2000/12/21 06:00:00 GMT+1
Afirma Aznar que todos los partidos y organizaciones democráticas deben mostrar «una unidad sin fisuras» frente a ETA.
Haré constar, en primer lugar, que la unidad política sin fisuras es, en democracia, un estado de excepción, empleada la expresión en su sentido literal. Lo propio de la democracia es la diversidad; la discrepancia. En política, como en casi todo, la unanimidad es indeseable. Empobrece el debate y, en consecuencia, también la gama de opciones, y la inventiva. Cada opinión da lo mejor de sí misma en su confrontación -todo lo pacífica que se quiera, pero todo lo implacable que haga falta- con opiniones distintas. Una sociedad se muestra tanto más sana y tanto más fructífera cuanta mayor diversidad de criterios es capaz de generar, de asumir y de canalizar. Se puede coincidir -y es bueno que se coincida- en algunos criterios generales de convivencia. Pero de ahí a la unidad sin fisuras -recordemos otros términos del género, no menos problemáticos: «monolítica», «granítica», «férrea»- hay un largo trecho.
El elogio simplón y sin fisuras que hace Aznar de la unidad sin fisuras es -no sólo, pero también- revelador de su gusto por la uniformidad, del que ya nos ha ofrecido suficientes muestras en los casi seis años que viene ejerciendo las funciones de presidente del Gobierno.
Pero es que, además, es incongruente, porque propugna lo que él mismo no practica. Un colectivo humano sólo puede establecer una unidad amplia y sólida cuando es capaz de reconocer y poner de manifiesto aquello que une a todos los que lo integran. ¿Cómo no va tener fisuras una unidad establecida unilateralmente por dos partidos, por importantes que sean? Ellos mismos crearon las condiciones para que se produjera la fisura de CiU, y la fisura de IU, y la fisura de las secciones sindicales catalanas, y la de los representantes del 65% de los electores vascos... y tantas otras. Dicen: «Nos bastaba, porque representamos al 80%». Dejemos de lado que exageren muchísimo su grado de representatividad. En todo caso, nos están diciendo que asumieron con toda naturalidad provocar una fisura del 20%.
Postulan en la teoría una unidad innecesariamente absoluta y provocan en la práctica escisiones innecesariamente graves.
Su comportamiento sólo se entiende si el objetivo que se atribuyen en público no es el que realmente persiguen. ¿Están pensando en cómo combatir mejor a ETA, o en cómo situarse en posiciones de ventaja de cara a esta o aquella pugna electoral?
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/21 06:00:00 GMT+1
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2000/12/20 07:00:00 GMT+1
Con frecuencia, los políticos se ven en el enojoso trance de tener que justificar ante la opinión pública opciones y actitudes cuyas verdaderas motivaciones no pueden confesar abiertamente, sea porque no resultan demasiado altruistas, sea porque son lisa y llanamente impresentables. Cuando tal cosa ocurre, no les queda más remedio que buscarse excusas. Es lógico.
Lejos de mi ánimo, pues, pedir a los políticos profesionales que prescindan de milongas y peteneras. Sé que la mentira forma parte de su equipamiento básico: no podrían desenvolverse sin ella.
Lo único que les reclamo es que, puestos a mentir, lo hagan con cierta inteligencia. Que proporcionen versiones que, ya que no verdaderas, tengan por lo menos una cierta apariencia de verosímiles. Y que, cuando deban enlazar dos explicaciones seguidas, se estrujen un poco las meninges para evitar que ambas se den descaradamente de patadas entre sí.
Ejemplo: el PP y el PSOE con lo de su pacto. Está muy bien que, cuando se les critica por haberse guisado y comido el acuerdo mano a mano y por negarse ahora a replantear sus contenidos, respondan que ellos son libres de pactar lo que les venga en gana. Están en su derecho, faltaría más. Pero lo que cobra un aire inconfundible de coña marinera es que, acto seguido, afirmen que se trata de un acuerdo abierto y conminen a CiU a suscribirlo. No, hijos: si alguien desea que otro se sume a una iniciativa, debe avenirse a discutirla con él. ¡Qué menos! Cuando se va por la vida ofreciendo lentejas, hay que asumir la posibilidad de que haya quien se las coma (UPN, CC y PA, sin ir más lejos), pero también que haya otros que, con todo el derecho del mundo, opten por dejarlas.
Otro ejemplo de comportamiento peregrino, este de uno de los críticos del pacto: Gaspar Llamazares. El nuevo coordinador general de IU dice que él es generoso, que está dispuesto a tragar sapos y culebras y a apoyar el acuerdo, pero pone «sólo» una condición: que el PP y el PSOE retiren la parte del preámbulo en la que se descalifica la política del PNV y EA.
¿Cree Llamazares realmente que el personal se chupa el dedo? Todo quisque sabe que ese es el meollo mismo de la operación; que, si se quita ese punto, el acuerdo, como han dicho sus propios mentores, «se quedaría en nada». Vale que quiera evitar que el PSOE y el PP le echen el chorreo acusándolo de hacer el juego al PNV, pero el truco que se ha buscado para parecer unitario sin firmar el papel de marras es de una pobreza verdaderamente pasmosa.
No se trata de reclamar a nadie que cambie de política. Tan sólo de pedir a todos que hagan el favor de elevar un poco el nivel. Que demuestren que tienen oficio.
Javier Ortiz. El Mundo (20 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de junio de 2013.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/20 07:00:00 GMT+1
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2000/12/20 06:00:00 GMT+1
Nunca he sentido especial debilidad por la música andaluza. La culpa es mía. Soy víctima de una fijación infantil-juvenil: la que me llevó a sentir lo andaluz -no a pensarlo, insisto: a sentirlo- como la esencia misma del franquismo. Una simplificación estúpida derivada de la abusiva y hastiante utilización que hizo la dictadura de algunos elementos folclóricos andaluces en tanto que espejo de la España sana -o sea, de la fascista- y del hecho de que buena parte de los integrantes de los cuerpos represivos asentados en Euskadi eran andaluces... o a mí me lo parecían (por entonces estaba incapacitado para distinguir a un andaluz de un extremeño, o incluso de un castellano-manchego). Aquella percepción errónea me dejó como lacra una instintiva antipatía hacia ciertas expresiones tenidas por andaluzas, y de modo muy especial hacia la copla.
Hasta que escuché a Carlos Cano. Era allá por el año de la tarara -mediados los 70, supongo- cuando me topé con El Salustiano, que es la canción que he incluido en la web a título de pequeño homenaje personal. Aquel estribillo
Yo no creo que el sombrero les toque en la tómbola
A esos gachós trajeaos que viven de ná;
Que lo roban, lo roban, lo roban,
Que lo roban, lo roban,
Con cuatro palabritas finas lo roban
me llegó al alma. ¡Me resultaban tan familiares el sarcasmo, la mala leche y la solidaridad que había en aquella canción! Me interesé por el mocetón que la cantaba. Pronto oí y supe más de él. Me enteré, entre otras cosas, de que era granaíno, como mi abuelo paterno. Alguien me contó esa teoría, no sé si muy bien fundada, según la cual a la gente de Granada no le da por el gracejo. Cano se definía como «un andaluz triste». Tenía sentido del humor, y mucho, pero corrosivo. No era chistoso.
La simpatía por Carlos Cano me movió a seguirle en su propia trayectoria. Y, al final, yo también acabé sintiendo interés por la copla. No por toda la copla, por supuesto; hay coplistas que sigo detestando. Isabel Pantoja me produce urticaria. Lo de El Fari me parece de aurora boreal. A Manolo Escobar lo veo como el resultado de un proceso degenerativo de la raza humana situado entre lo aberrante y lo vomitivo. Pero ahora pienso, por ejemplo, que Concha Piquer lo hacía muy bien: algo que hace 30 años me habría sido metafísicamente imposible. Y algunas cosas de Rocío Jurado las encuentro excelentes. Y simpatizo con la trayectoria de Miguel de Molina.
Carlos Cano me enseñó a asumir que Andalucía son varias Andalucías. Y a ir desgastando mis viejos prejuicios sentimentales.
He lamentado sinceramente su muerte.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/20 06:00:00 GMT+1
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2000/12/19 06:00:00 GMT+1
Veamos.
Punto uno: el PP y el PSOE firman un acuerdo sobre la lucha antiterrorista que no gusta a otros partidos (a CiU e IU, principalmente).
Los firmantes responden que lamentan mucho el desacuerdo pero que no piensan modificar el texto, y que ellos son libres de pactar lo que les dé la real gana.
Punto dos. el PP y el PSOE presionan a CiU para que suscriba el acuerdo.
Carece de la lógica más elemental. No se puede pretender a la vez que sea un acuerdo particular y general. No se puede invocar que es particular para negarse a negociar su contenido y, a continuación, pretender que sea general y abarque a todos los partidos. Bueno, poderse sí que se puede, pero es una pretensión carente de futuro: es un trágala demasiado burdo.
Otro que tiene problemas con la lógica es el nuevo coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. Dice que estaría dispuesto a firmar el acuerdo siempre que el PP y el PSOE se avinieran a retirar la parte del preámbulo que descalifica al PNV. Pero lo cierto es que, como han recordado los firmantes, ese punto es una piedra angular del documento. De hecho, es lo esencial. Como decía el otro día un editorial de El Mundo, sin ese punto, el acuerdo «no es nada». Lo que Llamazares pretende es que no se ataque al PNV en un escrito cuya finalidad principal es, precisamente, atacar al PNV.
Malos tiempos para el sentido común.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 19 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/19 06:00:00 GMT+1
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2000/12/18 06:00:00 GMT+1
Me equivoqué. Atribuí el incremento del tránsito de pateras que se produjo a finales de septiembre a través del Estrecho a las prisas que los patrones de las frágiles embarcaciones se daban para adelantarse al mal tiempo. Daba por hecho que, cuando llegara el invierno, ni ellos ni sus misérrimos clientes se aventurarían a desafiar de manera tan masiva las frías y traicioneras aguas que sirven de frontera entre el Mediterráneo y el Atlántico.
Está claro que menosprecié la ambición de los unos y la desesperación de los otros. Las pateras siguen llegando sin parar a las costas de Andalucía. A diario. Este fin de semana se supo de dos jóvenes magrebíes que habían intentado un imposible: atravesar el Estrecho a nado. ¡En diciembre! Ni siquiera un nadador profesional habría sido capaz de realizar una proeza semejante. Uno de los muchachos murió en la travesía; el otro fue rescatado con graves síntomas de congelación.
El domingo se realizó en Madrid una manifestación contra la nueva Ley de Extranjería. Hubo jarana. Los militantes de las organizaciones de inmigrantes más conscientes, que habían sido marginados de la convocatoria por los políticos, sindicalistas y oenegeistas profesionales, les montaron la bronca: les acusaron a gritos de haberse inventado la manifestación nada más que para lavar su mala conciencia y salir en la foto.
Tienen razón. Esa gente fue entusiasta artífice de la anterior Ley de Extranjería, que ya era muy restrictiva, y no ha hecho nada serio por oponerse a su ulterior reforma, que la ha convertido en un engendro abiertamente anticonstitucional. Circunscribieron sus críticas al foro parlamentario, lo cual, dada la mayoría absoluta del PP y la férrea determinación del Gobierno de sacar el asunto adelante, equivalía a dirigírselas a la pared.
Y ahora, cuando la reforma ha pasado ya incluso el trámite del Senado, ¡salen en manifestación a la calle!
Escuché a Diego López Garrido afirmar que la manifestación era oportuna, porque «no todo está perdido», dado que sigue pendiente el recurso ante el TC. ¿Pretendía el diputado y catedrático de Derecho Constitucional decirnos que la finalidad de la manifestación era... presionar sobre el Tribunal Constitucional? ¿Que no quisieron convocar manifestaciones para forzar al Gobierno, pero que las ponen en marcha ahora para influir sobre los jueces?
Hay gente que carece de vergüenza. Sinvergüenzas, por decirlo claramente.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/18 06:00:00 GMT+1
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2000/12/17 06:00:00 GMT+1
En la persona de Karol Wojtyla confluyen dos circunstancias que conviene distinguir. De un lado, es el cabecilla de una confesión religiosa internacional. De otro, es el jefe del Estado vaticano.
En el primer terreno, los agnósticos y los integrantes de otros colectivos religiosos debemos limitarnos a establecer juicios exteriores. No nos corresponde discutir cómo se organiza la comunidad católica, ni qué relaciones establece su mando supremo, ni qué principios asume y cuáles desdeña. Si quiere llevarse bien con Jörg Haider, es su problema. Los límites de lo que debemos tolerar a los católicos son exactamente los mismos que asignamos al resto de los ciudadanos: los que fija el Código Penal.
No veo qué sentido puede tener que nos escandalicemos a estas alturas porque la dirección católica tenga buenas relaciones con gentes de dudosas convicciones democráticas, cuando no de indiscutibles convicciones antidemocráticas. Lo ha hecho siempre. Quienes tenemos ya una cierta edad recordamos que incluso concedió al dictador Francisco Franco el derecho permanente de participar en la designación de los obispos españoles. O sea, que cualquier cosa.
El Estado vaticano ya es asunto de otro género, precisamente porque es un Estado, es decir, una entidad sujeta a los tratados y convenciones que conforman el Derecho internacional.
En ese terreno, lo más escandaloso no es que el jefe de ese Estado reciba a un líder ultraderechista, sino que él mismo se permita pasarse permanentemente por el arco del triunfo los principios más elementales del Estado de Derecho sin que la comunidad internacional tome las medidas disciplinarias correspondientes.
En el Vaticano no hay democracia. El jefe del Estado es elegido por un grupo de personas designadas a dedo. Los responsables, en todos y cada uno de sus niveles, son nombrados de arriba abajo. En el Vaticano no existe la libertad de asociación, ni la de manifestación, ni la de palabra. La igualdad entre los sexos está explícitamente excluida.
Es, por decirlo brevemente, una dictadura de tomo y lomo.
Que trate de justificarse esa realidad invocando a Dios es -debería ser- indiferente. La autoridad de Dios no está reconocida en ningún convenio internacional.
En resumen: que en el encuentro entre Wojtyla y Haider, el menos antidemócrata era Haider.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/17 06:00:00 GMT+1
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2000/12/16 07:00:00 GMT+1
Que ETA tome a un fontanero-electricista de un minimunicipio catalán por representante de la opresión nacional de Euskadi no tiene ya, para estas alturas, nada de sorprendente. Francisco Cano ejercía en horas libres de concejal del PP, y a ETA con eso le basta. Con eso y con menos. Lo que trata es de llevar a la opinión pública española al hartazgo y el desaliento, para que fuerce a los responsables del Estado a tirar la toalla y, con tal fin, nada mejor que esta constante lotería de muerte que ha puesto en marcha desde la ruptura de la tregua: hoy aquí, mañana allá, pasado acullá; hoy un ex ministro, mañana un concejal, pasado mañana un ertzaina, al otro un periodista...
Muchos se quedan perplejos ante la selección de víctimas que hace ETA, aparentemente fuera de toda lógica. Pero, cuando lo que se pretende es provocar la desesperación del otro, nada más adecuado que acosarlo de manera arbitraria e impredecible. En ese sentido, la falta de lógica formal es una forma de lógica. No hay nada más aterrorizante que vivir con la angustia de no saber contra quién o quiénes, cuándo y dónde llegará el golpe siguiente. Porque es imposible estar preparado para todo. Porque no cabe defenderse de todo.
Pero hasta el último aspirante a estratega sabe que, para combatir eficazmente a un enemigo, lo primero que se requiere es entenderlo: saber cómo funciona.
Hay quien confunde entender con justificar y se toma cualquier intento de analizar la táctica de ETA como si fuera un amago de excusa. Grandísimo error. Por el contrario, lo que más contribuye a los fines del terrorismo son esos manidos discursos, a los que tan aficionados son algunos políticos y comentaristas, que pretenden que ETA no es más que una banda de «gente enloquecida» compuesta de «descerebrados» que «no saben lo que quieren». Un planteamiento así tendría algún sentido si estuviéramos refiriéndonos a un puñado de elementos aislados, sin capacidad de reproducción orgánica. Pero sabemos que son bastantes, y que si no son más es porque no quieren: cuentan con varios miles de jóvenes dispuestos a ser reclutados en cualquier momento para continuar la obra de quienes vayan siendo neutralizados.
Así las cosas, las seudoexplicaciones que apelan al delirio de ETA sólo multiplican el terror y la desesperanza de la ciudadanía. Surten el efecto contrario.
El rompecabezas vasco -es verdad- tiene muy mal apaño. Hay bastantes piezas que sobran y otras -demasiadas- que faltan. Abordémoslo con mucha serenidad. Y con imaginación. Y con valentía. De lo contrario -que es, me temo, lo más probable-, vamos a tener horror para rato.
Javier Ortiz. El Mundo (16 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de diciembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/16 07:00:00 GMT+1
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2000/12/16 06:00:00 GMT+1
Leo unas declaraciones de Xabier Arzalluz en las que se plantea quién podría participar -y quién no, en consecuencia- en un hipotético referéndum de autodeterminación de Euskadi. Sostiene el presidente del Euskadi Buru Batzar del PNV que sería inadecuado dejas votar en esas urnas a todas las personas residentes en tierra vasca, porque quienes llevan poco tiempo en Euskadi no cuentan con el suficiente conocimiento de causa como para saber realmente lo que está en juego.
No es la primera vez que alguien asume un planteamiento de ese género. Hace meses, un Congreso de las juventudes de Eusko Alkartasuna ya votó una moción reclamando que, para adquirir la calidad de votante en un posible referéndum de autodeterminación, fuera necesario pasar un examen previo en el que se demostrara un conocimiento real del dilema planteado.
Las técnicas propuestas son diferentes, como se ve, pero la intención idéntica: asegurarse de que la gente que vota no lo hace al buen tuntún y sabe de qué va la cosa.
A mí me parece una idea genial. Lo que no entiendo es por qué habría que aplicarla sólo en el caso de que hubiera un referéndum de autodeterminación en Euskadi. Yo la haría extensiva al conjunto de las elecciones. Que todo pichichi sea sometido a examen, sí señor, y que quien no apruebe sea borrado del censo. Provisionalmente. Hasta la siguiente convocatoria.
Pongamos por caso las próximas elecciones autonómicas vascas. Examen al canto.
-A ver, el siguiente... Ander Zugazabeitia... Enumere usted todas las transferencias previstas en el Estatuto de Autonomía que aún siguen en manos de la Administración central. (...) ¿Cómo? ¿Qué no se las sabe? Vaya por Dios, pues se va a quedar usted sin votar, como es lógico... Hágase cargo: es un asunto clave... Si no sabe ni eso... Sería un voto inconsciente, el suyo. No podemos aceptarlo.
Más estupenda podría ser la escabechina de cara a unas elecciones generales, a nada que el temario del examen lo decidiera alguien medianamente riguroso. Por ejemplo: «Maastricht, Ámsterdam y Niza: balance crítico de las principales innovaciones de cada uno de los tres Tratados». O bien: «Reforma del Senado. Propuestas de cada uno de los partidos». Es obvio que la gente que no tenga ni idea de estas cosas no puede votar con el suficiente conocimiento de causa. Así que a tomar por rasca.
Yo siempre había discrepado del lema ése de la democracia: «Un hombre, un voto». Pero lo hacía sólo porque me decía: «Jopé, y las mujeres ¿qué?». Pero ahora, gracias a Arzalluz y a las juventudes de EA, me doy cuenta de mi error. El lema debería ser: «Un hombre informado, un voto».
Hay que ir encargando los letreros que deberán presidir a partir de ahora los colegios electorales: «Reservado el derecho de admisión. Ignorantes abstenerse».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de diciembre de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/16 06:00:00 GMT+1
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2000/12/15 06:00:00 GMT+1
Que ETA tome a un fontanero-electricista de un minimunicipio catalán por representante de la opresión nacional de Euskadi no tiene ya, para estas alturas, nada de sorprendente. Francisco Cano ejercía en horas libres de concejal del PP, y a ETA con eso le basta. Con eso y con menos. Lo que trata es de llevar a la opinión pública española al hartazgo y el desaliento, para que fuerce a los responsables del Estado a tirar la toalla y, a tales fines, nada mejor que esta constante lotería de muerte que ha puesto en marcha desde la ruptura de la tregua: hoy aquí, mañana allá; hoy un ex ministro, mañana un concejal, pasado mañana un ertzaina, al otro un periodista...
Muchos se quedan perplejos ante la selección de víctimas que hace, aparentemente fuera de toda lógica. Pero, cuando lo que se pretende es provocar la desesperación del otro, nada más adecuado que acosarlo de manera arbitraria e impredecible. En ese sentido, la falta de lógica formal es una forma de lógica. No hay nada más aterrorizante que vivir con la angustia de no saber contra quién o quiénes, cuándo y dónde llegará el golpe siguiente. Porque es imposible estar preparado para cualquier cosa. Porque no cabe defenderse de todo.
Hasta el último aspirante a estratega sabe que, para combatir eficazmente a un enemigo, lo primero que se requiere es entenderlo: saber cómo funciona.
Hay quien confunde entender con justificar y se toma cualquier intento de analizar la táctica de ETA como si fuera un amago de excusa. Grandísimo error. Por el contrario, lo que más contribuye a los fines del terrorismo son esos socorridos discursos, a los que tan aficionados son algunos políticos y comentaristas, que pretenden que ETA no es más que una banda de «gente enloquecida» compuesta de «descerebrados» que «no saben lo que quieren». Un planteamiento así tendría sentido si estuviéramos refiriéndonos a un puñado de elementos aislados, sin capacidad de reproducción orgánica. Pero sabemos que son bastantes, y que si no son más es porque no quieren, porque cuentan con varios miles de jóvenes dispuestos a ser reclutados en cualquier momento para continuar la obra de quienes vayan siendo neutralizados. En tales condiciones, las seudoexplicaciones psiquiátricas no conducen sino a multiplicar el terror y la desesperanza de la población, que es precisamente lo que más conviene a ETA.
Por poco que guste la perspectiva, hay que asumir el problema tal cual es y decirle claramente a la ciudadanía que este rompecabezas tiene muy mal apaño. Porque hay muchas piezas que sobran y otras, no menos abundantes, que faltan. Se requiere abordarlo con paciencia, serenidad, imaginación y valentía. De lo contrario -y tampoco nos engañemos en eso: lo contrario es lo más posible--, vamos a tener horror para rato.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/15 06:00:00 GMT+1
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2000/12/14 06:00:00 GMT+1
Siempre habrá quien lo tome por paranoia, pero no hay tal.
No tengo manía persecutoria. Es que me persigue.
Mayor Oreja sabe que no lo soporto, que me produce alergia ese tono jesuítico que adopta para decir las mayores maldades como si se tratara de los más píos pensamientos. Está informado de que, en cuanto abre el pico en una emisora de radio, me lanzo a escape sobre el aparato para darle al off o, por lo menos, para emigrar a otra emisora hasta que aparezca él. Consciente de ello, ha puesto al Cesid sobre mis huellas, y espera a que no esté en condiciones de silenciar sus mensajes para vomitarlos, y que los tenga que soportar.
Ayer, el muy perverso, consiguió pillarme en la bañera. Inerme. Sin capacidad de reacción. Con mis cuatro pelos cubiertos por el champú.
Excuso decir que, en esas condiciones, tampoco pude tomar nota de lo que dijo o, como se diría ahora, «de la literalidad de sus palabras». Pero la cosa fue, sobre poco más o menos, así: «Para pacto excluyente, el de Lizarra. Es normal que los que lo firmaron ese acuerdo con los terroristas se opongan al compromiso que nosotros hemos suscrito con los socialistas. Este nuevo documento es la antítesis de Lizarra».
No cabe mayor cúmulo de falsedades. A) Lizarra no fue un pacto excluyente. A aquel foro fueron convocados todos los partidos políticos y organizaciones sociales. Que el PP renunciara a acudir es comprensible, pero no tiene derecho a decir que fue dejado de lado de antemano. Se autoexcluyó. B) El manifiesto de Lizarra ni se acordó con ETA ni tuvo el apoyo de ETA. Su texto descartaba explícitamente las vías violentas de lucha. C) En ese sentido, el acuerdo PP-PSOE sólo es la antítesis de Lizarra en la medida en que aquella fue una plataforma a favor de la paz por la vía de la negociación, en tanto que lo que ellos propugnan ahora es la consecución de la paz a través de la victoria policial sobre ETA. Una opción que sería digna de consideración si aportara algún dato objetivo que respaldara sus posibilidades de éxito. Cosa que, lamentablemente, no hace.
Cuando Jaime Mayor Oreja no sólo no trata de atraer, sino que empuja al bando opuesto a todos los que respaldaron el foro de Lizarra -desde IU a CiU, pasando por el BNG--, revela a las claras dónde pretende establecer la línea divisoria. Lo que a él le inquieta más no es la violencia, sino el independentismo.
Pues que lo diga, y nos deje de sermones.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/14 06:00:00 GMT+1
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