2002/12/13 06:00:00 GMT+1
Dice Fraga a propósito de la marea negra del Prestige lo mismo que dijera hace tres décadas su mentor Franco cuando el almirante Carrero subió a los cielos: «No hay mal que por bien no venga». Creo que él -me refiero a Fraga- trataba de referirse a las mejoras que va a experimentar la legislación europea tras la severa lección contaminante de Galicia.
No me atrevería yo a manifestar tal optimismo, ciertamente, pero sí admito haber indagado en la tragedia gallega a la búsqueda de algunas posibilidades de hacer, por lo menos, de la necesidad virtud.
Y se me ha ocurrido que el primer filón que cabría explotar es el de la fotografía demagógica.
Fue Su Majestad el Rey quien llamó la atención sobre la existencia de esa modalidad fotográfica. «Que no se hagan fotografías demagógicas», exigió el monarca durante su visita -muy breve, pero intensísima, supongo- a la zona del desastre.
Como Don Juan Carlos es el Jefe del Estado, y las Fuerzas de Seguridad son del Estado -mientras el PP no las privatice-, es lógico que éstas se pusieran de inmediato manos a la obra para cumplir las instrucciones del mando y evitar que alguien hiciera fotografías demagógicas. Pero, claro, no resulta fácil saber si una foto es o no es demagógica antes de verla -en rigor, tampoco es demasiado fácil saberlo después de verla-, de modo y manera que las FSE optaron por cortar las alas a todos los especímenes con cámara que merodeaban por el litoral. Tengo el testimonio de varios fotógrafos que fueron enérgicamente expulsados de la zona costera «por su propia seguridad» -un simpático homenaje a Don Corleone, supongo- y hasta me sé de uno al que la Guardia Civil del Mar le tiró la cámara digital al pastoso océano, no fuera a ser que hubiera hecho alguna fotografía demagógica, incluso sin ser consciente de ello. Un detalle.
Se equivocó el Rey. Admitámoslo: hasta la mejor pluma tiene un Borbón.
Hizo muy mal el monarca emprendiéndola tan radicalmente contra las fotografías demagógicas. Me da que no pensó que, asomando en el horizonte los malos tiempos que se aproximan, Galicia tendrá que derrochar imaginación productiva y sacar provecho y economía de cualquier cosa. Hasta de las fotografías demagógicas, si se puede.
Lo mismo hay quien las compra a buen precio. O quien paga una pasta para que le dejen hacerlas.
Peces embreados. Aves de luto. Rocas cubiertas de negro engrudo. Políticos que se declaran prestos a bañarse «igual que en Palomares». Y delante, los turistas con la cámara. Como en un safari fotográfico.
No sé. Digo yo que de algo habrán de vivir por allí hasta que elijan un gobierno en condiciones.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/13 06:00:00 GMT+1
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2002/12/12 06:00:00 GMT+1
Ya tuvimos ocasión de escuchar hace unos días la doctrina de José María Aznar sobre el papel que deben tener las Fuerzas Armadas españolas en caso de desastre colectivo: según él, deben encargarse de aquellas funciones que los voluntarios no acierten a resolver. O sea, que el Ejército, de entrada, en posición de liberal, y hasta de fisiócrata: laissez faire, laissez passer. De mirón. ¿Que el personal no acaba de apañárselas por su cuenta y riesgo? Entonces sí; entonces interviene. En plan auxiliar.
He escrito que quieren que la gente se las apañe «por su cuenta y riesgo».
Por su riesgo, desde luego. Ya ha habido un buen puñado de voluntarios que han tenido que ser atendidos de diversas afecciones provocadas por el hecho de que las mascarillas que les están proporcionando son tan baratas como inadecuadas: no filtran los gases que emanan del fuel. También ha habido varios casos de caídas por las rocas (uno relativamente grave, parece, en las Cíes).
Pero he escrito que pretenden también que la ciudadanía se las apañe «por su cuenta». Y lo peor es que está resultando tal cual, literalmente.
De veras que lo he visto y no podía creérmelo: ¡pretenden que la lucha contra el desastre de Galicia se financie, al menos en parte, gracias a la caridad espontánea del personal! Han abierto un puñado de cuentas corrientes en unos y otros bancos y no paran de invitar a la ciudadanía a meter dinero, para mostrar su solidaridad.
¡Habrase visto caradura! ¿Pero esto que es? ¿Ruanda, Somalia? ¿El Domund? ¿No tenemos aquí un Estado que nos cobra un pastón todos los años, vía IRPF -y vía tasas y exacciones de toda suerte-, para llenar unas arcas que se supone que tienen que servir para cubrir los gastos colectivos que se impongan?
He escuchado por la radio al representante de una Cofradía: «Ese dinero nos puede venir muy bien, porque se nos están acabando las mascarillas, y los monos blancos...». ¡Toma ya! ¿Qué se supone, que el personal de a pie tiene que poner los voluntarios y, además, pagarles el equipamiento?
Llevo años ejerciendo de contribuyente ejemplar. Pago hasta el último céntimo que me corresponde. Mi agente fiscal -pobrecilla- ya no se toma el trabajo de preguntarme si voy a tratar de escaquearme en algo. Sabe que soy inmaculado: lo declaro todo. La Agencia Tributaria también lo sabe: ha investigado mis cuentas en varios ejercicios -prefiero no imaginar por qué- y las dos veces que creyó haberme cogido en falta tuvo que envainarse sus acusaciones.
Pero lo declaro en este punto solemnemente: como me convenzan de que mi dinero no vale para las buenas causas, porque las buenas causas deberán finalmente financiarse a cuenta de la caridad, dejo de pagarles un euro más y les digo que se metan el impresito correspondiente por donde les quepa. Que uno puede ser imbécil, pero no tanto.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/12 06:00:00 GMT+1
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2002/12/11 06:00:00 GMT+1
Estoy en Albacete. Ayer por la tarde pronuncié una conferencia sobre La Prensa contra Palestina: la manipulación informativa de los grandes medios de comunicación a favor del Estado sionista y en contra de los árabes del Oriente Próximo. Mucho público y muy animado.
Antes había dado un breve paseo por la ciudad.
Me topé con un acto público en una céntrica plaza. Un centenar de personas, muchas de ellas con velitas encendidas.
Me acerqué. Pronto vi de qué iba la cosa: Amnistía Internacional conmemoraba el aniversario de la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Me quedé a ver de qué iba la celebración.
A los cinco minutos estaba con las válvulas de mi indignación a pleno rendimiento.
El acto consistía en una sucesión de intervenciones de niños y niñas en un estrado. Se iban pasando el micrófono, focos y cámaras de televisión por delante, e iban leyendo los folios que les habían asignado. El uno hablaba de la opresión de las mujeres en África, la otra condenaba la utilización de la tortura en tal o cual país asiático... No había más que escuchar sus recitados monocordes para darse cuenta de que las pobres criaturas apenas entendían el sentido de los textos, pasablemente pedantones. Y no había más que verles la cara para comprender que su mente no estaba ni en África, ni en Asia, ni en América Latina, sino allí mismo, arrobada por las luces, las cámaras y el público.
Me parece intolerable esa utilización de la chiquillería. Me indigna que sobornen a los críos y las crías con un pedazo de notoriedad para incitarlos a decir cosas con las que es imposible que sepan si están o no de acuerdo, porque no se encuentran en condiciones de entenderlas.
A los niños y las niñas hay que enseñarles a pensar, a razonar, a preguntarse el porqué de las cosas y a buscar las respuestas, no ponerles en un papel el resultado de un razonamiento ajeno y engatusarlos para que lo reciten como papagayos delante de una cámara.
Me acerqué al grupo de las criaturas para ver de qué hablaban entre sí. «A mí me queda menos vela y menos fuego», decía la una. «¡A ver quién tiene la llama más grande!», proponía el otro.
Cuento con muy buenos amigos y amigas en Amnistía Internacional. Voy a pedirles que adviertan a sus organizaciones locales contra estas prácticas basadas en la utilización de la infancia. Porque son bochornosas, por muy nobles que sean los fines. Y que sea precisamente Amnistía Internacional quien recurra a ellas...
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/11 06:00:00 GMT+1
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2002/12/10 06:00:00 GMT+1
La gran dificultad del combate ecologista reside en que la mayor parte de las veces convoca a la lucha contra males terribles, pero invisibles.
Si alguien te tira un ladrillo a la cabeza, montas en cólera. Si te arrea un bofetón, a lo mejor –o a lo peor– te animas y se lo devuelves. Pero si te bombardea con radiaciones, no le dices nada, porque no te enteras. Y si te envenena con pesticidas, igual. Y si va matando poco a poco el mar a tus espaldas con vertidos industriales o con capturas abusivas, pues lo mismo.
Ya se sabe: ojos que no ven, corazón que no siente.
Algunos venimos denunciando desde hace años la situación de la marina mercante internacional. Es un disparate. Son un disparate las llamadas banderas de conveniencia, eufemismo que tapa las escasas vergüenzas de los paraísos fiscales que amparan legalmente la navegación de buques que no reúnen ninguna condición: cascos que no se aguantan, medios de seguridad que nadie ha puesto a prueba desde el pasado siglo, armadores que apestan a 10 kilómetros, oficiales de fortuna, tripulaciones sin cualificación ni papeles...
Es el neoliberalismo flotante. Hasta que los barcos naufragan, por supuesto. Entonces es el neoliberalismo hundido. Como el Prestige.
Lo único que me alivia del hundimiento del Prestige –espero que ustedes me entiendan– es que el fuel se ve. No es como la radioactividad, ni como el CO2, ni como las partículas de mercurio en el agua. El fuel lo deja todo hecho un asco y expande un olor hediondo.
El fuel promueve la indignación, y la búsqueda de culpables, y la exigencia de responsabilidades.
Los gobernantes de nuestro tiempo están acostumbrados a disimular su desenvoltura de aprovechados y su desinterés real por la colectividad detrás de una nube de palabras altisonantes. Ante desastres lejanos (Bruselas, FMI, Wall Street) repletos de referencias abstractas e inasibles para el común de los mortales (diferencial de inflación, tasa de gasto público, PIB), sus tácticas de distracción suelen surtir efecto. Se desprestigian, sin duda, pero muy lentamente.
El Gobierno del PP ha querido camuflar su racanería en la lucha contra la marea negra del Prestige -racanería doble: en el gasto de medios materiales y en la inversión de esfuerzos personales– perorando sobre el asunto cual si estuviera refiriéndose a la disminución de dos décimas en la tasa de crecimiento.
Mucha gente no sabe qué le va en lo de las dos décimas. El fuel es otra cosa. El fuel es visible. Ensucia y hiede. El fuel es una bofetada en la cara.
En esta ocasión les va a costar mucho lavarse las manos.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (10 de diciembre de 2002) y El Mundo (11 de diciembre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 2 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/10 06:00:00 GMT+1
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2002/12/09 06:00:00 GMT+1
Galvano della Volpe, estudioso marxista que gozó de notable predicamento en la Europa de los sesenta, escribió por entonces un ensayo titulado Lo verosímil fílmico que me llamó bastante la atención cuando lo leí (*). Hablaba en él de cómo el gran público acepta en el cine situaciones que no admitiría en la vida real, sea por razones de lógica, sea por reparos ideológicos.
El cine posee una fascinante capacidad para manipular conciencias y sentimientos. Puede hacer que gente que en la vida normal se muestra recalcitrantemente incapaz de admitir la homosexualidad, por ejemplo, se emocione y solidarice con las penas de amor de un homosexual. En 10, Blake Edwards se permitió la humorada de conseguir que el público empiece choteándose de un maricón y acabe echando lagrimitas de complicidad para con su causa. En Los lunes al sol, Fernando León de Aranoa despierta en espectadores perfectamente convencionales -jueces incluidos- una corriente de irresistible ternura hacia personajes que incurren en actitudes tipificadas en el Código Penal.
Fuera del cine, los mandarían a la cárcel; dentro del cine, los aplauden.
Ésta es una reflexión que probablemente resulte a muchos un tanto tópica -para mí lo es-, y no hubiera recurrido a ella de no ser porque me he dado cuenta de que es ampliable a muchos otros campos y actividades que manejan sentimientos.
El de la canción, por ejemplo.
Estaba escuchando hace un rato una versión bilingüe del archifamoso Spanish Eyes. El cantante suelta: «Tú, sólo tú, / has enseñado a mi alma tu querer...». Y la gente canta eso, y se queda tan ancha, y hasta dice: «¡Qué bonito!». Pero, ¡habrase visto mamonada semejante! ¿Quién diablos podía enseñar su querer sino ella?
Se pasa por encima de las incongruencias de las letras, por absurdas y estrafalarias que sean, y hasta se toman -eso es lo peor- como cosas profundas. La de veces que habré escuchado el No me importa nada de Luz Casal. Hasta hace unos días, que me puse a analizar la letra según la escuchaba en la radio, no me di cuenta de que es de una gilipollez supina.
La reproduzco:
«Tú juegas a quererme
»Yo juego a que te creas que te quiero / buscando una coartada / me das una pasión que yo no espero
»Y no me importa nada
»Tú juegas a engañarme / yo juego a que te creas que te creo / escucho tus bobadas / acerca del amor y del deseo
»Y no me importa nada, nada / que rías o que sueñes / que digas o que hagas
»Y no me importa nada / por mucho que me empeñe
»Estoy jugando y no me importa nada
»Tú juegas a tenerme / yo juego a que te creas que me tienes / serena y confiada / invento las palabras que te hieren
»Y no me importa nada
»Tú juegas a olvidarme / yo juego a que te creas que me importa
»Conozco la jugada / sé manejarme en las distancias cortas
»Y no me importa nada, nada / que rías o que sueñes / que digas o que hagas
»Y no me importa nada / por mucho que me empeñe / que digas o que hagas / y no me importa nada
»Y no me importa nada / que rías o que sueñes / que digas o que hagas / y no me importa nada / que tomes o que dejes / que vengas o que vayas
»Y no me importa nada / que subas o que bajes / que entres o que salgas / y no me importa nada.»
¿De qué va la cosa? ¿Es la descripción de un caso psiquiátrico? Si no le importa nada, ¿por qué hace tantas cosas, y tan raras? ¿Le gusta chinchar al tipo y, ya de paso, chincharse ella también? ¿No haría mejor en aplicar todo ese esfuerzo a alguien que le importe algo?
Misterio. Pero más misterio es que, cuando la chica en cuestión se pone a cantar este galimatías en una de sus actuaciones en directo, el público saca los encendedores del bolsillo, prende cientos de llamas y adopta un aire de complicidad mística, cual si se tratara de un himno o cosa semejante.
«Serena y confiada, invento las palabras que te hieren». ¡Tócate las narices!
Estoy seguro de que la inmensa mayoría de los y las presentes, si se toparan en la vida real con una tipa que se comportara así, dirían que es una madlita hija de puta. Pero, a la hora de la música, encienden el mechero y ponen cara de arrobo.
Lo verosímil musical, habría que llamar a eso.
-------------
(*) Lógico: difícilmente podría haberme llamado la atención antes de haberlo leído. Me he dado cuenta de que había metido ese latiguillo perfectamente chorra, pero he optado por dejarlo para que mis propios pecados os sirvan de escarmiento. ¡Ojo a las obviedades y perifollos inútiles, como esa manía, tan extendida, de decir, cuando se está relatando una historia: «Y, en un momento dado...». En un momento dado ocurre absolutamente todo: nada sucede fuera del tiempo. O el otro vicio à la mode: «Pero, sin embargo...».
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (9 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 2 de enero de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/09 06:00:00 GMT+1
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2002/12/08 06:00:00 GMT+1
Canal 9, televisión pública valenciana. Noticias de las 21 horas del sábado 7 de diciembre. Arranque: «El Ebro ha arrojado al mar en los dos últimos días una cantidad de agua equivalente a la que la Comunidad Valenciana necesitaría para resolver sus problemas hidrológicos de todo un año». A continuación, y tras entrar en el detalle de la cantidad -algo así como 300.000 hectolitros, me pareció entender- e insistir en el despilfarro que supone dejar que toda esa agua se pierda en el Mediterráneo, entrevistan a media decena de mendas que hablan de lo importante que es la solidaridad interterritorial, como la que se está proporcionando a Galicia ahora mismo, y cómo no tiene sentido que alguien quiera quedarse para sí lo que finalmente no puede utilizar. Ni una sola voz discordante.
A lo que cabe presentar dos grandes objeciones. Dos objeciones de principio. Descalificadoras.
La primera: eso no es ninguna noticia. Eso es, como mucho, una reflexión. Un editorial. Empezar un teórico noticiario con un mitin político y sectario, que no deja margen alguno para las opiniones contrarias, representa no sólo un atentado a las normas más elementales de la profesión periodística, sino también, y sobre todo, una muestra escandalosa de desprecio hacia la audiencia.
Segunda objeción: eso no sólo es una opinión, sino que además es una opinión demagógica, que toma por idiota al que la oye. Da igual lo que el Ebro haya vertido en el Mediterráneo en el curso de los dos últimos días, porque ningún sistema de trasvase hubiera permitido llevar hasta la Comunidad Valenciana toda esa cantidad de agua en ese plazo. Sin contar con que, una vez llegada a destino, no creo que hubieran tenido dónde embalsarla.
Lo que la Generalitat valenciana reclama es un desvío sistemático de una parte del caudal del Ebro, no una reconducción esporádica de las eventuales crecidas del río. Teniendo esto en cuenta, todo el presunto razonamiento del mitin sedicentemente solidario se queda en el terreno de la pura patraña.
Uno lo ha visto -y oído, y leído- casi todo. Pero uno -o sea, yo- sigue todavía sin estar curado de espanto.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (8 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/08 06:00:00 GMT+1
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2002/12/07 06:00:00 GMT+1
¿Recordáis -los que tengáis edad para ello- el tramo final de Felipe González como jefe del Gobierno? Desabrido, irritable, incapaz de sonreír sino como mueca de sarcasmo, antipático hasta extremos verdaderamente desagradables.
A su modo, Aznar está en las mismas. Su intervención de ayer en el Congreso de los Diputados fue antológica. Lo de menos es que le diera plantón a Rodríguez Zapatero recurriendo a una añagaza. Incluso cabría dejar a beneficio de inventario que acusara al secretario general del PSOE de haber sido él el culpable del desencuentro. Lo que chirrió al máximo fue su explicación. En un tono patibulario, malencarado, dio a entender que los socialistas habían desdeñado la reunión porque «la situación es de ligera mejoría, dentro de lo que significa (?) la catástrofe, y dudo mucho que esa información pueda interesarles». Y, por si alguien no hubiera captado la idea, se explayó en ella, acusando al PSOE sin apenas disimulo de desear que el desastre económico y medioambiental fuera a más para mejor soliviantar a la gente contra su Gobierno. Sólo le faltó decir que daba traslado del conjunto de los datos al fiscal general del Estado, por si la actuación del PSOE pudiera ser constitutiva de delito.
González se expresaba en términos de semejante escozor, ya digo. Pero la situación era francamente diferente. Tenía enfrente a una oposición política y mediática de una agresividad tremenda, que le negaba el pan y la sal día tras día y se mostraba militantemente dispuesta a llevarlo a la cárcel en cuanto tuviera la más mínima posibilidad y los jueces fieles a su poder flaquearan en su labor de coraza protectora. Estaba sometido a un asedio de mil pares. Merecido, pero de mil pares.
En cambio Aznar se pone de los nervios ante una oposición que parece educada en Versalles, que dice amén a todas sus opciones políticas fundamentales, que sólo critica pijadicas accesorias y que se pirria por un buen puñado de consensos.
Si este personajillo se pone así sólo porque le tosen un poco, ¿de qué no sería capaz si realmente le zurraran la badana como se merece? Prefiero no imaginarlo.
Miento: prefiero no decirlo. Porque imaginármelo, me lo imagino.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (7 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/07 06:00:00 GMT+1
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2002/12/06 06:00:00 GMT+1
La Xunta de Galicia ha decido asumir unilateralmente la coordinación de los trabajos de lucha contra la marea negra, arrebatando al Gobierno central las competencias correspondientes. Tiene suerte Fraga. Eso lo hace Ibarretxe y lo crucifican. Aunque no: lo mismo le envían el Ejército, que es lo que han estado pidiendo los gallegos desde que se inició el desastre.
Trillo dice ahora que no va a mandar más tropa porque, como han mejorado los vientos, «ya no hace falta». El lapsus es evidente: está admitiendo que antes sí hubiera sido necesaria. Y envió sólo a un puñado de soldados, sin apenas material.
El hecho es que este fin de semana van a trabajar en las costas gallegas 3.000 voluntarios. ¿Debemos entender que hacen falta voluntarios, pero no soldados?
Tienen una singular concepción del Estado. Organizan un despliegue impresionante para hacerse con el control de un peñasco en la costa de Marruecos... y se quedan zozobrando en un mar de dudas hamletianas ante la posibilidad de dedicar las Fuerzas Armadas a algo socialmente útil.
Escuché el otro día decir a no sé qué autoridad que España no puede permitirse contar con barcos especializados en la absorción de hidrocarburos vertidos al mar porque «son muy caros, y no vamos a tenerlos parados años y más años esperando a ver si ocurre algo». Dejemos de lado el hecho de que, desgraciadamente, no tendrían por qué estar parados «años y más años» y quedémonos con el principio: al parecer, no podríamos permitirnos ese «despilfarro».¿Y qué son los aviones de la Fuerza Aérea sino aparatos carísimos que están ahí «años y más años» sin hacer nada «esperando a ver si ocurre algo»? He leído que, sólo con el dinero invertido en un caza que se estrelló recientemente durante unos ejercicios de entrenamiento, se hubieran podido comprar varios barcos de ésos de precio supuestamente «imposible».
Se dice que un criterio rector del neoliberalismo imperante es disminuir al máximo la intervención del Estado. «Menos Estado». Pero no es verdad. Nuestros gobernantes son partidarios solamente de disminuir la intervención social del Estado. La parte útil de su actividad. ¿Para qué enviar a chapotear en el fuel a los soldados profesionales, que no paran de quejarse y que se dan de baja a las primeras de cambio, si se puede lograr que se traguen el marrón -el negro- unos cuantos miles de voluntarios que además no cobran nada?
En eso sí vale la pena ahorrar. Y en ayuda al Tercer Mundo. Y en atención a los viejecitos. Para todas esas partidas, voluntariado, y cuanto más mejor. Y métodos artesanales, y chapucería a espuertas.
Pero mis aviones supersónicos, y mis carros de combate -comprados o de alquiler-, y mi férrea seguridad personal, y los privilegios de mi amada Iglesia, y mi sueldo... eso que no me lo toquen. Que para eso está el Estado.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (6 de diciembre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 29 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/06 06:00:00 GMT+1
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2002/12/05 06:00:00 GMT+1

¿Hasta cuándo, Rouco, vas a abusar de nuestra paciencia?
Ahí tienes a tus predecesores a justo título, brazo en alto, salve romana, fascio con sotana, báculo de marfil y cruz de pedrería al cuello.
¿Dónde vuestro arrepentimiento? ¿Dónde vuestros golpes de pecho?
Sigo a la espera de oírte decir: «Fuimos fascistas, qué horror», «Bendijimos el crimen», «Lavamos con agua bendita el terrorismo de Franco», «Regalamos absoluciones a los torturadores», «Peor: los alentamos para que prosiguieran su inmunda tarea», «Les dijimos que robaban y mataban por la Gracia de Dios».
Ahora musitas en voz baja, para uso de amigos, que te preocupan las ambigüedades del clero vasco. Y promueves documentos para que los dueños de tu aldea no te reprochen connivencia alguna.
En los años sesenta, en los setenta, una parte de los curas vascos se pusieron del lado de la oposición antifranquista. A riesgo de su propia integridad, más de una vez. Lo mismo hizo un sector considerable de la curia catalana. ¿Dónde estabas tú, Rouco? ¿Negociando con Escrivá tu prometedora carrera de correveidile?
El Poder mataba, el Poder torturaba, el Poder robaba... y tú sonreías, beatífico.
¡Oh, no, nadie podrá acusarte jamás de ambigüedad! Siempre estuviste con los que estás: con los que mandan. En todas las fosas sépticas, los trozos mayores ascendéis siempre a lo más alto.
El clero vasco no es ambiguo, cardenal prelado. El clero vasco es -eso sí, sin duda- contradictorio. Hay en él quienes se preocupan por los problemas reales de la gente que sufre, y quienes van, como tú, a lo suyo. Quienes aceptan con resignación que les peguen todos los sopapos en la misma mejilla, porque no tienen siquiera tiempo de poner la otra, y quienes le ríen la gracia a quien los pega.
Pero, ¿con qué autoridad tratas de dar a nadie lecciones de democracia, de tolerancia, de libre pensamiento?
Cállate, Rouco. Calla. No vale la pena que nos demuestres tan a las claras que, como todos los dueños, tienes alma de esclavo.
Javier Ortiz. Diario de un resentido social (5 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 29 de diciembre de 2017.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/05 06:00:00 GMT+1
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2002/12/04 07:00:00 GMT+1
He estado tomando nota de lo mucho que se ha dicho y escrito estos días sobre -contra- la última pastoral del obispo de San Sebastián. Ha merecido general repulsa que monseñor Uriarte afirme que el documento aprobado el 22 de noviembre por la Conferencia Episcopal Española «no es moralmente vinculante» para los católicos.
Si antes de empezar a echar sapos y culebras nuestros voluntariosos censores se hubieran informado un poco, se habrían enterado de que Uriarte se limitó a señalar un hecho objetivo. Sólo hay dos modos por los que un documento episcopal colectivo pueda convertirse en doctrinalmente vinculante para la feligresía: que sea aprobado por unanimidad o que, suscrito por una mayoría cualificada, reciba el respaldo del Vaticano. No reuniendo ninguna de las dos condiciones, el manifiesto en cuestión no es vinculante. Porque no lo es, sin más.
Mucha gente ignora el trasfondo de esta polémica. El problema surgió porque la cúpula católica española se empeñó en sacar adelante un escrito que, amén de relacionar de modo confuso los nacionalismos periféricos con el terrorismo, se opone al derecho de autodeterminación, afirmando que tal principio sólo tiene encaje dentro de los procesos de descolonización del Tercer Mundo. Los obispos vascos y catalanes se opusieron.
La corriente mayoritaria del obispado español ha hecho bien en no someter su tesis a la consideración del Vaticano. Sobre todo porque choca de frente con las posiciones asumidas una y otra vez por el actual Papa. Por ejemplo, en su discurso ante la 50ª Asamblea General de las Naciones Unidas, en el que defendió el derecho de autodeterminación de los pueblos como fórmula idónea para abordar los problemas históricos de integración nacional... en Europa.
El Vaticano ha respaldado los procesos independentistas de los países bálticos, ha aprobado la partición de Checoslovaquia y apoya a la Iglesia de Irlanda, también favorable a la autodeterminación. Ni colonialismo ni Tercer Mundo. Hic et nunc.
Cabe preguntarse a cuento de qué se mete la mayoría episcopal española a elaborar doctrina política. ¿Para quedar bien con el Gobierno que le da todo lo que pide y le tapa cuanto agujero y descosido tributario amenaza con rasgarle las vestiduras? Tal vez, pero no sólo. También lo hace porque está recibiendo informes muy alarmantes que dan cuenta de una vertiginosa desafección de los fieles. En los últimos cuatro años -los datos cantan-, las misas dominicales se están vaciando de público. Los seminarios ya sólo abundan en telarañas. Rouco y sus hermanos han llegado a la conclusión de que «eso de la Iglesia vasca» tiene buena parte de la culpa, y se han lanzado al combate, Santiago y cierra España.
Me da que hacen mal en simplificar. El fenómeno es más amplio y más complejo. Tiene más que ver con el hecho de que, finalmente, esta sociedad se está haciendo laica. Gracias a Dios.
Javier Ortiz. El Mundo (4 de diciembre de 2002). Basado en el apunte del mismo nombre publicado el mismo día en Diario de un resentido social: De pastorales y pastores. Subido a "Desde Jamaica" el 2 de abril de 2018.
Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/04 07:00:00 GMT+1
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