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2001/09/26 06:15:00 GMT+2

Virus

La cosa está pasando de castaño oscuro. Ya no hay día que no tenga dos o tres intentos de inocular virus en mi ordenador. Y todo el mundo está en las mismas, por lo que me cuentan. El Outlook de Microsoft tiene más agujeros que un queso de Gruyère y los piratas de la informática se meten por ellos como Pedro por su casa.

Mi pregunta es: ¿por qué hacen eso? La única respuesta razonable que encuentro es que, como Charlot en El chico, se dediquen a romper ventanas -o sea, Windows- para luego ofrecer sus servicios como cristaleros. Es decir, que fabriquen a la vez el virus y el antivirus para, una vez expandido el virus, vender el antivirus al mejor postor. Me informa Pepe, mi informático a domicilio, de que algunos hackers han conseguido empleos millonarios exhibiendo sus habilidades destructivas a modo de currículum. «Las empresas se dicen aquello de que "si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él"», argumenta.

No porque fuera así dejaría de acordarme de todos sus ancestros, pero por lo menos lo entendería.

Lo que me cuesta más entender es la inconsciente imprudencia de buena parte de la gente que tiene anotada mi dirección de correo en su ordenador y que no se previene contra los virus, con lo que no sólo se deja infectar, sino que me infecta también a mí con toda suerte de gusanos de los que se expanden utilizando automáticamente las libretas de direcciones.

Entre los imprudentes que no tienen instalado un buen antivirus y los que lo tienen, pero no lo actualizan a diario en estos tiempos de tormentas virales, los que nos servimos del ordenador como instrumento básico de trabajo las estamos pasando canutas. Ayer perdí tres horas desinfectando el ordenador de mi pareja de hecho y otra hora más neutralizando los intentos de asaltar mi PC principal (media por cada scaneo del disco duro tras borrar el virus correspondiente).

Así no hay manera.

Esto es un llamamiento desesperado a todos mis correspondientes habituales: instalaos un antivirus serio y actualizarlo todos los días. Por favor. Que me vais a matar.

Nota.- Y ya puesto a pedir favores: ¿alguno de vosotros/as archiva las anotaciones de mi Diario de un resentido social? "Machaqué" por error el archivo de una semana de agosto y quisiera recuperar los textos. Si alguien lo hace, que me lo comunique por correo electrónico (sin virus, a poder ser). Se lo agradeceré infinitamente. O más.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/26 06:15:00 GMT+2
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2001/09/26 06:00:00 GMT+2

Entender no es aprobar

No se puede decir que el ministro de Exteriores británico, Jack Straw, goce de mis mejores simpatías, sobre todo después del papelón que hizo en el asunto de Pinochet, cuando ocupaba la cartera de Interior. Sin embargo, me parece de rigor salir en su defensa ante los ataques que está sufriendo por haber mencionado «la ira de los musulmanes por los sufrimientos de los palestinos» como uno de los factores que hay que tener en cuenta para entender la actual crisis internacional.

No sólo las autoridades de Israel se han tomado sus palabras como una afrenta; también muchos medios de información occidentales las han considerado injustas e insultantes. Straw ha respondido que se limitó a mencionar un fenómeno real, sin mostrar la menor simpatía por él. Pero a sus críticos no les ha valido de nada la explicación.

He tenido a lo largo de los últimos años cienes y cienes de veces esa misma discusión con respecto a Euskadi. Cada vez que analizo el problema vasco y me remito a la incapacidad de los sucesivos gobiernos de Madrid para promover una solución democrática del conflicto, me salen media docena de indignados ciudadanos que dicen que estoy justificando el terrorismo de ETA. Se toman cualquier intento de análisis como una forma de benevolencia.

La última discusión de ese género la tuve aún no hace ni dos semanas. Traté de hacer comprender a mi alterado crítico que, cuando se quiere neutralizar un mal, es imprescindible estudiarlo: saber cómo funciona, en qué caldo de cultivo surge, qué condiciones facilitan su expansión... Le puse el ejemplo de los científicos que estudian el virus del sida: no porque hagan todo lo que pueden para entenderlo se les puede acusar de aprobarlo.

Hay quienes creen que la forma más radical de oposición al terrorismo es la que se queda en el terreno de los insultos: los terroristas son «unos descerebrados» que no responden sino a su locura, que han convertido el crimen en «un negocio» y que actúan exclusivamente guiados por «un delirio sin ideología alguna». En definitiva: que no tiene sentido analizar nada a su respecto porque ahí no hay nada que entender. No se dan cuenta de algo por lo demás elemental: quien renuncia a entender la enfermedad se incapacita como médico.

La vía que ellos proponen no conduce sino a la perpetuación de ETA.

Por paradójico que parezca, son cómplices del terrorismo.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/26 06:00:00 GMT+2
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2001/09/25 06:00:00 GMT+2

Terrorismo y desesperación

Es cierto que la primera víctima de todas las guerras es la verdad. Pero no se va sola a la tumba. Se lleva siempre con ella otras virtudes. La reflexión, por ejemplo. Cuando la guerra entra por la puerta, el pensamiento sereno huye por la ventana.

Es desolador comprobar hasta qué punto se empobrece el debate en cuanto los contendientes se ponen firmes. Las posibilidades de discutir de modo respetuoso e inteligente desaparecen como por ensalmo. Los argumentos se convierten en armas arrojadizas. «Quien no está con nosotros está con los terroristas», dice George W. Bush, y sus partidarios del mundo entero aceptan sin rechistar la grosería intelectual, en lugar de preguntarse en voz alta si no sería más prudente poner la causa de Occidente en manos de alguien que, además de extremidades, tuviera cabeza. Ellos mismos han pasado a usar la suya sólo para embestir.

He tenido estos días discusiones gloriosas con algunos adalides de la Nueva Cruzada, hasta hace bien poco gente pasablemente sensata. Se niegan, lisa y llanamente, a que algunos podamos considerar que la contienda que se prepara no sea la del Bien contra el Mal, sino, como mucho, la de un Mal contra otro Mal. Para ellos, quienes sostenemos esa posición no somos más que una banda de agentes camuflados de Ben Laden (al que nos han obligado a llamar Bin, supongo que por mera sumisión a la ortografía del patrón).

Me temo que hayamos adoptado una posición semejante a la que hizo suya Jean Jaurès en vísperas de la guerra del 14-18. Él proclamó que la contienda que se estaba gestando era la de unos imperialistas contra otros y llamó a los socialistas a declarar la guerra a la guerra. Le acusaron de ser un agente de Alemania y acabaron asesinándolo.

Pero no sólo el bando bushista tiene problemas con el pensamiento. Aunque a escala y con trascendencia muy diferentes, también del lado de los que nos oponemos a la Nueva Cruzada están apareciendo propuestas y análisis preocupantemente simplistas, cuando no directamente absurdos. Hay quien sostiene, por ejemplo, y en evidente desafío a las leyes de la proporcionalidad, que los atentados del 11 de septiembre pudieron fácilmente ser obra de la CIA. No faltan tampoco los que se limitan a sentenciar que «donde las dan, las toman», como si los miles y miles de trabajadores y visitantes de las Torres Gemelas fueran todos generales del Pentágono en día de libranza.

Están tomando también carta de naturaleza algunos razonamientos que contienen una parte de verdad, pero que son básicamente erróneos en sus conclusiones. Así, el que considera que los actos terroristas del 11 de septiembre son fruto de la pobreza y la desesperación en las que está sumida buena parte de la población del mundo árabe. Esos elementos son parte sustancial de la cuestión, sin duda, pero no la explican por completo. Si la pobreza y la desesperación generaran automáticamente terrorismo, el África subsahariana sería una fábrica de terroristas al por mayor. Y Ben Laden y los suyos quedarían fuera del campo del problema: no es dinero lo que les falta.

Para explicarse los conflictos que tienen su epicentro en el Oriente Medio, el análisis debe incluir la mezcla explosiva de dos factores: de un lado, la política desvergonzadamente arrogante que las potencias occidentales han venido aplicado en toda el área desde hace ya muchas décadas; del otro, la solidez ideológica y cultural de la nación árabe, muchos de cuyos hijos afrontan la situación actual como una insultante e intolerable humillación. Entre otras cosas, porque lo es.

No pretendo que estos elementos de análisis lo expliquen todo. Hay que considerar más factores, sin duda. Lo único que intento es invitar al personal a no conformarse con simplezas de andar por casa. Aunque le resulten mentalmente reconfortantes.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/25 06:00:00 GMT+2
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2001/09/24 06:00:00 GMT+2

Rambo III

Un canal de cine vía satélite, Showtime, pasó ayer por la noche Rambo III.

Es una verdadera pena que no la emitiera el primer canal de TVE. O Antena 2. O Tele 5.

Recordaré el argumento de la película para los que no la vieran en su día -era mi caso- o no la recuerden, por pura profilaxis mental.

Rambo III (1988) cuenta cómo el ex combatiente de la Guerra de Vietnam John Rambo acude a Afganistán para liberar a quien fuera su jefe en aquella guerra, el coronel Trautman. Éste ha caído en manos de los rusos, que lo están torturando horriblemente para que revele el emplazamiento de unos misiles que los EEUU han puesto a disposición de los combatientes mujaidines. Rambo se planta sobre el terreno y, con la ayuda de los fundamentalistas, destroza medio Ejército de la URSS y libera a su amigo.

Se trata de la tópica película de buenos y malos, maniquea hasta decir basta, pero con la divertida peculiaridad de que los buenos son -aparte de los EEUU, claro- los predecesores del actual Gobierno talibán afgano, presentados en el filme como héroes insuflados por los más nobles sentimientos.

Hay momentos verdaderamente sublimes. Por ejemplo, cuando un guerrillero fundamentalista que se hace íntimo de Rambo le explica que el error más grave que puede cometer un ejército, sea cual sea, es lanzarse a la conquista de Afganistán. «Ya lo intentó Alejandro Magno, y luego Gengis Khan, y fracasaron. Los rusos también fracasarán. Fracasará todo aquel que lo intente», dice. En otra pausa entre combate y combate, otro jefe guerrillero alecciona al supercombatiente norteamericano sobre las razones por las que los guerrilleros afganos son invencibles: «Combaten convencidos de que, si mueren, irán al Cielo». Al final, Rambo y Trautman se despiden de sus amigos afganos con un vibrante «Inch Allah!», emotivo momento en el que la pantalla nos muestra un gran letrero que reza: «Esta película está dedicada al pueblo de Afganistán».

Así era la propaganda bélica norteamericana hace 13 años: benditos talibán, que luchan contra el Mal. De entonces a aquí, los mendas en cuestión han pasado de ser la quintaesencia del Bien a convertirse en la representación más acabada del Maligno. Y eso, ¿por qué? Porque, como Lucifer, se han rebelado contra Dios que, como todo el mundo sabe, reside en la Casa Blanca.

¡Qué bien estaría que todos los canales de televisión emitieran Rambo III antes de que los EEUU sigan los pasos de Alejandro Magno, Gengis Khan y los rusos, pese a la severa advertencia de los guionistas de Stallone!

Y qué bueno sería que los que contemplan la posibilidad de bombardear Afganistán como si fuera una escena de película, ésos que dicen desdeñosamente que allí ya no queda prácticamente nada por destruir, comprendieran que en la tierra de los talibán sí queda algo por destruir, e importantísimo: gente.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/24 06:00:00 GMT+2
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2001/09/23 06:00:00 GMT+2

El otro terror

En Shangai, en los tiempos de la dictadura del Kuomintang, el Gobierno de Changkai-shek, aterrorizado por los avances de los partidarios de Mao Tsetung -o Mao Zedong, como se escribe ahora ateniéndose a la transcripción pinyin-, se lanzó a la caza y exterminio de los comunistas. Fue una tarea sencilla para sus policías y militares, porque los miembros del PCCh acostumbraban a llevar una especie de fajín rojo a modo de cinturón, como si estuvieran siempre de sanfermines. Por supuesto que se quitaron los fajines en cuanto comenzó la campaña represiva. Pero la tira de burda tela roja había desteñido sus ropas y ellos sólo tenían una camisa y un pantalón. Así que los localizaban de inmediato. Y los fusilaban.

La población árabe de los EEUU vive momentos de auténtico pánico. Las autoridades han insistido en que su guerra apunta exclusivamente contra los terroristas; que no es ni racial ni religiosa. Pero poco importa que sus protestas de intención sean más o menos sinceras; el hecho es que buena parte de la ciudadanía norteamericana ha empezado a mirar atravesadamente a todo aquel que tiene «rasgos árabes» o muestra signos externos de profesar creencias musulmanas, sea árabe o no. Éstos últimos son los que lo llevan peor porque, así como lo de los «rasgos árabes» es bastante aleatorio -todos conocemos a árabes que podrían pasar perfectamente por españoles y a españoles que podrían pasar perfectamente por árabes-, lo de las vestimentas no tiene vuelta de hoja. Es como lo de los fajines de Shangai. «Pues que se quiten esas prendas», responderán muchos. Pero no pueden. Sus creencias se lo impiden.

Ya se han producido numerosas agresiones y media docena de linchamientos, que se sepa.

Miles de musulmanes se han encerrado en sus casas. Otros se pasean llevando en la mano la bandera de las barras y estrellas, exhibiendo un impostado y patético patriotismo que ya veremos en qué medida les sirve de seguro.

No es sólo en EEUU. Entre los escasos manifestantes de Madrid del pasado viernes, hubo unos cuantos que se pusieron a lanzar gritos contra «los moros». Algunos columnistas de prensa -Federico Jiménez Losantos muy especialmente, pero no sólo él- se han lanzado por la bochornosa pendiente del insulto al Islam, en su conjunto. Incluso un periódico que presume de ser tan «políticamente correcto» como El País ha publicado varios reportajes en los que, con cuatro mimbres mal trenzados, se siembra la sospecha de que, aprovechando «la oleada migratoria» (sic), España está siendo penetrada por montones de fanáticos islámicos capaces de cualquier cosa. Me cuentan de amigos árabes que ya han empezado a detectar reacciones de franca desconfianza, e incluso de hostilidad, en la población española. Tienen miedo.

El terror tiene muchas caras. Ésta es otra.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/23 06:00:00 GMT+2
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2001/09/22 07:00:00 GMT+2

Bush, el radical

George W. Bush se ha puesto radical. «Quien no esté con nosotros, está contra nosotros», dijo ayer, dirigiéndose a los mandatarios del resto del orbe.

Se trataría tan sólo de una frase desafortunada -por excesivamente altanera-, si lo que estuviera reclamando fuera algo elemental: la solidaridad con las víctimas de los atentados del día 11 y la condena de los actos terroristas, por ejemplo. Pero no: estaba conminando a los gobiernos del mundo entero a apoyar de modo activo las iniciativas bélicas o de gendarmería internacional que se dispone a emprender, amenazando con catalogar como enemigo a quien no se avenga a sus dictados. O a quien no se avenga sin rechistar, porque, como él mismo ha dicho también: «No es momento de negociar; es momento de actuar».

Los gobernantes harán lo que quieran -suelen hacerlo- pero, en lo que a mí concierne, nunca sería incondicional de alguien que me exigiera incondicionalidad.

En este caso, además, la incondicionalidad viene fuertemente desaconsejada por algunos factores adicionales.

Uno, de considerable importancia, es la afirmación previa de las autoridades de Washington de que están dispuestas a la «guerra sucia», es decir, a servirse de métodos ajenos a la legalidad internacional para tratar de alcanzar sus fines. A partir de tan descarada como inaudita proclama, quien respalde sus planes corre el riesgo de abandonar la categoría política de solidario para entrar directamente en la consideración penal de cómplice.

Otra consideración que debería disuadir de la incondicionalidad es la fundada sospecha de que Bush y los suyos están falseando los datos de la realidad, para mejor amoldarla a sus pretensiones.

Están exagerando la importancia cuantitativa y cualitativa del grupo de Bin Laden, utilizándolo como excusa para emprender una gran operación de limpieza en el conjunto del mundo árabe, llevándose por delante todo lo que les sea hostil, con independencia de quién haya tenido que ver algo con los atentados del pasado día 11 y quién no.

Pero estas objeciones, con ser de peso, resultan livianas ante la principal: Bush se equivoca de medio a medio al creer que el mundo árabe es un importante foco de tensión porque hay mucho extremista, deduciendo de ello que la solución pasa por liquidar a los extremistas. Los extremistas no son la causa, sino el efecto de una situación marcada por gravísimas frustraciones, injusticias y desequilibrios, a bastantes de los cuales -dicho sea nada de paso- vienen contribuyendo los gobernantes norteamericanos desde hace décadas.

Mejor sería que Bush aplicara sus querencias radicales en sentido etimológico: radical es el que va a la raíz de los problemas.

Javier Ortiz. El Mundo (22 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 21 de octubre de 2012.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/22 07:00:00 GMT+2
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2001/09/22 06:00:00 GMT+2

La gran mentira

Vi el jueves por la noche La gran mentira del corazón, el programa realizado por El Mundo TV para denunciar la desfachatez de la llamada prensa rosa. Me gustó. Tenía gracia y dejaba con el culo al aire a un buen puñado de farsantes. Probablemente me habría gustado más de haber sabido de quiénes hablaban, porque la verdad es que la inmensa mayoría de los famosos a los que aludían eran para mí perfectos desconocidos. Por no conocer, ni siquiera sabía de la existencia de la cantante mexicana utilizada como señuelo para el reportaje.

Mi inicial sospecha de ser un tío raro se transformó en certidumbre completa cuando, tras quedarme a ver a continuación por primera vez en mi vida Crónicas marcianas, seguí oyendo perorar sobre gente de la que todo el mundo hablaba como si fueran de la familia y cuyo nombre a mí no me decía nada de nada. Alcancé el colmo del estupor cuando apareció en el programa de Sardá un joven llamado Carlos Latre que, según me informaron, se ha hecho muy popular haciendo imitaciones. «¿Y a quién imita?», inquirí. Y me volvieron a soltar una lista de personajes totalmente ignotos para mí.

«¿Viviré en otro país?», me quedé pensando.

La respuesta sólo podía ser una: sí; vivo en otro país. Está claro que alguien que, como en mi caso, no ve los magazines de la televisión, pasa olímpicamente de los programas de cotilleo de la radio, no lee ninguna revista de papel couché, no se asoma jamás a las páginas frívolas de los periódicos y se abstrae inmediatamente en cuanto se inicia una conversación sobre los profesionales de la fama, acaba por convertirse inevitablemente en un alienígena.

No me queda sino asumirlo: soy un aborigen alienígena, por contradictorio que parezca.

De todos modos, y como lo mío es encontrarle peros a todo, también le encontré uno al reportaje: denuncia los métodos inescrupulosos y chapuceros empleados por algunos profesionales de la prensa rosa como si fueran exclusivos de ese género de publicaciones. Los pone de vuelta y media por difundir meros rumores como si fueran noticias comprobadas, por no contrastar las informaciones y por inventarse la mitad de lo que dicen o escriben. Pues bien: el periodismo político y presuntamente serio está también trufado de profesionales que se sirven sin parar de métodos de ese género.

En el gremio todos sabemos de audaces reporteros de guerra que jamás se han asomado por las cercanías de un tiroteo, o que han pagado a algunos contendientes para que le montaran un simulacro de tiroteo para poder filmarlo con ellos como valerosos testigos, o que han escrito crónicas directas sobre conflictos... desde el avión que los conducía al lugar donde se desarrollaban. Uno de ellos suele sentenciar medio en broma –es decir, medio en serio–: «No permitas nunca que la realidad te estropee un buen reportaje».

Muchos cronistas de la política local son por el estilo. Se inventan buena parte de lo que escriben o sueltan por la radio, dan pábulo a rumores sin confirmar... La víctima más propiciatoria de la falta de escrúpulos de la prensa española es, sin duda, Euskadi: sobre ETA se puede fabular libremente, porque no puede desmentirlo, y sobre Batasuna y el PNV también, porque da igual que lo desmientan. Además, como la mayoría del personal del Ebro para abajo está predispuesto a creerse lo que sea sobre Euskadi con tal de que sea malo, pues todos tan felices: barra libre.

Sería muy ilustrativo que alguien hiciera un reportaje como el de La gran mentira del corazón, pero dedicado al periodismo político. Sobre lo mucho que se publica sin fundamento... y sobre lo mucho que no se publica pese a tener pleno fundamento.

Con cámara oculta y todo. Estoy seguro de que resultaría apasionante.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/22 06:00:00 GMT+2
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2001/09/21 06:00:00 GMT+2

Bush, el radical

George W. Bush se ha puesto radical. «Quien no esté con nosotros, está contra nosotros», dijo ayer, dirigiéndose a los mandatarios del resto del orbe.

Se trataría tan sólo de una frase desafortunada -por excesivamente altanera-, si lo que estuviera reclamando fuera algo elemental: la solidaridad con las víctimas de los atentados del día 11 y la condena de los actos terroristas, por ejemplo. Pero no: estaba conminando a los gobiernos del mundo entero a apoyar de modo activo las iniciativas bélicas o de gendarmería internacional que se dispone a emprender, amenazando con catalogar como enemigo a quien no se avenga a sus dictados. O no se avenga sin rechistar, porque, como él mismo ha dicho también: «No es momento de negociar; es momento de actuar».

Los gobernantes harán lo que quieran -suelen hacerlo- pero yo, lo que es, jamás sería incondicional de alguien que me exigiera incondicionalidad.

En este caso, además, la incondicionalidad viene fuertemente desaconsejada por algunos factores adicionales.

Uno, de considerable importancia, es la afirmación previa de las autoridades de Washington de que están dispuestas a la «guerra sucia», es decir, a servirse de métodos ajenos a la legalidad internacional para tratar de alcanzar sus fines. A partir de tan descarada como inaudita proclama, quien respalde sus planes corre el riesgo de abandonar la categoría política de solidario para entrar directamente en la consideración penal de cómplice.

Otra consideración que debería disuadir de la incondicionalidad es la fundada sospecha de que Bush y los suyos están falseando los datos de la realidad, para mejor amoldarla a sus pretensiones. Están exagerando la importancia cuantitativa y cualitativa del grupo de Bin Laden, utilizándolo como excusa para emprender una gran operación de limpieza en el conjunto del mundo árabe, llevándose por delante todo lo que les sea hostil, con independencia de quién haya tenido que ver algo con los atentados del pasado día 11 y quién no.

Pero estas objeciones, con ser de peso, resultan livianas ante la principal: Bush se equivoca de medio a medio al creer que el mundo árabe es un importante foco de tensión porque hay mucho extremista, deduciendo de ello que la solución pasa por liquidar a los extremistas. Los extremistas no son la causa, sino el efecto de una situación marcada por gravísimas frustraciones, injusticias y desequilibrios, a bastantes de las cuales -dicho sea nada de paso- vienen contribuyendo los gobernantes norteamericanos desde hace décadas.

Mejor sería que Bush aplicara sus querencias radicales en sentido etimológico: radical es el que va a la raíz de los problemas.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/21 06:00:00 GMT+2
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2001/09/20 06:00:00 GMT+2

Cuestiones municipales

Prosigo mi periplo vasco. Mientras me desplazo en coche, oigo las radios locales, lo que me devuelve al detalle de la vida cotidiana de mi tierra. Y a la de los muchos conflictos sociales y municipales de los que en Madrid casi nunca me entero, porque quedan permanentemente encubiertos por el Conflicto, el eterno y omnipresente contencioso, que dicen los otros.

Así, por ejemplo, me entero de que los tribunales habrán de decidir hoy si la población de Pamplona tiene o no derecho a decidir en referéndum si quiere o no quiere que se construya un aparcamiento bajo el suelo de la Plaza del Castillo. Las autoridades municipales, que han aprobado la obra, sostienen que los referendos sólo pueden ser convocados por el Estado. Es una falacia. Que sólo las consultas organizadas por el Estado tengan determinadas repercusiones legales no quiere decir que esté prohibido hacer otras. Lo que le ocurre al consistorio de Iruña es que teme que la votación popular le sea adversa y no quiere que quede constancia de que se han pasado la voluntad popular por el arco del triunfo. Conociendo otros casos similares –el de la Plaza del Pilar de Zaragoza, sin ir más lejos–, no me extrañaría que en la construcción del aparcamiento pamplonés hubiera en juego muchos intereses, incluso personales, de más de un funcionario municipal.

Tienen razón los cerca de 25.000 vecinos que han promovido ese referéndum. Es un disparate construir grandes aparcamientos en el centro de las ciudades. Animan a los automovilistas a meterse con el coche hasta la cocina, convirtiendo los cascos urbanos antiguos en verdaderos infiernos. Lo que hay que hacer es justamente lo contrario: construir aparcamientos en la periferia y mejorar el transporte público. (Por cierto que los taxis de Pamplona deben de ser los más caros del mundo. Si no lo son, estarán cerca de ello).

Puede parecer una paradoja, pero no lo es: son las mismas autoridades que aprueban los aparcamientos céntricos las que luego promueven los Días Sin Coche. Una iniciativa demagógica e inútil, destinada a disimular la cruda realidad de su política.

Cambio de ciudad: en Vitoria también tienen su lío correspondiente, éste a cuento de las antenas para teléfonos móviles. El consistorio quiere sacar una ordenanza que autoriza la instalación en los tejados de antenas que concentrarían una potencia de emisión –y de radiación, por tanto– verdaderamente descabellada. Escucho las explicaciones pormenorizadas de un concejal de HB, técnicamente impecables, que revelan el disparate del proyecto respaldado por la mayoría derechista y su interés por la buena salud de los ciudadanos y ciudadanas de la capital vasca.

Se me ocurre una observación a la actitud del concejal de HB, tan preocupado él por el bienestar del vecindario, pero como a vosotros también se os habrá ocurrido, pues me la ahorro.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/20 06:00:00 GMT+2
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2001/09/19 06:00:00 GMT+2

Zapatero

Viaje a Llodio. Paso la jornada entrevistando a viejos amigos y compañeros de Ibarretxe, para ambientar el libro que estoy escribiendo sobre él. Subo hasta el caserío donde nació y paso por su casa actual, a la que regresa todos los fines de semana.

Entre lo ya hablado con otros y con él mismo, lo que he leído y lo que sigo viendo y oyendo por aquí, creo que tengo ya una idea bastante cercana de cómo es Ibarretxe y de por qué es cómo es este hombre tal vez llamado a escribir una página decisiva de la Historia de Euskadi y de España entera.

Hoy se entrevista en Ajuria Enea con Rodríguez Zapatero. Seguro que lo tratará bien, le escuchará con atención y le explicará con todo lujo de detalles las razones de la política que está siguiendo, invitándole a animar al PSE a incorporarse a su Gobierno, aunque eso ponga de los nervios a EA, que se ha cabreado de lo lindo por la remodelación que ha tenido que hacer para dejar sitio a Madrazo.

No creo que le sirva de mucho. La ignorancia de Zapatero sobre la realidad de Euskadi es, a estas alturas, tan enciclopédica como lo era hace un año, cuando fue elegido para el cargo. Tiende sistemáticamente a opinar según lo que ha escuchado al último con el que ha hablado. Eso sin contar con que hoy su pensamiento tenderá a escaparse y volar hacia la Audiencia Provincial de Madrid, donde buena parte de la plana mayor policial del felipismo va a ser juzgada por mangui.

En los 13 meses que lleva como secretario general del PSOE, Zapatero ha demostrado ser uno de los dirigentes políticos más insustanciales de los últimos años. Se ha dejado llevar al huerto por Aznar en casi todos los asuntos fundamentales: ahora mismo, sin ir más lejos, en la crisis internacional resultante de los atentados de EEUU.

Me contaba ayer un amigo de Ibarretxe que el lehendakari suele quejarse del bajo nivel de inteligencia de la clase política. De la vasca y de la española, en general. "Se dedica a esto lo más flojo de cada casa", me dicen que dice.

Hoy va a tener una muestra muy acabada de lo acertado de esa queja.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de septiembre de 2001). Subido a "Desde Jamaica" el 7 de junio de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2001/09/19 06:00:00 GMT+2
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