2001/10/04 06:00:00 GMT+2
Barrionuevo estuvo chulesco y prepotente. Corcuera, zafio y chillón. Rafael Vera no levantó la voz, respondió fría pero educadamente a las preguntas del fiscal y se limitó a repetir por activa y por pasiva su coartada, que será insostenible, pero es la única que tiene: todo su emporio inmobiliario es fruto del sudor de su suegro ferretero.
Vera es el más peligroso de los tres. A quienes nos sabemos la película nos consta que él fue el verdadero cerebro de toda la trama sucia del Ministerio del Interior, desde los GAL al desvío de los fondos reservados. Vera no tiene un pelo de tonto. Su problema es que se vio obligado a trabajar con gente que propende lastimosamente a la visceralidad y a la chapuza, y eso es lo que acabó por hundirle el barco: el uno hablaba de más, al otro le perdían las ganas de llevarse el dinero cuanto antes... Vaya tropa.
No es que él fuera inmune a los errores -hablo ahora estrictamente de errores, no de crímenes-. Alguno de ellos acabó llevándole a la perdición. Por ejemplo: de no haber sido por su deseo de librarse de la quema aun a costa de llevar a la pira a los demás, es posible que nunca se hubiera sabido lo muy lejos que había ido el asunto de los sobresueldos del Ministerio del Interior .Quizá algún día me anime a contar lo que ocurrió en ese episodio y el destacado papel que Vera tuvo en él. Otros han callado por mor del secreto profesional. Yo podría contarlo, porque no me afecta la obligación de proteger el anonimato de mis fuentes.
Declaraba anteayer Corcuera que él carece de fortuna personal y que eso demuestra que no había sobresueldos para los altos cargos de su Ministerio porque, de habérselo llevado crudo sus subordinados, él habría hecho lo mismo. Tal vez se ha olvidado de aquel día en que, ya destituido, fue informado de hasta qué punto se habían estado forrando Vera y los otros, y cómo entonces, delante de testigos, se dio de cabezazos contra la pared (¡literalmente!) mientras decía: "¡Soy gilipollas, soy gilipollas!". Acertó.
La clave es Vera. Pero Vera no es tan bobo ni tan petulante como para enfrentarse al tribunal. A él sólo le interesa salir lo mejor librado posible de este juicio, confiar en que el Gobierno de Aznar le deje en la calle y disfrutar de la fortuna que amasó durante todos aquellos años mientras medita seriamente en su venganza. Porque tratará de vengarse. De eso no me cabe la menor duda.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/04 06:00:00 GMT+2
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2001/10/03 06:00:00 GMT+2
Me llamaron ayer de El Mundo para que les dijera qué me está pareciendo la serie de artículos de Oriana Falaci que están publicando. Les contesté la verdad: que no los he leído y que, en consecuencia, no puedo expresar una opinión debidamente fundada.
Lo cierto es que empecé a leer el primero, me pareció un desahogo personal carente de mayor interés y me pasé rápidamente a otra cosa.
Si Falaci fuera una pensadora original e importante, o si aportara datos de especial relevancia informativa, es posible que me hubiera tragado sus largos exordios. Pero ni es lo primero -tampoco creo que lo haya pretendido nunca- ni ha hecho lo segundo. En lo que leí -tal vez la continuación fuera diferente; de eso no puedo hablar-, no ví ninguna razón que me obligara a seguir los inacabables meandros de sus visceralidades. Sobre todo cuando, entre las primeras afirmaciones de su retahíla, me había encontrado ya con el tópico principal del Bush de estos días: la cosa ésa tan irritante de que criticar al Gobierno norteamericano equivale a ponerse del lado de los terroristas.
«Entre Arafat y yo no hay buen feeling», leí poco después. Y ahí ya me paré. Eché una ojeada rápida a la continuación y comprobé que seguía hablando de sus feelings. Mi curiosidad por los feelings de la señora Falaci es nulo.
Según me despedí del redactor de El Mundo que tan amablemente me había telefoneado para recabar mi opinión sobre los artículos de marras, me quedé pensativo. Me entró la duda: ¿haré mal en no leer los artículos que me parecen pavadas? Dedicándome como me dedico a escribir sobre la actualidad, ¿tengo derecho a retirar la vista de aquello que me aburre, no ya porque no coincida con mis criterios, sino porque no le veo chispa suficiente? Tal vez no tenga ese derecho. Esos escritos son parte constitutiva de la realidad. Es posible que debiera leerlos, a título de deber profesional, aunque sólo fuera para indagar en las razones por las que a muchos otros sí les interesan.
En todo caso, a quien decididamente no entiendo es a la gente que lee sistemáticamente a los articulistas que detesta. Algunos amigos míos tienen esa extraña costumbre. «¿Has visto las barbaridades que ha escrito hoy Fulano?», preguntan. Carajo, pero si sabes que Fulano sólo escribe barbaridades, ¿para qué te lo tragas a diario?
Yo cuento con un puñado de lectores que me escriben con frecuencia para comunicarme que les parezco un mamón, un rojo revenido, un ignorante, una reliquia del pasado, un perfecto imbécil y no sé cuántas abyecciones más. Éstos son ya directamente la monda: no sólo se toman el trabajo de leerme, sino que, además, pierden su tiempo escribiéndome. ¿Qué interés puede tener llamarle imbécil a alguien que te parece imbécil? Si es imbécil, no puede entenderte. Qué imbecilidad.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/03 06:00:00 GMT+2
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2001/10/02 06:00:00 GMT+2
El espectáculo de altivez y chulería montado anteayer por Barrionuevo ante el tribunal que lo juzga revela en manos de qué tipo de personajes ha estado la Seguridad del Estado español durante muchos años. Ayer completó la evidencia José Luis Corcuera, que hizo una aparatosa exhibición de su ya conocido cutrerío mental. Ambos personifican los dos rasgos fundamentales de lo que fueron los GAL: el desdén por la Ley y la torpeza.
La declaración de Barrionuevo alcanzó su cénit cuando pidió al fiscal que le eche a él toda la culpa y deje en libertad a los demás inculpados. Debió de pensarse que hacía con ello un alarde de orgulloso quijotismo que impresionaría a la galería. No comprendió que estaba limitándose a dar impúdica cuenta de su inmensa cara dura. Su ofrecimiento estaba escandalosamente fuera de lugar y de tiempo. De lugar, porque durante un juicio oral ya no cabe hurtar responsabilidades constatadas. Y de tiempo, porque cuando tuvieron que hacer eso tanto él como los otros altos responsables del PSOE, empezando por su jefe supremo, fue cuando se empezaron a airear sus tropelías.
No creo ser sospechoso de simpatizar con los militares golpistas del 23-F. Pero aquellos individuos tuvieron, al menos, el rasgo de honor-atisbo de decencia o gesto de soberbia, tanto me da- de asumir toda la culpa de lo sucedido, exonerando a sus subordinados. Es justamente lo contrario de lo que hizo en bochornosa cascada la plana mayor felipista cuando asomaron los escándalos que tenían al Ministerio del Interior como centro principal de operaciones: González abandonó a su suerte a Barrionuevo, éste hizo lo propio con Vera, el yerno del ferretero se portó igual con Sancristóbal... y así hasta que la Justicia acabó inculpando a jefecillos de segunda y a policías de base.
A Barrionuevo le reconcomen dos cosas. Una es la constatación de que va a pasar a la Historia como el jefe de una banda mafiosa que no sólo se pasaba el Estado de Derecho por el arco del triunfo para combatir a ETA, sino también para forrarse. La otra, la conciencia de que el rebote hacia arriba de la responsabilidad por lo sucedido se ha parado en su persona, sin tocar ni manchar al menos en el plano jurídico a quien estaba por encima de él.
En tiempos del franquismo se contaba la anécdota de un padre muy de derechas a cuyo hijo lo detuvo la Policía por comunista. El hombre visitó al chaval en la cárcel y le soltó indignado: «¡Tú aquí, y el Marxlenin ése viviendo como Dios en París!». Me da que Barrionuevo se barrunta que sus visitas le van a decir: «¡Tú aquí, y el Señor X ése viviendo como Dios en Marruecos!».
Lo peor es que en su caso acertarán.
Nota.- Hoy esta página web alcanzará las 100.000 visitas. Tiene 14 meses de existencia, lo que supone una media superior a las 7.000 visitas mensuales. En la práctica, dada la tendencia al alza que ha experimentado, actualmente viene a tener en torno a las 10.000 visitas por mes, lo que la convierte en una de las web personales más visitadas del Estado español. La explicación es sólo una: la tenacidad. La mía por renovarla a diario... y la vuestra, por leerla con idéntica asiduidad. Gracias.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de octubre de 2001) y El Mundo (3 de octubre de 2001). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. La nota no apareció en El Mundo. Subido a "Desde Jamaica" el 3 de octubre de 2010.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/02 06:00:00 GMT+2
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2001/10/01 20:00:00 GMT+2
He aquí la larga entrevista con Javier Ortiz que publica el último número (octubre de 2001) de la revista Elkarri, órgano de expresión de la organización pacifista del mismo nombre.
Javier Ortiz: "La confianza en los éxitos policiales alarga el conflicto"
Periodista y subdirector de El Mundo -en estos momentos disfrutando de un permiso de excedencia- es casi la única voz crítica de este periódico, tanto en lo que respecta al conflicto vasco como a otras cuestiones de tipo social. Aunque esta condición le ha acarreado algunas ‘incomodidades' en el entorno mediático de Madrid, los principios le llevan a seguir en la misma línea, "sin esperanza pero con convencimiento".
ELKARRI.- En un artículo reciente criticabas el esquema maniqueo que se está empleando a la hora de abordar la situación creada tras los ataques a EEUU. ¿Cómo lo explicas?
JAVIER ORTIZ.- Es un planteamiento de política exterior que tiene sobre todo una intención de consumo interno. Hay que tener en cuenta que desde el ataque a Texas de Pancho Villa, EEUU jamás había recibido una agresión exterior. Ha participado en todas las guerras habidas y por haber, pero todas han sido en territorio exterior con lo cual la guerra para los estadounidenses siempre ha sido una cosa como de película. En esta ocasión, la conmoción que ha sufrido la opinión pública de EEUU ha sido impresionante, porque por primera vez han visto que las guerras son eso. Que lo que ellos habían hecho en Bagdad, o en Hiroshima o Nagasaki, a muchísima mayor escala, les podría ocurrir a ellos también. Esto les ha llenado de estupor e indignación.
Por otra parte, hay que recordar que la opinión pública de EEUU está acostumbrada a la simplificación del maligno. Hasta hace poco el maligno era el comunismo: había un enemigo claro y ellos se definían muy bien con relación a ese enemigo. Pero tras la caída del muro de Berlín, las cosas no estaban tan definidas; había cosas raras, pero no se sabía muy bien quién era el enemigo. Ahora cuando ha sucedido esta tragedia, venía muy bien crear un nuevo gran maligno para tratar de levantar la moral de la tropa -de la militar y también de la civil. Por tanto, se inventa lo del terrorismo concebido como magma, terrorismo sin adjetivos, como si hubiera una gran internacional del terror. Con esto justificarán la campaña militar, el fuego fatuo, y además, aprovecharán para reforzar planteamientos autoritarios.
ELKARRI.- Sin embargo, esta simplificación no sólo le está sirviendo a EEUU, sino a todos los países de la Unión Europea y de la OTAN, que desde el día siguiente a los ataques cerraron filas en torno a EEUU.
JAVIER ORTIZ.- Ignoro cuál es el coeficiente intelectual de Bush, pero tengo mis sospechas. Pero Blair no es imbécil y sabe que eso no es verdad; que no se trata del bien contra el mal. Ya lo saben, pero Gran Bretaña y Europa están asumiendo estos compromisos con EEUU primero por solidaridad, pero también porque a todos ellos les viene bien este clima de histeria para tomar medidas que en otras circunstancias la ciudadanía no las hubiera tolerado. Por ejemplo, eliminar todo tipo de garantías en materia de extradición, o en materia de interrogatorios, el plazo de incomunicación... es decir, para hacer un recorte general en materia de derechos humanos. Cuantos menos derechos tienen los ciudadanos, más derechos tendrán ellos.
ELKARRI.- ¿Pero crees que los gobiernos europeos no se están dando cuenta de que este tipo de respuesta en clave militar puede generar un caldo de cultivo que multiplique los ataques como los vividos en Nueva York y Washington?
JAVIER ORTIZ.- Es que, lamentablemente en nuestros días, no tenemos grandes estadistas capaces de abordar estas cuestiones de una manera inteligente y con una visión más amplia. En la actualidad, como suele decir Ibarretxe, a la política se dedica lo peor de cada casa. En un mundo en el que las grandes multinacionales dominan todo, donde el centro de poder ya no está en la política sino en los grandes consorcios, la gente con coeficiente intelectual más elevado y con más ambiciones está en los grandes consorcios económicos, no en la política. En la política quedan los chicos de los recados.
ELKARRI.- Sin embargo, en este tipo de decisiones son los políticos los que mandan.
JAVIER ORTIZ.- No, tampoco. Una de las razones por las que Bush moderó el mensaje rápidamente fue porque empezaron a bajar las acciones de las grandes compañías internacionales. Le dijeron que su entusiasmo bélico estaba provocando una reacción económica adversa, y entonces corrigió.
ELKARRI.- ¿En qué crees que acabará esta guerra que nos auguran será "diferente"?
JAVIER ORTIZ.- Para que pueda haber una guerra tiene que haber un enemigo definido, y por ahora no lo hay; tiene que haber dos bandos, y aquí hay un bando. En el otro lo que puede haber son víctimas. Puede haber todo tipo de ejercicios de fuego fatuo que provoquen millones de desplazados y cientos de miles de víctimas pero no resolverán nada, porque el problema seguirá ahí. Si alguien puede atacar las Torres Gemelas así y si una parte de la opinión pública mundial incluso puede alegrarse diciendo "ya era hora de que alguien les diera en el morro", es porque hay un problema de fondo. No es un tema de policías y mucho menos de militares. Lo que hay que hacer es examinar cuáles son los problemas de fondo; es decir, las inmensas desigualdades que existen en el mundo y en particular la política chulesca de Israel en Oriente Medio. Que ha llevado a la desesperación a un montón de gente y que han dicho "de perdidos al río".
ELKARRI.- Unos días después de los ataques se firmó un alto el fuego entre Israel y Palestina, lo cual demuestra que cuando quiere EEUU puede presionar a Israel para avanzar en el proceso de paz. ¿Quiere esto decir que EEUU cambiará su política en Oriente Medio a raíz de este ataque?
JAVIER ORTIZ.- Yo soy pesimista al respecto. Si fueran sensatos lo lógico sería eso, pero no creo que ese sea el camino que seguirán. Ahora lo están haciendo momentáneamente porque a EEUU le interesa atraer a los países árabes moderados a su gran coalición antiterrorista. Es un gesto de cara a la galería para que los gobernantes de los países árabes moderados puedan decir, sobre todo internamente, que EEUU también está haciendo algo para resolver el conflicto árabe-israelí. Pero, a mi modo de ver, lamentablemente es circunstancial y seguirán haciendo lo que han hecho hasta ahora, es decir, apoyando a Israel.
ELKARRI.- En lo que repercute esta crisis a nuestro caso, Aznar ya ha dicho que "espera que la acción concertada caiga también con todo su peso sobre ETA". ¿Cómo crees que puede influir a corto plazo?
JAVIER ORTIZ.- Esto puede derivar a que se refuercen los mecanismos de colaboración internacional en materia de inteligencia o espionaje, que la información entre policías sea mucho más fluida, que se espíe mucho más en otros terrenos (por ejemplo, ya se están reforzando los mecanismos para vigilar los contactos por internet). Y es verdad que estas medidas les pueden dar ciertos resultados policiales. Pero esto mismo puede ser contraproducente porque el hecho de obtener éxitos policiales va a hacer que confíen más en la solución policial, y esto no hará más que alargar el conflicto. Solamente cuando dentro de quince años vean que están en las mismas, entonces a lo mejor se plantean que no es el mejor camino. Pero de momento no les veo nada propicios a hacer ese tipo de planteamientos.
ELKARRI.- La postura que está manteniendo el ejecutivo de Aznar en todo lo relacionado con el País Vasco ha llevado a los responsables del Gobierno Vasco a hablar de "regresión autonómica". ¿Adónde crees que quiere llegar el Gobierno del PP?
JAVIER ORTIZ.- Incluso están planteando que las leyes más importantes de los parlamentos autonómicos tengan que pasar por el Congreso para ser refrendadas. El Gobierno central considera que el Estado ha seguido un movimiento pendular; que pasó de una centralización absoluta de los tiempos del franquismo a un autonomismo excesivo. Y ahora se trataría, según ellos, de buscar el equilibrio. Lo que van a intentar es sencillamente no dar más e incluso arrebatar contenidos a los que ya han concedido, aunque formalmente no quiten nada.
Ellos tienen además la concepción de que en ese movimiento pendular de descentralización se ha perdido la idea de España. Es verdad que el sentimiento de identidad española es el más bajo de Europa, pero no precisamente por la descentralización, sino por otras razones. La mayoría de la población no se siente identificada por ejemplo con la bandera, porque es la bandera de los borbones. Si hubiera sido la tricolor (la republicana) aún, quizás se hubiera tomado más en serio. Es imposible que buena parte de la población española tenga hacia su ejército los mismos sentimientos que en Francia, porque en Francia por lo menos ha ganado dos o tres guerras y aquí sólo ha ganado guerras contra su propio pueblo; ha perdido hasta en Marruecos. Es evidente que la razón por la que no existe un sólido y generalizado sentimiento nacional español, es porque ha sido una nación bastante miedosa.
ELKARRI.- ¿Dirías que las profundas divergencias a la hora de entender el Estado de las Autonomías son muestra de su fracaso?
JAVIER ORTIZ.- A mí me parece que ha sido un churro siempre. En la Transición se juntaron dos grandes tendencias: una tendencia casi confederal, que toma mucha fuerza en la transición, no sólo en Cataluña, Euskadi y Galicia, sino también en el País Valenciano, Baleares, Andalucía, Aragón, Canarias, y que incluía la posibilidad de que algunas partes se separaran. El documento fundacional de la oposición, en el que también estaba el PSOE, defendía el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Por el otro lado, estaba un Estado que venía del franquismo -porque el franquismo nunca se derriba sino que se reconvierte- con un ejército que lo que quiere es lo contrario. Entonces, como no se sienten con fuerzas para elegir entre las dos opciones, eligen las dos. Por un lado montan el Estado de las autonomías, pero por el otro, no desmontan el Estado centralizado, con lo cual se superponen. Se crean situaciones realmente grotescas desde el punto de vista administrativo, con consejerías autonómicas presentándose a hacer lo mismo que se presenta la delegación del ministerio correspondiente. Además es un despilfarro enorme, porque crecen las administraciones autonómicas, pero no decrece la central y el número de funcionarios crece hasta el absurdo.
A la vez, el intento de frenar la descentralización que está llevando a cabo el PP coincide con la profundización de la Unión Europea. La UE cada vez tiene más competencias del terreno de los estados. Es curioso que la derecha española sea tan celosa de su poder con respecto a las Comunidades Autónomas, pero totalmente papanatas con respecto a Bruselas. A Bruselas le deja hacer lo que sea, le cede todas las competencias que sea, no le discute ni una sola y lo resumen con esa frase retórica de "hay que hacer más Europa". No hay un estado tan papanatas en toda la Unión Europea: los franceses racanean, los italianos también, por no hablar de Gran Bretaña. España lo cede todo, "lo que diga el jefe", con tal de que le dejen entrar en su club. Es como esos maridos que en el trabajo son sumisos, "lo que diga usted, señor Martínez", pero luego llegan a casa y le dan una bofetada a su mujer.
ELKARRI.- Han pasado veinticinco años desde la transición y hoy las condiciones no son las mismas. ¿No se podría hacer una apuesta más osada para encontrar un nuevo modelo de relaciones que satisficiera a más sectores?
JAVIER ORTIZ.- Tú imagínate que una persona te coge por la calle, te apunta con una pistola y te obliga a acompañarle. Te mete por un camino disparatado, absurdo y de repente os resbaláis y os quedáis agarrados de una ramita y te pregunta: "¿y ahora qué hacemos?", "¡joder -le contestas- yo no quería estar aquí!". En lo que respecta a la situación política pasa lo mismo. ¿Por qué tengo que dar alternativas a una situación a la que he llegado obligado? Yo me niego a ofrecer alternativas, porque así parece que admito los términos que han llevado a esta situación. Yo no quería llegar aquí. ¡Yo qué sé ahora que hacemos! En su día defendía y sigo defendiendo el derecho de autodeterminación.
ELKARRI.- ¿Qué opinión te merecen las propuestas federalistas que se están haciendo en algunos sectores del PSOE?
JAVIER ORTIZ.- El PSOE tiene un lío importante en esta cuestión, porque la gente que está en posiciones más realistas, es gente que a la vez ha estado más implicada en los desastres del felipismo. La mitad de los que ahora dicen cosas sensatas tienen que ver con el GAL. Es una contradicción, porque se supondría que una propuesta de ese tipo tendría que venir de los sectores más renovadores y, sin embargo, está la contradicción de que quienes han hecho esta reflexión son los que están permanentemente en el riesgo de que les digan "pues mira que tú, por lo que hiciste...". Yo al PSOE le veo muy errático, y está haciendo una oposición que es de broma.
ELKARRI.- En Euskadi se acaba de formar el nuevo Gobierno Vasco con la inclusión de IU-EB y ha sido denominado por sus componentes como un gobierno estratégico de cara a la pacificación. ¿Qué opinas al respecto?
JAVIER ORTIZ.- El objetivo principal de Ibarretxe en esta legislatura es la pacificación y la normalización y eso es lo que explica la entrada de IU. Y, por tanto, desde el punto de vista de Ibarretxe creo que es una buena iniciativa porque introduce en el gobierno a una formación no nacionalista, deja de ser monocolor y además introduce lo que los cursis llaman ahora, otra sensibilidad, otra manera de ver la vida. Desde el punto de vista de IU, tengo mis dudas de que hayan hecho bien en entrar, porque eso supone tener que tragar todas las acciones que lleve a cabo ese gobierno. Por ejemplo, llega la Ertzaintza al gaztetxe de Vitoria, organiza la de dios, y es tu Ertzaintza, es la Ertzaintza de tu gobierno. Entonces, ¿cómo desapruebas eso? ¿Te desmarcas, no te desmarcas, qué haces? Es decir, participar en un gobierno de estas características -aunque puede que el Gobierno Vasco sea uno de los gobiernos menos indecentes de Europa- conlleva unas políticas económicas y de orden público que una fuerza realmente de izquierdas no puede aceptar.
ELKARRI.- Pero ese planteamiento puede llevar a la automarginación permanente.
JAVIER ORTIZ.- Sí, y puede ser estupenda. Una fuerza política sólo puede aspirar a tener mucha importancia cuando las fuerzas sociales partidarias tienen mucha importancia. Lo que no puede ser es que llegues a tener mucho poder a base de despachos. Una fuerza de izquierdas lo que tiene que hacer es aumentar su influencia social y tratar de convencer a la gente. Pero si socialmente eres marginal, políticamente sólo puedes ser marginal. Como yo ya sé, en lo que a mí respecta, que mis opiniones son marginales, estoy muy a gusto siendo marginal políticamente. En el caso de IU yo era más partidario de que firmaran un pacto de legislatura dando apoyo en todo lo que se refería a la pacificación, pero luego teniendo las manos libres para poder criticar todo aquello que no le gustase.
ELKARRI.- ¿Crees que en esta legislatura se avanzará sustancialmente en materia de pacificación? ¿Qué valoración haces de la violencia que se vive en nuestro país?
JAVIER ORTIZ.- Yo no soy del género que dice que la violencia es siempre inútil, porque la historia demuestra que muchas veces la violencia ha sido muy útil. Ahora, lo que creo en este caso es que, aparte de ser moralmente reprobable, políticamente es nefasta. El PP hace diez años no era nadie y ha llegado donde ha llegado gracias a ETA. En general, la violencia tiende a acentuarse, cuando los partidarios de esa causa se sienten más incapacitados para conseguir lo que pretenden. Lo que pierde de presencia en la calle por perder fuerza social, quieren recuperarlo a lo bestia. Así, se sigue hablando mucho de ellos y el problema sigue siendo muy agudo. Creo que el asunto está bastante mal por dos razones: por el lado de ETA se ve una falta de realismo patética. Y por otro lado, el PP que está convencido de que resolverán esto por la vía policial. A raíz de la tregua Aznar sintió el aliento de la historia en el cogote y dijo: "¿y si fuera yo el que consiguiera la paz en Euskadi?" y entonces inicialmente avanzó por ahí. Lo que pasa es que cometió un error gravísimo dejando en paralelo dos tácticas: por un lado la de la comunicación con ETA y por otro lado la estrategia de Mayor Oreja, que se dedicó a boicotear todas las posibilidades de éxito del acercamiento y del diálogo.
De todas formas, apoyo todos los intentos que se vayan a hacer en esta dirección. En este sentido, apoyo sin fisuras la Conferencia de Paz que está promoviendo Elkarri y los organizadores saben que me tienen a su disposición para lo que quieran.
ELKARRI.- Muchos vascos residentes en Madrid adoptan una posición beligerante respecto a una solución dialogada. ¿A qué crees que se debe esto?
JAVIER ORTIZ.- Yo creo que hay mucha gente que está muy quemada por las bofetadas que ha recibido del mundo abertzale y se han radicalizado hasta el fanatismo. No es mi caso, yo no he recibido esas bofetadas, entre otras cosas porque he estado muy alejado. Hay que tener en cuenta que yo me fui de Euskadi en 1970, primero al exilio -estuve cinco años en Burdeos y París, el tiempo que tardó en morir Su Excremencia- y luego primero a Barcelona y luego a Madrid. Y cuando volví a San Sebastián, tenía todas mis amistades de aquella época y entonces me encontré con que unos habían evolucionado hacia HB o lo que al principio era EE, otros están en el PC, y otros estaban en el PSOE y yo seguía siendo amigo de todos. Debía ser de las pocas personas en aquella época que tenía amistades en todas partes. A mí nunca me han maltratado ni los unos ni los otros. Luego cuando vine aquí a montar El Mundo del País Vasco, se decía que su línea era como la de HB pero sin violencia -aunque a la gente le cueste creer, viendo cómo es ahora este periódico. Y también tuvimos bastante buena relación con todo el mundo. Yo me fui después de pasar más de un año y sin enemigos. Nunca me he sentido maltratado ni por unos ni por otros. En cambio, otros han recibido muchos palos, los han dado, se han ido encabronando y actualmente están en posiciones inimaginables unos años atrás.
Además, hay que tener en cuenta que el clima político ha cambiado mucho en Madrid y con ello también la percepción de los vascos. Me acuerdo que en la época en la que yo llegué a Madrid te decían "vasco, hombre qué bien" que en realidad tampoco era muy comprensible. Y en cambio ahora tienes que decir "yo soy vasco pero... no llevo metralleta".
ELKARRI.- ¿Qué opinas del nacionalismo?
JAVIER ORTIZ.- Yo soy muy poco nacionalista. Soy sobre todo muy poco nacionalista español. El nacionalismo español lamentablemente siempre ha estado asociado a la Guardia Civil, a la pandereta y a una serie de símbolos que me repateaban. En general soy muy hostil a los nacionalismos de gran potencia, al nacionalismo del que manda. Entiendo mucho mejor el nacionalismo del oprimido, aunque tampoco participo de él. Yo soy partidario de la libertad de Euskadi y de su derecho a la autodeterminación, pero si se votara en referéndum, yo votaría por seguir unido a España, porque me siento cómodo en España. Por otra parte, también es cierto que dadas mis posiciones tengo muchas más amistades entre los nacionalismos denominados periféricos que en el lado de los nacionalistas españoles. Además, como periodista siempre he creído que había que hablar de aquello de lo que los demás no hablan. Porque para criticar los aspectos negativos del nacionalismo vasco y del catalán hay tal cantidad de candidatos, que incluso habiendo cosas que no me gustan de estos nacionalismos, no me veo en la obligación de criticarlos porque ya se ha hablado sobradamente de ello. En cambio, hay tan pocos que critiquen al nacionalismo español, que me veo en la obligación de hacerlo.
ELKARRI.- ¿Cómo llevas el hecho de estar continuamente opinando a contracorriente?
JAVIER ORTIZ.- Yo tengo una maldición y es que tengo principios. Es una carga enorme que me ha llevado a recibir una cantidad de bofetadas impresionante: pierdo trabajos, me tengo que ir de sitios, me echan, no te cuento económicamente lo rentable que me resulta... Por ejemplo, he sido expulsado de tertulias radiofónicas -la tertulia de Luis Del Olmo- por hacer cosas tan radicalmente izquierdistas como defender a Setién. Pero no por defenderle en el sentido de decir que tenía razón o dejaba de tenerla, sino por defenderle de la acusación de ser cómplice de ETA. Ése es el nivel en Madrid. Pero el problema es que yo ya soy muy mayor para cambiar. No voy a transigir ahora con una serie de cosas con las que no he transigido los últimos cuarenta años. Y además no sería feliz, me sentiría de lo más desgraciado.
ELKARRI.- ¿Qué pasa con la opinión pública española? ¿Por qué le cuesta tanto entender cuestiones que aquí nos parecen de sentido común?
JAVIER ORTIZ.- El grado de radicalidad de algunas ideas depende del punto de vista desde donde se analizan esas ideas. Este Estado ha hecho un desplazamiento significativo hacia la derecha si lo comparamos con los años de la transición, y ahora cualquier cosa les parece radical. Vázquez Montalbán lo explicaba muy graciosamente: "yo siempre he sido socialdemócrata. Lo que pasa es que en los 60 los más radicales me llamaban derechista y ahora todo el mundo se piensa que soy muy de izquierdas. Pero yo no he cambiado, ha cambiado la sociedad".
Los medios de comunicación han seguido una relación de ida y vuelta con la sociedad; es decir, en parte han contribuido a que la sociedad se derechizara y en la medida en que la sociedad se derechizaba, se veían en la obligación de derechizarse más para seguir vendiendo.
De todas formas, la sociedad española ha sido siempre una sociedad conservadora, miedosa. Es una sociedad que vive ante el terror de que cualquier cambio siempre pueda ser a peor. Es una sociedad temerosa del futuro, y que se aferra a lo que tiene. ¿Por qué en España se cambia de gobierno solamente cuando el gobierno que está se hunde solo? Se vota al de recambio cuando éste parece tener un valor más seguro del que está.
ELKARRI.- ¿Cómo valoras como periodista la reciente fusión de Prensa Española y Grupo Correo (Vocento)?
JAVIER ORTIZ.- Esto forma parte de un proceso, por un lado inevitable, por otro lado abominable, que es la concentración de los medios de comunicación. Es algo que se está produciendo en todo el mundo y está acabando con la libertad de expresión. El argumento de los que impulsan estos procesos es decir que "se aprovechan las sinergias" y en realidad lo que se está haciendo es crear unos holdings que tienen varios periódicos, cadenas de televisión, radios, editoriales de libros y también negocios en los campos más diversos... con lo cual una conclusión directa es que no se puede escribir casi de nada porque los periódicos tienen cada vez las manos más atadas. Antes un periódico importante podía hablar de lo que fuera, incluso podía permitirse declararle la guerra al Gobierno, como hizo en su día El Mundo. Hoy en día no puede criticar nada, porque el periódico está ligado a intereses empresariales. Además, depende del gobierno correspondiente para renovar las licencias necesarias; dependen cada vez más de la publicidad institucional y la que no es institucional es de empresas tan importantes como un ministerio, como El Corte Inglés o la Renault. Hay una frase que antes la solía decir en broma y ahora la digo en serio y es que "un periódico sólo se escribe en los huecos que deja libre la publicidad". En realidad, lo importante es la publicidad. Lo otro está para reforzar la publicidad y para que les podamos decir a los anunciantes que nuestros lectores tienen cada vez un mayor poder adquisitivo, que es lo que le interesa al anunciante. Cosa que por otra parte hace inevitable que todos los medios vayan hacia la derecha, porque la izquierda tiene poco poder adquisitivo y le interesa poco a la publicidad.
ELKARRI.- Hace más de un año que cogiste una excedencia de tu cargo de subdirector de El Mundo. Ahora, además de escribir un par de columnas semanales, te dedicas sobre todo a tu página web. ¿Cómo valorarías esta nueva experiencia?
JAVIER ORTIZ.- Ha sido buenísima. Por un lado a mí me ha venido muy bien porque desde que dejé el periódico corría el peligro de hacer un trabajo indisciplinado, y quise ponerme la prueba de tener una tarea fija todos los días. Si la consultas de vez en cuando verás que está actualizada a las horas más increíbles, a las siete, a las ocho de la mañana y eso me obliga también a llevar una vida sana, porque me impide ir de juerga. Aunque puede parecer muy dependiente, a mí me gusta mucho escribir y no me pesa. Suelo decir de broma que escribir es, de las cosas que se hacen en posición vertical, la que más me gusta. Además, la página me ha permitido conocer a muchísima gente estupenda de todas partes que participan en el foro de debate. Luego cuando voy a dar una conferencia a algún sitio, se me presentan, se conocen entre ellos y algunos incluso ya se han convertido en pandilla. La verdad es que internet ofrece posibilidades fantásticas.
ELKARRI.- Recientemente has publicado un libro que recoge algunas de las reflexiones que has ido escribiendo en esta página, bajo el título de "Diario de un resentido social". ¿Qué puede hacer un periodista resentido, en un mundo que cada vez le gusta menos?
JAVIER ORTIZ.- Lo más interesante y lo más reconfortante del pensamiento crítico es la gente que se conoce y que está en posiciones semejantes. Normalmente es gente estupenda, con la que te lo pasas en grande, y que te aporta muchísimo. Es la idea del viaje a Itaca. Itaca no existe, pero viajando, en el esfuerzo por llegar, conoces gente estupenda, te pones a prueba a ti mismo, ayudas, te ayudan... no somos muchos los que tenemos una actitud crítica con la realidad, pero tampoco somos tan pocos. Y entre los que somos, vale la pena hacer el viaje. Hay un libro de poemas de Ángel González que es muy bueno y que lleva como título "sin esperanza, con convencimiento", me parece casi un lema para la vida. No hacer las cosas porque esperes conseguir nada, sino porque estás convencido de que hay que hacerlo.
ELKARRI.- Entre tus planes de futuro entra el de escribir un libro sobre el lehendakari Juan José Ibarretxe.
JAVIER ORTIZ.- Este hombre puede ser un personaje decisivo en la historia de Euskadi y de España y fuera de aquí nadie lo conoce. La impresión que tengo es que en Euskadi buena parte de la población ha llegado a una conclusión que yo la expreso de una manera un poco cómica: Ibarretxe es la persona a la que le comprarías un coche de segunda mano. Piensas que si le compras un coche de segunda mano te va a decir: "oye la batería está bastante fastidiada, la rueda de repuesto está lisa...", te va a decir la verdad. Entonces, como la mayoría de los políticos -por no decir la casi totalidad- es gente a la que no le comprarías un coche de segunda mano, esta característica suya hace que sea una persona que llama la atención. Eso ha hecho incluso que mucha gente que no es del PNV, ni simpatiza con el PNV le haya votado. Y fuera de aquí, en el Estado la idea que hay sobre él es que es una persona curiosa; no despierta la hostilidad que puede crear Arzalluz, ni mucho menos. Y entonces hay interés en saber quién es. Lo que yo voy a hacer es intentar explicárselo. La intención del libro es meramente política. Yo lo que trato de hacer es tender lazos hacia la opinión pública española para que puedan entender, a través de un personaje que no despierta hostilidad, algunas claves del conflicto vasco.
(Octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/01 20:00:00 GMT+2
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2001/10/01 06:00:00 GMT+2
Insisten el PP y el PSE-PSOE en que la coalición vasca de gobierno comete un error cuando sostiene que hay «un problema vasco» más allá -o más acá- de ETA. Mayor Oreja dice que «el único problema vasco es ETA» y Redondo Terreros afirma que «no hay ningún problema entre Euskadi y España; el problema es entre unos vascos y otros».
El portavoz del Gobierno vasco, Josu-Jon Imaz, ha replicado que esos planteamientos retrotraen a debates previos al Pacto de Ajuria Enea. Y es que, en efecto, en ese acuerdo se aceptaba la existencia de problemas políticos diferentes de -y en parte enmascarados por- el terrorismo.
La argumentación del PP se basa en una simpleza tan infantil que incluso da no sé qué tener que refutarla. Es obvio que ETA no constituye el único problema que afronta el pueblo vasco. Los tiene por cientos. Que haya un problema mayor que los demás no quiere decir que los otros no existan. El PP podría rechazar el planteamiento del Ejecutivo de Ibarretxe si éste no hubiera admitido que el esfuerzo por poner fin al terrorismo es prioritario. Pero no tiene sentido que se indigne porque trate de afrontar también otros escollos, de la naturaleza que sea.
El planteamiento de Redondo Terreros tiene algo más de enjundia. Según el todavía secretario general de los socialistas vascos -se dice insistentemente que va a dejar el cargo y a marcharse de Euskadi-, el llamado «problema vasco» es exclusivamente interno: nace del hecho de que en la sociedad vasca hay dos culturas diferentes, de las que se derivan diferentes concepciones políticas y sociales, que tienden a enfrentarse. La constatación de ese hecho le lleva a sostener que no hay ningún problema entre Euskadi y el Estado español.
Es un hecho incontestable que el País Vasco integra dos comunidades -la nacionalista vasca y la no nacionalista vasca-, cada una de las cuales presenta rasgos específicos. No es cierto, a cambio, que esas dos comunidades estén condenadas a enfrentarse. Por recurrir al viejo lenguaje de la dialéctica marxo-hegeliana: la existencia de esa diferencia genera una contradicción, pero esa contradicción no tiene por qué ser antagónica. Está demostrado en la práctica: muy buena parte de la comunidad nacionalista vasca tiene perfectamente asumidas las reglas de la convivencia en paz con quienes no comparten ni su ideario ni algunas de sus pautas culturales, del mismo modo que la gran mayoría de quienes se sienten españoles aceptan de buen grado vivir pacíficamente en común con quienes carecen de ese sentimiento.
De hecho, el secreto del buen gobierno de Euskadi está en tener en cuenta las necesidades de las dos comunidades, considerando a todos los ciudadanos y ciudadanas iguales en derechos.
Redondo Terreros se olvida de eso. Porque, si realmente considerara al pueblo vasco como un todo que incluye a las dos comunidades, debería aceptar que ese todo, en buena medida nacionalista, sí tiene problemas de inserción dentro del Estado español. Negarlo significaría tanto como exigir a la comunidad nacionalista que renuncie a sus planteamientos y a sus aspiraciones. No sólo a la comunidad nacionalista, sino también a los sectores no nacionalistas que comparten algunas de las reivindicaciones nacionalistas. Porque esos sectores existen (EB-IU es la expresión política de algunos de ellos). Dicho de otro modo: sólo puede pretender que no hay ningún problema político entre Euskadi y el poder central quien parte de la idea de que la mayoría del pueblo vasco -porque es mayoría, si nos atenemos al resultado de las urnas- debería amoldarse a los planteamientos no ya de la minoría no nacionalista, sino de la minoría anti- nacionalista. Una pretensión no muy democrática, si bien se mira.
No hay un «problema vasco». Hay muchos problemas, todos igual de vascos.
A lo que sí estaría dispuesto yo es a no calificar de «problema vasco» -es decir, de problema exclusivamente vasco- a las dificultades de inserción de Euskadi en España. Porque, en una u otra medida, ese mismo problema lo tienen también otras comunidades. En consideración a ello, probablemente resultaría más correcto hablar de «el problema español».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de octubre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 8 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/10/01 06:00:00 GMT+2
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2001/09/30 06:00:00 GMT+2
Mis conocimientos en materia de geopolítica internacional no van más allá de las conclusiones elementales a las que puede llegar cualquier mínimo conocedor de la Historia que se interese por la actualidad. Quiero decir con ello que son escasos y nada académicos. A cambio, mi amigo nicaragüense Augusto Zamora, que es profesor de Derecho Internacional en la Universidad Complutense de Madrid, ha dedicado no pocos esfuerzos a la investigación geopolítica en tanto que disciplina académica.
El pasado viernes, mientras comíamos juntos, me ilustró sobre las posibilidades de interpretación de la actual crisis internacional a la luz de algunas doctrinas geopolíticas. Me habló de un teórico de la cosa -cuyo nombre no retuve- que, hace ya muchos años, estableció que los EEUU nunca conseguirían el control real del mundo mientras no alcanzaran dos objetivos clave: uno, taponar por completo la influencia rusa más allá de su frontera europea; el otro -más importante todavía, según él-, establecer un enclave sólido entre Rusia y el Mar Arábigo.
Augusto Zamora me contó que esa teoría tiene desde hace tiempo muy firmes partidarios entre los estrategas del Pentágono. Ello explicaría tanto el interés que pusieron en el derrocamiento del régimen de Milosevic como su política en relación con Afganistán.
Me he burlado en este Diario del brusco cambio que ha experimentado la actitud de Washington hacia los talibán a lo largo de los últimos quince años: primero los trató como aliados estupendos; luego, como fanáticos repugnantes. Pero, lo que en el plano meramente verbal -propagandístico- aparece como una actitud errática cobra pleno sentido si lo examinamos desde el ángulo geopolítico. En una primera fase, los EEUU apoyaron la revuelta de los talibán contra el régimen aliado de la URSS para sustraer al país de la influencia rusa, cosa que lograron en septiembre de 1996. Pero sus aliados se convirtieron acto seguido en un obstáculo de cara a la consecución del segundo objetivo, que no era otro que la sustitución de la influencia rusa por la suya propia. De ahí su cada vez mayor enfrentamiento con el régimen de Kabul. De no haber tenido tanto interés en el control de Afganistán, Washington podría haberlo tratado con la misma indiferencia con que afronta la existencia de otros regímenes autoritarios, aquí y allá.
Es mucha la gente que se asombra ante el interés extraordinario que ponen los EEUU en Afganistán. Se pregunta qué se les ha perdido en un país desangrado por los enfrentamientos étnicos, que carece de recursos de particular interés y cuya economía no puede ser más desastrosa, con un PIB 16 veces más bajo que el de Irán y una tasa de crecimiento tres veces inferior. Hacerse con el control de semejante ruina parece, de entrada, un objetivo sin sentido. Pero, si se considera que Afganistán se encuentra en lo que los geoestrategas del Pentágono consideran «el corazón del mundo», por las posibilidades que ofrece para convertirse en plataforma desde la que irradiar influencia sobre el conjunto de esa decisiva zona -tanto hacia el sur y el oeste, es decir, hacia Pakistán e Irán, como hacia el norte, hacia Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán-, la valoración pasa a ser muy otra. A modo de mero ejemplo: el control de Afganistán podría servir a Washington para convencer a las vecinas repúblicas ex soviéticas del norte de las ventajas de dirigir su producción de petróleo y de gas hacia el Golfo Arábigo, en lugar de hacerlo hacia el Caspio.
Y todo eso sin contar con la vecindad de China, con la que Afganistán tiene también un tramo de frontera.
El hecho es que Washington ha enfilado todas sus baterías contra el régimen de Kabul cuando lo cierto es que hasta ahora no ha presentado ninguna prueba concreta de que los talibán -y ni siquiera el propio Ben Laden- tengan relación alguna con los atentados del 11 de septiembre. Dicen que cuentan con «miles» de pruebas, pero no las muestran.
No sé, pero quizá no esté de más considerar estos elementos de análisis procedentes de la geopolítica.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/30 06:00:00 GMT+2
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2001/09/29 06:00:00 GMT+2
Insisten, erre que erre: la guerra que prepara el Gobierno de los EE.UU. tiene por objetivo «salvar nuestro modelo de civilización».
Lo cual me deja perplejo.
Para empezar, porque, por mucho dinero y muchas ramificaciones que tuviera la banda de Ben/Bin Laden, no la veo yo capaz de poner a ninguna civilización en peligro de extinción. Como nuestros teóricos de la cosa han dicho tantas veces, el terrorismo es como una úlcera: hace mucho daño a la organización social, pero no puede acabar con ella. Los daños que causa no son estructurales. Puede matar a muchos miles de personas -lo cual es ciertamente espantoso-, pero no tiene capacidad para tejer otro entramado social sustitutorio del existente.
Pero es que, aparte de eso, tampoco me parece que esté nada claro cuál es «nuestro modelo de civilización». Sobre todo a la vista de la gran alianza que se ha puesto manos a la obra.
Tiene que ser un modelo capitaneable por un señor como George W. Bush, que considera que la aplicación sistemática de la pena de muerte es parte integrante del modelo mismo. Ha de ser, además, un modelo que abarque los estilos de gobierno de regímenes tan variopintos como los de la UE, Japón, Canadá, Nueva Zelanda... y la monarquía saudí -que no se distingue precisamente por su escrupuloso respeto de los derechos humanos-, la Rusia de Putin -que ya saben ustedes- y la China de Jiang Zemin, que tiene el récord mundial de ejecuciones sumarias. Entre otros.
Trate usted de encontrar factores comunes a todos los que se han apuntado a la Nueva Cruzada. Yo sólo encuentro uno: el culto al libre mercado. ¿Será que nuestro «modelo de civilización» tiene ese exclusivo pilar?
Berlusconi ha precisado un poco más la cosa. Dice el jefe del Gobierno italiano que hay que dejarse de rodeos y admitir «la superioridad de la civilización occidental».
El problema mayor que presenta esa proposición es que se refuta a sí misma: una civilización que encumbra a lo más alto a alguien capaz de decir semejante estupidez -y semejante inconveniencia, si se mira el asunto con el cinismo que se les presupone a los políticos de profesión- no puede ser nada del otro jueves.
Berlusconi está a la altura de Bush, que por un lado anima a los norteamericanos a viajar en avión y por el otro declara que ha encargado a la USAF que derribe sin contemplaciones cualquier avión que realice maniobras sospechosas. ¡Como para tener una avería!
La verdad: con gente tan escasamente modélica y tan incivilizada, ¡qué pocas ganas dan de envalentonarse hablando de «nuestro modelo de civilización!
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (29 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/29 06:00:00 GMT+2
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2001/09/28 06:00:00 GMT+2
Hace tiempo que no leo ni escucho declaraciones de Jesús Gil y Gil. Supongo que el alcalde de Marbella ha optado por hacer como la bella señorita del chiste, que se pasó toda una fiesta sin decir esta boca es mía y que, cuando un caballero le preguntó al cabo de las horas por qué no hablaba, contestó: «¿Pa qué? ¿Pa cagala?».
Pero que Gil no hable no quiere decir que no actúe. Anteayer se supo que la juez encargada de la instrucción de uno de los sumarios más importantes que tiene abiertos en la capital de la Costa del Sol ha solicitado que la trasladen a otra plaza. Con lo que tal parece que Marbella cuenta ya con dos categorías judiciales muy definidas: de un lado están quienes se pliegan al diktat de don Jesús; del otro, quienes optan por tirar la toalla y salir huyendo.
Siempre que se trata de justificar la existencia de la Audiencia Nacional, problemáticamente compatible con el derecho al juez natural que establece la Constitución, se manejan dos argumentos: uno, que los jueces del País Vasco tienen demasiado cerca al entorno de los activistas de ETA como para que les quepa sustraerse a sus presiones; el otro, que hay delitos de imposible ubicación concreta, que deben ser investigados a escala estatal, e incluso internacional, o cuya instrucción requiere de conocimientos muy especializados. No entraré esta vez a considerar lo mejor o peor fundado de estos argumentos. Me limitaré a observar que los delitos de los que se acusa a Jesús Gil reúnen todos esos requisitos a la vez: jueces verosímilmente intimidados, manejos presuntamente ilegales que se localizan en ciudades pertenecientes a diversas comunidades autónomas y campos operativos tan especializados como la tasación de estatuas, el patrocinio de camisetas futbolísticas y los artificios contables. ¿No está la Audiencia Nacional habilitada para el conocimiento de las actividades del crimen organizado? Pues que lo haga.
Más complicado lo tienen los jueces italianos con Berlusconi, cuya capacidad de presión intimidatoria abarca el conjunto del territorio nacional. Lo de Berlusconi es parecido a lo de Gil, aunque a muy superior escala: los dos son empresarios escasamente escrupulosos que, tras entrenarse en los campos de fútbol, han saltado al campo de la política y obtenido el favor popular. Berlusconi le gana a Gil ampliamente en un terreno: él se dio cuenta de la decisiva importancia que tienen hoy en día los medios de comunicación, lo que le animó a centrar sus esfuerzos en hacerse con el control de un buen puñado de ellos. Gracias a eso pudo desbordar el marco de la política local y plantarse en la jefatura del Gobierno de Roma. Y gracias también a eso, mientras las patochadas de Gil son en España materia de chanza periodística generalizada, las de Berlusconi son tratadas en Italia con reverencia o, por lo menos, con miedo.
Pero los tentáculos de Berlusconi no tienen cogida por el cuello a la totalidad de Europa. La UE debería hacer saber a ese concentrado de zafiedad con fijador que no puede andar por ahí menospreciando el islamismo y defendiendo «la superioridad de la civilización occidental», como acaba de hacer. Que Italia ya tuvo un Duce fascista, y que con eso nos basta y nos sobra a todos los demás.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/28 06:00:00 GMT+2
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2001/09/27 06:00:00 GMT+2
Siempre me negué a admitir que el presidente Felipe González hablara bien. Acepto que a muchos les pudiera parecer simpático, malicioso, irónico y no sé cuántas cosas más: se trataba de valoraciones subjetivas y, aunque sea falso que sobre gustos no hay nada escrito, de poco vale criticárselos al personal. Quien tiene mal gusto, lo tiene, y qué se le va a hacer.
A lo que me negué sistemáticamente es a que se pretendiera que hablaba bien un individuo que construía frases sin verbo principal, equivocaba las concordancias, empleaba palabras en sentidos que no tienen, retorcía la sintaxis para decir de manera complicadísima cosas que hubiera podido soltar en dos patadas por la vía directa y recurría a latiguillos cada dos por tres. Ahí la libre subjetividad ya no pintaba nada: la gramática es objetiva. Por consiguiente.
Recordado lo cual, he de admitir y admito que Aznar ha conseguido empeorar -y cuidado que no era fácil- la retórica monclovera. Lo de este hombre es, si se me permite la expresión tal vez no muy fina, para cagarse. Él no tiene latiguillos, como el otro: todo él es un latiguillo. El 80% de sus frases empiezan del mismo modo: «Creo sinceramente...», dice «lo que es y significa» hasta la náusea... En cuanto a fallos de construcción y errores de concordancia, baste decir que resulta mucho más práctico llevar la cuenta de los que no comete. Se acaba enseguida.
Pero peor todavía es su recurrente tendencia al pensamiento ramplón y su desprecio por la lógica, incluida la formal.
Anteayer le oí decir a propósito de cierto asunto: «En el mejor de los casos, no se sabe a dónde lleva; en el peor de los casos, sí se sabe, pero, en todo caso, no conduce a nada». ¡Toma lógica!
El asunto en cuestión era «las asimetrías autonómicas».
Empezó por una curiosa declaración: «Yo no creo en las asimetrías». Como si se tratara de una cuestión de fe.
Lo que quería decir es que está en contra, pero lo transformó en materia de creencias.
Como no se tomó el trabajo de explicar de qué carajo hablaba, tendré que hacerlo yo, para uso de lectores poco expertos en la terminología de Pasqual Maragall (otro Castelar). El ex alcalde de Barcelona viene defendiendo desde hace años que el Estado español se organice conforme a un «federalismo asimétrico». La «asimetría» se refiere al distinto grado de autonomía que deberían tener, según él, cada una de las partes integrantes de la Federación.
Aznar no cree en eso. Bueno, vale. Pero ¿por qué? ¿Porque no cree en las asimetrías, o más bien porque está en contra del federalismo, con o sin asimetrías? El asunto clave es, obviamente, el del federalismo, pero el hombre es tan espeso que, con tal de darle un pescozón a Maragall, se metió en ese jardín. Y se metió, además, dando por hecho que lo que reclama Maragall es que determinados pueblos -principalmente el catalán, se supone- tengan más derechos que otros. Pero no se trata en absoluto de eso o, por lo menos, no tendría por qué tratarse para nada de eso. Cabría perfectamente que todos los pueblos de España tuvieran los mismos derechos, pero que unos los ejercieran en su plenitud y otros no. Podría ser que La Rioja, verbi gratia, no tuviera el más mínimo interés en formar una Policía autónoma, aunque contara con esa posibilidad, o que a la Región Murciana le pareciera un tostón que el Estado le transfiriera las competencias en materia penitenciaria. Por ejemplo. Además, las realidades diferentes reclaman tratamientos diferentes. Así, parece lógico que las áreas en las que se hablan lenguas específicas tengan derechos y obligaciones particulares. O que las zonas con costa, o insulares, cuenten con atribuciones diferentes a las de tierra adentro. Etcétera.
En suma, que es perfectamente imaginable un sistema federal a la carta, en el que cada uno de los componentes de la federación cuente con el grado de autonomía que mejor se acomode a sus necesidades. O, dicho de otro modo: un federalismo asimétrico.
Pero Aznar -que sabe esto perfectamente- no quiere entrar en tales complejidades y, firme partidario de proporcionar al público un discurso invariablemente ramplón y simplista, distribuye la correspondiente empanada de asimetrías, pretendiendo que lo que quiere Maragall es perjudicar a unos pueblos en beneficio de otros. Porque sabido es que no hay forma más cómoda de discutir que poner en boca del oponente lo que a uno le gustaría que hubiera dicho, olvidándose del enojoso trámite de considerar lo que realmente ha dicho.
Me he referido a este episodio concreto, pero podría haberme centrado en cualquier otro. Porque Aznar siempre hace lo mismo. Su especialidad es reducir al absurdo cualquier posición que no sea la suya para dedicarse luego a farfullar obviedades.
Lo peor es que tiene éxito. Ahí están las urnas para demostrarlo.
O sea, que su parte de culpa es comparativamente mínima.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/27 06:00:00 GMT+2
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2001/09/26 07:00:00 GMT+2
Es cierto que la primera víctima de todas las guerras es la verdad.
Pero no se va sola a la tumba. Se lleva siempre con ella otras virtudes. La reflexión, por ejemplo.
Cuando la guerra entra por la puerta, el pensamiento sereno huye por la ventana.
Es desolador comprobar hasta qué punto se empobrece el debate en cuanto los contendientes se ponen firmes. Las posibilidades de discutir de un modo mínimamente respetuoso e inteligente desaparecen como por ensalmo. Los argumentos se convierten en armas arrojadizas. «Quien no está con nosotros está con los terroristas», dice George W. Bush, y sus partidarios del mundo entero aceptan sin rechistar la grosería intelectual, en lugar de preguntarse en voz alta si no sería más prudente poner la causa de Occidente en manos de alguien que, además de extremidades, tuviera cabeza. Ellos mismos han pasado a usar la suya sólo para embestir.
He tenido estos días discusiones gloriosas con algunos adalides de la Nueva Cruzada, hasta hace bien poco gente pasablemente sensata. Se niegan, lisa y llanamente, a que algunos podamos considerar que la contienda que se prepara no sea la del Bien contra el Mal, sino, como mucho, la de un Mal contra otro Mal. Para ellos, quienes sostenemos esa posición no somos más que una banda de agentes camuflados de Ben Laden (al que nos han obligado a llamar Bin, supongo que por mera sumisión a la ortografía del patrón).
Pero no sólo el bando bushista tiene problemas con el pensamiento. Aunque a escala y con trascendencia muy diferentes, también del lado de los que nos oponemos a la Nueva Cruzada están apareciendo análisis preocupantemente simplistas, cuando no directamente absurdos, y se da crédito a noticias sin el menor marchamo de verdad . El uno sostiene, en evidente desafío a las leyes de la proporcionalidad, que los atentados del 11 de septiembre pudieron fácilmente ser obra de la CIA. El otro comenta la masacre con un lacónico «donde las dan, las toman», como si los miles y miles de trabajadores y visitantes de las Torres Gemelas fueran todos generales del Pentágono en día de libranza. El de más allá, por su parte, proclama urbi et orbi que la CNN difunde imágenes falsificadas, sin tomarse el menor trabajo de aportar pruebas que respalden su acusación. Como si la CNN necesitara falsear imágenes para vender su película.
Estamos una vez más en el punto en el que todo quisque acepta o rechaza lo que oye según coincida o no con sus ideas previas.
El mundo se ha instalado de nuevo en el lugar mentalmente más confortable y políticamente más destructivo de la Historia: en el reino del prejuicio.
Javier Ortiz. El Mundo (26 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 28 de septiembre de 2011.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/26 07:00:00 GMT+2
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