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2003/02/28 06:00:00 GMT+1

Las querellas de Acebes

El ministro del Interior, Ángel Acebes, ha anunciado que se querellará contra los directivos de Euskaldunon Egunkaria y contra todo aquel que hable de torturas practicadas en dependencias de la Guardia Civil.

No entiendo. ¿Por qué?

Planteado el asunto en esos términos, podría deducirse que el ministro considera que no existe la más mínima posibilidad de que tales o cuales miembros de la Guardia Civil puedan incurrir jamás en prácticas tipificables como delitos de tortura. Pero esa suposición es absurda, porque el ministro sabe -y todos sabemos que el ministro sabe- que no han sido ni uno ni dos, sino bastantes más, los guardias civiles que han sido procesados y condenados en firme por actos de esa naturaleza. Y no en un pasado remoto, sino en tiempos recientes, cuando estaban ya en plena vigencia las leyes y normas que tenemos por características del Estado de Derecho. Y no por desvaríos estrafalarios de este o aquel agente marginal o mal instruido, sino por instrucciones dadas por personas con elevadas responsabilidades en el instituto armado. Capitanes, coroneles, y en este plan.

El ministro sabe eso, como sabe también que Amnistía Internacional -organización escasamente sospechosa de actuar en función de lo dictado en los manuales de ETA-, dedica sistemáticamente un apartado en sus informes anuales sobre la tortura en el mundo a detallar los casos de violencias policiales que se producen en las comisarías y cuartelillos del Estado español (empleado sea el término sin ninguna pretensión de definición geográfica, sino institucional y política).

Y si el ministro sabe eso, y si todos sabemos que lo sabe, ¿a cuento de qué anuncia que se querellará contra todo el que diga que algo así, puesto que ha sucedido en el pasado, y en un pasado nada remoto, puede haber vuelto a suceder? Si el ministro detestara tanto las denuncias falsas como asegura, lo lógico sería que ordenara la realización de una investigación inmediata sobre lo sucedido, y que encargara de esa investigación a personas libres de toda sospecha de hipotética complicidad con cualquiera de las partes implicadas en los hechos. A partir de esa investigación, podría tomar postura con conocimiento de causa.

El ministro debería comprender las suspicacias de un cierto sector de la opinión pública. De ese sector que sabe que el Ministerio del que él es ahora titular ha incurrido en prácticas tan desazonantes como negarse a apartar del servicio a agentes procesados y condenados por torturas. Y que incluso los ha condecorado. Y hasta ascendido.

Si quiere disipar la sospecha de que algo huele a podrido en su Ministerio, que abra de par en par las ventanas. Y así sabremos a qué huele realmente. Y se ventilará, en todo caso.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (28 de febrero de 2003) y El Mundo (1 de marzo de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/28 06:00:00 GMT+1
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2003/02/27 06:00:00 GMT+1

Más cosas que se dicen

El ministro del Interior (¿o es el de Justicia? Sigo sin acertar a distinguirlos) ha dicho que es indignante que el Gobierno de Vitoria subvencione a ETA a través de Egunkaria.

Lo de menos es que el ministro de Loquesea (o de Loquehagafalta, que ya digo que no me aclaro) parezca ignorar que el Gobierno de Navarra, dirigido por sus amigos de UPN, también es culpable del nefando crimen de haber contribuido al mantenimiento del diario en cuestión.

Da igual, incluso, que el ministro ése desconozca que tanto el Gobierno de Vitoria como el de Pamplona han aportado tales dineros porque, veleidades partidistas y monomaníacas al margen, los poderes públicos tienen la obligación legal de prestar respaldo pecuniario al desarrollo y la normalización del uso de la lengua vasca y, habida cuenta de que sólo hay un diario en euskara -por lo menos hasta que el PP vasco se decida a sacar el suyo-, malamente podrían hacer otra cosa, a riesgo de violar lo prescrito por la Constitución y las respectivas leyes medulares de sus comunidades autónomas respectivas.

Generoso que tengo el día, estoy incluso dispuesto a no dar importancia alguna al hecho de que el tal ministro (¿cómo se llama? ¿Acebilla? ¿Michacebes?), en un momento de obnubilación tal vez chapapótica, haya pasado por alto que las acusaciones vertidas por el juez Del Olmo contra los directivos de Egunkaria se apoyan en unos papeles que la Justicia española tiene en sus manos desde hace diez años y aún más: unos papeles que ya han sido vistos y revistos hasta la saciedad por otros jueces e incluso argüidos como pruebas en sentencias dictadas en otras causas, en las que ningún juez consideró implicada a la dirección de Euskaldunon Egunkaria (*), extremo éste que aconsejaba -a él de manera especial, como gobernante- la adopción de una actitud de particular prudencia.

Da igual. Paso por todo eso.

Pero lo que no puedo aceptar, ni siquiera disponiendo para ello mis mejores tragaderas, es que el ministro en cuestión convierta en hechos probados, por su cuenta y riesgo, acusaciones que de momento no pasan del estadio de la mera presunción. Porque él está dando por cosa probada, enjuiciada y sentenciada que Egunkaria es parte de la estructura de ETA.

Ya he dicho que no sé de qué ministro se trata. Pero reconozco su voz. Es la misma del menda que afirmó hace algunas semanas que la Policía había detenido a los miembros de una célula de Al Qaeda que tenían en su poder elementos químicos y electrónicos preparados para la fabricación de bombas terribles.

Es él. El mismo que indujo al pobre Aznar a decir en el Congreso que la existencia de esa célula probaba ni se sabe cuántas cosas que justificaban ir de inmediato a la guerra contra Irak. El mismo que indujo al pobre Colin Powell a exhibir ante todo el mundo un tragicómico organigrama de Al Qaeda en el que figuraba la terrible célula española, pieza básica de la conspiración universal contra el Imperio del Bien.

Y eso sí que no se le puede perdonar al ministro en cuestión. Porque reincidir en ese género de ligerezas es imperdonable.

El ministral ya sabe que hizo el ridículo ante el orbe entero con sus precipitadas declaraciones celulares, porque ya se ha aclarado que los supuestos elementos químicos que denunció con tanto entusiasmo eran polvos detergentes. Ecce OMO, por así decirlo. ¿Cómo es que la experiencia no le ha enseñado a mantener la lengua a salvo, o sea, en salva sea la parte?

Ahora que tanto y tantas veces reforman el Código Penal, ¿no habría posibilidad de que introdujeran algo que castigara a los gobernantes que se erigen compulsivamente en tribunales sentenciadores?

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(*) Según ha contado el abogado Iñigo Iruin, Del Olmo interpreta como referente a Egunkaria una clave (aparecida en un documento de ETA) que Garzón presentó en su día como alusiva a Egin, y que utilizó para decretar el cierre de aquel periódico. La clave, utilizada para referirse elusivamente a un solo medio de comunicación, podría referirse a Egin, a Egunkaria o a ninguno de los dos periódicos, pero en ningún caso a los dos. La actuación de Del Olmo supondría una patente violación del principio jurídico non bis in idem, que impide juzgar dos veces el mismo supuesto delito.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (27 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/27 06:00:00 GMT+1
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2003/02/26 06:30:00 GMT+1

Dos textos sobre el cierre de «Egunkaria»

El fin de una era, Bernardo Atxaga

Como en aquel cuento que nos narró Arratibel, las mejores hierbas del euskara nunca están en el sitio en el que estamos, sino más adelante. "Más adelante y mejores", oímos una y otra vez; y no faltan entre nosotros quienes cogen la regla y el cartabón para dibujarnos mapas. "¡Alfa!" gritan mientras señalan nuestro tiempo con un punto pequeño. "¡Omega!", dicen después, y llevan dos largas rayas hacia un ángulo del mapa. ¿Se unirán? ¿No se unirán? No lo sabemos. Todavía nadie ha llegado del futuro.

Pero esta espera, permítaseme la expresión, no es moco de pavo. El futuro cansa. No podemos estar siempre de puntillas en la ventana, esperando que llegue el amanecer. Es decir, esta actitud cansa. Y, además, aunque parezca magia negra, ese futuro feliz no llega nunca. O, de otro modo, se convierte en presente en cuanto llega. "Más adelante y mejores", oímos también entonces, por enésima vez, y quizás seamos nosotros los que las pronunciemos. Porque, muchos años después, ya desde los tiempos de Axular, nos hemos acostumbrado a pensar y sentir de esta manera; y tenemos dos voces, como los ventrílocuos: una, nos hace hablar esperanzados, siguiendo el rastro de los hacedores de mapas; la otra, sin embargo, plasma la rabia que nos da esa esperanza. Y la rabia es cada vez más grande. Porque no encontramos las dulces hierbas del futuro. Sí, en cambio, la amargura del presente. Más amargo que nunca, seguramente.

El pasado 20 de febrero de 2003, cuando vi a Joan Mari Torrealdai en la pantalla, inclinado, obligado por un torpe brazo y con la cabeza tapada, me entraron ganas de rezar, a pesar de no saber cómo se reza; pensé, y sentí, que esa imagen estaba fuera del ámbito cotidiano y que no se podía responder sólo con un grito de enfado o con un comentario político. Ecce homo: un hombre que ha trabajado toda la vida a favor de la cultura vasca, la mayoría de las veces alegre, sonriente ("¿Cómo puede ser fraile un hombre como tú?" le gritó Oteiza una vez, cuando Oteiza, en Arantzazu, estaba también loco de contento), ese hombre era conducido como un criminal. Malcom Lowry mete una frase, no aquí ni allí, sin venir a cuento, en su libro más famoso: «Y ahora me viene a la cabeza una cosa triste: Oscar Wilde esposado en la estación Victoria, esperando al tren que le condujera a la prisión de Reading, mientras la gente pasa y dice: `Mira, ese que está ahí es Oscar Wilde'».

Ha llegado el momento: nosotros ya tenemos algo parecido en la memoria.

Pero no sólo me entristecí por Joan Mari Torrealdai. Ni tampoco sólo por los compañeros que ese día también estaban en una situación igual. Sentí pena también por todos aquellos que vivimos atados a una lengua y a una tierra, porque el presente es siempre amargo. Porque cada vez estamos más cansados. Además, ¿cuántos somos? ¿Cinco, seis, siete? Fuera de este pequeño prado, ya no nos quiere casi nadie.

También vi, he visto, otras imágenes en la televisión. Lo que ha aparecido en la mayoría de los periódicos: la policía precintando las puertas; gente que protestaba y silbaba; personas que hicieron las primeras declaraciones. Y los políticos: Don Quijote, Don Volpone, Pepito Grillo. También aparecieron los hacedores de mapas, cómo no. El más torpe mezcló churras con merinas, imprudentemente, sin ningún sentido, y metió las detenciones de Egunkaria en la misma olla que las últimas detenciones que se han producido en Euskal Herria. Siento decirlo: nada nuevo. No apareció nadie diciendo: "Para quienes en el reino de España tenemos sensibilidad democrática, lo sucedido nos da que pensar. Tenemos dudas sobre si no estaremos atacando de forma totalitaria a la minoría vascohablante".

A este lado del río, tampoco ha habido cambios, porque nadie ha dicho: "De repente, nos hemos acordado de lo que le respondió Tiresias a Edipo (en la versión de Pasolini): `El precipicio que buscas está en ti'. Deberemos pensar, todos los que estamos en la cultura vasca, qué culpa tenemos en este desastre. Y la mayor reflexión deberemos hacerla en el mismo Egunkaria, y analizar si nuestra actuación política ha sido o no la correcta y qué consecuencias ha tenido. En el presente, no en el futuro".

En la televisión y fuera de ella, las declaraciones sobre lo acontecido se suceden. Unos dicen, con reflejos heroicos: "No pasarán". Y otros: "Hemos perdido muchas batallas, pero todavía estamos aquí". Miren Azkarate, firme, pidió que no se mezclara la lengua vasca y el extremismo político y hay que felicitarla por sacar a la luz la situación de Pello Zubiria. También oí las palabras de Mariano Ferrer: es verdad, tal y como dijo él, que Txema Auzmendi es una persona ejemplar y que su detención resulta muy dolorosa para todos los que lo conocemos.

Pero, en ese barullo, la imagen de Joan Mari Torrealdai supera a todas. Por lo menos en mi memoria. Ese hombre con la cabeza tapada, inclinado, entre policías. Creo que tiene un significado especial. Puede que signifique el fin de un tiempo, de una época, de una era. (Traducción de M. Iturria)

Plumas y pistolas, Carlo Frabetti

El cierre de "Egunkaria" me ha traído a la memoria de forma violenta, como una bofetada (nunca mejor dicho, como se verá a continuación), una breve historieta (apenas una página) de los años setenta, con guión de mi amigo Felipe Hernández Cava (no recuerdo quién era el autor, o la autora, de los expresivos dibujos):

Un campesino vasco va por un camino con su hijo --un niño de siete u ocho años-- de la mano. Con infantil inocencia, el niño le dice algo a su padre, en euskera, justo en el momento en que se cruzan con una pareja de la Guardia Civil. Los tricorniados los paran y le dicen al padre que le dé una bofetada a su hijo. "Es sólo un niño", implora el hombre, pero los verdes le dan a elegir entre la bofetada o llevárselos detenidos. El padre le da un tembloroso cachete al hijo. "Más fuerte", exigen los picoletos. Por fin una sonora bofetada (cuán expresivas pueden ser las onomatopeyas gráficas del cómic) satisface a la Guardia Civil caminera, que se aleja mientras el niño, con los ojos llorosos y la cara encendida, le dice a su padre: "No me has hecho daño, aita".

Trescientos guardias civiles, en la madrugada del 21 de febrero, echando puertas abajo y a punta de metralleta, detuvieron a diez personas relacionadas con el diario "Egunkaria" (la proporción es significativa: treinta pistolas beneméritas por cada pluma). "Egunkaria" era --es: no podrán con ellos-- el único diario en euskera, y su cierre es una nueva y brutal bofetada a la lengua, a la soberanía y a la libertad del pueblo vasco. Una bofetada que duele (claro que duele, y mucho), pero que no puede hacer daño. Tiene razón el niño de la historieta: los agresores no pueden dañar su dignidad ni su entereza: no pueden debilitar sus vínculos afectivos y culturales; por el contrario, los fortalecen. Como fortalece este nuevo golpe la cohesión y la solidaridad entre los vascos. Y no sólo entre ellos, sino entre todos los que, desde la cultura, luchamos contra la barbarie.

La indignación no es sólo vasca, y la respuesta no será sólo vasca. Ha sido una bofetada a la libertad de expresión, a la libertad a secas, y eso nos afecta a todos. Cada vez más gente se da cuenta de que la guerra, la globalización capitalista, la represión, la tortura, las mareas negras, la manipulación mediática, la prepotencia parlamentaria y la criminalización de la disidencia son ramas de un mismo tronco. Y cada vez hay más gente decidida a abatir ese árbol maldito que se riega con sangre.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 5 de abril de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/26 06:30:00 GMT+1
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2003/02/26 06:00:00 GMT+1

Cosas que se dicen

No he perdido mi capacidad de asombro. En realidad, no me dan la más mínima oportunidad de perderla. Tanto más creo haberlo visto -o leído, o oído- todo, tanto más se empeña el uno o el otro en mostrarme su infinita capacidad de superación en materia de disparate.

Escucho a Tony Blair -conocido socialista y, por ello, íntimo de George W. Bush y de José María Aznar- que justifica sus ansias de guerra argumentando que «las naciones libres» están obligadas a «proteger al pueblo de Irak de sus propios gobernantes». ¡Toma ya revolución en el Derecho internacional! Ya me veo a Leonidas Breznev saltando de gozo en su tumba: ¡al fin Occidente se suma a su doctrina de la «soberanía limitada» y asume que, cuando un pueblo no derroca a sus malos gobernantes por sí mismo, no queda más remedio que mandarle un buen contingente de tropas y hacerle el trabajo sucio! ¡Nada de derecho de autodeterminación, nada de no injerencia en los asuntos internos de otros países, nada de la célebre doctrina Estrada, tan invocada en otras circunstancias!

Y esto lo dice el jefe de un Gobierno cuyo actual titular de Exteriores, Jack Straw, otrora ministro de Interior, protegió cuidadosamente la seguridad personal de Augusto Pinochet, alegando que el Reino Unido no podía inmiscuirse en asuntos internos de otros países, incluso aunque se tratara de actuaciones criminales realizadas en flagrante violación de las libertades democráticas y los Derechos Humanos. Ahora ya no sólo puede meter sus narices a voluntad, sino incluso tomar las armas para poner y quitar a los gobernantes que le viene en gana, liquidando de paso a unos cuantos cientos de miles de paisanos desconcienciados.

Hace apenas un par de décadas, ningún gobernante con pretensiones de demócrata respetuoso de la legalidad internacional habría osado defender un posición tan groseramente intervencionista como ésa. Ni siquiera los señores de la guerra de Washington, que siempre se buscaban a algún jefecillo local en apuros para fingir que acudían en su auxilio.

¡Y qué sonrisa beatífica exhibe el menda! Ahora sabemos que Margaret Thatcher, en tiempos de las Malvinas, ahogaba sus excesos políticos en whisky. ¿Con qué los sofocará el so... so... socialista éste?

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (26 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/26 06:00:00 GMT+1
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2003/02/25 06:00:00 GMT+1

Dos riesgos

Mesa redonda ayer en Madrid, organizada por la UNED para hablar de la guerra inminente y el papel de los grandes medios de comunicación. Hacemos de ponentes Román Orozco, Manuel Revuelta y yo mismo.

Cuando terminamos nuestros respectivos exordios -probablemente más largos de lo conveniente- comenzó eso que suele llamarse «un animado coloquio».

Temo los coloquios. Sé por amarga experiencia que Madrid -no sólo Madrid, pero muy principalmente Madrid- cuenta con una abundante nómina de conferenciantes frustrados que se sirven de los coloquios para largar su propio discurso. Con la excusa de plantear «varias preguntas» a quienes ocupan el estrado, dedican sus buenos cinco o diez minutos a exponer a la ciudad y al mundo sus propios puntos de vista. Es relativamente frecuente que, en el entusiasmo del discurso, se olviden al final de plantear ninguna pregunta concreta, o se salgan por peteneras con un genérico: «Me gustaría saber qué piensan ustedes sobre esto».

Ayer nos surgió un simpático orador incontinente que se extendió profusamente explicándonos que, según él, tanto dan los que hacen propaganda de la guerra como los que hacemos lo que él llamó «contrapropaganda», porque los unos y los otros arrimamos el ascua a nuestras respectivas sardinas, con lo cual «el ciudadano» -él mismo, se supone- no sabe a qué atenerse, porque «¿Cómo sabemos quién dice la verdad, eh?» y «¿Quién está seguro de que no se equivoca, eh?» y «¿Cómo orientarse en medio de tanto dato contradictorio, eh?».

Lacónico, le sugerí que tratara de hacerse un criterio propio, como acostumbramos a hacer los demás. Pero mi respuesta, lejos de satisfacerle, excitó su ansia preguntante, y volvió a la carga: «¿No creen que hay tanto riesgo de que se equivoquen los que preconizan la guerra contra Irak como quienes se oponen a ella, eh?».

Tomó entonces la palabra un caballero sentado al fondo de la sala y le respondió de manera escueta y clara. Efectivamente -le dijo-, todo el mundo puede equivocarse, pero hace infinito más daño el que se equivoca al optar por matar que aquel otro que decide no matar a nadie.

Ignoro si convenció a nuestro orador espontáneo.

Por lo menos consiguió que se callara, que no fue poco.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (25 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/25 06:00:00 GMT+1
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2003/02/24 06:00:00 GMT+1

A qué precio

Otra vez Madrid convertido en un gran clamor contra el Gobierno. Otra vez el PP que dice que respeta a los manifestantes, pero que los insulta tratándolos como peleles en manos de demagogos. Otra vez los sondeos que dan cuenta de cómo crece la impopularidad del equipo gubernamental, ahora ya por debajo del PSOE en las previsiones.

¿Alguien entiende a Aznar? Yo no. Mírese su comportamiento del pasado fin de semana. Primero, la visita a México en plan correveidile. Y luego la estancia en el rancho de Bush. ¿A quién se le ocurre fotografiarse mirando arrobado a su anfitrión pocas horas antes de que la protesta se adueñara nuevamente de las calles de la capital de España? ¿No se daba cuenta de que estaba atizando el descontento?

¿Por qué actúa así? Sus excusas sobre el esfuerzo necesario para acabar con la colaboración de Sadam Husein con el terrorismo internacional no se las cree nadie, sobre todo después de que los servicios de inteligencia británicos y franceses hayan dejado claro que esa supuesta colaboración no existe.

¿Qué gana entonces mostrándose tan exageradamente servicial con el inquilino de la Casa Blanca? «Colaboración en la lucha contra ETA», dicen algunos. Pero, según los propios expertos policiales españoles, lo que puede aportar la CIA en ese campo es mínimo. Mucho menos que los responsables del Estado francés, de los que Aznar se está distanciando. «Distensión con Marruecos», añaden otros. Pero en los litigios en los que EE.UU. podría ejercer más presión sobre Mohamed VI -en el del Sahara, muy particularmente- no tiene intención alguna de hacerlo. «¡Participación en el reparto del botín petrolero!», rematan los más cínicos. ¿Ah, sí? ¿Y quién certifica que esta vez Roma sí pagará a los traidores?

Los beneficios son etéreos; las pérdidas, al contado. Para empezar, se ha ganado el rechazo de la inmensa mayoría de la población española, a escasos meses de unas elecciones muy comprometidas, tanto por lo que han de decidir en concreto como por lo que tendrán de test para las legislativas posteriores. En segundo lugar, ha deteriorado considerablemente sus relaciones con Francia y Alemania, colocando a España en una situación delicada y, ya de paso, dando al traste con sus ambiciones europeas personales. En fin, está logrando que el conjunto de los países árabes mire a España cada vez con más antipatía, cosa que no va a corregir precisamente con esos planes que dice haber discutido con Bush para apaciguar el conflicto israelo-palestino sobre la base de un cambio de dirección en la Autoridad Palestina, es decir, atendiendo a las exigencias israelíes.

¿A qué se dedica este hombre? Aparentemente, se ha especializado en la venta de euros a 20 céntimos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (24 de febrero de 2003) y El Mundo (25 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/24 06:00:00 GMT+1
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2003/02/23 06:00:00 GMT+1

La radio de ETA

Si hablas en Radio Euskadi, olvídate del derecho de crítica. No puedes decir ni media palabra sobre los discursos de los agitadores con tribuna en otras radios sin que te acusen de estar preparando su asesinato. Como se te ocurra comentar tal o cual pavada dicha en alguna tertulia de Radio Nacional, o de la COPE, o de Onda Cero, aunque ni siquiera menciones el nombre del pavo -o de la pava-, te acusan echando virutas de estar poniéndolos en «el punto de mira» de los terroristas. Esta semana han vuelto otra vez a la carga. En la emisora pública de Aznar. «En Radio Euskadi hablan de nosotros, y eso no tiene ninguna gracia. Yo te digo que, si en Radio Euskadi se meten contigo, lo menos que puedes hacer es pedir que te pongan escolta», largó una menda. Y se refería a un programa de antología de las tertulias capitalinas (Cocidito madrileño) en el que nunca se cita a nadie por su nombre. Se menciona la emisora en la que se ha dicho la cosa, pero nada más. El pecado, pero no el pecador.

Sólo encuentro una posible explicación para esta monomanía: esa gente se piensa que los comandos de ETA no sintonizan más emisora que Radio Euskadi, cosa que explica que sólo se enteren de lo que se larga en RNE, la Cope u Onda Cero a través de las referencias que hace la radio pública vasca a sus propósitos (o despropósitos). Creen que todo militante de ETA que se precie está con una mano en la pistola del 9 parabellum y con la otra en el volumen de la sintonía de Radio Euskadi. Jamás escuchan otra cosa. Ni siquiera cuando ejercen de comando itinerante. ¿Que están en Sevilla y no reciben la sintonía de EITB? Pues no ponen la radio, y a correr. Pero, así que cruzan Pancorbo, vuelven a encender el aparato, para que Radio Euskadi les diga qué voces -ya que no qué nombres- deben poner en la lista de asesinables. Según ellos, de no ser por Radio Euskadi -y, eventualmente, por Pepe Rei-, ETA no tendría ni idea de la existencia de esos comentaristas especializados en soltar mil y una frescas contra quienes no comulgamos con sus hostias.

Ellos pueden decir lo que sea de ti, poniéndote de asesino para arriba, citándote con nombre y apellidos, pero tú no puedes ni mencionar la empresa para la que trabajan, porque se sienten amenazados, los pobres.

Qué basura.

Lo que es por mí, pueden dormir tranquilos. Como no les oigo, no me entero de lo que dicen. Aunque quizá me acusen -son capaces- de maltratarlos con mi agresivo desprecio.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/23 06:00:00 GMT+1
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2003/02/22 06:00:00 GMT+1

Almodóvar

Hoy puede recibir Almodóvar su enésimo premio por Hable con ella. En esta ocasión le puede caer el César galo -el equivalente que tienen nuestros vecinos del norte de los Goya- a la mejor película extranjera. Se le asignan grandes posibilidades, dado que la crítica parisina saludó el estreno de la película con general alborozo. Varios periódicos la calificaron de chef-d'oeuvre (obra maestra). Que ya es calificar.

Si los entendidos de los más lejanos países, desde los Estados Unidos de América a Francia, aclaman a Almodóvar como un cineasta genial, digo yo que será por algo. Aunque yo no encuentre ese algo por ningún lado.

Hable con ella me pareció un aburrimiento. Un aburrimiento pretencioso y vanamente preciosista. La historia que cuenta no consiguió interesarme en ningún momento. No sólo es rocambolesca, traída por los pelos e inverosímil en alto grado, sino además -y esto es lo peor- perfectamente prescindible: a mí, al menos, no me aportó ni un gramo de conocimiento de la vida. En ninguna de sus muy distintas posibilidades. Eso sin contar con la inclusión en la cinta de episodios tan de aurora boreal como la pintura naïf, y hasta condescendiente, de una violación con todas las de la ley.

Admito que yo puedo ser un espectador bastante mei generis, pero he de declarar y declaro que ya a los 20 minutos de proyección me estaba preguntando: «Y todo esto ¿por qué?». Tenía unas ganas casi irresistibles de salir por piernas, y sin duda que lo habría hecho de no haber acudido al cine en compañía, circunstancia que me obligó a meter en danza penosas consideraciones de cortesía.

Hablo de Hable con ella, pero podría decir tres cuartos de lo mismo de otras películas de reciente éxito, españolas o no. Por ejemplo, de En la ciudad sin límites, película que me endilgó otra dosis de tedio y letargo de aquí te espero. Vi deambular a Fernando Fernán-Gómez por pasillos de hospital y estaciones de tren con el mismo sentimiento de aburrido disgusto que me podría producir la entrada de una mosca en la habitación de hotel que ocupo en este momento. No digo nada si la mosca apareciera acompañada de Geraldine Chaplin.

¿Qué tengo yo que me hace sentir una profunda emoción ante Los lunes al sol, que nadie por ahí parece valorar, y ninguna -cero, lo que se dice cero: cero patatero, que diría my friend Asna- ante filmes del estilo de Hable con ella o En la ciudad sin límites?

Me pregunto si no será que me tomo demasiado en serio esto de andar por la vida, y lo muy efímero que es el transcurso, y que por eso detesto que me hagan dar paseos emocionales que no conducen a ninguna parte.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (22 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/22 06:00:00 GMT+1
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2003/02/21 06:00:00 GMT+1

El comunicado conjunto

Ni siquiera se esfuerzan por informarse. De haberlo hecho, se habrían enterado de que la palabra Egunkaria en castellano quiere decir Diario, por lo que hablar de «el diario Egunkaria» es del estilo de lo de «las hermanas sisters». No creo que dijeran nunca «el diario Journal». O sí, porque de ellos puede esperarse cualquier cosa.

Es todo de bochorno. Incluido el bochorno jurídico. Es aberrante que se cierre un periódico, porque los periódicos no delinquen: sólo lo pueden hacer las personas. Un periódico no es jamás un instrumento de delito per se. Puede serlo, eventualmente, en manos de estos o aquellos individuos. Y es contra ellos, en todo caso, contra quienes debería dirigirse la acción penal, permitiendo que otras personas prosigan con la labor de interés general que representa la publicación de un diario. Porque todos y cada uno de los diarios atienden el derecho de la ciudadanía a recibir una información plural.

Pero si el cierre de un diario es siempre aberrante, lo es todavía más que se realice apelando a supuestos hechos de hace más de una década, hechos cuya continuidad nadie se toma el trabajo de argüir. Es de elemental sentido común que, ficciones jurídicas al margen, no existe eso que llaman «el cierre cautelar» de un diario. Si un diario no sale a la calle durante meses (o años, que es lo que suelen durar las cautelas judiciales de este género), se muere. Careciendo de ingresos por venta y publicidad, el mantenimiento de su estructura se vuelve imposible. ¿De qué le serviría ahora a la dirección de Egin que una sentencia judicial firme estableciera que su cierre no estuvo justificado? Le valdría para enmarcarla y ponerla de adorno en la sala de reuniones... de Gara.

En el caso de Euskaldunon Egunkaria, los bienes sociales en juego son de particular importancia, al tratarse del único diario del mundo que se publica –perdón: que se publicaba– íntegramente en euskara. Había ahí un bien público merecedor de particular protección, que los cerradores han desdeñado por entero, demostrando por las mismas lo poquísimo que les importa.

En todo caso, el momento estelar de la medida llega cuando la anuncian en comunicado conjunto... ¡la Audiencia Nacional y el Ministerio del Interior! Seré sincero: me pareció bien. Prefiero esa desenvoltura. Fuera caretas: policías y jueces, todos en alegre tropel, cogiditos de la mano. A freír puñetas la separación de poderes.

Escribí el otro día que me armo un taco porque ya no consigo aclararme de quién es el ministro de Justicia y quién el de Interior. Los confundo. No sólo se parecen, sino que dicen y hacen lo mismo. Son intercambiables. A ambos les ha dicho el jefe de Gobierno que se busquen lo que sea con tal de que los periódicos no sigan hablando de la guerra y el chapapote. Y ellos responden.

Cuánta razón tenía Alfonso Guerra: Montesquieu está muerto. Muerto y bien muerto. ¡Descanse en guerra!

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Cui prodest? Volvamos sobre la idea del otro día. ¿Qué ha conseguido la decisión de la Audiencia Nacional sobre Euskaldunon Egunkaria? Que se hable de eso, y no de la guerra, ni del chapapote. Lagarto, lagarto...

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de febrero de 2003) y El Mundo (23 de febrero de 2003), salvo el Cui prodest?, el cual sólo aparecía en el Diario. Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 6 de diciembre de 2009.

Nota de edición de diciembre de 2009: El 6 de diciembre de 1990 nació Euskaldunon Egunkaria y lo mataron el 20 de febrero de 2003 por esta bochornosa acción conjunta sobre la que escribió Javier aquel mismo día.

Lamentablemente, el próximo 15 de diciembre comenzará el Juicio a Egunkaria. Además de la serie que Luistxo está haciendo en nuestra voz amiga, cuya lectura os recomendamos, queremos mandar desde aquí un abrazo solidario a las y los encausados.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/21 06:00:00 GMT+1
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2003/02/20 06:00:00 GMT+1

Otra gran potencia

Me telefonea mi buen amigo Gervasio Guzmán.

-Eres la pera, Javier. Tú, que te opusiste al Tratado de Maastricht, que siempre has despotricado contra la Unión Europa llamándola «la Europa del capital» y no se cuántas lindezas más... ¡y ahora cierras filas con Chirac!

-Tanto como «cerrar filas»... Pero sí, es verdad que considero su posición ante el peligro de guerra como un mal menor -le respondo.

-Y entonces ¿qué? ¿Ya no representa a «la Europa del capital»? -vuelve a la carga.

-¡Qué cosas dices, Gervasio! ¡Ya sé que no es partidario del socialismo! Pero lo que está en juego en este asunto no es de qué modo se organiza la UE de puertas adentro, sino qué papel juega en la escena internacional. Chirac y Schröder, cada uno por sus razones, han creído que es el momento de que Europa tenga una voz propia, diferenciada de la de Washington, rebelde al diktat de Bush. Y se han puesto manos a la obra. Eso me parece bien.

-¡Pero si son perros de la misma camada, hombre!

-Ahí está: que no. Son también perros, sin duda. Pero de diferente camada.

-No sé a dónde pretendes ir a parar.

-Pues está muy claro. Desde el hundimiento de la URSS, los Estados Unidos se hicieron dueños y señores del planeta. Hasta entonces, la necesidad de encontrar un equilibrio y de rivalizar en méritos con la otra superpotencia les obligó, de un lado, a no sobrepasarse en sus ambiciones, y, de otro, a templar sus formas, evitando las intemperancias excesivas. Pero tras la caída del Muro se desmelenaron. No había nadie que les objetara nada, así que ¡ancha es Castilla! Asumieron con total descaro y sin previa votación el puesto de mandamases del Universo.

Tras los atentados del 11-S las cosas fueron a peor. A mucho peor. Washington se montó una película de terror muy hollywoodiense, con terribles grupos clandestinos dispersos por todo el planeta -y Ben Laden en funciones de Spectra- preparando sin parar ataques suicidas para derribar edificios altísimos, derruir monumentos nacionales -estadounidenses, por supuesto- y expandir infecciones en masa. En tales condiciones, cualquiera que pusiera objeciones a las iniciativas de Washington, fueran las que fueran y en el terreno que fueran, pasaba a ser tratado de cómplice del terrorismo. De un terrorismo peligrosísimo que, por más vueltas que uno diera a la realidad realmente existente, no había modo de localizar por ningún lado (de hecho, del 11-S para aquí se han producido menos ataques terroristas contra intereses de los EEUU que en cualquier periodo equivalente de las décadas anteriores).

Alguien tenía que acabar diciéndole a Bush que ya le vale con su coartada de cartón piedra. Y alguien tenía que plantearse finalmente que un solo país no puede dictar su ley arbitraria al planeta entero. Entre otras cosas porque eso sólo conviene a los dirigentes del país que dicta la ley. Los líderes europeos, en parte apabullados por el efecto propagandístico del 11-S, en parte temerosos de la capacidad de represalia que tienen los EEUU, se habían mantenido en un prudente segundo plano, haciendo de claque cuando les correspondía. Ahora han empezado a silbar, y con razón, porque el espectáculo es bochornoso.

¿Estamos ante el surgimiento de otro polo de referencia, de otra gran potencia que, así sea a escala, rivalice con Washington y haga de contrapeso? No lo sé. Pero haré cuanto pueda porque así sea.

-¿Y Aznar?

-Aznar ha reaccionado como los países del Este europeo, empobrecidos y limosneros, que miran a Bush con la esperanza que les monte un Plan Marshall a su medida. Ha arruinado cualquier posibilidad de proseguir su carrera en el escenario europeo: Francia, Alemania y Bélgica lo vetarán cuantas veces haga falta.

-Pues peor para él, ¿no?

-Sí. Y sólo para él.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/20 06:00:00 GMT+1
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