2002/09/25 06:00:00 GMT+2
Recuerdo una conversación que tuve hace ya un buen puñado de años con un periodista que estaba sacando a la luz informaciones que resultaban extremadamente molestas para el Poder.
Le pregunté si no tenía miedo de que atentaran contra su vida. Me respondió que no.
-Cualquier cosa que me ocurriera se volvería contra ellos. Todo el mundo se daría cuenta de que han ido a por mí. Sería un escándalo de proporciones inauditas.
-No necesariamente -contesté.
-Ah, ¿no? -me preguntó, intrigado.
-Tú viajas con frecuencia en avión -le expliqué-. Incluso haces algunos trayectos en fechas fijas. Imagínate que consiguen que se estrelle el avión en el que viajas sin que parezca un atentado. Si mueres con 150 personas más, nadie pensará que han ido a por ti.
Se me quedó mirando con espanto.
-Pero, ¿estás loco? ¿Cómo iban a hacer algo así?
Me limité a sonreírle.
-Es una hipótesis perfectamente manejable, considerando que todo el mundo diría lo que tú mismo estás diciendo ahora. En realidad, sería un asesinato perfecto, casi con total seguridad. ¿Qué carajo les importa a ellos que desaparezcan cien o doscientas personas?
Pensé igual cuando oí anteanoche la noticia del estallido del coche en el que viajaban varios miembros de ETA. Me pregunté por qué damos por supuesto en estos casos -ya van varios- que las explosiones son necesariamente accidentales.
No pretendo que no lo sean. Me limito a constatar que podrían no serlo.
Si partimos del principio de que todo lo que no es imposible es posible -un principio difícilmente refutable-, habremos de admitir que tal vez llegue el día en el que los herederos mentales de los GAL, en vez de llevarse a la gente hasta Bussot para enterrarla torpemente en cal viva, opten por meterla en coches cargados de dinamita, llevárselos a carreteras más o menos solitarias y hacerlos estallar. Un sucedáneo de la pena de muerte. Una versión actualizada de la ley de fugas. Y con la ventaja de que a nadie se le ocurriría imaginar que no ha sido un accidente.
¿Sospecho que se esté haciendo ya algo así? La verdad es que no.
¿Lo descarto? Tampoco. ¿Por qué habría de hacerlo? Quedan bastantes Galindos en activo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/25 06:00:00 GMT+2
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2002/09/24 06:00:00 GMT+2
La Casa Blanca no se ha tomado el trabajo de disimular el disgusto que le ha producido la victoria de Gerhard Schröder, por pírrica que haya resultado. El Gobierno de Bush considera que el reelecto canciller alemán ha «envenenado» las relaciones entre los dos países al anunciar que no respaldaría un ataque unilateral de EE.UU. contra Irak. De nada le ha valido a Schröder insistir, como ya hiciera días atrás el primer ministro portugués, en que un buen aliado tiene el deber de expresar con franqueza sus opiniones, incluidas las divergentes. Bush no quiere aliados; quiere súbditos.
La descortesía norteamericana hacia el electorado alemán no es sino otra muestra más de la soberbia ultranacionalista que George W. Bush exhibe constantemente y sin el menor recato. No se conforma con actuar como emperador del mundo: quiere que, además, la comunidad internacional le otorgue el derecho a comportarse como tal y que le aplauda cuando lo hace. El humillante desdén con el que trata al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas cada vez que éste no le concede el nihil obstat -o se retrasa en dárselo- y la inaudita desenvoltura con la que reclama que sus soldados y funcionarios estén exentos de rendir cuentas ante el Tribunal Penal Internacional, hagan lo que hagan, son muestras más que elocuentes del desprecio que le merecen los derechos de las demás naciones. No sólo se atribuye la libertad de intervenir contra aquellos gobiernos que él mismo juzga y condena como culpables de tales o cuales actos hostiles, sino que incluso se reserva la potestad de golpear a los que, aunque no hayan violado ninguna norma internacional, él entiende que podrían llegar a hacerlo en el futuro. A la vez, ampara y financia al Gobierno de Israel, pese a que éste sí ha demostrado ya más que de sobra que le traen sin cuidado las resoluciones de las Naciones Unidas, incluida la de anteayer mismo.
¿Es cierto, como pretende el incurable optimismo popular, que todo tiene sus límites? Tiendo a pensar que no. En todo caso, lo que sí es verdad es que todos los pueblos tienen su corazoncito y su tanto de orgullo. Schröder no se decidió a desolidarizarse con la belicosa arbitrariedad de la Casa Blanca porque se cayera del caballo y viera la luz, sino porque los sondeos le indicaron que la actual política exterior norteamericana gusta cada vez menos a los electores de su país. Ese giro de última hora ha sido una de las claves de su remontada final -y del ascenso electoral de Die Grünen, que tan bien le ha venido-.
¿Se trata de una peculiaridad alemana o del signo de una inflexión en la actitud de la opinión pública europea hacia el constante diktat de Washington?
De ser esto último, más valdría que se hiciera notar rápidamente. Antes de que Bush vuelva a demostrar lo mucho que ama la paz masacrando a la población civil iraquí... y manteniendo a Sadam en el poder hasta la siguiente.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de septiembre de 2002) y El Mundo (25 de septiembre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/24 06:00:00 GMT+2
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2002/09/23 06:00:00 GMT+2
La representante de Izquierda Unida-Ezker Batua en la Mesa del Parlamento Vasco no respaldará la presentación de una querella contra el titular del Juzgado Central de Instrucción número 5, Baltasar Garzón, por haber invadido las competencias de la Cámara. A cambio, propondrá que la Mesa pida explicaciones al juez.
IU-EB no necesita que el juez explique nada. Sencillamente, trata de evitar que las contradicciones entre IU-EB y el resto de Izquierda Unida acaben en ruptura.
La gravedad de esas contradicciones la puso de manifiesto el pasado viernes la alcaldesa de Córdoba, Rosa Aguilar, que criticó agriamente la política de Madrazo. Se quejó de que esté oponiéndose a las iniciativas de Garzón. Ella sostiene que hay que respaldarlas porque demuestran que la Ley de Partidos era innecesaria. Obviamente, no se cree lo que dice -no es tan estúpida-, pero lo dice para apuntalar el pacto con el PSOE en el que asienta su puesto municipal.
Si bien se mira, lo de menos en todo esto es Euskadi, Batasuna y Garzón. Lo que se dirime es más general. La IU central basa sus expectativas de progresión electoral (o de no regresión) en una política de «unidad de la izquierda», esto es, de maridaje más o menos crítico con el PSOE, en tanto la IU de Euskadi trata de avanzar haciendo las veces de conciencia social del nacionalismo democrático.
Hay dos posibilidades de analizar esas contradicciones.
Una es considerar que el personal del tipo de Rosa Aguilar no se aclara, y que, por no entender, ni siquiera ha comprendido todavía el verdadero carácter del PSOE. Lo cual podría hacerse extensible, sólo que al revés, a Madrazo y compañía, que se habrían comprometido en la gestión del Gobierno de Vitoria porque aún no se habrían enterado del verdadero carácter del PNV.
No creo que sea eso lo que está ocurriendo.
Creo más bien que los unos y los otros se limitan a tratar de amalgamar una fuerza política de peso en realidades sociales muy diversas. Que Rosa Aguilar dice las cosas que piensa que pueden caer bien a la progresía de Córdoba, en tanto Madrazo dice las cosas que cree que pueden sintonizar con la progresía de Euskadi.
Habrá quien, examinando de ese modo el problema, se sentirá inclinado a comprender a los dos.
Yo, aunque esté objetivamente más cerca de una de las partes, no me identifico con ninguna. Niego la mayor: que sea obligatorio constituir una fuerza política de peso.
Cuando nuestras ideas no tienen acogida en sectores sociales de peso, la solución no es amoldar nuestras ideas al mercado, sino esperar a que el mercado evolucione. Siempre acaba haciéndolo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/23 06:00:00 GMT+2
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2002/09/22 06:00:00 GMT+2
Cena en casa. A los postres, a alguien se le ocurre que se juegue una partida de dominó. Estamos cinco, así que se sortea quien queda excluido. Me toca a mí, por supuesto.
Mientras los demás juegan, repaso algunas cosas de la videoteca. Vuelvo a ver y escuchar el impresionante homenaje a Woody Guthrie y a Huddie Ledbetter, Leadbelly (A Vision Shared), que narró y coordinó Robbie Robertson a finales de los 80. Todo el repaso musical, repleto de estrellas, es un sentidísimo tributo a aquellos dos padres de la música folk, protagonizado por sus hijos de ayer y de hoy.
Pero lo que más me llamó la atención de esta re-visión del vídeo fue un magnífico fotograma, que fijé y copié. Es éste:

En él vemos a un Woody Guthrie ya anciano y en vísperas de la muerte, con su eterno cigarrillo en los labios -nadie consiguió quitárselo, aunque el tabaco estuviera haciendo añicos sus pulmones- y, detrás, a su hijo Arlo, jovencísimo, casi un crío, aunque ya experto en escenarios (empezó a dar recitales a los 13 años).
Recordé el constante homenaje de admiración y de cariño que Arlo Guthrie -hoy en día cincuentón: nació en el 47- ha mantenido a la obra y la memoria de su padre, lo que no le ha impedido hacer su propia carrera como cantautor, y hasta como actor de cine (Alice's Restaurant).
En mis tiempos, lo corriente era que los chavales estuviéramos enfrentados a nuestros padres. Teníamos con ellos unas relaciones patológicas de amor y odio, casi siempre desequilibradas del lado del odio.
No pude escapar a la regla. Pero, como nunca he sido proclive ni a la sumisión resignada ni a las relaciones turbulentas, puse enseguida los pies en polvorosa. Para los 18 años ya andaba buscándome la vida por mi cuenta, y eso que me ahorré en disgustos... y en posteriores facturas del psicoanalista.
Pasados los años, di en suponer que esa tensión padres / hijos respondía a una especie de ley natural, nacida de dos querencias inevitables y contradictorias: la de los padres a tutelar a los hijos y tratar de imponerles sus pautas de comportamiento y la de los hijos (y las hijas) a desprenderse de la tutela paterna y afirmar su individualidad. De acuerdo con ello, solía bromear diciendo que, del mismo modo que a nuestros padres conservadores les salimos muchos hijos rojos, ahora nos tocaba prepararnos para que nuestros hijos se nos hicieran del Opus o admiradores de Ricardo Sáenz de Ynestrillas.
No ha habido tal. No ha funcionado ese automatismo de caricatura. Tal vez porque hemos acertado -en algo teníamos que acertar- a no provocarlo.
Sigo mirando el fotograma. Creo que hubiera dado muchísimo por haber tenido, como Arlo, una espalda débil y enferma, pero insobornablemente crítica, a la que acogerme.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (22 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/22 06:00:00 GMT+2
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2002/09/21 07:00:00 GMT+2
Curiosa la precipitación con la que el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando, se lanzó a descalificar, sin que nadie se lo hubiera pedido -¿o sí?-, la decisión del Parlamento vasco de rechazar una orden de Garzón.
La verdad es que el señor Hernando, con los nervios, se hizo un lío: primero invocó una figura delictiva que ya no existe, luego se quejó con total desenvoltura de que el legislador la haya suprimido y, finalmente, especuló con la posibilidad de que el Parlamento de Vitoria haya cometido un delito de desobediencia. ¿No temió que tal cúmulo de prejuicios pudiera contaminar su juicio, en el caso de que el Supremo o el CGPJ acaben implicados en el asunto?
Igual de curiosa fue la solemne urgencia con la que los magistrados de la Audiencia Nacional decidieron solidarizarse con Baltasar Garzón, dictaminando sin que nadie se lo requiriera -¿o sí?- que la decisión del Parlamento vasco puede suponer una quiebra del Estado de Derecho.
Me gustaría que el uno y los otros respondieran a tres preguntas sencillitas. Primera: ¿se han leído el Código Penal? Segunda: ¿llegaron hasta el artículo 410, que tipifica el delito de desobediencia? Tercera: ¿saben que, según ese artículo, hay circunstancias en las que las autoridades y los funcionarios públicos tienen derecho a no cumplir la orden de un juez?
La Mesa del Parlamento vasco ha invocado esas circunstancias excepcionales, y no lo ha hecho por su cuenta y riesgo, sino tras considerar un dictamen de los servicios jurídicos de la propia Cámara. Sostiene que Garzón se ha atribuido competencias de las que carece, lo cual, de ser cierto, liberaría al legislativo vasco de la responsabilidad de dar cumplimiento al mandato judicial. Y, además, todo -salvo lo de Garzón- sería legalísimo.
En realidad, ése es el asunto que hay que dilucidar. Y no micrófono en mano, en plan mitinero, sino con la ley delante: esa ley a la que todavía se pinta con los ojos vendados, por el aquél de su presunta imparcialidad.
Cálmense un poco Hernando y los TOP Brothers de la Audiencia y contesten: ¿no se les ha pasado por la cabeza que Garzón haya metido el cuezo también en este caso? Conocen de sobra la experiencia. Ni siquiera los enemigos del juez llevan ya la cuenta de las veces que la ha pifiado como instructor con sus torpezas y sus extravagancias, malogrando incluso sumarios que, de no ser por él, habrían caído por su propio peso.
Venga: dejen los jueces la política para los políticos, que los hay de sobra, y hagan méritos de otro modo. Que como agitadores, francamente, son un desastre.
Javier Ortiz. El Mundo (21 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de abril de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/21 07:00:00 GMT+2
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2002/09/21 06:00:00 GMT+2
«No hay mejor modo de desprestigiar una causa que llevarla hasta sus últimas consecuencias». La observación, cargada de sentido común, la hizo hace casi 100 años un político y pensador tenido por el colmo del radicalismo: Vladimir Ulianov, llamado Lenin.
Y es que radicalismo no es sinónimo de insensatez.
Mantengo esa frase bien fresca en la memoria porque, desde que la leí hará sus buenos 30 años, la experiencia práctica no ha dejado de evocármela.
Anteayer me vino nuevamente al recuerdo cuando contemplé el grueso rastro de las voces -y de los textos- que reclaman la aplicación inmediata a Euskadi del artículo 155 de la Constitución Española, que concede al Gobierno la posibilidad de obligar a una Comunidad Autónoma a actuar en contra de su voluntad. Dado que es imposible forzar a nadie a obrar en contra de su deseo si no es mediante la amenaza de la fuerza -y de su uso, si la amenaza no surte efecto-, en realidad este artículo remite al 8º, que pone en manos de las Fuerzas Armadas la misión de «garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». En definitiva: le están reclamando al Ejecutivo de Aznar que meta en cintura como sea al Gobierno y el Parlamento vascos. A tortas, si se tercia.
La reacción inicial que me provoca esa demanda es de incredulidad. Incredulidad incluso física: me cuesta muchísimo imaginarme una situación de ese género, con las tanquetas del Ejército patrullando por la Concha, los paras instalados en las Siete Calles y los marines desembarcando en Hondarribia para ocupar la Cofradía, conocido reducto abertzale, incautándose de las merluzas del día. Sería para llorar. De risa y de pena, alternativamente.
Pero, más todavía, me produce incredulidad política. ¿Son realmente tan burros los que plantean eso? ¿No se dan cuenta de que significaría ir frontalmente y sin tapujos contra la mayoría de la sociedad vasca? ¿Desconocen que una intervención así cambiaría de modo radical la tendencia de los últimos años, cada vez más desfavorable al nacionalismo excluyente y violento, y que proporcionaría nuevas y potentísimas alas a ETA?
Respuesta: sí y no. No son burros -todos ellos, al menos-, si de lo que hablamos es de coeficiente intelectual. Pero el fanatismo es una poderosa droga, capaz de provocar las obnubilaciones mentales más rotundas.
Me conozco el género. Están tan radicalmente, tan históricamente hartos de los nacionalismos vasco y catalán -¡llevan tantos años prefiriendo «una España roja» a «una España rota»!- que, en cuanto los acontecimientos les rozan y hacen saltar la pátina más o menos liberal y democrática que los acicala, asoma la fiera que alientan en sus vísceras. Como pusieron en su boca, si no recuerdo mal, los geniales humoristas del TMEO: «¿Para qué vamos a dialogar, si podemos resolverlo a hostias?». Sólo les falta decir: «¿Y para esto ganamos una guerra?».
Os contaré una cosa que tal vez no sepáis, y que hace tomarse el asunto doblemente en serio: yo he escuchado a algunos de los que ahora están criticando muy duramente las apelaciones ultras al artículo 155, dándoselas de moderados y ponderados, hablar muy en serio de emprender ese camino y de meter el Ejército en Euskadi.
Así que mucho ojito, que los tiros no van tan descaminados.
P.D. No he metido esta vez como apunte del Diario la columna que publico hoy en El Mundo, básicamente porque refrita varias de las reflexiones incluidas en los apuntes de la semana.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/21 06:00:00 GMT+2
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2002/09/20 06:00:00 GMT+2
Radio Nacional, ayer, 21:00. El presentador del noticiario, un tal Manuel Antonio Rico, habla de «la desobediencia abierta del Parlamento Vasco», y se justifica: «...porque no cabe calificar de otro modo su actitud». Comenta una resolución votada por los jueces de la Audiencia Nacional, que tilda de «quiebra del Estado de Derecho» el rechazo parlamentario vasco de la orden de Garzón.
Bien. Valga lo que había escrito por la mañana para evitarme responder hoy a los bocazas de este género, togados o no.
Así puedo concentrarme en los aspectos políticos de la cuestión.
El domingo pasado, tras conocer cómo se había desarrollado la manifestación de la víspera en Bilbao, escribí en este Diario para reclamar a Ibarretxe y Madrazo sus respectivas dimisiones, cada una de ellas por motivos específicos. No me respondieron -tampoco esperaba que lo hicieran, ciertamente-, pero por lo menos dieron la cara para responder a las críticas que les llovieron de un lado y de otro. (Admito que, de todas las comparecencias de los miembros del Ejecutivo de Ibarretxe, la que más colmó mis expectativas de surrealismo fue la del consejero Balza, que llegó a disculparse por los golpes que su Policía había repartido a cuantos habían acudido a la manifestación «de buena fe». Fue como una reedición de las palabras del rey católico francés a la hora del exterminio masivo de los presuntos albigenses: «Matadlos a todos; Dios reconocerá a los suyos».)
Mi primera reacción, a la vista del disparate general propiciado por la banda Aznar-Garzón -y su entorno, dicho sea para respetar el lenguaje à la mode-, fue sugerir al Gobierno de Vitoria que encabezara una revuelta, civil y perfectamente pacífica, contra esa gentuza, soltando un claro y rotundo «Hasta aquí hemos llegado». ¿Los pasos? En el plano jurídico, la dimisión de Ibarretxe y la convocatoria de unas elecciones autonómicas con voluntad de referéndum. En el plano político, una decidida acción pareja.
El lunes me preguntaron en Bilbao, junto a la Gran Vía, a qué tipo de acciones me refería. Respondí: «Supongamos que 100.000, 150.000 o 200.000 vascos nos sentamos mañana aquí mismo y decimos: "No nos moveremos hasta que el Estado español admita el derecho del pueblo vasco a decidir por sí mismo su futuro". Y nos declaramos en huelga de hambre. Y nos quedamos quietos, pero sin levantar la voz, que maldita la falta que haría. Os digo yo que el pifostio que se armaría a escala internacional sería de los que hacen época. Tendríamos aquí a las televisiones y las radios de todo el mundo. En cuatro o cinco días, como máximo, Aznar estaría obligado a dejarse de mandangas y a decidir qué hace: o manda al Ejército a convertirnos en Perejil o entra en razón».
Bien: ésa sí sería «una estrategia de confrontación». Y yo sigo pesando que sería la mejor... siempre que hubiera 100.000, 150.000 o 200.000 vascos dispuestos a sacrificarse para demostrar que ya nos tienen más que hartitos, entre los unos y los otros.
El PNV y el Gobierno de Vitoria con él (o al revés) han optado por otra vía, que cabría llamar «del aprovechamiento de las posibilidades legales»: querellas, recursos, disposiciones parlamentarias, invocaciones a la solidaridad... Esta vía, en contra de lo que se dice por Madrid, no responde a ninguna «estrategia de confrontación» con el Estado. Al contrario: parte de la confianza en las posibilidades regenerativas de los mecanismos dispuestos por la Constitución Española. Otorga un voto de confianza al Estado.
No me parece mal. Pero sólo por el aquel de cargarse de razones. Para que nadie les pueda acusar de no haberlo intentado todo. No porque vayan a conseguir algún resultado práctico.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/20 06:00:00 GMT+2
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2002/09/19 06:00:00 GMT+2
Leo los periódicos madrileños. Paso a vuelo de pájaro por las tertulias radiofónicas. Parece que todos se han puesto de acuerdo en que la mayoría parlamentaria vasca ha elegido «una estrategia de confrontación». La presentación de alguna ruidosa querella y de unos cuantos recursos ha bastado para que la mayoría parlamentaria española y sus aparatchiki se hayan echado las manos a la cabeza, alarmados por la rotundidad de la vía tomada por los partidos que sustentan al Gobierno de Ibarretxe.
Con las prisas, ha habido voceros que han enseñado la oreja demasiado, mostrando el patético desvarío por el que deambulan sus neuronas. Ayer, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando, empezó diciendo que la actitud adoptada por la Mesa del Parlamento Vasco «podría constituir un delito de desacato», para añadir a continuación: «Bueno... de desacato no, porque el delito de desacato por desgracia (sic!) ya no existe, pero sí de desobediencia». En condiciones normales, se consideraría inaudito que el más alto representante del poder judicial mostrara lagunas mentales de tal calibre sobre la legislación vigente, por no hablar ya de sus desautorizaciones de las decisiones del poder legislativo, porque éste fue el que suprimió el delito de desacato. Pero éstas, decididamente, no son condiciones normales. Por el contrario, son extremadamente anormales.
Están decididos a pasar por encima de todo, incluyendo los fundamentos mismos de la separación de poderes, con tal de salirse con la suya. Tienen que saber -sencillamente porque es imposible que no lo sepan- que las órdenes cursadas por Garzón al Parlamento Vasco son totalmente improcedentes. Un juez instructor puede procesar a un parlamentario, siempre que el propio Parlamento le autorice a ello, pero no puede dar órdenes ni a los órganos rectores del Parlamento ni a los gobiernos. Sencillamente porque, de tener en sus manos semejante potestad, incluso podría -¡un simple juez instructor!- dar un golpe de Estado formalmente legal, suspendiendo cautelarmente las actividades del Parlamento y/o las del Gobierno, en alegre aplicación extensiva del ya famoso artículo 129 del Código Penal.
El problema es que los órganos judiciales encargados de gobernar la megalómana desmesura de Garzón no sólo no lo han llamado al orden, sino que incluso han justificado su requisitoria, colocando al Parlamento Vasco en la insólita disyuntiva de dejarse atropellar o de no atender un requerimiento judicial. La Mesa del Parlamento ha optado por esto último y tiendo a pensar que ha hecho bien.
Francisco José Hernando dice que han podido incurrir con ello en un delito de desobediencia, pero habrá que recordar al magistrado la tipificación precisa del delito de desobediencia en el vigente Código Penal, que dice así:
«DE LA DESODEDIENCIA Y LA DENEGACIÓN DE AUXILIO.
»Art. 410. 1. Las autoridades o funcionarios públicos que se negaren abiertamente a dar el debido cumplimiento a resoluciones judiciales, decisiones u órdenes de la autoridad superior, dictadas dentro del ámbito de su respectiva competencia y revestidas de las formalidades legales, incurrirán en la pena... [y detalla las modalidades de la sanción].
»2. No obstante lo dispuesto en el apartado anterior, no incurrirán en responsabilidad criminal las autoridades o funcionarios por no dar cumplimiento a un mandato que constituya una infracción manifiesta, clara y terminante de un precepto de Ley o de cualquier otra disposición general.» [Las cursivas son mías. JO]
Obsérvese que el Código atribuye a las autoridades y funcionarios la potestad de juzgar en conciencia cuándo el mandato recibido va de manera «manifiesta, clara y terminante» en contra de la Ley (por ejemplo por no estar dictado «dentro del ámbito de la competencia» que corresponde a quien lo emite). En este caso, la Mesa del Parlamento Vasco -que no ha tomado su decisión al albur, sino tras recabar un informe ad hoc de los servicios jurídicos pertinentes- puede defender sólidamente que ha actuado dentro de la estricta legalidad, digan lo que digan los magistrados atribulados, los editorialistas interesados y los tertulianos especializados en hablar por hablar.
Bueno, téngase esta parrafada tirando a técnica como prólogo de la de mañana, que abordará los aspectos más estrictamente políticos de la llamada «estrategia de confrontación».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/19 06:00:00 GMT+2
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2002/09/18 06:00:00 GMT+2
Me acerco por Bilbao para tener algunas reuniones sobre libros en proyecto y para participar en la presentación de la nueva programación de EITB. Emprendo camino con una amplia lista de comidas y cenas acordadas, todas ellas en excelentes restaurantes. Típico mío: según aterrizo por Euskadi, pillo un virus despistado, o lo que sea, y me fastidio el estómago a base de bien.
En la fiesta del Guggenheim, el lunes por la noche, pensé que caía redondo. Para acabar de fastidiarla, me subieron al escenario y me pusieron un micrófono en las manos. Ni sé lo que dije. Menos mal que Arantxa Urretabizkaia, la pobre, se apiadó de mí. Fue un consuelo tener cerca a alguien que, en caso de emergencia, hubiera podido hacerse cargo de mis despojos.
Ayer me llevaron a comer a un restaurante estupendo. Apenas había probado los entrantes cuando ya tuve que acudir al WC a permitir que las viandas salieran por el mismo lugar que habían entrado (aunque con aspecto bastante menos apetitoso, ciertamente). Lo poco que cené se me quedó atragantado y hoy me he levantado con ganas de echarlo. Me vienen alternativamente sudores fríos, tiritonas y mareos.
Tengo por delante la tertulia de la radio (hoy en directo) y tres reuniones. Ignoro si podré con ellas.
Había pensado en acercarme por Donosti, que estará estupendamente, con el Festival de Cine a punto de abrir las puertas. Bastante haré si reúno las fuerzas necesarias para volver a Madrid. Una gripe de estas de ahora, supongo, que se ha cebado con mi estómago.
Sé de sobra que hoy debería estar escribiendo de Garzón, la prevaricación y todo lo demás. Sé que debería estar preparando mentalmente las reuniones que tendré luego. Pero ¿cómo diablos concentrarme en esos asuntos cuando mi maldito cuerpo no para de llamarme la atención?
Escribo. Escribo maquinal, automáticamente. Cómo lo hago, no lo sé. Mis manos son capaces de escribir en cualquier situación, parece. Recuerdo los versos de Hernández: “Aunque bajo la tierra / mi amante cuerpo esté, / escríbeme a la tierra / que yo te escribiré”. Por correo ultratómbico, supongo.
Escribo, y me doy cuenta de que tengo el cerebro como el estómago: vacío, pero con ganas de vomitar.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de septiembre de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/18 06:00:00 GMT+2
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2002/09/17 06:00:00 GMT+2
Demasiado largo y demasiado especulativo el reportaje de Victoria Prego sobre la sucesión de Aznar publicado el domingo en El Mundo. Lo único que quedaba claro es que la autora no sabe gran cosa sobre los insondables designios del presidente y que los escasos datos que maneja proceden de confidencias cercanas, sin duda, pero excesivamente interesadas.
No era lo peor del reportaje, de todos modos. Lo peor es que no tenía en cuenta algunos factores que muy probablemente acabarán siendo decisivos a la hora del hecho sucesorio.
Se dedicaba Prego a imaginar a quién acabará prefiriendo Aznar, sin considerar que probablemente José María el Quintanillo no tendrá más remedio que elegir entre los muy pocos que consigan superar la prueba... de los informes confidenciales.
En efecto: según me cuentan quienes están en inmejorables condiciones para saberlo, algunos de los que el reportaje de Prego situaba en la línea de salida de la carrera sucesoria habrán de ser descartados, ay, porque la derecha española no está todavía preparada para la admisión de determinadas opciones personales. Parece que lo mismo sucederá con algunos otros cuyo pasado encierra episodios tenebrosos que aún no han salido a la luz, pero que aflorarían, sin duda, en el caso de que se plantaran a las puertas de la Moncloa. Otros, en fin, correrían suerte pareja por ambos motivos a la vez.
No hago demasiado caso de los chismorreos de los expertos en entretelas, pero éstos me aportan tal lujo de detalles que no me atrevo a descartar por entero sus historias.
Lo que pasa es que, si las cuentas no me fallan al final de sus relatos, apenas queda títere con cabeza. Por lo que deduzco, lo menos descabezable parece que es el actual ministro del Interior, Ángel Acebes Paniagua, al que me pintan como un individuo siniestro, sin escrúpulos, cercano a una secta religioso-política tétrica y fanática, pero sin antecedentes sexuales dignos de mención (él, no la secta).
Me pregunto si no será que a éste todavía no lo han investigado lo suficiente.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/17 06:00:00 GMT+2
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