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2003/02/19 06:00:00 GMT+1

¿A quién beneficia?

Ayer me tocó programa doble como conferenciante: por la mañana en la Universidad de Deusto en San Sebastián -el viejo EUTG, donde yo no inicié mis estudios universitarios, porque me dedicaba a hacer de todo menos estudiar- y por la tarde en Bilbao, en una charla organizada por los jóvenes de Ezker Batua. A la conferencia de la mañana, de acuerdo con el lugar, le di un enfoque más académico. La de la tarde, centrada en el análisis del papel de los medios de comunicación en este momento prebélico, tuvo un carácter más abiertamente político.

Hablamos en el coloquio sobre el papelón de Aznar, sobre el desgaste que está sufriendo el Gobierno... Alguien del público me preguntó: «¿Y cómo podría arreglárselas para distraer la atención de la opinión pública y que se hable de otras cosas?». Respondí que las «otras cosas» de las que cabe hablar, empezando por el desastre del Prestige, tampoco le son precisamente muy favorables. Y añadí: «En estas condiciones, lo único que puede ayudarle es que se produzcan atentados de ETA. De haberlos, tendrá materia para desviar la atención de los medios de comunicación durante todo el tiempo que pueda... y bastante más».

Tras la charla, bajo un lluvia helada, extraña para Bilbao, regresé al hotel. Conecté la radio y me enteré: la Ertzaintza había desactivado una potente carga explosiva colocada en un cruce de carreteras de Bizkaia, preparada para hacerla estallar a distancia, probablemente al paso de algún vehículo.

Los latinos aconsejaban estudiar las acciones humanas más oscuras planteándose una pregunta: Cui prodest? ¿A quién beneficia? Tenían comprobado que, con mucha frecuencia, el beneficiario del hecho solía ser su instigador, si es que no su autor material.

De haberse producido el atentado al que estaba destinada la carga explosiva, Aznar habría logrado cambiar de tercio por un cierto tiempo. Y habría tocado a base de bien las narices a la oposición, reclamándole que dé prioridad «a la necesaria unidad de todos los demócratas», etcétera, etcétera.

No pretendo que la bomba la pusiera el PP. Tampoco que ETA quiera ayudar a Aznar. Me limito a decir que conviene reflexionar sobre el sentido y la función que tienen -o adquieren- las acciones humanas. Aquello que parece absurdo puede ser efectivamente absurdo.

Pero también es posible que sólo lo parezca.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (19 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/19 06:00:00 GMT+1
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2003/02/18 07:00:00 GMT+1

¡Qué poder de convocatoria!

Cuando las tropas del III Reich entraron en París, el mando alemán dio seguridades a Pablo Ruiz Picasso de que podría seguir trabajando en la capital francesa sin ser molestado. Picasso aceptó la promesa.

El malagueño contaba con varios rendidos admiradores entre los oficiales nazis de mayor rango, algunos de los cuales acudían de vez en cuando a contemplar sus obras.

Se cuenta que, en una de esas visitas al enorme estudio de Picasso en Grands Agustins, un general alemán reparó en el Guernica, que el glorioso calvo había pintado por encargo del Gobierno de la República Española en 1937 y que, hundida la República, se había quedado sin hogar ni dueño. Impresionado por el tremendo y angustioso vigor de la obra, el alemán, que sabía que Pablo Ruiz guardaba allí también obras de otros autores, le preguntó: «Dígame, señor Picasso: ¿este cuadro es también obra suya?». A lo que el autor de Les demoiselles d'Avignon respondió secamente: «No. Este es obra de ustedes».

Recordé la anécdota el sábado, tras la manifestación de Madrid, cuando me dijeron que Arenas estaba declarando que el PP se sentía identificado con las multitudes que abarrotaban las calles, pero que no se había sumado «formalmente» a la convocatoria para no hacer el juego a «los oportunistas». No pude evitar la respuesta: «¿Cómo que no han convocado? ¡Pero si han sido ellos los que nos han sacado a la calle por millones!».

Las impresionantes manifestaciones que cubrieron el conjunto de nuestra geografía peninsular e insular el pasado 15 hubieran sido imposibles sin ellos. Sin sus muestras de pleitesía hacia el belicismo de Bush, rematadas con el patético discurso de Ana Palacio ante el Consejo de Seguridad. Sin las torpes excusas de Aznar, convertido ahora en exégeta del Papa. Sin las salidas de tono del propio Arenas, que perdió sus nervios hace semanas y deambula por la escena política cual Diógenes con su lámpara, a ver si se topa con su extraviado equilibrio emocional en alguna emisora de radio o en algún plató de televisión.

El poder de convocatoria aznarista no se limita al peligro de guerra. Abarca también a Mayor Oreja hablando del «proceso de batasunización» de Nunca Máis, a Fraga justificando la retirada del apoyo de la Xunta a los premios de teatro diciendo que él no subvenciona a nadie para que le critique -como si las subvenciones a la cultura que otorga el Estado llevaran aparejadas una obligación de pleitesía al partido gobernante-, a Rato apuntándose cualquier brizna de mejoría económica y llamándose a andana en cuanto aparece un dato negativo, a esa pareja intercambiable que son los ministros de Interior y Justicia, imposibles de distinguir...

Las manifestaciones del sábado las convocó el PP. Vaya que sí. Y arrasó.

Javier Ortiz. El Mundo (18 de febrero de 2003). Basado en el texto ¡Qué poder de convocatoria!, publicado dos días antes en Diario de un resentido social. Subido a "Desde Jamaica" el 4 de abril de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/18 07:00:00 GMT+1
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2003/02/18 06:00:00 GMT+1

Al fin sabemos lo que somos: bobos

El diagnóstico se ha hecho de rogar pero, tal vez para compensar la tardanza, desde su feliz hallazgo nos lo han repetido hasta el aburrimiento (o hasta el aborresimiento, como le oí decir hace años a un simpático agricultor de la huerta valenciana.)

Primer elemento: tienen claro que somos estupendos, y no paran de decirlo. Según la ministra de Exteriores, tenemos un impulso ético tan desbordante que podemos compartirlo entre millones y aún nos sobra. Aznar, Rajoy, Arenas... Todos lo han dicho: las manifestaciones del pasado sábado demuestran que el pueblo de este país ama apasionadamente la paz y quiere lo mejor para el mundo.

Pero, ¡ay! (segundo elemento), nos dejamos manipular por gentes oportunistas y bellacos de diferente pelaje que nos hacen creer que el PP quiere la guerra y que Aznar se comporta con Bush de modo seguidista. Ésa es -Federico Trillo al aparato- una de las mentiras más tremendas de toda la Historia. Oímos a Aznar decir que es imposible que se produzcan disensiones entre su Gobierno y el de Washington, porque él va a apoyar a Bush en todo lo que haga y nosotros, en nuestra torpeza, nos tomamos eso como prueba de seguidismo. No entendemos nada.

En resumiendo: que somos buena gente, pero bobos.

Admiten que con todo esto pueden perder votos. Yo creo que sí. Es probable que no caiga muy bien que le digan al electorado que no se aclara.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/18 06:00:00 GMT+1
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2003/02/17 06:00:00 GMT+1

No se reserva el derecho de admisión

Acudí a la manifestación del sábado en Madrid por imperativo político: no podía perderme lo que prometía ser un gran referéndum popular contra Aznar y su gentuza. Hube de hacer de tripas corazón, de todos modos, porque mi mal fabricada psicología lleva fatal tanto las grandes aglomeraciones como las expresiones ruidosas de fervor popular. Es un problema clínico: las multitudes me ahogan. Sobre todo las festivas. En fin, cosas que pasan.

Quiero decir con ello que iba con el alma sumida en una honda contradicción: deseaba fervorosamente que la convocatoria tuviera un éxito total pero, a la vez, lo temía.

Se cumplieron todas mis expectativas: las mejores y las peores. Las mejores, porque aquello estaba de bote en bote; como nunca. Y las peores, porque me encontré encastrado en una masa compacta, flanqueado por los cuatro costados, sin posibilidad de despegarme. Y lo peor de todo: en la vecindad de un cortejo del PSOE.

Cuanto más gritaban sus consignas, más se me revolvían las tripas. «¡Esto nos pasa / por un Gobierno facha!», decían. Y yo respondía para mis adentros: «A diferencia de cuando estuvo vuestro Felipe. ¡Ése sí que le plantó cara a Bush padre!». Y ellos: «¡Con este Gobierno vamos de culo!». Y yo: «Querréis decir: "Volvemos a ir de culo"». Y ellos: «¡Aznar terrorista!». Y yo: «¡Sí, señor! ¡Y Barrionuevo, y Vera, y Galindo, demócratas!».

En esas estaba cuando un chaval con aspecto jamaicano -peinado rasta, piel oscura- se les enfrentó a voces: «¡Socialistas de mierda! ¿Y qué hicisteis vosotros cuando mandabais?». No le respondieron.

No intervine para nada. No por falta de ganas -aunque tampoco sea nada dado a los enfrentamientos callejeros-, sino porque lo tengo claro. Si la gente del PSOE sale a la calle contra el Gobierno del PP, mejor. Y si el PP pica el anzuelo, pierde los nervios y se pone a echar sapos y culebras contra el PSOE, mejor aún. ¿Que llegan a la ruptura? Ojalá. Tal vez así dejen de colaborar en toda la ristra de mierdas en las que están colaborando.

No sólo no me engaño con respecto a la sinceridad pacifista del PSOE. Tampoco me dan el pego los sentimientos de hermandad universal de la gran mayoría de los manifestantes.

Un lector me recuerda la columna que publiqué en El Mundo el 21 de julio de 1997, tras las manifestaciones que se celebraron contra el asesinato de Miguel Ángel Blanco, bajo el título «¡Qué gran error!». Creo que trata de reprocharme que hablara así tras aquellas demostraciones y no lo haga ahora. Se equivoca. Lo hago igual. Me parece tan oportuno hacerlo que reproduzco lo que escribí en aquella columna:

«Ahora que con motivo de la protesta por el asesinato de Miguel Ángel Blanco ha quedado sobradamente demostrada la amplia capacidad de movilización en favor de los derechos humanos que tiene la población de este país, parece llegado el momento de proponer a nuestra opinión pública otras metas, no por diferentes menos nobles y urgentes.

Las posibilidades son casi infinitas.

Sin ir más lejos: aquí, a pocos kilómetros de donde escribo, al otro lado de este hermoso valle que sestea bajo mi ventana adormecido por el sol de julio, en la bella población de La Vila Joiosa, algo al norte de Alicante, detuvieron hace tres días un camión en el que unos desaprensivos transportaban, en un cochambroso doble fondo, a una veintena de inmigrantes traídos desde Palestina, Egipto y Argelia. No tenían ni un duro encima: habían vendido todas sus pertenencias para costearse ese viaje infernal hacia la opulenta Europa. Ahora volverán gratis a casa.

Doy por hecho que si todavía no ha habido ni una sola manifestación para protestar por esta situación, si aún nadie se ha declarado en huelga de hambre para denunciar no ya el tráfico ilegal de inmigrantes sino la desgarrada realidad social que le sirve de base, es porque el dato -ocupados como estaban los medios de comunicación en otras empresas- no ha sido suficientemente conocido, pero que, en cuanto se sepa, las calles se llenarán de miles y miles de españoles que clamarán contra ese horror, que exigirán una nueva relación Norte-Sur, que demandarán una política de inmigración solidaria, que se declararán avergonzados por el hecho de que el Gobierno de España no haya cumplido con el pacto que firmó en Río hace años, comprometiéndose a dedicar el 0,7% de su PIB a proyectos de cooperación con el Tercer Mundo. Todos alzarán entonces al cielo sus manos, millares de racimos solidarios, para demostrar que las tienen -que las tenemos- perfectamente limpias.

Será muy hermoso.

Ya nada será como fue. Porque ahora somos cientos de miles, somos millones y millones los que compartimos el común sentimiento de que la dignidad humana es un valor supremo.

Tengo entendido que en Madrid se están organizando patrullas ciudadanas espontáneas para descubrir los talleres clandestinos en los que las mafias chinas tienen secuestrados a cientos de compatriotas suyos en zulos textiles, y que montones de jóvenes recorren las carreteras para liberar a las chavalas angoleñas, brasileñas y centroamericanas forzadas a la prostitución por cuenta ajena.

¡Tantos años pensando que éramos cuatro gatos los que nos rebelábamos contra la injusticia, los que no tolerábamos la tortura, los que no aceptábamos la insolidaridad! ¡Qué error, qué gran error mi desconfianza, mi misantropía, mi asco por los políticos profesionales y por la miserable naturaleza humana de la que se aprovechan!»

Mi amargo sarcasmo de entonces me sigue pareciendo igual de válido. Continúa siendo tan problemática la parcialidad de los objetivos mayoritarios de entonces como la de ahora.

Entonces me opuse al asesinato de Blanco. Ahora rechazo los planes que pueden conducir a la muerte no de una persona, sino de cientos de miles. Planes que se desarrollan en nuestro nombre y se financian con el dinero de nuestros impuestos.

Pero que no comparta la ideología de muchos de los que se manifiestan a mi lado no me lleva a repudiarlos y huir de ellos cual apestados. Si quieren caminar en mi misma dirección, así sea por un breve tramo, que lo hagan. Me echan para atrás quienes les cuentan milongas. Porque viven de ellas, y las explotan.

A cada palo le corresponde aguantar su vela. Yo me limito a explicar cómo y por qué aguanto la mía.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/17 06:00:00 GMT+1
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2003/02/16 06:00:00 GMT+1

¡Qué poder de convocatoria!

Cuando las tropas del III Reich entraron en París, el mando alemán dio seguridades a Pablo Ruiz Picasso de que podría seguir trabajando en la capital francesa sin ser molestado. Picasso aceptó la promesa. Y, en efecto, no tuvo problemas para continuar pintando en su mítico estudio de Grands Agustins, escenario de tantas glorias artísticas de Francia.

Corrieron por entonces rumores bastante desagradables para el malagueño, al que se le reprochaba mantener sospechosas relaciones de amistad con algunos integrantes del alto mando ocupante. Lo cierto es que el pintor contaba con varios rendidos admiradores entre los oficiales alemanes de mayor rango, algunos de los cuales lo visitaban de vez en cuando para contemplar sus obras. Tal vez fue para cortar de raíz con esas murmuraciones por lo que, nada más producirse la liberación de París, Picasso anunció su adscripción al Partido Comunista.

Se cuenta que, en una de sus visitas al enorme estudio de Picasso, un alto oficial alemán reparó en el Guernica, que el glorioso calvo había pintado por encargo del Gobierno de la República Española en 1937 y que, hundida la República, se había quedado sin hogar ni dueño. Impresionado por el tremendo y angustioso vigor de la obra, el alemán, que sabía que Pablo Ruiz guardaba allí también obras de otros autores, le preguntó: «Dígame, señor Picasso: ¿este cuadro es también obra suya?». A lo que el autor de Les demoiselles d'Avignon respondió secamente: «No. Éste es obra de ustedes».

Recordé la anécdota ayer, tras la manifestación de Madrid, cuando un amigo que iba escuchando la radio me dijo que Arenas estaba declarando que el PP se sentía «totalmente» identificado con las multitudes que abarrotaban las calles, pero que no se había sumado «formalmente» a la convocatoria para no hacer el juego a «los oportunistas». No pude evitar la respuesta: «¿Que dice que no han convocado? ¡Qué falsario! ¡Por supuesto que han convocado! ¡Son ellos los que han conseguido que esta manifestación sea la mayor de la historia de esta ciudad!»*.

Las impresionantes manifestaciones que ayer cubrieron el conjunto de nuestra geografía peninsular e insular hubieran sido imposibles sin ellos. Sin sus muestras de pleitesía ridículamente babosas hacia el belicismo de Bush, rematadas con el discurso penoso, de una estupidez verdaderamente supina, que perpetró Ana Palacio ante el Consejo de Seguridad. Sin las patochadas de Aznar que, informado de que el electorado católico del PP simpatiza más con el Vaticano que con la Moncloa, trata ahora de ejercer de exégeta del Papa. Sin las salidas de tono del propio Arenas, que perdió sus nervios hace semanas y deambula por la escena política cual Diógenes con su lámpara, a ver si se topa con su extraviado equilibrio emocional en alguna emisora de radio o en algún plató de televisión.

Su poder de convocatoria no se limita al peligro de guerra. Abarca también a Mayor Oreja hablando del «proceso de batasunización» de Nunca Mais, a Fraga justificando la retirada del apoyo de la Xunta a los premios de teatro diciendo que él no subvenciona a nadie para que le critique -como si las subvenciones a la cultura que otorga el Estado (no él: él no pone ni un euro) llevaran aparejadas una obligación de pleitesía política-, a Rato apuntándose cualquier brizna de mejoría económica y llamándose andana en cuanto aparece un dato negativo, de esa pareja intercambiable que son los ministros de Interior y Justicia, imposibles de distinguir...

Las manifestaciones de ayer las convocó el PP. Vaya que sí. Y arrasó.

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(*) El País hace un cálculo bastante ajustado -más retraído que generoso- y fija la cantidad de asistentes a la manifestación de Madrid en casi un millón de personas. Los comentaristas oficiales aseguran que fue de tamaño «semejante» a las celebradas tras el 23-F y el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Están obligados a decir eso, porque en ambas ocasiones ellos mismos hablaron de un millón de manifestantes.

A lo que se ve, hay millones y millones, y algunos millones son más millones que otros. Porque en las otras dos manifestaciones de referencia no se produjo en absoluto la saturación que ayer registró el centro de la capital del Estado. Aquellas fueron manifestaciones enormes, pero con su cabecera y su cortejo, al modo tradicional. Quien quería podía bordearlas, ir de arriba abajo, moverse a través de ellas, cruzarlas de acerca a acera... Lo de ayer fue de género totalmente distinto: era una masa compacta, sin comienzo ni fin definidos, casi imposible de bordear. Las apreturas llegaron a ser tan grandes en algunos puntos que empecé a temer que se produjeran avalanchas. Los padres que acudieron con niños estaban asustados (y con razón). Si en las otras manifestaciones hubiera habido realmente un millón de personas, ayer habríamos acudido dos millones. Pero no: aquellos millones fueron interesados; el de ayer, de cajón.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/16 06:00:00 GMT+1
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2003/02/15 06:00:00 GMT+1

Repetir no es demostrar

Consciente de las vísperas guerreras en que vivimos, la edición europea de la revista Time está realizando diversos sondeos entre sus lectores internautas. Uno de sus test de opinión plantea la siguiente pregunta: «En su criterio, ¿qué país representa el principal peligro para la paz mundial en 2003?».

La revista propone elegir entre Irak, Corea del Norte y los Estados Unidos de América.

Para ayer a media tarde, Time Europe había registrado el voto de 427.259 lectores. De ellos, el 85,7% había manifestado que, a su juicio, en este momento, el principal peligro para la paz mundial lo constituyen... ¡los Estados Unidos de América!

La revista se interesa también por las razones por las que tantos europeos se oponen a los planes de guerra de George W. Bush. Una amplia mayoría de las respuestas atribuyen esa oposición, directamente, a la desconfianza que suscitan las motivaciones del presidente norteamericano.

Meticulosa en su trabajo, la dirección de Time Europe deja claro que estas catas de opinión carecen de valor científico y no deben tomarse como indicativas de la opinión general. Convengamos en que, al menos, dan cuenta del estado de ánimo de un número significativo de lectores de la propia revista (que, como es sabido, no se distingue precisamente por su radical izquierdismo).

Bush reclama una y otra vez que le creamos: lo que él quiere es imponer el respeto a las resoluciones de las Naciones Unidas. Pero, ¿cómo creerle, si a continuación afirma que actuará por su cuenta si la ONU no le respalda? ¿Se bombardeará luego a sí mismo para obligarse a respetar las resoluciones de las Naciones Unidas? La gente no le cree, pero no porque sea de natural muy suspicaz, sino porque suelta unas incongruencias que no hay quien se las trague.

Es como Aznar, que monologa sin parar pidiendo que le demos crédito cuando asegura que Irak tiene armas de destrucción masiva y que maquina entregárselas a no se sabe qué grupos terroristas. Si lo sabe de tan buena fuente, ¿por qué no pasa la información a los inspectores de las Naciones Unidas, que insisten en que ellos no han encontrado nada de eso por ningún lado? ¿Se ha pensado este hombre que por aquí la gente mata el tiempo entre urna y urna chupándose el dedo?

Los analistas de los actuales grandes emporios de la comunicación solemos decir que, en nuestras sociedades mediáticas, repetición equivale a demostración: a fuerza de repetir y repetir algo, los media consiguen que la mayoría acaba tomándolo como un hecho indiscutible.

Convendrá que tengamos en cuenta esta primera gran excepción: cuanto más repiten sus coartadas absurdas estos señores de la guerra, menos creíbles resultan.

Una información.- Me topo con mucha gente enfadada porque, siendo hoy en día de pago el acceso a los contenidos de las ediciones electrónicas de bastantes diarios y no teniendo dinero para afrontar las correspondientes suscripciones, bastante caras, se queda con un palmo de narices, sin poder leer muchos artículos de interés. Por lo que voy comprobando, parece que muchos no saben que esos contenidos, en lo que se refiere a editoriales, columnas de opinión, artículos de fondo y noticias principales, pueden leerse sin problemas todos los días desde primeras horas de la mañana en periodistadigital.com. Esta página web se sirve sistemáticamente y en masa de la vieja fórmula periodística: «Por su interés, reproducimos a continuación...» para reproducir decenas de artículos. Algún lector se ha dirigido a mí preguntándome si no creo que los responsables de El Periodista Digital corren el riesgo de que las empresas editoras de los periódicos cuyos contenidos copian los demanden y la Justicia les impida seguir realizando su labor. No, no lo creo. Por una razón: los periódicos están cobrando por un servicio que ellos tampoco pagan. Revenden artículos y reportajes de su edición en papel sin abonar ninguna cantidad suplementaria a los autores. Dudo que ningún juez considerara que las empresas editoras de los diarios de papel tienen derecho a revender esos trabajos sin pagar nada. La Ley de Propiedad Intelectual no reconoce a nadie el derecho a cobrar y no pagar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social y El Mundo (15 de febrero de 2003), salvo la nota, la cual sólo aparecía en el Diario. Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/15 06:00:00 GMT+1
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2003/02/14 06:00:00 GMT+1

El ejemplo de Gaspart

Los comentaristas han sido muy severos con Joan Gaspart. Le han criticado duramente por lo mucho que ha tardado en dimitir. Según ellos, debería haberse ido mucho antes, una vez que se vio más que claro el rechazo masivo de los seguidores barcelonistas a su gestión.

De veras que no les entiendo. Gaspart fue nombrado presidente tras unas elecciones legales. Estaba en su perfecto derecho a mantenerse en la Presidencia del Barça hasta las siguientes elecciones. Si la oposición no fue capaz de ponerse de acuerdo para presentar una moción de censura contra él, es culpa de la oposición, no suya.

Estaría de acuerdo con los reproches si se empleara la misma vara de medir para todo el mundo. Lo que no entiendo es que la misma gente exhiba unos criterios con él y se los guarde cuando se refiere a otros teóricos representantes que también han perdido la representatividad.

José María Aznar, por ejemplo.

Aznar tiene en contra a la inmensa mayoría de la población en un asunto que puede considerarse cualquier cosa menos secundario: se dispone a asumir en nuestro nombre una responsabilidad gravísima, que va a implicar la muerte de decenas de miles de personas inocentes. Me atrevería a decir que la cuestión es de importancia algo superior a la que cabe atribuir al lugar que el Barça ocupa en la clasificación del Campeonato de Liga.

Sin embargo, nadie exige a Aznar que cambie de posición o que dimita.

Aznar no está dirigiendo los asuntos de España con mucho más éxito que Joan Gaspart los del Barça. El balance de su gestión como jefe del Gobierno -incluso dejando de lado el problema capital de la guerra- es francamente desastroso. Veamos: lo del Prestige no es un pecadillo venial, precisamente; ha evidenciado su incapacidad para embridar la economía, que marcha a su aire; su única receta para los problemas que acaban traduciéndose en inseguridad pública es el aumento de la dureza de las leyes y la extensión de las penas de cárcel; se está distanciando peligrosamente de los países que constituyen el eje de la construcción europea, convirtiendo su viejo lema «las dificultades de Europa se resuelven con más Europa» en otro absurdo: «las dificultades de Europa, que las resuelva Bush»...

Según todos los últimos sondeos, el electorado le da un suspenso. Es decir, no aprueba el conjunto de su gestión.

¿Por qué no sigue el ejemplo de Gaspart y se va? ¿Porque el estadio no le abuchea lo suficiente? No es fácil, con sus energúmenos tapando la boca de los que disienten.

En fin, volvamos a intentarlo mañana, llenando las calles. A ver si se oye la voz del socio.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 25 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/14 06:00:00 GMT+1
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2003/02/13 06:00:00 GMT+1

Entrada libre

Hice ayer en el apunte correspondiente de este Diario un comentario final tirando a misterioso sobre lo movida que podía resultar la conferencia que iba a dar por la noche en Valencia. Cuento ahora lo que sabía. Mi conferencia iba a celebrarse –y se celebró– en el mismo centro en el que, en otra sala y media hora antes, debía intervenir el lehendakari Ibarretxe, que había acudido a Valencia para explicar sus posiciones ante la realidad vasca, frecuentemente tergiversadas por los medios de comunicación. Según mis informaciones, el facherío valenciano tenía previsto montar el pollo. Me temí que los energúmenos del brazo en alto pudieran sentir la tentación de descargarlo sobre algunos asistentes al acto de Ibarretxe... o al mío, y que se liara la cosa.

Finalmente, los fachosos, ruidosillos pero escasos en número, fueron controlados, y los dos actos pudieron realizarse sin problemas. No pude acercarme a la charla del lehendakari, pero me contaron que había estado muy concurrida. La mía, convocada mano a mano por la gente de Revolta y el Grupo Mixto del Ayuntamiento, estuvo de bote en bote. La sala, bastante amplia, se vio abarrotada, tanto en el patio de butacas como en el anfiteatro, y hasta hubo gente que hubo de sentarse en las escaleras o quedarse en los pasillos.

Cuando ya estaba terminando el acto, nos hizo una visita el lehendakari. Yo le había invitado a acercarse, para que dirigiera unas breves palabras a nuestra audiencia. Lo hizo en términos muy afables, hablando del carácter pacífico y pacifista de la mayoría del pueblo vasco y lanzando “un NO como una casa” –dijo– a la guerra que preparan los EEUU con la colaboración del Gobierno de Aznar. La gente lo recibió con cordialidad y aplaudió sus tomas de postura antibelicistas.

Resultó un acto muy satisfactorio.

Me movió a reflexionar sobre los tiempos que corren.

Hace un año, más o menos, fui a Valencia a dar otra conferencia, no recuerdo ya sobre qué. Convocaba también el Grupo Mixto del Ayuntamiento. Acudieron apenas 50 personas. Ayer el local estaba, como he dicho, lleno hasta la bandera. ¿Qué ha cambiado? No el Grupo Mixto del Ayuntamiento. No yo, que, aunque soy un año más viejo, digo más o menos las mismas tonterías.

Ha cambiado la actitud de la gente. Hay ganas de moverse, de hacer cosas, de participar, de luchar contra la realidad que tratan de imponernos. Alguien habló desde el público y dijo que, en su criterio, «la sociedad civil que el PSOE trató de cargarse vuelve a aparecer».

No sé si será eso, pero está muy bien. Y –perdonad mi muy interesado comentario– es fantástico para el que se ha hecho muchos cientos de kilómetros para largarse el rollo.

quanlapremsafalaguerra

Nota: Un momento de la intervención de Ibarretxe en la conferencia Quan la Premsa fa la Guerra. La pancarta dice: «Aturem la guerra» (“Paremos la Guerra”). En el centro, Rosa Solbes, presidenta de la Associació de Periodistes Valencians, que presentó la conferencia de Javier Ortiz (a la izquierda). Foto: Els Mistos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de febrero de 2010.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/13 06:00:00 GMT+1
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2003/02/12 06:00:00 GMT+1

Aprendizajes nacionales

Ayer pasé el día en Aigües. Dediqué la jornada casi entera a preparar mi conferencia de hoy en Valencia. Creía que tenía material previo más que sobrado para una charla así pero, a medida que me fui sumergiendo en lo escrito de antemano, con la intención de actualizarlo -de actualizarme-, me di cuenta de que tenía mucho que corregir, mucho que quitar, mucho que añadir... Al final, la actualización de la charla me llevó tan sólo... ¡diez horas! ¡Diez horas corrigiendo un texto que acabaré leyendo en menos de una!

Hubiera debido bajar a Campello para hacer algunas compras, contactar con alguien que suba a repararme una persiana que ha decidido quedarse fija, recoger lo que me haya llegado al apartado de correos...

Pero no hubo nada que hacer: el día se me fue entero escribiendo.

Ni siquiera tuve tiempo de responder el correo electrónico, siempre abundante (me llegaron varias misivas poniéndome a parir por seguir evocando el papel del PSOE con los GAL: hay gente que no entiende que sólo se puede eliminar lo que se digiere, y no se da cuenta, o no quiere darse cuenta, de que algunos dirigentes del PSOE -caso de Rosa Díez- no han digerido en absoluto ese episodio: lo siguen regurgitando con tan evidente como insoportable delectación).

También recibí la misiva de un buen amigo que me reprochaba mi insistencia en hablar bien del pueblo norteamericano. Me critica por el cariño que le muestro y dice que acabaré arrepintiéndome. Se equivoca al menos en un punto: lo mío no es que ame apasionadamente al pueblo de los Estados Unidos de América; digamos que lo disculpo con la misma determinación que pongo en excusar a mis vecinos vascos, madrileños, valencianos...

Según leí su mensaje, me acordé de algo que escuché hace unos días en un mitin. Y lo metí sobre la marcha en el texto de la conferencia. Puse:

«El otro día, en un mitin contra la guerra al que me tocó asistir, me quedé estupefacto cuando un orador expresó su firme deseo de que los Estados Unidos de América desaparezcan del mapa. Y el público, en vez de abroncarlo por semejante apología del genocidio, lo aplaudió con enorme entusiasmo.

»Otro de los mitineros llamó a Bush "vaquero de mierda" en medio del regocijo general, sin que ninguno de los asistentes pareciera darse cuenta de que acusar a un norteamericano de "vaquero" es como llamar en España a alguien "destripaterrones", "pueblerino" o, más directamente, "jornalero", o "bracero". ¿Os imagináis que alguien llamara por aquí a otro "jornalero de mierda"? ¿Pensáis que tendría mucho éxito en el caso de hacerlo en un mitin de izquierdas?

»Bush tiene de vaquero lo que Aznar de bailaor. Bush es un niño bien que sólo ha montado a caballo para contar los pozos de petróleo de papá.

»Nos pasamos el día hablando de la globalización, y diciendo que en estos tiempos de globalización nuestra oposición tiene que ser también global. Y luego nos dedicamos a alimentar rencores nacionales. Españoles. Vascos. Catalanes. Andaluces. Yanquis.

»Los llamados "yanquis" -término bastante absurdo, porque en rigor tiene que ver sólo con los estadounidenses del norte- son tan culpables del mandato de Bush como la mayoría de los españoles de que Aznar presida el Gobierno de Madrid. En términos proporcionales, son menos los estadounidenses que respaldaron la llegada de Bush a la Casa Blanca que los españoles que propiciaron la entrada de Aznar en La Moncloa.

»Y qué le haremos. Pobrecitos ellos. Pobrecitos nosotros.

»También los pueblos deben hacer sus propios aprendizajes.»

No me disgustó el razonamiento. Por eso os lo copio.

Ya os contaré qué cara pone el público de Valencia cuando lo diga. El acto promete ser movido, pero ya os contaré mañana por qué. Hoy estoy obligado a ser discreto.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (12 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/12 06:00:00 GMT+1
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2003/02/11 06:00:00 GMT+1

No tienen experiencia

«Más sabe el diablo por viejo que por diablo», dice el refrán castellano. (Ayer me tocó un adagio chino: se diría que voy de trópicos en tópicos). Lo que quiero decir que hay cosas que algunos tenemos asimiladas no tanto porque hayamos estudiado mucho como porque llevamos bastante en esto de vivir.

Si el Departamento de Estado norteamericano me hubiera consultado un día que estuviera comunicativo -un día cualquiera, como quien dice, porque lo mío no es precisamente el hermetismo-, le habría avisado de algo que me sé por muy dilatada experiencia: no conviene fijar a la gente inconveniente en un papel muy definido, porque lo mismo el papel le gusta y luego no hay manera de sacarla de él.

La Historia nos proporciona ejemplos muy llamativos.

Pondré uno muy viejo, para no molestar a nadie que esté en vida. Recordaré a Francisco Largo Caballero, que fue un socialista reformistón, que incluso colaboró con la dictadura de Primo de Rivera (que ya es colaborar). Las circunstancias de la Segunda República, tan especiales, lo radicalizaron un poco, dijo entonces el hombre algunas cosas algo exaltadas, a unos cuantos periodistas les dio por llamarlo «el Lenin español», el apodo le cayó en gracia, se sintió importante... y ya no hubo manera de apearlo.

Hasta se creyó en la obligación de defender la dictadura del proletariado, el pobre, que tenía de leninista lo que yo de físico cuántico.

¿A cuento de qué se puso el Gobierno de Washington a dar caña a «la vieja Europa»? ¿De dónde se sacó que podía ser buena idea poner de vuelta y media a Francia y Alemania, convirtiéndolas en adalides de la oposición europea al hegemonismo estadunidense? Lo único que ha logrado es transformar a Chirac y Schröder en paladines de una actitud con la que simpatizan millones de europeos... mucho más que ellos mismos. Ahora están encantados de la popularidad que les han granjeado los insultos de los dirigentes norteamericanos. Dudo mucho que vayan a retroceder.

Menos todavía ahora que se les han sumado Putin, el Papa y los belgas.

Si hubieran llevado la disputa de manera discreta -como si apenas pasara nada, o como si se tratara de un pequeño malentendido-, tal vez habrían logrado liquidar la crisis sin mayores dramas. Pero ahora ya hay de por medio graves cuestiones de imagen. Ahora ya tienen que afrontar el pavo subido de los de por aquí.

Se debía pensar que todos los europeos son tan dóciles y ridículos como Aznar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (11 de febrero de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 24 de febrero de 2017.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/02/11 06:00:00 GMT+1
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