estaba mejor preparado que la media para descubrir la carga ideológica de las informaciones presuntamente objetivas. Jamás he creído en la objetividad. En la medida en que uno conoce mejor los muchísimos trucos de los que es posible servirse para manipular los hechos, está en condiciones de ser más honesto. Le basta con desechar esos mecanismos de manipulación. Pero la mayoría de los periodistas se sirven de ellos sin ni siquiera ser conscientes de que lo hacen. Buena parte de los periodistas cree que es posible reflejar el hecho desnudo, despojado de ideología. Mi especial formación me ha hecho saber siempre que toda mirada, por inocente que se crea, es ideológica: hasta la del fotógrafo.

Otro ejemplo: me encontré mucho más preparado que la media de mis compañeros de profesión para opinar. Haber desarrollado durante tantos años el espíritu crítico y haberlo hecho en las más variadas direcciones te capacita para desconfiar de la apariencia de casi todos los fenómenos sociales y para encontrarle la vuelta a los asuntos más variopintos. Y eso, como casi todo lo raro, tiene un valor especial, y se cotiza.

Otro ejemplo más: bromeaba hace unos días con Eugenio del Río, hablando precisamente del motivo de este encuentro, sobre lo útil que me ha sido profesionalmente tener clara la distinción leninista entre agitación y propaganda. Decía Lenin que el agitador es el que se las arregla para remachar cien veces durante cien días en la misma idea haciendo creer al lector que cada vez le está contando una cosa nueva. El propagandista, en cambio, es el que desarrolla un conjunto complejo de ideas. Un artículo corto -una columna, un editorial- no permite ejercer de propagandista: hay que escribir con plena conciencia de que el objetivo es remachar una sola idea. Y hacerlo dejando el mayor número de vías abiertas para volver una y otra vez sobre la misma cuestión desde diferentes ángulos. A lo largo de siete años de vida de El Mundo, desde que el periódico nació hasta que el PSOE perdió las elecciones de 1996, habré escrito no menos de 500 editoriales sobre la intrínseca maldad del felipismo. Creo que, si viviera, Lenin tendría que felicitarme: mucha gente no se dio cuenta cabal de que, bajo las formas más diversas, y a veces más estrambóticas, escribí no menos de 500 veces lo mismo.

Otro ejemplo, ya fuera de bromas: mi aprendizaje en el MC me enseñó a hurgar en las trampas del lenguaje. A ser consciente de que el modo de expresión que escogemos no es nunca inocente. Que encierra ideología. Aprendí en particular a sentir franca aversión por el estilo indirecto, al que tan aficionada es la prensa presuntamente seria. Dicen: «Como consecuencia de la carga policial, resultaron heridos tres manifestantes». Y lo dicen porque les resulta muy fuerte escribir: «La Policía cargó e hirió a tres personas». Los manifestantes no «resultaron heridos»: los hirieron.

O bien dicen: «Rabat se ha puesto de acuerdo con Madrid», cuando lo cierto es que quienes se han puesto de acuerdo son Hasán y Aznar, sin que las ciudades hayan tenido ninguna participación en el acuerdo.

Otro ejemplo: haber escrito durante años para un público ávido de ideas y de información veraz, pero poco instruido académicamente, me enseñó a tener como divisa la sencillez. A no buscar un lucimiento artificioso y rebuscado. Cada vez que acabo una columna -a mí me preocupan sobre todo las columnas que firmo; los editoriales los considero propiedad de la empresa-, la vuelvo a leer una y otra vez, haciéndome la misma pregunta: «¿Se puede explicar mejor, o con más gracia? ¿Se puede expresar más sencillamente? ¿Puedo conseguir que al lector le parezca más algo que alguien le está diciendo cara a cara y no tanto un texto frío?». Y corrijo, y corrijo una y otra vez. No sé si consigo el objetivo que pretendo, pero desde luego que lo intento.

El tipo de formación que me proporcionó el MC me ha hecho ser siempre consciente también de que el periodismo comercial, en todas sus formas, no es en lo fundamental ese servicio público del que tanto suele hablarse. Ni tampoco, como suele decirse muy pomposamente, «la materialización del derecho constitucional de los ciudadanos a dar y recibir información veraz». Es, de un lado, un negocio puro y duro. Y, de otro, un sistema de reproducción y amplificación de la ideología dominante. Esto es algo que no sólo no se ha desvanecido con el paso del tiempo, sino que se ha acentuado más y más: considerados a cierto nivel de abstracción -ni siquiera mucha- hoy puede decirse que todos los grandes medios de comunicación son el mismo medio de comunicación, exponentes del mismo pensamiento único.

La conciencia relativamente profunda de estas realidades es lo que permitió al MC desarrollar una propaganda original, llamativa, diferente. Muy crítica, pero nada solemne. Corrosiva, pero con sentido del humor. Espectacular, pero no ostentosa. Mostrando el lado ridículo del poder. Desvelando sus muchas caras ocultas. Denunciando lo que otros callan. Y sin pretensiones de rentabilizar de manera sectaria su trabajo: sin buscar un lugar bajo el sol del Estado.

No sé si con estas pinceladas habré conseguido explicar algo. Para estas alturas, con no haberos aburrido mucho me conformo.

Muchas gracias.

Javier Ortiz. (1996). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de diciembre de 2017.

© Javier Ortiz. Está prohibida la reproducción de estos textos sin autorización expresa del autor.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/28 20:00:00 GMT+1
Etiquetas: periodismo otros_textos preantología 1996 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/12/28 07:00:00 GMT+1

Uniformes

Jamás imaginé que el mundo degeneraría hasta tal punto que acabaría viéndome en la penosa necesidad de defender la competencia económica. No es que ignorara sus ventajas; sencillamente, percibía también sus mayores inconvenientes, y simpatizaba con quienes denunciaban las injusticias sociales que acarrea.

Pero el dilema, ay, no se plantea ya en esos términos. Ahora sólo cabe elegir entre los males de la competencia y los horrores de su supresión por la vía del monopolio o el oligopolio.

Tómese la realidad internacional. Hace apenas unos años, el mundo estaba sometido a la implacable competencia entre, de un lado, la URSS y el mal llamado bloque socialista -que ni era bloque ni era socialista- y, del otro, los Estados Unidos y sus aliados. El miedo al reforzamiento de la URSS impelía a la coalición capitalista a mostrar su cara más amable: se gastaba una pasta gansa en cosméticos con los que disimular sus taras y en regalos con los que contentar a sus súbditos y atraer a los del bando de enfrente. Ahora que carece de rival, pasa de amabilidades. Así le va al Estado de bienestar. Y al Tercer Mundo.

Pasa tres cuartos de lo mismo con el mercado de la comunicación en España. Viendo su panorama actual, la propuesta más pertinente que se me ocurre es la que hacía un personaje de Pío Baroja en sus Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox: «¿Y si abriríamos la ventana?».

No vendría nada mal abrirla de par en par: dentro hiede.

Dos empresarios editores, que han medrado gracias a los favores que el poder político negaba a otros, apelan ahora al mercado puro y duro para hacerse en alegre comandita con el control de casi todo: con los huevos de oro de la gallina futbolera, con la televisión convencional, con la digital del inmediato futuro, con el cine, con las radios... Si lo consiguen -y están a punto-, podemos dar por muerto el poco pluralismo que todavía queda. Ellos decidirán quién habla y quién calla, quién publica y quién se come sus escritos con patatas. Sus beneficios serán tan inmensos que competir con ellos se volverá imposible: como quien abre una tienduca de regalos pegada a El Corte Inglés.

No me preocupa la ideología de ese par de empresarios; me asusta el poder que están acumulando. Un poder que trasciende ampliamente el mundo de la comunicación: si llegan a dominarlo por completo, poner y quitar gobernantes será un juego de niños para ellos.

El pluralismo es un valor social de primerísima importancia. Lo es, claro está, para los que ejercemos de discrepantes profesionales: si se instaura un pensamiento único, jamás será el nuestro. Pero también los demás humanos se benefician del pluralismo: no hay mejor modo de calibrar la auténtica valía de las ideas -y de sus portadores- que ver cómo se confrontan entre sí.

Siempre he sentido una instintiva desconfianza hacia los amantes de los uniformes. Pero quienes me dan más miedo son los que se esfuerzan en que las gentes lleven el uniforme en el cerebro.

Javier Ortiz. El Mundo (28 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de enero de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/28 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: pío_baroja comunismo capitalismo el_mundo 1996 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/12/21 07:00:00 GMT+1

Todos sabemos todo de todos

Siempre recordaré la muy insólita reacción que tuvo un amigo mío -llamémosle Gervasio Guzmán, para abreviar- cuando la policía política franquista le detuvo, a comienzos de los 70, acusándolo de estar formando las Comisiones Obreras de Guipúzcoa (cosa que era cierta, dicho sea de paso).

La tétrica Brigada Político-Social fue a su casa de noche y se lo llevó esposado al Gobierno Civil. Pronto empezaron los sociales a someterlo al interrogatorio de rigor: que si te vimos con no sé quién, que si tenemos todo esto sobre ti, que si dinos quiénes sóis, que si cuántos, que si quién es vuestro jefe, etc.

Gervasio, hombre escasamente predispuesto a la cháchara, aguantó durante un rato sin decir nada el chorreo de preguntas. Al final, se decidió a tomar la palabra:

-¿Y por qué no os dejáis de chorradas? -les soltó a los torvos agentes de la represión política-. Lo vuestro es pegar, y lo mío, aguantar. ¡Pues venga!

Es poco probable, sin duda, que esta muestra de impaciencia ahorrara al bueno de Gervasio muchas bofetadas. Pero tampoco creo que le acarreara muchas más. También los policías sabían de qué iba aquello.

Hay situaciones que me hacen sentir la impaciencia de Gervasio.

La de ahora mismo sobre los GAL, sin ir más lejos. Es un aburrimiento. Los unos se dedican a escribir largas y tediosas historias sobre cómo este periódico ha conspirado o dejado de conspirar con éstos o aquéllos para asediar a González, el gran estadista. Los otros siguen con su melopea autista, haciendo como si no supieran qué ocurrió en el Intxaurrondo de sus amores: verde y con tricornio. Y nosotros, erre que erre, repitiendo una y otra vez que los que mataron, mataron: complejísima idea.

En la batalla de los GAL, hace mucho que todos lo sabemos todo de todos. Sabemos quiénes quieren que sean castigados los culpables, lleven uniforme o vistan de paisano. Y quiénes estarían dispuestos a que fueran condenados los de paisano con tal de que se libraran los de uniforme. Y quiénes no tendrían inconveniente en que fuera al trullo algún bruto con galones, siempre que los de paisano pudieran salir indemnes, prestos a detentar de nuevo el Poder a la primera -a la segunda- de cambio. ¿A qué, así las cosas, continuar discutiendo sobre el exacto grado de moralidad de los artículos en serie, quién es más «recipendario de filtraciones», en qué consiste el liañismo -en el improbable caso de que consista en algo-, con quiénes bailaron a lo suelto Mario Conde y Jesús Polanco en la santabárbara del yate Alejandra o quiénes son, por mucho que se escondan, los verdaderos accionistas de «Ernesto Ekaizer, Sociedad Heterónima»?

Pero esta gente no puede dejarse de mandangas. Vive de ellas. Los actores del drama los necesitan: ellos son quienes les proporcionan el vestuario, el decorado... Hasta les sirven de apuntadores.

Sin ellos, la farsa no sería posible.

Javier Ortiz. El Mundo (21 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 21 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/21 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: periodismo preantología el_mundo 1996 ekaizer gal transición policía gervasio_guzmán | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/12/18 07:00:00 GMT+1

Diálogos para besugos

Una señora entra en una Comisaría y se dirige al policía más jefe que ve por allí.

-Buenos días.

-Buenas tardes.

-Que vengo a denunciar un asesinato.

-¿Y por qué?

-¿Cómo que por qué?

-Sí, que qué intención persigue denunciándolo.

-Pues que se sepa y castiguen al asesino.

-¿Y no será más bien que tiene usted algo contra él? Es la mar de sospechoso que quiera usted que se le castigue. No está bien que la gente quiera castigar a los demás.

-Pero, si es criminal, ¿cómo no voy a tener algo contra él?

-Ya. Me parece que lo que usted quiere es que yo me dedique a perseguir a ese supuesto criminal para distraer mi atención y que no persiga a algún otro criminal que es amigo suyo. ¿Cuándo ocurrió ese crimen que dice usted?

-Hace diez años.

-¡No te digo! ¿Y por qué no lo denunció antes?

-Lo hice. Lo que pasa es que ahora han aparecido más pruebas.

-Yo no recuerdo que usted hiciera eso. Es más: me parece recordar lo contrario.

-Pero si usted no me conoce.

-Razón de más. Eso demuestra que lo pienso imparcialmente, sin ningún interés personal. ¡Venir ahora con una historia de hace diez años! Está claro que usted no tiene interés en los crímenes que se cometen ahora mismo. Pero, dígame, ¿quién se supone que es el asesino?

-Don Fulano Marrano.

-¡Don Fulano! ¡Pero si don Fulano es mi amigo!

-Pues ha cometido un crimen. Tengo las pruebas.

-Conque tiene las pruebas, ¿eh? ¿Y de dónde las ha sacado? ¿Qué hace una señora normal teniendo pruebas? Le voy a decir una cosa: esas pruebas fueron robadas. ¡Y ahora las tiene usted! ¡Se está poniendo en evidencia! ¡Esto es una conspiración!

-Pero, oiga, si sabía usted que hay pruebas, ¿por qué no ha hecho nada todavía contra don Fulano? ¿Cómo puede ser su amigo?

-¡Cada cosa a su tiempo! Yo soy partidario de que se sepa toda la verdad caiga quien caiga y de que se castigue el crimen venga de donde venga, pero ahora prefiero hablar de usted. Usted es una mujer muy rara, y no me creo en absoluto que tenga unas intenciones tan impolutas como las mías. Nuestra sociedad debe protegerse de gente como usted, que va por la vida denunciando crímenes dudosos, cuando seguro que tiene muchísimo que ocultar, que maneja pruebas robadas y que además admite que tiene manía a don Fulano. ¡Lo suyo es una vergüenza!

-Bueno: llevamos hablando la tira y aún no se ha interesado usted por el crimen. ¿Sabe lo que le digo? Que es usted un jetas y que sólo quiere proteger a don Fulano.

-¡Pero qué dice! ¡Váyase ahora mismo de mi vista, o la detengo!

-¡Buenos días!

-¡Buenas tardes!

Javier Ortiz. El Mundo (18 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/18 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: policía españa el_mundo 1996 | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/12/14 07:00:00 GMT+1

Gobernantes y criminales

Aunque todo juicio tajante comporte riesgos, me atrevo a afirmar que, en términos generales, resulta preferible que los que gobiernan no sean criminales.

Me hago cargo de que es una proposición arriesgada, pero estaría dispuesto a defenderla, llegado el caso. Lo que renuncio a imaginar es qué podría suceder si hubiera gobernantes que, además de no ser criminales ellos mismos, estuvieran en contra de los que sí lo son.

Eso sería ya demasiado.

Imaginemos, por ejemplo, que el Gobierno español se aviniera a tomar en consideración los papeles que tengo ahora mismo sobre mi mesa. Uno de ellos es un acuerdo del Parlamento Europeo, fechado el año pasado. Responsabiliza al Estado turco de «violaciones de los derechos humanos» y de «medidas militares de carácter represivo, como por ejemplo la evacuación de pueblos kurdos». Pese a su tono remilgado -tan característico de las denominadas «altas instancias», acostumbradas a no llamar jamás al pan pan y al vino vino-, el acuerdo del Parlamento Europeo deja claro que lo que el Gobierno turco está haciendo en el Kurdistán desde hace más de doce años es una tropelía abominable.

Otro de los escritos que tengo delante aporta una lista de 159 nombres. Se trata -se trataba- de mujeres kurdas, que los agentes del genocidio han asesinado en los últimos años.

Otro escrito más de éstos que me han llegado recoge relatos detallados de torturas y violaciones cometidas por soldados y oficiales del Ejército de Turquía. Decenas.

Otro más es un artículo de la diputada kurda Leyla Zana, que está en la cárcel, acusada de hablar de la existencia de su pueblo. Osó pronunciar en el Parlamento una frase en su lengua. Cuán intolerable crimen: afirmó que los pueblos de Turquía y el Kurdistán pueden ser amigos. Y es que el Gobierno turco no tolera ni siquiera que se hable del pueblo kurdo. Impone que los kurdos sean llamados «turcos de la montaña». Un partido turco de izquierdas fue declarado ilegal por admitir... ¡que los kurdos existen!

Imaginemos que el Gobierno de Aznar -decía- considerara estos datos concluyentes, y otros muchos que se están dando a conocer desde ayer en Madrid, en la Conferencia Internacional de Mujeres por la Paz en el Kurdistán. Se vería obligado a replantearse las muy amistosas relaciones que mantiene con las autoridades turcas.

Pero no puede hacer tal cosa. Porque el Gobierno turco es su aliado. Turquía está en la OTAN, ese noble organismo que, como se sabe -no se me rían- se encarga de salvaguardar la democracia, la libertad y los derechos humanos.

Nuestros gobernantes saben bien qué trato dan sus aliados turcos a los derechos humanos. Y a los humanos. Pero cierran los ojos.

Ya lo dije al principio: no cabe pedir a los gobernantes que estén en contra de los criminales. Y menos todavía si los criminales son turcos. Porque España produce armas, y a los genocidas turcos les hacen falta muchas.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 21 de diciembre de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/14 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: turquía el_mundo 1996 kurdistán preantología otan aznar | Permalink | Comentarios (1) | Referencias (1)

1996/12/11 07:00:00 GMT+1

Ese otro Ortiz

Iba de justo, mi colombroño. Antes de que lo nombraran fiscal general del Estado, repartía más rayos justicieros que el propio Zeus Páter. ¡Se iban a enterar todos ésos: los del crimen de Estado, los de la cal viva, los de los fondos reservados, los de las comisiones supermillonarias! ¡Con él llegaba la Justicia, pura, entera y verdadera!

Tomó posesión del cargo -así suelen decirlo: se ve que aquí se reparten los cargos en propiedad- y, poco a poco, fue entendiendo el lenguaje de la Razón de Estado. Ya lo habla, a lo que se ve, con mucha soltura.

Esa es la diferencia insalvable que hay entre los leguleyos prêt à porter y los fiscales de la Audiencia Nacional a quienes Juan Ortiz Urculo abrió ayer no sé cuántos expedientes disciplinarios: ellos no hablan el lenguaje convenido de la Razón de Estado.

Así les va. Porque, cuando un juez o un fiscal es bueno, se inclina convenientemente y dice amén a quien manda, conformándose con aplacar su sed de justicia a costa de cualquier miserable de mierda que se le siente en el banquillo, da igual qué barbaridades haga. O lo que cobre. O de quién cobre. ¿Que un bufete de postín le paga un millón al mes por dar presuntas conferencias de las que nadie ha tenido noticia concreta jamás? Es igual: nadie es perfecto. Pero que no meta el dedo en el ojo de algún capitoste y se empeñe en que si ha delinquido tiene que ir a la cárcel, por muy importante que sea. De ser así, se le investigará hasta el ultimísimo céntimo, y se mirará con lupa cada papel que firme -no sea que haya olvidado apuntar el número de registro: crimen horrendo-, y se sacarán a la luz sus amores y sus desamores, jo, qué risa, y si tiene hermanos, pues hermanos, y si no sobrinos.

¿Que querían «manos limpias» a la española? Pues ya está: que vayan mirándose en el espejo de Di Pietro.

Ignacio Gordillo habló con Iñigo Iruin. Está claro que es intolerable. María Dolores Márquez no pasó un informe perfectamente redundante al juez. Habráse visto, la muy. Eduardo Fungairiño dice que eso es normal. Por pura complicidad, claro. Pedro Rubira se empeñó en no pedir la libertad de Enrique Rodríguez Galindo, cuando todo el mundo sabía que el pobre general jamás interferiría en la investigación amedrentando a los testigos.

Es evidente que el fiscal general del Estado no podía tolerar tanto desmán. Estaba obligado a abrirles expedientes en masa.

¿Qué ha pretendido Juan Ortiz Urculo? ¿Dificultar alguna de las acciones concretas en las que están comprometidos estos fiscales? ¿O apunta más en general, tratando de evitar que haya otros miembros de la fiscalía que se animen y metan la nariz donde no les llaman?

Lo peor de todo es que creerá que, como también ha echado al fiscal jefe Aranda, felipista de pro, ha sido de lo más ecuánime. Como si la injusticia pudiera compensarse de algún modo.

Javier Ortiz. El Mundo (11 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de diciembre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/11 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: justicia ortiz_urculo iruin el_mundo 1996 galindo fiscalía | Permalink | Comentarios (2) | Referencias (0)

1996/12/07 07:00:00 GMT+1

Todo como muy lúdico

Está en boga quejarse de que los periódicos sólo traen malas noticias. Dicen los quejicas modernos que, en la España de nuestros días, la gente quiere «cosas más lúdicas». Me da que confunden lo lúdico con lo divertido. Si lo que quieren es jugar, ¿para qué leen periódicos? Pierden el tiempo. Que compren décimos de lotería, o se echen unas manos de tute, y tan ricamente.

Lo que es a mí, no me disgusta en absoluto que los diarios reflejen desgracias. No veo cómo podrían hacer otra cosa: a fin de cuentas, la desdicha es, desde siempre, el material que más ha intervenido en la construcción de la Historia.

A cambio, estoy sorprendido de la acumulación de noticias que reflejan hechos absurdos. O mejor: por la gran acumulación de sucesos llamativamente absurdos contados como si fueran noticias normales. El disparate se está adueñando de esta triste España finisecular.

Tomemos, a modo de ejemplo, el día de ayer. Todos los diarios recogieron en sus primeras páginas que doña Rosario Clavijo, vecina de Bollullos del Condado (Huelva), dio a luz seis criaturas. Un hecho extraordinario, sin duda. Y un éxito médico. Interesante. Pero continúo leyendo la noticia y me sumo en la perplejidad. Me entero de que la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía, mano a mano con el Ayuntamiento de Bollullos, va a regalar a doña Rosario Clavijo un terreno para que se construya una casa acorde a sus necesidades. Y que el consejero de Asuntos Sociales -seguramente para no ser menos- «ha abierto un canal de información» (sic) para determinar qué ayudas necesita doña Rosario. «Es evidente -afirmó el consejero andaluz- que esta familia necesita una ayuda excepcional».

Es evidente que esta familia necesita una ayuda, pero no tiene nada de evidente que esa ayuda deba ser excepcional. Toda familia con seis hijos y recursos escasos debería recibir ayuda social. ¿Por qué ésta sí y las demás no? ¿Porque doña Rosario ha tenido sus seis hijos de una sola tacada? Se trata de un hecho ciertamente infrecuente, pero también del resultado de una decisión estrictamente personal, merecedora del máximo respeto, pero no acreedora de derechos sociales especiales.

Pero la sociedad española y el Estado español funcionan así: se vuelcan con lo insólito, pero son indiferentes ante lo habitual. Les sale más barato. ¿Que hay miles de parejas con seis, siete o más hijos y el agua al cuello? Allá ellos. Y si pasan hambre, que se coman la prole. Pero que a doña Rosario no le falte de nada. Ni siquiera «un canal de información».

Supongo que historias como la del parto de doña Rosario gustan a quienes reclaman noticias «más lúdicas». Esta lo es. Literalmente hablando: se juega con la igualdad.

Así funciona la moderna farsa: mucha sensiblería para camuflar la falta de sensibilidad. Y toneladas de caridad para disimular que la verdadera solidaridad no existe.

Pero ahí no hay noticia alguna.

Es lo de siempre.

Javier Ortiz. El Mundo (7 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de diciembre de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/07 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: pobreza periodismo el_mundo 1996 sensiblería andalucía preantología huelva | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/12/04 07:00:00 GMT+1

Cuestión de formas

Una vez establecido que el reparto desigual de la riqueza es el fundamento último del orden social, el resto es cuestión de formas.

Pero el resto es mucho.

De ahí que las formas sean tan importantes. Porque un reparto desigual puede ser más o menos desigual. Y siempre es preferible -para el que sale perdiendo, quiero decir- que no lo sea demasiado. Y puede imponerse a lo bestia, encarcelando o limpiando el forro al disidente, pero también puede hacerlo respetando benévolamente la discrepancia -hipótesis que, por razones tanto de tipo teórico como material, resulta más confortable.

Solemos llamar «democracia» a cualquiera de los diversos sistemas políticos que han sido ideados para resolver con elegancia y tacto el enojoso asunto del reparto desigual de la riqueza: los ricos van a lo suyo, pero aceptan que la mayoría tenga lo suficiente para sobrevivir con cierta dignidad, y le dispensan un trato educado. Técnicamente la democracia es otra cosa, pero en la práctica consiste básicamente en eso. En términos comparativos -o sea, viendo cómo anda el mundo-, hay que admitir que la democracia es un chollo. Te dejan decir lo que te viene en gana, o casi; puedes juntarte con otros inadaptados que también gustan de soltar lo que se les antoja, y hasta de tanto en tanto te invitan a que votes para decidir quiénes de entre ellos tendrán la sartén por el mango durante los años siguientes.

En tiempos, algunos insaciables calificábamos esas libertades de «formales», con distante desdén. Pero el tiempo, ay, nos ha llevado a la conclusión de que la única alternativa realmente existente a esas libertades formales no es otro tipo de libertades, más hondas, sino la ausencia de libertades, a secas. Gracias a lo cual, hemos aprendido, no ya a valorar mejor las formas, sino a defenderlas con entusiasmo, y hasta a exigirlas vehementemente cuando algunos no las respetan.

Sentado lo cual, se entenderá cuán profundamente me preocupa lo mal que está la Justicia española en materia de formas. Por ejemplo: designar a José Augusto de Vega, reputado valedor de Rafael Vera, para que presida la Sala Segunda del Tribunal Supremo, encargada de juzgar a su valido, es algo que se entiende muy bien en cuanto al fondo, pero no en lo que hace a las formas: las maltrata. Pasa lo mismo con el artificioso litigio que se ha sacado de la manga el aún fiscal jefe de la Audiencia Nacional, José Aranda, para tocarle bien las narices al juez Gómez de Liaño, que se niega a enterrar la verdad junto a los restos de Lasa y Zabala. Se comprende que don José quiera servir a sus señores. Nada más natural. Pero ¿no podría cumplir la tarea con algo más de finura, o de disimulo, si se quiere?

La primera vez que escuché la sentencia de Fouché «C'est pire qu'un crime; c'est une faute» («Es peor que un crimen; es un error») torcí el gesto. ¿Un error, peor que un crimen? No había entendido todavía que la democracia es, antes que nada, un problema de formas.

Javier Ortiz. El Mundo (4 de diciembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 11 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/12/04 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: justicia el_mundo 1996 rafael_vera miscelánea preantología democracia lasa_y_zabala | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/11/30 07:00:00 GMT+1

La OTAN

Ya estamos de hoz y coz en la OTAN, y a casi nadie le ha importado gran cosa, a juzgar por las reacciones. Es verdad que el cambio de estatuto apenas se notará: en realidad ya nos habían metido hasta la cocina. (Diré mejor: ya nos habían metido por la cocina, puesto que vamos de pinches.) En la OTAN hay uno que manda casi todo, que es el patrón de allende los mares; otros dos que mandan algo -Gran Bretaña y Francia- porque tienen la bomba, y otro que recibe también su porción de pastel, porque alberga el Bundesbank. Y luego hay un puñado de Estados de medio pelo, como España, que no pintan nada, pero que están porque les sirven fielmente y no chistan.

El debate parlamentario sobre la decisión resultó de una pobreza argumental pasmosa: de creer a los representantes de los partidos mayoritarios, tal se diría que nos proponían formar parte de una ONG entregada en cuerpo y alma a eso que llaman ahora ayuda humanitaria, porque les da reparo llamarlo directamente caridad. A Julio Anguita se le ocurrió apuntar que la OTAN es una alianza militar controlada por una superpotencia no muy altruista, y que es chocante que alguien que se proclama de izquierdas -sutil alusión al PSOE- pueda subirse a ese carro -a ese carro de combate, más en concreto-, y González montó en cólera:

-Que diga el señor Anguita si está de acuerdo o no con la acción de la OTAN en Bosnia. Eso es lo que tiene que decir, y lo demás son tonterías -saltó.

Como si fuera evidente que lo de la OTAN en Bosnia fue genial, ejemplar y maravilloso. Cuando lo cierto es que si William Clinton -dejemos los diminutivos para los amigos- decidió meter sus muy imperiales narices en Bosnia fue porque creyó que eso convenía a la causa de su reelección. Y que los bosnios le importan a la hora de la verdad lo mismo que los hutus, los tutsis, los etíopes y los panameños: un pimiento. Él se mete en los conflictos cuando cree que puede rentabilizarlos, y si luego descubre que ya no, se larga tan campante, y que se maten todo lo que les dé la gana.

¿Qué es la OTAN en estos momentos? No se sabe muy bien. A cambio -algo es algo- se sabe lo que no es. No es, desde luego, una Organización del Atlántico Norte. Tampoco es -ni podría ser, como tratan de vendernos- el embrión de un sistema de defensa de las democracias europeas. Por dos razones. Primera, porque la OTAN no es europea: los EEUU no están en Europa -por lo menos no lo estaban en los lejanos tiempos en que yo estudié geografía-. Y en segundo lugar, porque, teniendo a Turquía como partícipe de pleno derecho, es difícil considerar que esa congregación de anticomunistas frustrados tenga algo que ver con la democracia.

Nos han metido en la OTAN de hoz y coz, ya digo, y no quieren decirnos por qué. Pero revelaré yo su secreto: para defendernos de las terroríficas hordas africanas, que amenazan con invadirnos, armadas hasta los dientes de hambre.

Javier Ortiz. El Mundo (30 de noviembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 30 de noviembre de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/11/30 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: yugoslavia anguita españa usa 1996 áfrica balcanes bosnia felipe_gonzález preantología otan clinton europa el_mundo | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)

1996/11/27 07:00:00 GMT+1

La tentación del silencio

Decía Juan de Mairena que nada es absolutamente inimpeorable, y me temo que tenía razón: la vida política española tiende a demostrarlo con pasmosa frecuencia. Con Franco estábamos de pena, pero se veía luz al fondo del túnel. Lo de Suárez no fue ninguna maravilla, pero abrió algunas perspectivas. El PSOE se encargó de frustrarlas, pero sirvió para que la derecha española, a fuerza de tener que combatirlo, se bajara del monte. Y cabía que del desengaño de muchos pudiera ir destilándose un nuevo espíritu crítico.

Quiero decir que siempre, hasta en los peores momentos, ha habido algún factor de expectativa, algún rescoldo con el que mantener viva -así fuera desesperadamente- la llama de una vaga esperanza.

Ahora, en cambio, por más que se mire el horizonte político, no se atisba ninguna perspectiva que no sea totalmente descorazonadora.

El PP se las ha arreglado para decepcionar -y ya es mérito- incluso a quienes no esperaban nada de él. No es que su política sea todavía más desastrosa que la de González -de la capacidad de desastre de González cabría afirmar lo mismo que se decía de la valentía de Augusto César Sandino: que cabe igualarla, pero no superarla-. Es que lo que hace, sea lo que sea -suponiendo que sea algo en concreto-, tiene siempre el mismo aire deslavazado, errático y torpón. Aznar va por su lado; los ministros por otro -por otros- y todos ellos, de creer las apariencias, hacia ninguna parte, que es el verdadero nombre de Maastricht. Creen que si logran meter a España en ese club de ricos -aunque sea de camarera- podrán colgarse una medalla de oro, autoproclamarse maravillosos, convocar otras elecciones generales y ganarlas. Y hasta es posible que tengan razón.

Pero entretanto malbaratan su magro prestigio a marchas forzadas. ¿Y en beneficio de quién? Ahí es nada: de González. La perspectiva de que el PP se estrelle y vuelva el Otro con armas -ay- y bagajes se hace cada vez más visible. La única ventaja que tienen para el PP las previsiones de voto que recogen los sondeos es que no hay ningún voto que prever, porque no hay elecciones a la vista.

Y díganme ustedes qué puede hacer uno, que si da leña a éstos está contribuyendo al regreso del Otro, y si se ceba en el recuerdo de los desmanes del Otro se diría que justificara la tontuna de éstos, y si se dedica a repartir mandobles a diestro y siniestro -o a diestro y diestro, porque ésa es la cosa- parece que se haya vuelto loco, y que quisiera destruirlo todo sin tener nada a cambio (porque, en efecto, no hay nada a cambio).

No cabe presente más negro, ya digo, que el que carece de futuro. Cuando lo que existe no vale y lo que puede sustituirlo, tampoco, ¿de qué sirven las palabras? Sólo para levantar acta del desastre.

Aunque también cabe consolarse pensando que -como ya dijo el gran filósofo Rodríguez Ibarra- en Africa están todavía mucho peor.

Javier Ortiz. El Mundo (27 de noviembre de 1996). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de diciembre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.1996/11/27 07:00:00 GMT+1
Etiquetas: preantología europa el_mundo 1996 suárez aznarismo maastricht psoe transición aznar franco | Permalink | Comentarios (0) | Referencias (0)