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2002/12/21 06:00:00 GMT+1

Carta abierta al subcomandante Marcos

Estimado subcomandante Marcos,

He seguido con el mayor interés sus últimos intercambios epistolares referidos a los problemas de mi terruño.

Le diré con sinceridad que su primera misiva me produjo una reacción agridulce: comparto sus antipatías, pero no soy amigo de utilizar para la crítica ni aquello que no es elección de los criticados (el apellido, por ejemplo), ni las enfermedades (¿qué tiene de ridículo el estreñimiento?), ni los oficios (el dignísimo de payaso, sin ir más lejos). Dicho con franqueza: su carta al Aguascalientes de Madrid me pareció innecesariamente discursiva, de escasa utilidad para nuestros propios esfuerzos y, por momentos, hasta caótica.

A cambio, no vi en ella lo que tanto se le ha criticado: respaldo a ETA. Tuvo usted la inteligencia de referirse en exclusiva a la lucha política en pro del derecho de autodeterminación.

Pero una cosa es lo que está escrito y otra lo que cada cual quiere leer.

Disfruté y reí con gusto y sin reticencias, a cambio, leyendo su respuesta a la carta que le remitió Garzón a través de las páginas de El Universal. De esta me gustó —aparte de su festiva recreación de las reglas propias de los duelos— que dejara claro que los problemas de Euskadi deben ser abordados y debatidos entre los actores directos del drama. (Aunque le aseguro que tampoco nos viene nada mal, de vez en cuando, que nos dé su opinión franca la gente honesta que está lo suficientemente lejos de nosotros como para contemplar nuestro bosque sin irse por las ramas.)

Leí luego su carta a ETA, que me pareció oportuna, aunque ya habrá visto el caso que le ha hecho.

Pero lo que me ha animado a mandarle estas líneas no es nada de lo que usted ha escrito, sino algo de lo que le han respondido. Me refiero a la carta remitida por Batasuna al EZLN el pasado 12 de diciembre y que, a no dudar, ya habrá recibido.

En ella, la dirección de Batasuna se esfuerza por explicarles a ustedes cuál es la situación real de Euskadi y qué es lo que verdaderamente defiende su organización.

Le escribo para prevenirle: no le cuentan la verdad.

Es verdad, en líneas generales, lo que le dicen sobre el Estado español y su política represiva.

No es cierto lo que le dicen sobre ellos mismos.

Quizá lo primero que sea necesario desmontar es el esquema ideológico del que parte el escrito de Batasuna.

«Nuestro pueblo nunca ha sido un pueblo belicoso, pero sí un pueblo rebelde», dice.

Queda solemne, y hasta bonito. Pero es una tontería. Lo es, en primer lugar, porque nuestro pueblo no tiene un carácter inmanente, metafísico, que haya perdurado intacto por los siglos de los siglos. Y lo es, en segundo término –y principal, a efectos de utilidad–, porque nuestro pueblo carece de opciones políticas unánimes. Está dividido en clases, grupos de interés, banderías ideológico-políticas... Hay en él gente belicosa y gente rebelde, y hay en él también gente pacífica, y gente sumisa. Hay, en suma, de todo.

Conviene mantenerse a muy prudente distancia de los esencialismos nacionales porque, a nada que uno los descuida, se encuentra con que las esencias etéreas aparecen es escena de la mano de muy terrenales representantes. Batasuna, por ejemplo.

Batasuna no tiene legitimidad para hablar en nombre del pueblo vasco. Puede proclamarse portavoz del porcentaje de la población cuyas simpatías recoge. Un porcentaje que es minoritario, pero importante, en Gipuzkoa (Guipúzcoa), menor, pero aún considerable en Bizkaia (Vizcaya), escaso en Araba (Álava), cada vez menor en Nafarroa (Navarra) e insignificante en Iparralde (País Vasco-Francés).

Espero que entienda por qué me refiero (y critico) los esencialismos. En la medida en que se acepta una determinada caracterización del «ser vasco», se tolera una criba ideológica de la población: de un lado, quienes son verdaderos vascos; del otro, los malos vascos, los vasco-traidores, los españolistas o, directamente, los españoles. La nacionalidad deja de ser un dato que viene dado por hechos objetivos –nacimiento, residencia, trabajo–, para convertirse en un beneficio que se gana reuniendo méritos ideológicos.

Como sé que no le aburre leer, y a mí tampoco escribir, aprovecharé este punto para contarle una anécdota. Era aquello en los primeros años de la década de los sesenta y a éste que suscribe le tocó participar en una discusión política (clandestina, por supuesto) entre nacionalistas vascos radicales y comunistas españolistas. Le aclararé que yo estaba por entonces, teóricamente, entre los nacionalistas radicales. El caso es que se empezó a debatir acaloradamente sobre si Euskadi era (es) una nación o no. Los unos decían que por supuesto que sí, y los otros que no del todo. Me vino entonces a la cabeza un suceso protagonizado en 1902 por un señor ruso sobre un puente de Londres e intervine para decir que, en mi criterio, Euskadi no era una nación, sino dos. Una, la de los poderosos; otra, la de la gente explotada y oprimida. Logré una rara unanimidad de criterios... contra mí. Un joven, que pasados unos años se convertiría en dirigente de ETA, me espetó: «Tú no es que seas españolista. ¡Tú eres español!».

Todavía conservo, como se puede ver, el recuerdo de esa utilización de la nacionalidad como insulto.

Pero volvamos al hilo de la carta de Batasuna.

Le escriben: «Batasuna nunca ha justificado ni fomentado el recurso a la lucha armada».

Vamos a ver. Si lo que tratan de decir es que Batasuna, como organización, a través de sus portavoces o de sus comunicados, nunca ha justificado ni fomentado la actividad de ETA, es cierto. Pero implica una estafa intelectual presentar como definición de principios lo que no es sino un mero artificio defensivo en atención a la legalidad. En Batasuna hay mucha gente que no está de acuerdo con ETA, pero bastante otra que sí. Y la posición de la organización, como tal, se halla más próxima de la actitud de éstos que de la de aquellos. Yo no he visto nunca al servicio de orden de Batasuna reclamar silencio a quienes en sus manifestaciones gritan: «¡ETA, mátalos!». Y supongo que no tratarán de convencernos de que, cuando sus agrupaciones locales organizan homenajes a gente que ha perdido la vida cuando intentaba colocar una bomba, lo hacen sin que ello implique la menor muestra de simpatía.

Batasuna les escribe a ustedes: «Nos negamos a condenar [la violencia de ETA] porque la condena no resuelve el problema político de fondo». Ésa es otra triste falsedad. Téngalo por seguro: se niegan a condenarla porque, sencillamente, a buena parte de ellos les parece bien. Es comprensible que no se atrevan a admitirlo, pero que no eleven la doblez a la categoría de argumento, y menos en una misiva al EZLN.

Le reconozco que ese absurdo según el cual es «inútil» formular condenas porque «no resuelven los problemas de fondo» me enfada particularmente. Me irrita que me tomen por tonto. Sabrá usted, subcomandante –y, si no, se lo cuento–, que Batasuna, al igual que sus muchas antecesoras en el mundo de las siglas, ha funcionado siempre como una fábrica de conferencias de Prensa y comunicados de condena dedicados a todo lo habido y por haber. Aunque nada de ello resolviera ni de lejos «los problemas de fondo».

Queda un último punto de la carta de Batasuna que no quisiera dejar de comentarle. De hecho, es el que ha acabado por decidirme a escribirle.

Me refiero al llamamiento que hace para que se respete el deseo de «la mayoría de los vascos».

Tanto ETA como Batasuna saben de sobra que «la mayoría de los vascos» estamos hasta las narices de que haya quien trate de suplantar al propio pueblo en su lucha por la libertad. De que haya quien se dedique a repartir condenas de muerte y beneficios de vida desde la altura de no se sabe qué habitáculo de las esencias.

La mayoría, la inmensa mayoría del pueblo vasco ha dejado clarísimo que no necesita para nada a este Robin Hood sanguinario, que es destilado de muchísimos rencores –tantos de ellos comprensibles, y hasta obligados–, pero también odiosa excrecencia de las peores místicas mesiánicas, de las que, por desgracia, tanto sabemos los viejos militantes de la izquierda.

Euskadi –la sociedad vasca, que es de lo que se trata– habrá de ser lo que quiera, no lo que quisieran obligarle a ser sus enemigos de toda suerte. Incluidos los osos que la quieren tanto que la están matando con sus abrazos.

Estoy convencido de que comparte mis sentimientos. Sólo he tratado de aportarle algunos puntos de vista complementarios.

Con mi sincera admiración y respeto,

Javier Ortiz

––––––––––––

P.D. Para un más preciso conocimiento de las reglas que deben imperar en los duelos, tal vez le interese –y divierta– la lectura de este sitio de la Red (nota: el enlace no funciona).

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 20 de diciembre de 2009.

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2002/12/20 06:30:00 GMT+1

De lo general a lo particular

Estaba corrigiendo el texto anterior cuando, pensativo, me he asomado a la ventana. De repente, al fondo, en la punta de una obra en construcción, me ha parecido ver que algo se movía. He cogido los prismáticos. Y sí. Se movía... de momento.

Dos trabajadores de la construcción se afanaban en la instalación de un tejado. Bajo la lluvia. A tropecientos metros de altura. Sin la menor protección.

Vallejo lo dejó escrito: «Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza. / ¿Innovar luego el tropo, la metáfora?».

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

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2002/12/20 06:00:00 GMT+1

Más allá del espectáculo

Se quejan los críticos de nuestras sociedades mediáticas de la apabullante primacía que ha logrado entre nosotros el espectáculo. Es cierto que, muy a menudo, las noticias se resaltan o desdeñan en función de su espectacularidad, al margen de su peso y trascendencia reales.

Pero «muy a menudo» no quiere decir siempre. Sucede en ocasiones que tal o cual hecho es llamativo, y hasta interesante, pero apenas recibe atención.

Tomemos el caso del reto que el juez Baltasar Garzón lanzó al subcomandante Marcos el pasado 6 de diciembre mediante carta publicada por el diario mexicano El Universal, en la que desafió al dirigente zapatista a un debate público sobre el problema vasco.

No me digan ustedes que la cosa no tiene lo suyo. ¡Un juez estrella español reta a un guerrillero mexicano a un debate público!

Suma y sigue: Marcos le contesta con una misiva en la que parodia las fórmulas de los duelos decimonónicos, le dice que acepta el reto y, ateniéndose a las reglas de aquellos tragicómicos desafíos, fija el lugar y la hora de la justa.

El conjunto epistolar de este debate merecería los honores del primer plano, así fuera sólo por lo insólito.

La carta de Garzón es, en sí misma, todo un monumento a lo estrafalario: el juez se autocritica por haber simpatizado en el pasado con Marcos -¿alguien había oído hablar de eso?- y, tal vez para compensar tamaño desliz, pone ahora de vuelta y media al subcomandante, reprochándole cosas tan singulares como usar una «ridícula pipa» (sic).

Altisonancias aparte, también el fondo del asunto es del mayor interés. En su aceptación del reto, el subcomandante Marcos formuló una propuesta de debate colectivo sobre los problemas de Euskadi, con participación de todas las partes implicadas. Esa propuesta mereció el inmediato respaldo de firmas de tanto prestigio como las de los escritores José Saramago y Manuel Vázquez Montalbán, y el repudio de otras también muy celebradas, como la de Fernando Savater.

Todo un filón para la polémica, ¿no?

Pues no. El asunto está pasando por completo desapercibido.

Ni siquiera Garzón responde. Tal vez se lo ha pensado mejor y se ha dado cuenta de que, de tener que debatir, tendría que responder cuando se le preguntara por qué hace todavía bien poco puso a caldo ante el Consejo de Europa la legislación antiterrorista y la política penitenciaria españolas, calificándolas de «caldo de cultivo de la tortura».

Tendría que explicar qué es lo que ha cambiado desde entonces: si la realidad o su siempre hollywoodiense política de alianzas.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de diciembre de 2002) y El Mundo (21 de diciembre de 2002). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

Nota: el 21 de diciembre Javier publicó en su diario Carta abierta al subcomandante Marcos.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/20 06:00:00 GMT+1
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2002/12/19 06:00:00 GMT+1

Diálogo para besugos

-Buenos días.

-Buenas tardes.

-Buenas noches.

-Que venía para exigirle que me entregue el informe sobre dónde tiene las armas de destrucción masiva.

-¡Pero si ya le he dicho que mi Ejército no cuenta con armas de destrucción masiva! No puedo entregarle un informe sobre algo que no existe.

-Pues yo tengo una resolución de la ONU que dice que usted me tiene que dar un informe sobre dónde tiene las armas de destrucción masiva. De modo que, si no me lo da, estará desobedeciendo a las Naciones Unidas.

-Yo he entregado el informe que me pidieron, pero no puse dónde tengo las armas de destrucción masiva porque no tengo armas de destrucción masiva.

-Oh, por Dios, no me venga con ésas. Usted cuenta con armas de destrucción masiva. Claro que las tiene.

-¿Y cómo lo sabe?

-Porque tenemos informes que lo dicen.

-Informes ¿de quién?

-Nuestros. Comprenderá que, siendo nuestros, nos merecen total confianza.

-¿Y no dicen sus informes dónde las fabricamos, y dónde las almacenamos?

-No. Precisamente eso es lo que le estamos exigiendo que nos revele, pero usted se niega. Lo cual es gravísimo.

-Pero, si no es que me niegue; es que...

-No me repita que no tiene armas de ésas, porque hace un momento ha reconocido que sí. Usted me ha preguntado si nuestros informes aclaran dónde están. ¡No podríamos saber dónde están si usted no las tuviera! En consecuencia, ha admitido que las tiene.

-¡Pero, no, hombre, no! ¡Lo mío era sólo una pregunta retórica!

-¿Retórica? No sé qué es eso. Pero conozco las armas clóricas. Supongo que será algo por el estilo. Bien, nos vamos acercando. ¿Dónde almacenan las armas retóricas?

-¡Por todos los santos! ¡Está loco!

-De eso nada. Estoy aquí para que me dé los informes que le hemos reclamado, y eso es totalmente razonable. Me manda la ONU, que es la institución mundial más razonable... después de la Casa Blanca, claro, y del Pentágono, y de la CIA, y del FBI, y de la OTAN, y de los rangers de Texas, y de la Guardia Nacional, y de la CNN y del Billboard. Y de la Academia de Hollywood. Y de Disneyworld. Bueno, ya me entiende. Es muy importante, en todo caso.

-Pero, ¿cómo pueden saber todos ustedes tan a ciencia cierta que nosotros tenemos esas armas si los inspectores de la ONU lo han inspeccionado todo y no han encontrado nada? ¿Cómo pueden estar tan seguros de que existen si nadie las ha visto nunca?

-Perdone: verlas, sí que las vimos. Se las entregamos nosotros mismos cuando su guerra contra Irán.

-Pero eso fue hace la tira... Y esas armas estarían caducadas... (Y, tras una pausa: ) ¡Por cierto: ¿me está admitiendo que usted sí que tiene armas de destrucción masiva, y que se dedica a entregarlas a Estados en conflicto?!

-No estamos aquí para hablar de mí, sino de usted. Y usted está empleando todo tipo de tácticas de distracción. De hecho, hace ya un buen rato que estoy bastante distraído. Utiliza usted técnicas envolventes heredadas de los viejos regímenes comunistas. ¡No permitiré que me lave el cerebro!

-¿Quiere mantenerlo sucio?

-¿Eh? ¿De qué habla? Yo no tengo el cerebro sucio. Ni lavado. Lo tengo... En fin, es igual. Dejemos eso. Dejémoslo todo. Me voy a informar de que no me informa, y quede con Dios.

-Será con Alá.

-Bueno, pues quédese usted con Alá, y yo me voy con Dios.

-Pues que les vaya bien a los dos.

-¡Blasfemo!

-¡Capullo!

-¡Buenos días!

-¡Buenas tardes!

-¡Buenas noches!

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/19 06:00:00 GMT+1
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2002/12/18 06:00:00 GMT+1

Collado Villalba: una reflexión

Me toca las narices tener que empezar este género de reflexiones dejando constancia de mi oposición a las acciones sangrientas de ETA. Y me toca las narices porque es verdaderamente irritante -muy irritante, de verdad- que quienes criticamos la política vasca del tandem PP-PSOE nos veamos puestos automáticamente a la defensiva para evitar que se nos clasifique como sospechosos de algún tipo de connivencia con los del coche bomba y el tiro a la barriga. Yo no puedo hablar sino en mi propio nombre pero, en mi representación, digo que mis divergencias con los del Pacto son, precisamente, porque creo que la vía elegida por ellos no conduce al más pronto fin de la violencia asesina.

Así que no me defenderé de esas gilipolleces, por mucho que me las repitan. Que quien tenga algo de lo que acusarme me lo espete en la plaza pública -sin jesuitismos, directamente- y responderé. Y entonces hablaremos de todo. De la falsedad de las complicidades que me achacan y de la verdad probada de las suyas, cómplices de una realidad abyecta, a todas les escalas y en todos los ámbitos.

Entretanto, hablemos de lo sucedido.

De lo sucedido ayer en Collado Villalba se deduce que ETA quiere atentar en Madrid. No sabemos contra quién. No sabemos si con sangre. Llevan un cierto tiempo amagando, al ralentí. ¿Querían repetir en la capital algo como lo de Santander, para demostrar que tienen capacidad para armar una escabechina cuando quieran? En todo caso, está claro que pueden. Convendría que nuestros astutísimos políticos y comunicadores dejaran de insistir en ideas del género «Si no hacen más es porque no pueden» o «Están en una fase agónica». ¿Quieren provocarlos, acaso? ETA no tiene la misma capacidad que en los 80; ya lo sabemos. Pero con la que tiene y va a seguir teniendo en los próximos tiempos puede amargarnos la vida más que de sobra.

Me baso en las informaciones que manejan los propios expertos policiales. Dicen que ETA tiene dinero y armamento suficiente, y afirman que cuenta con una base de varias decenas de militantes activos, reforzable a partir de una cantera de varios cientos de jóvenes. Y admiten la práctica imposibilidad de acabar con esos mínimos en un plazo razonable de tiempo, dada la demostrada capacidad regenerativa de la organización terrorista.

Hay que imaginar el futuro, en consecuencia, a partir de esa realidad. Y contar con ella a la hora de pensar cómo corregirla.

El Gobierno sabe que con su política vamos a seguir igual. ¿Será entonces que quiere que sigamos igual, de Collado Villalba en Collado Villalba, y tiran porque les toca?

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/18 06:00:00 GMT+1
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2002/12/17 06:00:00 GMT+1

El emperador quiere vasallos

Contaron ayer los periódicos que el Pentágono planea embarcarse en una ofensiva psicológica en los países aliados para contener lo que entiende como «una creciente ola de antiamericanismo». Dicen que el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, está preocupado por la falta de un plan civil para influir en la opinión pública mundial y quiere lanzar una guerra propagandística por su cuenta.

Según un documento interno revelado anteayer por The New York Times, el Pentágono se está planteando lanzar una batería de «operaciones de información», tales como pagar a periodistas extranjeros para publicar opiniones favorables a EE.UU. o como contratar empresas de relaciones públicas «para influir en los líderes políticos de los países neutrales y amigos».

Admito que la noticia me ha dejado bastante perplejo. En primer lugar, porque revela que la Administración norteamericana sigue teniendo muy graves problemas de coordinación. Eso que se está planteando el Pentágono lo viene haciendo la CIA desde hace muchas décadas. De hecho, el director de la Central tiene asignada una importante partida presupuestaria de la que no está obligado a rendir cuentas a nadie y que, según han reconocido numerosos exagentes del espionaje norteamericano, se utiliza como fondo de reptiles para conseguir que influyentes periodistas -y políticos, y hasta artistas- giren en la órbita de los intereses de Washington.

De ese modo, el Pentágono y la CIA corren el riesgo de hacerse la competencia tontamente.

Pero el plan de Rumsfeld presenta otro aspecto igualmente chocante. Es curiosísimo que haya autoridades norteamericanas que consideren que en los países que considera «amigos» existe «una creciente ola de antiamericanismo» que pudiera estar alentada por la clase política y los medios de comunicación. Nada más alejado de la realidad. En esos países -ellos suelen citar el ejemplo de Alemania-, los líderes de opinión están netamente alineados con las posiciones internacionales de Washington. No en todas y cada una de las cosas, no necesariamente siempre al 100%, pero sí en lo esencial y con una rotundidad que no deja lugar a dudas. Ni hace falta pagarles específicamente para que se muestren entusiastas ni, sobre todo, podrían ponerse más fervorosos sin provocar una reacción de desagrado y desconfianza en las respectivas opiniones públicas.

La preocupación de Rumsfeld da cuenta de un problema grave, que puede ir a peor: Washington no quiere aliados; quiere lacayos. Quien osa ponerle un leve pero, hacerle una ligera observación o sugerirle un matiz se convierte en sospechoso.

¿Se atreverá a decirle alguien a Rumsfeld que su plan de compraventa de políticos y periodistas en países extranjeros no sólo es absurdo e inútil sino, aparte de todo, también ilegal?

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de diciembre de 2002) y El Mundo (18 de diciembre de 2002). Hemos publicado la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 31 de diciembre de 2017.

En su Diario, Javier publicó el 17 este comentario:

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No quisiera presentarlo como prueba de nada. Sólo como botón de muestra.

Ayer, acto en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense de Madrid. Presentación de la página de contrainformación www.rebelion.org. Hace de anfitrión el Laboratorio de Medios, plataforma crítica creada recientemente por algunos estudiantes de la Facultad. Hablamos Pascual Serrano, impulsor de Rebelión y periodista; Simón Royo y Carlos Fernández Liria, profesores de la propia Universidad y responsables de la sección «Mentiras y medios» de rebelion.org; Vicente Romano, veterano profesor de Teoría de la Comunicación y apasionante escritor, autor de La formación de la mentalidad sumisa, y yo mismo.

La manipulación de los medios al servicio de tales o cuales poderes, en concreto, y del Poder, en general; la maquinaria de forja y difusión de la mentira; el papel de la contrainformación y el periodismo crítico; el porvenir de los medios... Un temario del mayor interés, unos ponentes -hágaseme excepción, si se quiere- expertos en la materia, el foro más adecuado -la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid cuenta con unos 15.000 alumnos-, un día y una hora excelentes, el acto muy bien anunciado, con carteles y pancartas... Pues bien: unos 60 asistentes, más o menos, de los cuales, según me dijeron, dos tercios venidos de otras facultades.

Alguien habló durante el coloquio de «los periodistas bien instalados que impiden el acceso a la profesión de gente nueva». Miré el patio de butacas y sonreí beatíficamente.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/17 06:00:00 GMT+1
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2002/12/16 06:00:00 GMT+1

El perrillo faldero

No hacía falta ningún sondeo para saber que, antes de hundirse, el Prestige disparó un torpedo a la línea de flotación del PP y le dio de lleno. En todo caso, y por si alguien lo necesitaba, el sondeo ya está ahí, publicado por El Mundo, y demuestra que, en efecto, la nave de Aznar tiene una vía de agua espectacular. Bastaría ahora con que alguien la obligara a navegar mar adentro para que las procelosas aguas oceánicas la partieran y la mandaran a pique.

A eso debería dedicarse Rodríguez Zapatero. Pero ese chico está tan encantado con su papel de oposición responsable que es incapaz de aprovechar las oportunidades que la vida y la incompetencia de sus rivales le ponen por delante. ¡Ni siquiera ha sido capaz de presentar una moción de censura contra el jefe del Desgobierno! Sería una ocasión fantástica para ofrecer a la opinión pública un inventario completo de los dislates, chapuzas e incongruencias de las gentes del PP. Pero él, nada: «No es momento de censuras», dice el grandísimo botarate, dejando que sean sus compañeros gallegos los que presenten la moción de censura contra un Fraga que en esto ha pecado -y mucho- por omisión, pero ni el diez por ciento de lo que lo han hecho por acción sus discípulos con sede en Madrid.

El PSOE tiene un inconmensurable problema de liderazgo. A este chico la tarea le viene grande por los cuatro costados.

Hablan de su tasa de aceptación. Paparruchas. Agrada a la clase media bienpensante porque es el género de menda que todo papá y mamá de orden quisiera para yerno: mono, aseadito, educadín, sonrisitas. Les cae bien porque tiene pinta de no haber roto un plato en su vida. Pero es obvio que el pobre se olvidó la adrenalina en el pueblo. Carece de nervio. Lo quieren de yerno, pero no de presidente.

El PSOE lo puso ahí para que se quemara en la travesía del desierto. Los cerebros de Ferraz decidieron que no tenían la menor posibilidad de ganar en las próximas elecciones generales y colocaron a este figurín replicante para que fuera él quien se diera la galleta y no quemara a quien habría de ser el verdadero aspirante a inquilino de La Moncloa en la siguiente contienda, mano a mano con el sucesor de Aznar.

El cálculo les ha salido un churro. Porque es difícil que el futuro les depare una coyuntura tan favorable, tan aprovechable... y tan desaprovechada.

Aznar será lo que sea (¡tantas cosas!) pero, por lo menos, cuando estaba al frente de la oposición se las arreglaba para morder y no soltar la presa. Este Rodríguez Zapatero sólo se da mañas de perrillo faldero.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 17 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/16 06:00:00 GMT+1
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2002/12/15 06:00:00 GMT+1

Cuanto más se remueve...

Dice un refrán de mi tierra, no muy fino, pero ciertamente expresivo, que la mierda, cuanto más se remueve, peor huele.

José María Aznar dio ayer elocuente prueba de ello. Su conferencia de Prensa en A Coruña, que él había destinado a sacar la patita de dónde la había metido, no hizo sino empeorar su posición.

Es cierto que presentó más excusas en media hora de todas las que ha ofrecido en los últimos seis años. Pero fueron meramente formales. Cada vez que reconocía un hipotético error, se apresuraba a justificarlo, y ponía tanto calor en la justificación como frialdad en el reconocimiento.

El punto culminante de su exhibición de patinaje llegó cuando afirmó que no había viajado antes a Galicia porque eso habría supuesto «una manipulación de los sentimientos de los gallegos». Sus amigos se han precipitado a decir que no pretendió con ello desautorizar a los muchos responsables políticos que habían viajado a Galicia antes que él, empezando por el rey. Y yo les creo: doy por hecho que el hombre estaba tan obsesionado con lo suyo que no pensó que había escogido una línea de defensa que suponía un ataque para todos los demás.

Pero eso no le deja en mucho mejor lugar. Al contrario: da cuenta de las limitaciones de uso que tienen sus neuronas. El hombre es muy soberbio, pero cortito. No es incompatible.

Por lo demás, no llegó a aclarar por qué las razones que le habían aconsejado estar lejos de Galicia hasta ayer dejaron de ser válidas precisamente ayer. Si había podido trabajar hasta ahora a favor de Galicia desde la lejanía, ¿para qué acercarse? Si podía centralizar toda la información tan estupendamente desde Grecia, desde Roma o desde Madrid, ¿qué necesidad tenía de pasar tres horas en A Coruña? Que no nos cuente que quería ver de cerca la realidad de la catástrofe, porque no se acercó a ella. Que no pretenda que quería reconfortar a los perjudicados, porque no se dignó hablar con ellos. Que no arguya que quería infundir ánimos a los voluntarios y a los soldados que trabajan sobre la mierda, porque no quiso ni verlos. Estuvo en Galicia como podía haber estado en Salamanca.

Fue un churro de viaje que sólo sirvió para confirmar lo que ya todo el mundo sospechaba: que no se había acercado por el lugar de los hechos por miedo a ser abroncado, y que ese mismo miedo fue el que dictó sus escasos pasos ayer durante su paseo de visto y no visto.

En realidad, Aznar sigue sin haber viajado a Galicia.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de diciembre de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/15 06:00:00 GMT+1
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2002/12/14 07:00:00 GMT+1

Fotografías demagógicas

En su visita a Galicia del pasado 2 de diciembre -realmente fulgurante, aunque intensísima, supongo-, el Rey hizo diversos llamamientos, casi todos situados en la tierra de nadie que le está institucionalmente atribuida: pidió que todo el mundo colabore, que cada cual aporte lo que pueda, que la ciudadanía arrime el hombro, etcétera, etcétera.

Pero añadió a continuación un comentario un tanto extraño, e incluso chocante: reclamó que no se hagan «fotografías demagógicas» de la catástrofe.

Según escuché la frase real, me hundí -yo también- en un espeso océano de reflexiones.

¿Puede una fotografía ser demagógica? Mucho me temo que no.

Es posible servirse de fotografías con fines demagógicos, por supuesto. Pero la fotografía, como tal, jamás será demagógica: recogerá algo que existió en un lugar y en un momento dados.

Cabe también, sin duda, hacer instantáneas con intención, e incluso con cuquería. Ese es, de hecho, el arte del oficio: no conozco ni un solo buen fotógrafo que no trate de decir algo cuando elige un encuadre de la escena o un gesto de sus protagonistas. La cuestión es: ¿Ha desnaturalizado la realidad o ha acertado a sintetizarla?

La reflexión sería meramente discursiva, y hasta académica, si no fuera porque Don Juan Carlos es el Jefe del Estado, y como las Fuerzas de Seguridad son del Estado -por lo menos hasta que el PP las privatice-, se tomaron como órdenes los deseos del mando y se pusieron manos a la obra de inmediato para evitar que alguien pudiera hacer fotografías demagógicas. Y, claro, como no resulta fácil saber si una foto es o no es demagógica antes de verla -o incluso después, como ha quedado dicho- las FSE optaron por cortar las alas a todos los especímenes con cámara que merodeaban por el litoral. Acotaron el terreno de lo que podía fotografiarse o filmarse sin demasiado riesgo de demagogia y vedaron el resto. Enérgicamente: tengo el testimonio de varios fotógrafos que fueron expulsados de la zona costera sin ningún miramiento «por su propia seguridad» -un simpático homenaje a Don Corleone, supongo- y hasta me sé de uno al que la Guardia Civil le tiró la cámara digital al pastoso Atlántico, no fuera a ser que hubiera hecho alguna fotografía demagógica, incluso sin ser consciente de ello. Todo un detalle.

Para estas alturas, no me cabe duda de que el monarca se equivocó con su advertencia. En Galicia ni había ni hay riesgo alguno de que las fotografías resulten demagógicas.

Es la propia realidad la que se encarga de hacer demagogia, ella sola.

Su ocultación tiene un nombre: censura.

Javier Ortiz. El Mundo (14 de diciembre de 2002). Basado en el apunte del mismo nombre publicado la víspera en Diario de un resentido social: Fotografías demagógicas. Subido a "Desde Jamaica" el 2 de abril de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/14 07:00:00 GMT+1
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2002/12/14 06:00:00 GMT+1

El «sigfrimóvil»

Don Sigfrido Herráez, concejal de Movilidad Urbana del Ayuntamiento de Madrid, es como los abetos: existir, existen todo el año, pero es en Navidad cuando se plantan en el centro de la capital.

Todas las Navidades, don Sigfrido tiene alguna idea genial que obliga a hablar de él. Estuvo fantástico cuando se inventó el truco de los famosos conos, teóricamente destinados a evitar que los coches particulares entraran en los carriles reservados a taxis y autobuses. Los conos de las narices, de goma y meramente apoyados sobre el asfalto, eran golpeados sistemáticamente tanto por los que circulaban a su derecha como por los que lo hacían a su izquierda, de modo que en cosa de nada se plantaban en medio de la calle, obligando a los coches a hacer constantes y muy amenos eslálones para evitarlos. Apenas había personal para recogerlos y, como resultaba muy trabajoso ponerlos de nuevo en su sitio original, los dejaban en fila india, todos pegaditos, con lo que estorbaban menos pero, lógicamente, no prestaban ya ninguna función. Lo más gracioso es que don Sigfrido, que no es célebre por su gran sentido del ridículo, convocó a la Prensa para felicitarse por el éxito de los conos... cuando no habían comenzado todavía las festividades y sólo llevaban dos o tres días en las calles.

El invento de este año es un vehículo, un Smart, equipado con cámaras digitales. Don Sigfrido ha anunciado que lo va a tener «circulando incesantemente» por el centro de Madrid y que captará la imagen de los vehículos que estén estacionados en doble fila, lo que, según él, permitirá multarlos sin apelación posible, lo que ayudará a mitigar el problema de los atascos.

Del único modo que se me ocurre calificar la idea es diciendo... que es propia de don Sigfrido.

Vamos a ver.

Para que el coche de marras (que la Prensa ya ha bautizado como sigfrimóvil) pueda «moverse incesantemente» por el centro de Madrid durante las fiestas navideñas, lo primero que necesitará es que no haya atascos. Porque, si los hay -y no veo cómo se las arreglará don Sigfrido para que no los haya: de hecho ése es el problema que pretende afrontar-, su sigfrimóvil se quedará igual de parado que los demás coches. Si consigue que haga una media de 4 km./h., habrá logrado mucho.

Ahora bien: un guardia municipal también puede hacer una media de 4 km./h. Con la ventaja de que no se queda atascado. Y no consume gasolina. Y no contamina. Además, no tiene por qué haber sólo uno. Pueden ser diez, o veinte. Si la gracia está en lo de las fotografías digitales, no hay más que equipar a los guardias municipales con cámaras fotográficas especiales. Tampoco son tan caras. Mucho menos que el sigfrimóvil, desde luego.

Los guardias andarines presentarían una ventaja adicional que nunca aportará el cochecito de don Sigfrido: pueden ver la matrícula de los coches que están pegaditos entre sí, como están muchos de los aparcados en doble fila por el centro de Madrid. La cámara del sigfrimóvil no podrá retratar esas matrículas; los guardias de a pie, sí.

Todo esto sin contar con que las multas pueden contribuir a engrosar las arcas municipales, pero no resuelven para nada el problema de los atascos. Los coches aparcados en doble fila estarán multados, pero seguirán en doble fila.

Se preguntarán ustedes por qué no moviliza don Sigfrido a los agentes de la Policía Municipal. Yo se lo digo: porque no se atreve. Don Sigfrido se atreve a comprarse un cochecito, lo que le permite de paso lucir su palmito ante la Prensa, pero no tiene carácter para afrontar los problemas de fondo. Porque don Sigfrido tiene carácter para pasearse dando gritos por las dependencias municipales, abroncando a los funcionarios, pero frente a los problemas de verdad no es más que un pusilánime.

Si de veras quisiera afrontar el problema de los atascos interminables en el centro de Madrid, lo que debería es limitar el acceso de coches a esas zonas. Para lo cual lo primero que sería necesario es que dejara de autorizar la apertura de más aparcamientos en el centro, que constituyen una descarada invitación a que los coches entren hasta la cocina, y construyera en las afueras, en el límite de la red de metro, grandes aparcamientos disuasorios. Claro que eso exigiría inversiones serias, y hasta es posible que enfadara a los ricos comerciantes del centro de la capital, que tantos amigos tienen en el PP. Y que tan amigos son de don Sigfrido.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de diciembre de 2002). Subido a "Desde Jamaica" el 31 de diciembre de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2002/12/14 06:00:00 GMT+1
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