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2003/07/23 06:00:00 GMT+2

El precio del dinero

Solía cabrearme antes cada vez que oía hablar del precio del dinero. Decían: «Ha subido el precio del dinero», o «Se espera que baje el precio del dinero», y yo agarraba el gran rebote. Cartesiano hasta el aburrimiento, me empeñaba en señalar que el dinero, en la medida en que sólo sirve para simbolizar el valor de cambio de las mercaderías, carece de un precio intrínseco. Esto es, que el precio del dinero sólo se puede expresar en dinero o, dicho de otro modo, que una determinada cantidad de dinero sólo puede cambiarse por idéntica cantidad de dinero, lo cual no constituye cambio alguno. 17 euros = 17 euros. ¡Vaya una novedad!

Pasó tiempo hasta que hube de admitir que el dinero sí tiene precio. Y es que todo en esta vida acaba siendo más complicado de lo que parece. Tal cantidad de dinero sólo es cambiable por sí misma en el mismo momento y lugar en los que expresa su valor mercantil. Pero cinco minutos después, o en otro lugar, puede valer más. O menos. Los diez euros que dejamos en el bolsillo del pantalón por la noche tienen a la mañana siguiente otro valor de cambio. Menor, normalmente: la 365ª parte del IPC anual, por término medio, como poco.

Así las cosas, cabe entender que, si obtenemos hoy 6.000 euros en préstamo pagadero a un año, habremos de devolver algo más cuando se cumpla el plazo. El IPC... y algo más. ¿Cuánto más? Ahí es donde entra en danza lo del precio del dinero (que existe, por mucho que contraríe mi gusto por la lógica formal).

Pero el dinero no tiene sólo un valor de cambio, como mercancía universal y abstracta, sino también equivalencias culturales y simbólicas muy concretas y difícilmente reemplazables. Para la mayoría de las personas que han pasado su vida entera simbolizando el valor de las cosas en una determinada moneda –la peseta, por ejemplo– el cambio a otra unidad monetaria puede resultarle no sólo difícil, sino incluso traumático. Pierde el sentido del valor.

Ayer me di cuenta de ello según salía de El Corte Inglés de la Gran Vía de Bilbao. Se lo comenté a Charo, que andaba buscando unos libros infantiles en euskara, por cosas de su gremio.

–He comprado tres microcintas que me faltaban para la grabación de la entrevista de mañana.

–Ah –me contestó–. ¿Son caras?

–No, qué va –le dije, en todo distraído–. Un poco más de ocho euros las tres.

–A casi 500 pelas cada una –tradujo sobre la marcha.

Me quedé pensativo. ¡Coño, pues era verdad: a casi 500 pelas! ¡Vaya robo!

Se lo comenté horas después a mi amigo Gervasio Guzmán:

–No es cosa mía. Se lo había oído decir a muchísima gente, pero no me lo tomaba en serio. Empiezo a creer que es rigurosamente cierto. Desde que funcionamos con euros, todo está más caro. Las estadísticas oficiales no nos dicen la verdad. La gente tiene más dificultades para llegar a fin de mes. ¿Has visto los datos sobre el crecimiento del endeudamiento de las familias españolas? Tratan de disfrazarlos apelando a la carestía de la vivienda y al abaratamiento de los créditos, pero el endeudamiento es general: también han crecido, y aún más, los préstamos a corto plazo, y han aumentado considerablemente los créditos comerciales y los anticipos. ¡El euro nos ha plantado el agua al cuello!

Gervasio me oye con aire displicente.

–¡No pretenderás convencerme de que una persona razonable puede pensar que seis es menos que mil, sabiendo que lo primero son euros y lo segundo pesetas!

–No se trata de pensar, Gervasio, sino de sentir. Te tomas un vermú con aceitunas, preguntas cuánto es, te dicen: «6,30» y te suena tan normal. No digo que reflexiones y llegues a la conclusión de que es tan normal. Te hablo de a qué te suena. En cambio, te dicen: «1.050» y sueltas: «¡Ondia, qué ladrones!». Miras en Casa Ortiz, magnífica tienda bilbaína donde compro últimamente las guindillas de Ibarra, y ves que un kilo de ciruelas está a 5,30 euros. Lees el letrerito y ni te inmutas. Pero le haces la equivalencia y pegas el brinco: «¡A casi mil chuchas un kilo de ciruelas! ¿Están grillados, o qué?».

No es ya que lo redondeen todo por arriba. Es que se aprovechan de las magnitudes con reflejo condicionado, fijado a lo largo de muchos decenios de trueque monetario, para burlarse de nosotros y explotar nuestros recursos.

Gervasio vuelve al ataque:

–Y cuando viajabas al extranjero ¿qué? Venga, Javier, que tú te has movido, aunque haya sido poco. Tú mismo nos lo has contado: que si los EEUU, que si Francia, que si Italia, que si Gran Bretaña, que si Portugal, que si Indonesia, que si Singapur... ¿No te despistaban los cambios de moneda?

–Claro. Por eso iba a todas partes con mi calculadora. Pero tenía una base que me servía de patrón universal: la peseta. Llegaba a unos grandes almacenes de Nashville y miraba el precio de una maleta. Tantos dólares, tantas pesetas, está bien, es un buen precio, compro. Me plantaba en la trastienda de un estafador de Singapur y comprobaba: un bolso de Prada con certificado de garantía, probable producto del afortunado robo de una partida, a 100 $US, 16 mil y pico pelas, un cero menos que en España, está bien, compro. Pero ahora la referencia final ha desaparecido. ¿Cómo sé yo lo que valdría eso en pesetas si las pesetas siguieran existiendo? ¿Qué inflación habría tenido la peseta de seguir su propio curso? Sigo teniendo un metro en la mano, pero ya no señala los centímetros.

Vivimos en un mundo que nos es cada vez más ajeno.

Eso, vistas las cosas desde el lado filosófico.

Vivimos en un mundo cada vez más caro, considerada la relación ingresos/gastos, que es la que vale, filosofías al margen.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (23 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 27 de julio de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/23 06:00:00 GMT+2
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2003/07/22 06:00:00 GMT+2

El dilema de Bush

«Siria e Irán siguen dando cobijo y ayudando a terroristas. Ese comportamiento es completamente inaceptable», afirmó anteayer George W. Bush en su racho de Texas, con Silvio Berlusconi de sonriente testigo.

Hacía tiempo que el presidente de los EE.UU. no entonaba la cantinela de Siria e Irán. De hecho, el regreso a esos aires ha cogido de sorpresa a sus propios aliados, que no saben muy bien cómo interpretarlo. Más de un comentarista ha dejado ver su perplejidad: si lo que está deseando es retirar discretamente sus tropas del avispero iraquí, ¿a qué viene ponerse belicoso y lanzar nuevas amenazas?

No es tan absurdo, si se juzgan las cosas desde su mentalidad. Bush considera que los focos de resistencia que perviven en Irak se ven alentados -desde luego en el plano político-ideológico, y también en el logístico, probablemente- por la pervivencia en la región de esos dos regímenes díscolos. «Gamberros», por emplear su terminología. Si Washington consiguiera doblegarlos de una vez por todas e instaurar en Damasco y Teherán sendos gobiernos adictos, los grupos armados anti-estadounidenses de toda suerte y pelaje comprenderían que ya no tienen nada que hacer y podrían ser aplastados sin mayores dificultades. Los EE.UU. controlarían el conjunto del territorio que va desde la frontera tibetana de Afganistán con China hasta las mismísimas orillas del Mediterráneo: la zona de mayor interés geoestratégico en el mundo de hoy. Sus fuerzas armadas podrían actuar en toda esa franja -atacar, perseguir, limpiarla de nidos guerrilleros- sin necesidad de pedir permiso a nadie.

Bush y su staff -los estrategas que le marcan el paso- son conscientes de que no pueden mantenerse en Irak tal como están ahora. No cabe aceptar que día tras día los medios de comunicación den cuenta de las nuevas bajas sufridas por las fuerzas militares estadounidenses de ocupación. Con las próximas elecciones presidenciales asomando en el horizonte, ese goteo es un desastre para él: desgasta su imagen y aleja a los electores. Todo mejoraría si otros países aceptaran enviar tropas que sustituyeran a las estadounidenses, o si las Naciones Unidas se avinieran a hacerse cargo de los platos que rompió el inquilino de la Casa Blanca con palmario desprecio de la autoridad del Consejo de Seguridad. Pero ambas perspectivas -hecha la excepción de los Aznar de turno- parecen dudosamente realizables a corto o medio plazo.

Por ahí asoma entonces la tentación: no dejar las cosas a medias; ir hasta el final. Huir hacia delante.

En tiempos se decía que la guerra es una cosa demasiado seria como para dejarla en manos de los militares. Ahora vamos viendo que el asunto es más amplio y más grave. El mundo es una cosa demasiado seria como para dejarla en manos de los belicistas, sin duda. Pero no hay opción: son los que lo tienen bajo control.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (22 de julio de 2003) y El Mundo (23 de julio de 2003). Hay algunos cambios, pero no son relevantes y hemos publicado aquí la versión del periódico. Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/22 06:00:00 GMT+2
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2003/07/21 06:00:00 GMT+2

Bush, el presidente Araña

Bush se ha lanzado desesperadamente a por un solo objetivo: sacar a sus soldados de Irak como sea. Comprueba que cada día que pasa crece la nómina de bajas de su Ejército y ve cómo la opinión pública estadounidense empieza a estar francamente cabreada con lo que se suponía que iba a ser un paseo militar y un negocio redondo y, de momento, no pasa de la categoría de desastre.

Quiere irse de Irak pero, claro está, no admitiendo su fracaso, y menos todavía dejando aquello fuera de control, expuesto a un regreso de las fuerzas del partido Baaz. En consecuencia, necesita que su ausencia sea cubierta por soldados de reemplazo, dicho sea en el sentido nacional de la expresión, o sea: de otros países.

Lo primero que ha hecho es tratar de improvisar una especie de ejército iraquí de circunstancias, para que los iraquíes se maten entre sí. Pero como ese ejército no puede ser gran cosa a corto plazo, Bush reclama que sean otros países, o incluso las propias Naciones Unidas, quienes pongan la carne de cañón.

Se solía hacer bromas con el llamado capitán Araña, especialista en montar las refriegas y largarse a escape dejando a los demás zurrándose de lo lindo, pero lo de este hombre es de categoría muy superior: monta la guerra por sus propias narices, menospreciando la oposición de varias grandes potencias y riéndose del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, cuando ya la cosa no tiene vuelta de hoja, pretende que los menospreciados de ayer pongan los soldados de hoy para que él pueda retirarse del campo de batalla con el menor desgaste posible. Es demasiado.

Y luego está Aznar, que se dedica a hacer el papelón continuo: primero se deja arrastrar por las mentiras ajenas a la defensa de una guerra en pro de intereses ajenos y ahora se aviene a poner tropas propias para que el burlador de ayer se salga con la suya. Vaya un personaje.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (21 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/21 06:00:00 GMT+2
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2003/07/20 06:00:00 GMT+2

El mejor de los sucesores

Hablaba ayer sobre los posibles sucesores de Aznar y llegaba a la conclusión de que, consideradas las cosas en frío, es Mariano Rajoy el que reúne menos inconvenientes. El menos frágil de todos los que se están postulando sin postularse.

Hoy publica El Mundo un sondeo según el cual los dos mejores situados en la carrera hacia las dos presidencias -la del Gobierno y la del partido- son Alberto Ruiz Gallardón y Jaime Mayor Oreja. No me extraña nada. Ruiz Gallardón se beneficia de un factor que ya señalé en mi análisis: cae bien a una porción considerable del electorado socialista. Y Mayor Oreja es el favorito de la base social del propio PP, muy en especial de la extrema derecha, carente en España de representación política independiente.

El sondeo de El Mundo confirma también otro elemento fundamental de mi análisis de ayer: cualquiera de los candidatos del PP valdría para derrotar en las urnas a Rodríguez Zapatero, que cumple hoy tres años como secretario general del PSOE y pasa por sus horas más bajas (que ya es decir).

En todo caso, el sondeo de El Mundo tiene tan sólo el valor de una cata de opiniones, sin mayor trascendencia. No sirve para augurar nada, habida cuenta de que la elección del doble candidato del PP no la va a hacer ni todo el electorado, ni el electorado del PP, ni siquiera la base militante del PP. La va a hacer Aznar. Y, aunque el jefe dimisionario no sea del todo insensible a los estados de ánimo de sus seguidores, tampoco es del género que toma sus decisiones al dictado de los sondeos, como sabemos de sobra tras la segunda Guerra del Golfo. Se inclinará por éste o por aquél en función de sus propios criterios, no por lo que nadie le susurre al oído.

Y, o poco lo conozco, o el elegido no será Ruiz Gallardón. A Ruiz ya le ha proporcionado su correspondiente dosis de calmante de la vanidad regalándole la candidatura de Ana Botella para la alcaldía madrileña.

Aznar nunca se ha fiado de Gallardón. No lo ve como hombre de partido y piensa -creo que con mucha razón- que, con él como presidente, las luchas internas desangrarían el PP en un abrir y cerrar de ojos.

Más dudas me ofrece Mayor Oreja. Mayor presenta varios inconvenientes graves. Uno es su adscripción indisimulada a una de las ramas del partido -la eufemísticamente llamada democristiana-, lo que no facilitaría en nada su papel como presidente de todas las familias pepeísticas. Otro es su doblez. Aznar sabe que, a diferencia de él, que cuando no quiere expresar algo se calla o adopta aires de esfinge, Mayor no tiene inconveniente en recurrir a la falsedad. Es un jesuita, capaz de sonreír beatíficamente a la misma persona que va a apuñalar acto seguido. Eso ha ido creando a su alrededor un nada tranquilizador halo de recelos y desconfianzas.

Estoy seguro de que Aznar es consciente de estos dos inconvenientes de Mayor. A cambio, tal vez no perciba en toda su importancia otro, del que él mismo participa, aunque en menor medida: el ex ministro de Interior tiene una obsesión enfermiza por el nacionalismo vasco, en general, y por el PNV, en particular. Su odio, ya importante desde los inicios de su carrera política, se ha convertido en auténtica monomanía tras la serie continuada de batacazos que ha sufrido, uno tras otro, en todas sus apuestas electorales sobre el terreno. Esa fijación verdaderamente freudiana altera de manera decisiva su capacidad de discernimiento y lo convierte en un político unidimensional, capaz de incurrir en muy peligrosas extravagancias.

Mayor Oreja podría ser el mejor de los sucesores de Aznar, eso sí, para quienes razonan con la lógica de que «cuanto peor, mejor». Estoy seguro de que llevaría una y otra vez al PP y al Gobierno a situaciones límite, lo que provocaría antes o después su ruina.

Esa perspectiva no me desagrada, por supuesto. Lo malo es que, en su camino hacia el abismo, los daños colaterales podrían ser muy cuantiosos, y afectar a demasiada gente.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (20 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/20 06:00:00 GMT+2
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2003/07/18 06:00:00 GMT+2

Montesquieu ha muerto

"Montesquieu ha muerto". Cuando lo afirmó el por entonces vicepresidente Alfonso Guerra hace ya muchos años, se montó la gran escandalera. Lo pusieron –lo pusimos– a caer de un burro. Pero por diferentes motivos. La mayoría le acusó de revolverse contra la esencia misma del Estado de Derecho. Otros no criticamos el diagnóstico, sino su valoración. Le reprochamos que le pareciera bien. Y lo mucho que estaba trabajando para conseguirlo.

De entonces a aquí todo ha ido a peor. No a mucho peor, porque casi todo el trabajo estaba ya hecho. Digamos que a todo lo peor que cabía.

Los mismos que se llevaron las manos a la cabeza escandalizados ante las palabras de Guerra se encargaron de rematar la faena, así que llegaron al poder.

Asumieron también el encargo de elaborar la coartada necesaria para justificarla. Llamaron a eso «la razón de Estado».

Conforme al principio de división de poderes expuesto en su día por Charles de Secondat, barón de Brède y de Montesquieu, el Estado de Derecho consta de tres brazos –el ejecutivo, el legislativo y el judicial– que tienen, entre otras muchas, la fundamentalísima función de vigilarse entre sí para evitar sus eventuales excesos. El equilibrio general del Estado surge de la acción moderadora de esos tres poderes, cada uno de los cuales atiende a que ninguno de los otros dos exceda el terreno de sus competencias. Fruto de esa interacción es la tradicional relación tensa, propia de los estados de Derecho, entre los protagonistas de cada uno de los poderes y, muy especialmente, entre el ejecutivo y el judicial.

Basta con constatar cuán idílicas son hoy en día las relaciones entre el Gobierno y los órganos superiores de la Justicia para confirmar que, en efecto, Mostesquieu pasó hace tiempo a mejor vida. Jueces y ministros departen amigablemente e intercambian criterios y propósitos. El Tribunal Supremo se ajusta una y otra vez a los deseos del Gobierno. El Tribunal Constitucional –entrenado en ello desde la bochornosa sentencia de Rumasa– tampoco falla cuando lo que se juega es una «cuestión de Estado». Todo el mundo habla con total desenvoltura de la adscripción partidista de los magistrados de mayor ringorrango: que si éste es de la cuerda del PP, que si aquel otro es de la del PSOE... El caso más descarado: creo que ya no queda ni un solo magistrado de la Audiencia Nacional que no haya sido condecorado por el Ministerio del Interior. Algunos, con medallas pensionadas, de ésas que dan dinero. ¡La Policía festejando a los jueces! Lo nunca visto ha pasado a ser rutina. Ya, hasta aparecen comunicados elaborados mano a mano entre ambos.

Faltos de vigilancia y de freno, convertidos los tres poderes en uno solo, nada hay ya que impida sus excesos. Por eso menudean. E irán a más.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (18 de julio de 2003) y El Mundo (19 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 18 de julio de 2009.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/18 06:00:00 GMT+2
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2003/07/17 06:00:00 GMT+2

Expertos ideológicos

Ya sé que está feo ponerse uno mismo como ejemplo, pero tengo que hacerlo para ilustrar el asunto éste de los expertos al que quiero referirme hoy. De todos modos, no hablo sólo de mí, sino del puñado de comentaristas -escasísimo puñado- que dijimos en su día que la guerra de Irak pasaría con seguridad por dos fases: una primera relativamente breve, de guerra convencional, en la que las fuerzas armadas capitaneadas por Washington se enfrentarían y vencerían con toda seguridad al Ejército de Sadam Husein, procediendo a la ocupación del territorio iraquí, y otra posterior, de guerra irregular, probablemente larga y costosa, en la que las fuerzas de ocupación se verían sometidas al acoso de las diversas fuerzas de resistencia popular iraquíes.

Llegamos a la conclusión de que esa segunda fase iba a resultar inevitable a partir del conocimiento de la amplitud de los sectores del pueblo de Irak que iban a verse económicamente perjudicados e ideológicamente ofendidos por la ocupación anglo-estadounidense y considerando también el hecho de que el régimen de Sadam Husein había repartido una enorme cantidad de armas entre la población civil, empezando por el medio millón de funcionarios de todo tipo que movilizaba su Administración.

De modo que anunciamos que iba a ocurrir lo que está ocurriendo. Yo, en concreto, publiqué el pasado 5 de abril en El Mundo una columna, titulada «La piel del oso».

Curiosamente, la totalidad de los gobernantes y la inmensa mayoría de los comentaristas de más campanillas a ambos lados del Atlántico menospreciaron esta posibilidad y obraron como si acabar con la fase convencional de la guerra fuera acabar con toda la guerra. Igual que Napoleón en España después del 2 de mayo de 1808. Igual que Hitler en Francia, en Italia, en los Balcanes y en la Rusia ocupada.

Ahora se declaran asombradísimos por el giro que han tomado los acontecimientos.

¿Cómo explicarlo? Hace poco, en una charla en la Universidad de Barcelona, invoqué un pasaje de Julio César en La Guerra de las Galias. Decía: «Fere libenter homines id quod volunt credunt». Los hombres tienden a creer aquello que les conviene.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (17 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/17 06:00:00 GMT+2
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2003/07/16 06:00:00 GMT+2

El cachondeo de la Justicia

Ha dicho Joseba Azkarraga -al que varios medios de comunicación y algún portavoz político han presentado como miembro del PNV, demostrando cuán elevado es su nivel de información- que el comportamiento del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) tiene tintes mafiosos. Se refiere a la decisión del órgano de gobierno de los jueces de suspender la formación de la Sala de Discordia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco (TSJPV). Subraya Azkarraga que el CGPJ pasa por alto toda suerte de irregularidades procesales cuando los jueces van contra el nacionalismo vasco, pero que interviene a toda velocidad si sospecha que puede haber una decisión judicial que le sea favorable.

Un importante matiz a las palabras de Azkarraga. Tal como presenta el asunto, se diría que la arbitrariedad progubernamental es un accidente en el funcionamiento de la Justicia en general y del CGPJ en particular. Y no. Es su comportamiento normal. El CGPJ, en concreto, es un órgano cuya mayoría aplastante -y nunca mejor dicho- emana directamente de los partidos firmantes del Pacto Antiterrorista. Si en un asunto están de acuerdo el PP y el PSOE, es humanamente imposible que el CGPJ no les respalde. Jamás lo ha hecho y jamás lo hará. A sus miembros les van los garbanzos en ello.

Cuando el TSJPV anunció que iba a ampliar su composición para ir a una nueva votación sobre la querella del fiscal contra Atutxa y otros dos miembros de la Mesa del Parlamento vasco, los partidos coaligados en Madrid vieron que eso podía suponer la derrota de sus pretensiones. En ese mismo momento, sin tardanza alguna, se iniciaron las presiones sobre el CGPJ para que interviniera. Mayor Oreja llegó a decir en público (¡en público!) que la decisión del TSJPV era «la confirmación de la gravedad de la ofensiva nacionalista». Los mismos que reclaman respeto para los jueces cuando éstos deciden lo que les parece bien los ponen de vuelta y media en cuanto sospechan que pueden decidir lo que les parece mal. Excuso decir que el CGPJ no ha hecho pública ninguna nota reconviniendo a Mayor Oreja por haber insinuado que algunos jueces del TSJPV trabajan a favor de la mayoría vasca. No han tenido tiempo. Han estado muy ocupados llamando al orden a Azkarraga.

Pedro Pacheco, quien fuera durante largos años alcalde de Jerez, dijo en cierta ocasión que la Justicia es un cachondeo, y lo abrumaron con cien mil reproches. No tenía razón: el cachondeo tiene su punto de diversión, y esto no resulta nada divertido.

La Justicia es un instrumento -otro instrumento más- del Poder. Del único Poder que existe desde que los tres poderes de Montesquieu decidieron no fingir que se contrapesaban mutuamente y formaron un frente unido. Y desde que el llamado Cuarto Poder se hizo uña y carne con ellos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (16 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/16 06:00:00 GMT+2
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2003/07/15 06:00:00 GMT+2

El enésimo engaño

El 66% de los británicos, según un muy reciente sondeo, considera que Tony Blair engañó a la opinión pública de su país. Que exageró sin ningún escrúpulo el peligro que corría la paz mundial con el régimen de Sadam Husein para justificar el desencadenamiento de las hostilidades en Irak y el subsiguiente control angloestadounidense de aquella zona estratégica.

Que Tony Blair engañó a sus conciudadanos es un hecho constatable y constatado. Ha admitido -Jack Straw mediante- que, en su afán por revestir de buen sentido su belicismo, llegó incluso a plagiar un viejo escrito estudiantil. Realmente, lo que se entiende mal es que haya todavía un 34% de los súbditos de Su Graciosa Majestad que albergue dudas sobre la falta de honradez del primer ministro de la Corona.

Otra cosa, muy distinta, es que los británicos tengan derecho a sentirse estafados.

Hay un aforismo árabe que dice: «La primera vez que alguien te engaña, la culpa es suya. La segunda vez, la culpa es ya tuya». Antes del inicio de la segunda guerra del Golfo, Blair ya había demostrado reiteradamente que la mentira no supone para él ningún obstáculo infranqueable.

Es acertado el dicho árabe: no siendo la primera vez que miente a sus conciudadanos, la culpa del engaño la tienen ellos. En rigor, no es que les haya engañado: es que se han dejado engañar una vez más.

Tres cuartos de lo mismo cabe decir de George W. Bush y el pueblo de los Estados Unidos de América.

Y de José María Aznar y los españoles, por supuesto.

Las actuales maquinarias de conformación de las opinión pública tienen, entre otras posibilidades igualmente problemáticas, la de bloquear los procesos de memorización colectiva. Se las arreglan para que los pueblos no sean capaces de acumular experiencia. Para que tropiecen en la misma piedra una y otra vez.

En mayor o menor medida, la pérdida de la llamada «memoria histórica» ha sido común a todos los pueblos. En todos los tiempos. Pasan los decenios, pasan los siglos y las nuevas generaciones repiten los mismos viejos yerros de sus ancestros. Eso no es nuevo. Lo nuevo es que ahora las generaciones repiten los desastres cometidos por ellas mismas hace apenas nada.

Ha dejado de regir el método de aprendizaje prueba/error/lección. Lo que funciona ahora es un sistemático prueba/error/repetición de la prueba/repetición del error/repetición de la prueba/repetición del error... y así indefinidamente.

Gracias a ello, Blair puede hacer lo que le da la gana.

Y Bush y los suyos pueden dárselas de salvapatrias cada seis meses con idéntico éxito.

Y Aznar repetir cual papagayo su «Créanme: las armas de destrucción masiva acabarán apareciendo».

Riza el rizo de la credulidad: no sólo pide a los españoles que crean lo que no han visto; les invita a que crean a alguien que admite que tampoco él ha visto nada.

Y le votan.

La culpa, decididamente, ya no es de Aznar.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (15 de julio de 2003) y El Mundo (16 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/15 06:00:00 GMT+2
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2003/07/14 06:00:00 GMT+2

En concreto

¿De qué son sospechosos Tamayo, Sáez y Balbás? De no querer que la Comunidad de Madrid esté gobernada por la coalición PSOE-IU, porque eso podría perjudicar determinados intereses inmobiliarios poco o nada regulares. ¿Qué intereses inmobiliarios, en concreto? No, en concreto ninguno. En general.

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid rechazó en primera instancia la querella presentada por el PSOE precisamente por eso: porque no pedía que se imputara a ese trío de socialistas díscolos ningún delito específico; no pretendía que el Tribunal analizara su relación con tal o cual hecho delictivo conocido y pendiente de clarificación. Lo que solicitaba es que los investigara para descubrir ambas cosas: primero, el delito; luego, su autoría.

Es como si yo me presentara en el Juzgado de Guardia y dijera: «El vecino del 6º D de mi casa tiene una cara de asesino que no puede con ella. Yo no sé que haya ningún asesinato pendiente de aclarar por estos andurriales pero, si le abren un procedimiento judicial, lo mismo le encuentran algo».

No es serio.

Ha pasado más de un mes y seguimos en las mismas. Todo lo contante y sonante que hay es que tres responsables socialistas han sido suspendidos de militancia por su partido, que está enfadadísimo y dice que lo que han hecho es lo más grave que ha sucedido en 500 kilómetros a la redonda desde el 23-F. Pero ¿qué es lo que han hecho? De momento, romper con la disciplina parlamentaria de su grupo.

¿Y dejarse comprar? No diría yo que no. Pero tampoco que sí. ¿Cómo afirmarlo sin ningún dato que sustente la acusación, que permita al menos especular con cierto fundamento? No han aportado ni el menor indicio digno de ese nombre. Porque una lista de llamadas telefónicas de cuyo contenido se ignora todo, francamente, no se puede estirar tanto sin que se rompa.

Insisto en lo que vengo diciendo desde hace un mes: tengo una predisposición plena a aceptar la tesis de que Tamayo, Sáez, Balbás y todos los otros forman una pandilla de especuladores del suelo y traficantes de influencias de mucho cuidado. Pero una cosa es la predisposición y otra la fe. Fe es creer lo que no vimos. Para creer que esta gente ha montado una trama delictiva necesito que me muestren al menos que hay una trama delictiva en sus alrededores. Porque no veo yo cómo puede atribuirse a alguien un delito cuando ni siquiera se sabe de qué delito concreto se está hablando.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (14 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/14 06:00:00 GMT+2
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2003/07/13 06:00:00 GMT+2

Ustedes son formidables

Los cuatro componentes de la Sala de lo Civil y lo Penal del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco no se han puesto de acuerdo en qué hacer con la querella de la Fiscalía contra Juan María Atutxa y otros integrantes de la Mesa del Parlamento de Vitoria. Como quiera que dos de sus miembros defendían que no debe admitirse a trámite la querella y otros dos lo contrario, el presidente ha decidido formar una Sala especial, añadiendo a los cuatro magistrados ya movilizados otros tres más: los dos más antiguos y la más reciente del propio TSJPV.

De inmediato se han encendido todas las alarmas en los círculos político-jurídicos de la capital del Reino. Parece que conocen a los tres nuevos integrantes de la Sala y creen que es muy posible que voten en contra de la admisión de la querella, lo que dejaría al Supremo, a la Fiscalía del Estado y al propio Gobierno en posición nada airosa y a la mayoría parlamentaria vasca con la razón en el bolsillo.

Contaba ayer El Mundo que la actitud del presidente del TSJPV «es considerada insólita en todos los medios judiciales y fiscales consultados, en muchos de los cuales se hablaba ayer [por anteayer] sin ambages de "prevaricación"». Hoy nos hemos enterado de que el Consejo General del Poder Judicial intervendrá de inmediato para suspender de manera cautelar la vigencia de la nueva Sala (genial: sabemos ya qué va a acordar, aunque ni siquiera se haya reunido todavía).

Hay que suponer que cuando habla de «todos los medios judiciales y fiscales consultados» hay que tomar la frase al pie de la letra: opinaron así los consultados. Porque hay bastantes juristas -se ve que no consultados- que consideran que la querella de la Fiscalía no sólo es improcedente -como lo es la decisión del Supremo a la que responde-, sino que lo insólito es que el número dos de la carrera fiscal se rebele con tanta energía contra quien sostiene la tesis que hace muy pocos meses fue sustentada... por su inmediato superior, esto es, por el propio fiscal general del Estado. En efecto, Jesús Cardenal elaboró un dictamen en el que afirmaba que la sentencia por la que se ilegalizó Batasuna no era aplicable al grupo parlamentario Sozialista Abertzaleak, toda vez que la existencia de grupos parlamentarios es una cuestión funcional, de mera organización interna de la Cámara, y no una variedad de asociacionismo político.

Que Cardenal se haya olvidado luego de ese criterio, una vez que el Gobierno de Aznar fijó nítidamente el suyo, dice mucho de su espíritu de disciplina, pero no enerva el rigor de sus anteriores argumentos.

En todo caso, lo que es grandioso, verdaderamente abracadabrante, es que los mismos, exactamente los mismos que se enfadan muchísimo cuando otros denunciamos las motivaciones evidentemente políticas del Supremo y el Constitucional, exigiéndonos que no politicemos la Justicia (!), se permitan hablar «sin ambages de "prevaricación"» cuando un magistrado no le baila el agua al Gobierno. Por lo visto, nosotros hemos de hacer como si no supiéramos qué miembros del TS son «del PP» y cuáles otros son «del PSOE» -aunque «todos los medios judiciales y fiscales» se expresen en esos términos, sin cortarse un pelo-, y debemos mostrarnos también comedidos y prudentes cuando el presidente del Tribunal Constitucional hace incursiones descaradas por los cerros de Úbeda de la opinión política, pero ellos, a cambio, tienen derecho a hablar «sin ambages de "prevaricación"» en cuanto algún togado no les dice amén.

Lejos de mi intención sostener que los miembros del TSJPV actúen sin sombra de motivación política. Pero que no digan que dos de ellos tienen estas o aquellas simpatías políticas y pretendan que creamos, a la vez, que sus amigos jueces y fiscales son almas puras e incontaminadas. Que aquí nos conocemos todos.

Javier Ortiz. Diario de un resentido social (13 de julio de 2003). Subido a "Desde Jamaica" el 13 de enero de 2018.

Escrito por: ortiz el jamaiquino.2003/07/13 06:00:00 GMT+2
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