2002/10/04 06:00:00 GMT+2
Fernando Argenta, hijo del archifamoso director de orquesta Ataúlfo Argenta y responsable del programa musical más señero de la radio española, Clásicos populares, lanzó hace unos pocos días un ataque frontal contra Operación Triunfo, acusando a sus responsables de aprovecharse de manera imprudente y desconsiderada de los concursantes y de haberlos empujado por una senda de autodestrucción sin pensar en nada más que en su propio beneficio. Comentando el descalabro que la llamada Rosa ha sufrido en sus cuerdas vocales, Argenta dijo: «Lo extraño es que le hayan durado tanto. En esa sedicente Academia no enseñan a cantar, sino a chillar. Se pasan el rato diciéndoles "¡Más alto, más alto!", despreciando que, para cantar día tras día canciones con notas tan elevadas no sólo hace falta tener unas dotes naturales muy especiales, sino también aprender a administrarlas. Aretha Franklin sólo hay una». Cito de memoria.
Que Argenta tiene toda la razón del mundo es algo que nadie que sepa algo de canto se atreverá a negar. No sólo no es lo mismo, sino que no tiene nada que ver que alguien cante de vez en cuando, en plan aficionado, que se dedique profesionalmente a ello. Me ha tocado relacionarme con profesionales del canto y he podido comprobar hasta qué punto son esclavos de sus cuerdas vocales. Para ser cantante y hacer lo que te da la gana tienes que dedicarte a cantar canciones planas, que no requieren un esfuerzo mucho mayor que el de hablar. En cierta ocasión le preguntaron a Leonard Cohen cómo se las arreglaba para cantar así, y él respondió: «Es sencillo: tres paquetes de cigarrillos y una botella de whisky al día». Durante el mítico festival de la isla de Wight, joven todavía, dijo: «Un crítico ha escrito que yo emito un zumbido monótono. Me parece una observación sincera». Pero incluso quienes se dedican a hablar y hablar lo pueden pasar mal: varios conductores de magazines de la radio española están sufriendo las de Caín por culpa de sus cuerdas vocales. Iñaki Gabilondo se pasea por la cuerda floja y a Gemma Nierga los cirujanos le han dejado una voz que cuesta reconocerla.
Dedicarse a cantar al límite de las propias posibilidades un día sí y otro también es una barbaridad, y esa barbaridad tiene un nombre: Rosa.
De todos modos, lo que más me gustó del mitin de Argenta no fue que tuviera razón y lo expresara con buen tino, sino que se dirigiera contra el programa estrella de RTVE desde las ondas de Radio Nacional, es decir, desde la propia empresa. Jugándose sus propios garbanzos. Todos los que alguna vez hemos tirado piedras contra el tejado de nuestro patrón sabemos qué delicado es eso. Cuando no directamente suicida.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (4 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/04 06:00:00 GMT+2
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2002/10/03 06:00:00 GMT+2
Suele decirse que sólo los niños, los locos y los borrachos se atreven a decir las verdades más amargas. Habrá que comprobar en cuál de estas tres categorías -no descartemos un súbito regreso a la infancia mental- se encontraba ayer el alcalde de Madrid cuando dijo que el homenaje que van a hacer a partir de ahora los últimos miércoles de mes a la enseña bicolor del Reino de España es doblemente oportuno porque, primero, es un acto militar, lo que nos recuerda que son las Fuerzas Armadas las encargadas de velar por la unidad territorial de España, y segundo, porque servirá no sólo para dar satisfacción a quienes aprecian la bandera en cuestión, sino también para poner en su sitio a quienes no la aprecian.
Me parece una explicación completísima y extremadamente satisfactoria.
Se trata, en efecto, de un acto de voluntad intimidatoria y provocadora.
Dicen que ha sido idea de José María Aznar. No me extraña nada.
Persona prudente, antes de empezar a escribir este apunte he echado mano del Código Penal para ver qué dice sobre el particular. Me he encontrado con algo que ya esperaba -que las ofensas o ultrajes a la bandera del Estado están castigados con la pena de multa de siete a doce meses- y con algo que no se me había ocurrido pensar, aunque sea lógico: que las ofensas o ultrajes a las banderas de las comunidades autónomas tienen previsto idéntico castigo.
Dejemos de lado la redacción del artículo en cuestión, que viene a dar por hecho -muy en línea con la tradición castrense- que un objeto -una tela, en este caso- puede ser ultrajado y ofendido, y vayamos a lo sustantivo.
No creo que incurra en ofensa o ultraje alguno a nadie si digo, en primer lugar, que las banderas en general me producen escasa emoción -favorable, quiero decir-, pero que, de todas ellas, la que más frío me deja es precisamente la que izaron ayer con tanto esfuerzo en la Plaza de Colón de Madrid.
Es algo que, además, puedo argumentar muy fácil y muy comprensiblemente: desde muy niño, esa bandera simbolizó para mí la odiosa opresión del régimen de Franco. Me contaron que, antes de la llegada del dictador, el Estado español tenía otra bandera, que los republicanos españoles habían hecho suya para mostrar su rechazo por la enseña bicolor, que identificaban con otra opresión anterior: la monárquica. Eso me contaron, y todo lo que luego pude ir comprobando me ratificó en ello.
Puede entenderse, en consecuencia, que no me hiciera nada feliz que, una vez instaurada la España parlamentaria, el Estado español decidiera mantener la misma bandera impuesta por Franco, por mucho que le cambiaran el escudo.
Con el paso del tiempo, me pasa con esa bandera como con la Monarquía: no creo que constituya una prioridad cambiarlas -más que nada porque no hay demasiado ambiente-, pero nadie puede pedirme que las aprecie. Estoy en mi derecho de verlas no ya sin amor, sino incluso con antipatía.
Y fíjense que he podido desarrollar toda esta argumentación sin citar ni una sola vez a Euskadi.
Lo haré ahora.
La pasada semana, el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, afirmó que la ikurriña es «un símbolo de ETA». Así, directamente. Por la brava. Sin cortarse un pelo. Bien. Yo no soy muy dado a las querellas criminales -tengo otras ocupaciones-, pero recomendaría a las autoridades de la Comunidad Autónoma Vasca que se ojearan el Código Penal, se leyeran el artículo 543, comprobaran que lo dicho por Juaristi está incurso en el delito que tipifica e interpusieran la acción legal correspondiente. Tampoco estaría de más que simultáneamente los diputados vascos exigieran del Gobierno central la destitución del tipejo en cuestión.
En la línea de exigir respeto a los símbolos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (3 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/03 06:00:00 GMT+2
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2002/10/02 06:00:00 GMT+2
Vengo diciendo desde hace tiempo que la opinión pública española tiene unas tragaderas verdaderamente excepcionales, que le permiten aceptar los mayores disparates, siempre, eso sí, que se los presenten revestidos de autoridad y con mucho aplomo. Es una tesis que suelo sacar a pasear a propósito de unos u otros asuntos políticos, pero lo cierto es que podría hacerla extensiva a casi todos los ámbitos de la humana existencia.
Pondré un ejemplo nada politizado. Ayer pasé por una rotonda que existe a las afueras de una población de la periferia capitalina. Se trata de una rotonda que tiene cuatro posibles salidas. Al borde de una de ellas, una indicación de tráfico de ésas que terminan en forma de flecha dice: «Todas direcciones». He aquí un inmejorable ejemplo del desprecio por la lógica que exhiben las autoridades y que los españoles soportan sin decir ni pío o, lo que es peor, sin siquiera darse cuenta.
Si una rotonda tiene cuatro salidas, es porque hay cuatro caminos teóricamente practicables, cada uno de los cuales dirigirá hacia algún sitio (o hacia varios). En consecuencia, si Tráfico afirma que uno de esos caminos nos lleva a todas (las) direcciones, miente.
En el caso de la rotonda de la que estoy hablando, la mentira oficial es particularmente molesta para mí, puesto que la salida que aparece indicada con el letrero «Todas direcciones» no lleva en absoluto adonde voy yo, sino que conduce, dando un cierto rodeo, a la carretera de la que procedo. Lo cual dista de ser insignificante, porque esa carretera es una autovía de la que no se sale así como así. Como no es la primera vez que paso por la rotondita de las narices, ya no me dejo engañar. Pero la primera vez que caí en sus garras indicativas me la jugó bien jugada.
El asunto no es que esa señal esté mal puesta. Es que no debería existir. No deberían haberla fabricado. Sin más. Porque un letrero que indica que una carretera nos encamina a todas (las) direcciones es lisa y llanamente un disparate. Para que esa salida nos condujera a cualquier destino tendría que ser por fuerza la única que hubiera. En cuyo caso no sería necesario distinguirla de ningún modo.
Detengámonos a considerar el problema en su conjunto. Tenemos:
1) Un funcionario de la DGT que pensó que era buena idea fabricar unas señales con la leyenda «Todas direcciones» (así, sin artículo ni nada). Eso, a decir verdad, no resulta particularmente grave.
2) Unos jefes que aprobaron el proyecto con toda la seriedad del mundo y que le asignaron la partida presupuestaria correspondiente. Eso ya está bastante peor.
Y, en fin, 3) Toneladas y toneladas de gente -cientos de miles, millones de personas- dispuestas a toparse día tras día con las señales en cuestión y no pararse a pensar si tienen algún sentido, lo que las conduciría a concluir de inmediato que no. Esto último es, con diferencia, lo más deprimente.
Pero había dicho que hoy iba a dejar la política al margen, así que abandono la reflexión en este punto.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (2 de octubre de 2002) y El Mundo (12 de octubre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/02 06:00:00 GMT+2
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2002/10/01 06:00:00 GMT+2
«O se es un país inmenso que cumple una misión universal o se es un pueblo degradado y sin sentido»
(José Antonio Primo de Rivera)
«La prioridad del Gobierno vasco no puede ser tener más competencias; la prioridad del Gobierno vasco tiene que ser acabar con el terror».
No me pregunten qué miembro del Ejecutivo de Aznar ha pronunciado esta frase en los tres últimos días. Pregúntenme quién no lo ha hecho y acabamos antes.
Queda rotundo, y hasta parece muy razonable, pero en realidad carece por completo de lógica. De acuerdo con ese planteamiento, se diría: a) que es el Gobierno vasco el único responsable de acabar con el terrorismo, y b) que si contara con más competencias lo tendría peor para llevar a cabo esa misión. Cuando lo cierto es: a) que el grueso de los medios policiales y de los recursos políticos está en manos del Ejecutivo de Aznar, por lo que recae sobre él la mayor parte de la responsabilidad al respecto, y b) que es él el que está regateando al Gobierno vasco los medios que reclama para afrontar con más eficacia la parte que le corresponde en esa tarea.
Eso es lo que dicta la lógica, pero tanto da.
Se imponen en la política oficial española los dilemas de apariencia aplastante y de contenido absurdo.
Mayor Oreja dice que el País Vasco no necesita más nacionalismo, sino «más España». ¿Adónde pretende llegar con eso? Primero niega que el terrorismo tenga una solución política y luego se empeña en plantear el problema en el plano político, como una pugna entre dos nacionalismos, el vasco y el español.
No es cosa sólo del PP. También del PSOE (o de sus dirigentes centrales, al menos). Escucho a Rodríguez Zapatero: «Euskadi no necesita referéndums; Euskadi necesita que se acabe el terror». Ya. Porque, como es bien sabido, no hay nada que más aliente el terror que llamar al pueblo a las urnas.
Se plantea como una verdad evidente por sí misma -que, por lo tanto, no requiere demostración- la idea de que consultar al pueblo vasco qué clase de futuro nacional desea para sí es una tremenda irresponsabilidad, porque representa un factor de grave división. Examínese esa supuesta verdad de cerca y se comprobará que lo que se nos está presentando como evidente es que la unidad del pueblo vasco sólo puede establecerse sobre... ¡la renuncia de la mayoría a sus aspiraciones! Para evitar los problemas que podría acarrear que se hiciera lo que quiere la mayoría, hay que hacer lo que quiere la minoría. Singular lógica, a fe.
Otros pensamos que, cuando en una sociedad aparecen dos posiciones potencialmente irreconciliables, lo más sensato es negociar un acomodo. Pero que no se inquieten los patriotas: no pintamos nada.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (1 de octubre de 2002) y El Mundo (2 de octubre de 2002), salvo la cita de Primo de Rivera. Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/01 06:00:00 GMT+2
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2002/09/30 06:00:00 GMT+2
Con todas las movidas de la pasada semana, casi que se me pasa comentar la puesta en libertad bajo fianza de los últimos detenidos por orden de Garzón en Madrid en tanto que integrantes de una célula local de Al Qaeda. La gente más desmemoriada puede refrescar los datos del asunto dándose una vuelta por la hemeroteca. Sucedió en julio, y Garzón dijo que la Policía se había incautado en su domicilio de grabaciones de vídeo de monumentos y edificios «emblemáticos» de los Estados Unidos hechas para ayudar a la posterior realización de atentados.
Ahora -más de dos meses después-, el juez de la Audiencia Nacional los pone en libertad bajo fianza. Dice que la Policía no ha logrado demostrar que esos vídeos tengan relación con la organización de Ben Laden y los atentados del 11-S.
Todo el asunto es un puro disparate.
Lo fue desde el principio. Y no hacía falta ninguna profunda investigación para darse cuenta: lo dije en el momento mismo de las detenciones. Si los detenidos habían grabado esos vídeos para que los usara la gente de Al Qaeda en Estados Unidos, ¿por qué se los habían traído a España y los conservaban en su poder? ¿Por qué no los habían dejado en los Estados Unidos, o enviado a Afganistán, o a donde fuera? En segundo lugar: en los vídeos en cuestión no sólo aparecían los edificios «emblemáticos», sino también ellos mismos, en persona. ¿Para qué se habían filmado? ¿Para facilitar su localización, en el caso de que las grabaciones cayeran en manos de la Policía, de ser detenidos quienes planeaban los atentados?
Ahora, dos meses y pico después, aparece Garzón y se quita el muerto de encima diciendo que la Policía no ha logrado mostrar la relación entre los detenidos y el 11-S. ¿Y él? ¿Qué ha logrado él? ¿En qué indicios racionales de criminalidad se basó para encarcelar a esa gente y tenerla en la cárcel todo este tiempo?
Por otra parte: si no hay nada que vincule a los detenidos con Al Qaeda, ¿por qué les ha exigido una fianza para ponerlos en libertad? Y si lo hay, ¿cómo puede ser que los ponga en libertad, con o sin fianza?
La megalomanía de Garzón clama al cielo. Está loco por meter la nariz y lucir su palmito en la investigación de los atentados de las Torres Gemelas (de hecho, ya ha pedido que le dejen interrogar al presunto cerebro del 11-S, detenido en Pakistán). Lo intentó con las detenciones de Cataluña, que le salieron un churro -los detenidos acabaron en libertad sin cargos-, y lo ha vuelto a intentar con estos pobres diablos de los vídeos.
¿No hay nadie con mando en plaza que se pregunte por la seriedad de la tramitación de los sumarios que tiene este hombre en sus manos y por la fiabilidad de esos servicios policiales en los que él tanto se apoya, tomando sus informes por verdad revelada?
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (30 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/30 06:00:00 GMT+2
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2002/09/29 06:00:00 GMT+2
Pude ver cómo iban cambiando anteayer los titulares de las ediciones electrónicas de los periódicos de Madrid a medida que avanzaba el día (y se incorporaban a la faena los ideólogos, supongo). El mismo discurso de Ibarretxe pasó de ser una propuesta sobre cómo acomodar a Euskadi en el Estado español a convertirse en la enloquecida plasmación de una desaforada iniciativa independentista.
Cada cual puede describir lo avanzado por Ibarretxe con los adjetivos que mejor le cuadren, o que mejor crea que cuadran a su cuadra, pero la variedad de los epítetos no cambiará ni un ápice el fondo de la cuestión: lo que hace que salten chispas no es la fórmula concreta que Ibarretxe propone para el engarce de Euskadi en España, sino el hecho mismo de que reclame el reconocimiento del derecho del pueblo de Euskadi a decidir sobre ese particular sin interferencias foráneas.
La mayoría de los políticos y comentaristas capitalinos califican de «antidemocrática» la propuesta del lehendakari. Es un reproche bobo. Se trata de una propuesta democrática hasta las más puras esencias... o no lo es en absoluto, según dónde sitúe cada cual el demos. Lo democrático es hacer aquello que vota el pueblo, pero ¿qué pueblo? Si la capacidad decisoria la tiene el pueblo del ente de Derecho llamado Euskadi (es decir, el de las tres provincias que conforman la actual Comunidad Autónoma Vasca), entonces la propuesta de Ibarretxe es democrática a más no poder. Ahora bien: si se considera que el poder de decidir sobre el porvenir nacional de Euskadi reside indeclinablemente en el conjunto de la población del Estado español (o de España: como se quiera), entonces el planteamiento de Ibarretxe no se tiene en pie. Dicho de otro modo: no estamos ante un problema de democracia, sino de definición del sujeto de soberanía.
Por poner un ejemplo: si la llamada comunidad internacional hubiera considerado que el depositario de la soberanía de la vieja Yugoslavia era el conjunto del pueblo que la habitaba, y que era a éste, reunido en colegio electoral único, a quien correspondía decidir el futuro nacional de la totalidad de la República, hoy no existirían ni Croacia, ni Bosnia-Herzegovina, ni Macedonia. Esas nuevas repúblicas existen porque la comunidad internacional decidió admitir que en esa zona había tantos sujetos de soberanía como comunidades aspirantes a serlo.
De todos modos, y a diferencia de lo ocurrido en la ex Yugoslavia, Ibarretxe no plantea en absoluto una alternativa separatista. No preconiza la constitución de un Estado vasco independiente. Lo que está defendiendo es un planteamiento de inspiración federal. Un acuerdo entre «libres e iguales», según la vieja formulación federalista.
Hace años, el PSOE, como todas las fuerzas antifranquistas, hizo suya la defensa del derecho de autodeterminación del pueblo de Euskadi (en cuyo territorio, por cierto, los socialistas de entonces incluían a Navarra). Y lo hicieron con plena conciencia de lo que el derecho de autodeterminación significaba.
Recuerdo una anécdota semicómica que lo demuestra.
Sucedió la cosa en 1975. Representantes de los muy diversos partidos ilegales que integraban las dos alianzas de oposición a Franco que habían existido hasta entonces (la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática) estaban reunidos para elaborar la declaración de principios que sustentaría su fusión en un único organismo. Se discutió si entre esos principios debía figurar el derecho de autodeterminación de las nacionalidades históricas y se acordó que sí. Entonces, Fernando Álvarez de Miranda, que estaba en la reunión junto con Joaquín Ruiz Giménez, como representante del llamado «Equipo de la Democracia Cristiana del Estado español», se ausentó durante unos minutos, al cabo de los cuales regresó y dijo: «¡Eh, atención! ¡Que he estado informándome de lo que significa el derecho de autodeterminación y me he enterado de que incluye el derecho de secesión!». El resto de los reunidos, entre los que estaban los representantes del PSOE, le dijeron -no sin cierta sorna- que, en efecto, así era, a lo que Álvarez de Miranda replicó: «Pues eso, como español, yo no puedo aceptarlo». Y se fue. De la reunión y del Equipo de la Democracia Cristiana.
Relato esta anécdota para demostrar que el mismo partido que ahora abomina de la propuesta de signo federalista que hace Ibarretxe defendía posiciones mucho más radicales al respecto. Incluso cuando años después renunció «tácticamente» a esos postulados, el PSOE siguió proclamándose federalista, y mantuvo -y mantiene- una estructura interna formalmente federal. Lo cual, oh paradojas, no le ha impedido precipitarse a declarar que la propuesta del lehendakari, que trata de plasmar el ideario federal en un pacto territorial concreto, es «inaceptable», «aberrante» y ni sé cuántas cosas más.
Algo semejante le pasa al diario El Mundo. Decía su artículo editorial de ayer que lo que defiende Ibarretxe es «un disparate». No obstante, quien tenga la paciencia de acudir al Libro de Estilo del periódico en cuestión, publicado en 1996, verá que en su documento programático fundamental, titulado 100 Propuestas para la regeneración de España, la alternativa que hacía suya con relación a este asunto era la siguiente:
«27ª Propuesta. España se estructurará como Estado federal. Las administraciones de las Comunidades Autónomas (CCAA) serán en sus respectivos territorios los órganos principales de la administración del Estado. La delimitación de las competencias entre el poder central y las CCAA se hará conforme al principio de subsidiaridad, de modo que el poder central asumirá sólo aquellas funciones que no puedan ser desempeñadas eficaz y solidariamente desde las CCAA. (...)
»28ª Propuesta. Referendos de autodeterminación. Definido el nuevo modelo de organización territorial, se celebrarán en todas y cada una de las CCAA referendos para su aprobación o rechazo. El nuevo modelo sólo podrá llevarse a la práctica si recibe la aprobación de la mayoría de los votantes de todas y cada una de las CCAA.
»Se reformará el Título VIII de la Constitución para adaptarlo al modelo federal de organización territorial del Estado.» [El Mundo, «Libro de Estilo», páginas 137-138, Ediciones Temas de Hoy, 1996. (Las negritas son del original)].
No parece necesario subrayar que esa propuesta programática, que el equipo directivo de El Mundo defendía con tanto entusiasmo hace tan sólo seis años, iba bastante más lejos que la avanzada anteayer por el lehendakari.
Todo el mundo tiene derecho a cambiar de opiniones, faltaría más. Incluso quienes habían jurado que nunca lo harían (*). No me parece inaceptable, para nada, que quien ayer decía A diga hoy B.
Lo que me resulta éticamente descorazonador, y hasta deprimente, es que quien ayer reclamaba A con toda su alma no sólo proclame hoy que la verdad es B y sólo B, sino que afirme que quien defienda A, como él hace nada, o bien es que está loco de remate o bien actúa al servicio de los terroristas. Y eso cuando la situación sobre la que habla no ha sufrido ninguna transformación esencial: que era así cuando él decía A y que sigue tal cual, matiz arriba matiz abajo, cuando se ha pasado a decir B.
¿Quién tiene derecho a decidir qué va a ser de Euskadi? No sólo puede haber diversas respuestas; también la pregunta puede resultar objetable, sea porque no se admite que Euskadi tenga el ámbito territorial que plantea Ibarretxe, sea porque se considera que no ha de ser Euskadi, sino cada territorio provincial -o comarcal, o local-, el que debe decidir, sea porque se considera que Euskadi no existe si no es como parte de España, o de Europa, y por lo tanto no tiene nada que decidir por su cuenta...
La cuestión genérica, de principio, es, en último término, la del sujeto de soberanía. La del pueblo que debe decidir. En concreto: yo, natural del donostiarra barrio de Gros, ¿ante qué voto soberano tengo que rendirme: ante el que emita el pueblo de mi barrio, ante el de San Sebastián, ante el de nuestra comarca, ante el de Guipúzcoa, ante el de la Comunidad Autónoma Vasca, ante el del conjunto del ente histórico-cultural que llamamos Euskal Herria, ante el de España, ante el de la UE, ante el de Europa entera...?
No ridiculizo ninguna de esas hipótesis: todas me parecen igualmente sostenibles.
Lo que llevo fatal es que me vengan proclamando la indiscutible soberanía del «pueblo español» los mismos que la discutían apenas anteayer. O los mismos que, en cuanto se ponen a hablar de Navarra y Euskadi, dicen que debe hacerse lo que diga el pueblo de Navarra, como si el pueblo de Navarra sí tuviera derecho a autodeterminarse y el de Euskadi no. O que me vengan diciendo que no cabe tomar en serio lo que opine «una pequeña población» los mismos que se dicen dispuestos a dar «hasta la última gota de sangre» por la «españolidad» -ya que no la europeidad- de Ceuta y Melilla.
Alcancemos por lo menos ese acuerdo elemental y primario: no usemos diferentes varas de medir según las simpatías o antipatías que nos suscite cada caso. Y asegurémonos de que el sepulcro del Cid sigue convenientemente cerrado.
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(*) En el Libro de Estilo de El Mundo se afirma, en relación con estas tomas de posición: «Nuestras 100 Propuestas constituyen el prisma a través del cual El Mundo se compromete a juzgar la actividad de los diferentes partidos políticos... En la medida en la que su actuación se aproxime a lo que proponemos, en esa misma medida aplaudiremos su acción. Y al contrario». Y se añade: «Las 100 Propuestas constituyen un contrato ideológico y político que El Mundo suscribe con sus lectores. Por ese contrato, este periódico se compromete a ser fiel en su línea editorial a un ideario de principios explícito y proclamado de antemano. Otros toman posición ante los acontecimientos de cada día en función de sus intereses momentáneos. Nosotros nos marcamos estos cien mandamientos. Son nuestras tablas de la ley». (Ed. cit., página 129).
Como diría el otro: O tempora, o mores!
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (29 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/29 06:00:00 GMT+2
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2002/09/28 06:00:00 GMT+2
Se ha convertido en un tópico afirmar que la vieja división política entre izquierdas y derechas ya no resulta operativa. Que, más que ayudar a comprender la realidad, despista.
Estoy de acuerdo -cómo no- en que, a estas alturas de la Historia, decir de alguien que es «de izquierdas» proporciona muy escasas pistas sobre su universo mental. Lo mismo puede ser enemigo jurado del neoliberalismo que estricto defensor de las recetas del FMI, estar en contra de la inminente guerra contra Irak que idolatrar a George W. Bush, formar parte de una asociación pro-Palestina que aplaudir a Ariel Sharon, reclamar el derecho de autodeterminación para Euskadi que pedir que nos dejemos de mandangas y admitamos que la ikurriña es la bandera de ETA. Ahí tenemos el caso, verdaderamente espectacular, de Tony Blair, que dirige el Partido Laborista de Gran Bretaña -o sea, que se supone que es «de izquierdas»- y que vive sin vivir en él ante el temor de que Aznar pueda desbordarle por la derecha el día menos pensado.
Sin embargo, tengo observado que esos especímenes, que buena parte de la opinión pública sitúa en la izquierda -por mera rutina geopolítica, supongo-, eluden en los últimos tiempos con muchísimo cuidado proclamarse de izquierdas. Prefieren hablar de «mayorías de progreso», «cambios tranquilos» y vaguedades inasibles por el estilo. Experimentados en la venta y reventa de sí mismos, se ve que han comprobado que con el envoltorio de la izquierda ya no le valen al establishment ni como regalo de empresa, y han optado por declararse por encima de la división izquierda / derecha (proclama que, como se sabe, es típica de la derecha desde casi hace dos siglos).
Gracias a ello -paradojas de la vida-, lo de ser de izquierda está empezando a recuperar algún sentido, por puro y simple abandono de sus agentes contaminantes.
Decía antes que alimento desde hace años un gran escepticismo acerca de la utilidad conceptual del término «izquierda». A cambio, jamás he tenido la menor duda sobre la existencia de la derecha y, por lo tanto, sobre la vigencia del término que la designa. Ella misma se encarga de recordar su existencia -de recordárnosla a todos- día tras día. A todas horas. Por tierra, mar y aire
La derecha no sólo existe, sino que se muestra cada vez más multifacética. Cada vez tiene más siglas y más medios desde los que difundir su mensaje uniforme. Ya ha conseguido que apenas haya otro.
Lo único que hace falta para saber si alguien es de derechas es ver si defiende las posiciones de la derecha. Del Poder, en suma.
Así de simple.
Y olvidarse de si lo hace citando a Maeztu o a Gramsci.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (28 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/28 06:00:00 GMT+2
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2002/09/27 06:00:00 GMT+2
El Ayuntamiento de Zaldibia, compuesto en exclusiva por integrantes de Sozialista Abertzaleak (antes Batasuna), ha declarado «hijo predilecto» a Hodei Galarraga, uno de los militantes de ETA que murió el lunes pasado en Basurto. Personas conocidas por su vinculación a la organización suspendida de actividades por orden de Garzón han convocado en Rentería dos manifestaciones de homenaje a Egoitz Gurrutxaga, el otro de los fallecidos.
El asunto puede -y merece- ser analizado desde muy diversos ángulos. A mí me ha llamado la atención en un aspecto: en lo que tiene de clarificador de la posición de una parte de Batasuna con respecto al terrorismo.
Los representantes oficiales de Batasuna, empezando por el propio Otegi, nos tienen acostumbrados a dos argumentos. Uno: dicen que no condenan los atentados de ETA porque «no sirve de nada». Y dos: afirman que, si bien las muertes producidas por ETA son deplorables, lo esencial es preguntarse por qué hay en Euskadi jóvenes que eligen la vía de la muerte.
Más que los argumentos como tales, lo que siempre me ha parecido extremadamente discutible es la utilización que los dirigentes de Batasuna suelen hacer de ellos. Primero, porque la escasa o nula utilidad práctica de tales o cuales pronunciamientos no es suficiente razón para callárselos, y eso Batasuna lo ha venido demostrando a diario día tras día en decenas de conferencias de Prensa y cientos de comunicados dedicados a condenar todo lo habido y por haber. En segundo lugar, porque indagar en las razones que explican la existencia de este o aquel fenómeno social no significa en absoluto aplaudirlo. Personalmente, llevo muchos años pidiendo a la opinión pública que se pregunte por qué existe ETA y, a la vez, rechazando sus acciones criminales.
Reclamar a la sociedad que se interrogue seriamente por las realidades y los conflictos de fondo que explican la opción de vida -la opción de muerte- de Galarraga y Gurrutxaga no equivale a enaltecerla, ni mucho menos. En aras de la siempre conveniente clarificación política, recomendaría que quienes consideran que poner bombas y matar gente es maravillosamente heroico dejaran de utilizar argumentos ajenos en los que no creen y -puesto que los suyos no pueden airearlos, por ser delictivos- se mantengan dentro de un tan discreto como expresivo «Sin comentarios». Más que nada para evitar que la opinión pública los tome por lo que no son. Y, ya de paso, para evitar que nos confundan a otros con ellos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/27 06:00:00 GMT+2
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2002/09/26 06:00:00 GMT+2
El primer ministro británico, el laborioso Tony Blair -mejor no insistir en llamarle «laborista»-, presentó anteayer ante sus diputados un presunto informe que, según él, demuestra que Irak representa «un grave peligro» para sus vecinos y, en particular, para Israel. Tuve ocasión de hablar en directo ayer por la mañana en Radio Euskadi con un diputado laborista al que el informe de Blair convenció -o al menos eso decía él- pero que, cuando fue requerido para que explicara en qué consistía el tal peligro, resultó incapaz de aportar ningún dato relevante. El «peligro» de Irak venía a resumirse, según lo que dijo el hombre, en que Sadam Husein tiene un Ejército bastante menos y bastante peor armado que el de Israel, estado que sí posee armas nucleares y de destrucción masiva.
En su entusiasmo belicista pronorteamericano, Blair no se da cuenta de que la propia pretensión de su sedicente informe es ridícula. Si realmente tuviera pruebas de que Irak cuenta con armas de destrucción masiva y está desarrollando un programa concreto de elaboración de armas atómicas, lo que tendría que hacer no es presentarlo a la consideración de sus parlamentarios, sino entregarlo a las Naciones Unidas, para que se ahorraran el envío de inspectores a Bagdad. Si su amigo George W. Bush está teniendo tantos problemas para conseguir la complicidad de otros estados en su cruzada contra Sadam Husein es, precisamente, porque no puede presentar esas pruebas, y si no puede hacerlo es porque no existen.
La propia comedieta de los inspectores resulta tirando a ridícula. Si los EUA cuentan con los medios necesarios para fotografiar palmo a palmo el territorio iraquí -que los tienen-, podemos dar por seguro que la famosa inspección está más que hecha, por lo menos a vista de pájaro, y que no ha dado resultados dignos de mención.
Todos sabemos -Al Gore lo ha admitido ya- que el Ejército de Sadam Husein, muy afectado por la Guerra del Golfo, por los bombardeos que no han cesado de sufrir sus instalaciones durante estos años y por sus gravísimas limitaciones presupuestarias, es una porquería. Un mero fantoche que Bush utiliza para alimentar la ficción de que los EUA están gravemente amenazados por tierra, mar y aire.
Esa es precisamente la paradoja: bastaría con que la Casa Blanca y el Pentágono se estuvieran quietecitos y dejaran de armar tanta bulla belicosa para que nadie tuviera interés alguno en amenazarlos, ni siquiera con un mal cuchillo. La principal amenaza que pesa sobre ellos... ¡son ellos!
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/26 06:00:00 GMT+2
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2002/09/25 06:15:00 GMT+2
Recibo por correo electrónico el comunicado que ha firmado el obispo de San Sebastián, Juan María Uriarte, lamentando -en términos nada «equidistantes»: sabe que le conviene curarse en salud- las muertes de Basurto y de Leiza. Sólo una frase del episcopal escrito se escapa de la estricta rutina. Dice que no se resigna a soportar el recrudecimiento de la violencia y añade: «...por muy previsible que pueda parecer».
Uriarte no explica por qué preveía que la violencia iba a recrudecerse, pero tampoco hace falta. Todos cuantos nos echamos las manos a la cabeza cuando supimos que el Gobierno y el PSOE habían decidido que para apagar el fuego no hay nada como echarle aceite estábamos haciendo la cuenta atrás desde hace semanas.
Esto -ya lo sabemos- no ha hecho más que empezar.
Escucho las reacciones ante ambos sucesos. Son todas tan previsibles como las palabras de Uriarte. Y como los hechos mismos. Incluso son previsibles las tonterías del delegado del Gobierno para Euskadi, Enrique Villar, que expresó ayer su esperanza de que los jueces acaben poniendo a buen recaudo tanto al Ejecutivo de Ibarretxe como al Parlamento de Vitoria. Y se quedó tan ancho.
Supongo que nadie se tomará la molestia de pedir su destitución. Para qué. Su nivel de inteligencia está a la altura de la importancia de su cargo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de septiembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 15 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/09/25 06:15:00 GMT+2
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