2006/02/04 06:00:0.966000 GMT+1
1ª) «Los islamistas tratan de imponernos sus tabúes. Si su religión les prohíbe caricaturizar a Mahoma, es su problema. Nosotros no admitimos tabúes. Entre nosotros hay libertad de expresión: todo puede ser materia de caricatura o de burla. ¡Incluso Dios!»
Falso. Lo que sucede es que nuestros tabúes los tenemos tan interiorizados que ni siquiera los percibimos como tales. Imaginemos que, al hilo de las noticias sobre actos de pederastia cometidos por miembros de la Iglesia católica, alguien hubiera publicado caricaturas en las que aparecieran el Papa o el mismo Cristo en actitudes propias de tales prácticas. ¡El escándalo habría sido enorme! Y con razón.
Ahora bien: no cabe exigir imperiosamente respeto para las figuras más identificadas con las creencias católicas y, a la vez, considerar una nimiedad que se retrate a Mahoma con una bomba por turbante y un puñal en la mano. Lo que vale para una religión ha de valer para todas.
2ª) «Nuestras democracias occidentales no aceptan que se prohíban las burlas sobre asuntos religiosos. Aquí no funcionamos así».
Igualmente falso. No sé si todos, pero al menos varios códigos penales europeos castigan las actitudes ofensivas para los que profesan una u otra fe religiosa. Porque las religiones podrán importar poco, pero quienes las practican tienen derechos que es obligado respetar. El artículo 525 del Código Penal español dice: «Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.» (Recordemos que, en una interpretación a mi juicio muy abusiva de este precepto legal, Pasqual Maragall y Josep-Lluís Carod-Rovira tienen pendiente una causa judicial por haber bromeado colocándose una corona de espinas a la hora de sacarse una foto turística cerca del Gólgota.)
Quienes han publicado en España las caricaturas burlescas de Mahoma podrían ser perseguidos por la vía penal en conformidad con ese precepto.
3ª) «Los islamistas tienen una cultura muy dada al empleo de la violencia en nombre de su Dios. En las democracias occidentales hace ya muchos siglos que no se quema a nadie por hereje.»
Falso también. George W. Bush declara guerras e invade países en nombre de Dios. Ha llegado a pretender que es Dios mismo quien le anima a actuar de ese modo. El Dios de los cristianos sigue siendo invocado para matar, y para matar en masa, mucho más de lo que se mata en nombre de Alá.
Es cierto que en muchos países de la ribera sur del Mediterráneo y del espacio que media entre el Mare Nostrum y China se invoca la fe islámica para hacer toda suerte de barbaridades. Quizá la palma se la lleve Arabia Saudí, que es –vale la pena subrayarlo– dilecto aliado de los EEUU (y de España). Pero habrá que reconocer en todo caso que, si actúan así, no lo hacen porque renieguen del ejemplo de tolerancia y amabilidad que les ofrecieron las potencias occidentales durante los muchos años en los que ejercieron de ocupantes colonialistas de aquellas tierras. Mantienen viva una vieja tradición.
Y tampoco hagamos como si en el viejo continente la libertad de conciencia estuviera sólidamente asentada desde 1789. Conviene recordar que el nazismo y el fascismo fueron productos made in Europe. Y que el franquismo fue cosa de Europa. Igual que el salazarismo. Y que la Grecia de los coroneles. Y...
La Historia no transcurre en blanco y negro. El mundo actual es muy propenso a los tonos grises. Tal vez por las cenizas.
Nota de edición: Javier publicó una columna de igual título en El Mundo: Objeciones objetadas.
Escrito por: ortiz.2006/02/04 06:00:0.966000 GMT+1
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2006/02/03 06:30:0.385000 GMT+1
12 dibujos publicados el 30 de
septiembre de 2005 en un diario danés, Jyllands-Posten,
titulados en conjunto «Las 12 caras de Mahoma», han indignado a buena parte de
las gentes de fe mahometana y a muchos estados árabes, que han llamado a
boicotear los productos daneses.
Varios periódicos europeos,
encabezados por France Soir y Die Welt, han reproducido las
caricaturas en cuestión, presentando su gesto como un acto de defensa de la
libertad de expresión. En España se han encargado de ello ABC y El Periódico.
Lo primero que conviene saber es
que los islamistas rechazan la reproducción de la efigie de Mahoma. La
consideran una idolatría blasfema. Al parecer, los autores de los dibujos lo
ignoraban. Sus defensores se han enterado de ello, pero no están dispuestos a
tomarse en serio la prohibición porque, según sostuvo France Soir en su portada el día en que reprodujo los dibujos, es
un derecho que les asiste. «Tenemos derecho a caricaturizar a Dios», rezaba su
titular en grandes caracteres, demostrando con ello que su ignorancia es tan
grande como su osadía: confundieron a Mahoma con Alá, es decir, a Dios con su
Profeta.
¿Ha de haber libertad de
caricaturizar a los dioses? Desde luego que sí. Pero esa libertad, como
cualquier otra, no es absoluta. Debe tener en cuenta determinadas normas
legales.
Una de las mencionadas
caricaturas de Mahoma –presuntas caricaturas, habría que decir, porque no se
conserva ningún retrato del personaje del que cupiera hacer una
caricatura– presenta a un individuo barbudo con un turbante que, en realidad, es
una bomba. (Sabemos que pretende ser Mahoma porque el autor lo hace constar.)
Dejando de lado la hipotética
gracia que pudiera tener el dibujo, el asunto está en la grosera asociación de
ideas que establece entre Mahoma –entre la fe mahometana– y el terrorismo.
En un Estado laico –España no lo
es–, debe haber plena libertad de criticar, e incluso de ridiculizar la
religión: todas las religiones. Pero ese criterio no es aplicable a las
personas que las practican, a las que la Ley protege de las injurias que tomen
sus creencias como excusa. Por decirlo directamente: es intolerable que se dé a
entender que ser seguidor de Mahoma equivale a respaldar el terrorismo.
Francia vivió el año pasado un
escándalo de considerables proporciones a cuenta de un anuncio de una marca de
ropa en el que aparecía una parodia de La
Cena de Leonardo. Se veía a un hombre y a doce mujeres en actitudes tirando
a provocativas. La justicia francesa consideró que la imagen era hiriente para
los cristianos y ordenó la retirada del anuncio. Entonces nadie protestó. Y
menos que nadie el ABC español. Todavía humean las hogueras
inquisitoriales que alguna gente encendió por aquí para quemar en ellas a
Maragall y Carod-Rovira por haberse colocado en la cabeza sendas coronas de
espinas, en no muy católica broma.
El respeto que merecen las
personas que profesan tal o cual fe ha de ser el mismo, con independencia de
qué fe sea ésa. Apesta demasiado la actitud de quienes reclaman con grandes
aspavientos libertad para ofender a los mahometanos pero no permiten ni la más
mínima broma a costa de las creencias hebraicas o católicas.
Me mandan un extracto de unas
declaraciones de César Vidal a Periodista
Digital relacionadas con esta polémica: «Es como funciona esta gente –dice
el prolífico polígrafo–. La libertad de expresión es algo absolutamente
intolerable para ellos. Lo llevan al extremo, mientras que el cristianismo se
ha dejado comer y en ocasiones es bochornoso ver las burlas que soporta».
¿Burlas contra «esa gente»? ¡Pues claro! ¡Libertad de expresión! ¿Burlas a
cuento de la religión católica? ¡Es un bochorno ver cómo las aguanta!
Es esa doble vara de medir la que
me subleva. Que los dogmas sólo indignen cuando no forman parte de nuestras
tradiciones represivas más arraigadas.
RECTIFICACIÓN
En el Apunte de ayer afirmé que Luis Yáñez dejó la política profesional para ejercer su profesión de ginecólogo. Me informan de que ese discreto retiro le duró poco. Ahora sestea en el Parlamento Europeo, como un Mayor Oreja cualquiera.
Escrito por: ortiz.2006/02/03 06:30:0.385000 GMT+1
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2006/02/02 07:59:5.084000 GMT+1
Allá por cuando la Expo de
Sevilla –«los fastos del 92»: los tiempos del chanchullo y del despilfarro–,
eran frecuentes las bromas sobre el gafe de Luis Yáñez, a la sazón presidente
de la Comisión Nacional para el V Centenario. Es cierto que no tuvo mucha
suerte. Se le incendió un pabellón importante de la Feria –ya no recuerdo
cual–, se le hundió la réplica de una de las naos de Colón... Al final, y tras
haber fracasado en su intento de acceder a la alcaldía de Sevilla, optó por
abandonar la política a sueldo y regresó a la vida civil, cosa que pudo hacer sin
problemas porque, a diferencia de muchos otros políticos, contaba con una capacitación
profesional estimable (es ginecólogo).
En los años de la Transición lo
traté algo; no mucho. Es un hombre amable y reposado, de acceso fácil. Incluso
en los momentos en los que nuestras posiciones fueron más divergentes, siempre
me saludó con deferencia y me habló con respeto. Ya sé que muchos no aprecian
demasiado la importancia que concedo a la buena educación, pero tengo mis
sólidos motivos. (Quizá en alguna otra ocasión entre en ellos.)
Viene toda esta perorata a cuento
de un curioso y sugestivo artículo que Luis Yáñez publicó hace dos o tres
semanas en El País (ver artículo) en el
que criticaba las dificultades que, según él, están poniendo «los sesentones»
del PSOE a la labor de la siguiente generación de dirigentes de su partido,
representada en lo fundamental por Rodríguez Zapatero.
Para entender ese artículo hay
que tener en cuenta los apuntes biográficos que he anotado más arriba. Hay que
contar con que Yáñez fue un miembro destacado de la vieja guardia sevillana del PSOE (fue nombrado secretario de
Relaciones Internacionales en el Congreso de Suresnes) y con que dejó la
política profesional en 1992, lo que le permite, a la vez, saber bien de qué
habla y no tener ningún problema para decir lo que le parece.
Educado como es, Yáñez no señala
con el dedo. Pero es obvio que, si bien lo que dice es aplicable al conjunto de
aquella generación de socialistas, se está refiriendo muy en especial a la
pareja que tuvo en ella un papel más destacado: Felipe González y Alfonso
Guerra.
Poca gente sabe hasta qué punto
González y Guerra, cada uno definitivamente por su cuenta, están boicoteando
las iniciativas políticas de Rodríguez Zapatero.
¿Divergencias ideológicas? En el
caso de Guerra, incluso viscerales. Guerra es un jacobino a la española: toma del jacobinismo su feroz centralismo, no su
intransigencia hacia la derecha, que en él siempre ha sido más verbal que otra
cosa. Ayer mismo lo demostró en la entrevista que concedió a Iñaki Gabilondo en
Cuatro.
La ideología –por lo menos la
consciente– tiene menos que ver tratándose de González. Lo que éste no tolera
de Rodríguez Zapatero, según me cuentan algunos que están siguiendo de cerca
las maniobras del ex presidente, es la posibilidad de que su sucesor pueda
salir victorioso de las grandes batallas que él perdió.
Se habla mucho de la incapacidad
de Aznar para cumplir su promesa y retirarse de una puñetera vez del escenario,
pero apenas se dice nada de los movimientos subterráneos de González.
No sé a quién teme más Zapatero.
Probablemente a González.
Escrito por: ortiz.2006/02/02 07:59:5.084000 GMT+1
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2006/02/01 06:00:0.177000 GMT+1
La diferencia entre la zafiedad y
la elegancia no radica en la calidad de lo que se expresa, sino en el modo en
que se expresa. Me vino ayer a la memoria una canción pachanguera que estuvo de
moda en la España de los años 50, debida, si no recuerdo mal, al no muy sutil
ingenio de un humorista radiofónico célebre por entonces, llamado Pepe
Iglesias, alias El Zorro. Se
manifestaba en estos términos: «Tú, yo, / la luna, el sol. / Ella, él, / la
rosa, el clavel. / Primavera, / la espera. / Verano, / la mano. / Otoño, un
retoño. / Invierno, un infierno. / ¡Eso es el amor! / ¡Sí, señor!»
No es fácil acumular tal cantidad
de ripios en tan limitado espacio, aunque el Iglesias en cuestión pudiera haber tomado
pie en algunos de los peores deslices cometidos en materia de rima por
escritores de la indiscutible categoría de Antonio Machado («¿Verdad, señor
Unamuno? / Este Bergson es un tuno») o de la muy discutible categoría de Ramón
de Campoamor («Ya recobrados la quietud y el seso, / volvía de París en tren
expreso»).
Cavilaba sobre estas cosas cuando
me topé de improviso con la evidencia de que la idea reflejada en la
cancioncilla de El Zorro era, con muy
escasa diferencia, la misma que sirvió de hilo conductor a un bello poema juvenil
de Paul Simon, poema al que, allá por los 60 del pasado siglo, él mismo puso
música y llamó April Come She Will. Decía: «April Come She Will / When streams are ripe and swelled with rain; /
May, she will stay, / Resting in my arms again. // June, she’ll change her
tune, / In restless walks she’ll prowl the night; / July, she will fly / And
give no warning to her flight. // August, die she must, / The autumn winds blow
chilly and cold; / September, I’ll remember. / A love once new has now grown
old» (*).
Sonaba –sigue sonando–
como las delicadas y melancólicas notas de una vieja cajita de música.
Es curioso comprobar de qué modos
tan incompatibles cabe decir lo mismo.
_________________
(*) «Ella vendrá en abril / cuando los arroyos bajan crecidos, rebosantes
de agua de lluvia. / En mayo se quedará / descansando una vez más en mis
brazos. // En junio cambiará de canción / y vagará por la noche sin reposo. / En
julio emprenderá el vuelo / sin avisarme de su partida. // En agosto habrá de
morir. / El viento del otoño silba frío y desapacible. / En septiembre
recordaré / un amor que fue nuevo y que ya ha envejecido.» He hecho lo
posible por conservar en la traducción la belleza del poema. No lo he
conseguido, ya lo sé, pero menos da una piedra.
Escrito por: ortiz.2006/02/01 06:00:0.177000 GMT+1
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2006/01/31 06:00:00 GMT+1
Lo mismo me he equivocado, y lo lamentaría. No por mí, que asumo lo de fallar de vez en cuando en mis pronósticos como parte del oficio, sino por lo que eso significaría. Estoy hablando –aclaro, por si hace falta– de lo que escribí ayer, vaticinando que el tripartito catalán se mantendrá, porque ninguno de quienes podrían ponerle fin (PSOE, PSC, ERC) está por la labor. Y lo digo por lo que afirmó ayer el secretario de Organización del PSOE, José Blanco: que su partido vería mal que ERC siguiera en el Gobierno de la Generalitat en el caso de que opte por no respaldar el proyecto de Estatut tal como salió de las manos reformadoras de Zapatero y Mas. O sea, que le invitaría a abandonarlo.
No lamentaría que sucediera tal cosa porque considere trascendental para los destinos de la Humanidad que Esquerra esté en el Gobierno de Cataluña, sino porque, si se viera obligada a dejarlo –de lo cual no tiene la menor gana: por descontado–, Maragall debería elegir entre pactar con CiU o convocar nuevas elecciones, cuyo resultado sería el que fuere, pero no valdría en ningún caso para que se repitiera la «coalición de izquierdas» actual.
Asoma de esa guisa el fantasma de una reedición de la alianza Gobierno central-CiU en la Generalitat, sola o acompañada. Lo cual es como para desanimar a cualquiera. De sobra se sabe, por muy reiterada experiencia, que esa alianza es el caldo de cultivo más favorable a toda suerte de enjuagues, chanchullos y componendas sin principios. Y a ninguna evolución positiva.
Cabe la posibilidad, supongo, de que Blanco no haya dicho lo que ha dicho porque el PSOE esté dispuesto a llevar las cosas tan lejos, sino tan sólo con la intención de asustar a ERC para forzarla a sumarse al carro del Estatut aguado. No lo descarto, entre otras cosas porque hace ya mucho que me hice una idea bastante precisa –y bastante resignada– de las luces de la inteligencia y de la sutileza del habla del compañero Blanco.
En tal caso nada sería demasiado grave, y todo tendría remedio. Salvo José Blanco, se entiende.
Escrito por: ortiz.2006/01/31 06:00:00 GMT+1
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2006/01/30 06:00:00 GMT+1
La apuesta de Mas y Duran-Lleida fue marrullera, pero relativamente astuta. Se ofrecieron como aliados a Zapatero y llegaron con él a un acuerdo a la baja sobre el Estatut con la muy transparente intención de dejar a ERC fuera de juego. Confiaban en que, al verse en una situación tan desairada, Esquerra se revolviera no sólo contra Zapatero, sino también contra Maragall, socavando las bases del tripartito catalán. Dejaría con ello abierta la puerta a una redefinición de las alianzas en la propia Cataluña. A un acuerdo PSC-CiU, más en concreto.
He escrito arriba que esa apuesta fue relativamente astuta. Ese «relativamente» está para indicar que fue astuta, ma non troppo. Ya he aludido en otras ocasiones a las diversas razones por las que no sólo el PSC, sino también el propio PSOE –el de Zapatero; no el de Rodríguez Ibarra y Bono–, tienen interés en la continuidad del tripartito catalán. No creo que sea necesario detenerse a explicar por qué ERC, si bien está obligada a mostrar su rechazo al pacto Zapatero-Mas, hará cuanto esté en su mano para no poner en peligro su presencia en el Gobierno de la Generalitat.
¿Son compatibles ambos comportamientos? ¿Puede Maragall aplaudir el acuerdo Zapatero-Mas y, a la vez, seguir gobernando en Cataluña con quien lo pone de vuelta y media? Y, por el otro lado, ¿puede Carod hacer como que la puñalada trapera de Madrid ha sido cosa de Zapatero y de Mas, pero que al president Maragall cabe dejarlo al margen? Bueno, pues sí. Lo que se dice poder, pueden. Porque les conviene. Y lo que falte de coherencia lo suplirán con ganas.
ERC está a la espera de que Zapatero se avenga a hacer ciertas concesiones de última hora que le permitan cambiar su negativa cerrada por una abstención más o menos distante, más o menos cómplice. Maragall le reconviene, reprochándole que planee desentenderse de un Estatut que mereció el acuerdo del 90% del Parlamento catalán. Pero él mismo ya se sabe la respuesta: lo que salió del Parlament es sustancialmente diferente de lo que han acordado Zapatero y Mas. Y es dudoso que quiera comprobar en las urnas del referéndum estatutario qué parte de la ciudadanía catalana comparte los reproches de Carod Rovira. Tiendo a pensar, en función de ello, que también Maragall ayudará a que se haga posible, si no el apoyo, al menos la abstención de Esquerra.
Con lo cual, no cabe descartar que sea CiU la que acabe en una situación muy poco airosa: habiendo propiciado un recorte sustancial de las reivindicaciones catalanas a cambio de muy poco, si es que no de nada. A cambio de la famosa foto, en suma.
Ni siquiera los clientes de Richard Avedon pagaban un precio tan alto por una sola foto.
Escrito por: ortiz.2006/01/30 06:00:00 GMT+1
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2006/01/29 06:00:00 GMT+1
Los dirigentes del PP se declaran muy preocupados por lo que pueda suceder con la igualdad y la solidaridad entre los ciudadanos españoles cuando entre en vigor el nuevo Estatut catalán, y así lo proclaman en cuanto tienen ocasión, venga o no venga a cuento.
El sábado fue el turno del secretario de comunicación de los populares, Gabriel Elorriaga, que aprovechó el informe sobre una posible reforma de la Constitución, recientemente emitido por el Consejo de Estado a petición del Gobierno, para hablar de cómo el Estatut «compromete la idea de igualdad y solidaridad de los ciudadanos recogida en la Constitución».
No arredró para nada a Elorriaga que el informe del Consejo de Estado no se refiera ni poco ni mucho al Estatut, sino a las reformas de la Constitución que preconiza Zapatero (a saber: la eliminación de la preferencia del varón en la sucesión a la Corona, la reforma del Senado, la adaptación de la Constitución española a la europea y la denominación de las comunidades autónomas). Tampoco pareció inquietarle gran cosa que el Consejo de Estado haya estudiado la vía que habría de seguirse para aplicar el artículo 168 de la Constitución, y no el 92, que es el que invoca Rajoy para reclamar su referéndum. (Puso buen cuidado, eso sí, en desmarcarse de las sugerencias concretas del supremo organismo consultivo del Gobierno, que ha propuesto, en suma, la elección de nuevas Cortes constituyentes: en las antípodas de lo que el PP pretende.)
Los dirigentes populares hablan de «la igualdad y la solidaridad entre los ciudadanos españoles», pero en un sentido muy restrictivo. De hecho, no piensan realmente en los ciudadanos. De hacerlo, no ceñirían sus ansias igualitarias y solidarias a la comparación entre las comunidades autónomas. Empezarían por denunciar las escandalosas diferencias de clase que existen en España, cuya lacerante evidencia convierte en puro sarcasmo cualquier apelación a «la igualdad y solidaridad de los ciudadanos recogida en la Constitución».
Los dirigentes del PP no están obsesionados, ni mucho menos, por igualar en calidad las condiciones de vida y existencia del conjunto de los ciudadanos españoles. No ya por igualar; ni siquiera por aproximar. En caso contrario, habrían aprovechado su prolongado paso por el Gobierno de España para dar un fuerte impulso al desarrollo económico de las comunidades autónomas menos avanzadas. Lejos de ello, cuando desalojaron el Gobierno dejaron las desigualdades interterritoriales tan patentes como lo estaban antes de su llegada a La Moncloa.
No juzgaré lo que pretenden. No soy nada amigo de los juicios de intención. Me limitaré a decir lo que hacen: crear en la población española –del Ebro para abajo, por así decirlo– la idea de que las comunidades autónomas «ricas» no quieren saber nada de las «pobres», y que sólo se interesan por el cultivo de sus diferencias: su lengua, sus «privilegios», su «patria chica»...
Nada importa el monto contante y sonante de su aportación a la solidaridad interterritorial. Tanto da que la gran mayoría de sus medios de comunicación sigan funcionando en castellano. Es filfa que contribuyan de manera destacada a la presencia de España en el mundo.
No es cosa de permitir que la realidad arruine las posibilidades electorales de una buena campaña demagógica.
Nota de edición: Javier publicó una columna de igual título en El Mundo: La inoportuna realidad.
Escrito por: ortiz.2006/01/29 06:00:00 GMT+1
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2006/01/28 06:00:00 GMT+1
–No viajen en automóvil salvo si no tienen más remedio.
Viernes por la mañana. Los responsables de la DGT lo dicen bien claro, pero no está tan claro. Tengo idea de salir en coche para Santander a las 4 de la tarde. Tenemos prevista para este fin de semana una celebración familiar. ¿Podemos suspender el viaje? Podemos. Pero el lunes he de estar imperiosamente en Bilbao por razones de trabajo, y ya no hay tiempo de pedir que me saquen un billete de avión. ¿No viajar en coche ahora y hacerlo el lunes por la mañana? ¿Y quién me dice que el lunes la carretera estará mejor? Por lo menos, saliendo en viernes me lo puedo tomar con más calma, y hacer el viaje con escalas.
De modo que oigo todos los partes meteorológicos y de tráfico –por cierto: ¿por qué la DGT no incluye los datos y previsiones del Departamento de Tráfico del Gobierno Vasco? Supongo que volvemos a la cosa de los separatistas y los separadores– y hago mis cálculos a partir de ellos: si renuncio a entrar directamente en Cantabria desde Burgos, sea por Aguilar de Campoo sea por el Escudo, y lo hago atravesando Vizcaya y desviando en Bilbao, me saldrá más caro y haré unos 70 kilómetros más, pero no correré riesgos.
De modo que eso es lo que hago. En cuanto llega Charo de la escuela, nos ponemos de viaje.
Vamos oyendo en la radio por el camino todas las informaciones sobre el estado de las carreteras. Cuanto dicen confirma que hemos hecho una buena elección. No vemos casi nada de nieve ni en Somosierra, ni en Segovia, ni en Burgos. Tampoco en Álava. Nada hasta llegar a Arrigorriaga. Y ésa la esperamos, porque Radio Euskadi ha dado el aviso. Lo ha dado bien: hay algo de nieve y hielo, pero se puede pasar sin problemas.
Entramos en la autovía Bilbao-Santander. La calzada, limpia. La información de la DGT habla de problemas en otras zonas de Cantabria –en las previstas–, pero no en la A-8.
Vamos a buen ritmo y perfectamente hasta situarnos entre Castro y Laredo, a la altura, más o menos, de un pueblecito llamado Liendo. Que es donde nos encontramos con el atasco. Una fila interminable de coches.
Son, más o menos, las 8 de la tarde.
Dos horas después, hemos avanzado algo así como 200 metros. Recorremos el dial de la radio, tanto en AM como en FM. Nadie dice nada de nuestro macroatasco. Radio 5 (¿todo noticias?) ha decidido que pasarse todo el día cumpliendo funciones de servicio público es muy aburrido y emite un larguísimo programa sobre lo estupendos que son algunos jóvenes y lo muy preparados que están.
Las 23:00. Seguimos en las mismas. En la Ser, Carlos Llamas recibe una llamada telefónica de una señora, convecina de atasco, que se muestra indignada porque antes de salir de Bilbao camino de Santander llamó a Tráfico para preguntar qué tal estaba la A-8 y le dijeron que sin problemas.
A las 24:00 la caravana sigue en el mismo sitio pero, para mejorar la cosa, la nevada se intensifica. Mucho.
De natural cenizo («Preparado siempre para lo peor», que recomendaba Ho Chi-minh), establezco el posible panorama: las 3 de la madrugada, 30 cm. de nieve. Nosotros llevamos cadenas, hemos llenado el depósito de gasolina y tenemos algo de comida y de bebida. Pero ¿y los demás? ¿Y si, cuando la cosa se ponga en marcha, empiezan a producirse los consabidos patinazos, choques por alcance, etc., y nos quedamos otra vez estancados? Entablo rápidas negociaciones con Charo y llegamos a un acuerdo. Da igual que estemos a un paso de casa si ese paso es imposible.
De modo que nos desviamos hacia Liendo. Dos kilómetros horribles, pero factibles.
A la entrada del pueblo, vemos un letrero: «Restaurante. Habitaciones».
–Ésta es la nuestra –le digo a Charo.
Y fue la nuestra. Una pensión excelente, con buena calefacción y teléfono. Todo lo que necesita un apuntador del natural con el miedo metido en el cuerpo.
–Mañana será otro día –le digo a Charo cuando termino de acomodar mis cosas.
Pero ella ya se ha dormido.
Yo espero aún un rato. Para estar en condiciones de dormir habré antes de tranquilizar mis ansias de mandar al carajo a los responsables de la información de Tráfico, de los que es tontería fiarse en nada y para nada.
Ahora, cuando esto escribo, amanecido el nuevo día, veo que dicen que ya todo está bien en esta carretera. Dentro de un rato nos pondremos en marcha. Me espero cualquier cosa.
Post scriptum de las 11:00 horas.– Llegamos a Santander pronto e incólumes. El GPS del coche (alimentado por Radio Nacional, ésta a su vez nutrida por la DGT) indicaba que íbamos a encontrar problemas en Colindres. No hubo tal. Por supuesto.
Escrito por: ortiz.2006/01/28 06:00:00 GMT+1
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2006/01/27 06:00:00 GMT+1
Dicen los dirigentes occidentales que sólo dialogarán con el nuevo Gobierno palestino –el que le corresponde formar a Hamas tras haber vencido en las urnas– si la organización islamista proclama su renuncia a la violencia y reconoce el derecho del Estado de Israel a existir.
La proclama tendría un aire menos hipócrita si respondiera a un criterio general. Si hicieran una afirmación pareja con relación a la utilización de la violencia por parte del Estado de Israel y a su sistemática negativa a ajustarse a los acuerdos adoptados por las Naciones Unidas en relación a los territorios ocupados. Pero no. Los dirigentes occidentales, si no les queda más remedio, lamentan –o dicen que lamentan– la cerrazón de los gobernantes israelíes y sus constantes violaciones de las resoluciones de la ONU, pero jamás se les ha ocurrido la posibilidad de convertir esas condenas morales en sanciones materiales contantes y sonantes.
Dicen que Hamas practica el terrorismo. Pero, de hecho, nadie discute que la propia creación del Estado de Israel fue promovida mediante acciones terroristas. Tampoco ofrece duda el hecho de que hoy en día sigue practicando el terrorismo, entendiendo éste como la violencia ejercida contra una población civil para forzarla por el miedo a admitir lo que nunca aceptaría de buen grado. Ariel Sharon, el criminal de Sabra y Chatila, es el prototipo del gobernante terrorista.
Un Estado que reconoce la práctica del «asesinato selectivo» es un Estado asesino. Que lo sea de manera selectiva o no –cosa más que discutible, porque muchas veces mata a quien no buscaba, o mata a más gente de la seleccionada– es secundario. Ningún Derecho penal establece que la selección de los asesinados represente una circunstancia atenuante de la responsabilidad del asesino..
Afirma Bush, y corean sus palabras los representantes de la UE, que una organización como Hamas, que tiene un «brazo armado» y practica la violencia, no puede ser aceptada como socio en el proceso de paz. Pero ¿de qué proceso de paz hablan? No hay ningún proceso de paz. Todos los planes establecidos, todas las «hojas de ruta» dibujadas y todos los acuerdos rubricados en el pasado han sido burlados y convertidos en papel mojado por Israel. La moderación de Al Fatah frente a la política de hechos consumados desarrollada por el Estado sionista con el permiso –cuando no con el apoyo– de la llamada «comunidad internacional» no ha hecho avanzar ni un milímetro el tan mentado y tan ausente «proceso de paz». La población palestina ha sacado sus conclusiones sobre la utilidad de la mansedumbre. Ahora quiere ver si con más firmeza las cosas empeoran, como tantos dicen, o mejoran.
Se une a ello la evidencia de que los mismos gobernantes palestinos que han practicado la renuncia y la sumisión de puertas afuera se han comportado de un modo tiránico y venal en su propia casa. La derrota de Al Fatah no sólo se deriva del fracaso de su actitud ante Israel; también de sus tendencias brutales y de sus prácticas corruptas dentro del ámbito de gobierno palestino.
Que nadie se eche las manos a la cabeza por la aplastante victoria de Hamas en las elecciones. Quienes tanto han contribuido a la decepción y el hartazgo del pueblo palestino no tienen derecho a sorprenderse del resultado de sus propios actos.
Escrito por: ortiz.2006/01/27 06:00:00 GMT+1
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2006/01/26 06:00:00 GMT+1
Sigo con la propuesta de referéndum que ha hecho Rajoy, a ver si dejo el asunto visto para sentencia.
Empezaré por su pretensión de que la referencia a Cataluña como nación que Zapatero y Mas han acordado meter en el Preámbulo del Estatut supone un cambio constitucional, que debe ser afrontado como la ley prevé que se aborden los cambios de ese género.
Es falso.
En primer lugar, él no puede decir en este preciso momento lo que implica o deja de implicar el texto del Estatut, porque su redacción todavía no está cerrada y puede recibir cambios sustanciales en una u otra dirección, sea en estos mismos días, sea durante su tramitación parlamentaria. En la práctica, está promoviendo la realización de un referéndum contra algo que aún no existe y que no se sabe muy bien cómo será cuando exista.
En segundo término, Rajoy hace trampa cuando dice que tanto da que se hable de Cataluña como nación en el Preámbulo del Estatut como en su articulado, porque todo está en la misma ley. Es falso. Lo contenido en los preámbulos de las leyes no tiene fuerza normativa. Tan es así que el Tribunal Constitucional, que está para esas cosas, ni siquiera admite a trámite los recursos que apuntan contra lo afirmado en esa parte introductoria de las leyes.
En tercer lugar, la catalogación de una u otra comunidad autónoma como nación no supone la quiebra de ningún fundamento de la Constitución Española. Aquellos que pretenden que no hay problema en definirla como pueblo o como nacionalidad, pero sí como nación, porque eso abriría las puertas al derecho de autodeterminación, deberían recordar que, desde que fue formulado por primera vez, ese derecho ha aparecido asociado indistintamente a las naciones, las nacionalidades y los pueblos, utilizados los tres términos como sinónimos a estos efectos. De hecho, los documentos de las plataformas unitarias de la oposición antifranquista, en los albores de la Transición, hablaban del «derecho de autodeterminación de las nacionalidades». Si la Constitución pudo hacer compatibles en 1978 el reconocimiento teórico de la existencia en España de diversos pueblos y nacionalidades y la negación práctica del derecho de autodeterminación, nada hay que impida seguir en las mismas en 2006 tras aceptar su calificación como naciones.
Otro argumento de Rajoy, aún más exótico si cabe, es el que le lleva a reclamar la celebración de un referéndum sobre el Estatut porque «es un asunto que afecta a todos los españoles». ¡El mismo individuo que creyó correcto meter a España en una guerra sin ni siquiera consultar al Parlamento pretende ahora que los asuntos que afectan de manera especial al conjunto de la ciudadanía deben ser abordados por la vía de la democracia directa, porque la parlamentaria resulta insuficiente! ¡El mismo que aplaudió que la Constitución se reformara para adaptarla a las exigencias del Tratado de Maastricht sin más trámite que el visto bueno de las Cortes sostiene ahora que lo que afecta «a todos los españoles» debe ser sometido obligatoriamente a plebiscito!
El planteamiento de Rajoy es de una falta de rigor apabullante.
Pero no creo que eso le preocupe gran cosa. Porque él no pretende formular una propuesta que se distinga por su rigor político, jurídico e intelectual. Le basta con dar más carnaza a sus huestes, entregadas al alegre ejercicio de la agitación demagógica. Y para esos fines su propuesta de referéndum le viene de perlas.
Cambios
Hasta los habituales de este rincón de la Red con menos capacidad de observación se habrán dado cuenta de que javierortiz.net ha cambiado mucho. Ahora ofrece bastantes más posibilidades en cuanto al uso de sus contenidos (que siguen siendo sustancialmente los mismos) y, a la vez, presenta un aspecto externo más elaborado (aunque igual de sobrio) y menos tosco.
En alguna otra ocasión he explicado que este nuevo sistema tiene, además, un buen número de ventajas para mí, porque permite automatizar no pocos de los trabajos de los que hasta ahora tenía que encargarme personalmente.
Las reacciones que me están llegando son, hasta ahora, unánimemente favorables. Siempre habrá alguien a quien no le guste el cambio, supongo, pero, por lo que llevo visto, me da que las reticencias van a ser pocas y nada furibundas.
Me consta que, como en todos los estrenos, también éste ha tenido –y tiene aún– algunos fallos, que vamos corrigiendo sobre la marcha. Agradeceré a quien haya localizado alguno de esos fallos y vea que pasan los días y no se corrige que me lo haga saber, porque lo mismo a nosotros se nos ha escapado.
Pido disculpas por la excesiva influencia que tienen la lengua inglesa y las costumbres anglosajonas en este nuevo formato. Se debe, en primer lugar, claro está, a que el lenguaje informático es una auténtica fiesta del barbarismo, pero también, en este caso, a que las plantillas del sistema que hemos utilizado son de origen norteamericano y no siempre es fácil dar el cambiazo a sus fórmulas. Así nos pasa, por ejemplo, con el modo en que aparecen fechados los artículos (AÑO / MES / DÍA, en lugar de DÍA / MES / AÑO). Estamos trabajando para tratar de solucionar esas pequeñas disfunciones.
Escrito por: ortiz.2006/01/26 06:00:00 GMT+1
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