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2012/11/08 15:44:3.358000 GMT+1

Los españoles y el ruido

 Nunca he entendido la necesidad de dar jipíos en una cafetería. Es como si se tratase de celebrar el culto al dios Decibelio. España es un país ruidoso. Así nos han descrito viajeros y turistas durante siglos. La cosa viene de largo, como un do de pecho recargado de angustia, exaltación y destreza. Pero lo triste es que,  al final, acaba desafinado y lastimando los oídos y nuestro paladar auditivo.

 

Los bares retratan nuestro hábito sonoro, esa manía de vociferar, de pregonar, de competir en la barra para hacerse oír, mientras un camarero se ocupa de procurarte una percusión chirriante lanzando como un poseso las cucharillas sobre los pequeños platos del desayuno. Es la ley de la selva: todos queremos emular a Tarzán. Y de eso no se libran ni en el Congreso de los Diputados, donde una tal Fátima Báñez vende brotes verdes como antes otros vendían sardinas: “Mis sardinitas, qué ricas son, son de Santurce, las traigo yo”.

 

Pero la majestuosa querencia por la bulla no se limita a los espacios de recreo, tapas, escaños y otros deportes nacionales, no; las salas de espera de los hospitales se convierten en desquiciados altavoces de nuestra incontinencia sonora. Ahora en los hospitales no se puede fumar. Algo es algo. En cambio, se puede seguir berreando o imitando a la reina de la noche mozartiana, pero sin magia ni flauta alguna. La resonancia se tapa los oídos en las consultas médicas, donde se acumulan entusiasmados jóvenes barítonos compitiendo con sopranos de la tercera edad. A veces tengo la sensación de que nos han anunciado el Apocalipsis, garantizando la salvación solo a aquellos que rompan la barrera del sonido a golpe de diafragma.

 

Hasta en misa se monta en seguida el guirigay, y en más de una ocasión he podido ver al señor del alzacuellos enfurecido por tamaña afrenta. He asistido a bautizos con más ruido que en un afterhours; y  he presenciado ritos y comuniones en suelo sagrado en las que se podría haber puesto una denuncia por contaminación acústica, habitat natural más propio de aventuras satánicas.

 

España es un país ruidoso. La frase es tan fidedigna ahora como hace dos siglos. El susurro está proscrito; nos gusta compartir nuestro último fin de semana en aquella casa rural, o el último gol de Messi. Saludamos al que entra por la puerta de la tasca con un largo al factotum, nos constituimos en altavoces andantes, en cajas de resonancia  y alboroto. Y juro que no miento al afirmar que he sentido sonrojo en algunos tanatorios, en los que al entrar el camarero con el tentempié –una americanada más- se ha producido tal eclosión bullanguera que he llegado a pensar que el objetivo final era despertar a gritos al muerto.

 

Después de todo, no deja de ser curioso que, con lo bullangueros que somos, sean tan pocos los que estos días están levantando la voz. Pensemos en porcentajes, en representatividad, y en la triste constatación del dominio de una mayoría silenciosa e inopinante.  Precisamente ahora, que es cuando más falta hace gritar. Y las cadenas nos las están colocando en los tobillos y en las muñecas, no en la boca. Que no sirva como excusa. Ahora es cuando deberíamos amortizar haber sido ruidosos in saecula saeculorum .

Escrito por: Jean.2012/11/08 15:44:3.358000 GMT+1
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Comentarios

Estoy de acuerdo en casi todo, por no decir en todo. Somos ruidosos, insoportablemenete ruidosos pero cuando asaltan nuestros derechos nos contraemos con facilidad.
Eso sí, si pretenden bajar a nuestro equipo de fútbol de primera a segunda división por cuestiones económicas, salimos a la calle y montamos un buen escándalo y si alguien levanta una bandera, le seguimos, aunque quien la porte sea el que ha pisoteado sin pudor esos derechos por los que apenas protestamos.
Pero es que las banderas son las banderas, ya sean futbolísticas o patriotas, y nos permiten agruparnos sin tener que pensar en demasía que eso cansa.
Por cierto, y sin ánimo de ser quisquilloso, las sardinitas son de Santurce, no de Santurtzi. El cambio masivo de toponímicos patrióticos se impuso años después de la canción.

Escrito por: Alfredo Garmendia.2012/11/08 22:41:8.054000 GMT+1

Llevas, razón, Alfonso. De hecho, escribí Santurrze, que era ni pa ti ni pa mí, pero me lo corrigieron acertadamente. Vuelvo a subsanar, pero es que como a Dinio la noche, a mí esto me confunde.

Escrito por: Jean.2012/11/09 12:14:19.057000 GMT+1

Gracias por atender a mi comentario, pero ahora, ya puestos en materia, te diré que soy Alfredo, no Alfonso, y que, tras la corrección, ha quedado escrito "Santurcei" lo que no deja de ser una componenda entre ambas alternativas, la españolista Santurce y la más abertzale Santurtzi. Todo sea por buscar puntos de acuerdo ;-D
... es que hay días que estoy un poco tocapelotas :-D

Escrito por: Alfredo Garmendia.2012/11/09 17:29:31.703000 GMT+1

Querido Nicasio, lamento profundamente mis dos errores. Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir. PD: Gracias a ti, Alfonso

Escrito por: Jean.2012/11/11 10:47:0.218000 GMT+1

Quería decir Alfredo, que estoy empanao

Escrito por: Jean.2012/11/11 10:47:59.736000 GMT+1

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