1997/07/12 07:00:00 GMT+2
No sé qué hará ETA con Miguel Ángel Blanco. Me temo lo peor. Los secuestradores saben que el Gobierno no va a acceder a sus demandas. En realidad, aunque Aznar quisiera hacerlo, no podría: en 48 horas no hay tiempo material para trasladar a Euskadi a todos los presos vascos. Además, no hay dónde meterlos.
-Es imposible concentraros en cárceles vascas; no tienen capacidad suficiente -dijeron a Txikierdi los de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco, cuando fueron a hablar con él a la cárcel.
-No es mi problema -contestó el exdirigente de ETA.
Resolver prácticamente las dificultades no es su problema.
Sí el mío. Me preocupan los presos, y sus familiares. Quisiera que su drama tuviera una salida digna. Y pronta. Estoy de acuerdo con acercarlos a tierra vasca: la pena de cárcel debe limitarse a la privación de libertad, sin castigos añadidos. También me preocupa ese Ortega Lara de mirada extraviada, vagando en la angustia, muerto en vida. Dios, qué horror: lo imagino despertando cada mañana, día tras día, mes tras mes, sin saber si volvería a ver la luz del cielo.
Y me preocupa la vida de Miguel Ángel Blanco Garrido.
Nihil humanum a me alienum puto. También me preocupan los secuestradores.
De todas las alternativas que tenía ETA, ha ido a elegir la aparentemente más absurda. Podía haber secuestrado a alguien, para demostrar que la liberación de Ortega Lara no pasó de ser un trueque. Podía también haber cometido un atentado mortal, sin mediar amenaza ni ponerle plazo. Pero, ¿qué sentido tiene secuestrar a alguien fijando condiciones materialmente imposibles a 48 horas vista?
Vengarse. Quiere vengar la afrenta. Sabe que ha cometido una pifia con José Antonio Ortega Lara. Sabe que una parte de sus simpatizantes se ha sentido vejada: entre abochornada -por cómplice- y ridícula -por burlada-. Y quiere disipar ese horizonte. Que se deje de hablar del zulo, y de su humedad, y del orinal, y del póster de Donosti bajo la nieve, y de la guarrería de la cocina, y del perro de Kafka. Cambio de decorado: ahora toca Miguel Ángel Blanco Garrido.
Amnistía Internacional pidió ayer que todo aquél que pueda tener algún ascendiente lo haga valer para salvar a este pobre hombre. Patxi Zabaleta respondió ayer a ese llamamiento. También lo hizo el exconcejal de Herri Batasuna y compañero de Blanco, Eduardo Egia Aramburu. El gesto les honra. Quiero unir mi voz a las suyas. Más que a otras.
No sé si mi petición tendrá alguna influencia sobre los secuestradores, pero la haré, por si acaso. Por favor, no lo matéis. Os lo suplico.
No me obliguéis a odiaros.
Javier Ortiz. El Mundo (12 de julio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de julio de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/07/12 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
pp
patxi_zabaleta
el_mundo
1997
cárcel
ortega_lara
ddhh
eta
euskal_herria
antología
amnistía_internacional
eduardo_egia
miguel_ángel_blanco
aznar
euskadi
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (1)
1997/07/09 07:00:00 GMT+2
Almunia emplaza a Anguita: quiere unidad. Dice que es necesaria la unidad de la izquierda. Pero la propuesta tiene dos partes. Para que haya unidad de la izquierda es preciso que haya unidad, pero también hace falta que haya izquierda.
Almunia da por hecho que el PSOE es de izquierdas. Pero eso dista de estar claro. Que sus dirigentes sean casi todos pasablemente anticlericales, se tomen con resignación las aventuras extramatrimoniales de sus parejas, tengan en su casa grabados de Úrculo y gusten del cine de arte y ensayo no nos obliga a considerarlos de izquierdas. Más que nada porque sabemos que son capaces de hacer eso y mucho más. Por ejemplo, justificar los GAL diciendo que «son cosas que ocurren en todos los países democráticos», apoyar la Guerra del Golfo, patrocinar los contratos basura y peregrinar ahinojados hasta Maastricht como quien va a Lourdes pidiendo divinas mercedes.
Almunia reclama unidad. Pues que empiece dándola. Porque tiene un modo rarísimo de atraer aliados: de momento, se limita a insultar a Anguita. «Queremos comprobar si se ha olvidado ya de la tontería ésa de las dos orillas», dijo el otro día, en tono despectivo. Si lo de las dos orillas fuera una tontería, se situaría en todo caso en el inocente terreno de las ideas. Por las mismas, Anguita podría responderle que él necesita saber si el PSOE se ha olvidado ya de la barbaridad esa de la cal viva, que no se sitúa en ningún terreno, sino un par de metros por debajo.
Muy concretamente, lo que Almunia debería hacer es algo elementalísimo: aclarar si lo que está ofreciendo a Izquierda Unida es una alianza para gobernar juntos, si llegaran a ganar unas futuras elecciones, a la francesa, o si simplemente le está pidiendo que respalde sus ambiciones para regresar a La Moncloa y volver a pactar con Pujol. Porque, si de lo que habla es de un frente común para gobernar juntos, tendrá que decir sobre qué bases, y para hacer qué. Y, si no, lo que planea no va por ahí, deberá explicar de qué va.
Ya me hago cargo de que a Almunia lo que le gustaría es que toda Izquierda Unida fuera orégano, o sea, como el Guerreiro de Galicia, o como López Garrido, que estaría dispuesto a respaldar al PSOE -ya lo hace- a cualquier precio. Hay gente que ni siquiera se plantea que sus alianzas se basen en principios, porque carece de ellos. Le da igual cien que cinco, siempre que no se trate de su bolsillo, y siempre que en lo que se decida finalmente haya un hueco para su poltrona.
Pero otros no son así, y se empeñan en hacer preguntas tontas. Por ejemplo: unirse, ¿para qué? ¿Para hacer qué? Unirse, ¿cómo? ¿Unirse sólo de cara a las elecciones, o combatir también en el día a día? Y, en este caso, ¿en pro de qué?
Estoy viendo en la televisión a Rafael Vera, que ha ido a declarar al juicio de Roldán. ¿También Vera estará en la unidad de la izquierda? Puf.
Javier Ortiz. El Mundo (9 de julio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de abril de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/07/09 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
anguita
el_mundo
1997
almunia
iu
izquierda
psoe
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/07/06 07:00:00 GMT+2
Conecto a través de Internet con la NASA. Ofrece una amplia gama de fotografías de la superficie de Marte. Las imágenes son de muy notable precisión, si se considera que han sido trasmitidas desde una distancia de casi 200 millones de kilómetros. Yo las he hecho peores a tres metros. Veo rocas, agujeros a modo de cráteres, una colina al fondo; veo incluso las piedrecitas que hay en el lugar en que se ha posado la nave Pathfinder. A decir verdad, todo es extraordinario, empezando por la propia red de Internet que me permite conectar con la NASA y captar las imágenes que llegan a los EE.UU. desde el planeta al que llaman rojo por razones que ahora constato desde bien cerca.
Vivimos un mundo en el que las posibilidades de información crecen a velocidad de vértigo, casi diariamente. Hablo por mí: cuento con decenas de canales de televisión que me bombardean noticias; Internet me trae hasta casa emisoras de radio de todo el mundo (ahora mismo estoy oyendo las noticias de Radio Mitre, en Buenos Aires; seguro que allí alguien estará en este momento escuchando los boletines informativos que se radian en España)... Raro es el dato que necesite -sea histórico o actual, de política o de arte- que no pueda hallarlo gracias a los buscadores de la red mundial a la que se conecta mi ordenador con sólo pulsar una tecla.
Contamos con posibilidades de información casi infinitas, en efecto. ¿Conocemos mejor la realidad por ello? Recuerdo un cuento de G. K. Chesterton. Relataba en él lo que hizo el padre Brown una vez que tuvo que llevar un valioso cáliz en tren. Sabía que iban a viajar en él varios expertos ladrones para tratar de robárselo. Ningún sitio le parecía suficientemente bueno para ocultarlo. Al final encontró el modo de burlar a los ladrones: colocó el cáliz bueno entre decenas de otros, aparentemente iguales pero de apenas valor.
El bombardeo de información -la saturación de datos- no es garantía de conocimiento. Y menos todavía de conocimiento crítico. El exceso de luz no permite ver. El estruendo no deja escuchar. Podemos muy bien avistar lo que está a 200 millones de kilómetros y no enterarnos de lo que tenemos delante de las narices.
Javier Ortiz. El Mundo (6 de julio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de mayo de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/07/06 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
el_mundo
1997
radio_mitre
preantología
internet
chesterton
marte
nasa
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/07/05 07:00:00 GMT+2
Me lo dicen y repiten: seguir clamando ¡OTAN no! a estas alturas tiene muy poco de realista.
Hablemos, pues, de realismo.
Para examinar la realidad y entenderla, lo primero que hace falta es saber cómo se ha generado.
Habrá, pues, que empezar por recordar que hace algo más de una década se celebró aquí un referéndum sobre ese asunto. Una minoría amplísima votó entonces no a la OTAN. Y la mayoría que dio su sí lo hizo con tres condiciones, la principal de las cuales fue que España no se integrara en la estructura militar de la organización.
Sabiendo eso, habremos de concluir que lo que ha ocurrido luego ha sido una burla descarada del resultado de aquel referéndum y, por tanto, del voto popular. Primero, el Gobierno de Felipe González violó las condiciones establecidas en el referéndum participando en el Comité de Planes de Defensa, en el Grupo de Planes Nucleares y en el Comité Militar de la OTAN. Y luego, por iniciativa del Gobierno de Aznar, el Parlamento -con las honrosas excepciones de IU, el BNG y el Grupo Mixto- votó la integración de España en la estructura militar de la OTAN echando mano de un subterfugio bochornoso: alegó que lo hacía para adaptarse a una reforma de la estructura de la Alianza Atlántica... que ni se ha verificado todavía ni está claro que vaya a realizarse en los términos que se expusieron en el Parlamento.
¿Realismo? Si hay algo poco realista es la pretensión de quienes dicen que la actual OTAN es muy diferente a la de hace una década; que ha cambiado tras la desaparición del bloque soviético. Falso. La OTAN podrá tener ahora otros objetivos, pero su finalidad es exactamente la misma: ser punta de lanza en la defensa de los intereses predominantes en el Primer Mundo y, de modo más específico, de los del Gobierno de los EEUU. Si no se muestra en estos momentos más agresiva es tan sólo porque sus enemigos están ahora de capa caída. Pero sigue armándose hasta los dientes, presta a actuar en cuanto peligre la pax americana, sobre todo en Oriente Medio y en la ribera sur del Mediterráneo, lo que coloca a España en una posición muy delicada. Innecesariamente delicada.
En realidad, la OTAN no sólo no es útil para los intereses del pueblo español. Tampoco lo es para quienes desean una Unión Europea políticamente independiente y militarmente autónoma.
Con conciencia de ello, en vísperas de la Cumbre que la OTAN va a celebrar en Madrid, más de cuarenta organizaciones ciudadanas han convocado para hoy una manifestación en la capital. Es una muy buena idea, digna de apoyo.
Hemos pasado una década de profunda atonía, que ha llevado al movimiento pacifista español al letargo. Pero los problemas que se debatían hace 11 años -el militarismo, el hegemonismo norteamericano, el disparate de los gastos militares- siguen más que presentes. Son parte esencial de nuestra realidad. Es realista denunciarlos.
Javier Ortiz. El Mundo (5 de julio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de julio de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/07/05 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
felipe_gonzález
otan
el_mundo
1997
aznar
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/07/02 07:00:00 GMT+2
El rescate de José Antonio Ortega Lara ha tenido un primer efecto más que evidente: poner en libertad al funcionario de prisiones, secuestrado hace la friolera de 532 días. Pero tendrá también otras consecuencias. Para empezar, una que no es menor: viene a demostrar a ETA que ya no está en condiciones de mantener un cautiverio durante tanto tiempo. ETA ha perfeccionado cada vez más sus técnicas. El zulo de Arrasate era muy bueno. Estaba estudiadísimo.
Pero las fuerzas del Estado no se chupan el dedo. Han perfeccionado mucho sus técnicas. Tanto más tiempo les ha dado ETA para investigar, tanto más margen han tenido para acertar. Y han acabado acertando. Ahora ETA ya lo sabe: si mantiene a una persona secuestrada meses y meses, corre dos riesgos. Uno material: que la policía cace al comando secuestrador y ponga en libertad al secuestrado. Era algo que nunca les había ocurrido a los milis.
Pero el otro riesgo es todavía peor, porque es moral: pierde la partida no porque el enemigo sea más opresor, sino porque lo hace mejor. Ese es el género de fracasos que menos puede permitirse ETA. Porque contribuye a resaltar doblemente la realidad que más le hiere: que las cosas ya no son lo que eran. Una organización como ETA puede asimilar la pérdida de muchas batallas. Que algunos militantes acorralados por la policía sean tiroteados y mueran acribillados no es una derrota: «La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos», decía Tertuliano. Lo que no puede permitirse es perder porque ya no puede apoyarse como antes en la complicidad de la población y porque no tiene capacidad para ser más inteligente que el enemigo. Ahí ya no es una batalla lo que se dirime, sino la guerra entera.
El error de ETA, desde hace ya muchísimos años, ha sido prescindir de la moralidad. Creer que podía vencer al Estado demostrando una infinita capacidad de desgaste por la vía de la crueldad: que si gente que pasaba por allí, que si críos, que si soldaditos. Pero su capacidad de desgastar al enemigo no tiene ya nada de infinita. De hecho, el Estado, este Estado tiene un margen de aguante mucho mayor. El sí que puede permitirse tener mártires. A él no le desgastan nada las niñas sin piernas, ni los soldaditos súbitamente de plomo, ni los paseantes petrificados. Lo peor, lo más humillante que tiene prescindir de la moralidad es que el enemigo puede permitirse entonces el lujo de vencer incluso moralmente. Puede conseguir no solo vencer, sino incluso convencer. Por comparación.
La liberación de Ortega Lara representa un golpe en la línea de flotación de ETA. No tanto por el éxito que aporta a las fuerzas del Estado como por la evidencia en que deja a la línea de ETA.
Está claro: cuando ni siquiera apurando hasta el límite la fórmula se consigue nada, es que ha llegado la hora de cambiar de fórmula. O de hundirse con ella.
Javier Ortiz. El Mundo (2 de julio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de julio de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/07/02 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
el_mundo
1997
eta
ortega_lara
preantología
euskal_herria
euskadi
españa
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/06/28 07:00:00 GMT+2
Sólo hay un modo de evitar que alguien pueda dañarte contando chismes de tu vida privada, o tratando de sacarte lo que sea por no contarlos: no tener nada que ocultar.
Para lograr tal cosa, únicamente existen dos vías seguras. La primera es llevar una vida modélica, plena de virtud: no tener ningún vicio, no salirse jamás de madre, respetar todas y cada una de las normas, ser ciudadano ejemplar, probo marido -o esposa, o célibe sin relación carnal, ni siquiera con la carne propia-. Es un sistema muy eficaz, sin duda, pero con una pega de importancia: resulta francamente aburrido.
La otra vía para conseguir que nadie te pueda buscar las cosquillas con asuntos de tu vida íntima es proclamar a los cuatro vientos de antemano que la mayor parte de los desmadres te caen simpáticos, y que no tienes nada en contra de que te atribuyan cuantos quieran. Que te pinten de libertino, drogota y crápula, si les viene en gana, que a tí, plin. Eso desarma por entero a maledicentes y chantajistas. ¿De qué les vale tener una fotografía en la que apareces en los brazos de Mimí, la de madame Claude, sobre cuyo regazo exhaló su último suspiro el pobre cardenal Danielou, si jamás has pretendido que te pareciera mala idea frecuentar la compañía de tan bella señorita?
De estas dos recetas contra chantajes, dimes y diretes, ambas de eficacia probada, la segunda es, a mi juicio, la mejor, y con mucho: te permite estar a salvo, sin por ello privarte de nada.
El problema lo tienen quienes, por causa de su oficio, se ven en la obligación de parecer probos y decentes, según el modelo oficial, e incluso a hacer propaganda de la probidad y la decencia, sin que su instinto natural -porque seguro que es genético: ahora todo es genético- les empuje a ello, sino más bien todo lo contrario. Antes he citado el caso del cardenal Danielou, primado de la Iglesia católica francesa, que abandonó este valle de lágrimas en el seno -en los senos, mejor dicho, porque tenía dos- de una prostituta de lujo. Hubo incluso un comunicado oficial que pretendió que había expelido su hálito postrero «en epéctasis de santidad» pero, como ya antes dejé dicho, el tal epéctasis se llamaba Mimí. Danielou iba todas las semanas al finísimo local de madame Claude y se presentaba como notario. Si hubiera dicho que era cardenal, a las chicas les habría hecho mucha gracia. No lo dijo, y fue a toda Francia a la que le hizo muchísima gracia.
¿Qué otra cosa hubiera podido hacer Danielou? Pues está claro: dejar de ser cardenal.
Y es que hay oficios que son incompatibles con la hipocresía. ¿Que no quieres renunciar a Mimí? Pues renuncias al solideo. ¿Que no quieres renunciar al solideo? Pues renuncias a Mimí. Porque, si no, corres el riesgo de que luego venga Mimí y te exprima la cartera, o que todo el mundo se entere de tu doble vida, y seas una juerga incluso después de muerto.
Javier Ortiz. El Mundo (28 de junio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de junio de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/06/28 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
jor
el_mundo
1997
miscelánea
iglesia
cardenal_danielou
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/06/25 07:00:00 GMT+2
Tiendo a simpatizar con los perdedores. Tanto por ética como por estética. Los aires triunfales me cargan. Pero no todos los derrotados me dan lástima. Sin ir más lejos: Alfonso Guerra no me la da. Él fue demasiado implacable con los demás durante demasiado tiempo; cortó demasiadas cabezas; forzó demasiados ostracismos de gente valiosa. Ahora está probando el sabor de su propia medicina.
Es víctima de sus defectos.
Para empezar, es un pusilánime. No tengo nada contra los apocados y cobardes, pero me molestan los que lo son y van de bravucones. Se presentó en el Congreso en plan «A mí, Sabino, que los arrollo» y, así que González puso en marcha su astucia para sacarlo del mapa, él se hundió, tiró la toalla y dejó a sus seguidores abandonados.
Es, además, de una astucia más bien limitada. Vuelvo a las mismas: también los que no somos Ulises redivivos tenemos derecho a existir. Pero es que él se ha pasado toda la vida presumiendo de la finura de sus argucias y calificando de imbécil a media Humanidad. Él, el gran cocinero, el de la pizarra de Suresnes. El viernes González se la jugó y se quedó con un palmo de narices, demostrando que como estratega es un perfecto inútil.
Ese es su rasgo de carácter más imperdonable: la fatuidad. Es de un engreimiento inconmensurable. Jamás he visto a nadie más capaz de prescindir de las barreras del ridículo a la hora de ensalzar sus propios méritos. «Me divertí muchísimo estudiando Filosofía y Letras» -transcribo al pie de la letra de una entrevista que concedió en sus tiempos de vicepresidente-. «Yo sabía en muchas materias muchísimo más de lo que se podía aprender allí. Fue un paseo; un paseo absoluto. Todo a base de matrículas. Así, de chapeau. Es algo natural en mí». O esta otra joya: «Con 16 años escribí algunos poemas y cosas que no sé cómo clasificarlas... Luego, mucho después, encontré párrafos de Beckett que se parecían algo. Y en el nouveau roman francés. Una cosa de éstas había hecho yo, con unos 16 años».
Pagado de sí mismo y cruel con los demás: la mezcla es explosiva. El que siembra cardos no puede aspirar a que le florezcan rosas.
Cuando dijo aquello de que «el que se mueve no sale en la foto», daba por supuesto que iba a ser fotógrafo perpetuo. Ahora ha sido él el que se ha movido. Y no es que no haya salido en la foto; es que lo han echado del álbum.
Recuerdo que, allá por octubre de 1991, hablando de quienes habíamos aireado las andanzas de su hermano Juan, afirmó en tono despectivo y no muy misericorde: «Les llegará su San Martín». Por San Martín toca veranillo. A él le ha llegado su hora con el verano.
Se ha hundido solo. Si hubiera sido algo más crítico consigo mismo y algo menos brutal con los demás, probablemente no se vería en éstas.
Aunque supongo que, de no haber sido así, tampoco González habría puesto sus ojos en él para hacer tándem camino de la cumbre.
Vaya par.
Javier Ortiz. El Mundo (25 de junio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de junio de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/06/25 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
felipe_gonzález
psoe
el_mundo
1997
alfonso_guerra
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/06/21 07:00:00 GMT+2
Dice que se va. Y yo no me lo creo. No me lo creo porque no le creo. «Timeo danaos», dicen que dijo Casandra (aunque supongo que no lo dijo en latín).
Si el enemigo hace como que abandona y deja un bonito regalo sobre la playa, hay que dar por hecho que el regalo encierra una trampa. Algo hay que aprender de la Historia. No seamos tan crédulos como los troyanos.
Dice González que se va, pero también dijo «OTAN, de entrada, no», y «Dos por el precio de uno», y «Me he enterado por la prensa». En él -como en la inmensa mayoría de los políticos, pero en él más-, la mentira es un estado natural.
Atengámonos a los hechos. ¿Se ha comprometido realmente a irse? Quiá. Ha afirmado que no se presentará a la reelección para secretario general del PSOE. Pero no ha renunciado a ser candidato a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. Ni se ha comprometido a prescindir de su ascendente sobre las élites del partido.
De hecho, hace muchísimos años que González no ejerce de secretario general del PSOE, en tanto que cargo orgánico. Mientras fue presidente del Gobierno, estableció una estructura de mando que no pasaba por la sede de Ferraz. Y cuando abandonó la Moncloa, se montó el chiringuito de Gobelas, desde el que ha seguido mandando sin contar con la burocracia del partido.
Lo que prometió ayer, en rigor, es no ser en el futuro lo que hace tiempo que ya no es.
Me fascinó lo de Alfonso Guerra. Con la supuesta intención de demostrar que lo que acababa de declarar su presunto jefe va a misa, sacó una carta de hace tropecientos años en la que González le comunicaba que iba a hacer... lo que no hizo de ningún modo.
Curiosa demostración, a fe. Sabido que el todavía vicesecretario general del PSOE es muchas cosas, pero no tonto, sólo cabe deducir que es muy perverso: evidenció qué validez tienen las promesas de su ex alter ego. Nula.
¿Qué pretende FG? No lo sé, pero me lo imagino. Se ha encontrado con un Congreso planteado en el peor terreno, con el guerrismo díscolo y los barones encrespados, todos desdibujándolo. Y el Supremo en la puerta, esperándolo. Y el Gobierno del PP sin dar la más mínima muestra de desfallecimiento. Excelente ocasión para amagar un mutis por el foro -la cosa es en Madrid-, recuperando imagen, dándose un toque de grandeur y colocándose en el centro de una escena de la que cada vez estaba más desplazado.
Hacedme caso, que me lo conozco desde hace tiempo: este no se va.
Como todos los jugadores, espera a ganar para marcharse. Pero cuando gana sigue, confiando en ganar más. Y cuando pierde sigue también, esperando a recuperarse. Como ellos, sólo se irá cuando esté definitivamente arruinado.
Javier Ortiz. El Mundo (21 de junio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 9 de mayo de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/06/21 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
felipe_gonzález
psoe
el_mundo
1997
alfonso_guerra
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/06/18 07:00:00 GMT+2
Aznar ha reclamado con gran pasión en los foros comunitarios que los Estados de la UE supriman de sus legislaciones el derecho de asilo para los ciudadanos de los Quince. El argumento al que recurre es simple: dado que los países de la UE son democráticos y que en los países democráticos no existe persecución por motivos políticos, un Estado de la UE no debe conceder asilo a un ciudadano procedente de otro Estado miembro, porque sólo puede ser un delincuente común.
Muy simple. Demasiado.
Que un Estado sea democrático no convierte en justas todas sus acciones. En rigor, ningún Estado es democrático. Quiero decir al cien por cien. Y el hecho de que celebre de tanto en tanto elecciones libres no certifica que sus políticos electos respeten siempre escrupulosamente las libertades democráticas. La democracia no imprime carácter. Los GAL, verbi gratia, no resultaron muy democráticos, que se diga.
Pero no hablemos de España. Pongamos el caso de Gran Bretaña. La experiencia demuestra que, en ciertas ocasiones -pocas, sin duda, pero no por ello menos terribles para las víctimas-, sus tribunales imponen durísimas sentencias sin base probatoria demasiado sólida. Recordemos el caso de los seis de Birmingham y el de los cuatro de Guildford. Fueron condenados como autores de sendos atentados del IRA en los que, en realidad, no habían participado. Unos se pasaron 16 años en prisión; los otros, 14. Hace pocos meses, la Justicia británica ha reconocido otro error y ha puesto en libertad a tres ciudadanos que llevaban en prisión... 18 años de nada.
El Reino Unido es un Estado democrático. Pero le ocurren a veces cosas muy raras, como se ve.
También la RFA es un Estado democrático. Pero el muy sorprendente modo en que se le suicidaron todos los presos de la llamada banda Baader-Meinhof tuvo un aire realmente sospechoso.
¿Y Francia? Pues lo mismo. Recordemos la voladura en Nueva Zelanda de uno de los barcos de Greenpeace, el Rainbow Warrior, hazaña que causó un muerto y que realizaron los servicios secretos galos por orden de su ministro de Defensa, Charles Hernu, que luego resultó que había sido también un poquitín espía de la URSS.
Las cosas son más complejas de lo que algunos pretenden. Que un Estado pueda ser considerado democrático no quiere decir que todos sus actos estén ungidos de gracia santa. No es malo que cada Estado de la UE se reserve el derecho a no colaborar con los demás al cien por cien y a ciegas. Así lo han pensado algunos, y han hecho bien.
El Estado de Derecho es un modo de organizar la desconfianza: de los ciudadanos hacia los poderes públicos, de cada poder público con respecto a los otros... y también de cada Estado hacia los demás.
En política -no sólo en política, pero sobre todo en política-, los excesos de confianza son muy arriesgados. Tomar precaucaciones evita muchos arrepentimientos.
Javier Ortiz. El Mundo (18 de junio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de abril de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/06/18 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
europa
el_mundo
1997
francia
preantología
alemania
reino_unido
ddhh
aznar
asilo
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
1997/06/14 07:00:00 GMT+2
Mañana hará veinte años. Gran celebración. ¡Las primeras elecciones democráticas!
Mentira. Otra mentira más, de las muchas que integran la leyenda de la transición.
No fueron democráticas. Hubo partidos políticos que no pudieron presentarse, porque el Gobierno de Adolfo Suárez los mantenía aún en la ilegalidad. ¿Lo hacía contra su deseo, para no asustar al Ejército, buena parte de cuyos mandos aún entonaba loas a la dictadura? Sin duda. Pero la democracia tiene sus reglas: si no existe plena libertad de elección, no hay limpieza. No fueron unas elecciones limpias.
Pero no solo por eso. También porque se jugó con trampa para favorecer -ya entonces- que se creara un mapa parlamentario bipartidista. La UCD se benefició de la maquinaria del Estado para promocionarse, y el PSOE recibió el respaldo incondicional de la poderosísima socialdemocracia europea: respaldo político, desde luego, pero también, y de modo muy principal, en dinero. Marcos, coronas, francos, liras a raudales. Gracias a ello, un partido que no había sido nada bajo el franquismo -eran cuatro y el de la Naval- pudo apabullar al electorado con vallas publicitarias, carteles y cuñas de radio, convirtiéndose en un gran recaudador de votos.
Se entonarán mañana alabanzas sin cuento hacia quienes idearon eso que llaman «nuestra ejemplar transición». En rigor, el auténtico motor del cambio que se operó en España hace veinte años fue el Departamento de Estado norteamericano. Hoy en día, gracias a la desclasificación de la documentación secreta del Gobierno estadounidense de la época, sabemos que ya en los años 60 Washington tenía una idea clara de qué habría que hacer en España tras la muerte de Franco para evitar que en Madrid pudiera instaurarse un Gobierno hostil a los intereses del imperio. Y llevaron adelante su plan de modo muy concienzudo. Parte de ese plan era promocionar un «socialismo moderado» al modo del de González. Primero pensaron que hacía falta alguien del tipo de González; luego, que el tipo era González. Y otorgaron a los Brandt, Palme, Mitterrand y demás Craxis del socialismo europeo el nihil obstat para que dieran su total respaldo a «ese joven nacionalista» -así lo calificaban los gringos, ignoro por qué- y a sus amigos.
Por razones a decir verdad un tanto estrambóticas, pasé la noche electoral del 15-J en compañía de varios dirigentes del PSOE. Cuando TVE anunció que había vencido la UCD y no ellos, empalidecieron. «¡Pucherazo!», clamó uno que, pasado el tiempo, sería ministro y más cosas de relumbrón. Yo no dije nada: ya sabían lo que pensaba de aquellas elecciones, y tampoco era cosa de aburrirles.
Recuerdo lo que hice: pinché un disco de Emmylou Harris, me puse unos auriculares y me hundí en un mullido sofá, viéndoles perorar, sin oírles.
Algo parecido haré mañana cuando ellos, u otros como ellos, empiecen a cantar las excelencias de lo que ocurrió hace veinte años.
Javier Ortiz. El Mundo (14 de junio de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de junio de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1997/06/14 07:00:00 GMT+2
Etiquetas:
el_mundo
1997
suárez
socialismo
felipe_gonzález
preantología
transición
españa
| Permalink
| Comentarios (0)
| Referencias (0)
Siguientes entradas
Entradas anteriores