2002/10/11 06:00:00 GMT+2
«¿Qué opinas del uso de cámaras ocultas para la realización de reportajes de prensa?», me preguntan.
No estoy en contra por principio. Depende. Hay ocasiones en las que los periodistas sólo pueden realizar su trabajo camuflándose, lo cual está justificado porque se trata de denunciar situaciones ilegales que, de presentarse abiertamente, no serían reconocidas por sus responsables. Siendo periodistas de televisión, eso obliga a la utilización de cámaras ocultas. Ha habido casos de reportajes realizados de ese modo que pueden considerarse modélicos, y algunos incluso han permitido la detención de mafiosos de importancia, o han obligado a reformas legales positivas.
Lo que no se justifica, en mi criterio, es ocultar la cámara para que la persona grabada, que no está implicada en ninguna actividad delictiva, se relaje y, confiada en la privacidad de la conversación, diga lo que jamás hubiera dicho en público. O para que exprese puntos de vista que, sacados de contexto (editada la grabación), parezcan referirse a una cosa cuando en realidad se refieren a otra. Todos sabemos lo que la edición maliciosa de una grabación puede dar de sí, y no es por casualidad que la Justicia niegue valor probatorio a las grabaciones realizadas sin control judicial o posteriormente editadas.
La utilización de cámaras ocultas para grabar entrevistas con personas que no realizan ninguna actividad delictiva predispone al público en su contra. Criminaliza al entrevistado, porque da a entender, aunque no lo diga abiertamente, que es persona de la que no cabe fiarse, o que tiene algo que ocultar. Por ello debe considerarse doblemente perverso y rechazable el abuso de ese recurso.
Me hablan de un programa de televisión que no he visto y sobre el cual, en consecuencia, no puedo opinar. Pero me informan de que los realizadores de ese programa han recurrido a cámaras ocultas para filmar conversaciones que no recogen la existencia de ningún ilícito penal; que, simplemente -y tal como han sido editadas y expuestas, insisto- dejan en mal lugar a determinadas personas e inducen a la opinión pública a adoptar una determinada posición política con respecto al País Vasco. De lo cual deduzco que no concurren en el caso las circunstancias en las que, según he explicado antes, considero aceptable el uso de tales medios.
Y eso es todo lo que puedo decir al respecto.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/11 06:00:00 GMT+2
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2002/10/10 06:00:00 GMT+2
A partir del 15 de este mes, El Mundo va a cobrar la consulta de sus contenidos por Internet. Ha establecido diversas modalidades de suscripción, más o menos caras según los servicios que desee el internauta. Imagino que dejará accesible una página de titulares, o de resumen, pero el grueso de la publicación será de pago.
He recibido misivas de varios lectores indignados por el cambio, que me piden que diga qué opino sobre el asunto.
Antes de dar mi opinión, contaré cómo creo que se han desarrollado los acontecimientos.
El Mundo pasó por una fase inicial de práctico desdén hacia las posibilidades de la Red. La dirección del periódico tardó en darse cuenta de la importancia del fenómeno y de las posibilidades que presentaba. Durante bastante tiempo, dedicó muy escasos recursos a su edición electrónica (que, además, era de muy complicado acceso). Algunos miembros de la Redacción, pioneros en esto de la navegación, nos quejamos insistentemente de esa situación.
Cuando por fin la dirección asumió la realidad, dio un giro total: el periódico se volcó en la edición electrónica, a la que dedicó ingentes medios materiales y humanos. Exagerados, en mi criterio. Eso representó un esfuerzo económico extraordinario, imposible de compensar con los ingresos publicitarios correspondientes.
Ahora El Mundo está pasando por una delicada situación económica, y la empresa ha encarado un plan general para reducir pérdidas. La edición electrónica no podía quedar al margen. El cobro por acceder al servicio tendrá un doble efecto: el obvio de aumentar los ingresos y el subsiguiente de reducir gastos, porque descenderá la demanda.
Bueno: no creo que quepa reprochar a nadie que cobre por lo que produce. Yo -que no soy muy dado a la piratería y no estoy nada ducho en las complejas artes que requiere- pago religiosamente mi suscripción a diversos servicios a los que accedo por Internet: dos programas de antivirus, los contenidos completos de la Enciclopedia Británica, el servicio de acceso a distancia a mi ordenador principal... Me hago cargo de que son beneficios que obtengo del trabajo de una gente que vive de eso, lo pago y ya está.
¿Cuál es el problema que va a afrontar El Mundo? Que a la mayoría de la gente le irrita sobremanera que aquello a lo que ha tenido acceso libre durante años pase de pronto a costarle dinero. Tanto más cuanto que una parte importante de esa gente entra en las páginas de El Mundo tan sólo para completar su información, no porque simpatice con la orientación y la línea editorial del periódico. Que le cobren por un producto que dista de ver con buenos ojos le parece más que demasiado. Sobre todo cuando hay otros productos relativamente similares que son gratuitos.
Pues que no pague.
«Entonces no podré leer tus columnas», me objetan algunos.
Y qué le voy a hacer yo. Siempre se ha dicho que el que algo quiere algo le cuesta.
«Pues tú no te aplicas la norma», me replica una lectora. «Tú no cobras por esto».
Y yo le respondo que la norma se cumple, sólo que al revés. Soy yo el que algo quiere: comunicar. Así que algo me cuesta.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/10 06:00:00 GMT+2
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2002/10/09 06:00:00 GMT+2
Per a Miquel Grau, 25 anys després, in memoriam.
(Hui, 9 d'Octubre, Diada Nacional del País Valencià)
Ayer hubo un accidente en una carretera de las afueras de Almansa y murieron siete enfermos de cáncer a los que trasladaban en una ambulancia a València para recibir tratamiento.
La noticia merece hoy el lugar principal de todas las primeras páginas de los periódicos.
Ayer también, hubo un accidente en el Estrecho y murieron ahogadas nueve personas que viajaban en una patera con destino a España.
Esta otra noticia apenas merece espacio en las portadas de los periódicos. Algunos, ni la mencionan.
Los de Almansa eran siete. Los del Estrecho, nueve.
Me sigue hirviendo la sangre. Me hago viejo, pero no consigo deshacerme de la rabia. Ni de la capacidad de indignación.
----------------------
Me ha venido el recuerdo mirando el calendario. Hace 25 años, un chaval que pegaba carteles del Moviment Comunista del País Valencià en la Plaza de los Luceros de Alacant, Miquel Grau, fue asesinado por un imbécil fascista, por apellido Sandoval, que le tiró un tiesto enorme desde el balcón de su casa. Miquel, que estaba por entonces en la mili, fue despedido en una manifestación multitudinaria que la Policía disolvió a hostias. Al Tall le dedicó un himno precioso, a capella:
«Per cridar "Vull l'Estatut!"
a Miquel l'assesinaren...
Per guanyar la llibertat,
quants germans tenen que caure?»*
¡He cantado esa canción tantas veces, con las lágrimas en los ojos!
Anteayer se volvió a cantar -la cantó Al Tall- en la Universidad de Alacant. Pocas horas antes, medio centenar de personas se había juntado en la Plaza de los Luceros, frente al número 11, para colocar en la pared una placa en memoria y homenaje a Miquel Grau.
No supe que iban a hacerlo.
De haberme enterado, por Dios que no habría faltado.
---------------------
Hay que indignarse con lo de ayer, pero también hay que mantener en carne viva la indignación de hace 25 años.
Todas las indignaciones son la misma indignación.
¡Nos indignamos, luego somos!
--oOo--
Dos imágenes para el recuerdo

Dos fotos del día del acto de homenaje a Miquel Grau en Alacant, hace 25 años.
En la de la izquierda, la periodista Llum Quiñonero, entonces dirigente del MCPV, ha acabado de dirigirse a la multitud.
En la de la derecha, varios compañeros de Miquel, entre los que se distingue al periodista Pep Martínez (con jersey oscuro y pantalón claro), llevan a hombros el féretro de Miquel.
------------
(*) «Por gritar "¡Quiero el Estatuto!"
a Miquel lo asesinaron...
Para ganar la libertad,
¿cuántos hermanos habrán de caer?».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/09 06:00:00 GMT+2
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2002/10/08 06:00:00 GMT+2
Aznar alega razones de ética insoslayable para justificar que su partido no participe en una ronda de conversaciones a la que también acudirá el partido suspendido de Otegi, pero su Gobierno mantiene relaciones de plena normalidad con el Ejecutivo de Israel, que anteayer volvió a hacer méritos para ocupar un espacio de honor en la historia del asesinato en serie. Israel mata indiscriminadamente a ciudadanos pacíficos y desprevenidos y Aznar, como Solana, se declara «consternado»... y a correr, que es lo suyo.
Entiendo que alguien que se dedica a dirigir un Estado no puede tener la sensibilidad ética a flor de piel. Está obligado a tratarse con gente que, si no lleva las manos manchadas de sangre, es mayormente porque se las lava a diario. Acaba de pasar por aquí el presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, y nuestra ministra de Exteriores, Ana Palacio, se ha deshecho en piropos hacia él y los suyos, que son unos golpistas de tomo y lomo y que han matado opositores a troche y moche.
Ningún escrúpulo ético al respecto.
A eso lo llaman realpolitik.
Pero, cuando se trata de Euskadi, no hay realpolitik que valga. No sólo consideran que es inaceptable hablar con el asesino, sino también con quien no critica al asesino. Y no sólo con quien no critica al asesino, sino también con quien habla con quien no critica al asesino. Si no fuera porque los conocemos de sobra, podríamos llegar a la conclusión de que son un remilgo hecho Gobierno. Pero qué va: sus melindres son perfectamente unidireccionales. Así que abandonan el territorio de Euskadi, son la gente más desenvuelta del mundo, capaz de chapotear en cuanta sentina se le ponga por delante.
De todos modos, lo del Israel de Sharon es decididamente demasiado. ¿A cuento de qué le tolera el Gobierno de España tanta barbarie chulesca, tanto crimen indisimulado, tanto asesinato porque sí? ¿Qué tienen esos asesinos que les haga merecedores de respeto y bula? ¿Es la sangre palestina sangre de tercera, de baratillo? ¿Se trata acaso de confirmar el tópico según el cual si matas a diez eres una bestia infame, pero si matas sin parar durante muchos años te mereces una medalla?
Aquí no hay realpolitik que valga. Israel no es Argelia. Ni petróleo, ni gas, ni emigración controlada, ni nada. De ser imprescindibles los intercambios económicos, lo son de su lado. La tecnología más acabada que han exportado a España se concentra en el material para interrogatorios.
Sólo hay una razón que explica la tolerancia infinita, absurda y escandalosa, que manifiestan hacia las autoridades de Israel todos los gobiernos occidentales, el de Aznar incluido. Y esa razón tiene nombre de ciudad: Washington. O sustantivo: vasallaje.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de octubre de 2002) y El Mundo (9 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/08 06:00:00 GMT+2
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2002/10/07 06:15:00 GMT+2
Mantengo una política de estricta no intervención en los asuntos de la Iglesia católica. De todas las iglesias, asociaciones y clubes privados, en general. Sólo me meto en sus cosas cuando dejan de ser realmente sus cosas para ser también mis cosas: el patrimonio histórico-artístico, por ejemplo. O el dinero de mis impuestos. O la Enseñanza pública. En fin, los asuntos colectivos. Pero, si me preguntan qué pienso del hecho de que los obispos aseguren que la crueldad manifiesta no es causa de nulidad del sacramento del matrimonio, respondo que a mí que me registren: no soy experto en sacramentos. A lo que me opongo es a que el matrimonio eclesiástico tenga efectos civiles. Sólo a eso.
De modo que tampoco tengo gran cosa que decir sobre la canonización de José María Escrivá de Balaguer. Si el patético renqueante dictador de la grey católica quiere darle trato de santo, como si lo nombra mitrado póstumo. Otra cosa es que el Estado español se haya gastado el dinero enviando una representación oficial y varias oficiosas a la ceremonia. Eso está muy mal.
Tampoco acepto -porque es inaceptable- que se nos cuente que le han hecho santo porque hizo un milagro.
Como dije el pasado miércoles en la presentación del libro de Isabel de Armas Ser mujer en el Opus Dei, que como responsable de Ediciones Foca he tenido el gusto de poner en el mercado -y que os recomiendo vivamente, porque es interesantísimo y porque, además, yo vivo de eso-, el presunto milagro que atribuyen al señor Escrivá es de coña. Un médico extremeño que tiene un eczema canceroso en la piel, que invoca al de Barbastro y que se cura. Así que el milagro es suyo. ¿Qué pasa, que sólo rezó a Escrivá durante todo el tiempo de su enfermedad? ¿No invocó ni una sola vez a Dios Padre, ni a Cristo, ni a la Virgen (a la que fuera, que las hay a cientos), ni a cualquier santo o santa de los previamente existentes? Sencillamente: no me lo creo.
No sólo no me creo que el milagro sea obra de San Escrivá, sino que tampoco me creo que sea milagro. Todos los hospitales de España y del mundo entero -todos, sin excepción- tienen historias de curaciones sorprendentes que, metidos en gastos, podrían considerarse milagrosas. Y probablemente también todas las familias.
Aparte que esto de los milagros siempre me ha puesto nervioso, por mera afición a la coherencia. ¿Que Cristo resucitó a Lázaro? ¿Y por qué lo hizo la primera vez que se murió el menda, y no la segunda (y, según todas las trazas, definitiva)? ¿Y por qué a Lázaro sí y no al muerto de al lado? Ítem más: ¿nos asegura Wojtyla que el médico eczemoso de Extremadura va a continuar sano y salvo por los siglos de los siglos? Y, si muere dentro de unos años, ¿se atribuirá su muerte a San Escrivá?
Bueno, casi mejor lo dejo. Que me caliento.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/07 06:15:00 GMT+2
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2002/10/07 06:00:00 GMT+2
La comunidad internacional -la casta dominante del mundo económicamente desarrollado- estaba relativamente tranquila con la situación de Brasil. Se sentía inquieta en un punto: le preocupaban las dificultades que venía mostrando para el pago de su deuda externa.
Y poco más. ¿Que una tercera parte de su población vive por debajo del llamado umbral de pobreza? ¿Que la situación de su infancia es insoportable? ¿Que se están desarrollando prácticas genocidas con algunas poblaciones de la selva amazónica? Psché, qué se le va a hacer.
Sólo despertó de su letargo indolente cuando sonaron los timbres de alarma ante el aviso urgente: «¡Atención, que un izquierdista puede llegar a la Presidencia! ¡Que lo mismo volvemos a la situación de los años 60, cuando tuvimos que provocar un golpe militar para evitar la locura comunista de las nacionalizaciones!». Todas las terminales del FMI, Pentágono incluido, se pusieron en estado de alerta.
Las lupas de Occidente se centraron sobre Luiz Inácio Lula da Silva y el candidato del Partido de los Trabajadores se entregó en cuerpo y alma a la representación de su papel favorito: el de apacible cordero.
Lo han mirado con mucha atención, tratando de decidir si realmente es un cordero o si se trata de un lobo que se ha puesto la piel de cordero para disimular sus aviesas intenciones ultraizquierdistas. Finalmente, y no sin reticencias, se han inclinado por la primera posibilidad. Esperan que Lula, una vez elegido en la segunda vuelta, se portará como Dios manda.
Yo no sé si lo hará, porque nunca le he visto a Dios mandar nada, pero de algo si estoy seguro: quítenle la piel de cordero a Lula y se encontrarán con un cordero despellejado. Desde que ese hombre descubrió que para llegar a la cumbre debía desprenderse del olor a chusma, apesta a colonia cara.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/07 06:00:00 GMT+2
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2002/10/06 06:15:00 GMT+2
Dice Aznar que Ibarretxe quiere llevarnos por el camino de los Balcanes.
¡Qué comparación tan mal traída! Según la versión oficial, el desastre de Yugoslavia lo provocaron las autoridades del Estado central, que no se avinieron a aceptar las aspiraciones de las minorías nacionales.
Establecida la comparación -que es cosa de Aznar, no mía-, a Ibarretxe no le podría corresponder en ningún caso hacer de Milosevic. Ese papel sólo podría representarlo quien tiene en sus manos las riendas del Estado. O sea, el propio Aznar.
Asegura que él no está dispuesto a tolerar ningún afán disgregador.
Es exactamente eso lo que proclamó Milosevic. Con el resultado conocido.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/06 06:15:00 GMT+2
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2002/10/06 06:00:00 GMT+2
Jugábamos ayer por la tarde al dominó bajo el suave sol de Aigües y quiso la fortuna que una partida que tenía ya prácticamente perdida -estaba ya a un solo punto del abismo- se me arreglara por entero: cerré cinco veces seguidas y gané.
La verdad es que fue un desperdicio de victoria. El tiempo era tan bueno y estaba tan bonito el valle que no me hubiera importado nada la derrota.
Charo bromeó lamentándose de haber sentido lástima por mí cuando iba perdiendo. Echó mano de su inagotable repertorio de refranes montañeses:
-¡Por la pena entra la peste!
Me pareció genial. Todo un tratado de filosofía del combate en una sola reflexión. Clausewitz redivivo no lo habría explicado mejor.
Le conté que yo había aprendido ese mismo principio de un cuento de Lu Sin, el novelista chino de comienzos del pasado siglo. El cuento, llamado El perro en el agua, relata cómo un perro rabioso entra en un pueblo costero aterrorizando a los vecinos. Varios se ponen de acuerdo, se arman de palos y salen a por él. Lo persiguen a estacazos hasta conseguir acorralarlo en el muelle. Al final, el perro cae al agua. Un paisano baja las escaleras para seguir pegando al bicho, pero los otros le afean su comportamiento: «¡Déjalo, no seas cruel! ¡Si se está ahogando!». Y se van. El perro, a trancas y barrancas, consigue acercarse a las escaleras. Sube, regresa al pueblo y muerde a una niña.
¿Conclusión? Hay que pegar al perro en el agua.
Charo no llegó a enterarse de la moraleja porque mis largos exordios le exceden -son ya muchos años- y prefirió irse a regar los árboles del camino.
De todos modos, tampoco necesitaba darse una excursión por China para enterarse de lo que había aprendido muy bien en su Reinosa natal.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (6 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 16 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/06 06:00:00 GMT+2
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2002/10/05 07:00:00 GMT+2
Dice Aznar que la polémica sobre el homenaje a la bandera bicolor que se ha inventado para los miércoles finales de mes demuestra que en España hay gente «acomplejada».
Esto de los complejos -cosa freudiana- remite a la infancia.
Y a la infancia me voy a referir. A la mía, en concreto.
Desde muy niño, la bandera roja y gualda simbolizó para mí la asfixiante opresión del régimen de Franco. Me contaron mis hermanos mayores que, antes de la llegada del dictador, el Estado español tenía otra bandera que los republicanos habían hecho suya para mostrar su rechazo por la enseña bicolor, que identificaban con otra opresión anterior: la monárquica. Eso me contaron, y nada de lo que pude ver -y vivir- a continuación me hizo cambiar de criterio. En efecto, todo lo que se me aparecía con esa bandera por delante -con la grata excepción de los estancos- era signo de imposición, violencia y represión.
Considerada esa experiencia, tal vez pueda entenderse que no me hiciera nada feliz que, una vez reinstaurado el régimen parlamentario, el Estado español decidiera mantener la misma bandera impuesta por Franco, por mucho que le cambiaran el escudo.
Con el paso del tiempo, me pasa con esa bandera como con la Monarquía. No creo que constituya una prioridad cambiarlas -más que nada porque no hay demasiado ambiente-, pero nadie puede pedirme que las aprecie. Estoy en mi perfecto derecho de verlas no ya sin amor, sino incluso con muy viva antipatía. ¿Con complejos? No sé. Con traumas, desde luego.
Doy por hecho que Aznar no entiende nada de eso. Tampoco tuvo una infancia como la mía. En la suya seguro que no hubo lugar para los complejos. Sólo para los simples.
Fíjense ustedes, de todos modos, en que he desarrollado mi argumentación sin referirme ni una sola vez a Euskadi.
Lo haré ahora.
La pasada semana, el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, afirmó que la ikurriña es «un símbolo de ETA». Por la brava. Sin cortarse un pelo.
Yo no soy muy dado a las querellas criminales -tengo otras ocupaciones-, pero recomendaría a las autoridades vascas que se ojearan el Código Penal, se leyeran el artículo 543, en el que se habla de los ultrajes y ofensas a los símbolos del Estado y de las comunidades autónomas, comprobaran que lo dicho por Juaristi está incurso en el delito que en él se tipifica e interpusieran la acción legal correspondiente.
Tampoco estaría de más que simultáneamente los diputados vascos exigieran del Gobierno central la destitución de ese señor tan desagradable.
En la línea de exigir respeto a los símbolos.
En plan moderno. Sin complejos.
Javier Ortiz. El Mundo (5 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 1 de abril de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/05 07:00:00 GMT+2
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2002/10/05 06:00:00 GMT+2
Una joven lectora me escribe bromeando con el título de mi Diario: dice que ella, a sus 21 años, prefiere no considerarse resentida, porque aspira a llegar a los 50 sin demasiadas tentaciones de largarse al otro barrio.
Me cuentan que la web de Falange Española aporta una interpretación bastante menos filosófica de mi resentimiento: lo atribuye, al parecer, a que hubiera deseado llegar más lejos en el staff del «órgano del Gobierno del PP», pero me he tenido que conformar con el puesto de subdirector. (Éstos sí que están bien informados).
Anécdotas al margen, es verdad que ha sido bastante la gente que me ha escrito a lo largo de los 26 meses de presencia de este Diario en la red para pedirme que aclare el porqué de mi resentimiento confeso.
Vamos a ello.
Quizá lo primero que haga falta es aclarar que «resentido» no es sinónimo de «amargado». No me siento nada descontento de cómo me viene tratando la vida. En ningún sentido.
No, desde luego, en el privado. Sin pretender haber alcanzado cotas excelsas en los típicos tópicos, he de reconocer que hasta ahora he gozado de la suficiente salud (algo achacosa en los últimos años, pero suficiente), he tenido casi siempre el dinero necesario para arreglármelas (unas veces peor y otras mejor) y he recibido (y recibo) dosis de amor bastante satisfactorias. Por completar los tópicos: he tenido descendencia, he escrito un puñado de libros y he plantado un buen número de árboles.
Tampoco puedo quejarme –y no lo hago– de cómo me ha ido en el terreno profesional: dedicado a la escritura, hace años que no tengo problemas para publicar en espacios de prestancia y, si bien es cierto que no he llegado a puestos del máximo relumbrón dentro del mundo del periodismo, también lo es que no los he pretendido, e incluso –ocasionalmente– los he rechazado. No soy un escritor superfamoso, pero tampoco veo por qué habría de serlo: ni lo que escribo es particularmente notable ni las ideas que difundo son como para suscitar el entusiasmo de las masas.
Puesto a no tener motivos de amargura, tampoco me amarga particularmente la marcha seguida por la Historia. No voy a pretender que desde mi más tierna infancia supiera todo lo que iba a ocurrir en el universo mundo –lo contrario se aproximaría bastante más a la verdad–, pero sí puedo decir que, por las razones que sean, siempre he sentido una fuerte atracción por lo que yo llamo realismo (que es lo mismo que la mayoría de los demás mortales suelen llamar pesimismo), lo que me ha capacitado para encajar con notable naturalidad los sucesivos desastres que han jalonado los últimos decenios. A decir verdad, no me han extrañado un pijo.
Entonces, ¿en qué sentido me declaro resentido? Muy sencillo: en el de alguien que conserva relativamente intacta su capacidad de indignación y que descubre motivos de queja en casi todo lo que procede de los poderes públicos y privados.
Tal vez debería haber escogido otro título para estos apuntes. ¿Diario de un cascarrabias hubiera sido más exacto? No sé, pero me sigue gustando lo de «social». Pone menos el acento en mi carácter.
Que, por lo demás, y aunque me esté mal decirlo, es magnífico.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de octubre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 6 de octubre de 2009.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/10/05 06:00:00 GMT+2
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