2000/12/13 07:00:00 GMT+1
Es probable que mi torpeza mental carezca de parangón en este rincón del orbe, pero, la verdad, por más vueltas que le doy, no acabo de ver en dónde está la novedad y el interés político del pacto contra el terrorismo que firmaron ayer Arenas y Rodríguez Zapatero en La Moncloa.
Empiezo por no entender qué daño le hace a ETA que el PP y el PSOE proclamen que están en contra de su actividad terrorista, y que lo están por razones similares. Eso no sólo era ya de conocimiento general -y, por lo tanto, también de ETA-, sino que además ya lo habían suscrito conjuntamente ambos partidos hace muchos años en el Pacto de Ajuria Enea, al que ninguno de ellos, que yo sepa, había renunciado.
Primera constatación a la que llego: puesto que no se le dice nada nuevo a ETA, es obvio que el pacto no tiene a ETA por destinataria.
Prosigo mi reflexión y reparo en que, si uno toma cumplida nota de los diversos puntos que el PP y el PSOE enfatizan que han acordado, descubre que son cosas que ya estaban negro sobre blanco en el Pacto de Ajuria Enea. A decir verdad, estaban esos puntos... y bastantes más. Y comprometiendo a bastantes más partidos.
De modo que, desde ese ángulo, no cabe decir que el PP y el PSOE hayan dado ningún paso hacia adelante. Para quedarse en lo que se han quedado, les bastaba con haber firmado una proclama conjunta reafirmándose en los principios del Pacto de Ajuria Enea, y tan ricamente. Bastaba y sobraba.
Es posible que el problema sea mío, que lo mismo padezco un atracón de lógica cartesiana, pero se me ocurre que, si lo peculiar del nuevo pacto se concreta en esa doble circunstancia -que se queda en menos y que compromete a menos partidos-, lo mismo es eso lo que han buscado con él.
Porque el hecho es que lo único que tiene de novedoso el acuerdo suscrito ayer es precisamente que reduce tanto el terreno de acuerdo como el número de los acordantes.
Si han puesto tanto interés en llegar a ese punto, habrá que suponer que, por alguna razón, sentían esa doble necesidad: retroceder sobre lo ya convenido en Ajuria Enea y desprenderse de los otros socios que tuvieron entonces. O de algunos de ellos, al menos.
¿A qué aspectos esenciales del Pacto de Ajuria Enea renuncia el nuevo acuerdo? A uno con especial claridad: al principio según el cual el conflicto vasco debería tener un final dialogado.
¿Y de qué partidos prescinde? De los nacionalistas vascos, muy destacadamente.
Me da que este pacto de ahora se caracteriza menos por lo que tiene que por lo que carece. Que ayer no festejaron el bautizo de nada. Que se reunieron sólo para celebrar el funeral de Ajuria Enea.
Javier Ortiz. El Mundo (13 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/13 07:00:00 GMT+1
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2000/12/12 07:00:00 GMT+1
Cuenta don Juan María Atutxa que el Parlamento Vasco va a dejar de pagar retribuciones a los electos de Euskal Herritarrok porque -dice- «no se ganan el sueldo».
Me pregunto qué resultado daría la aplicación general de ese criterio. En el Parlamento Vasco, en todos los parlamentos autonómicos y, muy especialmente, en el de la Carrera de San Jerónimo. Muchos parlamentarios con destino en Madrid se fuman todas las sesiones que les viene en gana y, cuando tienen a bien asistir a alguna, se limitan a sestear. Prestan tan escasa atención a los debates que, cuando llega la hora de votar, el responsable del grupo tiene que hacerles una seña indicando qué botón les toca apretar. De lo contrario, podrían apoyar cualquier cosa. Ni se enteran de lo que se está discutiendo.
Como esos catedráticos de Universidad que sus alumnos no han visto jamás, porque dejan todo el trabajo de la cátedra en manos de su ayudante y ellos no aparecen ni por asomo, hay diputados que sólo pisan las alfombras del Congreso en algunas solemnes ocasiones, la principal de las cuales es, invariablemente, la del día que acuden a retirar su acta, por el aquél de cobrar. Doy por hecho que, por ejemplo, Felipe González dedica su tiempo a intensísimas actividades propias de su rango, o de su exrango, pero el hecho es que, en tanto que parlamentario, no da ni sello. Que le pague la manutención su partido, o que viva de la soldada que recibe del erario por el tiempo que pasó en La Moncloa, pero que no siga chupando del bote parlamentario, porque- a ver, Atutxa, díselo- «no se gana el sueldo».
A diferencia de los electos con vocación absentista de otros partidos, los parlamentarios de EH no se ausentan del cuadrilátero vasco por molicie, sino por voluntad directa y expresa. Su ausencia es un gesto político con el que no estoy de acuerdo, pero que me parece de rigor calificar de tal.
La abstención es una posibilidad legítima cuando se plantea una votación. A veces, el abstencionismo, cuando se entiende como protesta, se expresa abandonando el lugar del debate: hace muy pocos días lo han hecho los parlamentarios autonómicos del PSOE en Madrid, dejando a Ruiz Gallardón con la palabra en la boca, y nadie ha pensado en la posibilidad de restarles de la paga ese tiempo de ausencia. Se fueron porque no querían avalar con su presencia lo que allí estaba sucediendo. Pues eso.
Los electos de EH han llevado su actitud abstencionista hasta el límite. Pero sus actas parlamentarias no son fruto de ninguna graciosa concesión: se las ha otorgado una parte del electorado vasco. Son sus electores los que deben juzgar el uso que hagan- o no hagan- de ellas.
Javier Ortiz. El Mundo (12 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de diciembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/12 07:00:00 GMT+1
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2000/12/12 06:00:00 GMT+1
Me telefonea mi buen amigo Gervasio Guzmán, que se ha enterado de que estoy dando salida webística por entregas al libro Matrimonio, maldito matrimonio.
-Puestos a airear todo aquello a estas alturas -me dice-, me habría gustado rectificar alguna de las cosas que dije entonces, y que tú transcribiste.
Trato de explicarle que aquel libro fue lo que fue, y que una cosa es hacer una reedición corregida y otra copiar lo ya publicado. Una copia tiene que respetar el original.
De todos modos, me intereso por los aspectos que hubiera corregido, si pudiera.
-Bueno... -responde-. La verdad es que allá por 1986, cuando te metiste a escribir eso, yo tenía muy pocas ideas claras en relación al matrimonio. Ahora me da que ya no tengo ninguna.
Le confieso que estoy en las mismas. Cuando ahora repaso con qué aplomo opinaba por entonces, me sorprendo a mí mismo.
Le pido que me ponga algún ejemplo de las certezas que se le han desmoronado.
-¿Recuerdas las opiniones que tenía por entonces sobre el matrimonio y el dinero? Bien, pues me he dado cuenta de que esas opiniones se debían, en buena medida, a que jamás había tenido ni un duro. Estaba muy orgulloso porque en ninguna de mis separaciones había tenido hasta entonces ninguna enganchada por asuntos económicos. ¡Tonto de mí! ¿Cómo podía tener problemas de reparto con mis ex, si apenas había nada que repartir?
Sabiendo como sé que, de entonces a ahora, Gervasio se ha casado y separado un par de veces más, opto por mantener un respetuoso silencio. Doy por hecho que sangra por alguna herida.
-Es algo en lo que he pensado bastante, y me recuerda a la informática -prosigue.
Me deja perplejo.
-¿A la informática, dices?
-Sí. La informática. Los ordenadores. Te ayudan mucho, son una gran cosa, te proporcionan un montón de posibilidades... pero también te crean la tira de dependencias. Todo lo vas haciendo depender del maldito aparato, todo lo guardas en él. Pero, de repente, el PC se te estropea y te quedas inutilizado. Te pueden dar las 6 de la mañana intentado reparar el fallo, desesperado. Y como no lo consigas y te veas obligado a mandarlo al taller, ¡qué días de angustia, los siguientes! Te quedas sin correspondencia; no puedes trabajar; sabes que tenías tareas pendientes pero, como no las recuerdas, estás vendido... Es un desastre total. Te trastoca toda la vida.
Me entran ganas de tocarle un poco las narices.
-Ah, yo pensaba que ibas por otro lado... Creí que lo decías porque tanto en materia de ordenadores como de amores toda la cuestión está en tener solo uno. Si tienes dos ordenadores, y si eres lo suficientemente prudente y copias en uno todo lo que haces en el otro, es muy difícil que la avería de uno te inutilice.
-¿Y en materia de amores? -me busca las cosquillas.
Pero no estoy dispuesto a dejarme coger.
-Pues pasa lo mismo que con los ordenadores -le digo-: que no todo el mundo puede permitirse el lujo de tener más de uno.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 14 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/12 06:00:00 GMT+1
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2000/12/11 06:00:00 GMT+1
Domingo por la tarde. La uno de TVE emite La espada de Damasco, película de aventuras «para niños» con un Rock Hudson insoportablemente joven.
Por lo que entiendo, la cosa consiste en que un guerrero de Basora, que está muy enfadado con las autoridades de Damasco por cosa de afrentas familiares y de tierras, acude a la capital para tomar venganza. Allí se encuentra una espada estupenda, que mata que da gusto. Luego tiene diversos líos con la hija del sultán, el gran visir y el hijo de éste, que es muy malo y le quita la espada. Entonces el joven guerrero de Basora asalta el castillo del sultán y mata a un soldado que le da el alto, cosa que al director de la película y al guionista les parece muy bien y que incluso se toman a chirigota.
Paro ahí el relato para extraer la moraleja: si tienes afrentas con unos gobernantes vecinos, lo más correcto que puedes hacer es irte a su capital y matar todo lo que puedas, incluyendo a los guardias que lo único que hacen es cumplir con su deber dando el alto a los que quieren entrar en casa de su jefe por la fuerza.
Caramba con la inocente película para niños.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/11 06:00:00 GMT+1
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2000/12/10 07:00:00 GMT+1
Discrepo del derecho de gracia del Poder Ejecutivo. Considero que su existencia convierte al Consejo de Ministros en una especie de instancia superior de apelación; en algo así como un tribunal supremo por encima del Tribunal Supremo. Es un atavismo medieval incoherente e improcedente. Pero existe. Persiste. En España y en todas partes. Y, mientras tenga vigencia, digo yo que habrá que atenerse a las normas que lo regulan.
Que el indulto gubernamental se ajusta a Derecho es algo que nadie medianamente sensato debería discutir a estas alturas. Menos aún después del inapelable artículo publicado el viernes por Enrique Gimbernat en El Mundo. Incluso el sectarismo más feroz debe tener sus límites.
Es una resolución conforme al Derecho positivo y, además, en este caso, también acorde con la Justicia. Justicia, sí: con mayúscula.
La sentencia que le condenó fue, dicho sea sin ningún respeto, un disparate. No afirmaré que se trató de un disparate deliberado porque yo, a diferencia de lo que hicieron los magistrados firmantes de aquella sentencia, renuncio a investigar en cabeza ajena. Dejo aparte las intenciones. Pero disparate, vaya que sí lo fue.
Dieron por hecho que Liaño había dictado en el caso Sogecable resoluciones injustas a sabiendas de que lo eran. Y lo condenaron sin tener la más mínima base objetiva en la que asentar esa suposición malévola. No pudieron probar que hubiera actuado persiguiendo intereses espurios. No lograron explicar -¿cómo hubieran podido hacerlo?- por qué las resoluciones presuntamente injustas del juez contaron en todo caso con el respaldo de la Fiscalía.
No fue la sentencia de Juan Palomo: los magistrados que la promovieron se la guisaron, pero no se la comieron. Ignoro a cuento de qué se sorprenden ahora de que el Gobierno haya optado por deshacerse de su guiso. ¿Qué querían, si lo fabricaron tan indigesto?
Si la indignación de los magistrados sentenciadores está fuera de lugar, más comprensible resulta, en cambio, la de los promotores de la sentencia. ¡Pusieron tanto interés y tanta pasión en demostrar que constituye la peor de las imprudencias molestar la paz jupiterina del gran patrón de Prisa! Pero no tienen motivo para inquietarse: tengan por seguro que, por mucho que Liaño haya sido indultado, todos los jueces se han aprendido la lección.
No hace falta reformar la Constitución. Ahora ya todo el mundo sabe que el verdadero artículo 56.3 de la Ley de Leyes dice: «Las personas del Rey y Polanco son inviolables y no están sujetas a responsabilidad».
Javier Ortiz. El Mundo (10 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de enero de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/10 07:00:00 GMT+1
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2000/12/10 06:00:00 GMT+1
Dice Juan María Atutxa que el Parlamento Vasco va a dejar de pagar retribuciones a los electos de EH «porque no se ganan el sueldo».
Me pregunto que resultado daría la aplicación general de ese criterio. En el Parlamento Vasco, en todos los parlamentos autonómicos y, muy especialmente, en el de la Carrera de San Jerónimo. Muchos parlamentarios con destino en Madrid se fuman todas las sesiones que les viene en gana y, cuando tienen a bien asistir a alguna, se limitan a sestear. Prestan tan escasa atención a los debates que, cuando llega la hora de votar, el responsable del grupo tiene que hacerles una seña indicando qué botón deben apretar. De lo contrario, podrían apoyar cualquier cosa. Ni se enteran de lo que se está discutiendo.
Como esos catedráticos de Universidad que sus alumnos no han visto jamás, porque dejan todo el trabajo de la cátedra en manos de su ayudante y ellos no aparecen ni por asomo, hay diputados que sólo pisan las alfombras del Congreso en algunas solemnes ocasiones, la principal de las cuales es, invariablemente, la del día que acuden a retirar su acta, por el aquel de cobrar. Doy por hecho que, por ejemplo, Felipe González dedica su tiempo a intensísimas actividades propias de su rango, o de su ex rango, pero el hecho es que, en tanto que parlamentario, no da ni sello. Que le pague la manutención su partido, o que viva de la soldada que recibe del erario por el tiempo que pasó en La Moncloa, pero que no siga chupando del bote parlamentario, porque -a ver, Atutxa, díselo- «no se gana el sueldo».
A diferencia de los jetas de otros partidos, los parlamentarios de EH no se ausentan del cuadrilátero vasco por molicie, sino por voluntad política. Su ausencia es un gesto político con el que no estoy de acuerdo, pero que me parece de rigor calificar como tal. La abstención es una posibilidad legítima cuando se plantea una votación. A veces, el abstencionismo, cuando se entiende como protesta, se expresa abandonando el lugar del debate: esta misma semana lo han hecho los parlamentarios autonómicos del PSOE en Madrid, dejando a Ruiz Gallardón con la palabra en la boca, y nadie ha pensado en la posibilidad de restarles de la paga ese tiempo de ausencia.
Los electos de EH han llevado su actitud abstencionista hasta las últimas consecuencias. Tienen su acta no porque Atutxa se la haya regalado, sino porque así lo ha decidido una parte del electorado vasco. El uso que hagan -o no hagan- de ella es asunto que sólo a sus electores concierne.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/10 06:00:00 GMT+1
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2000/12/09 07:00:00 GMT+1
Me telefonea mi amigo Gervasio Guzmán.
- ¡Hay que ver qué cambio, el tuyo! -Me suelta así, de sopetón.
Supongo de entrada que se refiere a mi físico, cada vez menos agraciado. Pero no. En seguida descubro que habla de política.
- Hace unos años, no parabas de dar caña al PSOE. Y ahora te pasas el día zurrando la badana a Aznar.
- Hace unos años criticaba sin parar al Gobierno. Ahora hago exactamente lo mismo, Gervasio -le respondo.
- ¡Ya, claro, pero el Gobierno ha cambiado! -salta.
- Exactamente: ha cambiado el Gobierno; no yo -le replico.
Mucha gente no entiende que algunos nos impongamos el deber de vigilar a quien ocupa el Poder. Que lo marquemos de cerca, lo sometamos a estrecha vigilancia y no le pasemos ni una. Sea quien sea. Cuando Felipe González ejercía de inquilino de La Moncloa, le dábamos a él. Ahora es el turno de Aznar.
- No son iguales -salta Gervasio de inmediato.
Ya veo por dónde me viene. En cuanto me descuide, me va a decir que el PP no ha organizado ningún GAL, ni ninguna Filesa. Y así es, que se sepa. Bueno, y qué: yo tampoco he acusado a Aznar de haber montado nada de ese estilo. Pero lo peor no excusa de lo malo. Es como si alguien se enfadara con los jueces que condenan a los estafadores alegando que los asesinos son mucho peores.
Aznar no es González, pero su política vasca ha resultado un perfecto fiasco, y su Ley de Extranjería es penosa, y sus precipitadas y a veces ruinosas privatizaciones han dejado al Estado sin capacidad para regular la vida económica, y su política exterior, en la medida en que existe, es de vergüenza. Así lo veo yo, y así lo digo.
Los opinantes de la vieja escuela tenemos ese prurito: nos empeñamos en ejercer de críticos distantes del Poder. De críticos y de distantes. De frecuentar políticos, preferimos a los de la oposición: son los que te ayudan más y mejor a cazar los gazapos y a descubrir las trampas de quienes mandan. No es que los consideres mejores. Sencillamente, están de momento en un lugar menos dañino. Te son más útiles. Si te codeas con los poderosos, casi toda la información que obtienes es la que contribuye a justificar lo que hacen. Pero para justificarse ya están ellos.
Así vemos las cosas - ya digo- los de la vieja escuela.
Lo nuestro apenas se lleva ya. Ahora lo normal es estar con los unos o con los otros. O con un tercero, o con algún cuarto.
Comprendo que la mayoría de los opinantes actúe así. Si es francamente un incordio tener que pasarse el día repartiendo bofetadas por los cuatro costados, no digamos nada recibiéndolas.
Javier Ortiz. El Mundo (9 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 10 de diciembre de 2012.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/09 07:00:00 GMT+1
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2000/12/09 06:15:00 GMT+1
Mientras desayuno, me pregunto qué pasaría ayer en lo de la Copa Davis. Pongo el boletín informativo de Onda Cero. Lo dedican casi íntegramente a cantar las excelencias del pacto antiterrorista entre el PP y el PSOE. Ni palabra de la famosa Copa. Me paso a la Ser. Éstos si hablan del asunto, pero se limitan a comentar que el partido de dobles de hoy va a tener mucha importancia. De lo sucedido ayer, ni pío.
En el periodismo español actual hay tan desmedido interés por decir lo que se opina sobre lo que ocurre que a veces no queda espacio para contar lo que ocurre.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/09 06:15:00 GMT+1
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2000/12/09 06:00:00 GMT+1
Excelente la columna de Eduardo Mendicutti, hoy en El Mundo. No os la perdáis.
Umbral es muy buen columnista -el mejor, técnicamente hablando-, pero no me suelen interesar un pijo sus historias. Me interesan las de Vázquez Montalbán, pero no me gusta cómo escribe. Detrás de las columnas de estos dos grandes dioses, a los que la mayoría sitúa en el centro de la Acrópolis del periodismo español actual, cuidamos las columnas de nuestros pequeños templos los mil y un diosecitos menores del género.
¿Umbral, Vázquez Montalbán? En el ranking de mis gustos, Mendicutti ocupa la primera fila.
Casi siempre me gusta lo que dice. Y cómo lo dice.
No es espectacular. No se mete en arriesgados ejercicios de estilo. No se adorna. No pretende anonadar. Escribe con sencillez (muy pocos saben cuánto cuesta hacerlo y qué mérito tiene conseguirlo). Elige un asunto -a veces menor, como el de hoy- y lo afronta sin alharacas, con distante ironía, sin arremeter, sin echar los pies por delante. No busca la adhesión: se conforma con ganarse la sonrisa de quien le lee y, en el mejor de los casos, incitarle a reflexionar.
Mendicutti habita en las antípodas del celtiberismo. Quizá por eso Celtiberia no lo reconoce como se merece.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/09 06:00:00 GMT+1
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2000/12/08 06:00:00 GMT+1
Me telefonea mi amigo Gervasio Guzmán.
-¡Hay que ver qué cambio, el tuyo! -me suelta de sopetón.
De entrada, supongo que se refiere a mi avejentamiento galopante. Pero no. Habla de política.
-Hace unos años, no parabas de dar caña al PSOE. Y ahora te pasas el día zurrando la badana a Aznar.
-Hace unos años criticaba al Gobierno. Ahora hago exactamente lo mismo, Gervasio -le respondo.
-¡Pero el Gobierno ha cambiado! -salta.
-Así es: ha cambiado el Gobierno; no yo -le replico.
Mucha gente no entiende que algunos nos impongamos el deber de vigilar a quien ocupa el Poder. Que lo marquemos de cerca, lo sometamos a estrecha vigilancia y no le pasemos ni una. Sea quien sea. Cuando Felipe González ejercía de inquilino de La Moncloa, le dábamos a él. Ahora es el turno de Aznar.
-No son iguales -me objeta Gervasio.
Ya veo por dónde me viene. En cuanto me descuide, me va a decir que el PP no ha organizado ningún GAL, ni ninguna Filesa. Y así es, que se sepa. Bueno, y qué: yo tampoco he acusado a Aznar de haber montado nada de ese estilo. Pero lo peor no excusa de lo malo. Es como si alguien se enfadara con los jueces que condenan a los estafadores alegando que los asesinos son mucho peores.
Los opinantes de la vieja escuela tenemos ese prurito: nos empeñamos en ejercer de críticos distantes del Poder. De críticos y de distantes. De frecuentar políticos, preferimos a los de la oposición: son los que te ayudan más y mejor a cazar los gazapos y a descubrir las trampas de quienes mandan. No es que los consideres mejores. Sencillamente, están de momento en un lugar menos dañino. Te son más útiles. Si te codeas con los poderosos, casi toda la información que obtienes es la que contribuye a justificar lo que hacen. Pero para justificarse ya están ellos.
Así vemos las cosas -ya digo- los de la vieja escuela.
Lo nuestro apenas se lleva ya. Ahora lo normal es estar con los unos o con los otros. O con un tercero, o con algún cuarto.
La verdad es que no se lo reprocho a nadie. Comprendo que se actúe así. Es francamente una pesadez pasarse el día repartiendo bofetadas por los cuatro costados. Y no digo nada recibiéndolas.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/08 06:00:00 GMT+1
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