2000/05/10 07:00:00 GMT+2
Estaba el ejemplo de Irlanda. Muchos lo invocamos.
Nunca faltaba el listo que objetaba que Irlanda no es Euskadi. Como si uno no percibiera la diferencia entre Mikel Laboa y Christy Moore y tratara de cantar Amonatxo con la letra de Quiet Desperation.
Claro que son diferentes. Por fortuna para ambas.
Lo que tratábamos de señalar es que en Irlanda se produjo un esfuerzo colectivo por superar su inacabable conflicto. Que el IRA reconoció que estaba harto de matar para alcanzar una Irlanda unificada, republicana... y mítica, y que los gobernantes de la City admitieron que no tenían ningún interés en seguir condicionados por su negra agenda oculta.
Cada cual se declaró harto de representar hasta la náusea su papel, tediosamente cruel, y entre todos decidieron echar el telón y empezar a escribir otra obra.
Ese era el ejemplo. Y nosotros se lo propusimos a la sociedad española. Y, como representante de ésta, al Gobierno de Madrid.
Creímos que la otra parte estaba preparada para seguir un camino parejo.
Las actas de ETA publicadas por Gara nos han colocado en nuestro sitio. Somos -dicen los orfebres de la goma dos- «unos sabiondos». Estábamos dando por supuesto que ellos querían dejar de matar, y eso era falso. Pura calumnia. No era verdad que desearan retirarse de la escena y permitir que la política fuera, como escribió el pobre Clausewitz, «la continuación de la guerra por otros medios». Estaban prestos a dejar las armas, sí, pero solo si el enemigo se rendía y aceptaba su exigencia principal: el derecho de autodeterminación de la población de los seis territorios históricos vascos (o, más exactamente, de los pobladores de esos territorios a los que ellos concedieran la categoría de vascos). Nada de pendejadas como la del IRA, que acepta como punto de partida de la paz una autonomía que no le llega ni a los talones a la que ya tienen las tres provincias vascongadas, de un lado, y la foral Navarra, del suyo.
Debieron de darse cuenta de que los escribidores «sabiondos» somos duros de mollera y por eso nos han puesto sobre la mesa la inapelable prueba material de su determinación autodeterminada: el cadáver de López de Lacalle, muestra de los riesgos que corre el que no piensa como es debido. (Gracias, Arnaldo: de no ser por este asesinato, jamás se me habría ocurrido pensar sobre el papel de los medios de comunicación en el contencioso. Ahora sí que estoy en condiciones de emprender una reflexión serena. Mi enhorabuena: te has ganado un adepto).
Así que, en resumen (y ya veo que no hay mal que por bien no venga): he comprendido que erré pensando que Irlanda nos servía de ejemplo.
Javier Ortiz. El Mundo (10 de mayo de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de mayo de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/05/10 07:00:00 GMT+2
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2000/05/06 07:00:00 GMT+2
Los portavoces de las centrales sindicales que llaman mayoritarias -un eufemismo que se utiliza en el gremio periodístico para no decir crudamente «menos minoritarias»- admiten que en el mes de abril ha bajado el paro. Pero no han tardado ni un minuto en explicar por qué: se trata de un fenómeno estacional.
No diría yo que no lo sea, y hasta estoy seguro de que cabría explayarse no poco sobre la naturaleza del empleo creado (en particular del que llaman fijo: alguna vez escribiré sobre cómo, desde que el empleo fijo ya no es fijo, se crea mucho más empleo fijo).
Pero lo que me llama la atención de la apostilla sindical sobre lo estacional del nuevo empleo es lo estacional del propio argumento: nunca recurren a él cuando es el paro el que crece.
Intuyo que obran así porque piensan que ellos están para buscarle las cosquillas al Gobierno, no para salvarle la cara. Y es una explicación, pero no me convence, por más que el Gobierno haga lo mismo, solo que al revés.
El sectarismo es una enfermedad contagiosa que tiene, entre otros efectos, el que sus pacientes se creen en el deber de deformar la realidad.
Es como lo que pasaba antes con las manifestaciones de masas, cuando había manifestaciones de masas. Ningún convocante calculaba el número de asistentes a su manifestación contando la cantidad de gente que realmente había asistido a ella, sino por comparación con otras manifestaciones. «Si los de Tal dijeron que a su manifestación del martes fueron 10.000 personas, nosotros tenemos que decir por lo menos 15.000, porque en la nuestra ha habido más», se decían los de Cual. Solo que a la de Cual habían ido 3.000, y a la de Tal, 2.500. Fue tal el efecto emulatorio de la cosa, que se llegó a efectos surrealistas: hubo una manifestación, a la que de hecho no acudieron ni 100.000 personas, a la que los convocantes dijeron que había asistido... ¡un millón!
Todo el mundo sabía que era mentira -empezando por ellos-, pero nadie objetaba nada.
Son convenciones sectarias que integramos en la normalidad.
Recientemente, un periodista que ha acompañado a familiares de presos de ETA en su recorrido por unas y otras cárceles me contaba que él ya se ha acostumbrado a preguntarles: «Y al suyo, ¿de qué lo acusaron?». Nada de «qué hizo»: se sobreentiende que ninguno hizo nada. De creerles, habría que suponer que los jueces de la Audiencia Nacional están tan obsesionados en condenar inocentes como la Policía en dejar en libertad a los verdaderos autores de los atentados.
De lo que deduzco que el sectarismo trasciende ideologías y clases sociales. Cuando se trata de dar la espalda a la realidad, casi todo el mundo está de acuerdo.
Javier Ortiz. El Mundo (6 de mayo de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de abril de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/05/06 07:00:00 GMT+2
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2000/05/03 07:00:00 GMT+2
No he visto Gran Hermano. He oído hablar mucho del programa, claro, pero nada de lo que he escuchado me ha animado a verlo.
Aclaremos conceptos, que se dice ahora: no voy de elitista por la vida. Soy capaz de tragarme con delectación películas de guerra, o de detectives, que todos los buenos aficionados al cine sostienen -y parece que con fundamento- que son horrorosas. Por no hablar ya de las de submarinos: de ésas no me pierdo ni una. Me fascinan. ¿Por qué? No lo sé. (Bueno, me lo imagino, pero prefiero no entrar en intimidades impúdicas).
Si lo de Gran Hermano me deja frío no es por razones de calidad, ya digo, ni por su contribución más o menos decisiva a la causa de la estupidización universal, que ignoro. Lo que me echa para atrás del programa es precisamente lo que sus promotores presentan como su mayor atractivo: espía la vida corriente de gente corriente.
Qué espanto. Llevo ya bastante mal los hechos corrientes de gente corriente que me obliga a afrontar la vida diaria -incluidos los hechos corrientes de mi propia existencia corriente-, como para tener ganas de sentarme en el sofá por la noche para que la televisión me inyecte dosis suplementarias de corrientez. Ni de coña.
Pero los malos tratos que se aceptan de buen grado, o incluso se buscan, no son tortura, sino masoquismo. Allá quien quiera regodearse con los detalles de la subsistencia de otros teóricos seres civiles y humanos, que diría el poeta. Yo me niego, pero no veo a cuento de qué debería reclamar que se les prohíba.
Da igual: ya tenemos montada otra campaña biempensante más, que reclama que Gran Hermano sea retirado de la programación.
Qué manía de prohibir tiene el personal.
Es una tendencia muy unida al papanatismo fetichista que rodea el mundo de la televisión. ¿Han oído ustedes alguna vez que alguien haya pretendido que se suprima algún programa de radio? Quien pilla uno que le cae mal, se busca otro y, si no se topa en el dial con ninguno de su agrado, apaga el receptor y se queda tan ancho. Pero la tele es diferente: excita el ánimo censor de la mayoría.
En el fondo de cada aspirante a inquisidor televisivo se encuentra un optimista incurable. Cree que la prohibición de un programa espantoso va a permitir la emisión de otro mejor. La experiencia enseña más bien lo contrario: a nada que te descuidas, todo tiende naturalmente a empeorar.
Por mí, que siga Gran Hermano, y que su audiencia lo disfrute con salud. Siempre que otras cadenas no dejen de emitir películas de bandidos y de detectives. Y de guerras, y de submarinos. Lejanas, lo más lejanas que quepa de la vida corriente de la gente corriente.
Javier Ortiz. El Mundo (3 de mayo de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de mayo de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/05/03 07:00:00 GMT+2
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2000/04/29 07:00:00 GMT+2
Ecologistas en Acción ha propuesto a las autoridades españolas que rebajen los límites máximos de velocidad de los automóviles. Solicita que el nuevo máximo legal sea de 100 km./h. en autopistas y autovías, de 80/90 km./h. en carreteras de doble sentido y de 30/50 km./h. en ciudad.
Participo del espíritu de esta propuesta, pero no me convence su concreción normativa.
Con muy buen sentido, afirma Ecologistas en Acción que, a menos velocidad, menos accidentes, menor consumo de carburantes y menos contaminación. Pues bien, y puesto que es así -y así es, sin duda-, ¿por qué no llevar las cosas a sus últimas consecuencias lógicas? A 100 km./h. habrá menos accidentes que a 120, no lo niego, pero a 60 todavía menos. Y a 20, no te digo. Habría que exigir que la velocidad máxima autorizada en las autopistas fuera de 20 km./h.
La circulación generalizada a 20 km./h. tendría inmediatos efectos benéficos, tanto directos como indirectos. Muchísima gente que actualmente recurre atolondradamente al coche para viajar, obsesionada por las prisas, se lo pensaría muy mucho tras comprobar que un recorrido de 400 kilómetros, que ahora viene a hacer en algo más de tres horas, le llevaría, contando las preceptivas paradas, casi un día entero. Visto lo cual, renunciaría a ir en coche, con lo que el número de accidentes, la contaminación y el consumo de carburantes descenderían de manera espectacular.
Eso en lo que atañe a las autopistas, autovías y carreteras.
En los núcleos urbanos, la nueva política podría complementarse con otro género de razonables medidas que ya en su día propuso Boris Vian para París, y que incomprensiblemente siguen inéditas.
Una es que todas las calles sean de dirección obligatoria de sur a norte y de este a oeste, según pillen. De esa guisa, ningún automovilista podrá ir a donde se propone, con lo que todo el mundo renunciará a usar el automóvil. ¿Se imaginan lo que puede llegar a mejorar el medio ambiente?
Otra medida -ésta de claro tenor socializante- sería abolir la propiedad privada sobre los coches. Cada cual podría coger el que le viniera más a mano. Claro que, en esas condiciones, nadie echaría gasolina. Y, a medio plazo, nadie compraría coche. Lo que nos conduciría por el camino deseado sin necesidad de prohibiciones, que son siempre enojosas.
Hay países en los que existen ya fuertes limitaciones a la velocidad de los automóviles, pero lo suyo no tiene mérito: sus ciudadanos cuentan con muy buenos transportes públicos. Así, cualquiera. No; hemos de dejar claro que lo nuestro es una cuestión de principios. Debemos demostrar que, estando en juego los valores superiores de la vida humana y el medio ambiente, lo de llegar a tiempo a los sitios nos parece pura filfa.
Javier Ortiz. El Mundo (29 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de mayo de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/29 07:00:00 GMT+2
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2000/04/26 07:00:00 GMT+2
José María Aznar se propone lograr la pacificación del País Vasco en esta legislatura.
Un irreprochable objetivo, a todas luces. Qué duda cabe.
Pero, en política -y en la vida, en general- la gracia no reside en dibujar bellas metas. Eso está al alcance de cualquiera. El auténtico estratega se distingue del vacuo charlatán en que, tras definir las grandes metas, sabe trazar las vías que permiten llegar a ellas.
La pacificación de Euskadi sólo podrá alcanzarse cuando se logre que ETA abandone su actividad terrorista, voluntariamente o por la fuerza.
Aznar no dio muestra de estar dispuesto a promover ninguna política destinada a convencer a ETA de que renuncie a las armas de buen grado. De hecho, habló en términos francamente despectivos de los que, como el PNV, están empeñados desde hace meses -sin éxito alguno, bien es cierto- en explorar esa vía.
Habrá que concluir, por vía de consecuencia, que espera lograr la pacificación de Euskadi a partir de la derrota de ETA. Y no de una derrota cualquiera, sino de una derrota completa, sin posibilidad de recuperación. De una derrota obtenida por la única línea de acción que encara en estos momentos: la policial.
No reparo aquí en postulados ideológicos. Me planteo tan sólo resultados prácticos. Si Aznar lograra acabar con ETA en los próximos cuatro años por la vía policial, habría cumplido con su promesa. Habría alcanzado la meta propuesta: habría logrado la pacificación. ¿De la mejor, de la peor manera? Poco importaría a esos efectos. El gato -blanco, negro o azul- habría cazado al ratón.
La cuestión que se plantea es así de sencilla (y así de terrible en sus consecuencias): si Aznar acierta, ETA desaparecerá. Pero, si yerra, seguiremos en las mismas. Con muertes, atentados, secuestros, violencia callejera, extorsión, coacciones.
¿Qué avales prácticos presenta Aznar para justificar su confianza en el éxito completo de la acción policial contra ETA en el plazo de cuatro años?
Supongo que él, lo mismo que yo, habrá visto las imágenes de la acampada juvenil que ha sellado la fusión de Jarrai y Gazteriak. Había allí decenas de miles de chavales extasiados ante los mensajes de ETA. ¿Cree realmente Aznar que su acción policial va a impedir que algunos cientos de esos jóvenes prosigan dentro de unos años, si es que no dentro de pocos meses, la labor de los comandos que logre desarticular la policía?
Tal vez él lo crea, pero muchos no lo creemos. Y no por malévola desconfianza, sino por elemental experiencia. No creemos que vaya a pulverizar la marca de los cien metros quien en los cuatro años pasados no ha sido capaz de andar ni un puñetero paso.
Javier Ortiz. El Mundo (26 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de abril de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/26 07:00:00 GMT+2
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2000/04/19 07:00:00 GMT+2
«No es posible ver lo que está sucediendo en Etiopía sin que se te encoja el alma», dice en la radio un sacerdote que parece conocer bien lo que sucede en aquella desdichada tierra.
El buen hombre da por supuesto no solo que existen las almas, sino que, además, todas tienen mucho de común.
Me dio clase de filosofía en 6º de Bachiller un profesor que me enseñó todo lo que necesitaba saber sobre el alma (que, a decir verdad, tampoco era demasiado). Corrían tiempos del muy católico franquismo, así que el docente en cuestión, hombre que por lo demás ambicionaba hacer carrera, estaba obligado a fingir una ortodoxia religiosa que, obviamente, no sentía. Nos dijo un buen día en clase: «El alma existe, por supuesto, y es totalmente inmaterial, claro está. Ahora bien, no deja de ser curioso que, si te metes 50 centímetros cúbicos de alcohol en la sangre, tu alma se ponga a soltar tonterías sin parar».
Era su modo de eludir la censura. Le gustaba pensar por sí mismo pero, cuando se atrevía a hacerlo, se asustaba.
El alma -la capacidad de pensar y sentir de los humanos- depende de la realidad que la rodea.
En el alma de los prebostes del FMI y el Banco Mundial que se han reunido en Washington durante estos días no hay espacio para los muertos de hambre. No forman parte de su paisaje, de su realidad. Pueden dejar que les visiten, todo lo más, como un añadido, como un punto en el apartado final de ruegos y preguntas.
«¿Y no podríamos hacer algo por esa pobre gente del Tercer Mundo?», dice el uno, algo molesto por la mala imagen que está dando la reunión en los telediarios, por culpa de esos mangarranes de la protesta.
«¡Oh, sí, sí, sí, claro, cómo no!», contestan los otros a coro. Y votan una resolución en la que dicen que quizás no han sido todo lo sensibles que sería necesario ante esa cosa de la pobreza.
Y a continuación se olvidan de ello. Y vuelven a sonreír con aire entre evocador y distraído mirando las hermosas tablas estadísticas que demuestran que Asia va bien, porque ha dejado de ser un problema para el equilibrio financiero internacional, y que América Latina va bien, porque ya no pone en peligro el proceso de la globalización. ¿Que los hay que se mueren de hambre por miles, a diario? ¡Por Dios, así es la vida! ¡Toda luz tiene sus sombras!
El pobre sacerdote que habla en la radio de Etiopía y del encogimiento de las almas no se da cuenta de que a él le duelen las hambrunas solo porque forma parte de su realidad. Porque él, bendito, se ha atrevido a convertirlas en parte de su realidad. Pero sus jefes también las reservan para el apartado de ruegos y preguntas.
Javier Ortiz. El Mundo (19 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de abril de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/19 07:00:00 GMT+2
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2000/04/15 07:00:00 GMT+2
«No hay día que no escuche en boca de algún dirigente socialista unas cuantas razones por las que no debería haber votado al PSOE... Me han convencido. Fue un error», escribe con sarcasmo una lectora de El País. Y da al partido de sus muy recientes preferencias un buen corte de mangas: «Ya que los dirigentes socialistas están buscando caras nuevas, les pido que aprovechen para buscar votantes nuevos».
Un partido político puede soportar muchas cosas. Nuestra sociedad es muy permisiva en materia de ética. Puede sobrellevar que lo acusen de corrupto, de caciquil, de tiránico, de vendido: de eso y de mucho más. Incluso con pruebas. Lo que perdona difícilmente es que se convierta en motivo de chirigota. Que hasta los suyos le pierdan el respeto. Que se rían de él, así sea por no llorar.
El confuso mea culpa actual del PSOE está produciendo ese efecto.
En esta sociedad de escaparates, la autocrítica queda como muy bien cuando quienes reconocen haber cometido algún error demuestran que lo han analizado mejor que nadie y que además saben cómo sacar partido de él para estar más estupendos que nunca. Eso hasta refuerza la fe de sus admiradores. Pero si admiten que no han dado prácticamente ni una, y encima demuestran que no tienen ni idea de cómo salir del agujero, el efecto que provocan es el opuesto: empujan a sus huestes a salir huyendo en busca de otros paladines.
Leo el documento que han preparado los guerristas madrileños de cara al XXXV Congreso socialista. El diagnóstico es de UVI. No salvan ni la actividad del PSOE de puertas afuera (hablan del «carácter difuso y espasmódico del proyecto político y del programa»: toma ya) ni la de puertas adentro (consideran que su partido sigue un modelo organizativo en el que predominan «la exclusión y la quiebra de la legalidad interna»). A ver quién es el guapo que está dispuesto a poner su futuro en manos de ese dechado de virtudes.
El guirigay es total. Maragall recorre la piel de toro cantando las virtudes del ¡Viva Cartagena!; Bono declara sin parar que hay que hacer menos declaraciones; Rodríguez Zapatero se aprovecha de lo mucho que se habla de buscar caras nuevas para dar a conocer la suya, cuya única virtud conocida es, precisamente, que es desconocida; Rosa Díez hace lo propio, sólo que tratando de fingir que su muy conocida cara es, en realidad, novísima; Francisco Vázquez canta un día sí y otro también las virtudes modélicas del PP... Para completar el caos, Chaves, teóricamente encargado de canalizar las discusiones internas de cara al Congreso, dice que ya está bien de discusiones internas.
Querían evitar una tragedia y lo están consiguiendo. Lo suyo no es una tragedia: es un sainete.
Javier Ortiz. El Mundo (15 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de abril de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/15 07:00:00 GMT+2
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2000/04/12 07:00:00 GMT+2
Leo un despacho de agencia que da cuenta de la celebración en Madrid de la Primera Ronda del Encuentro Transnacional de Periodistas, organizada por la Red Europea de Mujeres Periodistas.
Según se dice, este Encuentro apunta a «elaborar una guía de buenas prácticas para sensibilizar a los responsables de comunicación a informar con propiedad sobre la violencia de género, ya sea doméstica, tráfico de mujeres, prostitución o pornografía».
Dejando de lado la redacción del párrafo, que no contribuye demasiado a clarificar las cosas, y obviando la expresión «guía de buenas prácticas», de resonancia vagamente catequista, no tengo nada, sino todo lo contrario, contra lo que se nos propone inicialmente a los del gremio de la comunicación: debemos estudiar, en efecto, cómo informar adecuadamente sobre la violencia de género, incluida la doméstica, y sobre el tráfico de mujeres.
A cambio, me quedo perplejo cuando constato acto seguido que la Red Europea de Mujeres Periodistas mete en un mismo saco el tratamiento informativo de la prostitución y la pornografía con el de la violencia de género y el tráfico de mujeres. ¿Considera que son fenómenos homologables? Pues se ve que sí, puesto que, según leo en el teletipo, «la coordinadora del proyecto y vicepresidenta de la Red, Yolanda Alba, recordó que en España existen más de 4.000 tiendas de sexo y otras tantas casas en las que se prostituyen más de 400.000 mujeres, a las que hay que sumar las que trabajan en la calle». Aún más explícita fue al respecto la directora general de la Mujer de la Comunidad de Madrid, Asunción Miura, quien apuntó en el mismo acto que «no se puede separar el tráfico de personas de la prostitución porque son uno consecuencia y causa del otro».
Mala cosa ésta. Porque yo, aunque quisiera, no podría dejar de separar y dar distinto tratamiento informativo al tráfico de personas y la violencia sexista que a la prostitución. Sencillamente, porque la primera es un delito y la segunda, una actividad lícita. De no hacerlo, correría el riesgo de que quienes ejercen la prostitución, mujeres u hombres, se querellaran contra mí, y con toda la razón, por equipararlos con delincuentes. A efectos de la Ley, tanto da hacer recuento del número de prostitutas, de sex shops y de mercaderías pornográficas como del de odontólogos, tiendas de Todo a 100 y emblemas del Real Madrid.
Pero no sólo me es imposible dar el mismo trato a lo uno y a lo otro. Es que, además, no quiero. Quien ejerce la prostitución alquila su cuerpo. A decir verdad, me parece una práctica éticamente más estimable que la de quien alquila su alma. Cosa sobre la que algo sabemos cuantos nos dedicamos a la profesión periodística.
Javier Ortiz. El Mundo (12 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de junio de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/12 07:00:00 GMT+2
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2000/04/08 07:00:00 GMT+2
Un reciente trabajo sociológico de considerable amplitud sostiene que, en contra de lo que se da por supuesto comúnmente, la juventud española actual es, por lo general -pero por lo muy general-, egoísta e insolidaria, siente escaso interés por los problemas sociales, se la trae al pairo la política y no se asocia ni a la de tres.
Los autores del estudio subrayan con evidente desaliento que es la primera vez, desde que realizan estudios como éste, que se topan con una nueva hornada de jóvenes españoles que se muestra en conjunto menos progresista que sus mayores más próximos.
Cuando oí hablar de este estudio, mi primera reacción fue poner en solfa los parámetros que utiliza para el análisis.
Sus autores recogen como un dato negativo, por ejemplo, la escasa tasa de afiliación política de la juventud: según ellos, sólo uno de cada cien jóvenes milita en alguna formación política. Y bien, ¿a cuento de qué dan por supuesto que afiliarse a un partido político es un signo de progresismo?
Otro dato similar: deducen que la juventud actual está muy despolitizada del hecho de que, al parecer, es ampliamente abstencionista. Digo lo mismo que antes. La decisión de no votar puede tener motivaciones muy diversas. No es necesariamente un signo de desinterés por la cosa pública.
A lo cual hay que añadir el uso acrítico que el estudio parece hacer del término «progresismo». La consideración del progreso -de la marcha adelante- como algo intrínseca e inevitablemente bueno pudo tener algún sentido hace medio siglo, o antes -no tanto como el que se le dio, de todos modos-, pero lo ha perdido por completo. No todo tiempo pasado fue mejor, desde luego -que nos lo digan a los cincuentones y, sobre todo, a las cincuentonas de por aquí-, pero sí ha habido tiempos menos insatisfactorios, en conjunto, que éstos. Por lo demás, «mejor» y «peor» son criterios variables: lo que es mejor para uno puede ser peor para otro.
La creencia en que la Humanidad marcha hacia su perfeccionamiento no resiste el contraste con los hechos.
Pero, por justificados que estén estos y otros muchos peros que cabe poner al estudio sociológico de marras, más vale no engañarse: la ultimísima juventud actual no parece augurar una sustancial mejora del nivel cívico de la sociedad española.
Pero los jóvenes no son así por iniciativa propia. Ponen en práctica lo que han aprendido. Y no son tontos: desdeñando los afeites hipócritamente humanitarios, han sabido captar la esencia individualista e insolidaria del modelo social que se les ha inculcado.
Javier Ortiz. El Mundo (8 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de abril de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/08 07:00:00 GMT+2
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2000/04/05 07:00:00 GMT+2
Dice Francisco Frutos que el grupo parlamentario de IU va a vigilar muy de cerca al PP para obligarle a cumplir sus promesas electorales.
Algo muy semejante afirmó Joaquín Almunia en la noche del 12 de marzo, tras constatar la victoria de Aznar en las urnas: su partido exigirá al nuevo Gobierno que cumpla todos los compromisos que adquirieron sus candidatos durante la campaña.
Ya empieza a perfilarse -¿quién dijo que era imposible?- la plataforma común de oposición de la izquierda. Punto primero: PSOE e IU están de acuerdo en presionar muchísimo al PP para forzarle a ser fiel a sus promesas.
Extraña oposición, a fe.
Así, de entrada, yo diría que lo que debería procurar la izquierda no es que la derecha cumpla su programa, sino todo lo contrario.
Si realmente el PSOE e IU están convencidos de que los proyectos del PP son nefastos para los intereses de la población trabajadora, como ha asegurado tantas veces, no veo a qué viene tanta insistencia en que los ponga en práctica. Más bien debería hacer todo lo posible para evitar que cometa tales tropelías.
Imagínense ustedes que va a comenzar un partido de fútbol y sale el entrenador de uno de los equipos y declara: «Más le vale al equipo contrario atenerse a lo que ha prometido a su afición y jugar bien, porque, si no, se va a enterar. Sacaremos a nuestros forofos a la calle y le armaremos una buena». Todo el mundo pensaría que se ha vuelto majara.
Pero está visto que en esto de la política como espectáculo se toleran actitudes que en la vida normal sólo se admitirían en un cotolengo.
El PP ha prometido que reformará la Ley de Extranjería. ¿Le van a exigir que lo haga, y cuanto antes mejor? Va a privatizar lo poco que sigue siendo de propiedad pública y resulta rentable. ¿Le instarán a que remate cuanto antes la faena?
Doy por hecho que los de IU afirman que van a exigir al PP que honre sus compromisos como podrían decir cualquier otra cosa. Se lo han escuchado al PSOE, les ha parecido que queda como muy enérgico y lo han soltado ipso facto sin pensárselo dos veces. Ultimamente parece que se han aficionado a hacer muchas cosas sin pensárselas dos veces.
El asunto puede ser algo más enrevesado, sin embargo, en el caso del PSOE. No descartaría yo para nada que realmente desee que el PP cumpla sus promesas. En los más diversos terrenos. Incluida la Ley de Extranjería. Porque así les allanará el camino y les quitará de en medio unas cuantas tareas ingratas que, si no, cuando vuelvan a La Moncloa suponen que alguna vez lo harán, habrían de asumir ellos.
Qué cucos.
Javier Ortiz. El Mundo (5 de abril de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de abril de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/04/05 07:00:00 GMT+2
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