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2001/01/06 06:00:00 GMT+1

Los Reyes

Vicentito Martínez, un niño de 6 años de L'Alcudia, ha recibido hoy dos presentes inmateriales, pero importantes.

El primer presente ha sido explicarle, con mucha delicadeza pero muy firmemente, que los padres no son Reyes.

El segundo ha consistido en hacerle ver que los Reyes de verdad no sólo no dan regalos, sino que obligan a los demás a hacérselos.

Han sido dos presentes de futuro.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de enero de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de abril de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/01/06 06:00:00 GMT+1
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2001/01/05 06:00:00 GMT+1

La demagogia de los hechos

Sostiene el ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, que mezclar el trágico accidente de Lorca con la situación de los inmigrantes es «mezquino en lo personal y demagógico en lo político».

Se lo escuché decir ayer en Murcia pero, según tomaba nota de ello, llegué a la conclusión de que había oído mal. No podía ser.

Esta mañana lo he leído en los periódicos, negro sobre blanco. Me he tenido que rendir a la evidencia: dijo eso.

«¿Mezquino en lo personal»? ¡Pero, hombre, por Dios! Lo mezquino es pretender que la opinión pública se tome la tragedia como una mera fatalidad, propia de la sección de sucesos. Todos los familiares y amigos de los fallecidos han manifestado un deseo unánime: que la muerte de sus 12 allegados no sea vana; que sirva para que las autoridades españolas tomen conciencia de la realidad en la que viven y trabajan los muchos miles de ecuatorianos que hay en Murcia. ¿Es mezquina esa reivindicación?

«Demagógico en lo político», añade el ministro de Fomento.

Examinemos los elementos de la supuesta demagogia.

Primero: tenemos una furgoneta con capacidad máxima para ocho personas en la que viajaban 14. Según sabemos ahora, el vehículo en cuestión hacía ese mismo recorrido seis veces al día. Siempre cargado hasta los topes. Y como él, decenas de otros, todos de tamaño reducido. Incluso coches. ¿Por qué? Por la misma razón por la que circulan a través de pequeñas carreteras y por caminos rurales: para no atraer la atención de la Guardia Civil. Porque son trabajadores sin papeles y sus empleadores quieren evitar que su negocio quede al descubierto.

Según las primeras estimaciones, el sobrepeso de la furgoneta, ya vetusta, fue clave en el accidente. Se quedó clavada en la vía.

No hay fatalidad que valga. Han impuesto un sistema de transporte que es como una ruleta rusa. Todo el mundo sabe que, cuando se juega a la ruleta rusa, alguien acaba siempre por morir.

Segundo elemento: en la furgoneta viajaban tres menores, que acudían a trabajar al campo con los adultos. La niña de 13 años que ha sobrevivido ha explicado sus razones particulares: iba a recoger brécoles porque su madre se ha roto una pierna y la familia no puede permitirse prescindir de esa fuente de ingresos. Si la madre hubiera estado inscrita en la Seguridad Social, se encontraría en situación de baja laboral, cobrando un sueldo. Y si los empleadores ilegales de Murcia no pagaran la miseria que pagan por kilo recogido -porque ni siquiera contratan a tanto la jornada: es al peso de lo recolectado-, los padres no tendrían por qué llevar a sus hijos menores a deslomarse con ellos.

En Murcia hay unos 22.000 ecuatorianos, de los cuales sólo 6.000 tienen la documentación en regla, según datos del consulado.

Si llamar la atención sobre lo que hay de tragedia general en el drama concreto es demagogia, habrá que convenir que estamos, una vez más, ante la demagogia de los hechos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de enero de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de enero de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/01/05 06:00:00 GMT+1
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2001/01/04 06:00:00 GMT+1

Trabajo ilegal

«Habrá que ver si los fallecidos permanecían en España en situación ilegal», ha dicho hace un rato Julio César Iglesias en Radio Nacional. ¡Fallecidos, en situación ilegal! Es de suponer que no pretendía decir eso. Probablemente quería referirse a la situación legal en la que estaban los trabajadores ecuatorianos arrollados por un tren en Murcia... cuando aún vivían.

Escucho a continuación unas declaraciones de Enrique Fernández Miranda, encargado por el Gobierno del control de la extranjería: «Yo no he querido investigar todavía la situación en que se encontraban estas personas... No me parece oportuno, en estos momentos». Éste sí que pretende decir lo que dice, y lo que dice es de una cara dura impresionante: quiere disfrazar de delicadeza lo que no son sino ganas de templar gaitas. Apuesto uno a diez a que, además, sabe ya de sobra cuál era su situación legal. Y a que sabe que estaban trabajando sin papeles.

Leí anteayer un estudio encargado por la Unión Europea. Demuestra que las legislaciones restrictivas en materia de inmigración, como la aprobada recientemente por el Parlamento español, no frenan en absoluto el flujo migratorio. Lo único que logran es que la tasa de clandestinidad aumente. La Ley de Mayor Oreja está destinada a forzar -y a amparar- un importante incremento del uso de mano de obra no declarada.

Se defiende el ministro recordando que su Ley prevé importantes sanciones económicas para los empresarios que contraten trabajadores sin papeles. Pero esa previsión se convierte en pura filfa si no existe un fuerte despliegue de inspectores de Trabajo que tomen nota sobre el terreno de lo que sucede realmente y que empuren a los empleadores desaprensivos. ¿De qué vale prever multas de hasta diez millones si nadie las pone? Lo sucedido en Murcia es elocuente. Si iban catorce en una camioneta de ocho plazas y si en el grupo había una niña de 14 años y otros dos menores que se disponían a trabajar es, obviamente, porque todos dan por hecho que esas cosas se pueden hacer sin que pase nada. Y se hacen. Todos los días. En masa.

Han aprobado una ley perfectamente hipócrita. Lo cual no tiene nada de sorprendente: ellos son perfectos hipócritas.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de enero de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de abril de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/01/04 06:00:00 GMT+1
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2001/01/03 06:00:00 GMT+1

El 3%

El PP y el PSE-PSOE presentaron ayer de manera conjunta en el Parlamento de Vitoria una propuesta para reformar la Ley Electoral Vasca, recientemente aprobada, y subir del 3% al 5% el porcentaje de votos necesario para obtener representación parlamentaria en cada uno de los tres territorios de la Comunidad Autónoma.

Los portavoces de ambos partidos trataron inicialmente de explicar su iniciativa recurriendo a fórmulas retorcidas e indirectas: que si la rebaja del 5% al 3% que estableció esa Ley «no está justificada por una necesidad compartida por las fuerzas políticas», que si «no está avalada por un consenso amplio que la haga creíble»... Pero pronto se restableció el recio estilo directo que los caracteriza y se explicaron por la brava: Leopoldo Barreda (PP) y Rodolfo Ares (PSE-PSOE) admitieron que lo que les molesta de la rebaja en cuestión es que puede acrecentar la representación parlamentaria de EB-IU («un supuesto partido de izquierdas en vías de extinción», según la no muy amable calificación del representante socialista).

Que el nuevo porcentaje puede beneficiar a EB-IU, y probablemente también a Eusko Alkartasuna, está claro. Y que eso interesa al PNV, también. Pero lo que ni el PP ni el PSOE pueden negar es que ese beneficio se deriva del hecho de que el 3% permite una más acertada representación de la voluntad del electorado. Se acerca más a la representación proporcional pura. Nadie regalará nada a nadie: como mucho, se les restituirá parte de lo que hasta ahora les venían robando.

La institución de porcentajes mínimos de representación supone una limitación de la democracia, generalmente justificada en nombre de la necesidad de conseguir parlamentos «gobernables». Se alega que la proporcionalidad pura favorece que los parlamentos se llenen de pequeños grupos, y que un parlamento repleto de grupitos, cuando no de diputados aislados, es un caos.

Digo yo que, de ser un caos, no lo será ni más ni menos que la sociedad a la que representa. Si uno de cada cien ciudadanos piensa de un modo determinado, tiene derecho a que uno de cada cien diputados represente su punto de vista, ¿no? Pues no. Nuestros demócratas gobernabilistas, que son más gobernabilistas que demócratas, han impuesto que sólo los pesos pesados de la política tengan la posibilidad de hacerse oír.

Esa opción, discutible en todo caso, lo es doblemente en la actual Euskadi, donde la rebaja del porcentaje mínimo necesario no generará ningún caos: sólo mejorará la exactitud de la representación proporcional. No introducirá más partidos en el Parlamento Vasco: se limitará a asignar los escaños con más fidelidad a los votos recogidos en las urnas.

Al sistema electoral vasco no le viene nada mal un plus de proporcionalidad. Bastantes problemas acarrea ya que las tres provincias -los tres «territorios históricos», como por allí se dice- elijan el mismo número de parlamentarios, cuando sus respectivas poblaciones son descaradamente desiguales. Para sacar un diputado en Vizcaya se requiere como tres veces más votos que para lograrlo en Álava. Y en Guipúzcoa, como dos veces más. Lo cual, teniendo en cuenta cómo es el voto de Álava -la más derechista y la más españolista de las tres provincias-, acarrea una distorsión apabullante del sentir político del conjunto de la población de la comunidad autónoma.

Así que casi mejor si se dejan de mandangas.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de enero de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de abril de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/01/03 06:00:00 GMT+1
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2001/01/02 06:00:00 GMT+1

2001

Todos nos hemos acordado estos días de la película de Stanley Kubrick, 2001, odisea del espacio. Una película que, por cierto, nunca he sabido de qué iba -en el supuesto de que fuera de algo-, y cuyo éxito espectacular de crítica tampoco he logrado entender jamás.

Pero no es de los valores cinematográficos de esa cinta de lo que quería hablar hoy, sino de sus predicciones ambientales. Kubrick dibujó un mundo que, hechas las cuentas, se parece muy poco a éste que acaba de entrar en el siglo XXI. Le atribuyó un desarrollo tecnológico no sólo muy superior, sino también diferente, orientado por otras vías.

Lo cual no creo que le sea reprochable al director de Spartacus y Dr. Strangelove -dos excelentísimas películas, dicho sea para compensar-. Lo cierto es que los humanos, en materia de vaticinios, siempre hemos sido un desastre. No hablo ya del 1984, de Orwell, que fue más una parábola política con fines preventivos que un intento de profetizar nada, sino de los muchos esfuerzos que se han hecho a lo largo del tiempo para imaginar el futuro, desde el Apocalipsis de San Juan -gran pieza literaria- en adelante. Tengo en mi poder un voluminoso libro que editó la Academia de Ciencias de la URSS a finales de los 60. Se titula El mundo y el hombre en el siglo XXI y reúne sesudos ensayos científicos sobre muy diversos campos. Decir que no da ni una sería exagerado, pero la verdad es que da muy pocas. Los fallos derrotan a las dianas de manera abrumadora . Lo primero que los estudiosos de la Academia de Ciencias de la URSS no supieron prever es que en el siglo XXI no existirían ya ni la Academia de Ciencias de la URSS ni la propia URSS. Puesto que se pretendían marxistas y leninistas, deberían haber aprendido de la experiencia de sus mentores, que fracasaron del modo más estrepitoso cada vez que se animaron a imaginar el porvenir de la Humanidad.

La dificultad principal que encierra la previsión del futuro es que no tenemos más remedio que elaborarla a partir de los materiales que nos ofrece la realidad del presente. Pero la realidad está en constante cambio: unos factores pierden vigor o desaparecen y otros emergen y se desarrollan. Por un lado, son demasiados: es imposible tenerlos todos en cuenta. Por otro, estamos demasiado condicionados por nuestros deseos y nuestros temores: tendemos a proyectarlos en nuestras previsiones. Es lo que les sucede a los orates de la globalización patrocinados por el FMI, el Banco Mundial, la OCDE y demás: sus informes predictivos no dibujan el futuro; se limitan a expresar lo que a ellos les gustaría que ocurriera. Por eso se equivocan una y otra vez. Lo curioso es lo poco que eso les afecta. Vuelven a la carga de inmediato con idéntico entusiasmo... e idéntica suficiencia.

En un punto, de todos modos, hay que reconocer que acertó de pleno el 2001 de Kubrick: predijo que habría ordenadores que se volverían locos y que se pondrían a hacer por su cuenta lo que les diera la gana. En eso dio totalmente en el clavo. Yo ya he tenido varios así.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de enero de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 4 de enero de 2012.

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2001/01/01 06:00:00 GMT+1

Alma gallega

Siendo casi un crío, leí una consigna que el anciano presidente vietnamita Ho Chiminh había dado a su pueblo para afrontar la guerra contra los Estados Unidos: «Estemos siempre preparados para lo peor».

Me pareció fantástica. La atribuí a su sabiduría de viejo revolucionario.

Con el tiempo descubrí que la advertencia me había gustado no tanto por su hondura ideológica sino, sobre todo, porque coincide con mi propia actitud ante la vida. No es nada que resulte de una sesuda reflexión. Es espontáneo. Me sale actuar así. En cada situación, sin querer, me encuentro imaginando qué posibilidades tiene de irse todo al guano. Mi madre, dada a lo mismo, me dijo que había heredado ese espíritu de su padre gallego. Don Javier, se llamaba el buen hombre.

Afrontar la vida así tiene la ventaja de que te suceden pocas desgracias que no hayas previsto. Y el inconveniente de que te pasas buena parte del tiempo imaginando desastres.

Ayer, a las 12 en punto de la noche, me sucedió algo que jamás me había ocurrido en toda mi vida: conseguí comerme las 12 uvas antes de que sonara la última campanada anunciadora del año. En todas las anteriores ocasiones semejantes que recuerdo, me encontraba en ese momento con la mitad de las uvas de la suerte atascadas en la boca.

Algunos lo tomarían como un buen augurio. Bastantes más, como nada, y harían bien. A mí me volvió a salir, irreprimible, mi alma gallega: «Si nunca había conseguido comerme las uvas y todo me ha ido bastante bien hasta ahora», pensé, «lo mismo esto quiere decir que a partir de este momento se me van a torcer las cosas».

O sea, que, aparte de todo, además supersticioso.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de enero de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de abril de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/01/01 06:00:00 GMT+1
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2000/12/31 06:00:00 GMT+1

El gran salto

«O España da el gran salto en la próxima década o no lo dará nunca». La profecía es cosa de José María Aznar.

Tengo la frase apuntada en mi cuaderno de trabajo desde anteayer. Y cuanto más la miro, más dudas me hace alimentar sobre el género de sueños megalómanos que pueden rondar por la cabeza del jefe del Gobierno español.

«El gran salto». Esa imagen tiene historia. La empleó Mao Tsetung -o Mao Zedong, que escriben ahora, empleando la transcripción pinyin- en 1957, para bautizar lo que se suponía que iba a ser el esfuerzo histórico de China para incorporarse a la civilización industrial. Mao fue un poco más explícito que Aznar. Llamó a aquella campaña «el Gran Salto Adelante». Porque un «gran salto», así, sin más precisiones, puede ser cualquier cosa. Incluso la decisión de un suicida. De todos modos, el Gran Salto Adelante de China fue un estrepitoso fracaso, como pronto hubo de reconocer el propio Mao. Porque la voluntad puede hacer maravillas, pero sólo cuando se aplica dentro del campo de lo posible. Querer no siempre es poder.

España está, por sobre poco más o menos, en el sitio que le corresponde dentro del conjunto mundial. Un sitio que es, por cierto, y en términos comparativos, bastante confortable.

Este país avanza al ritmo de sus posibilidades, como resultado de un gran número de esfuerzos individuales que son, dado nuestro sistema de organización social, imposibles de concertar, precisamente porque el sistema se basa en la lógica del beneficio privado.

No veo cómo podría salirse del ritmo evolutivo marcado por las condiciones objetivas para dar ningún «gran salto». Las propias previsiones oficiales para los próximos años hablan de un crecimiento sostenido, pero bastante moderado.

Deduzco entonces que Aznar no habla de un gran salto económico, sino de algún otro tipo de «gran salto». El contexto en el que pronuncia la frase, poblado de llamamientos a «ser español sin complejos», no me tranquiliza nada. Y todavía menos la fórmula de profecía apocalíptica que adopta: o ese lo-que-sea del que habla se produce ahora -dice-, o no se producirá nunca. Dan ganas de contestarle a la bilbaina: «¿Nunca? ¿No te quedarás corto?».

Una de las ventajas que me pareció ver en el Aznar de 1996, en relación a su antecesor en el cargo, era su estilo concreto, realista, poco dado a las empresas visionarias. Ahora ya lo tenemos convencido de que debe cumplir una misión histórica.

Qué miedo me da la gente que se propone misiones históricas. Me gusta mucho más la que se concentra en la misión de ayudar a los demás a sobrevivir día a día con la mayor dignidad posible.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (31 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/31 06:00:00 GMT+1
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2000/12/30 07:00:00 GMT+1

El viento de siempre

Viernes 29. Es aún de noche. El viento sopla fortísimo. A unos 100 kilómetros por hora, parece.

Mi casa, situada en una colina, está totalmente desprotegida. Sólo un puñado de pinos la flanquean.

El viento se ceba con ella.

He bajado las persianas, por miedo a que revienten los vidrios de las ventanas.

Escucho el viento. Actúa por rachas. De repente, se calma. Zumba el silencio. Y, súbitamente, vuelve a arrancar, terrible, estremecedor, y todo tiembla.

Trato de establecer la cadencia, en un intento de que la Razón recupere terreno frente a la Naturaleza desatada. Pero el miedo me vence.

Sé tan poco sobre la Naturaleza. Nunca he vivido con ella. No la entiendo. ¿Por qué el ventarrón sigue esas rachas? ¿Y por qué es mucho más fuerte por la noche que por el día? Me da miedo.

Ahora la fuerza con la que golpea es impresionante. No quiero ni pensar en lo que estará sucediendo fuera. Imagino que habrá destrozos. Tiestos, tejas.

No me atrevo a salir. Lo mismo se me viene algo encima.

Ha parpadeado la lámpara. No sé si volverá a irse la corriente, como ayer, y tendré que continuar escribiendo a la luz de una vela, junto al fuego de la chimenea. Espero que no.

He puesto algo de música, supongo que para aferrarme a la civilización.

Se ha producido un apagón. Y luego otro. Y otro más. Éste ya mucho más largo.

Escribo ahora alumbrado por la llama de una frágil vela.

Dan las seis de la mañana.

Enciendo un transistor para escuchar las noticias. Si siempre me resultan extrañas las declaraciones políticas, en esta situación no consigo ni siquiera entender lo que pretenden.

Parece que ahora viene otro momento de calma del viento.

Oigo que hay un lío con el Parlamento vasco y las asociaciones de víctimas del terrorismo.

Me niego a decidir qué pienso de eso, si es que pienso algo. Quizá consiga reflexionar algo sobre ello cuando vuelva a tener electricidad.

O cuando amanezca.

O cuando se calme definitivamente el viento.

Hubiera querido escribir para esta ocasión algo sobre el fin del siglo, o sobre el milenio. No creo que vaya a vivir muchos. Es un acontecimiento en el que he pensado desde muy niño. Siempre creí que aprovecharía el momento para escribir algo solemne. No sé, o tal vez irónico.

Nunca pensé que me llegaría al umbral del 2000 asustado por el viento.

No por el del siglo I. No por el del XIX. No por el del XX. No por el del XXI.

Por el viento de siempre.

Javier Ortiz. El Mundo (30 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de diciembre de 2011.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/30 07:00:00 GMT+1
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2000/12/30 06:00:00 GMT+1

El terrorismito

Pongamos que el invento sirve para las dos posibilidades que sugiere: terrorismito es diminutivo de terrorismo, y también contracción de dos sustantivos: terrorismo y mito.

El Gobierno, con la anuencia del PSOE, ha creado el Juzgado Central de Menores, o sea, otro Juzgado más de la Audiencia Nacional, éste encargado de la represión de la kale borroka, que pasa a ser considerada una forma más de terrorismo. Lo cual está en sintonía con la reforma del Código Penal recientemente aprobada.

El conjunto de estas decisiones me resulta, a la vez, escasamente riguroso desde el punto de vista técnico jurídico y altamente preocupante desde el punto de vista político.

Vayamos por partes.

La medida decidida ayer amplía las atribuciones de la Audiencia Nacional, que es un tribunal de excepción y, por ello mismo, de dudosa juridicidad, en la medida en que niega el derecho al juez natural, que es un derecho que la Constitución reconoce a todos los ciudadanos. Todo lo que tienda a reforzar la Audiencia Nacional, en lugar de a limitar sus atribuciones y prepararla para su desaparición, me parece criticable.

Se pretende justificar el mantenimiento de la Audiencia Nacional, heredera directa del Tribunal de Orden Público franquista, alegando que los jueces que actúan en el País Vasco están sometidos a una presión social que limita sus posibilidades de independencia. Lo cual es cierto. Pero no es menos cierto que esa misma presión existe también para todos los demás órganos de la Administración, incluidos los de la Justicia no especializada en los delitos de motivación política. ¿Alguien cree que, por ejemplo, un juez de lo Social puede dictar sentencia en Guipúzcoa sobre una huelga apoyada por LAB sin tentarse muy mucho la ropa? Además, una Justicia que conoce mal o desconoce la realidad en la que se producen los hechos que enjuicia corre el riesgo de interpretarlos mal. Por otro lado, la Justicia no sólo puede perder su independencia en la dirección que apunta el argumento en pro de la existencia de la Audiencia Nacional. También lo puede hacer por la vía contraria, es decir, subordinándose a otros poderes del Estado. El grado de subordinación de los jueces de la Audiencia Nacional al Ejecutivo es, para estas alturas, escandaloso.

Pero es que, además, es un error tipificar globalmente la kale borroka como terrorismo. No me refiero aquí al terrorismo en el sentido que da a esa palabra el lenguaje popular. Obviamente, la kale borroka puede aterrorizar. Hablo del terrorismo en la acepción jurídica específica que cobra ese término en el Código Penal. Según éste, para que un delito pueda calificarse de terrorista ha de ser causado por personas que tengan una conexión orgánica con una banda armada. No basta con que sea cometido por simpatía con una banda armada, ni respondiendo a un llamamiento genérico de la banda. Quiere esto decir que, para que un acto de kale borroka pudiera ser considerado terrorista, sería necesario probar que ha sido cometido en colaboración organizada, siguiendo instrucciones concretas de la banda armada. Para entendernos: que se pruebe que ETA se dirigió a los acusados y les indicó que debían hacer esto o lo otro.

Pero el hecho es que la mayoría de los actos de kale borroka suele ser obra de jóvenes activistas que actúan, sí, por simpatía hacia ETA, en concordancia con sus fines y sus deseos, sin duda, pero por su cuenta y riesgo. Ellos deciden qué atacan, cuándo lo atacan y cómo lo atacan. Eso, en rigor, no puede considerarse terrorismo.

La cuestión no es banal, ni mucho menos. La diferencia de calificación del delito puede conducir a absurdos como el que acabamos de ver (y eso que la reforma del Código Penal aún no ha entrado en vigor): que la Audiencia Nacional castigue la quema de un cajero automático con la pena de 16 años de cárcel, es decir, con una pena equivalente a la que podría merecer un asesinato. Ya lo he comentado en alguna otra ocasión: tal cosa supone, de hecho, una incitación a los jóvenes activistas para que se dejen de delitos menores y tiren -nunca mejor dicho- por elevación. Si la pena va a ser de todos modos la misma...

Eso sin contar con otro aspecto que es tal vez todavía más aberrante: que la quema de un cajero automático en Guipúzcoa sea juzgada por la Audiencia Nacional y castigada con 16 años de cárcel, en tanto que el mismo hecho, cometido en Sevilla, sea juzgado en la propia capital andaluza y se quede en una condena de un año de cárcel, como máximo, incluso aunque el autor del estrago proclame que lo hizo porque odia el Estado capitalista.

Parece bastante evidente que, de este modo, el principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley se va a freír espárragos.

Mucha gente se muestra indiferente ante estas medidas, o incluso las respalda, porque está hasta las mismas narices de ETA, de la kale borroka y de todo lo que tenga que ver con ellas. No se da cuenta de que, por esa vía, se horadan los principios del Estado de Derecho y se van recortando los derechos y libertades de todos. Se va fascistizando la sociedad.

A cambio, nos mira con desconfianza a cuantos denunciamos lo que se está haciendo.

Peor para todos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 23 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/30 06:00:00 GMT+1
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2000/12/29 06:00:00 GMT+1

El viento

Es todavía de noche. El viento sopla fortísimo. Mi casa, situada en una colina, está totalmente desprotegida, salvo por el lado del porche, flanqueado por una hilera de pinos. El viento se ceba con nosotros. He bajado las persianas, por miedo a que revienten los vidrios de las ventanas.

Escucho el viento. Actúa por rachas. De repente, se calma. Zumba el silencio. Y, súbitamente, vuelve a arrancar, terrible, estremecedor, y todo tiembla.

Trato de establecer la cadencia, en un intento de que la Razón recupere terreno frente a la Naturaleza desatada. Pero el miedo me vence.

Sé tan poco sobre la Naturaleza. Nunca he vivido con ella. No la entiendo. ¿Por qué el ventarrón sigue esas rachas? ¿Y por qué es mucho más fuerte por la noche que por el día? Me da miedo.

Ahora la fuerza con la que golpea es impresionante. No quiero ni pensar en lo que estará sucediendo fuera. Imagino que muchos tiestos se habrán roto, pero no me atrevo a salir. Lo mismo se me viene algo encima.

Ha parpadeado la lámpara. No sé si volverá a irse la corriente, como ayer, y tendré que continuar escribiendo a la luz de las velas, junto al fuego de la chimenea. Espero que no.

He puesto algo de música, supongo que para aferrarme a la civilización.

............

Se ha producido un apagón. Y luego otro. Y otro más. Éste ya mucho más largo. Escribo ahora a la luz de una vela.

Dan las 6. Enciendo un transistor para escuchar las noticias. Si siempre me resultan extrañas las declaraciones políticas, en esta situación no consigo ni siquiera entender lo que pretenden.

Parece que ahora viene otro momento de calma del viento.

Oigo que hay un lío con el Parlamento vasco y las víctimas del terrorismo. Me niego a decidir qué pienso de eso, si es que pienso algo. Quizá consiga reflexionar algo sobre ello cuando vuelva a tener electricidad. O cuando amanezca. O cuando se calme definitivamente el viento.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de diciembre de 2000). Subido a "Desde Jamaica" el 22 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2000/12/29 06:00:00 GMT+1
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