1998/12/09 07:00:00 GMT+1
Se suponía que debía recoger el Premio Nobel con un discurso social, duro, crítico, feroz, comprometido. A fin de cuentas, es bien sabido que José Saramago se dice -se confiesa- comunista, y un comunista está obligado a ser muy social, muy crítico y muy comprometido.
Pero no: habló de sus abuelos. Habló de gorrinos en la cama, de encinas, de estrellas, de sueños, de viejas fotografías, de la muerte.
Habló de su incansable rumor de memorias.
Alejándose del mitin esperado, adentrándose en los recuerdos de su infancia, Saramago nos contó del más bello modo por qué él es como es. O, quizá mejor: por qué no puede dejar de ser como es.
Por fidelidad.
Hasta una cierta edad, a algunos se nos plantea la necesidad de ser fieles a otros: a aquellos que nos precedieron en el mismo esfuerzo; a los que nos legaron la capacidad de ver, de comprender, de sentir, de rebelarnos.
Luego, un buen día, creemos que ya no es eso: que es a nosotros mismos a los que nos debemos fidelidad. Que si continuamos en la brega es, fundamentalmente, para no traicionar nuestra propia trayectoria.
Finalmente entendemos que la verdad estaba al comienzo: todo lo hacemos por visceral gratitud hacia quienes nos enseñaron a descifrar un poco -un poco- este caos que llamamos existencia. A los que nos dieron las claves del por qué llorar, del a qué decir no, del secreto de la belleza de la vida compartida.
La abuela de José exclamó, sabiéndose en las puertas mismas de la tumba: «¡El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir!». Su abuelo se abrazó uno a uno a todos los árboles de su terruño, para despedirse de ellos, antes de irse para siempre. Los dos enseñaron a aquel niño a amar la vida, la hermosa, la esquiva vida. Él les ha sido fiel. Les ha seguido amando.
Nadie combate porque sepa que el modo de producción es injusto. Aunque lo sepa. Nadie se enfrenta al orden porque sea consciente de que el reparto de la riqueza es injusto y que la injusticia es ley, aunque lo sepa. Lo hace -el que lo hace, si lo hace- porque alguien alguna vez le enseñó que el mundo es un lugar fantástico del que todos podríamos disfrutar, si no fuera porque algunos lo quieren para sí solos.
Habló de ello Saramago, y dijo: «Nada de esto tiene importancia, sino para mí».
Lo suscribo: nada de todo esto tiene ninguna importancia, sino para mí.
Javier Ortiz. El Mundo (9 de diciembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 12 de diciembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/12/09 07:00:00 GMT+1
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1998/12/05 07:00:00 GMT+1
Hay dos métodos casi infalibles para coger ojeriza a los políticos con poder. Uno es estudiar con detenimiento su función social. El otro, tratarlos personalmente.
Si el pueblo llano tuviera la oportunidad de ver en su salsa a los prebostes de más alto copete, si pudiera contemplar lo que dicen y hacen cuando creen que están a salvo del ojo público, la abstención electoral alcanzaría cotas de escándalo. No ya el voto: la gran mayoría de los ciudadanos les negaría hasta el saludo.
Su cinismo es de tal calibre que puede llegar a dar grima incluso a las personas de sensibilidad más embotada. ¡Hasta a periodistas!
En realidad, los periodistas tenemos motivos muy particulares para mirar a los gerifaltes del poder con franca aversión. Nos la juegan con frecuencia realmente irritante. El personal no sabe que, cuando un político sale en plan solemne desmintiendo con mucha energía una noticia que hemos publicado, frecuentemente es él mismo quien nos la hizo llegar. Se aprovechan, los jetas, de que no podemos revelar la identidad de nuestras fuentes de información cuando les hemos prometido el anonimato.
Claro que en ocasiones no se lo prometemos, por más que ellos, profesionales del chismorreo, lo den por supuesto. Se abre así una situación de posibilidades de lo más tentadoras. Me contaron que The Washington Post publicó hace ya muchos años en su primera página una noticia que rezaba: «Según una personalidad de la Casa Blanca que prefiere ocultar su identidad, pero que es Henry Kissinger...». ¡Ah, qué satisfacción me daría que alguien alguna vez le hiciera aquí esa misma jugada a un chismoso que yo me sé, pero cuyo nombre no mencionaré por obvias razones de fuerza mayor!
Ocurre cada dos por tres: «Las cosas están así», te dicen, «pero comprenderás que, si lo publicáis, me obligaréis a desmentirlo». Y se quedan tan anchos.
El miércoles nos contaba un compañero vasco cómo iban las conversaciones entre el PNV y el PSE. Nos dio un dato realmente curioso. Le preguntamos si lo había confirmado. «Bueno, me lo han contado uno del PNV y otro del PSE», respondió. «¿Y no te lo desmentirán mañana?», volvimos a la carga. A lo que replicó, con perfecta naturalidad: «¿Que si me lo desmentirán? Sí, claro; seguro. Las dos partes».
Se tiran la zancadilla sin parar los unos a los otros, pero esconden la patita. Ante las cámaras, ponen cara de no haber roto un plato en su vida y echan sermones sobre la responsabilidad de los medios de comunicación. Son insufribles.
Javier Ortiz. El Mundo (5 de diciembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de diciembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/12/05 07:00:00 GMT+1
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1998/12/02 07:00:00 GMT+1
José María Aznar no tiene prisas. Para casi nada. Como todos los hombres recelosos y desconfiados -él lo es, y en grado sumo-, huye de las decisiones rápidas y siente aversión infinita por las improvisaciones. Antes de dar un paso, confirma la solidez del terreno, mira a derecha e izquierda para asegurarse de que no viene nadie, se pregunta una y otra vez si no le convendría más quedarse quieto...
Siendo así en todo y para todo, imagínenselo en lo relativo a la negociación con ETA. Los pies de plomo le parecen leves. Ténganlo ustedes por seguro: no hará nada de lo que no esté absolutamente convencido. Y, cuando lo esté, no lo hará hasta que se vea obligado a ello.
La prudencia -incluso la más extrema- no es mala en sí misma. El célebre lema de Jacques Danton («¡Audacia, más audacia, siempre audacia!») está bien, pero no cabe afirmar que resulte de aplicación universal. Yo, por lo menos, no me lo pondría en el salpicadero del coche. Pero la prudencia extrema también puede acabar siendo muy arriesgada, según en qué casos.
Aznar se hace un cálculo. ¿Qué pretende obtener él de ETA? Que no mate. Pues ya lo tiene: no está matando. Sería preferible, sin duda, que fuera una decisión firme y definitiva, pero lo que hay no está nada mal (sin contar con que en esta vida nada puede considerarse definitivo, salvo la propia muerte). De modo que, si él es ya de por sí muy poco dado a las prisas, en este caso todavía menos.
Mira el calendario. Ahora, hasta que se forme el Gobierno vasco, mejor estarse quieto. Luego viene echando virutas la campaña de las elecciones municipales: mal momento para hacer nada. Tras de eso, todo el lío de las alianzas para formar gobiernos en municipios y diputaciones, que en Euskadi será fino. Y luego el verano. Y después las elecciones catalanas. Y ya, a la vuelta de la esquina, como quien dice, las elecciones generales, con su campaña correspondiente. En resumen: que de aquí a las urnas del 2000 sólo hay unos pocos meses hábiles a efectos políticos. La tentación para alguien como él es evidente: marear la perdiz en el ínterin, que tampoco es mucho, y llegar hasta la siguiente cita con el electorado con un panorama como el actual, que le es muy favorable para revalidarse como presidente.
Esencia de la táctica: no hacer nada. Cruzarse de brazos y vencer: resulta hasta chistoso.
Todo estupendo, sí. Pero con un problema: que el que está enfrente no es imbécil de remate, y puede darse cuenta del chiste.
Y lo mismo no le hace gracia, e incluso se enfada.
Javier Ortiz. El Mundo (2 de diciembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de diciembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/12/02 07:00:00 GMT+1
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1998/11/28 07:00:00 GMT+1
Se dice y se repite: «Internet constituye un instrumento de trabajo de valor incalculable». Pero no es verdad.
No lo es ninguna de las dos cosas.
Internet podría ser un fantástico instrumento de trabajo, sin duda. Pero, aquí y ahora, constituye más bien un quebradero de cabeza.
Hubo un tiempo, todavía no muy lejano, en el que funcionaba de modo bastante aceptable. Te conectabas sin problemas y, una vez dentro de la red, navegabas a velocidad moderada. Ahora, con el nuevo sistema de conexión de Telefónica llamado Infovía Plus, el aspirante a internauta puede verse obligado a realizar hasta quince o veinte llamadas antes de lograr conectarse. Y cuando finalmente lo consigue -si lo consigue-, el contacto es tan paupérrimo que tal tiene la sensación de que está navegando, sí, pero a remo. Para efectuar una consulta que hace un año le llevaba dos o tres minutos escasos, ahora puede pasarse media hora. Supongo que le han puesto el nombre de Infovía Plus nada más que para, por asociación de ideas, desprestigiar a Polanco. El 055 tradicional de Infovía, que teóricamente debía desaparecer en los próximos días, funciona mejor -tiene narices-, aunque también esté hecho unos zorros.
De modo que difícilmente cabe afirmar que Internet constituya un instrumento de trabajo. Pero, en todo caso, menos todavía puede decirse que sea un instrumento «de valor incalculable»: Telefónica se encarga de calcularlo y de cobrar hasta el último céntimo. Lo que al usuario -a este servidor de ustedes, sin ir más lejos- le hace una gracia enorme, habida cuenta de que buena parte del importe que le facturan es por el tiempo... que le han hecho perder.
«Es que ha crecido mucho el número de usuarios de Internet», dicen las autoridades, «y se satura la infraestructura existente». ¡Pues amplíenla, hombres de Dios! «Es que requeriría una inversión muy grande, y no se le puede pedir a Telefónica, que ahora es ya una compañía privada, que haga un desembolso tan grande». ¿Y a mí qué narices me cuentan? Como contribuyente, exijo que se me presten los servicios necesarios. Tengo derecho a contar con agua corriente, con electricidad, con gas... y con Internet.
Ese es el fondo: que todavía no han entendido que Internet es un servicio necesario. No se han dado cuenta de que los países que logren democratizar su uso -en la enseñanza, en la investigación, en la comunicación, etcétera- se colocarán en posición de ventaja.
Tenemos unos gobernantes que abordan problemas del siglo XXI con mentalidad del XIX. Son unos rematados incompetentes.
Javier Ortiz. El Mundo (28 de noviembre de 1997). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de diciembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/28 07:00:00 GMT+1
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1998/11/25 07:00:00 GMT+1
El Comité Federal del PSOE decidió el pasado sábado que, a partir de ahora, el candidato Borrell será «el líder de la oposición».
Digo yo que por las mismas podría haberlo nombrado barón de la Breda y de Montesquieu.
El Comité Federal del PSOE no tiene derecho a nombrar a Borrell líder de la oposición, porque el Comité Federal del PSOE no es dueño de la oposición.
Veamos. En la oposición está Izquierda Unida. ¿Ha nombrado el Comité Federal del PSOE a Borrell líder de IU? Lo mismo no le gusta a IU, que tiene cierto apego a la costumbre de nombrar a sus jefes mediante votación propia.
Otrosí digo: también Euskal Herritarrok está en la oposición. Incluso muy en la oposición. ¿Será Borrell también el líder de Euskal Herritarrok por obra y gracia del Comité Federal del PSOE? ¿Y qué hacemos con Arnaldo Otegi, que prometía tanto, el chico?
Admitamos que Beiras no es lo mismo: varias veces ha confesado que está dispuesto a pactar con el PSOE. Pero una cosa es que te sientas pactista y otra, bastante diferente, dejar que el pactante te suplante y te deje sin asiento. No creo que al BNG le haga mucha gracia que el PSOE haya decidido ponerle a Borrell de líder.
No es tan sólo cosa de partidos, coaliciones y demás agrupamientos. Los individuos -las personas humanas, que dirían los de la Obra- también podemos estar en la oposición por nuestra cuenta. Es justamente mi caso. ¿Qué? ¿Habré de considerar que ese inaugurador de alcantarillas venido a más, ese relamido reconvertidor industrial especializado en despidos, es mi líder? Y un cuerno.
Para que Josep Borrell pudiera ser realmente líder de la oposición deberían reunirse dos condiciones fundamentales. En primer lugar, habría que poner de acuerdo a la totalidad de la oposición para que respaldara su nombramiento. Lo cual no es nada fácil. Pero haría falta, en segundo término, algo que me parece más complicado todavía: que Borrell -y el PSOE con él- se pasara a la oposición.
Porque ahí está el quid de la cuestión. En realidad, si uno no se deja apabullar por las invectivas que la dirección del PSOE dedica a José María Aznar y a su Gobierno y analiza el meollo último de sus posiciones en materia de política económica, de modelo de Estado, de concepción de las libertades, de construcción europea..., descubre que la alternativa del PSOE es puramente personal: un quítate tú, que quiero volver a estar yo.
«Jefe de la oposición». Toma ya. El Partido Socialista Obrero ha dado a Josep Borrell un título tan pomposo como falso. Es tan líder como socialista. Y como obrero.
Javier Ortiz. El Mundo (25 de noviembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de noviembre de de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/25 07:00:00 GMT+1
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1998/11/21 07:00:00 GMT+1
En teoría, Borrell y el aparato del PSOE jamás podrían llegar a un acuerdo: el primero tiene como objetivo esencial tomar las riendas del partido e imponer su liderazgo; los mandamases del segundo, continuar controlando el tinglado con mano firme y esperar a que este furúnculo que les ha salido en salva sea la parte reviente en las próximas elecciones y les deje volver a sentar cómodamente sus posaderas en el trono de Ferraz.
Sin embargo, es harto posible que al final firmen un armisticio. Y eso porque, si bien no pueden coincidir de ningún modo en lo que quieren, a cambio están del todo conformes en lo que no quieren: ir a un Congreso Extraordinario. A los del aparato les espanta la idea porque, como dice Múgica, sería «una ruleta rusa». Y a Borrell le espeluzna, porque sabe que un Congreso no se hace, sino que se organiza, y él no tiene ni siquiera una mínima red de apoyos en las estructuras territoriales del partido. Piensa que, planteada la batalla en ese terreno, el aparato se lo merendaría.
Comete un grave error de cálculo. No se da cuenta, en primer lugar, de que, sea de un modo sea de otro, lo más probable es que se lo merienden igual. Si no provoca ahora el Congreso Extraordinario, tirará esa baza a la basura: dentro de unos meses, a un paso de las urnas, ya no podrá echar mano de ella, por mucho que quiera.
Tampoco comprende Borrell que hay meriendas y meriendas. Si renuncia a la pelea abierta, a los avezados burócratas felipistas del aparato no les causará mayor engorro írselo zampando poco a poco, minando sus posiciones en la dura brega diaria: incluso podrán atribuir su lánguido ocaso a razones de pura incompetencia. Por el contrario, si les obligara a guisarlo deprisa y corriendo para engullírselo en un Congreso Extraordinario, lo más probable es que se les atragantara: no queda nada estético que unos teóricos delegados de la base derroten a quien fue elegido directamente por la propia base. Hasta habría quien hablara de manipulación. Sería muy desagradable.
El problema de Borrell es que está tan acostumbrado como sus rivales a abordar los problemas importantes en capillita, sin que les dé el aire fresco. Es, a la vez, demasiado ambicioso y demasiado pusilánime: demasiado ambicioso como para renunciar al pájaro en mano que le ofrecen y demasiado pusilánime como para atreverse a ir a una guerra abierta. La base del PSOE confió mayoritariamente en él, pero él no se fía de ella.
Así no irá a ninguna parte. Bueno, sí: al Comité Federal.
Javier Ortiz. El Mundo (21 de noviembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de mayo de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/21 07:00:00 GMT+1
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1998/11/18 07:00:00 GMT+1
Por extraño que parezca en hombre tan volcado hacia el siglo XXI, José María Aznar está recuperando los modos de la Grecia y la Roma clásicas: gracias a él, vuelve a tener vigencia el oficio de oráculo.
Más inescrutable aún que los dioses del Olimpo, el presidente se ha instalado en el silencio. A nadie revela sus planes. No dice nada o, si habla, dice nada: generalidades sin contenido. Si se le pregunta, responde con una risita. «¿Quién será el nuevo secretario general, presidente?», le interrogan. Y él, como la Madame de la canción de Llach, «riu, riu i res no diu».
Es un misterio.
A la vista de lo cual, los que lo rodean se ven forzados a ejercer de augures, arúspices y sibilas. No lo hacen al estilo de aquellos que fundaban sus vaticinios en la minuciosa observación del vuelo de los pájaros, las hojas de los robles, la alimentación de los pollos sagrados y las entrañas de las víctimas. Poco dada a los ritos paganos, la gente del entorno de Aznar recurre a la tradición de la turca Klaros, cuyos oráculos se especializaron en interpretar los silencios de la divinidad.
Lamentablemente, su tasa de acierto no es demasiado elevada. «Hasta tus silencios, presidente, dictan lecciones magistrales», le lisonjeó Álvarez Cascos en el XI Congreso del PP, presumiendo de vidente ante la concurrencia. «Yo soy el que mejor interpreta los silencios del presidente», fardaba Miguel Ángel Rodríguez. Pues ya ven ustedes el éxito que han tenido los dos con su clarividencia.
Entretanto, Aznar se lo pasa en grande. Está feliz. Ha comprobado que cuanto más hermético se muestra, más temor y reverencia suscita en los suyos. Y no seré yo quien se lo critique, si él disfruta tanto y los otros se lo admiten.
Me molesta, eso sí, como simple ciudadano, que una organización política en la que todo se sujeta al indiscutible arbitrio del Jefe, con una rigidez jerárquica que hubiera sido la envidia del difunto Kim Il-Sung, se proclame democrática, y nadie se lo discuta. No digamos ya nada si, para más inri, el Jefe se permite afirmar con toda la jeró que la aplicación universal de su santa voluntad es una muestra de renovación democrática.
Habrá quien se sorprenda por este discreto pero irresistible endiosamiento de Aznar. Alguna gente de izquierda, inclinada a confundir brillantez y valía, se empeñó desde el principio en tomarlo por un mindundi de quita y pon. Yo nunca me he fiado ni un pelo de los aparatchiki hábiles en el juego de pasillos. Y menos de los bajitos rencorosos. Si sabré de qué hablo: yo mismo soy uno.
Javier Ortiz. El Mundo (18 de noviembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de mayo de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/18 07:00:00 GMT+1
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1998/11/17 07:00:00 GMT+1
Nacido en Getxo en 1921, de padre alemán y madre veneciana de origen vasco, Federico Krutwig Sagredo ha sido una de las personalidades vascas más singulares de este siglo. Licenciado en Derecho y Economía por las Universidades de La Sorbona y Bonn, experto en una veintena de idiomas -entre ellas el euskara, de cuya Academia fue destacado miembro-, integrante de la Asociación de Investigaciones Científicas de Atenas y reputado helenista, Krutwig fue expulsado de España en 1952, tras pronunciar en la Diputación vizcaína un discurso que fue considerado «separatista». Lo era.
Por aquellos tiempos, el bilbaino Blas de Otero le dedicó uno de los portentosos sonetos de su Ángel fieramente humano.
Instalado en Biarritz, escribió la obra que le daría más proyección, Vasconia. La publicó en 1963 con el seudónimo de Fernando Sarrailh de Ihartza y tuvo una enorme influencia en los integrantes de la naciente ETA. Aunque disparatada en muchos aspectos, los jóvenes independentistas apreciaron de aquella obra varias ideas clave, que han perdurado durante decenios: 1º) su crítica de la base racista del sabinianismo: él situaba la lengua vasca en el centro del fundamento étnico; 2º) su rechazo del estilo clerical del PNV; 3º) su defensa del marxismo revolucionario -que él consideraba muy en sintonía con «el comunismo primitivo vasco», fruto directo de su encendida imaginación- y de la violencia armada, a la que dedicaba un largo apartado, tan prolijo como caótico, en parte inspirado en La guerra de guerrillas, de Ernesto Guevara, y 4º) la idea de la espiral acción-represión, a la que ETA se ha aferrado hasta el final, con los resultados conocidos.
Krutwig nunca militó en ETA. Expulsado igualmente de Francia, marchó a Bruselas, donde también dejó importante huella.
Tras la muerte de Franco, regresó a Bilbao donde, ya sin relación alguna con ETA, siguió publicando trabajos y artículos en revistas y diarios. Todavía el pasado día 12, apareció en Deia un artículo suyo en el que lamentaba que no se forme otro Tribunal de Nuremberg que juzgue, entre otros... a Aznar. Y es que, si éste no ha cometido delitos de genocidio, es -escribía- «porque no puede».
Nota: Federico Krutwig murió anteayer (15 de noviembre de 1998) en Bilbao a los 77 años por causas aún no determinadas.
Javier Ortiz. El Mundo (17 de noviembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de noviembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/17 07:00:00 GMT+1
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1998/11/15 07:00:00 GMT+1
A alguna gente le asombra que me guste la música country. «¡Pero si es toda igual!», me dicen. Les parece toda igual, porque la ven desde fuera. Los que nos hemos animado a adentrarnos en las interioridades de esa música sabemos que encierra una gran variedad. El bluegrass no tiene gran cosa que ver con el tex-mex. El cajun y las canciones vaqueras se parecen como un huevo y una castaña.
Pero en cierto modo tienen razón mis críticos. Todo el country es igual. Todo Mozart es igual. Todo Bach es igual. Todo el rap es igual. Todo Picasso es igual. Todos los hombres somos iguales. Todos los chinos son iguales. Depende desde dónde los miremos, con qué grado de conocimiento, con qué interés.
Cuando los Juegos Olímpicos de Seúl, dibujé un chiste en el que se veía a dos coreanos, miembros de la organización de la cosa, que miraban descender de un avión a varios equipos europeos: el de Grecia, el de la RFA, el de España, el del Reino Unido... Uno de los coreanos decía: «A mí me toca atender a los españoles. ¿Quiénes son?». Y el otro respondía: «¿Y cómo quieres que lo sepa? ¡Estos europeos son todos iguales!».
Para muchos coreanos, los europeos somos parecidísimos.
La distancia, la indiferencia y la ignorancia facilitan la amalgama.
Me sumergí en estas meditaciones anoche, tras haber descubierto con asombro, oyendo las noticias, que los políticos del PP y el PSOE me parecen cada vez más iguales.
«¡Pues no será por ignorancia!», exclamé para mí, como en el cuplé. Me los conozco muy bien, vaya que sí.
Más faena me supuso descartar que fuera por indiferencia. Ellos, personalmente, no me importan gran cosa -para qué negarlo-, pero lo que hacen sí me interesa, y mucho, porque afecta a la tira de gente, yo incluido. No; no me son indiferentes.
Me llevó Dios y ayuda encontrar la respuesta correcta al enigma. Y eso que era sencilla: me parecen cada vez más iguales porque son cada vez más iguales.
Miren ustedes a Piqué. Díganme que no se lo imaginan de portavoz de un Gobierno del PSOE. Ahora van a poner a Pío Cabanillas (hijo) al frente de RTVE: estoy seguro de que lo podría hacer igual de bien o de mal en loor y gloria de Ferraz (y hasta es posible que lo haga). Cada relevo que se monta José María Aznar para centrar al PP nos trae otro tecnócrata versátil -es decir, ideológicamente amorfo-, clónico de los mil y uno que ya nos endilgó el felipismo.
Son -los unos y los otros- como los gatos de noche: todos pardos.
Javier Ortiz. El Mundo (14 de noviembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de noviembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/15 07:00:00 GMT+1
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1998/11/13 07:00:00 GMT+1
Veo en la televisión al presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán. Parece contrito.
De Nicaragua me llega un informe detallado sobre los primeros días del desastre. Le concedo la palabra: «El Gobierno levantó la alerta de la llegada del huracán el lunes pasado [se refiere al día 2] porque dijeron que no golpearía Nicaragua y que pasaría al norte (...). El propio Arnoldo Alemán dijo el martes que los periodistas éramos muy alarmistas y que no había peligro (...). El miércoles el huracán estaba golpeando Honduras con toda su fuerza y llovía intensamente en el centro y en el norte del país, pero INETER [el servicio metereológico nicaragüense] guardó silencio. Ese día Alemán se fue con una enorme caravana por Jinotega y se quedó entrampado. Sus vehículos se pegaron en unos lodazales y tuvo que ser rescatado en helicóptero. (...) Ese día, el Centro de Huracanes de Miami alertó a Nicaragua, pero aquí no hicieron caso. (...) En la noche del jueves, Alemán dio declaraciones diciendo que todo estaba bien, bajo control; que no había pérdida de ninguna cosecha, que más bien las lluvias iban a ayudar a la maduración del café, que INETER estaba seguro de que el jueves dejaría de llover. (...) El viernes fue el fatídico deslave en el Casitas, pero nadie se dio cuenta. (...) Sandinistas y liberales se enfrascaron en una estéril pelea sobre si decretar o no el estado de emergencia, y en eso se pasaron el viernes y el sábado, mientras miles de personas morían. (...) El Gobierno pasó 72 horas de incapacidad total, diciendo sólo que había que tener paciencia y pedirle ayuda a Dios. (...) Algunos funcionarios-empresarios y los banqueros presionaron a Alemán para que no decretara la emergencia porque tenían miedo de quebrar, que venía la Navidad y que las ventas se les venían al suelo. (...) Alemán dijo que si decretaba la emergencia saldrían algunos vivianes cargándose la ayuda y que, además, algunos productores malapaga jamás cumplirían con los bancos privados. (...) ¿Cómo es posible que el lunes, en plena desgracia, Alemán se fuera al Mirador Tiscapa a celebrar el cumpleaños del alcalde de Managua, con mariachis y todo? (...) ¿Cómo se entiende que en el mercado oriental de Managua hayan aparecido bidones de aceite y cajas de leche de las que acaba de enviar Estados Unidos, vendiéndose? (...) Los diputados liberales se negaron a entregar siquiera mil pesos de sus salarios; dijeron que ya habían asistido a sus comunidades por otras vías. (...) Hoy volvieron a abuchear a Alemán en Tipitapa. La gente lo esperó en la calle y le gritó: '¡Somos liberales, pero queremos comida!'. El anda como de paseo con una caravana de 15 vehículos, en una enorme limusina negra».
Así son los liberales de Centroamérica.
El huracán se abatió sobre aquella tierra durante un par de días. Es de temer que esta gente la va a afligir durante mucho más tiempo.
Javier Ortiz. El Mundo (13 de noviembre de 1998). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de noviembre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.1998/11/13 07:00:00 GMT+1
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